Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.

Advertencia: Kakashi X OC.


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Capítulo 13

Viaje a la capital

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Inusualmente Kakashi llegó antes del amanecer a la puerta de la aldea donde vio a Izumo y Kotetsu dormir recargados el uno sobre el otro pero, antes de que pudiera decir algo para despertarlos, una conocida presencia llegó hasta él.

— Kakashi-sensei... — saludó Sakura mientras le sonreía, el ninja también le sonrió.

— ¿Qué haces despierta tan temprano, Sakura?

La relación entre los dos se sentía ligeramente tensa, por un lado Sakura no podía evitar pensar en sus dos amigos cuando veía al peligris y viceversa, ambos eran un recordatorio de la ausencia de los otros dos chicos para el otro. Pero eso no evitaba el cariño que sentía Sakura por su sensei, no podía culparlo y deseaba poder ser muy fuerte para él se sintiera muy orgulloso de ella.

— Tsunade-sama me pidió que dejara los registros de hoy a los guardias de la entrada y después empezaremos con mis clases.

— Entiendo, te estas esforzando mucho, Sakura. — Kakashi sonrió y colocó una mano en el hombro de la chica.

— Tsunade-sama me contó de lo sucedido con Ryuzara-san... — bajó la mirada. — Por favor sensei, haga todo lo posible por traerla de vuelta, ella es una persona muy gentil y... ella no dudó en cubrirme con su cuerpo aquel día... — su voz se perdió en la lejanía de sus recuerdos... — Y tampoco dudó en ir tras Sasuke, ella...

— No te preocupes, Sakura, haré todo lo posible por ella, confía en mi. — y le sonrió, de manera que la chica asintió animada.

— Me alegra que por lo menos llegara a tiempo para esta misión. — sonrió la chica mientras señalaba una carreta que se acercaba. — Nadie me creerá cuando les diga que fue puntual. — y comenzó a reír.

— Oigan dejen dormir... — murmuró Izumo mientras trataba de acomodarse mejor. Sakura se dirigió a ellos para entregarles los registros y decirles que ya estaba amaneciendo, cuando Emiko llegó conduciendo la carreta junto a un hermoso caballo café.

— Buenos días, Kakashi... Sakura. — saludó la pelinegra al llegar.

— ¿Conducirás todo el camino? — Kakashi la miró escéptico.

— Claro, este bonito es muy dócil, se llama Mushi y tiene cuatro años, su dueño me lo ha encargado mucho.

— ¡Es precioso! — exclamó la pelirrosada mientras se acercaba a acariciar al animal, quien relinchó contento.

— Hola — saludó Kurenai quien llegó a la hora en punto. — ¿Viajaremos en esto?

Emiko asintió y la otra mujer sonrió.

— ¿Tienes prisa? — preguntó Kurenai mientras se subía, la carreta no era muy amplia, apenas entrarían un par de personas más.

— Un poco, como dicen, al mal tiempo darle prisa.

Kakashi sonrió y también se subió a la parte posterior de la carreta.

— Cuídate mucho, Sakura... por cierto. — Emiko le tendió una bolsa con monedas y un pergamino. — ¿Podrías darle esto a un niño llamado Konohamaru? podrías decirle que ya no necesito que lleve el periódico a mi casa pero que le estoy muy agradecida... Y que también le dejo un resumen del libro y que si lo lleva a la práctica, será invencible.

Sakura tomó tímidamente los dos objetos y asintió.

— Se los haré llegar.

— Gracias, Sakura... cuídate mucho.

Y la mujer de ojos miel dio la orden al caballo de retomar su camino.

Viajaron durante todo el día en silencio, Kakashi sacó su libro favorito y estuvo leyendo todo el tiempo mientras Kurenai contemplaba su alrededor e iba al pendiente por si alguien se atrevía a tratar de asaltarlos. Pero al parecer la ruta hacía la capital era muy segura ya que pasaron a su lado decenas de carretas a distinta velocidad, algunas de ida y otras de vuelta. Pero cuando el cielo comenzó a teñirse de naranja, Emiko carraspeó.

— Haremos una pausa, Mushi necesita descansar y hay un río muy cerca de aquí, sería perfecto para acampar a su orilla. — comentó mientras los otros dos asentían y veían como la carreta se desviaba del camino principal hacía un sendero menos transitado.

