Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.
Advertencia: Kakashi X OC.
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Capítulo 22
Proteger el futuro
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Dolor. Mucho dolor solo podía significar una cosa: seguía vivo. Definitivamente viajar sobre la espalda de Gai era la última de las experiencias que querría repetir, aunque había perdido la consciencia a la mitad, su cuerpo había sido bastante maltratado y eso no ayudaba a su condición actual. De verdad quería abrir su ojo, pero estaba exhausto y permanecer en la oscuridad era una gran tentación. Sin embargo, una ligera fragancia a lavanda llamó su atención y supo que Emiko debía estar a su lado justo en esos momentos.
Kakashi hizo un gran acopio de fuerza de voluntad y consiguió abrir su ojo derecho, el cual tuvo que esperar a que se acostumbrara a la luz de la habitación del hospital para después ver a la mujer de cortos cabellos negros dormir a un lado de su cama.
— Emiko... —murmuró con voz grave y rasposa, cosa que la hizo levantarse.
— Kakashi... ¿Cómo te sientes?
Ver la preocupación en su rostro lo hizo sentir un poco culpable, no obstante usar el Kamui contra ese miembro de Akatsuki llamado Deidara había sido algo necesario, y gracias a eso fue que Naruto pudo recuperar el cuerpo de Gaara. Pero ahora que se encontraba de nuevo en la seguridad de Konoha y junto a ella, se sintió mal por haber llegado en condiciones tan deplorables.
— He estado mejor, pero nada imposible... ¿Cuánto tiempo he dormido?
— Solo algunas horas, pero afuera están el equipo de Gai y el tuyo esperando que despiertes... ¿Los llamo?
— Dame unos minutos para prepararme mentalmente un poco. —respondió él y sonrió cuando ella por fin pudo mostrar un poco más de tranquilidad en su rostro, fue entonces que se dio cuenta de que no llevaba puesta su máscara.
— En cuanto me avisaron de que habías regresado, traje tu equipaje para el hospital, ¿quieres algo de ropa?
— Sí, aunque no creo poder levantarme mucho... —dijo un poco derrotado.
— Te ayudo.
Entonces Emiko sacó de debajo de la cama la bolsa donde traiga los artefactos personales que el shinobi necesitaría en su estadía en el hospital. Entonces con bastante esfuerzo de su brazo lastimado, ayudó a que Kakashi se colocara su playera negra sin mangas y su máscara, para después volver a ayudarlo a acostarse y taparse con la sábana. Ante el cuidadoso tacto de la mujer, Kakashi guardó silencio, aquel acto tan intimo de ayudarlo a vestir le hizo sentir mal por causarle tantas molestias.
— Supe que Gai te trajo corriendo desde Suna... bienvenido al club de las víctimas de Gai —una pequeña risa escapó de los labios de ella e hicieron que la culpa cediera un poco en Kakashi.
— No es una experiencia que recomiende. —intentó mantener el buen humor y después suspiró. — Supongo que ya pueden pasar.
— De acuerdo, iré a ver si tienen algo para que comas.
Kakashi observó a la mujer recoger las cosas que había sacado de la maleta y aprovechó para contemplarla, ella vestía una yukata de color gris oscuro y en su cadera llevaba una pequeña bolsa negra donde suponía que llevaba kunais. Sus brazos iban cubiertos por vendas, Kakashi sabía que no lo necesitaba en el brazo izquierdo, pero lo hacía para no llevar vendado solo su brazo herido, aquella costumbre la adoptó de Kurenai, con quien se volvió realmente cercana en el tiempo que llevaba en la aldea. De echo no era raro que la encontrara en casa de Asuma y Kurenai o viceversa, ellos siempre estaban al pendiente de Emiko, así como Kana y Genma, sin olvidar a Gai quien no se inmutaba al no llevar una pareja y se animaba al decir que no se rendiría hasta encontrar también el amor.
Una ligera sonrisa escapó del peligris.
— Me alegra verte mejor, estaré abajo si me necesitas. —la chica volvió a colocar la maleta bajo la cama y el shinobi asintió. — Vendré más tarde, Hokage-sama me dio estos días en la tarde para cuidar de ti.
— Siento causar tantas molestias.
Ella negó.
— Al contrario, gracias por regresar tu y todo tu equipo, ahora deja el resto a nosotros.
