Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.

Advertencia: Kakashi X OC.


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Capítulo 11.

¿Irse o quedarse?

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Emiko miró al jounnin sentado, su rostro estaba tapado con su libro de portada naranja y negó. Nada en el mundo la haría competir contra Kakashi Hatake, por una parte sabía lo cruel que podía llegar a ser y por otra, su cercanía la ponía nerviosa, así que prefería perder.

— En realidad, Hokage-sama... ya tengo hambre y mi brazo empezó a doler... creo que ya fue suficiente por hoy.

— ¿No me digas que le temes a Kakashi el del sharingan?

Emiko sintió la mirada de burla de la hokage y la mirada aburrida del jounnin sobre ella.

— Hai...

La Hokage rio con ganas.

— De acuerdo, es suficiente... me iré con mi dinero... — respondió la mujer mientras tomaba los montones de billetes y marchaba murmurando algo sobre lo bien que se sentía ganar de vez pero que debía ponerse a trabajar esperando que nada saliera mal.

— ¿Te hizo poner a prueba a los ninjas de la torre?

Emiko asintió mientras suspiraba agotada, pronto estuvieron solos en aquella habitación.

— Hokage-sama quería que les hiciera una demostración a las chicas sobre convencimiento femenino... — se agachó para tomar su mochila de viaje. — Pero le pareció entretenido y divertido ver a sus shinobis sangrar de la nariz...

Kakashi notó como la mujer trataba de cargar su mochila con el brazo derecho, pero de inmediato lo cambiaba de hombro. Desde que entró al usualmente salón de juntas, vio a una versión de Emiko totalmente nueva. Su rostro maquillado le daba un aire más llamativo, más sensual, sin omitir el hermoso kimono de color plata que llevaba un obi negro en la cintura que le marcaba aún más su figura.

— ¿Te vas a casa?

— Sí, iré a casa a comer y descansar.

— Vamos — se puso de pie y notó la perplejidad en el rostro de la chica. Debía admitir que lucía distinta, el kimono le quedaba muy bien pero no pudo evitar pensar que se vería mejor sin todo ese maquillaje. — Hay algo de lo que me gustaría hablarte. — Al ver que ella iba a bajar la mochila, alzó una mano. — Hagámoslo en el edificio, podría haber cerca alguien más que quiera retarte...

La mujer asintió y con calma emprendieron el camino hacía el edificio donde vivían. Emiko se preguntaba de qué querría hablar Kakashi, mientras el otro ignoraba las miradas que la gente les daba al caminar juntos.

— ¿No te incomoda tanta atención? — preguntó el jounnin después de que dos ninjas jóvenes la saludaran sin conocerla previamente y que un anciano le regalara una flor.

— No me importa cuando estoy en mi uniforme de trabajo. — respondió sin titubear.

— Creí que tu uniforme era el chaleco ninja.

Emiko miró de reojo al shinobi.

— Trabajo para el Kouka Toki en el palacio feudal, sé que entiendes lo que significa.

Kakashi notó que la chica se tensaba.

— ¿Te incomoda hablar de tu trabajo o mi presencia?

La pelinegra se detuvo de golpe y giró para mirar al hombre a la cara.

— Estuve enamorada de ti muchos años de mi vida, — decidió aclarar las cosas, tanto para el shinobi como para ella misma. — Sin embargo eso nunca me trajo nada bueno así que te olvidé hace tiempo, pero eso no significa que vas a ser un desconocido, te respeto y aprecio los recuerdos buenos de nuestra infancia... además... de alguna manera contarte de mi trabajo en la capital se siente como si se lo estuviera contando a mi padre, quien estoy segura de que lo reprobaría si no es que intentara matarme para terminar con esa vergüenza.

— Entiendo, pero yo no te voy a juzgar... — y era cierto, había visto que Emiko aún no era como la mayoría de las kunoichis de las que fue objetivo alguna vez. La pelinegra aún parecía tener corazón, pues la escuchó hablar con las chicas y comprendió que para ella su trabajo era importante, no por el poder político o económico que pudiera acumular, sino porque ayudaba a la gente, a su país. — La verdad admito que la charla que le diste a las chicas fue interesante...

— ¿Escuchaste? — preguntó sorprendida y bastante avergonzada.

Él se alzó de hombros.

— Es cómodo leer en algunas ventanas de la torre

— Me alegra escuchar eso... — respondió tratando de no sonar tan sarcástica. — Revisaré las ventanas la próxima vez...

— Haz demostrado ser una ninja muy competente, deberías pensar en hacer los exámenes jounnin y quedarte en la aldea, se vienen tiempos difíciles. — el jounnin cambió de tema.

Pronto llegaron al edificio y subieron por las escaleras.

— ¿Cómo decidiste ser maestro jounnin? — le preguntó ella mientras subían.

