Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.

Advertencia: Kakashi X OC.


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Capítulo 20

Última oportunidad

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Kakashi jamás hubiera imaginado que su incapacidad de cuidar de sus gennin y evitar que pelearan fuera a tener un costo tan caro. Él sabía mejor que nadie todo lo que Emiko había sufrido en su infancia por las demandas de su padre sobre ser un ninja fuerte, pero ella no se rindió y consiguió obtener habilidades que la quinta Hokage valoró como últiles para la aldea.

Emiko Ryuzara era el último vestigio de su trágico pasado pero con el paso del tiempo se había ido volviendo en un presente interesante y necesario para el ninja copia.

Miró el reloj de la sala de espera del segundo piso y vio que era la media noche, suponía que lo mejor sería que durmiera un poco en aquel lugar. Los hospitales y su olor a antiséptico era una de las cosas que más detestaba pero, en esos momentos la advertencia de la Hokage de que no quería una explosión en el hospital fueron el mayor motivo para que decidiera quedarse ahí. Kakashi se quitó la bolsa de viaje con las pertenencias de Emiko y se acostó en las sillas acolchonadas de la sala de espera.

— Debe ser bastante incómodo dormir así.

Kakashi se levantó de prisa y empuñó un kunai al ver a la mujer de dorados cabellos que se había encontrado hace algunos días, cuando el equipo de Emiko regresó de su misión. Se reprendió así mismo por no haber sentido llegar su presencia pero se dio cuenta de que si no fuera porque la mujer estaba frente suyo, pensaría que estaba solo, no era posible detectar su firma de chakra.

— ¿Quién eres?

La mujer bajó el abanico de plumas de pavo y tomó asiento frente al peligris.

— La mujer que custodias me llama Midori-sensei.

Kakashi no bajó la guardia, que esa mujer se encontrara en Konoha la hacía altamente sospechosa de la explosión reciente.

— ¿Cómo lograste entrar a la aldea? No hay registros de una visita oficial de parte de personal del palacio Feudal.

— Tristemente ya no trabajo para el señor Feudal, por lo que vine en condición de civil, más en concreto como una hermosa comerciante de telas finas. —movió una parte de su traje para resaltar el punto.

— ¿Fuiste tu?

— No, en realidad vine a prevenirla, pero al parecer esa misión la dejó fuera de combate por más tiempo del que esperaba.

Kakashi no confiaba en esa mujer, pero le daría el beneficio de la duda por ahora, así que bajó su kunai y se sentó sin bajar la guardia.

— ¿Quién está detrás de ella?

— Definitivamente Soujiro-dono, ese bribón se quedó bastante molesto de que Emiko se escapara de entre sus manos, era cuestión de tiempo para que hiciera un trato con Konoha para tenerla de regreso en sus manos.

— ¿Un trato con Konoha?

La mujer sonrió y Kakashi pudo ver con detalle el rostro de la mujer, su perfil era afinado pero empezaban a notarse algunas arrugas por la edad, sus ojos verdes enmarcados por delineador negro lo miraban con intensidad mientras un color rojo intenso en los labios dibujaba una sonrisa torcida. Sin duda era hermosa y había algo en su postura que le recordaba a Emiko... ¿Así que esa mujer era quien la había vuelto un gran ninja? Debía irse con cuidado, no sabía cuales eran sus intenciones.

— Te diré todo lo que necesitas saber a cambio de que me dejes hablar con ella.

— Dime lo que tengas que decirle y retírate, mujer. —dijo Kakashi con molestia.

Ella abrió el abanico y cubrió su rostro pero el shinobi notó que se borraba la sonrisa de su rostro.

— Necesito de su ayuda y la única manera de que me vaya con las manos vacías es que ella no quiera ir conmigo.

— Emiko no irá a ningún lado, está en su hogar.

La mujer abanicó su rostro y asintió.

— Lo sé, pero la crié como una hija, me dediqué a ella con todo lo que tenía para formar a la mejor kunoichi que el país del fuego pudiera tener... la moldee a mi imagen y semejanza, le di belleza, un objetivo por el que vivir... pero ustedes, ninjas de Konoha, solo conocen el salvajismo, la fuerza bruta y la guerra... ver a mi creación favorita volver inconsciente y bañada en sangre me duele, ustedes no la valoran como nosotros.

— Su amo Kouji no piensa lo mismo.

— Él está confundido, pero cuando mi amado señor vea que no puede huir de su lugar en el mundo, asumirá su papel como nuestro señor Feudal y te prometo que los problemas de Emiko con la capital se terminarán.

— Emiko es joven y hermosa, ¿No temes que su amado señor te deje por ella, que es más joven que tu?

La mujer dejó escapar una pequeña risa.

— Ninja de Konoha, ustedes son tan anticuados... la poligamia es algo natural y hasta disfrutable, sé que mi juventud va en declive y que los hombres tienen deseos por la piel joven, pero tengo una misión con el país del fuego y no pienso rendirme hasta saber que Kouji-sama asume su deber divino.

Kakashi frunció el ceño mientras levantaba su bandana ninja revelando su sharingan.

— Podrás hablar con ella pero hasta el momento en que yo lo crea conveniente. —dijo el peligris. — Ahora dime quién de Konoha pactó con el señor Feudal.

— ¿Cómo puedo creer en tu palabra, ninja de Konoha?

— Porque no tienes nada más a lo que aferrarte, pero si no confías en mi la Hokage se encargará de que el equipo de inteligencia tome la información que necesitamos de ti.

La mujer negó con su abanico y miró fijamente el sharingan del hombre.

— No creas que sería tan fácil atraparme, no seré tan joven pero no hubiera venido si no estuviera segura de que puedo escapar... presentarme ante ti, Kakashi Hatake, es una prueba de mi buena fe... así que ahora quiero una prueba de tu parte.

— Tienes que convencerme de que eres de fiar, Midori-san.

La mujer bajó el abanico y su rostro se puso serio.

— Yo no quiero hacerle daño a Emiko, y si quisiera podría haberla matado en muchas ocasiones... ya sé, ella habló de ti cuando recién llegó a mis manos... te contaré algo interesante y entenderás que yo no soy su enemigo... —Kakashi no bajó la guardia pero escuchó atentamente. — Hace casi siete años Emiko regresó embarazada de una larga misión... en ese momento yo tenía el derecho de tomar su vida por negarse a terminar con el producto y revelarse a las ordenes que se le dieron como la herramienta que es. —la voz de la mujer era un susurro pero Kakashi la escuchó a la perfección. — Ella me suplicó que por lo menos dejara vivir al bebé, y que ella moriría después de dar a luz y... yo accedí porque me conmovió. Pensé en cuidar de su hijo y sacarla viva del palacio para que se marcharan lejos los dos... desgraciadamente mi vieja sensei, cuyas costumbres son más arcaicas que las mías, se encargó de dejarla inconsciente y de sacar el producto de su cuerpo, ocasionando graves daños al interior de su cuerpo para que no pudiera volver a concebir... eso fue demasiado cruel hasta para mi.

Kakashi sintió un escalofrío.

— Déjame usar el sharingan y sabré si puedo confiar en ti.

— De acuerdo, pero si no regreso en una hora a mi posada, un par de monumentos volaran en Konoha. —a pesar de estar serena, su semblante se oscureció al hablar.

Kakashi asintió y las aspas de su ojo rojo comenzaron a girar.

— ¿Tienes alguna queja, Midori? —preguntó la anciana que Kakashi conoció en la capital, se veía igual que como la recordaba.

— Pudiste haberme informado antes. —respondió la rubia con seriedad, los finos kimonos demostraban su alto estatus.

— ¿Para que la alertaras? —la anciana golpeó con su bastón a la rubia pero esta no se inmutó. — Todos saben que Emiko es tu favorita, es obvio que cuando se trata de disciplinarla te tiembla la mano, pero para eso estoy yo aquí, para arreglar tus errores Midori.

La rubia no contestó y dejó que la anciana se marchara seguida de dos chicas del grupo. Una vez estuvo sola en el pasillo de las habitaciones de su grupo, entró a una enorme habitación decorada ricamente y con telas preciosas.

— ¿Emiko?

Una versión más joven de Emiko estaba acurrucada en una enorme cama, tenía las piernas abrazadas por sus brazos y su rostro, todavía con rasgos de niña, estaba rojo y lleno de lágrimas.

— ¿Por qué no me mataron también...? —gimió la chica.

— Eres una herramienta que aún tiene mucho que hacer, lo lamento.

— Sensei... mátame por favor...

— ¿Por qué habría de concederte tal honor antes de tiempo? —Kakashi vio que la mujer mayor, a pesar de mostrarse firme, miraba con tristeza a la chica.

— ¿Qué le diré a Arata-san cuando lo vuelva a ver? Me pidió que cuidara del bebé...

— No vas a volver a verlo, Emiko... No tendrás que dar una explicación jamás a nadie, eres una guerrera sin nombre, sin rostro y sin identidad... entierra por tu bien ese amor que siempre fuiste consciente de que no podría ser ni en esta vida, ni es las demás.