Emiko salió de la habitación y vio a Naruto, Sakura así como a Gai y sus alumnos esperar fuera.
— ¿Cómo sigue? —preguntó Tenten pero la mayor sonrió.
— Pueden pasar, está despierto.
Los chicos entraron a la habitación de prisa.
— Buen trabajo, pide a Hotaru que le lleven el nuevo suero que desarrollé. —dijo Tsunade mientras era seguida por Shizune. Una vez que estuvo sola, caminó hacía el módulo de doctores a buscar a Hotaru-san y a una enfermera.
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Después de pasar un par de horas arreglando el papeleo de Kakashi y que le dijeran que hasta que no recuperara el movimiento de sus extremidades, no comería nada sólido, la chica asintió ante el diagnóstico médico y se sentó en la sala de espera a revisar algunos papeles de la academia. Poco después fue que vio a la Hokage, su primer asistente Shizune, y a Tenzo avanzar hasta ella.
— ¿Sigue en cama?
— Hai, aunque hay alguien que lo acompaña desde hace un largo rato. —respondió Emiko al haber rastreado con su chakra la habitación del shinobi para ver que estuviera bien. — Es bueno verte, Tenzo, ha pasado un tiempo.
El hombre hizo una reverencia.
— Ahora estoy en una misión regular, mi nombre clave es Yamato.
— Oh, lo siento, gracias por venir a ver a Kakashi, Yamato.
— No es una visita de cortesía, Yamato suplirá a Kakashi en la nueva misión que tiene su equipo.—dijo Tsunade.
Emiko se sorprendió ante las palabras de la Hokage.
— Deberías entrar también, sirve que conoces a Jiraiya-sama. —dijo Shizune con alegría. ¿Jiraiya-sama, el legendario Sannin estaba ahí dentro con Kakashi? Aquello era sorprendente, jamás lo había visto pero su leyenda, aún en la capital, era famosa.
— Sí, pero rápido, aún tengo bastantes pendientes que atender en la torre. —dijo la rubia.
Así que la Hokage tocó la puerta y a continuación los cuatro ingresaron a la habitación.
— Kakashi, ¿podemos entrar? —preguntó la rubia.
— Adelante.
Emiko entró al último, pero Shizune cerró la puerta y le sonrió, así que decidió quedarse al margen de la conversación pero observó con curiosidad al hombre que ya estaba en la habitación con Kakashi, su largo cabello blanco, sus ropas llamativas y su rostro denotaban una gran personalidad, sin duda era un hombre imponente, y extrañamente, se le hizo conocido, como si ya lo hubiera visto antes pero sin recordar de dónde.
Yamato y Kakashi se saludaron y la Hokage explicó la situación de porqué Yamato tomaría el mando de manera temporal en el equipo del peligris. Así que Jiraiya detalló la situación de Naruto y el Kyuubi, respecto a cómo el chico empezaba a usar el chakra rojo de la bestia pero que aún no lograba dominarlo y que podía causar estragos al perder el control. Aquella información era nueva para ella y sintió mucho respeto por Jiraiya y Kakashi al esforzarse en entrenar al chico a pesar del peligro que suponía pero que ellos sabían contener.
— Tú trabajo, Yamato, será contener contener a Naruto con tu Mokuton y el uso de mis sellos especiales. —dijo el peliblanco y el joven ANBU asintió.
— Y a parte de las órdenes de apresar al espía de Orochimaru, mantén vigilado al joven Sai... será una misión complicada, pero confío en tu criterio y en las habilidades de los chicos. —Tsunade asintió.
— Lo haré, Tsunade-sama, cuidaré de Naruto-kun y cumpliremos con éxito la misión.
La Hokage asintió.
— Bien, aún tengo mucho trabajo que hacer, pero Kakashi, permanecerás en el hospital una semana bajo el cuidado de Emiko, necesito que empieces a entrenar tu nueva técnica lo más pronto posible.
— Sí, Hokage-sama.
— Bien, Shizune y yo nos vamos, los mantendré al tanto de todo. —y todos hicieron una reverencia cuando la rubia salió seguida de Shizune.
— Yo también debo irme, partiremos de inmediato... —Yamato hizo una gran reverencia al peligris. — Es un honor para mi poder hacerme cargo de su equipo, espero que podamos trabajar de nuevo juntos muy pronto. —y desapareció.
