Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.

Advertencia: Kakashi X OC. Y este capítulo tiene breves notas finales.


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Capítulo 18

Amores perdidos

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Un par de días pasaron desde la pequeña reunión que tuvieron los gennin y Emiko se esforzó por evitar a Kakashi lo más posible porque sabía que lo había hecho enojar con su pequeña mentira sobre la poción de la verdad y porque a pesar de que en su exterior mostraba que aquella noche que compartieron en el desierto no había significado nada, no podía dejar de pensar en ello. Su primera vez hace más de doce años con Kakashi fue incómoda y un poco dolorosa, al no saber qué esperar o qué hacer y tomando en cuenta que el chico parecía sumido en la desesperación, lo dejó guiar el encuentro porque quería hacerlo sentir un poco mejor.

Pero cuando se marchó de Konoha y conforme fue entrenando con Midori-sensei, aprendió que el sexo podía ser muy placentero y que podía ser usado como un arma para obtener el éxito de sus misiones, sin embargo nunca disfrutó durante sus misiones y siempre se esforzó para no tener que llegar a concretar las relaciones sexuales y conseguir matar a su objetivo durante el juego previo pero, aún así llegó a un punto en que su sexualidad le era tan indiferente que por un momento pensó que había perdido la capacidad de sentir, de disfrutar su cuerpo; pero no solo eso, inventar personajes y actuar como personas distintas a ella por largos periodos de tiempo la llevaron a una especie de limbo, a veces empezaba a sentir que se estaba perdiendo así misma. Vivió adormecida hasta que conoció a Arata Izunari, un hombre de casi cuarenta años que estaba siendo investigado por el señor feudal ya que sospechaban que lavaba dinero obtenido de negocios de trata de personas. La misión consistía en establecerse en su ciudad y volverse parte de su círculo cercano para obtener información que delatara a sus socios y confirmara sus actividades ilícitas.

Emiko se miró el espejo de su habitación y casi por inercia abrió uno de los cajones superiores donde habían dos fotos; en una estaban Asuma, Genma y ella; en otra salía un hombre que la abrazaba y ambos sonreían. En la parte trasera había una dedicatoria que decía:

Para mi ángel. Siempre tuyo, Arata I.

Emiko colocó la foto en el espejo y continuó su tarea de cepillar su larga cabellera mientras seguía sumida en sus pensamientos. Conocer a Arata le devolvió la vida que hasta entonces no había notado que se estaba apagando. A pesar de que entonces le doblaba la edad, era un hombre muy enérgico y cálido, era amable y siempre sonreía. Ella lo abordó en el mercado de la ciudad cuando él estaba buscando ingredientes para su cena, ya que a pesar de ser un hombre acaudalado, disfrutaba de cocinar para él mismo y sus invitados, actividad que compartía con Emiko.

— Lo siento... — murmuró la chica muy apena cuando "accidentalmente" derramó un poco de miel que llevaba en sus manos. Ya llevaba más de tres meses viviendo en esa ciudad y consideró que ya la conocían las suficientes personas como para no ser sospechosa. — Soy muy torpe, de verdad lo siento...

— No te preocupes, ¿Tú estas bien? — le preguntó el hombre y Emiko tembló solo de escuchar su grave voz.

— Creo que me lastimé el tobillo, pero su Hakama quedó manchado...

— La ropa puede ser cambiada, pero tu tobillo necesita atención médica... Nunca te había visto ¿Cómo te llamas, jovencita?

— Soy Emiko... Emiko Yamada. — cerró los ojos con fuerza, una de las primeras reglas que tenían en el Kouka Toki era usar nombres falsos... pero es que por primera vez en mucho tiempo se sentía nerviosa y vulnerable frente a alguien del sexo opuesto.

— Soy Arata del clan Izunari, si lo consideras adecuado, puedo llevarte con un buen médico.

Aquella rutina Emiko la había realizado miles de veces antes, pero era la primera vez que una mirada tan profunda y preocupada la hacía sonrojar genuinamente.

— Se lo agradezco... y pagaré su traje, estoy trabajando en el molino y...

— Nada de eso, ¿Puedes caminar?

Ella asintió.

Y así fue fue primer encuentro y pronto lo conoció mejor. Supo que era viudo porque su esposa había muerto al dar a luz a una niña que también murió, desde entonces él se dedicaba por completo a su trabajo de contador para algunos de los ricos de la ciudad pero también tenía un pequeño negocio de venta de sake. Vivía solo pero cerca de él trabajaban una amable pareja de ancianos que se encargaban de mantener el orden la casa. Con el paso de los meses se hicieron más cercanos, Emiko solía visitarlo y Arata comenzó a visitarla en su trabajo en el molino

Cuando Emiko se quedó sin empleo, le contó al hombre que se iba a mudar a un barrio un poco más lejano y que ya no podría verlo tan seguido, pero entonces Arata la invitó a vivir con él.

— Creo que es un poco atrevido de mi parte, pero quisiera que consideraras la posibilidad de que vivas en mi casa, es grande y hay muchas habitaciones vacías.

Emiko se sonrojó, si se tratara de otro hombre, hubiera puesto más dificultades antes de ceder a una petición así para representar un reto para su objetivo, pero con Arata-san no solía pensar con claridad, las piernas le temblaban y no controlaba el color de su rostro.

— No lo sé...

— Disculpa si me extralimité, es solo que la zona donde te irás no es muy segura para una joven tan linda como tu...

— Pero...

— No me lo tomes a mal, es solo que... quiero decir... desde la primera vez que te vi sentí una gran tristeza en tus ojos y me gustaría poder cambiar eso, imagino que perder a tus padres fue muy difícil para ti, ¿No? Ahora tienes que valerte por ti misma sola contra el mundo.