El rostro de la joven emergió y Kakashi sintió que el corazón se le oprimía, jamás la había visto tan rota y vulnerable.

— No quiero vivir más.

Midori asintió mientras disimuladamente se limpiaba las lágrimas.

— Bien, cumpliré tu deseo... pero morirás cuando yo te lo ordene... ¿Bien? —la joven asintió. — Y ese momento llegará luego porque ahora te vas a levantar, vas a convertir ese dolor en rabia y vas a demostrarle a esa anciana que la próxima vez que te ponga un dedo encima, la vas a matar.

Emiko abrió los ojos con gran sorpresa pero pronto asimiló las palabras y asintió.

— Imagino que jamás querrás volver a ver a tus compañeras, malditas traidoras... así que cuando te sientas mejor eres libre de mudarte a mi casa que está en las afueras del palacio, estarás más cerca de la anciana pero ella no se meterá contigo mientras cumplas con tu trabajo, ¿entendido?

— Sí, sensei... gracias.

— Bien, ahora... —la voz de la mayor titubeó. — Lamento no haber llegado a tiempo, Emiko.

La joven pelinegra asintió mientras Midori le acercaba un frasco de pastillas.

Kakashi salió de los recuerdos de la mujer y se vieron fijamente.

— ¿Suficiente?

El shinobi no dijo respondió de inmediato, pero se llevó una mano a la cabeza.

— Son casi la una de la mañana... búscanos después del atardecer y, si está despierta, podrás pasar con ella.

La rubia asintió y se puso de pie, parecía lista para irse pero volteó a ver al shinobi.

— ¿Ella te gusta, verdad?

— ¿Qué te hace pensar eso?

— Porque te dolió verla así por culpa de otro hombre.

— No es así. —mentía pero no le daría esa satisfacción a la mujer.

— Cómo digas, ninja copia.

Una vez que la mujer desapareció por fin Kakashi pudo relajarse, y se quedó pensando en lo que había visto, pero por primera vez en mucho tiempo se sintió realmente cansado por lo que hizo los sellos para invocar a sus perros.

— ¿Qué necesitas, Kakashi?

— Necesito dormir chicos, ¿Podrían cuidar de Emiko por esta noche?

Los perros empujaron con su hocico la puerta y empezaron a entrar a la habitación. Kakashi sabía que no era lo más higiénico tomando en cuenta que estaban en un hospital, pero no quería correr el riesgo a que algo más sucediera.

— Avísenme si despierta.

— Entendido, Kakashi... ¿Puedo dormir en su cama? —preguntó Pakkun mientras era el último en entrar.

El peligris asintió.

— Solo no la molesten.

El perrito café asintió y cerró la puerta tras de sí, solo entonces Kakashi se recostó en las sillas y durmió.

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A primera hora de la mañana, Kakashi Hatake despertó cuando sintió una presencia conocida acercarse a él.

— ¿A qué hora fue tu última comida, Kakashi?

Genma se sentó a su lado y el peligris despabiló.

— Quizás ayer al medio día.. —murmuró con voz ronca, pero entonces el otro shinobi le ofreció un bento. — No tenía idea de que fueras tan atento, Genma.

— Cállate Kakashi, le pedí a Kana-san que hiciera un almuerzo extra.

El peligris lo tomó y sintió que el hambre también despertaba en su estómago. Sin decir más, el peligris comenzó a comer pero se quedó congelado al sentir al sabor salado del arroz.

— ¿Delicioso, no? Kana cocina como un ángel.

kakashi no se quejó, al final de cuentas agradecía el gesto pero pensó que sin duda Emiko tenía un mejor sazón... Genma debía estar realmente enamorado de Kana para no notar nada. Deprisa se acabó el bento y dio las gracias por él.

— ¿Por qué no vas a cambiarte? Asuma debe llegar pronto, nosotros le daremos la noticia si despierta.

El peligris asintió y se puso de pie.

— En esta bolsa están las únicas pertenencias de Emiko que pude salvar, haría falta conseguirle unas botas para que pueda salir del hospital. —le entregó la bolsa de viaje y al ponerse de pie se ajustó la ninjato de su padre en la espalda. — También hay una mujer rubia que quiere hablar con Emiko, ella dice que no es la causante de las explosiones pero de cualquier forma no dejen que se acerque a Emiko antes de que sepa todo sobre su brazo.

— ¿Por qué?

— La mujer dice que es la maestra de Emiko... —Genma abrió los ojos con sorpresa. — Y quiere que Emiko vaya con ella a la capital.

Genma chasqueó la lengua.

— Emiko no querrá ir... ni quiero que vuelva a poner un pie ahí... — apretó los puños con fuerza.

— Basta con que no la dejen sola ni un segundo, iré a cambiarme y regresaré.

Genma asintió y mientras el peligris salía en dirección a la torre, el castaño entró a la habitación de la chica y cerró la puerta tras de sí.

Kakashi llegó a las instalaciones secretas de ANBU, se dio un baño rápido y pronto pudo cambiarse con algunas de las prendas que guardaba en su locker personal. Por suerte tenía un chaleco jounnin de repuesto y una vez más fresco, invocó a un clon y le dio la orden de ir a preparar la habitación de invitados y la suya en su vieja casa para que estuviera un poco más habitable cuando llegara con la ninja.

— ¡Kakashi-sensei! —Sakura salió del hospital a su encuentro, se veía preocupada.

— ¿Sucedió algo?

— Asuma-sensei no me dejó pasar a ver Emiko-san pero las enfermeras me dijeron que ya despertó.

Oh, Kakashi supo que debían estarle explicando la situación a la kunoichi.

— No te preocupes, Sakura... iré a ver cómo están las cosas, pero ve a casa, podrás verla pronto.

La chica dudó un poco pero terminó accediendo, de manera que Kakashi se dio prisa en llegar a la habitación en el segundo piso. Cuando llegó, vio a Asuma y Genma fuera de la habitación conversar en voz baja y con las cabezas juntas, pero pronto se dieron cuenta de su presencia y lo miraron.

— ¿Qué dijo? —preguntó el peligris.

— No lo tomó muy bien. —Genma fue el primero en hablar. — Quiere estar sola.

— Pero su médico ya la dio de alta así que nos están pidiendo que ya desocupemos la habitación. —Asuma sonrió un poco. — No le hemos dicho que se quedará contigo, pensamos que que te gustaría darle la buena noticia.

Kakashi sospechaba que si los compañeros de toda la vida de Emiko no habían sido capaces de decirle todo, significaba que ella debía estar bastante molesta.

— Bien, es hora.—dijo Kakashi mientras sujetaba el picaporte

— Cien yenes a que lo lanza por la ventana. —se escuchó la voz de Genma.

El peligris respiró profundamente mientras entraba a la habitación y veía a la chica sentada en la cama mirando por la ventana.

— No estoy de ánimos para lidiar contigo, Kakashi... —murmuró ella con voz bastante desanimada.

— De acuerdo, esperaré aquí hasta que quieras escucharme. —y se sentó en una silla cerca de la puerta, donde esperaba la bolsa de viaje con las pertenencias de Emiko.

La vio fijamente y notó que tenía el brazo derecho totalmente cubierto de vendas e inmovilizado con un cabestrillo. Su cabello negro y largo estaba revuelto y seguía vistiendo la bata del hospital; su rostro en cambio estaba completamente serio, sus ojos estaban cerrados y tenía el ceño ligeramente arrugado, mientras sus labios estaban apretados en una línea.

— Habla y vete, por favor. —respondió ella luego de unos segundos, su postura encorvada le entristeció.

— Tres cosas... primera... tu departamento volvió a explotar y esta vez no quedó mucho que rescatar. —Kakashi decidió que debía tratar a Emiko como la adulta que era, no podía suavizar las cosas pero si podía estar ahí para apoyarla.

Ella suspiró.

— Entiendo... ¿Qué más?

— La Hokage te ha puesto bajo mi custodia hasta que encontremos a los responsables de lo sucedido con tu departamento.

— ¿Es una broma? —preguntó sin abrir los ojos.

— Me temo que no, y cómo tus médicos ya te dieron el alta, debemos movernos pronto a tu nuevo hogar.

La chica llevó su mano izquierda hasta su frente, donde masajeó un poco sus sienes, al parecer aquello era demasiado abrumador para ella.

— ¿A dónde iremos?

Kakashi se sintió optimista al escuchar la pregunta, al parecer no cuestionaría el que tuvieran que estar juntos.

— A la casa que dejó mi padre, un clon ya debe estar dejando el lugar listo para tu llegada.

— Kakashi... —ella lo llamó con un tono bastante seco. — No pienso pasar ni un minuto a tu lado.

El shinobi sonrió.

— Es una orden directa de Tsunade-sama, ninguno de los dos tiene otra alternativa. —tenía que ser tajante pero quizá si le daba después un poco de espacio a la chica, ella podría volver a ser la misma de antes.