— Al principio no quise, pero el sandaime Hokage insistió en que tomara a un grupo, pero ningún equipo sabía trabajar en equipo, por lo que me negué a aprobarlos. — Pronto llegaron fuera del departamento del peligris, pero este hizo una seña de que la acompañaría al suyo, por lo que retomaron el camino. — Hasta que conocí a Naruto, Sasuke y Sakura, los tres lograron entender la importancia del trabajo en equipo... — suspiró. — Bueno, lo creí hasta que Sasuke se fue y le dio la espalda a su amigos y su villa.

— El trabajo en equipo es difícil, depositas tu vida en otros, quizás lo que Sasuke no quería era que sus amigos pagaran el costo que él si está dispuesto a pagar por su venganza.

— ¿Cómo sabes de su venganza?

— Solo hay que sumar dos más dos, aún me acuerdo de Itachi, era un ninja muy gentil, me da tristeza en lo que se convirtió.

Emiko abrió la puerta de su apartamento y entraron.

— Creo que nunca lo conocimos por completo... — murmuró Kakashi al entrar y ver las hojas de periódicos desperdigadas por todos lados. — ¿Buscas alguna noticia?

Ella negó.

— No, solo regresé ayer de una misión larga y quería ponerme al día con las noticias... es un viejo hábito. — respondió mientras dejaba su mochila de viaje en el piso y sonaban las fichas que había ganado. — Prepararé algo rápido, ¿Quieres comer algo también?

— No, gracias, comí hace poco con mi subordinado Tenzou.

— ¡Oh! Es un buen chico, muy amable e inteligente.

Kakashi echó un vistazo en los recortes de periódicos de la mesa, que estaban junto a unos frascos de pomada del clan Nara.

— Veo que estos periódicos son de la capital, ¿No sería más fácil escribir a tus conocidos y preguntar lo que te inquieta...? — Emiko le dio la espalda al shinobi, y vertió agua en su ramen instantáneo. — El otro día escuché a alguien decir que solo venías de paso a la aldea, pero lo sucedido hoy con Tsunade-sama demuestra que ya te considera un ninja de los suyos, algo me dice que tu mente no está aquí ni allá en la capital.

Aquel día que llegó con Gai a la barbacoa le quedó claro que Emiko tenía serios problemas en la capital y se preguntaba qué haría al respecto. En cambio, la chica llevó el envase de ramen a la mesa e hizo a un lado los recortes y las pomadas.

— Ya lo dije, revisar el periódico solo es una vieja costumbre.

— De acuerdo. — el jounnin movió los periódicos del sofá y se sentó. — Supongo que no debería meterme en asuntos ajenos. — Ella asintió mientras regresaba a la cocina por un vaso de agua. — Pero hay algo que si me concierne y quiero hablar de eso contigo.

— Te escucho, Kakashi. — se sentó frente a su ramen y puso toda su atención al peligris.

Él suspiró cansado.

— Me temo que soy responsable de la herida de tu hombro derecho y tus problemas de movilidad con ese brazo... — examinó el aspecto impersonal del resto de la sala de la mujer. — Quiero ayudarte a entrenar.

La sorpresa en la mujer fue enorme, tantos años le rogó a ese hombre porque la entrenara y al final decidía hacerlo movido por la culpa. Ese no era el Kakashi que conocía.

— ¿Insinúas que no hago bien mi trabajo? ¿Tenzou o la Hokage tienen alguna queja?

Kakashi jamás hubiera esperado recibir esa respuesta, la Emiko que recordaba solía aceptar todo lo que le decía.

— No quise insinuar eso, lo que digo es que si tu vida corre peligro por la herida que te hiciste al detener una pelea entre mis alumnos, será mi culpa por completo.

Ella comenzó a comer su ramen.

— La culpa no te va bien, Kakashi... — comió en silencio y al parecer el peligris no estaba en la disposición de ceder. — Estoy bien, lo juro... solo quedó una fea cicatriz que podré desaparecer con estos remedios del clan Nara, fuera de ayudarme a aplicarla no necesito nada más.

— Tenzou considera que estás muy rígida de tu lado derecho, y confío en su criterio.

Ella suspiró y no dijo nada mientras terminaba de comer su ramen. En otro momento respondería un no rotundo, Kakashi la había evitado toda su vida por lo que no deseaba frecuentarlo de una manera constante, pero si lo pensaba con la cabeza fría, debía aceptar que su brazo si sufría de algunos calambres muy dolorosos, pero no necesitaba de Kakashi para entrenar, podía hacerlo sola, con Genma o Asuma... quizás hasta Gai. Lo que la hacía dudar era su lado sentimental, que Kakashi se preocupara le ocasionaba un sentimiento de calidez en el pecho, quería ser egoísta y aceptar, pero eso la volvería a herir, lo sabía.

