Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.

Advertencia: Kakashi X OC.


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Capítulo 15

Amores imposibles

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Era de noche y por fin Kakashi terminó de cocinar su pescado especial, había aprendido a cocinar esa receta desde muy joven para no morir de hambre cuando estaba solo en casa. Llevaba algunos días tranquilos en la aldea luego de la misión de escolta a Emiko y pensó que era extraño que ella no se hubiera presentado a entrenar en las mañanas, por lo que fue a un río cercano a pescar y pensó en llevarle algo de cenar. Cuando se reportaron con Tsunade-sama a su regreso, la rubia les dio unos días de descanso pero Emiko no había vuelto a poner un pie fuera ni para comprar suministros, o por lo menos eso se lo había dicho Pakkun quien estuvo vigilando la zona mientras él tuvo un par de misiones pequeñas dentro de la aldea, pues después del ataque que habían sufrido al dejar la capital supo que debía ser aún más cuidadoso. Cuando Pakkun le informó del estado de la chica, se preguntó si estaría bien hasta que decidió que le daría un vistazo. Ella siempre le había regalado galletas con té, tal vez su pescado especial le gustara aquella noche.

Subió un piso más de su departamento y tocó la puerta con calma, tardó bastante tiempo pero al final Emiko abrió y se asomó.

— ¿Me manda llamar Tsunade-sama?

Su rostro era inexpresivo, pero parecía que no había pasado un cepillo por su despeinada cabellera.

— Preparé un poco de pescado, pensé que podrías probar una de mis mejores creaciones culinarias.

Ella miró los dos platos en sus manos.

— Con un plato basta...

Kakashi sonrió apenado.

— En realidad tengo un pequeño descanso, por lo que pensé que podríamos cenar juntos.

Emiko pareció meditar sus palabras, y después de un corto suspiro asintió abriendo la puerta por completo para dejarlo pasar, Kakashi llegó hasta la mesa donde colocó los dos platos.

— ¿Qué tal tu día?

— Bien... — respondió laconicamente.

Un silencio incómodo los rodeó, pero Kakashi era bueno saliéndose con la suya así que se mostró sereno.

— Preparé estos pescados con mi receta secreta, espero que te gusten. —dijo mientras observaba el lugar, a diferencia de cuando estuvo antes ya no se veían periódicos por doquier, sino que estaban todos apilados en una sola hilera bajo la ventana. De ahí en fuera todo seguía igual. — ¿Te mudarás?— ella lo miró con sin entender a qué se refería. — Pensé que ahora que pudiste traer todos tus ahorros contigo podrías conseguir algo mejor donde vivir, este edificio es muy económico.

— A mi me gusta que sea pequeño, nunca me han gustado los lugares demasiado grandes. — fue a la cocina por dos vasos con agua, al parecer hablar de temas más cotidianos era una buena idea.

— ¿Y qué haz hecho estos días, Emiko? No has ido estos días a nuestro campo de entrenamiento.

— Solo necesito descansar un poco, el viaje fue un poco cansado para mí pero en un par de días estaré bien.

Kakashi entendía que Emiko no quisiera hablar de lo sucedido en la capital, pero podrían hablar de otros temas que podrían saciar su curiosidad. Ella le entregó un vaso y se sentó a su lado en la pequeña mesa.

— ¿Por qué le dijiste a Tatami que tus recuerdos de la academia son borrosos?

— ¿Tatami?

— Así se apellida Iwashi, el hombre con el que saliste la otra noche.

— Oh... — Emiko alzó los hombros. — Supongo que me he esforzado por olvidar muchas cosas.

— ¿Te sorprendió que alguien te invitara a salir vistiendo tu uniforme shinobi?

Emiko alzó la mirada y vio a Kakashi sentado a su lado, quien parecía sonreír con su único ojo visible.

— Un poco, para ser honesta. — se acomodó un mechón rebelde de su cabello. — Es nuevo que un hombre me invite a salir sin que yo lo hubiera propiciado.

Kakashi dejó escapar una pequeña risa.

— ¿Confías mucho en tus habilidades, no?

Emiko lo miró por unos momentos sin saber qué pensar de lo dicho por el hombre, pero como no tenía ánimos para pelear, decidió una tercera opción: evadir.

— Bueno, debo decir lo mismo de ti, ninja copia.

— Buen punto. — Kakashi separó sus palillos de madera y comenzó a comer.

Pronto el silencio los volvió a envolver, pero esta vez fue ameno. Para Kakashi fue muy entretenido ver los gestos que hacía la chica al comer, sus labios carnosos y su ceño fruncido le parecieron fascinantes... sin olvidar ese aire de tristeza y que le invitaba a tratar de hacerla sentir mejor.

— Te noto un poco tensa en mi presencia... — comentó el peligris cuando hubo terminado su pescado sin quitarse la máscara.

Ella separó sus labios para replicar, pero decidió continuar comiendo con calma.

— No suelo recibir invitados sin un previo aviso, me hubiera gustado arreglarme un poco. — respondió secamente.

— Pienso que te ves bien así. — La mujer no alzó la mirada pero pudo notar un ligero tono rojo en su rostro, sin duda Kakashi no le era indiferente. — Vi a Asuma en la tarde. — decidió cambiar el tema para no arruinar el momento y al parecer ella lo agradeció porque alzó la mirada con mayor seguridad.

— No lo he visto últimamente, ¿Cómo está?

— Bien, está muy animado, parece que por fin Kurenai aceptó salir con él.

— ¡Vaya! Si que se tomaron su tiempo... — exclamó ella mientras colocaba sus palillos sobre el plato vacío, pues por fin había terminado. — Estuvo realmente rico este pescado... ¿Con qué lo sazonaste? No pude identificar todos los sabores...

Kakashi sonrió.

— Es mi receta secreta, si te lo dijera dejaría de ser secreto.

Ella sonrió igual.

— Lo entiendo.

— En fin, iré a descansar, gracias por aceptar cenar conmigo. — dijo Kakashi mientras ponía un plato sobre otro y se ponía en pie, pero justo cuando se dio la media vuelta, sintió que Emiko lo sujetaba de su antebrazo.