El silencio los envolvió.

— Vete, quiero vestirme sola.

Kakashi se puso de pie.

— Si necesitas ayuda puedo llamar a una enfermera.

— Sólo vete, Kakashi... haré simple el trabajo que te dio Hokage-sama pero no pienso convivir más de lo necesario contigo.

El peligris asintió y antes de salir le dejó sobre la cama la mochila con su ropa, pero titubeó antes de salir; no le había contado el tercer tema sobre su sensei buscándola. Pronto salió de la habitación, donde ahora junto a los compañeros de Emiko se encontraba Kurenai.

— Va a vestirse para marcharnos pronto. —anunció.

Asuma asintió.

— Un consejo Kakashi... si Emiko se queda en silencio absoluto es porque algo no anda bien. —Genma alzó su dedo índice. — Pero no la presiones o se enfadará... tiene un carácter bastante terco si se lo propone.

— ¿Ella tiene un pasatiempo que pueda hacer mientras se recupera un poco más? —preguntó Kurenai, Kakashi notó que tenía entre sus manos un par de botas.

— Suele leer de todo un poco. —el ninja sembon explicó. —También la cocina, pero creo que por su brazo no podrá hacerlo en un tiempo.

— Le llevaremos algunos libros... —avisó Asuma y Yuhi asintió.

— ¿Podrías conseguirle algo de ropa, Kurenai? —Kakashi sacó su billetera y le entregó un poco de dinero a la mujer. — Yo no sabría elegir las tallas correctas.

— Está bien, iremos a conseguirle algunas cosas. —la mujer de ojos rubí miró a su novio, quien asintió.

De pronto el ruido de metal golpeando el piso los puso alertas, el primero en entrar fue Genma, quien cuando vio a la chica sola en el piso corrió arrodillarse a su lado.

— ¿Estás bien? —preguntó el castaño pero la chica negó. Asuma, Kurenai y Kakashi se quedaron en la puerta buscando invasores o alguna amenaza.

— No puedo quitarme la bata... —se quejó ella con voz seca. — Traté de sostenerme del tripié del suero y lo derribé conmigo.

— ¿Podría ayudarte...? —se ofreció Kurenai pero la chica volvió a negar mientras se aferraba al pecho de Genma y comenzaba a llorar.

— Yo la ayudo... —dijo Genma mientras la cargaba para ayudarla a ponerse de pie.

Kakashi estuvo a punto de quejarse cuando Asuma lo sujetó de un brazo para sacarlo de la habitación, Kurenai dejó las botas en la silla junto a la puerta y cerró al salir.

—¿No sería mejor que una mujer lo hiciera? —dijo molesto el peligris.

— Ellos se entienden bien, Emiko confía en Genma. —contestó Asuma.

— Pero no es correcto, si la pareja de Genma se entera que vio a otra mujer desnuda...— argumentó Kakashi pero Asuma negó.

— De cualquier forma han tenido una relación demasiado íntima como para que haya pudor entre ellos, además Genma la respeta y no hará nada que dañe su relación con Kana-chan...

La suave risa de Kurenai obtuvo que los dos hombres la miraran.

— Pareces un poco celoso, Kakashi...

El peligris suspiró.

— No puedo decir que la quiero... —sintió la garganta seca por vocalizar aquellas ideas. —Pero estoy dispuesto a hacer las cosas bien para no tener más arrepentimientos en el futuro.

— Supongo que eso es suficiente. —Asuma sacó un cigarrillo y lo puso en sus labios aunque no lo encendió por estar en el hospital. — Buena suerte, Kakashi, cuentas con todos.

Kurenai asintió.

— Ella va a necesitar mucho apoyo en estos momentos tan difíciles, va a significar mucho para ella tenerte a su lado... así que no puedes ser un idiota desconsiderado.

— Haré mi mejor esfuerzo.

Un rato después, cerca del medio día, Emiko salió del hospital seguida de cerca de sus dos amigos así como Kurenai y Kakashi, quien notó que la chica llevaba colgada cruzada su bolsa de viaje y se aferraba a ella.

— Menos mal que depositaste tu dinero en el banco... —decía Asuma mientras avanzaban a paso medio por la soleada aldea.

— Sí, supongo que no todo está perdido. —Emiko se detuvo en seco cuando dos jóvenes llegaron hasta ella, eran Neji y Tenten.

— ¡Ryuzara-sensei! — Tenten la llamó y corrió hasta llegar frente a ella. — Es genial verla fuera del hospital, ¿Se siente mejor?

— Así es... —puso una mano en la cabeza de la chica para agradecer su saludo. — ¿Todos llegaron bien, Neji?

El chico asintió.

— Sakura y yo estamos bien, entregamos el informe a la Hokage, la chica ya está de vuelta con su familia, me pidió que le dijera que estaba muy agradecida por rescatarla.

Kakashi notó cómo los labios de la chica se curvaron en una pequeña sonrisa que le dedicó a los dos gennin.

— Íbamos al hospital a visitarla... ¿Podríamos visitarla en su casa cuando haya descansado un poco? —preguntó un poco tímidamente la chica de cabellos castaños.

— En estos momentos me voy a mudar a un sitio nuevo... y no sé si acepten visitas ahí pero...

— No hay problema, pueden ir cuando quieran. —Kakashi la interrumpió. — Pueden preguntar la dirección de mi casa a Gai e ir cuando quieran.

— ¿Viven juntos? —preguntó Neji y Tenten se sonrojó.

— Así es. —respondió Kakashi mientras llegaba al lado de Emiko, pero ella se alejaba de él y negaba.

— Son órdenes de Hokage-sama, no hay otra clase de relación entre nosotros.

Neji asintió comprendiendo la situación.

— No los detenemos más tiempo, ¿Está bien si les aviso a las chicas donde se quedará? —preguntó Tenten.

— Sí, adelante. —respondió Emiko mientras los chicos se despedían.

— Te has vuelto bastante popular entre los chicos... —Asuma iba fumando un cigarrillo. La sonrisa en el rostro de Emiko desapareció y regresó su semblante serio.

— Son buenos chicos... —musitó ella mientras retomaban el camino.

Pronto llegaron a la casa del peligris, donde un clon de él los recibió en la puerta.

— Las habitaciones están listas... —anunció y desapareció.

— Supongo que ahora quedas en manos de Kakashi... —Genma se rascó la nuca. — Si necesitas algo no dudes en avisarme, ¿si? Vendré de inmediato... —el castaño le dio un apretón en su mano izquierda y ella sonrió ligeramente.

— Claro. —fue la seca respuesta de la chica.

— Nosotros también nos retiraremos, pasaremos más tarde con algo de ropa y cosas para tu higiene. —dijo Asuma para luego dar una calada a su cigarro.

— Estarás segura con Kakashi, dudo que alguien quiera meterse con el ninja copia. —Yuhi le sonrió a la chica y Emiko asintió.

— Gracias por todo... lamento haber reaccionado tan mal hace rato.

Genma negó.

— Vamos a salir de esta, Emiko, no es el fin. —y le dio un beso en la frente. — Nos vemos.

Y los tres compañeros ninja se marcharon dejando a Emiko y a Kakashi en la entrada de la casa.

— ¿Tienes hambre? —preguntó el peligris cuando entraron y Emiko vio todo el lugar estar oscuro, lleno de polvo, telarañas y hasta moho en el piso y las paredes. Algunas veces estuvo en ese lugar cuando Sakumo cuidaba de ella porque sus padres salían de misión pero no pudo reconocer ese lugar tan descuidado.

— No... ¿Dónde me quedaré?

— Tu cuarto es la última puerta a la derecha, ya sabes que la puerta del final del pasillo es mi habitación y el baño está frente a tu cuarto...

Ella asintió y caminó despacio hacía el sitio indicado y cerró la puerta detrás de ella sin darle la posibilidad a Kakashi de que agregara algo más. El peligris por su parte suspiró cansado y se quitó el chaleco ninja dispuesto a seguir limpiando ese lugar para volverlo un poco más habitable.

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Emiko entró a la habitación y solo vio un futón acolchonado en el piso y al lado una mesa baja para escribir sentada en el piso, del otro lado había un closet pequeño de madera. Era una habitación sencilla y muy tradicional pero era más grande que el cuarto que usaba en su departamento. Colocó su mochila de viaje sobre la mesa y se sentó junto a la mesa, donde sacó los medicamentos que le dieron las enfermeras y la foto de Arata. Si tan solo hubiera renunciado a ser una ninja en ese momento... si no hubiera entregado las pruebas que demostraron los negocios ilegales de ese hombre... su hijo tendría como cinco años y podría nunca haber dejado que Kakashi regresara a su vida. Si se hubiera quedado con Arata-san eventualmente hubiera ido a Konoha para contarle todo a sus amigos y hacerlos partícipes de su felicidad pero sabía que el Kouka Toki siempre la hubiera perseguido para matarla por desertar... ¿Acaso no tenía derecho a ser feliz? Sin embargo hizo lo correcto a ojos de sus superiores, cumplió con la misión, pero en contra de su voluntad perdió a su bebé y siguió trabajando por el bien de la nación del fuego... y todo para nada... para que Kouji-sama dijera que su trabajo no había significado nada.