Mientras Kakashi suspiraba, Emiko sintió una mirada poco inocente por parte del peliblanco.
— ¿Eres la enfermera personal de Kakashi? —preguntó con evidente morbosidad. Emiko tuvo un deja vú pero seguía sin recordar con claridad.
— Ella es Emiko Ryuzara, Emiko, él es Jiraiya-sama. —Kakashi los presentó, volviendo a tomar su nuevo libro entre las manos.
La mujer caminó hasta la cama e hizo una reverencia.
— Es un honor conocerlo, Jiraiya-sama. —dijo la chica.
— Para mi es un placer estar frente a una mujer tan bella... —empezó a examinarla de arriba a abajo... aquello hizo sentir incómoda a la chica, quien miró a Kakashi en busca de apoyo, quien bajó el libro y habló.
—Ella es hija de Ryuji Ryuzara...
— ¿Eres la hija de Sora-chan? —preguntó sorprendido. — Creo que físicamente eres tu padre.
— ¿También conoció a mi madre? —preguntó la chica con sorpresa.
— Por supuesto, ¿Quién crees que les dio su ninjato a Sakumo y a Sora? Fui yo.
Hasta Kakashi se mostró sorprendido ante aquella información.
— No lo sabía. —respondió Emiko.
— Si bueno, tu padre era bastante malhumorado y él no se ganó su espada, no sería extraño que evitara hablar de mi. —el hombre se rió. — Su carácter le jugó mal en la prueba que les hice... ahora que recuerdo, Tsunade me habló de ti, me dijo que trabajaste muchos años en la mansión del señor Feudal...
— Hai.
— ¿Te importaría darme algunos datos que me interesan? No puedo desperdiciar la oportunidad de tener frente a mi a una chica del Kouka...
Al parecer Emiko y Jiraiya se reconocieron al mismo tiempo y se congelaron al darse cuenta, Kakashi lo notó y sintió curiosidad.
— ¿Me estoy perdiendo de algo?
Emiko iba a responder la verdad, pero la gran carcajada de Jiraiya resonó por toda la habitación.
— Creo que me confundí, te pareces a una chica que conocí hace unos años en la capital, pero debe ser mi imaginación... ¿Ella es tu novia, Kakashi? —el humor del hombre se volvió infantil.
— Vivimos juntos. —respondió y asintió. — Emiko es mi pareja.
La chica sonrió al escuchar aquello de la boca de Kakashi.
— Pues tendrás que dejarla que tome un café conmigo, no son prioridad frente a Akatsuki pero, hay un par de asuntos en la capital que me gustaría discutir con una especialista como ella.
— Será un placer Jiraiya-sama. — respondió la chica mientras hacía una reverencia.
— Ella no necesita de mi permiso, es una gran kunoichi.
Jiraiya sonrió.
— Ya era hora de que sentaras cabeza, Kakashi... estos dos años te hicieron bien, sin duda tendrán unos hijos preciosos.
— La verdad es que no tenemos planes de momento. —respondió ella con el rostro sonrojado. —Pero gracias por sus palabras, Jiraiya-sama.
— En fin, me iré para seguir con mi investigación, y los dejo en la privacidad de esta habitación. —sus insinuaciones hicieron reír a Emiko, aquel sujeto era demasiado descarado como para ofenderse.
— Gracias por el regalo. —Kakashi señaló con la mirada un par de libros que se encontraban en el mueble que tenía a un lado.
Una vez que el shinobi se marchó por la ventana, Kakashi volvió a bajar su libro.
— ¿Conocías a Jiraiya-sama?
Emiko tomó asiento junto a la cama del peligris y asintió.
— Justo lo acabo de recordar... hubo una misión en la que tenía que trabajar como mesera en una... casa de citas... —aun le costaba contar cosas de su pasado, por lo que Kakashi puso toda su atención. — Sin embargo, para ganarme la confianza de las chicas del lugar, me retaron a robarle su dinero a un hombre que estaba sumamente borracho... y me acerqué... y lo hice.
Tratando de no moverse mucho, Kakashi sonrió, realmente podía ver a Jiraiya bebiendo y disfrutando del lugar mientras una joven Emiko llegaba hasta él y le quitaba su dinero.
— ¿Así que le robaste su dinero a Jiraiya-sama?
Emiko sonrió al notar el humor en el rostro del peligris.