Emiko bajó la mirada.

— Papá solía ser muy estricto, a veces me siento un poco culpable de extrañar más a mamá... — desvió la vista pero de pronto sintió que él ponía su palma en su mejilla y le sonreía.

— Mi padre también solía ser un hombre muy duro y solía exigirme cosas que yo no podía cumplir, pero cuando murió entendí que él solo no conocía otra manera de expresar su cariño y preocupación por mi, así que lo único que nos queda es perdonar y seguir adelante.

Aquellas palabras le calaron en el fondo de su corazón, y era precisamente por eso que en el Kouka Toki les enseñaban a actuar ser otras personas, para no involucrarse personalmente justo como lo estaba haciendo en esos momentos.

— ¡Lo lamento! — Arata retiró su mano como si hubiera tocado fuego. — Debes pensar que soy un pervertido por tocarte e invitarte a mi casa, es solo que...

Pero ella cerró los ojos muy fuerte, alejando al kouka Toki de su mente y diciendo lo que le dictó su corazón.

— Arata-san es el hombre más amable que he conocido en mi vida, jamás podría pensar eso... — abrió lo ojos y miró el suelo. — Me da un poco de pena aceptar porque temo que la gente hable de Arata-san y piense cosas que no son...

— No me importa lo que diga la gente porque me gustas, Emiko-san...—dijo e hizo una pequeña reverencia. — Sé que tu eres joven y mereces algo mejor que un hombre mayor como yo, pero durante todo este tiempo a tu lado siento como si la vida hubiera regresado a mi... Aún si no me correspondes, quisiera poder cuidar de ti... podrías vivir en otra de mis propiedades y hacer tu vida con quien tu quieras...

La mujer no supo cuando terminó de cepillar su larga cabellera negra pero un par de golpes en la puerta la regresaron a la realidad. Tomó la foto y la guardó de nuevo en el cajón, tomó su abrigo y abrió la puerta, donde la imagen de un alegre Iwashi la recibió.

— ¿Estás lista?

— Sí. —respondió mientras salía y cerraba la puerta con llave.

— ¿Qué tal tu día? —le preguntó el shinobi con amabilidad.

— Tranquilo, Tsunade-sama me ha asignado el turno del medio día para la revisión de los puntos de seguridad mientras no salga a misiones.

— Esa es una buena noticia, ya no estarás tan desvelada todo el tiempo. —comentó el chico mientras bajaban las escaleras.

— ¡Hey! —una voz muy conocida los saludó.

— Buenas tardes capitán. — saludó Iwashi a Kakashi quien iba saliendo de su departamento.

— ¿Darán una vuelta? —preguntó el peligris mientras sacaba su libro de portada naranja y bajaba las últimas escaleras con ellos.

— Iremos a cenar. —Emiko contempló a Kakashi de reojo mientras los dos hombres conversaban. A pesar de que no era tan suave como Arata, debía admitir que esa noche en el desierto con Kakashi jamás la olvidaría, solo de recordarlo la piel se le erizó. Trató de evitar suspirar, no era correcto lo que había hecho con Kakashi porque estaba saliendo con Iwashi, no eran novios ni mucho menos estaban comprometidos, pero había dado su palabra de que haría un esfuerzo por conocerlo y ver si lo suyo podría llegar a algo más formal, por lo que acostarse con el peligris no era muy leal de su parte. "Fue para evitar la hipotermia" se dijo.

— ¿Y qué hay de nuevo, Emiko? —preguntó Kakashi. — No te he visto desde el sábado, parece que los chicos lo pasaron muy bien.

La chica sintió la mirada de Iwashi sobre ella y recordó que no le contó de lo sucedido.

— Ino-chan y las chicas me pidieron que les enseñara algunos trucos para cocinar y de paso los gennin hicieron una pequeña reunión. —comentó ella con poco interés, pero al ver que la mirada del peligris brillaba, supo que él pensaba en vengarse por lo sucedido.

— Sí, realmente fue muy improvisado, las encontré en el mercado porque estaba buscando a Sakura-chan y me invitaron con ellas. —la sonrisa inocente de Kakashi le hizo fruncir el ceño, el maldito pretendía crear un conflicto entre ella e Iwashi.

— Si bueno, Sakura realmente quiere mucho a su sensei... —dijo Emiko y tomó del brazo a Iwashi.— Nosotros vamos para el sur de la aldea.

— ¡Qué casualidad, yo también! — Emiko comenzó a sentir la irritación hacer mella en su ser.

La luz naranja del atardecer era cálida pero las manos de la pelinegra se sintieron heladas.

— ¿Va a visitar a Gai-san? —preguntó Iwashi, quien suspiró.

— Así es, quedamos de ir a cenar cerca de su casa.

— Mejor vayamos a cenar a tu casa... — murmuró Emiko a Iwashi, quien lo pensó antes de asentir. — Probaremos un lugar nuevo en el centro, nos vemos.

— ¡Nos vemos! —se despidió Kakashi con una gran sonrisa. — Por cierto, te espero en el campo de siempre para entrenar Emiko-chan, supe que Tsunade-sama te cambió el horario de guardia.

La chica suspiró profundamente antes de contestar.

— Lo acordamos otro día. Adiós... —no le dio tiempo al peligris de añadir algo más porque Emiko se llevó de prisa al shinobi.

Mientras caminaba la pareja, un silencio incómodo se hizo entre ellos.

— ¿Sabes que Kakashi y yo no nos llevamos bien y que está haciendo todo lo posible por molestarme?

Iwashi estaba más serio de lo normal.