Pero después tuvo a otro amo al que servir, la godaime la tomó bajo su protección y le dio un nuevo objetivo, servir y proteger a la voluntad de fuego. Y lo hizo, volvió a hacer todo lo que se le ordenó y ahora... miró su brazo inmovilizado. Le dolía tanto, a pesar de todos los medicamentos que estaba tomando sentía como el brazo le dolía cada vez que respiraba, tratar de moverse le generaba malestar.

El médico le había dicho que había sido sometida a una operación de emergencia cuando llegó, que su brazo estuvo recibiendo terapia con chakra regenerativo pero que desde ese momento tendría que trabajar en volver a hacer su brazo funcional, porque su movilidad había quedado reducida a un veinte por ciento... lo cual significó en palabras de Genma que "tendría que detener su carrera ninja de momento"

— ¿Por cuánto tiempo? —preguntó cuando sus amigos le contaron aquello.

— Tsunade-sama no lo sabe, una lesión como la tuya podría tardar meses o quizás más de un año en volver a ser medio funcional... y aún cuando eso ocurra, si vuelves a lesionarte ahí, podrías perder algo más que un brazo... sería un gran riesgo para tu vida que regreses como ninja.

Aquella fue la explicación que la dejó perpleja. Aún si volvía a pelear, su brazo sería una desventaja que un líder como Hokage-sama no podía permitir... Entonces... ¿Qué sigue? ¿Qué debe suceder con un arma rota? Toda su vida pensó que dejaría de ser ninja cuando muriera, nunca pensó en la posibilidad de ser una herramienta inservible que no puede cumplir con su objetivo.

Miró la fotografía chamuscada en las orillas. ¿Ese era el karma por todas las vidas que tomó? ¿Era indigna de tener una muerte en batalla y debía resignarse a ser una carga para los demás? No, desde que quedó huérfana Emiko vio por ella misma, y cuando murió Rin, Emiko cuidó de su abuela hasta que esta falleció en el ataque del Kyubi... Después en la capital se las ingenió para no ser una carga para Midori-sensei, entrenaba el doble de duro para ser reconocida, obedecía ciegamente y no necesitaba escuchar dos veces una orden. ¿Pero ahora qué seguía? ¿Vivir como un simple civil? ¿O regresar al trabajo y morir con honor?

Un par de golpes la sacaron de sus cavilaciones y alzo la vista.

— Adelante. —dijo con un hilo de voz y pronto apareció el dueño de esa casa con una bolsa de hielo y una jarra con agua.

— Pensé en traerte un poco de agua para tus medicamentos, además el médico dijo que necesitas ponerte hielo constantemente por unos días.

Ella asintió y el peligris ingresó a la habitación, puso la jarra en la mesa y le ofreció la bolsa de hielo, ante lo cual ella soltó la fotografía para tomar la bolsa.

— Así que saliste con ese hombre... ¿No era un poco mayor para ti?

Emiko dejó la bolsa de hielo en la mesa y con movimientos torpes metió la fotografía en la mochila de viaje.

— No es de tu incumbencia. —respondió mientras volvía a sujetar la bolsa de hielo y se la colocaba en el hombro derecho, fijó su mirada en la jarra de agua para evitar ver al peligris y esperar que se fuera, pero no lo hizo, se quedó de pie a su lado.

— Necesitas mover la bolsa o solo enfriarás una zona...

— Kakashi. —lo llamó.

— ¿Sí?

— La última vez dijiste que no había un "vínculo más íntimo entre nosotros" así que no tienes que tomarte estas molestias por mi, le diré a Tsunade-sama que cumpliste bien con tu misión pero déjame sola.

— No es una misión más, cambié de idea sobre ti. —para horror de la chica, se sentó en el suelo detrás de ella. — Y prometo que está es la última vez que cambio de parecer.

Emiko siguió sin verlo, no quería confiar en ese hombre... ya lo había hecho, ya le había dado lo mejor que tenía por muchos años, sus mejores sonrisas, sus mejores intenciones y a pesar de que nunca esperó nada de regreso, él la pisoteó siempre. No podía apoyarse en Kakashi porque la caída sería dura y no creía poder soportarlo, no porque ella era una herramienta atrofiada, en esos momentos no tenía nada para ofrecer, ni una sonrisa.

Porque Emiko le dijo una vez que si se detenía, no volvería a avanzar, y en esos momentos Emiko decidió que ya había tenido suficiente.

— Es tarde, Kakashi... —le dijo en un susurro. — En estos momentos ya no siento nada.

Miró la intensa mirada que el único ojo visible del hombre le dedicaba y que de pronto le sonrió.

— Eso está bien, no tienes que hacer nada más que descansar. —le quitó suavemente la bolsa de hielo y se la colocó un poco más abajo de su hombro del lado de la espalda.

Ella se quedó quieta en su lugar, sin apenas respirar y sintiendo en frío del hielo en su lesión pero el calor del pecho de Kakashi que estaba muy cerca a ella. Cómo él no estaba usando su chaleco jounnin, la tela de sus playeras era lo único que separaba sus pieles. Quizá en otro momento Emiko se hubiera sentido nerviosa o feliz, pero después de lo sucedido con Iwashi, solo podía pensar que era otro hombre que quería algo más de ella. Porque a Kakashi jamás le interesó conocerla como persona ni buscó acercarse por su propia iniciativa hasta que pasaron la noche juntos, así que para ella, él era igual a Iwashi o cualquier otro hombre.

— ¿Me contarías de la foto? —sintió el cálido aliento del shinobi en su nuca, pero lo ignoró totalmente.

Emiko Ryuzara se había ido por un momento solo para dejar en su lugar un cuerpo adolorido y roto.

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Por otro lado, Kakashi notó que la chica se tensaba cuando se sentaba tras de ella para ayudarle con el hielo, pero una mezcla de tristeza y enojo lo embargaron cuando su pregunta fue ignorada, aunque luego se movió para ver su rostro y notó que ella tenía la vista fija en un punto de la pared, y no reaccionaba.

— ¿Emiko? —la llamó por su nombre pero solo lo miró ausente. — Me estás asustando, di algo.

Pero ella no respondió.

— Sé que esto es difícil para ti, pero no es el final, vas a recuperar tu brazo y tendrás una vida funcional, quizá misiones menos peligrosas pero seguirás siendo independiente.

Silencio.

— Bueno, si no vas a decir nada... —Kakashi se puso de pie, colocó la bolsa de hielo en la mesa, le pasó una mano en la espalda y otra bajo sus piernas y la cargó para después acostarla en el futón, trató de acomodarle el cabello y después fue por el hielo y se arrodilló a su lado para colocárselo. — Si no dices nada, voy a besarte.

Esperaba un sonrojo o una mueca de disgusto, pero lo único que la chica hizo fue girar sobre su lado izquierdo, dándole la espalda.

— Solo vete. —ella dijo con voz queda.

Colocó la bolsa de hielo en el hombro de la chica y se puso de pie dispuesto a salir de la habitación.

— ¿Quieres que llame a alguien? ¿Genma? ¿Asuma?

Pero solo obtuvo silencio, así que se marchó un poco frustrado con la situación y continuó limpiando y haciendo más habitable esa casa que pasó tantos años olvidada.

.

Cerca del atardecer, unos golpes en la puerta llamaron su atención. Antes de abrir la puerta se limpió el sudor de la frente, sin duda aquella casa requería de demasiado esfuerzo para ponerla a funcionar.

— Traje ropa y comida. —comentó Kurenai cuando el shinobi abrió la puerta. — Recomiendo lavar la ropa antes de que la use por si tiene polvo y evitar una infección en sus heridas... si necesitas ayuda para cocinar puedo pedirle a Hinata-chan que venga a darte una mano.

— No, yo puedo hacerme cargo de eso, gracias Kurenai.

La mujer le entregó las cosas y se dio la vuelta para marcharse pero Kakashi decidió preguntar.

— Emiko dejó de hablarme y no responde a casi nada...

— Sólo dale su espacio, ha pasado por muchas cosas desde su pelea con Iwashi.

— Asuma me comentó que Iwashi le dijo cosas hirientes... ¿Qué sucedió?

La especialista en genjutsu vio al shinobi y se cruzó de brazos.

— Quería que Emiko se casara con él porque era bella y podría presumir ante sus compañeros ninja... así que ella lo rechazó y él se enfadó y le dijo que ella no sabía lo que era el amor... él averiguó de su trabajo en la capital y le dijo que lo mejor que le podía pasar esa casarse con él, que nadie más la querría con ese pasado.

Kakashi recordó la mirada ausente de ella y supo que tendría que ir muy lento con ella para volver a ganarse su confianza.