Unos minutos después pudieron ver el río y Kurenai estuvo de acuerdo en que era un buen lugar para acampar, pues el bosque era denso y podrían estar ocultos a miradas extrañas. Cuando la carreta se detuvo, los tres ninjas bajaron de un salto.

— Haré una fogata. — señaló Kurenai mientras Emiko desamarraba al caballo de la carreta y Kakashi sacaba las bolsas de dormir. — Buscaré leña.

Anoche cuando Asuma la acompañó a casa le contó lo sucedido con Emiko y el shinobi le pidió que les diera un poco de tiempo a solas a esos dos porque parecía que empezaban a entenderse.

— No sé si sea una buena idea, tu sabes Asuma que no es bueno involucrar sentimientos en una misión ninja — le había dicho a Asuma.

— Lo sé, pero créeme que esos aún tienen muchas cosas pendientes, por lo que un empujoncito podría ser de mucha ayuda. — Asuma sonrió un poco avergonzado. — Dime, ¿No te gustaría ver a Kakashi enamorado?

Kurenai negó.

— No es eso, sabes que le deseo lo mejor del mundo a Kakashi, pero si se vuelven aún más cercanos puede salir lastimado si no conseguimos que Emiko regrese.

— Entiendo tu punto, supongo que tienes razón, Kurenai.

La mujer suspiró.

— Les daré su espacio, pero solo porque tu me lo pides.

El shinobi la sujetó de la mano.

— Gracias, Kurenai.

— Ven bonito, toma un poco de agua, te esforzaste mucho el día de hoy, gracias. — Emiko le susurró al caballo mientras lo conducía al río.

Kakashi se quedó solo junto a la carreta, por lo que decidió sentarse a leer con los últimos rayos del sol. Un rato después escuchó que Emiko y el caballo regresaban.

— No dijiste que tomarías un baño. — se burló el peligris.

— Mushi se puso a jugar en el agua y me empapó toda. — se quejó mientras amarraba al caballo a un árbol para que pudiera descansar. — Supongo que volveré al río para terminar de asearme, hizo mucho calor el día de hoy. — comentó al no ver a Kurenai por ningún lado, por lo que tomó su mochila y marchó en dirección al río. — No tardo.

Cuando estuvo en el río se sumergió con todo y ropa, ya mañana tomaría un baño decente en su casa. Cuando salió se quitó la ropa mojada y se colocó ropa seca y limpia.

— Mañana a esta hora estaré en el palacio... — murmuró mientras se sentaba en la orilla para contemplar cómo el sol empezaba a desaparecer en el horizonte. — ¿Por qué Kouji-sama permitió que disolvieran el grupo?

Una Emiko de dieciocho años estaba en su habitación en la casa adjunta del palacio, vestía una larga bata de seda y estaba descalza. Todo el día había estado entrenando con Midori-sensei y Megumi-chan cuando ya casi acababan se lastimó el tobillo derecho cuando intentó esquivar una lluvia de shurikens que la más chica lanzó, por lo que su sensei le ordenó que fuera a reposar mientras la iban a curar a su habitación.

— Emiko-sama. — Kyoko ahora tenía veintitrés años. — Kouji-sama la requiere de inmediato.

La chica hizo un esfuerzo por no demostrar la molestia, aún no llegaba el médico del palacio para revisar su pie.

— Voy ahora mismo. — Kyoko se marchó mientras Emiko hizo a un lado el libro que estaba leyendo y se ponía de pie. Sintió el dolor en su tobillo pero aún así se calzó unas sandalias y salió en dirección a la habitación que solía ocupar su líder.

— Adelante. — respondieron cuando tocó la puerta y un guardia la abrió.

— Me llamó, mi señor. — dijo mientras hacía una pronunciada reverencia.

— Pasa, Emiko-chan. — Kouji le sonrió mientras ella ingresaba. — Necesito de tu consejo, regresaste hace dos semanas de un viaje largo en Suna, y con base en tu reporte, el Kazekage no está enterado de la red de trata que a pesar de que actúa en el país del fuego se esconden en el desierto.

— Así es mi señor. — ella tomó asiento a su lado, justo donde el hombre se lo indicó. — El mayor grupo delictivo de Suna hace trato con los hombres que estamos persiguiendo por lo que les proveen de un sitio para esconderse.

— ¿Entonces debería pedir al señor Feudal del país del viento que intervenga?

— Esos hombres se jactan de tener gente infiltrada en el palacio del país del viento y en la torre del Kazekage, quizás avisarles del asunto solo los ponga en alerta.