— ¿Por qué Kakashi Hatake se toma la molestia de hacerte enfadar? ¿Sucedió algo? —Emiko debía admitir que Iwashi era muy listo y perceptivo.

— Vamos a comprar algo de cenar y hablamos en tu casa. —sugirió, cosa que el shinobi aceptó.

Emiko no lo soltó, caminaron por primera vez tomados del brazo, no era incómodo y el fin del verano era demasiado frío, por lo que estar junto a Iwashi la mantenía cálida. Pasaron al restaurante Ichiraku y pidieron un par de platos de ramen y algunos acompañamientos, después pasaron a una tienda donde compraron algunas botellas de sake.

Nunca antes había ido al departamento de Iwashi, por lo que se sorprendió cuando encontró una casa mucho más cálida que su propio hogar.

— Bienvenida, este es mi pequeño lugar en el mundo. — sonrió contento y le permitió el paso. Estando dentro se quitó el abrigo y quedó con una blusa escotada y de manga larga azul y su pantalón habitual negro, lo único que dejó en casa fue su habitual portakunais de la pierna derecha.

Emiko quedó sorprendida al ver el lugar muy recogido, la mesa era grande con seis sillas y tenía un mantel blanco, mientras los sillones se veían mullidos aunque con manchas de pintura. Por otro lado la ventana tenía cortinas amarillas muy agradables, había fotografías por todas las paredes así como algunos juguetes en los sillones. Aquello la hizo olvidar el asunto de Kakashi.

— ¿Recibes muchas visitas? —preguntó mientras se sentaba en la mesa.

— A veces mis sobrinos vienen, son cuatro y son bastante hiperactivos, tienen entre cinco y once años. — señaló las fotos y efectivamente en todas salían los chicos y algunos adultos que suponía que eran sus hermanos y padres. — Uno de mis hermanos menores y su esposa ahora está esperando a su primer hijo.

— Es extraño. —murmuró Emiko mientras contemplaba las fotos.

— ¿Qué cosa? —preguntó Iwashi y caminó hasta ella.

— Me parece muy extraño que un shinobi tenga una familia tan grande.

El castaño sonrió y se rascó la nuca con un poco de vergüenza.

— Lo sé, la mayoría de mis compañeros dicen lo mismo así que entiendo lo afortunado que soy de tener a tantos seremos amados a mi lado.

Emiko se sintió un poco incómoda en ese momento, al parecer si decidía formalizar algo con Iwashi eso iba a significar unirse a una enorme familia.

— Me gustaría tener una familia contigo, Arata... —murmuró Emiko entre sus brazos mientras descansaban luego de hacer el amor.

— El primer paso ya lo dimos. —sonrió el hombre mientras besaba la frente de la chica. — Me gustaría tener muchos hijos contigo, Emiko, y envejecer juntos...

— ¿Emiko? —su compañero la llamó.

— Lo siento, me perdí un momento viendo las fotos, me hubiera gustado tener hermanos... —respondió mientras se ponía un poco pálida.

— La verdad es muy divertido la mayor parte el tiempo, cuando no usan tu ropa o se comen los rollos que escondiste en la alacena. —respondió con una gran sonrisa. — Tuve tres hermanas mayores y tres hermanos menores.

— ¿Son ninjas?

— No, soy el único, ellos prefirieron seguir con el negocio familiar y uno de mis hermanos menores se mudó a Suna.

— Entiendo... —respondió ella, de pronto ese lugar tan colorido le dio tristeza. — ¿Comemos?

El chico no notó su cambio de humor y procedió a sacar el ramen y los alimentos que habían comprado.

— ¿Entonces no me recuerdas mucho de la academia ninja?— preguntó Iwashi con una pequeña sonrisa mientras comían sentados frente a frente. — Yo recuerdo que siempre estabas con una chica con unas marcas moradas en las mejillas.

— Sí, era Rin-chan... —comentó Emiko mientras empezaba a comer su cena.

— Raidou y yo siempre tratábamos de invitarlas a comer en el receso pero ese Uchiha nunca nos dejó, era bastante escandaloso... —y empezó a hablar de lo mucho que le gustó la academia pero que su familia no quería que fuera un ninja por la guerra que se estaba viviendo, pero que él sintió que no podía quedarse de brazos cruzados y tenía que ser fuerte para proteger a sus seres amados y a su preciada villa.

Emiko lo escuchó con atención, realmente le parecía que Iwashi era una persona que se comprometía con sus entrenamientos y objetivos, la manera en que trabajó hasta llegar a ser un Tokubetsu Jounnin le impresionó y por un momento pensó que quizá su padre hubiera respetado como ninja a Iwashi por la fortaleza y entereza que demostraba. Una vez que terminaron de cenar, fueron a sentarse a uno de los mullidos sillones, el hombre quitó los juguetes y se acomodaron ahí para comer el postre.

— ¿Y qué hay de ti, Emiko? —el castaño le sonrió mientras le pasaba los dangos dulces que compraron de postre. — ¿Por qué te fuiste a la capital?

— Parecía un buen trabajo, la paga era buena y quería un cambio de aires.

Era cierto, solo Tsunade-sama, su asistente, Kakashi y su equipo sabían sobre su verdadero trabajo en la capital.

— ¿No era aburrido ser guardia en el palacio Feudal?

— Realmente no, también cumplía algunas misiones y me especialicé en la infiltración, soy bastante buena pasando desapercibida.

— No lo creo posible, eres muy bella como para pasar desapercibida.

Emiko bajó la vista y sonrió con un poco de tristeza.