— De verdad agradezco tu preocupación, Kakashi, pero puedo arreglármelas yo sola. — dijo mientras terminaba su ramen y regresaba a la cocina. Sacó las últimas galletas de chocolate y justo cuando se dio la vuelta para regresar a la sala, Kakashi estaba peligrosamente frente a ella.

— Sé que te persiguen y que lees el periódico en busca de más actos de parte de tus enemigos. — Emiko retrocedió y quedó encerrada entre el mueble de la cocina y el cuerpo del shinobi.

— ¿Qué estás haciendo, Kakashi? — preguntó ella con un hilo de voz.

— Mato dos pájaros de un tiro... — acercó su rostro al de la chica. — Tomo venganza por mis compañeros shinobi de la torre y al mismo tiempo te demuestro que necesitas mi ayuda para entrenar.

— Pensé que la venganza no era el camino. — puso entre ella y Kakashi el plato con galletas. — mejor comamos un poco y lo discutimos en la sala...

Kakashi sonrió de lado. A pesar de que le dijo que ya lo había olvidado, podía ver la turbación en su rostro.

— Aléjame con tu brazo derecho, eres diesta, ¿No?

Emiko sintió demasiado calor pero no pensaba dejarse ganar, se suponía que ella era la ninja especialista en seducción. Y por primera vez decidió confrontar al peligris sin miedo, al final de cuentas él había empezado.

— Vaya, casi me sorprendes, Kakashi... — hizo a un lado el plato, pero tomó una galleta y la llevó a sus labios. — No me puedes obligar a pelear...

Le dio una pequeña mordida la galleta mientras miraba fijamente al hombre, quien le devolvió la mirada.

— No recordaba que fueras tan obstinada... — murmuró Kakashi mientras comprendía que estaba jugando con fuego, pero le dio curiosidad hasta donde podrían llegar.

— Me he hecho más fuerte, ahora solo hago lo que quiero... — dejó el resto de la galleta en el mueble y puso sus manos en el pecho del hombre.

— Debes pensar en tu seguridad... — Kakashi no esperaba aquello, las manos de ella le quemaban a través de la ropa.

— Justo ahora no me siento muy segura... — murmuró con una pequeña sonrisa mientras empujaba al hombre y casi conseguía librarse de su encierro. Kakashi sonrió y la sostuvo de la cintura, obligándola a darle la espalda para después colocar su barbilla y nariz en el cuello de ella.

— Yo me siento bastante cómodo... — un sonrojo apareció en el rostro de ella, cuyo corazón estaba a punto de estallar de los nervios. — No podrás escapar...

Emiko trató de safarse pero fue imposible, de pronto Kakashi se había vuelto tan firme como el metal, por lo que no podía darse le vuelta y confrontarlo cara a cara.

— Debería estar loca para querer salir de aquí... — jugarían los dos. En lugar de forcejear, la mujer comenzó a recorrer las manos del hombre con suaves caricias. Sintió que la piel de Kakashi se erizaba, por lo que volteó su rostro lo suficiente para poner sus labios sobre la frente del hombre, quien estaba respirando en su cuello. — Si me sueltas, aceptaré tu propuesta... — susurró con voz ronca mientras escuchaba al ninja gruñir. En cuanto se vio libre, volvió a quedar de frente, entre el mueble y Kakashi.

Fue turno de ella para acercarse y al momento que cerraba los ojos, bajó la máscara para posar sus labios sobre los del hombre. Los suaves labios de ella se posaron sobre sus labios cerrados, de manera que solo sintió como ella los acariciaba con la punta de su lengua, logrando que él los separara y que ella los tomara en su apasionado beso. El peligris cerró los ojos y se concentró en las caricias que sentía, no recordaba la última vez que su mente no trabajara con claridad como en esos momentos. Sintió cómo la chica suspiraba en sus labios y después desaparecía de su encierro, haciéndolo sentir como un idiota.

— Haz mejorado tus técnicas de convencimiento, Kakashi... — dijo la chica mientras regresaba a la mesa donde había estado antes. Kakashi se subió la máscara y se dio la vuelta para verla sonreír como si nada hubiera pasado. — Pero quiero aclarar una cosa... acepto solo para que puedas convencerte de que estoy bien y olvides eso de la culpa y responsabilidad por mi herida, ya no soy la niña débil que conociste, Kakashi.

— Bueno, avisaré a Tsunade-sama para que nos asigne un campo de entrenamiento en las mañanas. — se dirigió a la puerta mientras metía sus manos en los bolsillos de su pantalón.

— ¿Kakashi? — Ella lo llamó mientras él abría la puerta para salir.

— ¿Qué?

— Gracias...

— ¿Por qué?

— Genma me dijo que tu invocación ha estado vigilando el perímetro... — alzó una hoja de periódico que ocultó su rostro. — Gracias...

Kakashi rascó su nuca con un poco de incomodidad.