El hijo del señor feudal cerró los ojos y llevó una mano al puente de su nariz. Ambos estaban sentados el uno junto al otro cerca de una mesa llena de documentos, pergaminos y más papeles.

— ¿Qué podemos hacer para terminar con ellos y mantener a salvo a nuestro pueblo?

Emiko sintió como el hombre de cabellos azules oscuros acostaba su cabeza en el regazo de ella, así que después de unos segundos, ella se animó a responder.

— Si Suna descubre que ninjas de Konoha se filtran sin permiso previo para detener a esos maleantes, podría haber un conflicto diplomático, el yondaime Kazekage es muy tajante en sus posturas.

— Entonces queda descartado solicitar una misión a Konoha, ¿Y si solicito ayuda a otra aldea ninja?

— Podrían chantajear después a nuestro señor Feudal, es información que puede usarse para crear conflictos.

— Entonces solo queda una opción. — Kouji abrió los ojos y miró a la mujer de largos cabellos. — Necesito que te infiltres a Suna, te encargues de encontrarlos y silenciarlos... pero ten cuidado de que no te atrapen nadie, de otra forma el país del fuego negará cualquier lazo contigo para evitar problemas... ¿Entiendes?

Emiko perdió un poco el color de su rostro pero asintió.

— Sí, Kouji-sama.

— Eres una herramienta, Emiko, tu y cada una de tus compañeras son el medio por el que construimos la paz y la prosperidad de esta nación... — aún recostado en su regazo, estiró sus manos para acariciar su rostro. — Será tu primer misión solitaria y de larga duración, una vez estés allá no debes tratar de comunicarte con ninguno de nosotros, estarás sola...

— Entiendo.

— Te llevarás suficiente dinero y los papeles necesarios para que te establezcas a las afueras de Sunagakure, pero solo puede haber dos finales para tu misión, o cumples tu objetivo o mueres con tus propias manos si Suna te vincula a cualquier incidente.

— Sí, señor.

Las caricias del hombre contrastaban con sus palabras... quizás él vio el temor en sus ojos, porque se enderezó y la miró fijamente.

— ¿Ocurre algo, Emiko?

— Me lastimé mi tobillo entrenando, duele un poco aunque no es nada serio... — murmuró mientras intentaba ponerse de pie, pero las grandes manos del hombre se lo impidió.

— Llama al médico real de inmediato. — ordenó el hombre al guardia que custodiaba la puerta. — ¿Por qué nadie la ha atendido? Ellas son lo más valioso que hay en este palacio... rápido...

— Yo era importante en la medida de que debía ser desechada en el momento preciso, no antes ni después... — susurró mientras el agua del río reflejaba la luna en cuarto creciente que se asomaba desde el cielo nocturno.

Miedo.

Ahora que estaban a medio día de la capital, Emiko comenzó a sentir miedo e incertidumbre como nunca. Había sido fácil servir a Kouji-sama porque no tenía que pensar en nada, ni siquiera en su muerte, pero ahora tenía que ir y luchar porque la dejaran seguir viviendo... ¿Pero para qué? ¿Y si volvía a arruinar una misión? ¿Y si no era buena instructora y los niños bajo su cargo perecían? ¿Todo sería más fácil si tan solo muriera? Pero unos pasos a su espalda la pusieron alerta.

— ¿Kakashi? — preguntó ella al verlo caminar hasta llegar a su lado. — ¿Sucede algo?

— Mushi no me dejó alimentarlo, creo que solo confía en ti.

Ella negó.

— ¿Qué intentaste darle?

— Pasto y paja que encontré en la carreta.

— También debes darle zanahorias, su dueño me dijo que solo come las tres cosas juntas.

El peligris se rascó la nuca.

— Si las vi pero no se me ocurrió.

La chica esbozó una pequeña sonrisa.

— Supongo que debería ir a darle de comer. — intentó ponerse de pie, pero no pudo, fue entonces que se percató de que estaba temblando. — Creo que hace frío... — musitó mientras bajaba la vista.

— Dime qué es lo que pasa. — Kakashi se sentó a su lado mientras se quitaba el chaleco ninja y se lo ponía a ella.

— Solo es que el agua estaba muy fría. — murmuró.

— Tienes miedo, no hay que ser muy listo para verlo. — Kakashi miró el horizonte. — La pregunta es por qué.

— Supongo que no importa cuando haya crecido, aún tengo miedo de volver a tomar la elección correcta.