— Entiendo, gracias por decírmelo, Kurenai.

— Si sucede algo, no dudes en escribir, vendré de inmediato.

— Gracias.

La mujer se fue y Kakashi llevó la ropa a la vieja lavadora de la casa, cuando la puerta volvió a sonar y pensó que Kurenai había olvidado algo, pero se sorprendió de ver a la hermosa rubia del día anterior.

— Buenas tardes, Kakashi-san... ¿Puedo pasar?

Kakashi se quitó de la puerta para dejarla pasar y después cerró la puerta. Vio como la mujer hacía un gesto de desagrado al ver el pésimo estado en que todavía se encontraba la casa.

— Tengo que estar presente si piensas hablar con Emiko, su seguridad me fue encargada por la Hokage. —Kakashi tenía claro que si Emiko aceptaba ir con la mujer, no podría dejarla y probablemente tendría que pelear con la rubia.

— Puedes escuchar, pero piensa que a las mujeres no nos gustan los hombres inseguros. —una pequeña sonrisa adornó el rostro de la mujer.

Kakashi guió a la mujer a través de la casa hasta el cuarto donde estaba la chica. Kakashi se quedó en el marco de la puerta mientras la rubia llegó hasta un lado de la chica y le quitó la bolsa de hielos que ahora estaban derretidos por completo.

— Ha pasado mucho tiempo, Emiko. —dijo la mujer y la chica se giró con cuidado para ver a la recién llegada.

— Sensei... —trató de ponerse de pie pero la mujer no se lo permitió.

— Quédate acostada y escucha con atención. —Midori se arrodilló junto a la chica. — Desde que te fuiste de la capital las cosas se volvieron complicadas y difíciles... Soujiro-dono tiene secuestrado al señor Feudal y Kouji-sama tuvo que declinar su derecho de nacimiento para salvar la vida de su padre... desafortunadamente yo tuve que atender una misión de infiltración en el país del agua y no pude llegar a tiempo, pero Oba-san logró poner a salvo a Kouji-sama... pero ya estoy de regreso y tenemos un plan para poner fin de una vez y por todas a Soujiro y a su madre... pero para eso te necesito conmigo en la capital.

— Eso no fue lo que me dijo Kouji-sama... él dijo que se dio cuenta de que no quería asumir el lugar de su padre... que quería vivir una vida simple, casarse, tener hijos y vivir en paz... todo por lo que luchamos fue una mentira. — Kakashi vio que la mirada de Emiko seguía perdida y Midori también lo notó.

— ¿Qué te sucedió, mi niña? —observó a la pelinegra de arriba a abajo, fue entonces que Emiko se quebró.

— Soy una herramienta rota... aún si quisiera creerte e ir contigo a la capital, solo seré un estorbo... mi brazo está inservible y me han vuelto a dar de baja del servicio ninja... en estos momentos no puedo hacer nada.

— ¿Qué clase de misión te dejó en estás condiciones?

— Eso es clasificado... pero no pude permitir que lastimaran a los dos gennin que iban conmigo.

La rubia se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro.

— Esto es inaudito, Emiko, a todas las demás chicas las mató el escuadrón de Soujiro... si nosotras no hacemos algo, será muy tarde...

— ¿Y si Kouji-sama no quiere asumir su lugar? ¿Dejarás al país del fuego sin un líder? —Emiko levantó la voz.

— ¡Yo obligaré a Kouji-sama a que asuma sus responsabilidades! —gritó Midori y la habitación se quedó en silencio por unos segundos.

— No puedo ni quiero ir, pero puedo ayudarte, sensei.

Después de unos momentos de silencio, la mujer miró con enojo a la chica.

— ¿De qué clase de ayuda hablas?

— Con dinero puede ir a Suna o Iwagakure y pagar porque maten a Soujiro... dudo que Konoha acepte ese encargo pero con suficiente dinero otra aldea ninja tomará la tarea.

Kakashi observó que el rostro de la rubia se relajaba un poco.

— Me ofenden mucho tus palabras, Emiko, pero estoy tan desesperada que intentaré lo que sea. —admitió la mujer derrotada.

— ¿Por qué no solo busca otro amo al que servir, sensei? —preguntó Emiko. — Sé que las mujeres como nosotras no podemos tener una vida normal pero hay personas como Hokage-sama que nos dan un buen uso.

Midori la observó con tristeza.

— ¿Servir al amo que te dejó en esas condiciones? —negó con la cabeza. — No hay manera, ¿Qué honor hay en morir por una causa en que uno no cree...? Pero creo que te entiendo Emiko... eres joven, y te gusta Konoha no solo por el uso que Hokage-san hace de ti, te hace feliz que ese grupo de niños que te visitaban en el hospital te admiren... tu solías verme como esas niñas te ven a ti.

Emiko miró a su sensei.

— Esas chicas son mejores que yo, lamento no haber podido cumplir con su petición, sensei.

— ¿Dejarás de ser ninja?

La pelinegra negó.

— No lo sé... justo en estos instantes no sé qué va a ser de mi.

— Cuando menos tu Hokage no te ha dejado tirada en la calle, debe tener un plan para ti.

— Eso espero.

Las dos mujeres se quedaron en silencio.

— Muéstrame tu herida. —ordenó la rubia.

La pelinegra no dudó en obedecer, se sentó en el futón dándole la espalda al hombre y a su sensei mientras se quitaba con su mano sana la playera negra.

— Son dos lesiones las que tienes Emiko... —la mano de la mujer comenzó a recorrer las marcas que Sasuke Uchiha había dejado en su piel.

Kakashi nunca había visto la herida que el chidori de Sasuke había dejado en Emiko, su piel estaba quemada por la energía de la técnica y quedaron las marcas de donde la piel se desgarró, la cicatriz era grande y bastante grotesca en contraste con la piel tersa de alrededor.

— ¿Cómo es que sigues con vida, mi niña? —murmuró la mujer mientras seguía recorriendo la piel de la joven.

— Apenas era un niño, su fuerza no estaba tan desarrollada. —respondió la pelinegra sin inmutarse.

— Si bien su fuerza no era tan grande, la técnica por sí misma fue bastante destructiva... Huye si vuelves a ver a ese niño convertido en un hombre, esta herida no solo fue hecha con un chakra bastante agitado, sino con sentimientos negativos como impotencia, envidia y odio... por eso tu piel quedó así.

— No iba dirigido a mi el ataque, fue... un accidente.

Midori continuó revisando la herida y cuando terminó, suspiró.

—El diagnóstico de tus médicos es correcto, tu herida tardará meses en sanar y aún así dudo que puedas volver a blandir tu ninjato con la misma soltura de antes... siempre es triste cuando un arma tan bien pulida se rompe. — Kakashi carraspeó, no le gustaba cuando Emiko se refería así misma como un arma y menos que otra persona también usara esa metáfora. Por otro lado la mujer mayor volvió a suspirar.— Iré a Iwagakure, el viejo Oonoki me conoce y espero acepte ayudarnos.

La joven no le respondió pero volvió a colocarse su playera negra.

— Si vas al banco puedes acceder al dinero de mi cuenta con mi nombre y una clave secreta: Sakumo-san... Si tienes un pedazo de pergamino podría hacer un pagaré.

— ¿Estás segura?

— Estoy en deuda contigo, sensei... lamento no poder ayudarte de otra forma.

Midori observó con tristeza a una joven cabizbaja y dejó escapar un largo suspiro, buscó en el bolso que tenía oculto dentro de sus ropas y sacó un pedazo de pergamino doblado, Emiko lo recibió y mordió su pulgar izquierdo, el cual sangró y con él escribió un par de kanjis que los encargados del banco usarían para verificar que la transacción fuera autorizada por la dueña del dinero. Kakashi conocía ese método pues se había creado para que los ninjas que por alguna razón estuvieran heridos lejos de la aldea o incapacitados, podían heredar sus ahorros a su familia o amigos.

— Está bien, me conformo con saber que tu Hokage te cuida y que tendrás una larga vida en esta aldea. Deja tu camino ninja y encontrarás la paz que siempre quisiste. —aceptó el pedazo de pergamino y luego ayudó a la chica a poner su playera de nuevo. — Eres diestra en muchas artes, encontrar un oficio no te será difícil... también eres joven, si quieres un camino fácil busca un benefactor, siempre hay hombres con dinero y poca moral.— Emiko se giró para ver a su sensei, pero las lágrimas caían por su rostro. — Sé que estarás bien.

— Yo... sensei... tengo miedo de elegir mal de nuevo...

— Tu inseguridad siempre ha sido tu mayor enemigo, pero si temes elegir algo distinto, regresa a ser ninja para morir con honor y sin arrepentimientos. — la rubia se puso de pie y su hermosa Yukata danzó suave sobre su cuerpo. — Por mi parte, me encargaré de Soujiro-san y una vez que Kouji-sama asuma su deber de nacimiento, me exiliaré.

