Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.

Advertencia: Kakashi X OC. Este capítulo contiene lemon, lectura recomendada solo para mayores de edad.


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Capítulo 16

Seducción

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Kakashi se levantó con un evidente mal humor. No tenía nada en su despensa para comer y tenía mucha hambre así que se obligó a rodar por la cama para ponerse de pie e ir al baño para arreglarse y buscar algo para su estómago.

— ¡Buen día! — le saludaban los aldeanos, pero Kakashi apenas respondía con un breve movimiento de cabeza.

Entre misiones y ocupaciones diarias, Kakashi no vio más que un par de ocasiones a Emiko a pesar de que inconscientemente solía concentrarse para sentir su firma de chakra y saber si estaba en su departamento, pero una noche en que descansaba después de una misión agotadora en las afueras de la aldea, escuchó un par de suaves golpes en la puerta.

— Hola, traje esto. — era Emiko y llevaba con ella dos platos nuevos en lugar de los dos que él dejó en su casa y encima de ellos un bento.

— Oh, lo había olvidado por completo, no suelo comer muy seguido aquí.

Le abrió la puerta para que pasara pero ella negó.

— Lamento no poder devolver los mismos platos, hubo una explosión en mi cocina y no quedó mucho de ellos, así que te compré unos nuevos. — los anteriores platos habían sido totalmente blancos y los nuevos eran blancos pero tenían algunas líneas plateadas que los hacían ver muy elegantes.

— No tenías que reponerlos, pero te lo agradezco, ¿Quieres pasar?

— Voy a la torre, solo pasé a dejarlos y a entregarte esto, son unos panes fritos rellenos de curry.

Kakashi tomó los platos y el bento con evidente sorpresa.

— ¿Por qué son los panes?

— A veces parece que piensas que solo sé hacer galletas de avena, así que pensé en traer esto por la molestia que te tomaste la otra noche en comprar algunas cosas del supermercado para mi. — retrocedió un paso al decir eso. — Lindo día.

— Espera... — suspiró y dijo lo que llevaba días pensando. — Lamento lo sucedido la vez pasada, no debí escuchar tus conversaciones y mucho menos ser tan brusco contigo... supongo que me frustró un poco el no poder entenderte.

— ¿Por qué querrías entenderme, Kakashi? — preguntó la chica con el ceño fruncido. El hombre abrió la boca para decir algo pero la cerró al no encontrar una respuesta. — Pero está bien, no tienes que disculparte, siendo honesta exageré un poco.

— No, estabas en todo tu derecho de estar molesta. — de pronto sintió la necesidad de disculparse y que ella volviera a sonreirle como antes.

— En realidad de todas las personas en el mundo hubiera preferido que tu no escucharas esas cosas, pero después de pensarlo me di cuenta de que me importaba demasiado lo que pudieras pensar de mi, así que simplemente decidí no darle importancia, al final de cuentas no lamento nada de lo que hice a pesar de que mis superiores no valoraran mi trabajo.

Aquellas palabras no le gustaron a Kakashi... ¿Cómo que ella decidió no darle importancia a lo que él pensaba de ella? Es decir, toda la vida Emiko quiso ser reconocida por él y ahora ¿Ya no?

— Entonces ¿Estamos en paz? — preguntó él.

— Claro, creo que ahora si podemos ser buenos vecinos.

Esa conversación fue bastante molesta para su ego, la niña que siempre corría tras de él había decidido que Kakashi no valía la pena hacer el esfuerzo. De alguna manera Kakashi siempre deseó de joven que Emiko entendiera eso, que nunca la reconocería por más que se esforzara porque era muy débil y molesta, pero ahora verla tan madura y fuerte le parecía una falta de respeto que dijera que su opinión no debía importar... de alguna extraña manera eso lo ofendía muchísimo.

— Vecinos.

— Sí, lamento si fui muy insistente en el pasado, pero cuando llegué a Konoha prometí que mostraría todo lo que mejoré... Ahora que soy de nuevo una ninja de Konoha daré lo mejor de mi en todo y eso significa hacer las cosas bien con mis colegas ninja. — Sonrió pero sus ojos no lo reflejaron. — Iré a la torre, tengo una misión nueva. — y se marchó sin mirar atrás.

Las semanas siguientes Kakashi tuvo bastantes misiones de reconocimiento para seguir algunas pistas que Jiraiya-sama encontraba sobre el paradero algunos miembros de Akatsuki, pero desafortunadamente no encontraba mucho. No obstante Tsunade-sama le dijo que esperarían a que llegara información más confiable antes de volverlo a mandar a rastrearlo, y que lo necesitaba reforzando la vigilancia interna de la aldea, por lo que pronto comenzó a pasar más tiempo del usual en casa.

Con un horario de trabajo más corto, Kakashi pudo darse cuenta de que su vecina de arriba pasaba poco tiempo en casa, su firma de chakra solía estar en constante movimiento y salir a cualquier hora del día para llegar días después.

Al parecer ella también cambió sus horarios para visitar la tumba de sus amigos, por lo que lo único que veía de ella solían ser las flores que dejaba para sus difuntos cuando no estaba de misión. Había tenido la esperanza de que al encontrarse ahí ella se viera obligada a decirle algo o tan solo a mirarlo, pero eso no sucedía. Con pereza y las manos dentro de los bolsillos caminó hasta Ichiraku ramen donde se sentó y pidió un ramen miso que le recordó a su alumno de rubios cabellos, lo cual lo hizo sentir un poco mejor.

— Capitán. — una suave voz lo llamó y Kakashi alzó la vista de su tazón.

— Yugao, ¿Cómo estás? — preguntó con cordialidad.

— ¿Puedo acompañarte? — preguntó mientras pedía un ramen especial. — Voy llegando de una misión y muero de hambre.

— ¿Todo bien?

— Sí, claro, en realidad fue una misión divertida.

Aquello llamó la atención de Kakashi, era raro que Yugao se expresara así, pues como ANBU siempre se le asignaban misiones sangrientas y de dudosa moralidad pero ella siempre cumplía con eficacia su trabajo, le gustara o no.