Kakashi miró el agua del río.

— ¿Dudas sobre si mereces vivir?

Ella negó.

— No, quiero vivir, pero tengo un poco de temor de enfrentar a Kouji-sama y a Midori-sensei... necesito que me den una explicación pero al mismo tiempo no sé qué hacer si ellos me piden quedarme

— ¿Quieres estar con ellos? — Ella volvió a negar. — No entiendo mucho, Emiko...

— Nunca pude decirles que no a nada, a pesar de que me mandaran a misiones peligrosas o me pidieran cosas imposibles nunca me negué porque me daban una razón para vivir... — dejó de mirar el horizonte y miró al peligris. — Pero estar en Konoha me recordó que hay otras cosas importantes por las que vale la pena luchar... Tsunade-sama me respeta como persona y se preocupa por mi salud, sé que quiero servirle a un amo así. Pero tengo miedo de no poder decir que no a Kouji-sama, ese es mi mayor temor.

Kakashi sonrió.

— ¿Y por qué?

— Ellos nos conocen bien, cuando trabajas para el señor Feudal tienes que olvidarte de tu vida personal, tus amigos y tu familia... solo vives para servir a tus amos... — se abrazó así misma. — Ellos están ahí para ser tu nueva familia, te consuelan cuando estás triste, cenas con ellos y entonces vives en una burbuja donde solo entra la gente que ellos seleccionan.

— Pero yo escuché que Genma y Asuma...

— Asuma trabajó en el palacio y además era el hijo del Hokage, por eso no nos impidieron vernos... en cambio Genma tuvo que hacer uso de sus habilidades para encontrarnos, de otra forma no lo hubiera vuelto a ver... por eso después de algunos años elegí vivir fuera del palacio en un lugar a parte.

—Así que por eso jamás volví a saber de ti...

Emiko juntó sus piernas y las abrazó, justo en esos momentos se sentía muy tibia gracias al chaleco del jounnin, pero no solo eso, la fragancia masculina de él inundó sus fosas nasales. Por primera vez en la vida sintió que estaba en el sitio correcto.

— Kouji-sama y Midori sensei fueron lo único que tuve en mi vida por once años, no es fácil dejarlos ir.

El shonobi suspiró.

— El otro día dijiste que solo hacías lo que querías... — las mejillas de ella se sonrojaron al recordar aquel día. — Creo que es un buen momento para que defiendas eso que deseas para tu vida, aún eres joven, piensa en donde podrías tener un mejor futuro.

Emiko miró el horizonte y pensó, si se quedaba en el palacio, tarde o temprano moriría como una herramienta ninja, ni antes ni después de lo necesario. Por otra parte, en Konoha también estaba el riesgo de morir en alguna misión pero también existía la posibilidad de salir con alguien como Iwashi, ser instructor de un equipo gennin y cuidar de la voluntad de fuego, pero sobre todo, podría seguir viendo a Kakashi como su vecino.

— Si tuviera que morir justo ahora, preferiría hacerlo por alguno de los gennin que vi en Konoha que por Kouji-sama... — aceptó en un susurro pero Kakashi la escuchó y no pudo evitar sonreír.

— Creo que entonces sabes qué hacer, te has vuelto muy fuerte, Mi-chan.

Emiko miró a Kakashi y la sorpresa fue evidente en su mirada, él jamás se había referido con algún tipo de nombre cariñoso, siempre había sido Emiko o Ryuzara, por lo que ver a Kakashi sonreír mientras le decía Mi-chan le hizo pensar que quizá estaba en un genjutsu.

— Kai... — hizo los sellos y liberó un poco de chakra.

— ¿Qué haces?

— Es solo que es tan irreal esto... — su rostro se puso azul. — ¿Y si Kurenai aún quiere vengarse por el tiempo que Asuma estuvo en la capital y me metió en un genjutsu y en realidad todo esto es un sueño?

El shinobi volvió a sonreír.

— No es así, más bien yo fui demasiado severo contigo en el pasado. — se puso de pie. — Vamos al campamento, Mishu debe tener hambre y Kurenai se preocupará si no regresamos pronto.

Kakashi le tendió su mano para ayudarla y ella la tomó. El tacto de la mano del shinobi era electrizante, pero eso solo pudo hacerla sonreír, si aquella camaradería con Kakashi era posible, valdría la pena enfrentar lo que fuera con tal de regresar a Konoha a su lado.