— Sí, cuando despertó me buscó pero fui más rápida... aunque debo admitir que es muy listo, ató cabos muy rápidamente con solo un breve recuerdo de mi en la capital y lo que Tsunade-sama le dijo.
El shinobi se sintió tranquilo y pasó un rato conversando con Emiko antes de que el sueño lo sobrepasara y esta le dijera que durmiera. Una vez que el peliplata estuvo otra vez en los brazos de Morfeo, la chica salió del cuarto en dirección a la cafetería por algo para comer, pues ya casi era noche y necesitaba algo en el estómago.
Una vez estuvo en el lugar indicado, compró un enorme emparedado y un poco de jugo, para después tomar asiento en una mesa vacía junto a una ventana por donde podía ver el atardecer naranja. Mientras comía, sintió como una fuerte presencia se materializaba a su lado.
— ¿Puedo tomar asiento? — Jiraiya llegó con una gran sonrisa en sus labios.
— Claro, Jiraiya-sama...
— ¿Así que el Señor Feudal estaba interesado en mi?
— No, fue una mera coincidencia... me uní a las chicas de esa casa de citas porque estaba investigando la venta ilegal de armas en la capital.
— Entiendo... Tsunade me acaba de contar todo lo relacionado contigo, sin duda el Tercero te subestimó al mandarte a la capital.
La chica negó mientras dejaba la mitad de su emparedado en el plato.
— No lo hizo, realmente yo era un desastre como ninja, mi inseguridad no me permitió cumplir con el juramento que hice cuando me volví gennin.
— ¿Qué clase de entrenamiento llevaste? Eres un ninja de rastreo pero no eres sensorial, habilidades superiores al promedio en taijutsu y cero ninjutsu.
Emiko respiró profundamente y decidió contestar con profesionalismo.
— Me especialicé en infiltración, así que trabajé varios años para dominar mi control de chakra, al liberarlo puedo rastrear en una área considerable e identificar determinadas firmas de chakra hostil o listo para pelear, por lo que puedo evitar los enfrentamientos... además tengo otras habilidades que si bien no son excéntricas como un ninjutsu, me han servido para cumplir con éxito todas mis misiones.
Jiraiya se recargó en la silla y sonrió.
— ¿Gracias a esas habilidades lograste atrapar a Kakashi Hatake, el soltero más codiciado de Konoha? —preguntó con seriedad. — Luego de nuestro encuentro más temprano pregunté por ti en la torre y oí algunas cosas interesantes...
La kunoichi ya se imaginaba por donde iba el hombre.
— Si usted escuchó rumores por parte de algún jounnin, son invenciones de un hombre rechazado, no hay más y Kakashi lo sabe.
— Me alegra aclarar eso, Kakashi es un chico muy apreciado por mi, su padre fue uno de mis mejores hombres, así que...—el hombre metió una mano en su mochila de viaje y sacó una gran botella de Sake así como un par de copas. — ¿Brindamos por el equipo de Sakumo y tus padres?
La chica sonrió mientras veía al hombre servir las copas de Sake.
— Jiraiya-sama, no es necesario que me dé alcohol, puede preguntar lo que sea, mi lealtad está con Konoha, no con la familia del señor Feudal.
El hombre de largos cabellos blancos sonrió mientras bebía su primer trago de golpe.
— Quiero saber cuál es la mejor manera de filtrarme en el palacio Feudal.
Ella asintió mientras tomaba la copa entre sus manos.
— Por momentos como este es que existe la regla de ejecutarnos cuando ya no le somos de utilidad al Feudal... —sonrió con tristeza la chica, pero respondió.— La gran mansión se divide en... —y explicó con gran detalle la estructura del palacio, sus puntos fuertes y débiles.
— Entiendo, entiendo... no te preocupes jovencita, de momento estoy ocupado con otros temas, entre ellos Naruto, así que no iré a infiltrarme pronto.
— ¿Entonces por qué le interesa esa información?
— En mis viajes he escuchado que hay descontento con algunas decisiones que el nuevo señor Feudal está tomando, así que si tengo que intervenir, me gustaría tener todas las cartas sobre la mesa.
La chica suspiró.
— Soujirou-sama no será un buen gobernante, es una pena que Kouji-sama desertara de aquella manera...
— Pero gracias a eso te tenemos en Konoha, ¿no es así? —el shinobi trató de aligerar el ambiente.