— Kakashi... gracias por la comida, deja los platos, yo los lavaré y te los llevaré mañana.

El peligris sintió que el toque de ella le quemaba, pero antes de que decidiera que hacer, unos golpes se escucharon en la puerta. Emiko lo soltó para ir abrir y entonces un ANBU estaba fuera.

— Busco a Hatake-san, tiene un llamado de la Hokage.

— Iré de inmediato. — respondió. — ¿Está bien si te dejo esto, Emiko? — señaló los platos.

— Sí, ve.

El shinobi asintió y marchó a la torre sin demora.

— Me llamó, Tsunade-sama.

— Sí, tengo una misión para ti... — dijo la rubia sin despegar los ojos del pergamino que leía. — Necesito que rastrees a unas personas que desaparecieron en Kumo... — y le entregó un pergamino. — Los detalles están aquí... irás con Tenzou y puedes elegir a algún ninja médico de ANBU.

Kakashi asintió.

— ¿Tsunade-sama? — titubeó al recibir el pergamino.

— ¿Si? — lo miró, era inusual que Kakashi agregara algo más luego de tener su misión asignada.

— Al parecer estaré algunas semanas fuera con esto... ¿Podría darle algo que hacer a Emiko? No ha salido de casa y la he notado un poco decaída desde nuestro regreso... y siendo honesto me preocupa un poco.

Tsunade miró fijamente al hombre.

— Ella estará bien, yo le pedí que se quedara en casa unos días.

— ¿Por qué?

— Después de su operación requería reposo absoluto.

— ¿Ella está enferma? — preguntó Kakashi tratando de no parecer muy interesado en el asunto.

— El día que regresaron de la capital, ella me entregó su historial completo y la mandé con Shizune para que le hiciera un chequeo médico integral, lo cual reveló que necesitaba una pequeña operación transitoria... si sana bien, será capaz de tener una vida completamente normal.

— Entiendo, iré a preparar mi misión. — sin duda aquella información le causó mucha curiosidad, pero decidió no indagar más.

— Así que te interesa Emiko-chan, ¿Eh? — se burló la rubia.

— No, solo que escuchar las duras palabras que recibió me hicieron pensar que tal vez se deprimiría.

Tsunade suspiró.

— Ahora es una ninja de Konoha, sabrá salir adelante.

El peligris asintió, alzó una mano en forma de despedida y desapareció en una voluta de humo.

Pronto apareció en la calle y comenzó a caminar con las manos dentro de los bolsillos en dirección a su casa. Pasó a una panadería a comprar algunas provisiones para su viaje y al salir del local, notó que Iwashi salía de la florería Yamanaka con un ramos de lirios amarillos. Sin prisa, caminó tras del shinobi, sin intenciones de seguirlo pero se dio cuenta de que ambos iban en la misma dirección. ¿Quién compraba flores a esas horas de la noche? Ni siquiera era una buena hora para hacer visitas.

— Sempai. — Yamato hizo unas señas a Kakashi quién salió de sus pensamiento y le prestó atención. — ¿En cuánto tiempo salimos?

— Solo voy a mi departamento por mis cosas y estaré listo, ¿Podrías ir al cuartel ANBU a ver si hay algún médico disponible?

— Claro. — entonces el castaño miró al hombre que caminaba frente al peligris. — Lirios amarillos, significan "Amarte me hace feliz". — Kakashi frunció el ceño y vio a Yamato quien se alzó de hombros. — ¿Qué? Soy un usuario del elemento de madera, he leído cientos de libros sobre flora.

— Eso es nuevo. — murmuró el peligris. — Te veré en una hora en la salida de la aldea.

Yamato asintió y desapareció, mientras Kakashi continuó caminando tras Iwashi, quien cuando llegó a la entrada del edificio, se detuvo y contempló la ventana que mostraba la luz prendida del departamento de Emiko.

— Estás no son horas para visitar a una dama. — comentó Kakashi casualmente mientras avanzaba a paso lento pero se detuvo al pie de las escaleras.

— Lo siento, Hatake-san, es que voy regresando de una misión y pensaba en pasar a saludar.

— Podrías esperar hasta mañana, un caballero se anuncia antes de llegar. — sonrió ante la idea de que siguiendo esa lógica él mismo no era un caballero.

Iwashi pareció tomar en serio las palabras de Kakashi y bajó el ramo.

— Eso haré, gracias Capitán. — y el castaño hizo una reverencia y se retiró.

Kakashi lo vio marchar y subió las escaleras hasta su departamento, pero antes de meter las llaves lo piensa mejor y las guarda de nuevo en su bolsillo y sigue subiendo las escaleras al piso superior. Cuando llega a la puerta, está a punto de tocar pero no se anima y se queda parado viendo la puerta de madera.

¿Qué estaba haciendo? ¿Para qué quería verla? No tenía nada que decirle y nunca ha tenido la necesidad de avisarle a alguien que saldría de misión... ¿Entonces por qué había persuadido al joven Iwashi de que se marchara y por qué tuvo que subir hasta su puerta? Mientras trataba de responder todas esas preguntas, la puerta de la chica se abrió de golpe y ella abrió los ojos sorprendida cuando la vio detenerse ante su presencia.

— ¡Qué susto! — exclamó ella mientras retrocedía un paso. — ¿Sucede algo?

Kakashi se llevó una mano a la nuca y sonrió apenado.

— Lo siento, es solo que yo iba a decirte que no podré recibir los platos mañana porque saldré de misión, pasaré por ellos cuando regrese... aunque puede que tarde un poco. — Kakashi la contempló, la chica se había cepillado un poco el cabello y lo tenía amarrado en una coleta medio improvisada, pero ahora usaba una sudadera negra y botas para salir. — ¿Vas a algún lado?

— Solo iré por un poco de Leche. — respondió ella.

— Es tarde, te acompaño.

— No es necesario y tienes misión.

— Aún tengo un par de horas, además Tsunade-sama me dijo que estas recién operada e imagino que no debes cargar muy pesado.