En cambio, para Kakashi tomar la mano de ella fue como si hubiera tocado fuego y a su mente llegaron las sensaciones de aquella noche en que ella lo besó y por un segundo tuvo la idea de no soltar su mano, sino jalar para atraparla de nuevo entre sus brazos y esta vez ser él quien le robara el aliento. Pero no se atrevió a hacerlo, y no por cobardía ni por falta de ganas, sino porque ya la había lastimado mucho en el pasado y no pensaba usarla para su satisfacción personal. Debía recordar que él no sentía nada por ella pero aunque fuera así, no tenía nada que ofrecerle, ni siquiera un futuro estable.

— ¿Cuál quieres? — la voz de Emiko lo sacó de sus cavilaciones.

— Disculpa, no te escuché...

Ella suspiró.

— Te decía que traje onigiris de carne y teriyaki de verduras, ¿Cuál quieres cenar?

— Teriyaki.

— Bien.

Cuando llegaron al campamento, Kurenai ya había prendido una gran fogata donde hirvieron agua y calentaron la comida que Emiko llevaba.

— Tienes un buen sazón. — señaló Kurenai mientras comía otro onigiri. — Es casi tan bueno como lo que cocina Hinata-chan.

— Gracias, ¿Hinata sabe cocinar?

La otra mujer asintió.

— Es buena para muchas cosas, cada día se esfuerza por mejorar un poco más.

Emiko sonrió al ver el orgullo en los ojos de la usuaria del genjutsu.

— Dile que si un día quiere aprender a matar silenciosamente con la comida, me busque.

Tanto Kurenai como Kakashi escupieron lo que estaban masticando.

— ¡¿Qué?! — exclamó Kakashi mientras pensaba si tirar al fuego su comida.

— ¿Qué hacen? No todo lo que cocino es para matar, solo dije que si a tu alumna le interesa le puedo enseñar algo.

Kurenai miró con desconfianza su comida, pero Emiko llegó hasta su lado y tomó un onigiri al que empezó a comerse.

— No envenenaría a mi guardia personal. — y sonrió.

Aquel gesto incomodó a Kakashi, quien desvió la vista y solo Kurenai se percató.

— También traje un poco de galletas... — comentó mientras sacaba un bentou más de su mochila de viaje.

— ¿Cocinaste durante la madrugada? — preguntó Kurenai escéptica.

— Sí... — respondió avergonzada. — No podía dormir...

Esta vez fue turno de Kurenai para observar a Kakashi, quien tomó una de las galletas y sonrió.

— Son de chocolate... — comentó él con una mirada significativa que no pasó desapercibida por Yuhi Kurenai.

— Sí, pensé en variar un poco de las de avena... — dijo la otra chica y se sonrojó.

Kurenai alzó una ceja. Al parecer Asuma no estaba tan equivocado y algo estaba sucediendo ahí, todo el mundo sabía que a Kakashi no le gustaban las cosas dulces.

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Al amanecer retomaron el camino, con Emiko conduciendo la carreta pero esta vez Kurenai notó que Kakashi no estaba leyendo su libro.

— ¿Te cansaste de leer? — preguntó un poco divertida.

— Estamos cerca de la capital, lo mejor sería ir atentos. — respondió el hombre, pero Kurenai sonrió, desde que despertaron el peligris no le quitaba la mirada de encima a Emiko.

— Como digas. — murmuró la mujer de ojos de color rojo y sonrió.

Era poco más del medio día cuando llegaron al camino principal que conducía a la entrada de la capital.

— Voy a tomar un desvío, primero iremos a mi casa a prepararnos... — dijo Emiko mientras se salía del camino.

— ¿O prefieres evitar que anuncien tu llegada? — preguntó la otra mujer.

— También... además me gustaría arreglarme antes de ir al palacio. — respondió.

Rodearon una parte de la capital hasta que llegaron a una casa de solo planta baja, estaba hecha totalmente de madera y las ventanas estaban cubiertas por maderas. Apenas había otra casa cerca y nada más. Emiko indicó al caballo que se detuviera y al bajar de su lugar, amarró al caballo bajo la sombra de un gran roble.

— Pueden pasar a casa a lavarse un poco, yo acondicionaré a Mushi... — dijo mientras abría la puerta de la casa con unas llaves de metal, al tiempo que hacía un par de sellos para quitar el jutsu de bloqueo de la puerta.