— Entiendo... — Emiko se puso de pie lentamente y con ayuda de la rubia.

— Este es el adiós, Emiko Ryuzara, ojalá nuestros caminos se crucen en el futuro.

La pelinegra limpió sus lágrimas jalando el cuello de su playera y asintió.

— Nos volveremos a ver, sensei.

La rubia sonrió.

— Cuando eso suceda deberemos ir a beber un buen sake. —Midori abrazó a la joven y luego se separó. — Te dejo al cuidado de Konoha, hereda nuestros conocimientos para que sirvan a lo más jóvenes que protegerán este país y busca tu felicidad, ya no tienes más ataduras que las que tu misma te impongas.

Emiko asintió, entonces la rubia le dio un breve beso en la frente y se marchó de la habitación. Kakashi siguió a la rubia por el pasillo y vio que caminaba directo a la puerta, cuando se detuvo.

— ¿Por qué la Hokage te asignó a ti y no a otro para cuidarla? ¿Tu Hokage tiene tiempo para jugar a cupido?

El peligris se rascó la nuca.

— Supongo que era el único disponible, no creo que Hokage-sama tenga tiempo para esas cosas. —la verdad es que la mujer tenía razón pero no tenía porque admitirlo.

— ¿No me detendrás a pesar de que sabes que atentaré contra tu señor Feudal?

— Ese tal Soujiro-san me desagradó mucho por la manera en que humilló a Emiko, podría tardar algunos días en avisar a la godaime.

La rubia asintió.

— Gracias.

Kakashi notó que la mujer lo examinaba de arriba a abajo, contrario a lo que esperaba, se sintió bastante incómodo al verse examinado tan detalladamente,

— Eres muy atractivo, Kakashi Hatake, pero no olvides que la apariencia importa poco cuando las intensiones no son claras, el pasado no se puede borrar pero si se puede crear un mejor presente y un brillante futuro. — el shinobi asintió. — Regresé a la capital hace unas dos semanas, entonces vi que un ninja de Konoha salió del palacio Feudal, investigando encontré que Soujiro-san se encontró con una persona de confianza de alguien de la torre... no pude acercarme pero uno de los guardias me dijo que era un ANBU raíz, desconozco la diferencia que entre hay entre un ANBU normal y uno de ellos... es todo lo que sé y me alegra que mi suposición de que la Hokage había sido quien hizo el trato con Soujiro-san fuera falsa.

— ¿Por qué pensaste eso?

— ¿Un ANBU en el palacio? Se supone que ellos solo responden al Hokage, por eso vine a Konoha, para salvar a Emiko... pero aquel día que llegó de su misión vi que la Hokage la visitaba y personalmente se encargaba de su bienestar, entonces indagué y supe que el escuadrón ANBU raíz responde a otros políticos de la aldea por lo que entendí que Emiko estaba a salvo si la Hokage intervenía.

— ¿Cómo averiguaste lo de raíz? Pocos saben de su existencia. —Kakashi miró fijamente a la mujer.

El rostro de Kakashi se puso serio al escuchar aquellas palabras. Si un ninja de raíz estuvo en el palacio Feudal eso solo podía significar que Danzou estaba involucrado... lo cuál coincidía con sus intenciones de entregar a Emiko a la capital.

— Por favor, Kakashi Hatake, no me subestimes, desde niña mi trabajo es descubrir secretos.

— Supongo que con tu información es suficiente para proteger a Emiko. —asintió el pleligris y la mujer asintió.

— Tengan una buena vida, ninja copia.

La hermosa mujer de ojos verdes hizo una breve reverencia y sin decir más, se marchó.

En cuanto estuvo solo, Kakashi regresó a la habitación de Emiko pero ella estaba de nuevo acostada dándole la espalda, por lo que solo tomó la bolsa de agua y marchó para darle un poco de espacio.

.

Al día siguiente muy temprano, Kakashi se despertó desorientado, al parecer el volver a vivir en aquella casa hizo que su mente reviviera viejos recuerdos, sabía que había tenido un sueño agitado y doloroso, pero por suerte no lo recordaba, solo le quedó un sentimiento amargo que desapareció cuando no reconoció el techo blanco de su departamento y en cambio se encontró con un techo de madera. Se puso de pie de manera perezosa y se acercó a la ventana de su habitación, donde vio que ya era bastante temprano pues el cielo aún estaba oscuro, se vistió con un pantalón normal y una playera con mangas largas, fue al baño a asearse y cuando terminó, trató de peinar sus largos cabellos que se revolvían más cuando no usaba su bandana ninja. Después, de manera sigilosa fue a la habitación de Emiko y la vio dormir profundamente, su rostro se veía pacífico; sin apenas darse cuenta, removió un mechón de su cabello plateado y abrió su párpado para grabar aquella escena con su sharingan. Tan pronto como lo hizo, retrocedió unos pasos y a pesar de que se sintió un poco mal por invadir su privacidad, también se sintió muy contento. En la sala terminó de vestirse con su chaleco ninja y sus sandalias ninja, por lo pensó en salir a visitar a sus amigos y pasar a comprar algo para las comidas de ese día.

— Buen día, Kakashi... —saludó Pakkun mientras el resto de los perros iban a subirse a los polvosos sillones.

— Buen día, chicos, ¿Podrían cuidar la casa y a Emiko mientras voy por el desayuno?

— Claro, trae un poco de tocino. —dijo Pakkun y el resto de los perros movieron la cola con alegría.

— Anotado, no tardaré.

Se dio prisa en llegar al monumento de los caídos y ofreció unas breves oraciones por sus amigos, además se prometió que cuando Emiko estaría mejor la acompañaría para que ambos dejaran flores para sus seres queridos. Caminó hasta el cementerio de la aldea y saludó a Rin.

— Voy a cuidar de ella, lo prometo Rin. —susurró mientras limpiaba las flores secas y quitaba un poco de hierba mala de la tumba, se notaba la ausencia de varios días de Emiko en ese lugar.

Finalmente llegó hasta donde reposaban los resto de su padre, donde repitió las mismas acciones que hizo con Rin.

— Imagino que debes estar bastante contento, ¿No? Espero hacer las cosas bien, padre... aunque todavía no me siento listo para un compromiso mayor pero supongo que solo el tiempo dirá si puede nacer algo bueno entre nosotros dos... su salud es primero. —oró por su padre y se marchó con las manos en los bolsillos.

Luego de ir por algunos víveres, comprar el tocino para su ninken, algunas frutas y verduras, Kakashi emprendió el camino a casa pensando en qué preparar cuando una voz muy conocida llamó su atención.

— ¡Kakashi-sensei!

Se trataba de Sakura, quien llevaba algo entre las manos; mientras se acercaba a él, Kakashi descubrió que llevaba con ella la ninjato de Emiko.

— Buen día, Sakura... ¿Vas a visitar a Emiko?

— Sí, Shizune-san me pidió de favor que llevara esto, se quedó en la sala de operaciones donde fue internada al llegar.

— Entiendo, se pondrá contenta.

— ¿Le ayudo con las compras, sensei?

Él negó.

— No te preocupes, pero podrías ayudarme con algo si te interesa.

— Claro. —la chica sonrió radiante.

— ¿Podrías llevarle un mensaje a Tsunade-sama? No he tenido tiempo de ir a verla y no quiero que haya la posibilidad de que alguien intercepte el mensaje.

— Sin problema. —respondió la chica mientras caminaron en silencio hasta llegar a la casa del mayor.— Nunca había venido aquí...

—Esta era la casa de mi padre, como era demasiado para mi solo decidí mudarme a algo más práctico y cerca de la torre.

La pelirrosa asintió y entró después del hombre, que comenzó a buscar un pergamino y un bolígrafo.

— ¿Puedo ver a Emiko-san?

— Si, última puerta a la derecha.

Kakashi escribió un mensaje codificado para la Hokage donde le informaba sobre el vínculo sobre Danzou y el señor Feudal, la visita de Midori se la contaría después. Una vez que quedó listo el mensaje, lo selló y comenzó a sacar las compras, a acomodarlas en su vacía alacena; el refrigerador era viejo pero aún funcionaba, por lo que tomó la nota de conseguir uno nuevo. Prendió la estufa y comenzó a preparar un modesto desayuno con huevos y un poco de tocino, mientras en otro sartén preparó el resto del tocino para su ninken y lo puso en un plato enorme en el piso. De pronto escuchó algunas risas y alboroto, por lo que fue al pasillo para ver lo que sucedía. Entonces vio a Pakkun estar acostado en el regazo de Emiko, que estaba sentada en su futón, mientras los otros perros acosaban a Sakura, al parecer tenía unos dulces en el bolsillo y los canes los querían. Sakura reía mientras Emiko tenía una mano estirada hacía la chica y sonreía pidiendo a los perros que no asaltaran a la visita.

— Chicos, el tocino está listo... tenga cuidado con quemarse.

Todos los canes salieron corriendo hacía la cocina y Sakura respiró.