— Supongo que no puedes hablar de ello. — para Kakashi, quien pasó mucho tiempo en las filas de ANBU y que aún cumplía algunas misiones con ellos, no le eran ajenas esas reglas.

— No. — sonrió la mujer y aquello intrigó más a Kakashi, eso era extraño en Yugao quien solía estar seria o melancólica desde la muerte de Hayate, pero decidió no indagar más, no estaba de humor. — ¿Oíste la nueva noticia de la torre?

— No, extrañamente Godaime-sama solo me ha estado asignando misiones de vigilancia por pergamino.

Yugao recibió su plato de ramen y comenzó a devorarlos con gusto.

— Bueno, Tsunade-sama ascendió a jounnin a Ryuzara Emiko, al parecer esa mujer trabajó en la capital y posee información que Hokage-sama está usando para hacer algunas misiones muy... discretas... aunque esto es algo que solo algunos ANBU sabemos.

En cuanto el nombre de Emiko salió en la conversación, Kakashi prestó más atención.

— Hokage-sama no lo ha mencionado.

La mujer le restó importancia.

— Godaime-sama debe querer mantener las apariencias y no alertar que se está encargando de algunas bandas criminales muy pequeñas pero peligrosas — Yugao puso una mano para que nadie pudiera leer sus labios. — Parece que varias de estas organizaciones están pagando grande cantidades de dinero para que un posible miembro de Akatsuki haga su trabajo sucio.

— ¿Y tu misión interesante fue con relación a eso?

Ella asintió.

— Por cierto, quería comentarte que la espada que me recomendaste que comprara en Suna resultó ser bastante buena... — la mujer comenzó a hablar de otras cosas pero la mente ágil del peligris comenzó a unir cabos. Si Tsunade-sama estaba usando información que Emiko poseía, el accidente que sufrió en su departamento no fue una mera coincidencia. Si tuviera que aportar por alguien, diría que el nuevo señor Feudal estaba detrás de todo.

Suspiró cansado, al parecer Emiko era un imán de problemas, así que la pregunta era ¿Debía involucrarse como buen vecino? ¿O como amigo?

— ¿Sempai? — Lo llamó Yugao, pero al no obtener respuesta, continuó comiendo en silencio, no era raro que su Capitán se perdiera en sus meditaciones, aunque era raro que no tuviera su libro naranja pegado a la nariz.

— Iré a la torre. — sentenció Kakashi una vez que terminó su ramen.

— Bien, hasta luego. — se despidió ella para después ordenar una bebida.

Kakashi pagó su cuenta y salió de la tienda para enfrentarse al clima húmedo que ese día.

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En esos mismos momentos, Tsunade y Emiko se encontraban en la oficina de la torre del Hokage, con una serie de mapas y pergaminos abiertos.

— Si Akatsuki está recibiendo financiamiento de grupos delictivos, es importante cortar esos ingresos, de esa manera retrasaremos sus planes. — dijo la rubia mientras abría un mapa de Suna. — Jiraiya dice que hay un sujeto que se encarga de cazar recompensas, y acaba de recibir un pago muy generoso de parte de una grupo criminal que se dedica a vender drogas ilegales, su tarea fue asesinar a gente de un grupo contrario, si disolvemos este grupo solucionaremos varios problemas en un movimiento.

— Conozco a esos sujetos, hace tres años me infiltré junto a una compañera, ella debía asesinar a un de los jefes como parte de su prueba final. Por suerte consiguió su objetivo y yo no tuve que salir de mi papel de compradora y me quedé un par de meses más para mantener la coartada, estoy segura que si regreso no sospecharán de mi... además sucede algo interesante con ellos.— Tsunade la miró y la invitó a continuar. — Los líderes son tres hermanos, el mayor está muerto y en esos tiempos el hermano de en medio no estaba en la base, pero yo pude conocer al más joven de todos.

— ¿O sea que hay que matarlos a los dos?

Emiko negó.

— En ese tiempo conviví con el menor, quien es un médico bastante bueno y lo que a él le interesa no es el tráfico de drogas sino la química y la venta de medicinas. Si matamos a los dos hermanos, el grupo se fracturará, dispersaran y continuarán haciendo lo mismo, así que si el menor se hace cargo y solo mato a los que se le opongan, podría convertir su infraestructura en un negocio legal y no necesitarían pagar para matar a sus adversarios.

— ¿Pero cómo sabemos si esas son sus verdaderas intenciones?

La pelinegra suspiró.

— No lo sé con certeza, necesitaría acercarme a él y conocer sus intenciones.

Tsunade dio un sorbo a su botella de Sake.

— Te asignaré a esta misión, deberás averiguar si el hermano menor hará las cosas mejor, en caso de que no sea así, deberán matar a todos y destruir las instalaciones.

— De acuerdo, Tsunade-sama... aunque yo sola no podré encargarme de todos, necesito de apoyo especializado en combate, en caso de destruir el lugar, pelearemos contra demasiadas personas, si bien en su mayoría serán civiles armados, puede haber ninjas de categoría media y alta.

Las dos mujeres se quedaron en silencio, pensando en qué hacer, cuando un par de golpes en la puerta las hicieron alzar el rostro.

— Tsunade-sama, Kakashi... — Shizune estaba anunciando al ninja copia, quien de pronto apareció tras ella y saludó alegremente.

— Oh, siento interrumpir... — dijo Kakashi al ver a las dos mujeres inundadas de papeles.

Emiko tragó grueso cuando vio la mirada de la Hokage brillar.

— Es un momento perfecto, pasa, Kakashi... tengo una misión para los dos.

Kakashi alzó una ceja, de verdad que no se había esperado aquello, pero al ver que Emiko lo veía con ganas de estrangularlo, sonrió complacido.

— Estoy a sus órdenes, Lady Tsunade. — dijo mostrando contento su único ojo visible al tiempo que entraba y que Shizune se iba, cerrando la puerta.

Tsunade se encargó de explicar la misión y de decirles que partirían de inmediato. Una vez que la misión se clasificó como A, los despidió, por lo que salieron juntos de la oficina.

— ¿Así que Suna, eh?

— Sí... — respondió Emiko sin mirarlo, tener una misión con el ninja copia no estaba entre sus cosas favoritas en el mundo, pero sabía que era el compañero más adecuado para pelear.