Kurenai y Kakashi entraron detrás de la chica, quien solo tomó unas cubetas de la cocina y salió de nuevo para llevar agua y comida al caballo.

Los dos invitados no pudieron evitar sorprenderse de aquel lugar, a pesar de estar iluminado por varias velas colocadas a lo largo de toda la pared era posible apreciar la riqueza del lugar. Tenía una alfombra roja en el piso que parecía muy suave, la cocina era grande y tenía un horno enorme, así como una mesa y una silla de madera. La sala no tenia muebles pero estaba lleno de varios cojines que parecían mullidos e invitaban a sentarse en ellos. No había comedor, y solo quedaban dos puertas más, probablemente el baño y la habitación personal.

Como no supieron donde sentarse, esperaron a que la chica regresara.

— Bienvenidos a mi hogar.

— Vaya, parece que eres rica. — señaló Kurenai mientras se quitaba las sandalias y comprobaba la suavidad de la alfombra.

— Gocé de muchos privilegios por ser del agrado del señor Feudal, no todas mis compañeras podían vivir fuera de nuestra residencia oficial. — indicó mientras abría una puerta. — ¿Alguien quiere ducharse primero?

Kakashi alzó la mano.

— Yo, algo me salpicó en el camino y espero que no sea lo que pienso que es.

— Ven... — respondió Emiko y el hombre llegó hasta la habitación donde la chica volvió a encender las velas. — No tengo luz eléctrica, pero las velas serán suficiente. — Y abrió una puerta más dentro de la habitación. — Este es mi cuarto de baño, puedes usar la bañera si gustas.

Kakashi miró la habitación donde había una gran cama donde seguramente cabrían varias personas, sin olvidar el enorme ropero que ocupaba casi toda la pared. No había ventanas y había otro mueble que contenía muchos objetos como maquillaje, adornos para el cabello y cepillos de distintos tamaños y colores.

— Voy a guardar algunas cosas, pero el baño es grande y puedes cambiarte dentro. — indicó ella mientras colocaba su mochila de viaje en la cama y se agachaba para levantar unas tablas del piso.

— ¿Qué buscas? — preguntó con curiosidad.

— Dinero, son mis ahorros... — sacó varias bolsas de tela cerradas. — La última vez tuve que salir corriendo y no me dio tiempo de tomar algunas cosas...además que me estaban vigilando...— volvió a colocar las tablas en su lugar y después de guardar las bolsas de tela en su mochila, fue al gran ropero. Abrió varios cajones y al final encontró un Hakama negro ceremonial de hombre. — Si lo deseas puedes usar esto, es amplio y permite guardar armas dentro. — continuó rebuscando entre los cajones y al final sacó un Kimono azul marino. — Este será para Kurenai, espero le guste. — Emiko tomó el kimono y su mochila y salió dejando solo al hombre.

En cambio Kakashi se tomó un momento más para observar aquel lugar. Aquella habitación era muy impersonal, fuera de la alfombra los muebles parecían caros y viejos aunque majestuosos, le costó vincular ese lugar con la mujer con la que convivía últimamente, ella parecía preferir las cosas sencillas.

Una vez entró al baño con su mochila de viaje en el hombro, se sorprendió de la amplitud del lugar, así como de la enorme bañera y las decenas de frascos con líquidos de colores que habían en un mueble cercano. Se dio un baño rápido en la regadera, cuando salió y estuvo seco se vistió con un cambio de ropa limpio que era igual al uniforme que se había quitado, no pensaba usar un Hakama que no sabía a quien le había pertenecido antes.

Cuando abrió la puerta se sorprendió de ver a a Kurenai con el rostro fruncido y ni una ceña de la otra chica.

— ¿Sucedió algo?

— Le dije a Emiko que no pensaba usar su kimono, como ninjas de Konoha nuestro uniforme es suficiente para presentarnos ante una autoridad como el señor Feudal. — tomó su mochila. — Se molestó pero aceptó y luego dijo que iría a ver a Mushi... tomaré una ducha rápida, no tardaré, debemos acabar esto lo antes posible.

Kakashi asintió mientras salía de la casa pero vio al hermoso caballo solo, por lo que empezó a buscar a la mujer, al no sentir su presencia, invocó a su can.

— Pakkun... — lo llamó. — Busca a Emiko.

— Si, jefe. — el perrito olfateó un poco y le dijo lo siguiente. — Está en la casa de allá. — Señaló la casa vecina y desapareció.