Emiko abrió la boca para objetar pero decidió que al mal tiempo darle prisa.

— Está bien, aunque no me pasará nada por cargar un litro de leche.

— Cuando voy al super mercado siempre digo que iré por una cosa y regreso con doce más. — aquella aseveración hizo que la chica sonriera y Kakashi se animó.

Justos bajaron del edificio y caminaron en un agradable silencio hasta el supermercado que estaba a un par de calles del edificio.

— ¿Qué tal un poco de harina? — señaló Kakashi desde un pasillo más lejos de donde Emiko estaba sacando la leche de los refrigeradores. — Para hornear galletas la necesitas.

La chica alzó la vista y asintió, entonces tomó un litro más de leche, si Kakashi se había tomado la molestia de acompañarla, le prepararía algo rico.

— Puedo hornear otras cosas que no sean galletas. — Emiko caminó hacía el peligris quien le quitó los productos lácteos de las manos y los puso en una canasta, donde la chica notó que habían muchas cosas más que harina. — ¿Ramen instantáneo y papas fritas?

Kakashi asintió y su ojo visible se arqueó mostrando que estaba contento.

— Debe ser aburrido estar todo el día en casa, podrías descansar y comer algo rico.

La chica miró de cerca las papas.

— No recuerdo cuando fue la última vez que comí unas... — Kakashi abrió los ojos sorprendido, él solía comerlas seguido cuando terminaba una misión con el equipo siete. — Papá prohibió estas cosas en casa y en la guardia solo comíamos lo que nos daban.

— En ese caso necesitas dos más. — y el peligris arrojó dos paquetes más de distintos sabores.

— No sé si Tsunade-sama las apruebe... — ella dudó y pronto su rostro se puso azul al ver que el peligris también metía en la canasta galletas, dulces y distintos productos no muy saludables. — Kakashi... — murmuró ella al ver que todo eso saldría muy caro.— No traje tanto dinero, solo venía por leche...

— No te preocupes, yo pago. — respondió el peligris después de poner una sola manzana sobre la montaña de comida chatarra. Se dirigió a la caja y la chica observó sorprendida todo lo que el cajero cobraba al ninja copia. — Vamos a casa.

Kakashi se arrepintió de decir aquello en cuanto sus palabras abandonaron su boca, pues el rostro de la chica se sonrojó y se dio cuenta de que parecía que estaban compartiendo el mismo hogar, parecían una pareja que regresaba a casa luego de hacer las compras. El camino de regreso también fue silencioso, pero ahora Kakashi estaba un poco molesto consigo mismo ¿Por qué se estaba tomando tantas molestias con ella? Cuando por fin llegaron a la puerta del departamento de ella, Emiko abrió la puerta y le dijo al hombre que dejara las cosas sobre la mesa y tomó un poco de dinero que tenía en uno de los sillones.

— Toma, es por la compra.

Pero él negó.

— Yo invito, Tsunade-sama dijo que estabas recuperándote de una operación, es lo menos. — dijo mientras sacaba lentamente cada producto de las bolsas.

Ella bajó el rostro pero por primera vez en esa noche sonrió.

— Tsunade-sama es una gran médico ninja, cada día me siento mejor.

Kakashi carraspeó.

— ¿De qué te operó, Emiko?

La mirada de ella se fue al piso, pero pronto vio que apretaba las manos y se armaba de valor para verlo a la cara y contestar.

— En el Kouka Toki... una vez... — ella pareció pensar mejor las cosas y rectificó. — Mientras trabajas ahí no puedes tener hijos, así que nos colocan un aparato que impide que podamos embarazarnos, Hokage-sama me lo quitó y dijo que seguro podré tener una familia si lo deseo. — ella le regaló una sonrisa tímida. — Sé que no es la gran cosa pero me gusta pensar que tengo la posibilidad de elegir.

Kakashi estaba viendo a Emiko pero pronto un recuerdo vino a su mente.

— ¡Mira! — una niña pelinegra de siete años llegó corriendo con un frasco entre sus manos. — ¡Lo logré, Kakashi-kun! — Había una mariposa de blancas alas revoloteando por el frasco con una tapa agujerada. — Un día voy a ser como esta mariposa, entonces podré volar muy lejos y seré así de hermosa.

— Las mariposas solo viven poco tiempo, Emiko, no es algo que valga la pena aspirar. — le respondió un malhumorado Kakashi que iba regresando de una misión genin.

— Yo puedo elegir lo que quiero ser, Kakashi-kun, además, si soy una mariposa podré seguirte a donde vayas, aún si solo es por poco tiempo. — respondió la niña quien quitó la tapa del frasco y liberó a la mariposa. Ambos chicos la vieron volar, pero una vez que se perdió en el cielo, Kakashi continuó con su camino sin hacer caso a lo que la niña le decía, sin mirar atrás.

Aquel recuerdo descolocó al ninja, quien miró a Emiko quien parecía genuinamente feliz por lo que decía.

— Tengo que irme. — soltó las bolsa y se dirigió a la puerta, por donde salió.

— Lamento haberte incomodado... — le dijo ella en voz baja pero la escuchó, pues seguía en el pasillo y no llegaba a las escaleras.

— No es eso... es... — debía de ser más de la medianoche, debía irse a atender sus propios asuntos. — Es solo que no entiendo... — dijo con voz sería y sin despegar su mirada del suelo. — ¿Cómo es que no te has rendido? ¿Por qué no te derrumbas como una persona normal? Aún cuando murió Rin seguiste siendo tu y eso me hizo enojar porque no parecías lamentar la muerte de tu amiga cuya culpa fue mía... Aún cuando ya perdiste un hijo quieres otro... no entiendo...

La mujer abrió la boca y la cerró un par de veces antes de decir lo siguiente.

— Escuchaste lo que Soujiro-san dijo...

Kakashi alzó la mirada.

— Escuché lo que todos te dijeron, la anciana y tu antiguo jefe...

El labio inferior de ella tembló pero sus manos se cerraron en dos puños.