— ¿Qué ves en mi, Iwashi? — preguntó con sinceridad. — Eres un buen chico y tienes un puesto de trabajado envidiable, dudo que no tengas a varias mujeres besando el piso por el que pasas.

— A parte de que me parecías muy interesante en la academia... cuando volvimos a vernos en la torre y me quitaste las fichas de Hokage-sama quedé sorprendido por ti... te moviste de una manera tan suave y a la vez despreocupada, no pude sacarte sacarte de mi mente y por eso le insistí a Asuma-san que me consiguiera una cita contigo... —hizo una pausa. — No he salido con muchas mujeres en mi vida, pero es la primera vez que deseo con tanto fervor estar con alguien... ¿Eso es extraño?

Emiko lo miró y entonces sintió que por fin entendía el por qué Iwashi le generaba un poco de incomodidad, a diferencia de Genma que siempre fue un casanova, este shinobi no tenía ninguna experiencia con las mujeres y apostaría lo que fuera a que nunca se había enamorado antes y que él pensaba que ella era una posible esposa para establecerse como seguramente su familia se lo pedía.

— ¿No has salido con más mujeres?

Fue turno de Iwashi para sonrojarse.

— La verdad es que no, entre las misiones y el entrenamiento no me queda mucho tiempo libre, pero creo que ya es momento de ir sentando cabeza, me gustaría mucho poder formalizar algo contigo, si tu quieres.

Emiko puso una mano en la mejilla del hombre, de la misma manera que hace muchos años Arata Izunari hizo con ella pero con un sentimiento diferente.

— Creo que ya entiendo, Iwashi. —y la chica se acercó al joven, quien se sonrojó y se alejó un poco, así que terminó con el tacto y sintió ternura por él y desprecio por ella misma. — Bésame, Iwashi. —y cerró los ojos.

— ¿No deberíamos beber un poco de sake antes? — preguntó con evidente nerviosismo, Emiko abrió los ojos y asintió. Lo vio ir de prisa a la mesa por el sake que ya estaba al tiempo y sirvió dos copas.

Ambos tomaron la copa de un trago e Iwashi se sorprendió.

— ¿Te gusta el sake?

— Hace algunos años tuve un amigo que tenía una tienda de sake, solíamos beber a veces, así que disfruto de un buen sake como este. — dijo mientras ella servía una segunda ronda, Iwashi volvió a vaciar su copa pero esta vez Emiko se contuvo de beber.

— No soy virgen, si es lo que preguntas, muchos jounnin que no venimos de clanes grandes pasamos una especie de "iniciación" en el país de las aguas termales.. —al parecer ese chico tomaba valor con un poco de sake en las venas.— ¿Es un problema para ti que no haya salido en serio con otras mujeres?

Emiko llevó un dedo a sus labios y sonrió.

— Siendo honesta si, porque eso significa que me elegiste no por quien soy sino porque fui la única a la que decidiste cortejar... y siendo así, si te enamoras en un futuro, me vas a odiar por no poder estar con tu amor. —dio un pequeño sorbo a su copa.

— Te pedí salir porque me pareces una mujer muy interesante, eres bonita y amable, estoy seguro de que todos en la familia te querrán... cocinas increíble así que serás una buena esposa. —él tomó su tercera copa de golpe.

— Que me guste cocinar no significa que seré una buena esposa, solo significa que me gusta comer cosas deliciosas y compartirlo con mis amigos, es todo... además no pienso dejar pronto mi carrera ninja.

Iwashi frunció el ceño mientras bebía su cuarta copa.

— No estoy tomando una decisión a la ligera, realmente pensé en todos los pros y contras de salir contigo, seré un buen esposo.

Ella sonrió de lado.

— ¿Te está presionando tu familia para casarte? —Emiko supo que dio en el blanco con el castaño apretó la copa y bajó la mirada con pesar. — Hay muchas civiles que estarían encantadas de...

— No entiendes... — colocó la copa vacía en la mesita frente a ellos y tomó la botella para beber directo de ella. — No puede ser cualquier mujer, un ninja de mi rango tiene que estar con una mujer que todos deseen... Desde ese día en la torre escuché a todos hablar sorprendidos de ti y supe que tenías que ser tu.

¿Así que era presión familiar y una cuestión de ego? La mujer suspiró y bebió el resto de su segunda copa, aquello debía terminar esa noche.

— Bésame, Iwashi. —volvió a decir y cerró los ojos, entonces sintió el aliento cálido del hombre sobre sus labios, pero pasaban los segundos y él no concretaba el contacto.

Emiko suspiró sobre sus labios pero se alejó.

— Ha sido muy lindo salir contigo, Iwashi... hacía siglos que no recibía flores y siempre es motivo de felicidad cuando alguien se preocupa por nosotros, pero no si no eres capaz de besarme, no estás listo para un matrimonio... y menos conmigo, estoy rota, jamás podría encajar en tu hermosa familia... lo siento... —le dijo mientras se ponía de pie para irse.

— Es por Kakashi-san, ¿No? —dijo Iwashi sin moverse en su lugar y luego dio un largo trago a la botella de sake. — Hoy parecía dispuesto a seguirnos toda la noche... sin contar las veces que me a alejado de tu edificio...

Ella tomó su abrigo pero no se lo puso, giró para encarar al shinobi.

— Lamento eso, mi relación con Kakashi es complicada pero no tiene nada que ver con nosotros, no lo veo aquí y sigo pensando que es mejor terminar esto.

— Sé que Kakashi es el ninja más fuerte de la aldea, es el favorito de Godaime-sama y no dudo que él no tenga problemas en acostarse con quien quiera... pero yo quiero hacer las cosas bien...