— Me alegra que seas la líder de esta misión, es bueno variar un poco. — él comentó casualmente, a lo que la chica se crispó, definitivamente no iba a dejar que él la afectara en lo mínimo y haría un buen trabajo.

— Te veo en una hora en la entrada de la aldea. — indicó ella pero el sonrió.

— Vivimos en el mismo edificio, puedes tocar mi puerta cuando estés lista.

Emiko suspiró.

— De acuerdo. — y dio media vuelta. — Te veré en tu departamento. — y ella saltó para subir a un techo y correr en dirección al centro de la aldea.

Kakashi sonrió. Aquella misión sería interesante. Pronto llegó a su departamento donde guardó su equipaje y comida suficiente para la misión, una vez estuvo listo su equipaje, se dio una ducha y al salir se sorprendió intentando peinar su siempre despeinado cabello. Sin duda esa mujer había herido su ego, pero le bastaría con robarle un sonrojo para que supiera que Hatake Kakashi no era tan fácil de desestimar. Cuando estuvo listo se sentó en su sofá, listo para esperar.

La chica no tardó mucho más en tocar a su puerta, y quedó sorprendido con lo que vio. Emiko vestía una su uniforme ninja, unos pantalones negros y una blusa que dejaba libres sus brazos, los cuales no cubría el chaleco ninja, con su ninjato colgada a la cintura y una mochila no muy grande.

— ¿Estás listo? — preguntó ella y él asintió mientras se colgaba su mochila.

Caminaron en silencio hasta la gran puerta de madera.

— ¡Tengan buen viaje! — Izumo los saludó con una mano.

— ¿Podrían avisarle a Iwashi que tuve que salir de misión? No tuve tiempo de dejarle una nota. — Emiko se acercó a los guardias para pedirles el favor.

— Claro, tengo que llevar unos reportes a la torre por lo que le avisaremos. — respondió Kotetsu.

— Gracias.

Emiko les regaló una gran sonrisa y cuando se volvió hacía Kakashi volvió a estar seria.

— ¿Aún siguen saliendo? — preguntó Kakashi mientras cruzaban la puerta principal de la aldea.

— Sí.

Al parecer ella no tenía intenciones de continuar con la charla, por lo que Kakashi decidió que le daría un poco de espacio. Solo un poco. Pronto treparon a los árboles y comenzaron su viaje saltando de rama en rama, el camino a Suna era uno que tenían bien memorizado. Cuando el sol comenzó a ocultarse, Emiko le hizo una seña para que se detuvieran.

— Acamparemos por ahora, no será divertido llegar al desierto cansados.

— Hay un río cerca de aquí, es seguro acampar a su orilla.

Ella asintió y caminaron hasta el sitio que Kakashi conocía. Mientras Emiko fue por madera, Kakashi se quedó armando las dos casas de campaña.

— Entonces, ¿Cuál es el plan? — preguntó el peligris cuando la fogata estuvo encendida y pusieron a hervir agua para beber.

— Yo llegaré primero... ya tengo una identidad con ellos, mi nombre será Kazumi Haneda y seré una compradora de grandes lotes, sin duda me recibirán en su guarida y me darán hospedaje, ya les envié un mensaje y están avisados de mi llegada. — abrió su mochila y sacó un bento que colocó en su regazo. — Tu deberás esperar en el pueblo a mi señal, yo determinaré si el menor de los hermanos será capaz de darle un mejor giro a esa empresa o si necesitaremos encargarnos de todos.

— ¿Cuánto tiempo te tomará determinar eso?

— Yo espero que no más de tres días, pero podría ser más, necesito que seas paciente, Kakashi-san. — otra vez estaba ese honorífico que Kakashi sentía como una barrera que Emiko estaba imponiendo entre los dos. Antes no lo hubiera visto mal, pero ahora no le gustaba en lo absoluto.

— Olvida los honoríficos, somos amigos de la infancia, ¿Recuerdas? — dijo mientras sacaba un ramen instantáneo de su equipaje.

Ella asintió pero frunció el ceño.

— ¿No trajiste algo más saludable de comer?

— Lo siento, es que se me pegaron algunas manías de Naruto, es bastante práctico el ramen instantáneo.

— Toma — ella suspiró. — No puedo dejar que mi subordinado pase hambre. — y le tendió su bento.

— ¿Y tú qué comerás? — preguntó sin tomar la comida.

— Tengo más comida aquí. — y mostró otro empaque de comida, entonces Kakashi sonrió victorioso, de alguna manera la chica había llevado eso para él aún si no lo admitía.

Comieron en silencio, pero cuando terminaron y ella le deseó buenas noches, él la detuvo.

— Emiko... me preguntaba si traerías algunas galletas de avena o panes de curry... — comentó él rascando su mejilla.

— Lo siento, no tuve tiempo de preparar algo más. — fue la respuesta de la chica. — Avísame cuando sea el momento de mi guardia, por favor.

Kakashi asintió mientras la chica ingresaba a su casa de campaña y de alguna manera se sintió decepcionado de no poder comer de aquellas galletas que tanto le gustaban.

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A la mañana siguiente, cuando Kakashi despertó y salió de su casa de campaña, vio a Emiko lavar su rostro en el río, cosa que junto con el frío de la mañana, hizo que su piel se viera más blanca de lo que ya era.

— Buen día. — saludó ella y él asintió.

Mientras recogían su campamento, él externo algunas dudas sobre la misión.

— ¿Cómo me comunicarás cuál será la acción a tomar?

Ella meditó su respuesta.

— Cuando haya tomado una decisión te buscaré, necesito que mantengas un bajo perfil en la ciudad para que si necesitamos exterminar a todos, podamos hacer un ataque sorpresa. De otra forma, si todo sale bien, no necesitan saber que teníamos como opción el eliminar a todos. — ella respondió pensativamente. — Sería bueno que buscaras rutas seguras por las cuales escapar una vez que terminemos el trabajo, no sabemos si todo saldrá bien.

Kakashi asintió.

— Entiendo. — pronto terminaron de recoger todo y continuaron su viaje pero ahora caminando, no querían llegar muy exhaustos al desierto. — ¿Y qué harás una vez que estés dentro de su guarida?