— Solo intento hacer lo correcto, y creo que de todas las personas en la aldea, con quien más estoy en deuda es contigo.

Emiko bajó la hoja de periódico y él pudo notar su ceño fruncido.

— Eso es absurdo...

— Recuerdo que siempre me llevabas galletas y té cuando vigilaba la casa de la familia del cuarto Hokage, sin olvidar que siempre terminabas metida en peleas para defenderme aunque yo no te lo pidiera... — pero la chica se puso de pie con evidente molestia en el rostro.

— Nunca hice esas cosas para que tu estuvieras en deuda conmigo, así que olvídalo. — Kakashi estaba realmente sorprendido, creyó que Emiko estaría feliz por aquello, pasó toda su vida tratando de ganar las atenciones que de alguna manera estaba en la disposición de hacer en esos momentos.

— Solo trato de ser amable...

— No sigas con eso, solo sé el mismo Kakashi de siempre y ya, eso hará las cosas más fáciles para los dos.

El shinobi continuó masajeando su propia nuca, aquello era bastante incómodo.

— De acuerdo, solo seré yo mismo.

— Bien, y deja de forzar esas ideas de estar en deuda ya sea por las tonterías que hice en el pasado o por esta herida, soy más fuerte de lo que te puedes imaginar.

— ¿Tonterías? — preguntó con un poco de sorpresa, siempre le había parecido que todos los actos que hacía Emiko tenían una buena intención aunque a él le molestaran en esos tiempos.

— Sí, era joven y nada tenía mucho sentido, así que olvídalo y sigamos con nuestras vidas.

Kakashi sintió un ligero sabor a chocolate en sus labios.

— Entiendo, entonces te veré mañana a las nueve de la mañana, te mandaré un pergamino cuando tengamos un campo... — y abrió la puerta. — ¡Ah! Y por cierto... ahora besas mejor... — y se marchó disfrutando del tono rojo que adquirió el rostro de la chica..

Emiko lo vio sonreír antes de irse y se quedó pasmada. Tenía que admitir que besarlo había sido una mala idea porque ahora no podía quitarse de la cabeza la calidez de sus labios. Se dio un par de palmadas en las mejillas para tranquilizarse, sin duda tenía que olvidar a Kakashi pronto o su corazón volvería a sufrir.

— ¿Por qué acepté? — pensó mientras ponía su frente sobre la mesa. — Sigo siendo una tonta...

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Por otro lado, Kakashi bajaba las escaleras del edificio con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. Había sido cierto que había escuchado la charla que Emiko le dio a las chicas y sin duda admiraba sus avances, había conseguido escapar de él y debía darle un punto por eso. Sin embargo ella tenía razón en algo, no sería justo que él le diera todas esas atenciones movido por la culpabilidad y no porque la amara o pensara en cortejarla. Quizás ahora podrían ser los amigos que sus padres siempre desearon.

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A la mañana siguiente Emiko llegó a las 9 en punto al campo asignado por la Hokage, sentía nervios pero para conseguir calmarse, decidió empezar a calentar haciendo unas katas con su ninjato. Cerró los ojos y respiró profundamente mientras desenvainaba la espada, comenzó a hacer los movimientos que Midori sensei le había enseñado... ¿Estaba haciendo bien al pensar en quedarse en Konoha y proteger la voluntad de fuego? ¿O debería regresar a la capital y enfrentar a Soujiro-sama? ¿Qué estaba sucediendo con Kakashi? Pronto sus pensamientos volaron a su primer día en el palacio del señor feudal.

Al llegar a la entrada principal del palacio feudal, se acercó a uno de los dos guardias que custodiaban la puerta principal.

— Disculpe, ayer conocí a una mujer que me dijo que podía pedir una orden de senbei con arroz a cualquier guardia del palacio.

La chica creyó que los hombres se reirían de ella, pero solo se miraron y uno asintió, abriendo la puerta y llamando a otro guardia que llegó de inmediato.

— Llévala con Midori-san, es una nueva recluta. — Indicó el guardia y la chica siguió al hombre que la guiaría. Atravesaron el largo jardín principal, hasta llegar al palacio, pero no entraron, lo rodearon y continuaron caminando hasta una gran vivienda pero que no era tan grande como la mansión principal.

Emiko sentía que las manos le estaban sudando, pero ya no podía retractarse. Realmente parecía una buena idea, y cuando despertó aquella mañana supo que no tenía nada que perder. Podría convertirse en una buena ninja si continuaba entrenando ahí. Cuando su sensei murió, no pudieron asignar a nadie más para continuar con su entrenamiento, pero Asuma continuó trabajando sus habilidades dentro de su clan, mientras Genma tenía un talento innato que pulía cada vez que peleaba. En cambio ella no supo qué hacer, así que imitó a Genma y continuó entrenando por su parte, pero no conseguía aprender a usar la espada de su madre. Así que decidió enfocarse en su taijutsu y manejo de chakra, pero eso no fue suficiente para evitar que arruinara misión tras misión y alguno de sus compañeros tuviera que ayudarla.