— Iwashi... no te dejo por Kakashi... —su instinto le decía que no debía pelear con un tokubetsu jounnin en estado de ebriedad. — Te dejo porque no fuiste capaz de besarme, dos veces... si es así ¿Cómo podríamos tener hijos...? No me puedes besar porque tu no me amas...—pero antes de que pudiera decir algo más Iwashi se puso de pie en un movimiento brusco, y sin soltar la botella de sake sujeto a Emiko y la arrojó sobre el sofá, colocándose sobre ella y derramando el sake sobre ambos.

— No temo tomarte en estos momentos, no me retes, mujer.

Ella suspiró.

— ¿Quieres besarme? Adelante... ¿Lo que quieres es mi cuerpo? Lo tienes a tu alcance, vamos... ten sexo conmigo y presúmelo mañana con tus amigos y seguirás siendo un alfa dominante ante ellos... es lo que quieres, ¿No? Que te vean pasear con una mujer trofeo... pero no conseguirás amor ni mucho más de mi, Iwashi.

La mirada dolida del hombre la incomodó, y justo cuando estaba calculando sus movimientos para liberarse de su agarre e irse, quedó congelada ante sus palabras.

— Eres una mentirosa, Emiko.

— Según tu, ¿En qué miento?

— No te fuiste de la aldea por un trabajo mejor pagado en la capital, te fuiste porque eras una pésima ninja y el tercero no supo qué más hacer contigo... —el rostro sorprendido de ella fue una victoria para Iwashi. — Y allá te volviste una de las mujerzuelas del señor feudal, ¿Crees que trabajando en la torre no tendría acceso a tu historial? Y a pesar de saber todas esas cosas sobre ti decidí ofrecerte la posibilidad de que tengas una vida mejor, te estoy haciendo un favor, Emiko.

La sorpresa dio paso a la furia, Emiko detestaba sentirse humillada.

— Aléjate de mi...

— ¿A qué más puedes aspirar? ¿A calentar la cama de Kakashi Hatake o de otro que solo te quiere para desfogarse? Yo te ofrezco una vida decente, familiar y en paz... con el tiempo aprenderás a amarme...

— Si no te quitas, voy a quitarte yo misma. —siseó la mujer, por fin llegó a su límite. — Por más borracho que estés no pienso permitir que me hables así.

— Pensé que era más lista, Emiko... ahora veo que eres alguien que no merece amor, no sabes lo que es.

Emiko flexionó su rodilla derecha y lo golpeó en el estómago, sacándole el aire y con ello consiguió quitárselo de encima. Mientras el shinobi trataba de recobrarse, Emiko tomó su abrigo y salió de prisa de ese lugar.

Ya era de noche cuando salió, pero por la gran cantidad de personas que había en la calle, supo que no era tan tarde. Metió las manos en los bolsillos de su abrigo y comenzó a caminar sin rumbo.

Y no esperes merecer amor no estás hecha para eso, tu sola volverás aquí porque no hay nada para ti fuera de este palacio... — las palabras que le dijo Oba-san en la capital se repitieron en su cabeza como un mantra.

Pronto llegó a la zona de restaurantes del centro y se sentó en una casa de té que tenía mesas en su exterior y pidió una copa de sake. Cuando la mesera se lo entregó, lo bebió de inmediato sin importar que se quemara un poco en acto, de pronto sintió unas enormes ganas de entrenar y lastimarse para sentir algo que no fuera ansiedad por lo sucedido. Realmente había pensado que Iwashi había visto algo en ella que ella misma no podía ver y que por eso se esforzaba en cortejarla. Pero descubrir que solo la quería para arreglar sus problemas familiares y de ego de hombres idiotas, la hizo sentir vacía.

Pensó de nuevo en Arata... le destruyó la vida al único hombre que al parecer la había amado... y lo hizo por el bien del país del fuego, por órdenes de su jefe Kouji-sama... para que este le dijera al final que todas sus misiones y su trabajo fue en vano. Emiko contempló la taza vacía entre sus manos y negó con fuerza. Pagó por la bebida y retomó su rumbo sin camino, no quería llegar a casa, no quería tener ni la remota posibilidad de encontrarse con Kakashi en esos momentos... Sólo pensar en cómo la veía con deseo desde aquella noche juntos, antes le hacía sentir victoriosa por conseguir su atención pero justo en ese instante se sentía mal, en esos momentos deseó que alguien le extendiera una mano y viera la persona que era en realidad.

Sus pasos la llevaron a cruzar la aldea, hasta una zona de departamentos muy bonitos y bien acomodados en el norte de la aldea. Subió al primer piso y tocó la puerta.

— Buenas noches. — la saludó Kurenai con amabilidad.

— Hola... ¿Estará Asuma? Sé que no es una buena hora pero necesito hablar con él. —le dijo con voz queda y la mirada perdida.

— No está, Emiko, salió a una misión más temprano... ¿Quieres que llame a Shiranui-san? —sugirió Kurenai al ver el semblante pálido de la mujer.

— No, debe estar en casa con Kana-chan y su bebé... —dijo en voz baja. — Perdona las molestias...

Emiko se dio la vuelta pensando a donde más ir, cuando una cálida mano la sujetó del hombro.

— ¿Quieres pasar? —preguntó Kurenai con verdadera preocupación, nunca había visto a Emiko tan sombría como esa noche, algo le dijo que no estaba bien y por eso buscaba a Asuma, pero ya que él no estaba ella podría hacer algo.

— No quiero causar molestias... —dibujó una pequeña sonrisa en su rostro pero la otra mujer negó.

— Me haría bien un poco de compañía, pasa.