— No tenías derecho a espiarme. — escuchó que su voz tembló pero Kakashi no era alguien que se retractara de sus acciones.

— ¿Por qué no te has roto? ¿Por qué sigues adelante, Emiko? ¿Qué es lo que buscas?

Ella retrocedió un paso y sujetó la puerta lista para cerrarla.

— Porque nací rota, Kakashi y si me detengo, nunca volveré a avanzar... — y la puerta se cerró con un fuerte golpe.

Kakashi retomó su camino hacía las escaleras y bajó a su departamento, donde tomó sus cosas y salió en dirección a la entrada de la aldea.

— Llegas tarde, Sempai. — se quejó Yamato.

— Lo siento, me perdí por un momento. — murmuró Kakashi a los dos ninjas que lo esperaban y dio la señal para empezar la misión. Sin embargo, por primera vez, justo antes de salir de la aldea, miró hacía atrás deseando no haber arruinado ese buen momento donde ella se abrió ante él, donde le mostró su vulnerabilidad.

Por otro lado, cuando Emiko azotó la puerta, no pudo más que recargarse en ella y se resbaló hasta quedar sentada en el suelo. ¿Por qué Kakashi siempre lograba desbalancearla? ¿Por qué no podía simplemente tratarlo como un hombre más? Desde su niñez admiró a Kakashi y siempre pensó que ella podría ser un apoyo para él, por eso siempre siguió detrás suyo a pesar de los desplantes y groserías. Pero lo que más la alentó a continuar fueron aquellas palabras de Sakumo-san.

Emiko iba saliendo de la academia con los ánimos hasta los suelos, a sus seis años no conseguía graduarse de la academia y eso era motivo de peleas entre sus padres muy seguido en esos días, por lo que no quería llegar aún a casa. Iba pateando una piedra por el camino sin rumbo fijo y con su mochila a cuestas, cuando vio a Sakumo-san caminar en dirección hacía ella, muy probablemente no la había visto porque iba ocupado leyendo un pergamino.

— ¿A dónde vas, Ko-chan?

La suave voz de Sakumo la hizo saltar y dejó de patear la piedra.

— Estaba... — quiso pensar en una excusa para estar tan alejada del barrio de su casa. — Estaba... — pero nada venía su cabeza.

El adulto al verla dudar, bajó el pergamino y se agachó para estar a su altura.

— ¿No es hora de estar en casa para comer?

— No tengo hambre... — mintió, no le gustaba hacerlo pero no quería que la llevara de regreso a su casa tan temprano. — Estaba buscando una planta que tengo que llevar mañana a la academia.

— ¿Qué planta buscas?

— Una flor roja con hojas verdes. — pensó en la hermosa flor que adornaba el escritorio de la directora de la escuela.

— ¿Buscas una rosa roja?

— Sí. — pero en ese momento sonó el estómago de la niña y delató que moría de hambre.

El rostro de Emiko se pintó de rojo, entonces el adulto comenzó a reír ocasionando que la vergüenza incrementara en la pequeña niña.

— ¿Comemos algo y después vamos por tu flor? La verdad es que muero de hambre, voy a salir a una misión y debo estar bien alimentado.

Emiko sonrió y asintió, aquel adulto siempre había sido su favorito en el mundo después de su mamá. Sakumo-san siempre era cálido y amable y eso le gustaba. Caminaron hasta una pequeña casa de té donde ella ordenó un par de onigiris y te de menta, mientras el adulto pidió Teriyaki con té de jazmín.

— Kakashi me dijo que se lo pasó muy bien en tu casa la última vez, dice que cocinas unas galletas muy ricas.

Los ojos de Emiko se iluminaron.

— ¿Cumplí con la misión secreta de Sakumo-san?

— Con creces... sabes Emiko, Kakashi puede ser un chico muy duro y estricto, pero cuando lo conoces bien es fácil ver lo sensible y amable que puede llegar a ser... es mi amado hijo y te agradezco por lo buena que eres con él.

Emiko negó con la cabeza.

— Kakashi-kun me gusta mucho y es mi mejor amigo, no tiene que agradecerlo.

La frente del adulto se frunció.

— ¿Y tienes más amigos?

La niña volvió a negar mientras tomaba un onigiri pero antes de morderlo, contestó.

— Papá me dijo que solo puedo juntarme con gente talentosa, y como no me dejan ir a jugar con mis compañeros, ellos ya no me hablan mucho en clase.

—¿Ryuji solo te deja juntarte con Kakashi?

Ella asintió y masticó muy contenta su bocado.

— Papá dice que así aprenderé a ser tan fuerte como él, y la verdad me gusta estar con Kakashi-kun, también estoy segura de que es amable porque siempre me da las gracias por las galletas que le doy y siempre deja el plato vacío.

Sakumo suspiró.

— Tienes que hacer otros amigos aparte de Kakashi, hablaré con tu mamá para que puedan dejarte salir... — pero el rostro asustado de la niña negó.

— No le diga a mamá que me vio, por favor Sakumo-san... ella se preocupará porque no fui a casa después de la escuela.

— ¿Pasa algo malo en casa, Emiko?

La niña asintió.

— Es solo que no quiero llegar temprano... — abrió su infantil corazón. — Una vez que salí temprano se clases llegué a casa y quise sorprenderlos entrando desde la ventana de la cocina y ellos estaban abrazados en la sala, conversando en paz y contentos. Pero cuando me vieron, papá comenzó a lanzarme órdenes y mamá se quejó y me dijo que no tenía que hacerlo y empezaron a pelear...

— Emiko...

— Y ayer papá llegó de una misión muy cansado, quiero que descanse y no lo hará si llego... — sus pequeñas manos sostuvieron su onigiri pero casi lo deshace al apretarlo.

— Eres muy pequeña, Emiko... lamento que Ryuji sea tan estricto contigo, eres muy dulce y estaría muy feliz si fueras mi hija... te llenaría de ropa bonita y te haría muchos peinados diferentes. — Sakumo sonrió avergonzado. — Pero a veces la vida nos pone pruebas que debemos vencer, pero no estás sola y sé que a pesar de todo tu papá se preocupa mucho por ti y quiere que seas lo mejor posible. — la pequeña asintió mientras daba otro mordisco. — Hagamos una cosa.