Kakashi frunció el ceño, si Emiko estaba tan cerca, ¿Por qué estaba suprimiendo su chakra? Con sigilo se acercó al lugar indicado y se asomó por una ventana. Entonces vio a Emiko acompañada de una anciana. Las arrugas en el rostro de la mujer eran demasiado marcadas y a penas dejaban contemplar sus ojos, su cabello totalmente blanco y su figura encorvada evidenciaban su edad tan avanzada.

El shinobi se esforzó por escuchar.

— ... pero no solo eso, te marchaste como una malagradecida... — chillaba la anciana.

— Pero yo le escribí a Kyoko y ella me dijo que no era requerida... — pero una bofetada la hizo callar.

— Midori está muy decepcionada de ti... se supone que solo te irías unas semanas, no estuviste para defender a nuestro señor...

— ¿Qué ocurrió, Obaa-san?

— ¡No me llames así, granuja! Desde el inicio no debiste marcharte, debiste quedarte a enfrentar a la esposa del señor Feudal pero al irte le diste a la corte razones para pensar que las acusaciones eran ciertas...

— ¡Usted vio a los ninjas de Iwa! Yo soy un ninja de rastreo e infiltración, yo sola no podía con algo así...

— Pues entonces debiste quedarte a morir como una ninja, nosotros te acogimos, te dimos un hogar y algo por lo que seguir viviendo... pero no solo eso, hacías tan bien tu trabajo que hasta permití que tu noviecito ese viniera a meterse a la casa de Midori cada que se le daba la gana... — la anciana se detuvo para toser un poco y continuar con su regaño. — Kyoko es una traidora, está del lado de Soujiro, por eso se encargó de mantenerte allá y tu no fuiste capaz de tratar de regresar por tu propio pie, el suelo es el lugar al que perteneces. — la anciana se sentó y tomó una taza de té entre sus manos mientras Kakashi se sorprendió al ver a Emiko arrodillarse y tocar el suelo con su frente. — Ahora explícame ¿Por qué vienes con ninjas de Konoha?

Emiko habló sin levantar la vista.

— Vengo a solicitar que se me permita ser un ninja de Konoha.

La anciana abrió los ojos desmesuradamente y arrojó el líquido caliente sobre la espalda de la chica.

— Eres la mayor decepción que he visto en mi vida. — la anciana hizo a un lado la taza y se frotó la frente. — Nuestro señor Feudal está en cama, parece que sufre de una enfermedad que le impide cumplir con sus deberes, así que naturalmente Kouji-sama iba a tomar su lugar en lo que se le asignaba de manera formal, pero Soujiro se adelantó y convenció a su padre de que él es una mejor opción, Kouji-sama no quiso contrariar a su padre como buen hijo.

Emiko seguía en el piso.

— ¿Soujiro está supliendo a su padre?

— Así es, esto no es nada de lo que tendrás que hacer cuando lo veas, Midori no pudo hacer nada ya que estaba en una misión muy importante ya que dos de las chicas nuevas murieron y las demás estaban ocupadas o seis metros bajo tierra, y claro, tu jugando en Konoha. — La anciana cerró los ojos y suspiró. — Ponte de pie Emiko Ryuzara.

La chica obedeció e ignoró el dolor por las quemaduras de su espalda.

— Llegaste aquí como una huérfana sin razones para existir... — La anciana la miró con tristeza. — Pero Midori te acogió bajo su protección, te entrenó y te heredó su deber porque vio algo especial en ti. Yo solo soy una simple ama de llaves, pero también te vi crecer y convertirte en una hermosa mujer, esto es demasiado desalentador.

— Usted es la maestra de Midori-sensei... — los ojos de Emiko se veían rojos pero no lloró. — Le debo respeto a una mujer que ha servido a varios señores Feudales, usted puso las bases de la paz que goza el país del fuego.

— Ya vete Emiko, eres una decepción... Soujiro no tiene respeto por nadie, no olvides decirle eso a tu Hokage. — se negó a volver a mirarla. — Y no esperes merecer amor no estás hecha para eso, tu sola volverás aquí porque no hay nada para ti fuera de este palacio.

Kakashi vio como la chica se dirigía a la puerta, pero antes de que pudiera alejarse, la anciana estaba su lado junto a la ventana pero por dentro de la casa.

— Ninja de Konoha, rindan pleitesía al nuevo líder del país del fuego y los dejará marchar, pues su vanidad es infinita... estuvo muy obsesionado con Emiko como para tratar de matarla ahora como ha hecho con el resto de sus compañeras.