Ryuzara sacó las manos de sus bolsillos y entró al calor de la casa, las luces encendidas y la temperatura cálida le ayudaron a despejarse un poco. En cambio Kurenai notó un fuerte aroma a sake proveniente de ella.

— ¿Bebiste un poco? — preguntó suavemente, a lo que la otra chica negó.

— Derramaron la bebida en mi, no bebí lo suficiente como para estar alcoholizada. — tomó asiento en una de las sillas del comedor.

— ¿Quieres hablar de lo sucedido? — Yuhi puso un poco de agua a calentar y después se sentó junto a Emiko.

— Estoy bien, solo... —llevó sus manos a la cabeza y bajó la mirada. — Terminé lo que sea que tuviera con Iwashi.

La otra mujer se sorprendió. ¿Emiko estaba tan afectada por terminar su relación con Iwashi? Aquello no cuadraba, en todas las citas dobles donde estuvieron siempre tuvo la impresión de que quien estaba enamorado era Iwashi, no ella.

— ¿Qué pasó? —preguntó suavemente y Emiko sonrió con tristeza, sentía como si estuviera hablando con una especie de madre, la suavidad con la que Kurenai la estaba tratando era algo totalmente nuevo. ¿Tan mal se veía?

— Hoy fui a cenar con él y conversando me di cuenta de que... —hizo una pausa, no tenía caso esconder nada, Kurenai había ido a la capital y debía saberlo todo por Asuma. — Iwashi solo quería salir conmigo porque su familia lo está presionando para que se case y tenga familia... él pensó que yo era una buena opción porque dijo que una mujer como yo no podría aspirar a algo mejor. —Kurenai sintió enojo contra el shinobi. — Iwashi averiguó sobre mi vida en la capital y pensó que alguien como yo aceptaría un matrimonio con un ninja tan respetable como él solo porque si... —entonces sonrió amargamente.

En ese punto Kurenai supo que Emiko no estaba bien, nada bien.

— Hay algo más, a parte de lo de Iwashi, ¿Verdad?

Emiko miró a la mujer de ojos color rubí y asintió.

— Me acosté con Kakashi en mi última misión, le dije que fue porque de otra forma me daría hipotermia pero sé perfectamente que lo hice porque me gusta y pensé que podría con ello porque creí que ya lo había superado y que podríamos tener algo casual sin sentimientos de por medio... pero desde entonces él solo me pregunta si podemos repetirlo y yo no... no quiero ser solo un objeto sexual para él...

Aquello era demasiada información para la usuaria de genjutsu, pero supo que Emiko aún necesitaba desahogarse más.

— Iwashi me dijo que yo no sabía lo que era el amor... pero sabes, Kurenai... hubo un hombre que conocí hace algunos años y estoy segura de que me amó tanto como lo amé...

— ¿Qué sucedió con él?

— Él era un objetivo que debía vigilar y obtener pruebas de sus crímenes... era bastante mayor que yo, Arata-san... con él olvidé crear un personaje y me presenté como yo misma... y me propuso tener una familia y envejecer juntos... pero yo lo entregué, cuando la mensajera fue por las pruebas, no dudé en darlas porque pensaba Arata-san no hablaba en serio... pero unas semanas después supimos que yo estaba embarazada y... — Emiko alzó la vista y sonrió.— Y el se puso feliz, me dijo que teníamos que casarnos de inmediato y comenzó a buscar nombres... pero la guardia del señor feudal llegó y lo arrestó, rebelando que fui yo quien estaba encargada de vigilarlo y atraparlo... pero a pesar de saberlo, no me gritó, ni me repudió... me miró con una amable sonrisa y me dijo que estaba bien, que cuidara bien de nuestro bebé...

Por fin la chica se quebró y unas gruesas lágrimas cayeron de sus ojos.

— Cuando regresé a la capital se dieron cuenta de inmediato de mi estado... mi sensei me dijo que no podía tener al bebé porque las mujeres de Kouka Toki no podían ser madres... me dijo que habían cometido una grave omisión al no ponerme un dispositivo de control natal desde que llegué...entonces yo dije que me iría y tendría a mi bebé... pero esa noche... Oba-san y otras sirvientas llegaron a la habitación, donde me pusieron a dormir y... lo perdí... yo acababa de cumplir veinte años...

Kurenai se puso de pie y se dio prisa por llegar hasta la chica para abrazarla por un largo rato, pero cuando empezó a sonar el agua hirviendo de la estufa, le dio un poco de espacio y fue a apagar el fuego.

— ¿Por qué te quedaste ahí? —le preguntó mientras le daba un pañuelo para que pudiera limpiarse un poco.

— No tenía otro lugar a donde ir... y mi sensei me dijo que todas habían pasado por ese error de enamorarse de un objetivo pero que yo no podía anteponer mi felicidad a la seguridad de todo el país... me dijo que aún si ella me ayudaba a escapar, que mis compañeras irían tras de mi y que nunca podría vivir en paz. —su respiración se calmó un poco. — Mi sensei vio que no estaba bien, por lo que me dejó vivir en su pequeña casa fuera del palacio... gracias a eso Genma pudo encontrarme y... —suspiró. — De alguna manera lo usé para superar esos momentos tan difíciles... saber que él estaría para mi fue lo único que me mantuvo con vida... pero siempre supe que era egoísta porque no lo amaba y me aproveché de su amor por mucho tiempo... por eso soy tan feliz de que haya encontrado a alguien que lo ame tanto como se lo merece...

— Supongo que lo sucedido con Iwashi abrió viejas heridas en ti, ¿No?

Emiko negó pero le dio las gracias al recibir una taza de té.