— Gracias. —dijo Sakura mientras sonreía.

— ¿Quieres desayunar con nosotros, Sakura?

La pelirrosa se sonrojó.

— Ya desayuné, muchas gracias. —la chica miró a la mayor. — Ino me pidió que te trajera esto. —y le estiró un pequeño libro.

— Dile que lo agradezco mucho. —Kakashi vio que la pelinegra se esforzaba por sonreír. — Y también te agradezco que trajeras mi ninjato, era de mi madre y no quisiera perderla.

Sakura sonrió.

— ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte, Emiko-san? Puedo ayudarte a cualquier cosa, cualquier día... —pero la pelinegra alzó su mano sana para interrumpirla.

— Sakura... te agradezco mucho tu ofrecimiento... pero todo estará bien, serán unas buenas vacaciones.

La gennin asintió y comenzó a hablar de una reunión que ella e Ino estaban organizando. Cuando la chica se marchó se llevó consigo el pergamino y Kakashi la acompañó a la puerta, para después ir a la cocina por el desayuno ya un poco frío, pero al darse la vuelta para llevar al cuarto de Emiko su porción, grande fue su sorpresa al ver a la mujer parada en medio del comedor, realmente no la escuchó llegar.

— Iba a llevarte el desayuno... —dijo con sorpresa.

En cambio la chica negó.

— No estoy incapacitada, Kakashi... solo es un brazo. —dijo con voz seca.

Kakashi asintió y se sentaron a comer con solo el ruido de los perros peleando por el tocino de fondo.

— ¿Cómo te sientes?

Ella no respondió inmediatamente, se limitó a mirar los palillos frente a ella.

— Mejor... — con su mano izquierda sujetó los palillos y despacio tomó una porción pequeña de comida para llevarla a su boca, pero la comida cayó en el plato... esa acción se repitió dos veces más.

Sin pensarlo, el peligris se puso de pie y jaló su silla para estar sentado a su lado, y con una sonrisa tomó sus palillos y le ofreció un bocado a la mujer, quien frunció el ceño.

— No.

— ¿No? Morirás de hambre.

Los labios de la mujer se juntaron en una línea delgada, y si Kakashi sumaba el estado caótico de su cabello, tenía que hacer un enorme esfuerzo por no reír por su aspecto de niña pequeña enojada.

— Prefiero morir de hambre.

Kakashi exhaló sonoramente dejando caer los palillos y poniéndose de pie de nuevo.

— También tengo cucharas y tenedores. — le extendió un par de esos utensilios y la chica tomó el tenedor y comenzó a comer en silencio.

El shinobi suspiró, ella realmente parecía completamente indiferente a su lado, esa faceta de mujer enojada era nueva para él, generalmente Emiko siempre se mostró dócil, amable y perseverante ante todas sus groserías, aquello era extraño pero sorprendentemente le gustó conocer ese otro lado de ella, uno bastante vulnerable que no mostraba a nadie en quién no confiara.

.


Una semana pasó desde la visita de Midori y Emiko continuaba siendo lacónica y silenciosa. Para Emiko aquella situación era asfixiante porque no solo tenía que lidiar con el dolor físico de su brazo, sino también con la frustración que le daba el no poder moverlo como siempre. Pero eso no era todo, también estaba Kakashi, quien la trataba con demasiada amabilidad, lo cual la hacía molestar mucho, pero no con él, sino con ella misma. Pasó años rogando por un poco de su atención y ahora él cuidaba de ella con el suficiente tacto como para hacerla sentir conmovida y eso no estaba bien, él iba a volver a lastimarla, estaba segura de que él solo actuaba movido por la culpa de la lesión que le ocasionó Sasuke. Era la misma culpa que veía en el rostro de la joven Sakura cuando la visitaba o la que se reflejó en la mirada de Kakashi le propuso entrenar. Jamás debió aceptar pasar tiempo con él, pero fue débil y volvió a caer en su tonto enamoramiento por él... Por eso se quitaba el cabestrillo cuando estaba sola, hacía ejercicios para mover su brazo herido para poder decirle a la Hokage que era capaz de cuidarse sola, sin la ayuda de Kakashi o de nadie, ella siempre había cuidado de sí misma, no se sentía cómoda siendo cuidada por alguien más.

Justo en esos momentos había salido de bañarse y luchaba por desenredar su larga cabellera con su brazo izquierdo, pero le frustraba todo el tiempo que le tomaba hacer algo que antes atendía en un par de minutos. Suspiró cansada y caminó hasta llegar a su ninjato, la cual sacó de su vaina y apretó los dientes al sentir el enorme peso, le recordó cuando era niña y no podía sostenerla, a ese nivel de vulnerabilidad se sentía. Con su mano izquierda la limpió un poco y después se acomodó el cabello sobre el hombro derecho, cerró su mano rígida sobre sus lasrgas hebras y lo cortó. En esos momentos no le importaba si no quedaba parejo el corte o si se veía mal, en esos momentos solo quería terminar de cepillar su cabello y sería más fácil de ese modo.

Unos momentos después escuchó que Kakashi regresó a la casa y no trató de ocultar lo ocurrido, simplemente recogió el cabello y lo depositó en el bote de la basura.

— Hoy fui a la torre. —comenzó a decir el peligris mientras se asomaba en la habitación y no podía ocultar la sorpresa en su rostro, iba vestido con una playera sin mangas, con su pantalón habitual y sin zapatos. — Hokage-sama vendrá a verte pronto... le gustará tu nuevo look.

— ¿Le dijiste de la visita de Midori-sensei? —sus palabras fueron secas, realmente no tenía mucho humor últimamente.

— No podía ocultarlo para siempre, lo siento.

Ella suspiró.

— Está bien. —tomó un libro que Genma le llevó hace un par de día y se sentó en el futón — Hoy lavaré yo los platos de la comida.

— Los médicos dijeron reposo absoluto por un par de meses. —replicó el peligris mientras entraba a la habitación, era raro que él traspasara el umbral de la puerta si no llevaba agua, comida o algo en las manos.

Ella bajó el libro y negó.

— Estoy cansada de estar acostada, puedo valerme por mi misma para hacer algo tan simple.

— Si puedes cortarte el cabello, supongo que si, ¿Puedo ayudarte a acomodarlo un poco? — sacó un kunai de su portakunai.

— No es necesario. — replicó ella pero el peligris se sentó a su lado y sin amabilidad la jaló para que quedara sentada entre sus piernas. — ¿Qué haces? —replicó ella con molestia pero Kakashi pegó la espalda de ella a su pecho y con sus piernas la aprisionó para que no pudiera moverse.

— Hay una cosas que me gustaría conversar y podría ayudarte un poco con tu cabello, no soy un profesional pero supongo que quedará bien si lo emparejo un poco. — Emiko sintió como él shinobi tomaba su cabello todavía húmedo por la ducha y comenzaba a jalarlo con delicadeza para cortarlo. — Además, estás muy delgada, Godaime-sama dirá que no te alimento lo suficiente.

— Solo date prisa, no estoy cómoda aquí.

Él la ignoró y continuó en su tarea con una lentitud evidente y tarareando una melodía bastante irritante.

— Tengo una misión para hoy pero le pedí a Sakura-chan que viniera a hacerte compañía...

— No es necesario, no soy un niño que necesita supervisión, Kakashi, puedo arreglármelas sola.

— Será una misión corta, ya pasé bastante tiempo de descanso pero no podré dejarte al ninken, así que me iré más tranquilo si sé que tienes algo de compañía.

Emiko quiso alejarse del hombre, pero él la sujetó firmemente de los hombros.

— Suéltame...

— Aún no termino... —soltó a la chica pero ajustó el agarre con sus piernas para poder continuar con el corte. — ¿Por qué lo cortaste tanto?

— Necesitaba un cambio... —no quería confesar que había sido por la frustración de no poderlo arreglar como le gustaba al no poder usar su mano derecha y ser poco hábil con la izquierda. — Es todo.

— Listo, me temo que tuve que recortarlo un poco más para que quedara derecho... —se escuchó el sonido del metal en el piso de madera. — Creo que prefería tu cabello largo.

— No me interesa, Kakashi... —pero de pronto sintió un escalofrío recorrerla al sentir el aliento caliente del hombre en su cuello.

— Porque ahora que puedo ver tu cuello, me dan ganas de besarlo.

Emiko intentó levantarse pero Kakashi la sostuvo de los hombros para evitar que huyera. El corazón de ella se aceleró, tenía miedo... miedo de sí misma... no quería volver a sentir algo por ese hombre, prefería que sus sentimientos y emociones permanecieran dormidas como todos esos días.

— Me estas lastimando. —murmuró ella con voz queda.

— Lo siento... —y bajó sus manos a la cintura de ella, de donde la sostuvo para evitar que se safara de su agarre.

— ¿A qué juegas, Kakashi?—ella sintió de nuevo la cálidez del pecho del hombre en su espalda y no pudo evitar estremecerse.