— Sí señora. — respondió Kakashi mientras se marchaba.

— Y dile al ninja Genma Shiranui que no se atreva a poner un pie por aquí, jamás le perdonaré que haya destruido mi jardín de flores.

Kakashi desapareció en una explosión mientras aparecía dentro de la casa de la chica justo a tiempo antes de que ella entrara.

— ¿Emiko?

El rostro de ella estaba pálido y un poco verde.

— Mushi necesitaba más agua, ya es hora de marchar al palacio... — respondió con un hilo de voz.

— Tu no te has aseado. — Emiko pareció recordarlo y asintió, justo en ese momento salió Kurenai con su uniforme limpio.

— Creo que sería bueno que tu tampoco te presentaras con un kimono, aspiras a ser un ninja de Konoha y debes parecerlo. — Kurenai le aconsejó, a lo que la otra chica asintió sin protestar y se dirigió a la habitación.

— Creo que deberías vigilarla de cerca. — dijo Kakashi en voz baja a Kurenai.

— ¿Qué pasó?

— Una anciana la acaba de sermonear.

Kurenai frunció el ceño pero asintió.

Kakashi miró de nuevo aquel lugar. Con que esa casa era de su famosa sensei... eso explicaba porqué no reflejaba la personalidad austera de la chica. Con curiosidad fue a ver la mochila que Emiko dejó en el piso y encontró las bolsas de tela, abrió varias y efectivamente había cantidades grandes de dinero, pero en la última encontró dos fotografías bastante maltratadas. En una salía una joven Emiko junto a Asuma y Genma, era la típica foto de equipo gennin pero la diferencia estaba en la ausencia de su sensei quien suele estar detrás de sus alumnos; en la otra fotografía salía una Emiko de alrededor de veinte años, estaba siendo abrazada por un hombre mayor y ella se notaba sonrojada pero feliz. Atrás tenía un mensaje escrito que decía "Para mi ángel. Siempre tuyo, Arata I."

Kurenai se acercó y también contempló las fotografías que estaban siendo guardadas junto a esas cantidades de dinero y fue ella quien encontró un pequeño pergamino escondido entre los billetes. Kurenai lo tomó y al desenrollarlo encontraron una lista de misiones pero solo se quedaron con el conteo inicial:

Misiones de espionaje: 22

Misiones de seducción: 33

Misiones de asesinato: 195

— Creo que hay mucho que no sabemos de ella, ¿Verdad? — preguntó Kurenai.

— Once años es demasiado tiempo... — dijo más para sí mismo, pero la mujer asintió.

— Ahora que lo pienso, cuando Rin murió no volví a ver a Emiko con nadie que no fuera Genma y Asuma, creo que Emiko cayó en manos de unos embaucadores siendo tan joven... me pregunto por cuántas cosas ha pasado... ciento noventa y cinco misiones de asesinato, no conozco a nadie que haya hecho tantos... quizás solo tu Kakashi...

Kakashi no respondió pero se preguntó si ella también pasaba horas lavando sus manos cuando pensaba en toda la sangre que había derramado. Se sorprendía de pensar que aún era capaz de sonreír a pesar de haber llevado una vida ninja tan cruel... y de alguna manera entendía que le hubiera gustado vivir y trabajar en Konoha, solo los ANBU se ensuciaban las manos con sangre para conservar la paz del país. De pronto se encontró sintiendo la necesidad de disculparse, de decirle que lamentaba haber sido un idiota cuando niños y pensó que si aquella última noche en que ambos cruzaron límites, si hubiera sido más paciente, si hubiera escuchado lo que ella le necesitaba decir... quizás ella se habría quedado en Konoha y se hubiera evitado tener que servir a unos amos tan desinteresados y pragmáticos.

Cuando escucharon ruidos del otro lado de la puerta, dejaron las cosas de la chica en su lugar y tomaron asiento en algunos de los cojines. Cuando Emiko salió de la habitación, iba empuñando su ninjato en la cadera.

— Es hora.

Y caminó hacía la salida. Kurenai la miró y se preguntó cómo había tardado tanto tiempo en darse cuenta de que Emiko estaba rota, tal vez Asuma ya lo sabía y por eso se tomaba las molestias de buscarle alguien a quien amar, quizá tenía la esperanza de que eso le ayudara a reconstruir un poco su vida.

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Continuará...

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