Una sonrisa se marcó en el rostro de la mujer.

— Lo mismo de siempre, beber sake y obtener una audiencia privada con el hermano menor, suena fácil pero siempre lleva tiempo ganarse la confianza en estos grupos tan cerrados.

Kakashi chasqueó la lengua cuando imaginó a Emiko sentada en medio de un grupo de bastardos que solo la mirarían como un trozo de carne.

— Por cierto... — decidió cambiar el tema, no quería saber más detalles de su forma de trabajar. — Escuché que fuiste ascendida a jounnin por mérito, no tuviste que aplicar el examen.

Ella asintió.

— Tsunade-sama ha sido muy benévola conmigo, agradezco la confianza que está depositando en mi. — sonrió muy contenta.

— Creo que el Sandaime estaría muy orgulloso de ti. — Kakashi notó que la chica sonreía un poco más.

— Ojalá...

— Lo digo en serio, Emiko... mi padre y tus padres también.

La sonrisa en el rostro de ella se esfumó.

— Sabes que no es así, papá debe estar maldiciéndome pero no importa, está muerto. — ella guardó silencio y Kakashi no quiso agregar nada más.

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Pocas veces Kakashi se había sentido tan irritado.

Cuando llegaron a la ciudad donde llevarían a cabo su misión, Emiko ingresó a la ciudad e inmediatamente fue abordada por sus anfitriones, así que Kakashi esperó hasta el anochecer para entrar a la ciudad y comenzar a explorar el lugar. Como shinobi había visitado muchos países y lugares a lo largo del mundo ninja, por lo que esa ciudad parecía promedio, pero al anochecer fue fácil ver que las calles se quedaban completamente desiertas y Kakashi sabía esos eran los lugares más peligrosos, porque los viajeros bajaban la guardia y eran más propensas a caer en las garras de los criminales. Se registró con un nombre falso en una modesta casa de huéspedes y se dedicó por dos días a identificar la rutina de los puntos de venta de drogas que encontró. Pero el tercer día, al no tener noticias de su compañera de misión, decidió que al día siguiente se infiltraría en la guarida de su objetivo. A pesar de ir vestido como civil sin su diadema ninja, uno de los criminales lo reconoció y antes de que pudiera escapar, lo sedaron con un proyectil que no pudo evitar al pelear en un cuarto tan estrecho.

Cuando despertó estaba amarrado y sintió que algo presionaba su ojo donde poseía el sharingan, por lo que no pudo usarlo para liberarse. Pasó medio día encerrado en un pequeño sótano, hasta que lo llevaron arrastrando a la habitación lujosa de lo que parecía ser el jefe de ese lugar.

Ver a Emiko vestir una suntuosa Yukata y estar sentada en el regazo de un sujeto tan feo como lo era el líder de la banda tras la que iban lo ponía de muy mal humor, más que estar amarrado con cadenas especiales que suprimían el chakra, un parche en su sharingan y una cuerda en la boca que le impedía hablar.

— Así que Konoha mandó para detenerme al famoso ninja copia. — dijo el hombre con bastante humor. — Debo decir que me siento alagado. — y se carcajeó mientras encendía un gran cigarrillo.

— Jiro-sama está en la mira de las cinco naciones por ser tan poderoso. — la mujer pasó sus manos por el pecho del hombre. — Pero no tiene por qué ensuciarse las manos, si Jiro-sama lo quiere, acabaré el trabajo por usted, ese hombre me debe una.

El criminal alzó una ceja.

— ¿Así?

Kakashi la vio hacer un puchero, era irreal ver a Emiko de esa manera, de verdad sentía que era una persona totalmente diferente.

— Sí, un día estaba viajando a Kiri para revisar cómo iban las ventas de mi grupo allá, cuando ese hombre malo llegó y con un kunai degolló a mi cochero y a mi acompañante. — con suaves movimientos bajó su yukata para dejar descubierto su hombro derecho para mostrar una larga cicatriz pero al abrir la parte superior de su yukata, dejó expuesta un gran pedazo de piel, y Kakashi vio que los ojos del hombre pasaron de la cicatriz a contemplar el inicio de sus senos.

— ¿Cómo alguien puede marcar una piel tan hermosa de esta manera tan espantosa? — el hombre lamió el lóbulo derecho de ella — Merece morir por esto, Kazumi-dono.

Un gemido escapó de parte de ella, parecía que las palabras del hombre la complacían.

— Jiro-sama... — ella comenzó a gemir al punto de que Kakashi tuvo que apartar la vista, se estaba llenando de cólera ante cada caricia que ese asqueroso hombre daba a Emiko, pero lo peor era escucharla suspirar.

— Creo que él puede esperar, ¿Por qué no te quitas esta hermosa yukata y le dejas ver cómo es un ángel antes de morir?

Una risa escapó de ella, pero Kakashi comenzó a jalarse y tratar de liberarse de las cadenas especiales que lo aprisionaban, sin duda no quería que aquello sucediera.

— ¿Qué pasa, ninja copia? Siempre me ha gustado tener espectadores, ¿Qué dices, Kazumi-chan?

— Lo que Jiro-sama quiera es perfecto para mi... — y con suavidad llevó sus manos al nudo que mantenía cerrada la yukata y lo deshizo con un fluido movimiento, una vez que la yukata se abrió, debajo se notó que había una tela casi transparente, mientras el hombre sonreía al ver el cuerpo de la chica, ella llevó su mano derecha entre sus propias piernas y en menos de un parpadeo había una daga clavada en la garganta del hombre, quien apenas pudo parpadear cuando la pelinegra se levantó de su regazo y de un segundo tajo lo mató. Una vez acabó su trabajo, limpió la daga en la ropa del hombre.

— Ya hablé con Saburo-san, tiene todas las intenciones de terminar con el negocio de drogas ilegales, me dijo como distinguir a las personas que trabajan para su hermano. — dijo la mujer mientras depositaba el cadáver en el piso, parecía volver a ser la Emiko de siempre. Cerró su Yukata de nuevo y tomó las llaves para liberar a Kakashi. — Debemos empezar ya mismo, ¿Puedes pelear? — primero quitó la cuerda que impedía el habla a Kakashi y después rompió el parche que no lo dejaba usar el sharingan.