— ¿Qué?

— Yo hablaré con tu papá para que no sea tan estricto contigo, no le diré que hablé contigo pero le diré que si no te valora lo suficiente, te llevaré conmigo, verás como será más gentil.

Los ojos de la niña brillaron como nunca.

— Y yo le prometo que siempre cuidaré de Kakashi-kun... es mi mejor amigo y lo quiero mucho.

Sakumo sonrió.

— No tienes que prometerlo, pero te agradezco que quieras tanto a mi hijo.

Nunca más volvió a ver a Sakumo-san.

La misión que mencionó fue aquella en la que abortó la operación para salvar a sus compañeros, entre los que se encontraban su madre. Probablemente Sakumo-san jamás tuvo la posibilidad de hablar con su padre, quien se volvió más exigente cuando supo de la muerte de su amigo. Cada semana hablaba con sus maestros de la academia y se quejaba de su pobre avance, además, si él no tenía misiones en el frente de guerra, la entrenaba todas las noches sin falta. Su madre Sora intervino para que su padre la dejara tener una infancia pero Ryuji estaba empecinado en hacer de Emiko un ninja de combate.

En realidad a Emiko no le molestaba que su padre la comparara con Kakashi, al contrario, creía que era una persona digna de admiración y entendía porqué su padre lo apreciaba más... no tenía la menor idea de cuándo le empezó a gustar pero si algo tenía claro era que ella decidía hasta donde lo dejaría afectarla, que él supiera las cosas que sucedieron en la capital le daba vergüenza, pues esa no era la imagen que quería dar ante el mundo y menos para el único shinobi que su padre consideraba digno, pero no había vuelta atrás.

Suspiró cansada. Aquella noche a sus catorce años, cuando Kakashi se fue dejándola sola en su casa, antes de irse pasó a la habitación de Sakumo-san y sin entrar, solo le pidió perdón en silencio por no poder cumplir con su promesa de cuidar de él. Pero ahora, a sus veintiséis años le pedía perdón pero tenía que dejar de querer a su hijo, por su propio bienestar.

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La misión de Kakashi, Yamato y el ANBU se alargó por dos meses, pero por suerte todo terminó bien, ya que encontraron a las personas desaparecidas y se encargaron de aquellos que los secuestraban. Sin embargo esa misión requirió de un manejo minucioso, por lo que los tiempo se alargaron más de lo deseado.

— Muero de sueño. — comentó Yamato mientras avanzaban bajo el sol del medio día. El médico ANBU ya se había marchado luego de que los tres entregaran sus informes y ahora solo quedaban los dos amigos.

— ¡Di la verdad! — escucharon gritos y vieron que Ino zarandeaba al pobre genio Nara.

— ¡Yo! ¿Sucede algo? — Kakashi se acercó para auxiliar al pobre Nara quien parecía ser una victima de los estragos de Ino.

— Shikamaru no quiere aceptar que le gusta la chica de la Arena y que nos va a dejar por ella. — respondió Ino, a lo que Shikamaru suspiró.

— Ya te dije que no me gusta, no seas problemática... — respondió el chico mientras miraba a su amigo Chouji, quien comía papitas fritas, y le suplicaba que interviniera.

— Creo que Ino está celosa... — exclamó Chouji a los dos jounin que acababan de llegar, pero Ino lo escuchó y su rostro se pintó de color rojo al tiempo que soltaba su agarre y lo dejaba caer al piso.

— Es no es cierto, como tu compañera de equipo me preocupo por ti y sé que eso no va a acabar bien, pero si así lo quieres ve y destruye tu vida. — la chica se dio la media vuelta y se marchó con la cabeza en alto.

— Las mujeres dan miedo. — exclamó Shikamaru mientras Yamato le daba una mano para que se pusiera de pie.

— Probablemente si le gustes, de otra forma no le importaría que salieras con la princesa de Suna. — señaló Kakashi mientras metía una mano en su bolsillo y sacaba su amado libro de Icha icha.

— Qué problemático... — el chico metió ambas manos en sus bolsillos y miró a su amigo, quien lo siguió de cerca.

— Los jóvenes están llenos de energía. — Yamato sonrió mientras retomaban su caminata. — Por cierto, ¿Cómo van los entrenamientos de Ryuzara-san? ¿Su brazo está mejor?

Kakashi se alzó de hombros.

— Lo dejamos varias semanas antes de esta misión, estaba en reposo absoluto por órdenes de Tsunade-sama, así que no lo sé.

El otro ninja asintió.

— Bueno, iré a casa a dormir un poco. ¡Ja ne! — y desapareció en una voluta de humo.

Kakashi no despegó la mirada de su libro y continuó caminando con calma hacía su departamento. Si era honesto no quería toparse con Emiko, había prometido ser más amable con ella y volvió a herirla la última vez a pesar de que todo iba muy bien. Tal vez el del problema era él... quizá Emiko estaba equivocada y era más fuerte que él, quien se derrumbó cuando murió Obito, Rin, Minato-sensei y Kushina-san, vaya que realmente estuvo a las orillas del abismo pero por suerte el sandaime y personas como Gai no lo dejaron solo y lo mantuvieron con los pies en la tierra.

El olor a dangos le abrió el apetito, y pensó que podría pasar a comprar una orden antes de llegar a casa y dormir por tres días seguidos. Para su fortuna no había ninguno de sus conocidos que frecuentaban el local, por lo que pudo terminar rápidamente su compra y retomar su camino. Sin embargo, cuando llegó al pie del edificio le pareció notar que había unas ventanas nuevas en el piso de arriba, el que correspondía al departamento de Emiko.

¿Qué sucedió? se preguntó mientras subía y notaba a un par de carpinteros bajar del piso superior.

— Disculpe, ¿Qué sucedió arriba? — preguntó Kakashi a uno de los trabajadores.