Pero si ahora pudiera contar con la ayuda de alguien que le dijera cómo hacer las cosas, tal vez... tal vez podría ser la kunoichi que siempre soñó, pero sobre todo, esperaba poder dejar de ser una carga para sus compañeros.

— Veo que te interesó nuestra propuesta. — la hermosa mujer de la noche anterior estaba sentada bajo la sombra de un gran roble con un libro entre manos.

— Yo... — hizo una profunda reverencia. — Mi nombre es Emiko Ryuzara... no soy la mejor ninja de mi generación, pero quiero ser tan fuerte como usted.

La mujer bajó el libro y llegó hasta la chica quien llevaba en sus hombros la pesada mochila de viaje.

— Así que volviste por más... — una sonrisa mordaz se instaló en los labios de la hermosa mujer. — Sin embargo, quien decide si te quedas o no, es mi señor Kouji-sama y salió hoy temprano, aunque no debe tardar.

— Esperaré a su regreso. — respondió la chica con una breve inclinación mientras bajaba su mochila de viaje, aquello desconcertó a la rubia.

— ¿Esperarás aquí?

La pelinegra asintió.

— Sí, el clima es agradable.

Midori hizo una mueca de desagrado.

— El kouka Toki se caracteriza por la feminidad y belleza de cada una de sus integrantes, si quieres que Kouji-sama te acepte, debes estar presentable... — Midori la volvió a examinar de arriba a abajo. — Toma tu mochila y vamos, te pondré en manos de Kyoko-san...

Emiko obedeció sin dudar y ambas mujeres entraron a la gran casa, donde una chica de no más de veinte años de cabellos castaños y que vestía una sencilla yukata gris, las recibió con una gran reverencia.

— Kyoko-san, pongo en tus manos a esta niña, haz que se vea decente para nuestro amo.

— Sí, Midori-sama.

Y la castaña invitó a Emiko a que la siguiera a través de los largos pasillos de aquel lugar. Pronto llegaron a una habitación de tamaño medio, tenía un gran futón a nivel del piso, un ropero para almacenar la ropa y una pequeña mesa, pero había una puerta que daba a un elegante baño que incluía una enorme bañera.

— Primero debe tomar un baño... ¿Cómo se llama?

— Lamento no haberme presentado, soy Emiko Ryuzara, ninja de Konoha.

La joven rio un poco.

— ¿Ninja? — La asistente entró al baño y abrió el grifo del agua. — Generalmente solo aceptan a jóvenes civiles para este entrenamiento especializado.

— ¿En serio?

— Sí, aunque no es extraño tu caso, oí que Midori-sama también fue una ninja desde antes de llegar aquí...— Emiko se sorprendió, pero decidió que haría su mejor esfuerzo, quería ser fuerte y construir su propia vida. — Puede quitarse la ropa, le ayudaré durante el baño.

La chica de Konoha negó.

— No necesito ayuda, yo puedo hacerlo sola.

Kyoko negó con seriedad.

— La primera lección es que en este lugar no hay intimidad... — Kyoko llegó hasta ella y tomó la mochila de entre sus manos y la puso en el suelo. — Debes perder el pudor o no serás capaz de llevar a cabo tus misiones... — Se dirigió a comprobar la temperatura del agua. — Además, primero tengo que lavar su cabello y comprobar las señas particulares de su cuerpo, es útil cuando una misión falla y hay que reconocer el cuerpo.

— De acuerdo... — suspiró Emiko mientras entraba al baño y comenzaba a quitarse su uniforme ninja, tampoco es que su trabajo en Konoha fuera tan seguro y en esos momentos morir no le quitaba el sueño.

Una vez que estuvo desnuda, la seria castaña la observó con cuidado, tomando nota en una pequeña libreta que guardaba en su yukata.

— Tienes muchas cicatrices, tendremos que tratar de desaparecer las más grandes, las más chicas serán tu identificador. — comentó la castaña quien no se inmutó ante la vergüenza que asaltaba a la pelinegra. — ¿Aún eres doncella? — Emiko negó mientras su rostro se ponía más rojo. — Bien, eso te hará más fáciles las cosas.

Kyoko guio a la ninja de Konoha para que primero que enjabonara en la regadera, donde a ayudó a enjuagar su gran cabello.

— Tendrás que cortarlo, el cabello largo solo está permitido en las mujeres que han completado su entrenamiento. — Emiko asintió, amaba su cabello pero si cortarlo era el precio para cambiar y ser una mejor versión de ella misma, estaba dispuesta a hacerlo.