— Solo necesito una píldora del soldado y estaré listo, estas cadenas drenaron un poco de mi chakra.

Emiko asintió mientras quitaba el parche del sharingan y comenzaba a abrir los grilletes.

— Te dije que esperaras...

— Me preocupé un poco. — ella hizo una mueca de molestía, por lo que Kakashi cambió el tema. — Con que así trabajas. — comentó mientras sentía las pequeñas manos de ella sujetar sus brazos para liberarlo.

— No fue nada, todos los hombres caen cuando los haces sentir que tienen el poder y el control, nunca esperan que una mujer sumisa los apuñale en la garganta, lo único difícil es no vomitar cuando son hombres tan desagradables.

Kakashi se puso de pie y sobó sus muñecas.

— Por un momento no te reconocí. — dijo un poco avergonzado.

— Soy buena actriz. — se dio la vuelta para ponerse unas sandalias de madera. — Toma. — Le entregó sus armas y una píldora del supersoldado. — Es hora, tu ve por todos los sujetos que estén rapados, esos son los hombres de Jiro, los que usan bata blanca son los hombres de Saburo-san, a ellos no los toques.

— ¿Y tu qué harás?

— Tengo que encargarme de un par más que podrían dar problemas en el futuro, cuando termines te veré en la salida del pueblo. — Emiko alzó su yukata para volver a guardar la daga en el liguero que llevaba en su entrepierna, por lo que Kakashi pudo ver de perfil sus largas y apetecibles piernas. — Además debo ir por mis cosas.

— ¿Te tomará mucho tiempo?

— Menos del que te tomará a ti, si te ataca alguien de bata, solo déjalo noqueado, los rapados deben morir.

— Muy bien, líder. — y le sonrió, a lo que ella respondió con otra sonrisa. Ver el ligero rojo en sus mejillas le dijo que aunque ella dijera lo contrario, él nunca le podría ser indiferente.

— ¡Ja ne! — y ella marchó por la puerta de la habitación.

Kakashi masticó la píldora y cuando se sintió listo, preparó sus armas ninjas.

— Necesito probar si su piel es tan suave como se ve... — murmuró mientras salía.

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Algunas horas más tarde, Kakashi llegó a la salida de la ciudad y se sorprendió de ver a Emiko vestir una yukata distinta pero igual llena de sangre. Por lo menos era más de media noche por lo que las manchas se veían negras y no llamaban mucho la atención.

— ¿Listo? — preguntó ella.

— Todo listo. — respondió él.

— Entonces vamos ya mismo, Saburo-san no nos seguirá pero será prudente marchar ahora.

— ¿No quieres cambiarte de ropa? Hace frío.

Ella asintió.

— Caminemos un poco y me cambiaré más adelante.

Así emprendieron el camino de regreso, pero un par de horas después, una fuerte ráfaga de viento los envolvió. El desierto era muy frío de noche.

— Necesito parar. — dijo Emiko. — ¿Crees que sería seguro acampar aquí?

Frente a ellos había un pequeño monte de roca en medio del desierto, y ahí había una cueva. Kakashi invocó a su ninken.

— Pakkun, ¿Pueden cuidar los alrededores por un rato? Necesitamos descansar un poco. — preguntó Kakashi a sus ninken.

— Claro... — dijo Pakkun pero cuando los perros vieron a Emiko, todos comenzaron a mover su cola alegremente. — Hola humana, te ves azul.

— Pakkun, si... tengo un poco de frío. — Otra ráfaga de viento cargado de arena los envolvió pero los perros se dispersaron.

Kakashi empezó a levantar una casa de campaña dentro de la gran cueva cuando de pronto vio a Emiko sacar un pergamino, hacer unos sellos y clavarlo con un kunai en una pared de la cueva, de donde empezó a salir una pequeña fuente de agua.

— ¿Qué haces?

— No importa cuánto frío o calor haga, siempre me lavo después de una misión así... ¿Te importaría no ver? Tengo prisa... — lo último lo dijo tiritando, ahí no entraban las ráfagas de aire, pero la temperatura seguía siendo baja.

Kakashi se dio la vuelta como respuesta y continuó armando las casas de campaña, aunque la curiosidad puso y de reojo vio que ella estaba bajo el chorro de agua y que la yukata se le pegaba como una segunda piel. No pudo evitar notar cómo enjuagaba cada rincón de su piel. Tragó grueso para deshacer el nudo de su garganta y de pronto sintió sed.

— Ya están las casas de campaña — dijo sin mirarla, y para evitar la tentación de mirar de nuevo caminó hasta la entrada de la cueva y fijó su vista en la hermosa luna llena que los iluminaba esa noche.

— Gracias... — murmuró ella mientras tiritaba. — Ya tengo ropa limpia. — y volteó para verla usar unos pantalones negros y su blusa de rejillas sobre la que usaba una manta que llevaba en su equipaje. — Tratemos de dormir un poco.

Emiko temblaba cada vez más, por lo que no la detuvo cuando entró deprisa a su casa de campaña. Kakashi vio que el pergamino que anteriormente usó Emiko aún sacaba un poco de agua, por lo que se acercó para lavarse un poco las manos y el cuello. El agua caía tibia pero la noche era demasiado fría. De pronto recordó la vez que la dejó dormir mojada cuando enfrentó a los ninjas de Kiri y terminó resfriada por su culpa, por lo que tomó su propia manta y se asomó a la casa de campaña de ella para dársela.

— Puedo encender un fuego si lo necesitas. — le dijo al verla hecha bolita envuelta en su manta.

— No, gracias, sería mejor no llamar la atención.

Kakashi puso su manta sobre ella.

— Pudiste esperar al amanecer para asearte.

Ella se incorporó y negó mientras sujetaba la segunda cobija.

— Siempre es repugnante que queden rastros de saliva y sangre en mi piel.

Kakashi recordó como aquel sujeto llamado Jiro lamió la piel expuesta de Emiko y sintió una punzada de satisfacción al saber que el hombre pagó con su vida tal atrevimiento.