— Hubo una explosión que destrozó todo el marco de la ventana y varias partes del piso. — informó el hombre y después continuó con su camino, suponía que Emiko estaría bien o... ¿Por qué alguien tendría que avisarle a él? Contuvo las ganas de marchar a buscar a Asuma y mejor se concentró en sentir los chakras a su alrededor y sintió alivio cuando notó la firma de chakra de Emiko estaba arriba de él.

Entró a su propio departamento, dejó la comida en la mesa y abrió la ventana para ventilar la humedad que comenzaba a acumularse en el sitio. Pronto se lavó las manos y procedió a comer su almuerzo. Cuando terminó de engullir los alimentos, sintió que el sueño lo vencía, por lo que fue a su cama y se acostó en ella a pesar de estar llena de polvo. Era horrible llegar a un lugar tan descuidado pero ya no tenía fuerzas para cambiar la ropa de la cama, además de que su mascara lo protegía de respirar el polvo.

Durmió todo el día hasta que en la noche unos golpes en su puerta lo obligaron a ponerse de pie y abrir. Se trataba de Gai, quien con una brillante sonrisa alzó su dedo pulgar y saludó.

— ¡Qué bueno es verte mi estimado rival! ¿Quieres ir a beber un trago? Todo estarán ahí.

— Si, ¿Por qué no? — dijo mientras dejaba pasar a Gai. — Solo me daré una ducha primero.

— Yo te espero mi amigo. — y tomó asiento en el sofá, donde el polvo saltó en todas direcciones.

— Lo siento, no he limpiado aún.

Gai se hundió de brazos.

— Esto es normal en nuestra profesión... solo unos pocos afortunados tienen la posibilidad de tener a alguien esperándolos en casa.

Kakashi no respondió pero cuando estaba en el baño, bajo el agua de la regadera, notó que la firma de chakra de Emiko ya no estaba. Pronto salió, se secó y arregló, listo para salir con su buen amigo.

— ¿Y qué hay de nuevo en la aldea?

Gai sonrió y alzó ambos pulgares.

— Lee y yo conseguimos dar quinientas vueltas en la aldea en menos de diez horas, fue un record bastante impresionante.

— Más bien me preguntaba porque hay tantos trabajadores en el departamento de Emiko, ¿Sucedió algo?

Gai puso su rostro pensativo y después asintió.

— Sí, parece que el departamento de Emiko explotó, una fuga de gas.

Kakashi frunció el ceño, eso era raro, una mujer que cocinaba tanto como ella era cuidadosa con ese tipo de detalles.

— Debió ser un accidente muy aparatoso. — murmuró Kakashi mientras avanzaban por las oscuras noches de la aldea.

— Un poco, Genma fue el primero en llegar, dijo que por suerte Emiko había estado en su habitación por lo que no tuvo más que el susto. — Gai sonrió. — Yo también fui y le sugerí que se mudara pero ella se negó, dijo que no quería vivir en algo más grande.

Pronto llegaron al bar favorito de su grupo de amigos y al entrar lo primero que vio fue a Emiko sentada entre Kurenai e Iwashi, del otro lado estaban Asuma, Raidou y Anko Mitarashi.

— ¡Hemos llegado! — saludó Gai con una gran pose y procedió a sentarse junto a Anko Mitarashi.

Solo había un lugar más a un lado de Iwashi, por lo que se sentó ahí.

— Te ves bien para una misión tan larga, Kakashi. — saludó Asuma.

Kakashi se hundió de hombros.

— Todo fue bastante tranquilo. — buscó a Genma con la mirada y no lo vio por ningún lado — ¿Y Genma? — generalmente el ninja sembon estaba en todos los lugares en los que estaba Emiko.

— No te has enterado de los últimos chismes, Kakashi. — dijo Anko mientras alzaba una copa de sake. — ¡El buen Genma va a sentar cabeza, su novia está embarazada!

Kakashi recordó que en su última charla con él, le dijo que le había pedido a una chica llamada Kana que saliera con él.

— Enhorabuena. — respondió mientras aceptaba la taza de sake que Iwashi le ofreció al estar sentado junto a él.

— Pero no es todo, Emiko e Iwashi empezaron a salir. — comentó Kurenai atenta a la reacción del ninja copia, quien solo atinó a dar un sorbo a su sake.

— Me encanta esto, mis compañeros de equipo por fin están tranquilos teniendo una vida simple y feliz. — Asuma alzó su copa. — ¡Un brindis por el amor!

Todos lo imitaron, menos Kakashi, quien sintió que el Sake caliente no le sabía bien y menos cuando vio a una feliz Emiko sonreír a su nueva pareja.

— ¿Sucede algo, rival mío? — preguntó Gai mientras llegaba la parrilla de carne y todos comenzaban a preparar sus porciones.

— Solo estoy cansado, es todo. — respondió Kakashi, además había notado lo estúpidamente atento que era Iwashi con Emiko, a la cual le acercaba todo y no dudaba en rozar sus dedos de la mano con los de ella.

Cuando acabó la cena, Asuma se paró a un lado de Kakashi mientras el frío de la noche los golpeaba suavemente y esperaban a que el resto salieran.

— Así que conseguiste tu objetivo. — Kakashi trató de que aquello sonara como un comentario casual y no como el reclamo que definitivamente no era.

— El objetivo es que ella se quedara, además Iwashi ha sido muy atento con ella, eso les gusta a las mujeres.

— ¿Por qué explotó la cocina de Emiko?

El rostro de Asuma se puso serio.

— El dictamen dice que fue una fuga de gas, pero Hokage-sama mandó hacer una investigación extra.

— Lo que podría significar que alguien va tras ella. — sentenció Kakashi.

— Así es.

— ¿Y qué hará?

Asuma alzó una ceja y miró al peligris.

— Pensé que no te importaba.

— Es mi vecina de arriba, el edificio podría derrumbarse sobre mi si los ataques siguen.

Asuma miró a los demás salir.

— No sé que planee hacer, solo dijo que no huirá y que atrapará al responsable, si lo hay.