Cuando estuvo limpia, Kyoko la llevó a la bañera y la ayudó a entrar. Estando ahí, se dedicó a vaciar botes de distintas fragancias en el agua y le indicó que debía quedarse ahí hasta que ella volviera.

Emiko suspiró cuando por fin se sintió sola en aquel lugar. Se sumergió por completo en el agua mientras pensaba en las palabras que le había dicho Kakashi hace tan solo unos días...

"Tu padre tenía razón, eres solo una carga..".

Salió del agua y llenó sus pulmones de preciado oxígeno.

— Debo esforzarme para ya no ser una carga para Azuma y Genma, ya no seré una carga para nadie... Kakashi... — Murmuró mientras cerraba los ojos y disfrutaba del calor del agua y de los deliciosos aromas que la rodeaban.

No supo si solo pasaron un par de minutos u horas, pero cuando el agua comenzó a enfriarse, la joven Kyoko llegó hasta ella con una yukata azul en un brazo y un montón de vendas enredadas en la otra mano. Dejó las cosas en una silla que había en el baño y ayudó a la pelinegra a salir de la bañera.

— ¿Disfrutaste del agua?

— Sí, me ayudó a relajarme un poco.

— Generalmente esta prueba la dejan para el segundo día, pero Midori-sama cree que tienes potencial y parece que quiere empezar de inmediato.

— ¿Qué clase de prueba es?

Kyoko sonrió.

— Ya lo verás... — La ayudó a secarse con la toalla, y cuando estuvo lista, llevó a la chica hasta la silla. — Desde hoy y hasta tu graduación usarás estas vendas en tu cintura, ayudarán a darle más forma a tu cuerpo, y resaltarán tus atributos. Además, fueron teñidas con algunas plantas medicinales que se encargarán de tus cicatrices, también te obligarán a caminar derecha y con el tiempo las cambiaras por una armadura de metal.

Apenas terminó de hablar, cuando Emiko sintió que el aire la abandonaba y las vendas comenzaban a estrujar su cuerpo con una fuerza que no hubiera esperado de la delgada asistente. Soportó la colocación de las vendas en silencio y rogando porque no le rompieran una costilla, ya había tenido un par de fracturas el año pasado y aún resentía esas lesiones.

Cuando Kyoko terminó, la ayudo a vestirse la Yukata y cuando la ayudó a salir del baño, ya libre de todo el humo y las fragancias envolventes, se dio cuenta de que estaba mareada.

— No me siento muy bien... — murmuró mientras se llevaba una mano a la cabeza.

— ¿Desayunaste algo?

— Un poco de pan y café negro.

— Es suficiente, de cualquier forma comerás con nuestro señor. — Kyoko la miró con una sonrisa. — Te van a hacer preguntas y debes responder todo.

— ¿Qué clase de preguntas?

— Sobre tu vida, tus ideas, tus valores. — Kyoko tomó la temperatura de la chica. — Y en estos momentos no puedes mentir, inhalaste una droga muy efectiva que te impedirá mucho, vas actuar casi de manera instintiva, así que no te resistas... el efecto pasará en un par de horas.

Emiko frunció el ceño. ¿Estaba drogada? No se sentía como la vez que ella y Genma habían comido unos hongos que supuestamente tenían efectos alucinógenos. Aquella vez se había sentido muy feliz y todo les hacía reír, hasta el gesto más pequeño los hacía explotar en risas. Pero cuando Asuma llegó, los puso a dormir por todo el escándalo que estaban armando. En esos momentos se sentía más somnolienta que feliz.

Una vez que Kyoko le puso unas sandalias de madera, le puso una mano en la cintura y la llevó a paso lento hasta el salón donde estaba servido una gran mesa con distintos platillos, donde ya se encontraba Midori-san.

— Buen trabajo, Kyoko, avisa a nuestro señor que la invitada está lista.

Emiko vio a la castaña hacer una pequeña reverencia y marcharse. Ahora estaba sola con Midori-san.

— Definitivamente te ves mejor así, ¿No tuviste una figura materna que te enseñara a cuidar de tu apariencia? — preguntó la rubia con molestia.

— Mi madre murió días antes de que cumpliera nueve años... — se tapó la boca así misma, nunca hablaba de sus padres con nadie, pero la rubia negó.

— En estos momentos di todo lo que quieras, ya tendrás tiempo para guardar silencio. — se sirvió una copa de vino.— Espero que entiendas que tenemos que conocerte, no podemos dejar que una desconocida llegue y se una a este grupo.

Eso tenía sentido para la pelinegra, aunque esperaba no hablar de los dos temas que más callaba: sus padres y Kakashi.

— Mis padres murieron en la guerra y crecí sola... — respondió, si bien no podía controlar lo que salía de su boca, si controlaba hasta donde se callaba y se mordía la lengua.