Ella sonrió un poco apenada.
— La seguridad del país del fuego es más importante que mi felicidad... pero esa etapa de mi vida se acabó y ahora soy muy feliz en Konoha. —miró la copa de sake entre sus manos y la bebió de golpe. — No está nada mal.
— Es una reserva especial de la villa Nadeshiko... —él bebió su propia copa y le sirvió más a la chica. — Bebe más, es una disculpa que te debo.
Emiko frunció el ceño, que ella supiera Jiraiya no había hecho algo por lo que debiera disculparse.
— ¿De qué habla?
— Me disculpo por la herida que te hizo Sasuke Uchiha, me interesaba medir la fuerza de Naruto, así que no intervine.
El silencio los envolvió.
— Bueno... —Emiko se llevó su mano izquierda a su hombro derecho. — Supongo que ya sucedió y no debería lamentarme, yo decidí intervenir.
Jiraiya bebió de su copa y exhaló con fuerza.
— Un brindis por ti y Kakashi, que pronto hayan niños Hatake en la academia ninja. — Emiko sonrió y alzó su copa, pero no dijo nada, bebieron el resto de la botella y conversaron de Naruto y los otros novatos, pues ella los conocía bastante bien y Jiraiya quería conocer a Emiko, si era tan buena en infiltración, podría llevarla consigo a alguna misión.
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Unos días después, Emiko llegó a la habitación de Kakashi, quien estaba sentado leyendo su nuevo libro de Icha Icha Paradise, pero lo bajó cuando la vio llegar.
— Ya tengo una idea.
— ¿Una idea? —preguntó ella mientras tomaba asiento junto a la cama y colocaba a un lado su maleta con las cosas de la academia.
— Sí, ayer regresaron Naruto y Sakura de su misión... —Kakashi suspiró un poco cansado. — No consiguieron traer de vuelta a Sasuke, al parecer se fortaleció mucho en este tiempo, así que llevaré a entrenar a Naruto para que aprenda un nuevo ninjutsu... tomando en cuenta las reservas de chakra que tiene, seguro lo logrará, vamos en contra del reloj.
— Pero para lograr algo así se necesita mucho tiempo, Kakashi... —respondió Emiko mientras lo miraba con sorpresa.
— Supongo que no me queda más remedio que recurrir a su técnica de clones de sombra, si pongo a entrenar a cientos de ellos al mismo tiempo, probablemente ganemos tiempo y experiencia.
— Eso suena agotador.
— Lo será, pero es lo mejor que tenemos entre manos. —respondió el shinobi. — Creo que una vez que me den el alta estaré bastante ocupado, lo siento, Emiko.
Ella negó.
— Está bien, es nuestro trabajo, también deberé ponerme al corriente con mi trabajo en la torre, hasta ahora solo he atendido mis clases de la Academia.
Kakashi bajó el libro y tomó una de sus manos.
— Cuando todo esto acabe, vayamos de vacaciones a algún lugar.
— Vale.
Kakashi se estiró todo lo que su maltrecho cuerpo le permitió y atrapó los labios de la mujer, quien se acercó más a la cama y profundizó el contacto, sentir los cálidos labios del hombre fueron suficiente para hacerla olvidar que estaban en el hospital, por lo que cuando la puerta se abrió de golpe, su contacto se cortó, ya que Kakashi volvió a subirse la máscara y ella trató de disimular aunque un leve sonrojo quedó en sus mejillas.
— ¡Kakashi-sensei! —Naruto entró gritando a la habitación.
— Primero toca, idiota... —gritó Sakura mientras saludaba. — Buen día, Emiko-sensei, Kakashi-sensei... ¿Cómo sigue?
Emiko sonrió al ver a los chicos, por lo que tomó su maleta con las cosas de la academia.
— Tengo que atender unos pendientes, pasaré más tarde, Kakashi... —se despidió de los chicos con un gesto de la mano y se marchó.
— ¡Ko-chan! —la voz de Asuma le hizo detenerse y pronto lo vio seguido de su equipo.
— Hey, ¿Vienen a ver a Kakashi?
— Hay algunas cosas que quisiera conversar con él... —Asuma sonrió. — Y los chicos quieren ver a Naruto y Sakura.
Emiko sonrió.
— Vayan, están todos reunidos en la habitación de Kakashi.