Ambos hombres vieron al resto de sus compañeros salir, Raidou y Anko tomaron su propio camino, Gai se despidió diciendo que tenía un par de pendientes que atender, por lo que Kurenai, Emiko e Iwashi llegaron hasta ellos.

— Vamos a casa. — dijo Kurenai mientras tomaba a Asuma del brazo, por su parte Iwashi mantenía una charla muy animada con Emiko, quien se dedicó a ignorar al peligris.

Los cinco caminaron por la fresca noche, pero al llegar a una bifurcación del camino, Asuma y Kurenai se despidieron para marchar a la zona donde vivían.

— Fue inesperado lo de Genma, pero se ve muy feliz — comentó Iwashi y obtuvo la atención de Kakashi quien se sentía fuera de lugar, como si sobrara en ese momento.

— A mi me alegra mucho, el otro día conocía a Kana-san, es una mujer muy linda y amable. — respondió Emiko. — Genma me dijo que le pedirá matrimonio y quiere que Asuma y yo seamos sus padrinos.

— Eso es un poco de malgusto, ¿No? — Emiko e Iwashi vieron al peligris. — Digo, tomando en cuenta la relación que tuviste con él...

— Ese asunto solo nos concierne a Genma y a mi, Kakashi-san. — Emiko hizo mayor énfasis en el honorífico, para remarcar la distancia que había entre ellos.

— Tu y Genma fueron novios hace muchos años, si no mal recuerdo. — comentó Iwashi tratando de animar el ambiente que se había vuelto tan pesado. — Supongo que un amor juvenil no empaña un amor más maduro.

— Pienso lo mismo. — Emiko siguió mirando al frente. — Genma merece alguien que pueda hacerlo muy feliz, y está encantado de ser papá...

Kakashi decidió no responder, así que dejó que los otros dos continuaran con la conversación. Cuando por fin llegaron al edificio, notó que Iwashi subía con Emiko hasta el piso superior y no pudo evitar agudizar su audición para escucharlos mientras buscaba sus llaves.

— Yo... estaba pensando si pudiera pasar esta noche aquí... — Kakashi se crispó, jamás hubiera esperado que un joven tan recto como Iwashi fuera tan directo.

— Lo siento, Iwashi, salgo en una misión mañana temprano... — la chica sonaba apenada. — Yo... estaba preguntándome si esto es una buena idea, casi no paso tiempo en la aldea y tu pasas todo el día en la torre... creo que no estoy lista para una relación así, Iwashi...

— ¿Es por lo que dije? Yo no busco solo acostarme contigo, Emiko, en realidad solo pensaba que podríamos dormir juntos sin hacer nada... pero lo siento si fui muy atrevido... sé que es pronto, puedo esperar...

— No, en realidad han sido unas semanas muy divertidas contigo, es solo que siento que mereces algo mejor... Ve a Genma, conoció a una chica muy dulce que solo tiene ojos para él y ahora no puede pasar ni un segundo lejos de ella, yo no soy una mujer que te pueda ofrecer estabilidad, Iwashi... creo que tus intenciones son muy dulces, pero no voy a dejar mi carrera ninja, no pronto por lo menos.

El hombre se quedó en silencio y Kakashi supo que lo mejor sería entrar a su departamento.

— ¿Podrías pensarlo un poco más? — la voz del hombre sonó más como una suplica, pero no alcanzó a escuchar la respuesta de ella, ya que los pasos del shinobi le indicaron que debía ingresar a su casa.

Sin nada claro en la mente, Kakashi se dejó caer en el sofá de su casa mientras escuchaba los pasos del ninja alejarse. Entonces miró su techo y sintió como la firma de chakra de Emiko iba de un lado a otro, estaba tan ensimismado en su tarea, que sin darse cuenta se quedó profundamente dormido en el sofá.

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Una semana había pasado desde aquella noche, y Kakashi confirmó que su vecina de arriba lo estaba evitando lo más posible. Así que se sorprendió de verla meditar en el campo de entrenamiento cuando regresó de su misión.

— Hey. — saludó Kakashi y la chica solo atinó a fruncir el ceño.

— Buen día. — fue la corta respuesta de ella quien no abrió los ojos.

— No pensé que regresarías a este lugar.

— Es un buen lugar para entrenar.

Kakashi caminó con las manos dentro de los bolsillos y se colocó bajo un árbol desde donde podía verla.

— ¿Tú dejaste las flores nomeolvides en el cementerio?

— Sí, me gusta llevar variedad. — abrió los ojos abatida al comprobar que no podría seguir con su meditación en silencio. — ¿Necesitas algo?

Sin duda seguía enfadada con él, eso era una novedad a los ojos de Kakashi, ella siempre fue quien lo buscaba, no al revés.

— Vine a entrenar contigo, es todo. ¿Cómo sigue tu brazo?

— Mejor, se siente más flexible. — dijo ella mientras se ponía de pie y sacaba su espada. — Un trato, si yo gano terminamos con estas sesiones.

Kakashi llevó una mano a su mentón, aquello sonaba interesante.

— Pero si yo gano, me invitas un trago.

Emiko volvió a fruncir el ceño.

— De ninguna manera, ¿Por qué eres así, Kakashi?— ella bajó su arma.

— ¿Cómo soy?

— Tan inestable... a veces eres amable, a veces divertido pero al siguiente momento estas enfadado y eres hiriente... no puedo beber con alguien con quien no sé qué esperar... además violaste mi privacidad, yo no pensaba ocultar nada a Hokage-sama y aún así interferiste en mis asuntos, eso es algo que no puedo perdonar.

— Siento haberlo hecho, me preocupaba que estuvieras en peligro y la misión era sacarte de ahí sana y salva.

Emiko frunció el ceño.

— No tienes idea de lo humillante que fue todo en ese lugar, pero es doblemente humillante saber que lo sabes.

— Solo olvida que lo sé y ya, no se lo dije a nadie, ni a Tsunade-sama.

— No puedo. — volvió a apuntar a Kakashi con su ninjato. — No puedo pasar el resto de mi vida haciendo excepciones contigo, estoy harta.