— ¿Qué estas haciendo? — preguntó Emiko un poco sorprendida al ver que Kakashi entraba a su tienda y cerraba por dentro el cierre.

— Te dará hipotermia si no entras en calor pronto. — la casa de campaña era suficiente como para tres personas por lo que había suficiente espacio.

— Supongo que tienes un punto. — cedió ella. La poca luz de luna solo le permitía ver la silueta de Kakashi, quien de pronto se quitó el chaleco ninja y lo puso en los pies de ella sobre las dos mantas. Todo era sombras poco definidas.

— Voy a acostarme junto a ti, entrarás en calor más rápido. — y se recostó a su lado, Emiko estaba acostada boca arriba, se quedó tan quiera como su cuerpo se lo permitía al tiritar. — ¿Puedo tocarte? De otra forma no te llegará mi calor.

— De acuerdo, pero no hagas nada pervertido, he leído los libros que siempre llevas contigo.

En las tinieblas la risa de Kakashi sonó como un suave ronroneo.

— ¿La experta en seducción teme ser seducida? — dijo mientras ella le daba la espalda y él la abrazaba en forma de cucharita.

— Por supuesto que no. — rápidamente su espalda entró en calor al sentir a Kakashi abrazándola. — Me temo que no tienes tanta suerte.

Él volvió a reír.

— Tienes razón, aunque pienso que es un costo razonable la muerte si con eso puedo tocarte también.

Emiko no dejó de temblar, pero estaba segura de que ahora los motivos distaban mucho de sentir frío. La fragancia masculina de Kakashi la envolvió, más su calor corporal hicieron que ella tuviera el deseo de poseer a ese hombre.

— Puedo cumplir tu deseo. — dijo ella con un hilo de voz.

— Hablaba en broma sobre morir... — dijo con humor, pero entonces ella se dio la vuelta y lo vio entre las sombras.

— Pude ver tus ojos de deseo y desesperación cuando aquel sujeto me tocaba. — fue turno de Kakashi para temblar un poco.

— No lo voy a negar, eres letalmente hermosa, Emiko. — su voz sonó más grave de lo que hubiera deseado.

— Tócame. — Kakashi pensó que aquella era la mejor y más deliciosa orden que le hubieran dado, por lo que con lentitud metió su mano tibia dentro de la blusa de ella, la colocó en su fría cintura que pronto comenzó a entibiarse.

— Parece que empiezas a recuperar calor. — murmuró Kakashi mientras hacía algunos círculos con sus dedos en la cintura de ella. En cambio ella sintió como cada toque de él era como una corriente eléctrica atravesando su cuerpo.

— No está bien esto. — murmuró ella tratando de ser racional.

— ¿Tienes miedo del ninja copia? — comentó con burla, cosa que la hizo molestar.

— Jamás. — entonces se levantó para colocarse sobre él, con una rodilla a cada lado suyo. — Eres tu quién debería temer.

— ¿Sí?

— No toques el fuego si no quieres salir quemado.

Él sonrió entre tinieblas.

— Me preguntó quién se quemará más. — y puso de nuevo sus manos sobre su cintura.

A pesar de que no se podía ver mucho dentro de la tienda, Emiko bajó su mascara y besó al hombre con pasión, respirando su aroma y recibiendo su calor, no podía ver su rostro, pero estaba segura de que ninguno de los dos se detendría. En cambio Kakashi disfrutó al sentir los labios de ella sobre su cuello, mientras sus manos buscaban el borde de su playera para sacársela, no se quiso quedar atrás y cuando ya no tuvo la suya, se aseguró de quitarle a ella la propia, prometiéndose que no la dejaría pasar frío sin ella.

Solo lograba vislumbrar la silueta de ella, pero su olor era el mismo de siempre, sabía que era la dulce Emiko mientras rasguñaba su abdomen, mientras besaba su pecho. Estar a ciegas hacía que la expectación de Kakashi aumentara, y más cuando notó que ella se hacía a un lado para quitarse el pantalón, por lo que sin perder tiempo se quitó el suyo, dejando libre su enorme erección.

Pero ella estaba decidida a demostrarle que no podía jugar con ella en un terreno donde era experta, por lo que, completamente desnuda y solo con el cabello húmeda volvió a sentarse a horcadas de él, rosando sus sexos pero sin permitirle entrar todavía. Llevó sus manos a acariciar su cabello mientras volvía a reclamar sus labios y empezar una lucha con sus lenguas. No pensaba hacerle el amor, porque en esos momentos sabía que lo único que había ahí era deseo, un deseo irrefrenable, por lo que sería ruda y disfrutaría del tormento que desataría para Kakashi Hatake.

Mordió su labio inferior mientras rasguñaba sus hombros, mientras sentía que él hacía lo mismo rasguñando su espalda baja, tocando su trasero con sus grandes y callosas manos. Con una sonrisa, se enderezó y antes de que él pudiera quejarse, se acomodó de manera de que sus senos estuvieran a la altura de sus labios y él gustosamente los sujetó y comenzó a lamerlos y mordisquearlos suavemente. Sentir su húmeda lengua hacer círculos en sus pezones la hicieron gemir, suavemente mientras continuaba despeinando su cabello apretándolo con sus piernas.

— Necesito entrar. — murmuró él con la voz ronca, pero ella le susurró al oído.

— Aún no.

Kakashi gruñó pero fue callado con un beso exigente, lleno de lujuria que le dejó la mente en blanco, solo podía pensar en los senos que amasaba con sus manos, sentirlos calientes y con los pezones erectos hizo que quisiera jamás soltarlos. Pronto se separaron para tomar aire ante el beso lleno de pasión, pero entonces ella volvió a quitarse y el aprovechó para sentarse, pero no pudo hacer más porque ella se hincó a su lado, tomó su miembro entre sus manos y se agachó para meterlo en su boca.

Ella comenzó a saborear su miembro y Kakashi se sentía morir, con su lengua acarició cada centímetro y bebió todo los líquidos preseminales que derramaba como prueba de que estaba listo para entrar, pero Emiko lo atrapó con un ritmo rápido e intensó, por lo que Kakashi solo atinó a enredar sus dedos en los húmedos cabellos de ella y empujar su cabeza para que cada estocada entrara más rápido. Él no se consideraba un hombre precoz pero no pudo evitar derramar su primer orgasmo en la boca de ella, quien tragó todo y no dejó pruebas de lo sucedido.