— Nada, solo creo que sería un error no besar tus hombros. — la playera gris que ella estaba usando tenía el cuello ancho por lo que dejaba ver una parte de sus hombros. — Sigues tibia por el agua de la ducha.

Ella cerró los ojos mientras sentía los pequeños besos que el peligris depositaba en su cuello y en la piel expuesta. Pronto dejó de resistirse y suspiró con resignación y al parecer aquello fue para Kakashi una señal para que la abrazara por completo y ocultara su rostro en su ello, quedándose en esa posición sin seguir tocándo su cuerpo.

— Kakashi... —ella lo llamó... pero entonces él bajó su máscara y después jaló con delicadeza el rostro de ella y la besó. Al principio Emiko se resistió pero la pasión de Kakashi ganó terreno y consiguió que ella le diera acceso a su boca, donde sin dudarlo comenzó a explorarla y a subir el nivel de la intensidad.

Emiko cerró los ojos y se dejó guiar por el peligris, mentiría si dijera que aquello no le gustaba pero sabía Kakashi solo anhelaba un placer físico y decidió que estaba bien, una mujer como ella solo podía aspirar a algo carnal como en esos momentos; nunca recibiría amor y de alguna manera estaba bien con eso, así no volverían a romperle el corazón. Entonces ella apagó su mente como le habían enseñado en el Kouka Toki y comenzó a corresponder sus caricias y a entregarse de manera instintiva al hombre que ahora la estaba acostando sobre el futón.

A pesar de que ella no podía mover mucho su brazo derecho, Kakashi estaba procurando no tocarla en su herida, mientras la besaba y metía las manos dentro de su ropa, estrujando sus senos y separando sus piernas con una rodilla suya. Con desesperación el hombre se quitó su playera mientras ella sentía una gran erección entre los pantalónes de él, entonces ella lo estimuló con sus piernas mientras con un mano sana rasguñaba la espalda del hombre y con la otra intentaba sujetarse de él torpemente. Pronto sintió como sus propios pantalones de algodón fueron arrojados lejos y se abrazó fuerte al hombre mientras este la besaba y un par de lágrimas caían por su rostro.

Por el lado de Kakashi, al sentir en sus labios el sabor salado de las lágrimas, se detuvo de inmediato, usando sus brazos como soporte para no aplastar a la pelinegra que continuaba con los ojos cerrados. ¿Qué estaba haciendo? Se había prometido que no la tocaría si ella no lo quería pero cuando ella respondió a sus besos y caricias pensó que ella también deseaba aquello, pero ahora verla debajo de él, con la respiración agitada y agua en sus pestañas, se sintió como un idiota.

— Emiko... mírame. —le dijo suavemente... no iba a negar que llevaba días deseando estar así con ella, pero se había prometido que primero cuidaría de ella y su salud y después estaría lo demás.

Ella negó a su solicitud y en cambio trató de volverlo a besar pero ésta vez él fue quien no quiso y se alejó.

— Sólo hagámoslo y ya, Kakashi...—dijo ella con un hilo de voz.

— ¿Por qué lloras? ¿No quieres esto?

Ella volvió a negar.

— Está bien, sé que quieres esto y no tengo dinero ni nada más con que pagar por el hospedaje y tus atenciones.

Para Emiko estaba bien si Kakashi solo la quería para complacer su líbido, en cuanto estuviera mejor se iría de Konoha y empezaría una vida civil, lejos de todos los que alguna vez conoció. Sin embargo el sentir el cálido tacto de la mano de Kakashi en su rostro le hizo perder el hilo de sus pensamientos.

— Mírame, Emiko. —repitió y esta vez ella obedeció. — Pensé que también querías esto.

— Lo quiero.

— Me refiero a que si quieres esto de corazón y no como una manera de complacerme o pagarme algo, si estoy cuidando de ti es porque quiero, porque no confío en que alguien más te cuide en estos momentos tan difíciles.

La respiración agitada de ambos era lo unico que se escuchaba.

— ¿Qué es lo que quieres de mi, Kakashi? —la joven kunoichi se rompió bajo Kakashi, empeñando su visión con lágrimas. — ¿Por qué no solo vuelves a ignorarme como hiciste toda la vida?

— Porque fuiste lo bastante perseverante como para hacer que me fijara en ti... y no tengo la menor idea de a dónde nos podría conducir esto, pero sí tengo claro que no voy a abusar de ti, quiero que te entregues a mi como en esa noche en el desierto.

— Si quieres mi cuerpo, es tuyo. —dijo ella con tristeza. — Ya no tengo amor ni nada más para ti, ni para nadie, Kakashi.

Contrario a lo que ella esperaba, él sonrió.

— Eso es mentira... y tratas de convencerte a ti misma de que no mereces amor, y lo sé porque yo intenté hacer lo mismo y sé que al final siempre queda la esperanza de que alguien nos ame, por eso duele tanto el corazón, por eso estás llorando, Emiko.

Aquellas palabras eran ciertas, lloraba porque le dolía no sentirse amada de verdad, porque ser solo un objeto de deseo solo le dejaba un vacío banal. Fue entonces que dejó que el llanto la inundara, Kakashi se acostó a su lado en el futón y los cubrió a ambos con las mantas mientras ella sollozaba en su pecho.

— Perdóname por haber tardado tanto tiempo, Emiko... —y la besó en la cabeza mientras ella seguía llorando entre sus brazos. — Parece que no soy tan listo como dicen, te hice sufrir mucho y si bien no sé qué va a pasar, sé que quiero caminar tomado de tu mano... si tu quieres.

Ella negó sin separarse del pecho de Kakashi.

— No quiero confiar en ti, Kakashi... ya tuve suficiente... no quiero compasión ni que hagas nada por la culpa...

Él suspiró.

— Admito que fui un gran idiota, pero quiero hacer las cosas bien esta vez, sin arrepentimientos ni culpas, solo tu y yo como dos adultos que quieren empezar de cero, ¿Qué dices? ¿Una última oportunidad?

Ella se separó lo suficiente como para verlo sonreír.

— ¿Y si no funciona?

— Bueno, no perderemos nada y cada uno sabrá que hizo todo lo posible, podremos vivir sin arrepentimientos.

Emiko pensó en sus palabras... pero es que ella no tenía arrepentimientos porque siempre dio lo mejor de ella cada vez que horneaba algo para Kakashi, o cuando lo perseguía para hablar con él o aquella última noche antes de que el tercero la mandara a la capital. Pero ver a Kakashi contener la respiración y pedirle una oportunidad, la conmovió e internamente supo que jamás podría resistirse a él, lo amaba a pesar de todo.

— ¿Estás seguro? ¿A pesar de mi pasado y del echo que tal vez no podré regresar a mi trabajo ninja?

Él sonrió.

— No podemos seguir viviendo en el pasado, Emiko, vamos con calma... además, siempre vas a contar con mi apoyo con lo que decidas hacer, regresar al servicio o buscar un empleo... aunque no lo necesitarías si vives conmigo, cuidaré siempre de ti...

Pero ella negó.

— Buscaré empleo, siempre me he encargado de mis cosas, no empezaré a depender de ti, Kakashi.

Volvió a besarla en la cabeza.

— Está bien, ahora vamos a dormir un poco —y la atrapó con sus brazos.

— ¿No tenías una misión?

Kakashi rió con ganas.

— Pueden esperar un par de horas, estoy bastante cómodo aquí.

La chica no pudo evitar sonrojarse.

— Eres un caso perdido, Kakashi... —murmuró mientras se acomodaba contra su pecho y aspiraba su aroma tan masculino y embriagador.

Ya se había equivocado en el pasado muchas veces, pero esta vez se sentía que estaba en el lugar correcto, por lo que por primera vez en mucho tiempo se permitió relajarse y sentir el calor de Kakashi... porque lo amaba y rogaba que algún día este pudiera amarla también.

Su vida en Konoha resultó muy diferente a cómo la imaginó, pero no le desagradaba, al contrario, saberse apreciada por los gennin, por la Hokage, por sus amigos y por Kakashi, le dio la fuerza para enfrentarse al impredecible mañana.

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Continuará.


¡Muchas gracias por leer!

Hemos llegado al final del primer arco argumentativo, muchas gracias a todos los que han dejado un review, me haré de un tiempo para responderlos todos, estoy muy agradecida por que lean esta pequeña historia. Este capítulo le ganó al anterior respecto a longitud con 11.9 k pero no quise dividirlo para que el capítulo 21 sea el primero del segundo arco.

A partir del próximo capítulo comenzaremos con la historia de Shippuden y veremos qué sucederá con la pareja principal, y con personajes como Obito, Sasuke y conflictos como la cuarta gran guerra ninja. Les adelanto que habrá más romance entre varios personajes, acción, y un final para este pequeño fic.

De verdad los invito a dejar un review, la verdad es que me anima bastante y me ayuda a saber qué tal va la historia. ¡Nos leemos pronto!

Miércoles 29 de septiembre del 2021