Kakashi se sintió sorprendido, la niña de rodillas raspadas estaba diciéndole que estaba harta.

— Bien — el peligris se puso en guardia con un kunai en las manos, pero la mujer suspiró y volvió a envainar la ninjato en su cintura.

— Me voy... — y comenzó a caminar en dirección a la aldea.

— No es tu estilo abandonar de esta manera, Emiko. — Kakashi guardó el kunai y la vio alzar una mano, aquello lo hizo molestar mucho porque era un golpe directo a su ego.

En cambio, Emiko se esforzó por no miras atrás y agradeció que Kakashi no pudiera ver su rostro, de verdad era humillante que Kakashi escuchara las palabras de la anciana y de Kouji-sama... Ella no se avergonzaba de su trabajo como ninja pero de alguna manera esperaba poder ganar el respeto de Kakashi y ahora sentía que eso jamás pasaría porque la miraría con lastima, justo como hizo en estos momentos y eso era más de lo que ella podía soportar. Tenía que alejarse de ese hombre.

Pronto llegó al centro de la aldea y decidió ir a comprar unas flores para sus amigos y padres, por lo que caminó en dirección a la florería Yamanaka.

— Ryuzara-san. — saludó Ino con pocos ánimos.

— Buen día, Ino-chan... — vio el semblante apagado de la chica y se preocupó. — ¿Sucede algo?

La rubia la miró por unos instantes antes de asentir.

— ¿Tu tienes mucha experiencia con los hombres, no? — preguntó la niña y la mayor sonrió mientras comenzó a examinar las flores, justo en esos momentos estaban solas en el local.

— No son tan complicados, en realidad la mayoría es bastante predecible. — señaló los girasoles. — Quiero cinco de estos. — Ino asintió y procedió a envolver el pedido. — ¿Acaso te gusta un chico?

La niña frunció el ceño mientras envolvía las flores en un papel color rosa claro.

— Hay un chico que me gusta pero daría lo que fuera porque no me gustara porque es un vago sin remedio... además parece que a él le gusta una chica mayor y no hay forma de que yo compita con eso.

Emiko asintió, había un par de sillas junto al mostrador y la mayor se sentó y señaló el asiento a su lado.

— El amor es muy complicado, desafortunadamente nadie puede elegir a la persona que le gustará, eso solo se da. — pensó en Kakashi. — Pero lo peor que puedes hacer es guardar ese sentimiento en tu corazón. Díselo, no pierdes nada.

La niña que estaba sentada junto a ella negó.

— No quiero arruinar nuestra amistad... no podría volver a verlo a la cara.

La mayor puso una mano en la cabeza de la chica y acarició sus cabellos como si fuera un cachorro.

— Si él aprecia tu amistad no se alejará... y si se aleja, quizás no valía la pena. — Ino bajó el rostro y se mostró pensativa. — Sé que en estos momentos parece ser el fin del mundo, pero te aseguro que ningún sentimiento es eterno, ni el amor ni la tristeza, así que no temas sentir amor, miedo o esperanza, quizás en el futuro recordarás esto y reirás, porque si algo te puedo asegurar es que probablemente te gustará alguien más de nuevo un día, seas correspondida ahora o no.

Ino frunció el ceño.

— Si soy correspondida no me gustaría enamorarme de alguien más en el futuro. — murmuró.

— La atracción es inevitable y nadie la controla, pero el amor... el amor real y duradero es una decisión de dos. Si tu amas a alguien cuyos valores te gustan, cuyos sueños apoyas y cuyas palabras respetes, y a su vez esa persona acepta tus valores, apoya tus sueños y te respeta, entonces ambos pueden tomar la decisión de amarse y estar juntos el resto de sus vidas a pesar de que puedan llegar a sentir atracción por otras personas. Solo así se puede alcanzar ese amor imperfectamente perfecto.

— Es contradictorio lo que dices, si ningún sentimiento es eterno... ¿Cómo puedes amar a alguien hasta el final de tus días?

Emiko sonrió.

— Nadie decide de quién se enamora, pero si puedes elegir amar, respetar y acompañar a alguien por el resto de tu vida. Y ahí está lo más difícil porque si la otra persona no elije estar contigo, duele pero se debe respetar, no puedes obligar a nadie a estar a tu lado. — la mayor suspiró. — Pero siempre puedes hacer un esfuerzo extra para tratar de ganarte el corazón de alguien. — la mayor sonrió.

— ¿Cómo puedo lograrlo?— la luz regresó a la mirada azul de Ino.

— Eso toma tiempo, tienes que hacer acciones para que sepa que eres alguien en quien confiar y que se preocupa por él, escucharlo cuando tenga algo qué decir, apoyar sus sueños... Pero si quieres intentar algo concreto, puedes preparar algo rico con tus propias manos, a los hombres les gusta probar cosas deliciosas.

Ino frunció el ceño.

— No soy tan buena cocinera y no hay forma de que lo invite a comer solos, no podría decirle a Chouji que no venga con nosotros.

Emiko sonrió, así que se trataba de su compañero de equipo.

— Podríamos hacer una reunión con todos tus compañeros... — Emiko se llevó una mano a la barbilla. — Quizás algo al aire libre y puedo ayudarte a preparar algo rico y a que ustedes coman solos... quizás podrías decirle lo que sientes.

Ino miró sus zapatos como si fueran lo más interesante del mundo.

— ¿Y si me rechaza?

La mayor le volvió a acariciar la cabeza.

— Habrás sido muy valiente y podrás continuar, eres joven y muy linda.

— ¡De acuerdo! — se puso de pie con energía. — ¡Hagámoslo, Ryuzara-san!

La mayor sonrió.

— Ahora solo hay que encontrar una cocina grande y un gran patio...

— ¡Podemos decirle a Hinata-chan!

— Tu habla con Hinata y si ella accede, yo iré a pedir permiso a Hiashi-sama.

Y muy animadas, ambas chicas comenzaron a planear la reunión.

Emiko sonrió, realmente Konoha se sentía como un hogar después de todo.

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Continuará...

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