— Es mi turno de complacerte. — gruñó el peligris pero Emiko no pensaba ceder, por lo que lo empujó de nuevo para que se acostara boca arriba y antes de que el hombre se quejara, ella introdujo su miembro en ella misma cuando volvía a ponerse duro.

— Kakashi... — ella le dijo con un hilo de voz mientras se estremecía al sentir la dureza que entraba a su cuerpo, nunca había sentido algo así en su vida, por lo que se dio prisa en enderezarse y comenzar a brincar profundizando cada estocada disfrutando de las caricias que Kakashi le daba a sus senos que rebotaban al ritmo de su baile.

Kakashi no pudo controlarse más así que la sujetó de las caderas y sin salir de ella giró para ahora tenerla a ella bajo su peso, la rodeó con sus brazos por completo y cuando se escondió en su cuello, quiso soltar una maldición cuando ella lo abrazó con sus brazos y piernas.

— Mas duro... — gimió ella y Kakashi obedeció como el esclavo que era en esos momentos. — Más... más profundo... más... Kakashi...

Sus suplicas lo volvieron loco, por lo que aumentó el ritmo de las estocadas, casi con furia, mientras ella gemía y el resoplaba ante el placer.

— Bésame... — ella ordenó y él obedeció, volvió a besarla con salvajismo, entremezclando sus lenguas y embriagándose de sus alientos. Las estocadas no se detenían y Kakashi estaba listo para derramarse, pero resistiría primero tenía que verla estremecerse entre sus brazos y gozar de un orgasmo perfecto.

Rompieron el beso en busca de preciado oxígeno y a pesar de que no podían verse con claridad, sabían que ambos estaban sudados y disfrutando de aquello.

— Kakashi... espera. — ella dijo mientras se libraba de su agarre y se colocaba boca abajo, de manera que el pudiera volver a entrar en ella y continuar con esa guerra de placer, donde ninguno pensaba ceder hasta que el otro se derrumbara del placer.

Cuando el vio el cambio de posición, dio gracias por nacer, puso sus manos sobre su trasero y la embistió de nuevo, más duro y rápido que antes. La sujetó de las caderas y estaba vuelto loco mientras ella le pedía más y más. Ella movía sus caderas con furia y solo atinó soltar con una mano su cadera para estrujar uno de sus senos cuya silueta mostraba como se movía al son que la pasión marcaba. Kakashi deseaba con desesperación que un milagro ocurriera y el techo de la tienda de campaña desapareciera para que pudiera ver la cara de gozo que las penumbras no le dejaban contemplar. Pero sus constantes gemidos eran la prueba de que ella estaba disfrutando tanto como él, por lo que cuando sintió que las paredes de ella comenzaban a contraerse, no pudo evitar derramarse dentro sin tiempo de salir, para después caer rendido sobre ella y solo escuchar la respiración agitada de ambos.

Sin fuerzas y sin pensarlo, Kakashi se estiró para jalar las dos cobijas, con las cuales cubrió el cuerpo de ambos y sin decir una sola palabra, durmieron acurrucados y satisfechos.

.

A la mañana siguiente, Kakashi abrió los ojos y se encontró desnudo bajo las mantas pero solo, cuando de pronto escuchó unas risas junto a los ruidos característicos de su ninken fuera de la casa de campaña. Se estiró perezosamente antes de incorporarse... vaya noche, había dormido como un bebé pero era hora de continuar con el viaje.

— Todos son muy lindos... — decía Emiko quien estaba sentada junto a una fogata acariciando la panza de Pakkun y Guruko en las afueras de la cueva. — Buenos días. — ella lo saludó con una sonrisa pero nada más.

— Debiste despertarme, es bastante tarde. — comentó al ver la posición del sol.

— Apenas amaneció hace una hora, si nos movemos ahora cruzaremos el desierto y llegaremos al bosque del país del fuego para el anochecer. — respondió ella, quien ya vestía su uniforme jounnin completo. Kakashi debió admitir que ella era muy sigilosa, generalmente cualquier ruido lo despertaba ya que tenía un sueño muy ligero, aunque debía dormir que durmió bastante agotado por la pelea y su posterior ejercicio físico.

— Gracias por vigilar anoche, Pakkun, chicos... les daré galletas cuando regresemos a la aldea. — dijo Kakashi mientras sacaba unas galletas saladas de su mochila para desayunar.

Todos los perritos celebraron y se esfumaron en una gran voluta de humo.

— Debemos darnos prisa, debemos cruzar el desierto antes de que llegue el medio día.— comentó casualmente ella. Kakashi la vio empezar a recoger su campamento improvisado sin hablar de lo sucedido anoche. Bueno, si ella no pensaba hablar de lo sucedido él tampoco lo haría... por más estimulante que haya sido, pues al final de cuentas no buscaba nada serio, por lo que no deseaba que ella pensara lo contrario... Es decir, ambos son adultos, bien podían tener una relación física y nada más.

En un silencio tranquilo terminaron de arreglar sus cosas, pero cuando Kakashi recogió el pergamino vio los sellos y le recordaron un poco a los que hacía Minato-sensei.

— ¿Esto es fuinjutsu?— no pudo evitar preguntar.

— Sí, aprendí un poco y es bastante útil cuando necesitas almacenar algunas cosas... — al parecer también pensó en Minato Namikaze, ya que añadió. — No puedo teletransportar cosas como el cuarto, pero si puedo guardar cosas como agua, armas o plantas.

— Suena bastante útil.

— Lo es cuando no eres un usuario de mil ninjutsus.

Una risa escapó de los labios del peligris y un silencio más ameno los envolvió.

— ¿Lista?

— Sí.

— Vamos de regreso.