— Ya había dejado de pensar en Arata-san y en esos tiempos del Kouka Toki, estar en Konoha me da mucha paz y convivir con los genin me hace muy bien, verlos ser tan alegres y deseosos de mejorar... —talló uno de sus ojos para limpiar las lágrimas. — Pero me da tristeza darme cuenta de que no puedo olvidar a Kakashi mientras esté cerca de mi... y no quiero volver a ilusionarme porque sé que él no podría amar a una mujer cómo yo... cuando le conté que Tsunade-sama me operó para que pueda volver a tener hijos se molestó conmigo, me dijo que no entendía cómo podía querer tener un hijo cuando ya había perdido a uno... entonces supe que él me veía como una mujer insensible... y quise mantener esa imagen ante él, de una mujer fuerte que no puede herir y que ya lo superó.

— Kakashi es una persona un poco complicada pero no creo que te vea como una mujer insensible, creo que solo no es bueno expresando sus sentimientos...

Pero la otra chica negó.

— Él es errático, a veces es amable, a veces es hiriente... me estresa no saber qué esperar de él... y prefiero no volver a relacionarme con él.

Kurenai estaba sentada a un lado de la chica y no pudo evitar un suspiro que escapó de sus labios.

— ¿Qué piensas hacer? —preguntó la mujer de ojos color rubí mientras posaba sus manos sobre la mesa de madera y jugaba con un poco cubo de azucar que no colocó en su propia bebida caliente.

— Me tengo que mudar.

El silencio las cubrió mientras bebían sus tés calientes. Si alguien le hubiera dicho que compartiría un momento así de íntimo con Emiko Ryuzara hubiera pensado que era una broma de mal gusto. Cuando iban juntas en la academia nunca se hablaron pues Emiko no solía participar en los juegos o juntarse con ellos en el receso ni en la salida, por lo que no le prestó mucha atención hasta cierto día.

— Ella siempre está persiguiendo a Kakashi, ¿No? —preguntó Rin y Yuhi miró en la dirección que señalaba a una niña de su edad que abrazaba un termo y observaba a lo lejos la práctica que Kakashi estaba teniendo con Gai.

— Tal parece, ¿Eso no convierte a Ryuzara en tu rival? —preguntó inocentemente Yuhi pero le sorprendió al ver que Rin negaba.

— Kakashi es quien debe elegir a quien le dará su corazón, solo me queda dar mi mejor esfuerzo tal como ella. —entonces el profesor llamó a Rin para pelear, por lo que dejó sola a Yuhi quien vio como Kakashi terminaba su encuentro y rechazaba lo que la chica le ofrecía, pero en vez de rendirse, ella lo seguía de cerca y al parecer lo hartó porque el niño le arrebató el termo sin mucha delicadeza. La pequeña Kurenai pensó que la chica gritaría de felicidad o se colgaría del peligris, pero no pasó así, en cuanto la chica tuvo la manos vacías se marchó de regreso a la fila para esperar su turno para pelear.

Pero lo que más le sorprendió fue notar que Kakashi no se marchó como habitualmente hacía al terminar los combates, sino que se tomó la molestia de esperar a que Ryuzara pasara a pelear y cuando Asuma barrió el piso con la chica, Kakashi le ofreció la mano para que pudiera ponerse de pie, le regresó bruscamente el termo y ahora si se marchó.

Por eso pensó que había un vínculo importante entre Kakashi y Emiko, así que cuando Rin le contó que se había hecho amiga de Emiko Ryuzara, Yuhi le dijo que era una mala idea, porque no quería que Kakashi rompiera el corazón de su amiga; por lo que se dedicó a detestar a aquella chica tan poco sociable.

Aquel recuerdo le dio risa a Kiurenai por su propia ingenuidad infantil.

— Yo pienso que primero deberías conversar con Kakashi... al final de cuentas son colegas shinobi, tendrán más misiones juntos... sería mejor que puedan estar en paz, dejando las cosas claras. De otra forma, por más que te mudes a otro lugar, todo comenzará de nuevo cuando lo vuelvas a ver. —dijo Kurenai mientras su mirada se perdía en la blanquitud del techo.

— Supongo que tienes razón. —respondió Emiko con la taza entre sus manos, aquel té y la compañera de la otra mujer lograron tranquilizar su espíritu.

— Y si me permites ser honesta, no eres la única confundida... —sonrió.— Vi cómo Kakashi te miraba en el viaje a la capital, así que puedo apostar que es tan errático porque no ha sido honesto consigo mismo sobre lo que quiere cuando se trata de ti.

Emiko asintió y miró el reloj que colgaba de la pared del comedor.

— Te agradezco que me escucharas, Kurenai... ya tomé mucho de tu tiempo...

— Yuhi... puedes usar mi nombre si quieres. —dijo la otra mujer, a lo que Emiko sonrió. — Y no te preocupes, no diré nada.

— Puedes contarle a Asuma si lo deseas... no tengo problema.

Pero Yuhi Kurenai negó.

— Tus compañeros de equipo no saben sobre tu bebé, ¿No?

— No lo saben, nunca tuve el valor de hablar de ello. —bebió de un sorbo lo que restaba de su bebida.

— Entonces omitiré esa parte, lamento que tuvieras que pasar por eso.

Ambas mujeres se vieron a los ojos y no necesitaron decir algo para saber que una pequeña camaradería había surgido entre ellas.

.


.

Al día siguiente cuando Emiko llegó a su turno de vigilancia a medio día se enteró de que Kakashi fue enviado a una misión en la madrugada, por lo que se sintió muy tranquila cuando en la tarde caminaba sobre el centro de la aldea y visitó un local donde las personas que vendían o rentaban bienes inmuebles en la aldea se anunciaban y daban informes. Al entrar al local pudo ver algunas casas muy lindas y tomó un par de pergaminos de casas que estaban al alcance de sus ahorros y que le gustaron mucho.