— Emiko-san, te ves cansada... —comentó Ino mientras los otros miembros de su equipo se marchaban hacía las escaleras.
— Solo un poco, es agotador el trabajo en la academia... —aquello era una verdad a medias, siendo honesta la estancia de Kakashi en el hospital estaba siendo agotadora para ella ya que no podía descansar muy bien.
— Trate de dormir un poco más... —y la rubia se marchó tras su equipo.
Emiko sonrió y agradeció el consejo, y pronto siguió su camino con calma a la torre, donde vio a Shizune correr de un lado a otro.
— ¿Sucede algo, Shizune-san?
— Debemos revisar las misiones y suspender las de rango bajo que no sean importantes, además debemos reducir las misiones B para tener la mayor cantidad de activos dentro de la aldea.
Emiko apretó la maleta que llevaba entre manos, aquello parecía una preparación para la guerra.
— Sí...
Kakashi estaba mejor, así que entendería que ella empezara ya mismo a retomar sus actividades en la torre, al parecer todos estarían trabajando contra reloj.
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Hace una semana, cuando Emiko terminó sus clases en la academia, recibió un mensaje de Sakura donde le decía que por fin habían dado el alta a Kakashi. La mujer sonrió divertida, desde hace algunos días Naruto llegó con sus cosas a la habitación del peligris y se instaló para estar al pendiente de que su sensei mejorara rápido para poder empezar a entrenar. La kunoichi rió cuando Kakashi se lo contó y acordaron que ella ya no pasaría la noche ahí, sin embargo tampoco pudo descansar en casa, ya que debido a las altas cargas de trabajo en la torre, dormía en el sofá de su pequeña oficina.
Ahora que salía de comer de un local cercano a la torre, vio a Garuru y a Shiba correr hasta ella mientras llevaban una mochila de Kakashi, suponía que tenía misión.
— ¡Chicos! —los llamó Emiko, así que los perros bajaron del techo por el que brincaban para ir con ella. — Gracias por su buen trabajo, ¿Vienen de casa?
— Sí, el capitán Kakashi nos pidió llevar sus cosas. — Shiba se rascó atrás de las orejas con la pata.
— ¿Saben donde está ahora?
— Estuvo en el campo de entrenamiento 19 con Naruto-kun, pero tiene que salir de misión de emergencia, nos mandó para avisarte.
Emiko suspiró, había esperado que le dieran unos días de descanso a Kakashi luego de su recuperación, pero suponía que esa era una situación de emergencia.
— Gracias, vayan con cuidado.
— ¡Claro! —dijeron ambos perros y retomaron su camino sobre los techos.
La kunoichi pronto llegó a la torre justo cuando dio la vuelta para llegar a su oficina, donde Asuma la esperaba en la puerta.
— ¡Hey! ¿qué hay de nuevo? —saludó la chica mientras alzaba una mano.
— Vine a entregar nuestro reporte de misión y pensé en pasar a saludar. —explicó el shinobi. — ¿Quieres dar una vuelta?
Emiko suspiró cansada, el trabajo no se iría y no le vendría mal despejarse un poco.
— Claro, ¿Vamos a algún lugar en particular?
— No, solo pensaba en dar unas vueltas por la aldea. —sacó su cajetilla de cigarros.
— Me sorprende que Kurenai aún te deje fumar.
— Solo puedo hacerlo fuera de casa, es un hábito difícil de dejar.
Caminaron en dirección a la salida de la torre, donde comenzaron a vagar por la aldea.
— Hace mucho que no me tomaba un buen descanso. —dijo la chica mientras se estiraba y respiraba el fresco viento.
— Sí, no está nada mal... — Asuma encendió su cigarrillo y exhaló.— ¿Recuerdas que Nomiya-sensei solía hablar con refranes y dichos populares?
Ella sonrió.
— Sí, pocas veces entendía lo que decía...
— Y Genma actuaba como si realmente le entendiera, fueron buenos tiempos...
— Sí, estuvimos poco tiempo bajo su mando, pero creo que su voluntad de fuego nos alcanzó, era un buen hombre.
Continuaron caminando por la aldea, sin prisas y conversando de viejas misiones.
— También pasamos un largo tiempo en la capital... —mencionó él.
— Tu barba corta y cabello largo te hacían ver muy salvaje.