Pasaron todo el día corriendo por el desierto, por lo que al atardecer llegaron al bosque límite con el país del fuego, por lo que bajaron un poco la velocidad y sin decir nada acordaron caminar el resto del camino. Viajaron en silencio con apenas los ruidos que hacían sus respiraciones y las ramas al rechinar cuando pasaban sobre ellas. Cuando por fin llegó el anochecer, decidieron acampar en un claro, se sentían tranquilos ya que ese era un camino común para los ninjas que regresaban a Konoha y había muy pocas posibilidades de encontrarse con algún enemigo muy hostil. Por fin podrían comer algo.

— Pesque esto. — dijo Kakashi al regresar de conseguir la cena.

— La fogata está lista. — dijo ella mientras tomaba los pescados para colocarlos en el fuego.

— Daría lo que fuera por uno de esos panes de curry... le guardé uno a Gai y lloró de la felicidad.

— Me alegro que les gustaran. — respondió ella mientras vaciaba las cosas de su mochila de viaje, no quería llevar arena hasta el piso de su saco.

Kakashi la contempló sacudir sus pergaminos, armas y la yukata que había usado la noche anterior, liberándolos de los últimos vestigios de arena.

Iluminados solo por la luz que irradiaba la fogata, Kakashi carraspeó.

— ¿Sucede algo? — preguntó ella mientras volvía a meter todo a su mochila.

— Yo... disfruté mucho lo sucedido anoche. — dijo él mientras tomaba un pescado y revisaba su cocción.

— Yo también, no estuvo mal. — ella sonrió pero no lo miró, al contrario, se puso de pie para sujetar su ninjato, desenvainarla y comenzar a limpiarla a pesar de que no la usó en esa misión.

— Me pregunto... — comenzó a decir el peligris, pero ella asintió.

— Estamos cerca de Konoha, llegaremos más rápido si marchamos al amanecer, nos convendría mejor descansar.

Kakashi suspiró mientras metía las manos en mochila y sacó su libro de portada naranja.

— Supongo que eso sería lo mejor.

Ella asintió y comprobó que su pescado estuviera listo, lo alejó un poco del fuego y al ver que era comestible, guardó su ninjato y procedió a empezar a comer.

— ¿Entonces leíste el Icha icha paradise?— preguntó el hombre cómo si se tratara de cualquier lectura.

— Sí, es bastante inverosímil.

— ¿En serio?

— Cualquier persona que haya iniciado su vida sexual puede saber que muchas cosas que describe son ridículas.

— A mi me parecen un buen reto, necesitas más imaginación, Mi-chan. — Kakashi respondió en un tono condescendiente, como si estuviera explicando a un niño algo básico.

Aquel comportamiento tan sabiondo la hizo reír.

— Eres imposible, Hatake Kakashi.

— Y tu muy hermosa, Emiko. — bajó el libro y la contempló a la luz roja del fuego.

— Tu pescado se va a quemar. — murmuró ella mientras él se levantaba y se sentaba a su lado; sonrió satisfecho cuando ella no se alejó.

— Me pregunto si anoche viste mi rostro.

Emiko alzó una ceja.

— Estaba muy oscuro. — fue su lacónica respuesta.

— Lo sé, me hubiera gustado verte estremecerte entre mis brazos. — y con una mano retiró un mechó de su cabello que caía sobre sus ojos.

Y entonces el shinobi se bajó la mascara, dejando ver su atractivo rostro.

— ¿Qué haces? — Emiko preguntó sorprendida, en algún punto de su vida dio por hecho que jamás vería el verdadero rostro de Kakashi, por lo que estaba muy sorprendida de verlo frente a ella.

— Ya lo dije, me gustaría verte bien y que tu también me veas.

Ella frunció el ceño.

— Debo admitir que eres muy atractivo, pero lo de anoche solo fue para no morir de hipotermia.

Una sonrisa seductora adornó el de por sí atractivo rostro de Kakashi.

— ¿Así que me usaste?

Ella sonrió como diciendo "sí".

— Solo fue un intercambio muy satisfactorio, ¿No? — era evidente que ella estaba tratando de burlarse de él.

Y empezaron una guerra de miradas que estremeció a Kakashi al encontrarse con una mirada burlona. Generalmente Kakashi era desinteresado y siempre optaba por la ley del menor esfuerzo, pero desde que ella regresó a la aldea fue como si sus demonios del pasado regresaran para recordarle todo lo que hizo mal pero también que aún tenía una oportunidad para redimirse aunque fuera un poco.

Ninguno de los dos cedía en su guerra de miradas cuando un ruido de pasos los alertaron y Kakashi colocó su máscara de nuevo en su lugar.

— Tenemos visitas... — dijo ella tratando de detectar quienes eran las firmas de chakra que se acercaban.

Kakashi sacó un kunai y tomó una posición de ataque.

— No siento intenciones asesinas. — respondió el shinobi, pero se tranquilizó al ver que la mujer sonreía.

— Son de Konoha, es Kurenai. — había olvidado que Emiko tenía habilidades de rastreo.

Una vez que Emiko dijo aquello, de entre la maleza aparecieron Kurenai seguida de Kiba, Akamaru y Sakura.

— ¡Kakashi-sensei! — expresó Sakura al verlo.

— Les dije que eran ellos, mi nariz no falla. — comentó Kiba con orgullo, a lo que Akamaru ladró para secundarlo.

— Buenas noches. — saludó Kurenai y alzó una ceja al ver que estaban sentados juntos. — ¿Terminaron su misión?

— Sí, ¿Ustedes también? — preguntó Emiko mientras se ponía de pie para recibirlos.

— Así es, pensábamos acampar pero Kiba dijo que cerca había otro equipo de Konoha y quisimos alcanzarlos para regresar juntos si era el caso.

— Se ven bastante cansados. — comentó Kakashi mientras sacaba de nuevo su libro de portada naranja.

— Tuvimos que pelear por un largo tiempo, pero todo salió bien. — Sakura sonrió. — Traemos un poco de carne de conejo, ¿Quieren cenar? — comentó mientras sacaba un saco con la carne.

— Tengo algunas hierbas a la mano, puedo hacer una sopa muy simple pero rica. — comentó Emiko mientras abría su mochila de viaje.

— Suena bien, muero de hambre... — exclamó Kiba...

Kakashi suspiró mientras escuchaba el ruidoso ambiente que ahora lo rodeaba... hubiera deseado poder cenar otra cosa.

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agosto 2021