— Dices que fuiste una ninja de Konoha, — Midori bebió un poco de su copa. — Imagino que estabas en un equipo con dos hombres y un sensei.

— Hai, mi sensei murió en una de las primeras misiones que hicimos durante la tercer guerra shinobi... mis compañeros eran Asuma Sarutobi y Genma Shiranui... — se forzó a cerrar la boca, Midori lo notó y rio por su torpe esfuerzo.

— ¿Tienes hambre?

— Sí...

— Vamos, come, y bebe esto... — le acercó su propia copa, Emiko quiso negarse pero en ese momento se abrió la puerta del salón e ingresó el atractivo joven que vio la noche anterior.

— Su alteza... — Midori se puso de pie para recibir al hombre, Emiko quiso imitarla pero se dio cuenta de que no podía.

— No te preocupes, joven ninja de Konoha, en tu estado se te disculpa la descortesía. — Kouji tomó asiento a la cabecera de la mesa. — ¿Comenzaste, Midori-san?

— ¡Emiko! — la voz grave de Kakashi la sacó de sus pensamientos, realmente había estado muy concentrada en sus memorias.

— Lo siento, no te escuché llegar.

— ¿Qué estabas haciendo?

— Solo son unos movimientos para calentar un poco.

— No había visto esas katas ninja... — comentó el peligris. — Por otro lado, siento la demora, tuve que ayudar a una ancianita a llevar sus compras y me retrasé.

Emiko alzó una mano para calcular la hora y ya pasaban de las diez de la mañana.

— No vuelvas a hacerlo, la impuntualidad es una descortesía. — respondió un poco molesta, aunque a decir verdad el tiempo se le fue volando, últimamente podía pasar horas tan solo pensando en qué hacer con todas las decisiones que debía tomar. Tenía miedo de tomar la elección equivocada.

— Lo siento... — dijo el shinobi mientras se rascaba la nuca. — ¿Comenzamos?

— Sí, ¿Cómo te demuestro que estoy bien? — envainó su ninjato y lo miró con calma, le gustaba ser capaz de actuar tan tranquilamente frente al peligris, en su adolescencia jamás lo hubiera logrado.

— ¿Una batalla de katanas? — sacó un pergamino café y al abrirlo, explotó y en su lugar había una ninjato muy similar a la suya.

— ¿Es tuya? — Emiko se acercó. — ¿Puedo verla?

Kakashi asintió mientras la depositaba en ambas palmas de la chica. Era la primera vez que Emiko veía el arma de Kakashi... era idéntica a la suya.

— Parece que fueron forjadas por el mismo herrero... — opinó el ninja.

— Supongo que fue porque nuestros padres fueron compañeros de equipo. — Emiko devolvió la espada y sonrió. — Te volviste una leyenda al igual que ellos.

Kakashi sonrió luciendo avergonzado.

— Solo hago mi trabajo, es todo.

Y la chica sonrió, sí, sin dudas le agradaba más el nuevo Kakashi Hatake.

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Una vez que por fin terminaron el entrenamiento y Emiko aceptó a regañadientes que su brazo necesitaba rehabilitación para volver a funcionar al cien por ciento y que dejara de estar tan entumido. Ambos estaban jadeando y tratando de recuperar el aliento, por lo menos había dado una buena pelea al peligris y eso la animó bastante. Sin decir nada, ambos comenzaron a caminar de regreso al edificio donde vivían, en un silencio bastante cómodo para ambos. Cuando llegaron a la puerta del departamento de Kakashi, ella se despidió con una sonrisa y un gesto de la mano, y su corazón brincó cuando vio que el hombre se despedía de la misma manera, con una sonrisa.

Muy feliz, cuando por fin estuvo en su casa, procedió a darse un baño y cuando estuvo bajo el agua de la regadera, volvió a recordar su entrevista con Kouji-sama en el palacio.

— ¿Por qué razón el Hokage de Konoha te mandó a la capital? — preguntó la mujer mientras comía unas uvas. Emiko miró la copa en sus manos y siguió sin beber.

— Arruiné una misión importante, perdí los medicamentos especiales que una villa necesitaba... Sandaime-sama ya me había advertido que si seguía fallando me separaría de mi trabajo... pero tuvo compasión de mi y me mandó a la capital por un trabajo estable y que me ayudara a mantenerme. — cerró su boca, aún le quedaban ganas de seguir hablando, pero pensó que era suficiente.

— ¿Por qué te tuvo compasión el Hokage? — preguntó el hijo del señor feudal.

— Mis padres fueron parte de uno de los equipos más fuertes de Konoha, mis padres cumplieron cada misión hasta su muerte, Sandaime-sama los apreciaba.

— ¿Y por qué mejor no renunciar y ser un civil? Podrías casarte o aprender un oficio... — Midori se puso de pie y caminó hasta la chica, luego se sentó a su lado.