En cuanto salió del local, una enérgica voz la llamó.

— ¡Ryukara-sensei! —la mujer giró en dirección a la voz y vio a Rock Lee llamarle mientras agitaba una mano, a su lado iba un contento Gai. Sonrió al recordar que desde ese día algunos de los gennin la empezaron a nombrar como una sensei.

— ¿Cómo sigues, Lee? —le preguntó refiriéndose a algunos golpes que obtuvo durante los enfrentamientos amistosos que siguieron a la comida de la semana pasada.

— Como nuevo, aunque debo admitir que no esperaba que los insectos de shino pudieran tomar la forma de una mano gigante... —comentó el chico mientras rascaba su nuca. Emiko estaba muy de acuerdo con eso, nunca había visto a un usuario de Kikaichu del clan Aburame hacer un uso tan grande y preciso de sus técnicas, definitivamente Shino Aburame merecía un rango mayor que gennin.

— ¡La flor de la juventud es fuerte y florece en mi adorado pupilo! —exclamó Gai y los dos chicos se abrazaron, por lo que Emiko decidió no interrumpirlos y continuar con su camino pero entonces el mayor regresó su atención a ella. — ¿Buscas un nuevo lugar para vivir?

Emiko sintió un pequeño escalofrío, Gai era muy cercano a Kakashi, pero eso no debía afectarle, era su decisión donde vivir.

— Sí, ya que tengo conmigo mis ahorros pensé en comprar algo propio, tu sabes, para que ya no lo descuenten de mi nómina.

Lee y Gai asintieron.

— ¡Es una buena idea! —festejó Lee. — Oh, nosotros venimos de entrenar y vamos a cenar, ¿Nos quisieras acompañar?

La chica estuvo a punto de negarse, pero Gai la tomó de un brazo y Lee del otro.

— No aceptaremos un no... ¡El poder de la juventud debe ser fuerte en Ko-chan! —exclamó Gai y la chica sonrió.

— De acuerdo, igual voy saliendo de mi turno y tengo un poco de hambre. —dijo mientras guardó los pergaminos dentro de su portashurikens y caminó escoltada por los dos caballeros de verde vestimenta hasta el restaurante de BBQ.

Fue una velada agradable, pues a pesar de las exóticas expresiones y gritos que los dos hombres dejaban escapar, Emiko se rió de sus ocurrencias y sintió que su cuerpo se recargaba de energía y volvía a ser ella misma, quizás solo necesitaba divertirse un poco para despejarse y dejar de lado sus preocupaciones por un rato.

Cuando por fin terminaron de cenar y brindar con sodas, los dos adultos llevaron a Lee a su casa y se encaminaron al edificio donde vivía ella.

— Gracias por la cena Gai, la próxima vez invito yo. —comentó la mujer mientras caminaban bajo el alumbrado público al ya estar el cielo totalmente oscuro.

— No es nada, mis chicos me hablaron mucho de ti, al parecer se divirtieron mucho el otro día... y por eso estoy muy agradecido contigo, Ko-chan.

— No hice nada relevante, solo ayudé a las chicas que querían aprender a cocinar y pensé que una comida entre amigos sería una buena ocasión, no es para tanto, Gai... —dijo ella pero el shinobi negó con la cabeza.

— Desde que Naruto se fue todos los chicos empezaron una especie de carrera por mejorar, en particular mis chicos me han pedido que aumente el grado de dificultad y tiempo de sus ejercicios, se han estado exigiendo tanto que empecé a preocuparme por que se olvidaran de disfrutar su juventud... pero cuando me contaron de la reunión que tuvieron y de lo bien que se lo pasaron, solo pensé en agradecértelo... —la seriedad con la que Gai dijo aquello conmovió a la chica, quien no pensó que podría incidir de esa manera en los chicos. — Además Tenten no deja de hablar de ti, me temo que podría molestarte un día de estos con que la ayudaras a entrenar...

— Para mi sería un placer entrenar a tu alumna, Gai, Tenten-san tiene mucho potencial... —de pronto una duda la asaltó pues recordó la discusión que tuvo con Asuma cuando fue a una misión con Ino. — ¿No te preocupa lo que yo podría enseñarle?

— No me preocupa, sé que todo lo que le enseñes le será de utilidad, eres una ninja respetable... Tsunade-sama y Kakashi siempre hablan de lo buenos resultados que obtienes.

Emiko le sonrió agradecida a Gai.

— Gracias, yo también creo que eres un gran ninja Gai, quizá hasta mejor que Kakashi... —lo último lo dijo en un susurro pero el hombre lo escuchó y gruesas lágrimas empezaron a correr por su rostro.

— ¡Desearía que mi eterno rival Kakashi lo escuchara! Esta es una victoria a mi favor...

Y Emiko sonrió mientras pensaba que no importaba lo mal que estuvieran las cosas, ya no dependía solo de Genma y Asuma, sino que siempre habría personas amables como Yuhi o Gai para animarla.

Por primera vez desde que murieron Rin y Obito sintió volvía a hacerse de nuevos amigos.

Ya no se sentía sola.

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Continuará


¡Gracias por leer!

Este capítulo nuevo lo subo para celebrar el cumpleaños de Kakashi Hatake, el husbando supremo y ninja más sexy de toda Konoha.

Por fin estamos cerca de terminar el primer arco de esta historia, agradezco mucho a todas las personas que leen y de verdad, los invito a dejar un review para saber si les ha gustado la historia.

Muchas gracias por su apoyo.

15 de septiembre del 2021