Miró la copa en sus manos y decidió que necesitaba algo para desatorar el nudo en su garganta, así que dio un breve trago.

— Ser un ninja era lo que mis padres esperaban y es lo único que conozco.

Cada vez le costaba más elegir sus palabras, aún si estaba en condiciones precarias, no estaba en su naturaleza caer sin pelear un poco, quizás por eso había llegado con vida hasta ese momento.

— Vamos, no te contengas, no le diremos a nadie... — el joven le guiñó un ojo.

— ¿Cuántos años tiene Kouji-sama? — preguntó sin poder evitarlo.

— Tengo veinte años, Emiko-san... — comió unas uvas y sonrió. — ¿Qué piensas de trabajar para mi?

— Ayer dijo que podría ser fuerte y ganarme la vida generosamente... — hizo una reverencia. — Sería feliz de poder ser útil al señor Feudal y su hijo.

— ¿En qué quieres mejorar? ¿Qué es lo que te falla? — preguntó la rubia

— No tengo confianza en mis decisiones desde que escondí la espada de mamá y ella murió en el campo de batalla cuando fueron emboscados por ninjas enemigos... — la pelinegra negó, nunca había aceptado eso en voz alta. — Dudo siempre sobre qué es lo correcto.

— ¿Tendrías problemas si aquí te decimos qué pensar, qué decir o qué hacer?

— No, mis elecciones nunca han sido las correctas.

— ¿Cómo cuales?

— Elegir ser ninja, he puesto en peligro a mis amigos y he sido una carga como decía mi padre... pero también tengo miedo de elegir otro camino, aún temo decepcionar a mis amigos y a Kakashi-kun...

Midori alzó una ceja con lo último.

— ¿Quién es Kakashi-kun?

Emiko negó, pero la rubia sujetó sus manos y le llevó la copa a los labios, donde la hizo beber.

— Es el hijo de Sakumo-sama, me gusta pero a él no le interesa nada que no sea su trabajo ninja, él si es un buen ninja.

— ¿El hijo del Colmillo blanco de Konoha? — Kouji miró a Midori, quien asintió. — ¿Cuál es su relación?

— Él fue mi amigo de la infancia pero no significo algo para él.

La mujer asintió.

— Come algo y te sentirás mejor... — miró a Kouji. — Parece que Emiko es una ninja con relaciones importantes en Konoha que pueden darnos alguna ventaja, tan solo por ser un protegida del Hokage ya es valiosa, puedo tomarla bajo mi tutela si Kouji-sama lo acepta.

El hombre asintió.

— Aunque temo que su falta de seguridad será un problema... — Kouji se puso de pie y llegó hasta las dos mujeres. — Y Kyoko me ha dicho antes de entrar que es muy pudorosa... no sé si sea capaz.

— ¡Yo lo haré! — Emiko dejó la copa en la mesa y asintió con fuerza. — Quiero ser fuerte como Midori-san, quiero ser una kunoichi poderosa... — miró fijamente al hombre que estaba de pie mientras ella seguía sentada en el piso frente a la mesa. — No le temo al trabajo duro... por favor...

— ¿Harás cualquier cosa que te ordenemos?

— Lo haré... daré mi vida por la nación del fuego.

Fue turno de Midori para ponerse de pie.

— Iré a fuera.

La mujer salió del lugar con elegancia a caso paso.

— El Kouka Toki es un grupo de mujeres que hacen tareas de inteligencia para el beneficio del país del fuego, para eso deben usar sus cuerpos... — Y se sentó junto a la chica, tocando sus mejillas.

— Aprenderé, no daré problemas y serviré a la nación. — fue su respuesta.

— ¿Hay algo que temas perder, Emiko? — preguntó Kouji mirándola fijamente, quien se estremeció pero no retrocedió.

— No, ya lo he perdido todo.

— En ese caso, yo te daré un motivo para vivir...

En el presente Emiko miró su espada y supo que por fin tenía una resolución. Tal vez Kouji-sama le había dado una razón para seguir luchando, pero estando en Konoha recordó que había otras personas que también contaban con ella. Quizá se había contagiado de la famosa voluntad de fuego, pero ya no quería irse de ahí, confiaba en la nueva Hokage y sentía una gran emoción al ver a los jóvenes ninjas como Sakura o Ino que tenían toda una vida por delante. Además, por primera vez en su vida podía tener una convivencia amena y tranquila con Kakashi, lo cual valoraba mucho.

— Mañana hablaré con la Hokage para que me ayude a cambiar mi filiación, si al señor Feudal no le importa que Soujiro quiera ocupar su lugar y pasar sobre su hermano mayor, no es mi problema... Kouji-sama no hizo nada para ayudarme... voy a ser egoísta por una vez. — se dijo llena de esperanza sin saber que en el futuro volvería a dudar de su elección.

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Continuará

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