Asuma rio a carcajadas.
— Aún me sorprendo de lo bien que ocultaste tu lugar en el Kouka Toki mientras fui parte de los Doce guardianes del país del fuego, eres una buena ninja.
Emiko bajó la mirada pero en su rostro nació una pequeña sonrisa.
— Aprendí mucho pero también piensa que estabas muy ocupado la mayor parte del tiempo, supongo que cada uno estaba centrado en seguir su propio camino...
— Eso es cierto, y aún ahora, me sorprende tanto que Genma haya sentado cabeza, Kana y él se adoran mientras la pequeña Suki no para de crecer, ya quiero ver a Genma cuando los muchachos estén detrás de su pequeña.
Ambos shinobis rieron divertidos imaginando lo histérico que sería su amigo.
— Y Kana-san me dijo que están trabajando en un hermano o hermana para Suki, se veía radiante.
En cuanto Emiko dijo aquello, Asuma se detuvo y se llevó una mano a la nuca.
— Ko-chan... Kurenai y yo... estamos esperando un hijo.
La chica abrió los ojos con emoción y abrazó al shinobi.
— ¡Enhorabuena! Es maravilloso, Asuma.
— Sí, aunque aún es un secreto, queremos esperar un par de meses para ver cómo va creciendo y entonces lo haremos público. —sonrió avergonzado.
— Está bien, no diré nada, pero gracias por contármelo. —su sonrisa se ensanchó.
— Y bueno, si todo sale bien... Kurenai y yo queremos que tu seas su madrina.
La chica detuvo su andar.
— Por supuesto... quiero decir, yo con gusto acepto... sería un honor.
El cielo comenzó a pintarse naranja y ambos amigos continuaron su marcha en silencio, contentos ante lo conversado y seguros de lo brillante que era el futuro. Pero de pronto el ruido de gritos y golpes se escuchó para los dos shinobis entrenados, quienes se miraron y sin decir una palabra caminaron hacía el lugar indicado. Cuando terminaron de subir corriendo las escaleras de la pequeña plaza, vieron a varios de los novatos (ya no tan novatos) pelear.
— Nunca harán que me meta. —dijo Shikamaru al ver a los dos jounnin llegar.
— Ah, eso no es para ti, ¿verdad? —le dijo Asuma con diversión. — Basta con que dejes que se peleen.
— Ahora tenemos una persona más en este pueblo, ¿no?
Emiko pensó que el chico de coleta se refería al futuro bebé, pero cuando miró más de cerca a los chicos pelear, hubo uno al que no reconoció, por lo que imaginó que a eso se refería Shikamaru. Sin embargo, unos gritos de emoción se escucharon cada vez más cerca y Emiko sonrió al ver a Rock Lee llegar saltando entre los techos para unirse a la pelea en la que ya estaban Naruto, Kiba, Akamaru, Chouji y el chico desconocido.
Asuma mostró frustración.
— Pueden seguir luchando para siempre porque son rudos. —expresó Shikamaru.
— Bueno, supongo que ya fue suficiente. —dictó Asuma mientras Emiko se cruzaba de brazos lista para ver a su amigo en acción.
— ¿Ayudarás? —preguntó el chico a la mujer de cortos cabellos negros, quien negó.
— Seguro pueden ustedes sin mi.
El Nara chasqueó la lengua y aquello divirtió más a la chica. Sabía que no le agradaba mucho al Nara desde aquella vez que ayudó a Ino a confesarse, y porque hace hace un par de meses sin querer lo encontró en una de las oficinas de la torre en una sesión baste intima con la hermana del Kazekage, así que la mujer solía molestarlo con indirectas sobre lo sucedido, algo que él consideraba problemático.
Una vez que Asuma y su alumno terminaron con la pelea, el jounnin se encargó de dar su merecido a cada uno para después sonreír alegre.
— Listo, hagamos una fiesta de asado de carne tras la reunión de puños.
— Tsk... —se quejó Shikamaru y Emiko negó, aquellos gestos para estrechar lazos eran tan propios de Asuma.
— Yo paso, iré a ver a Kurenai y de ahí regreso al trabajo...—dijo la mujer mayor, a lo que Asuma solo le dio una sonrisa junto a un asentimiento de cabeza.
— ¡Adiós Emiko-sensei! —gritaron Kiba, Lee y Chouji mientras la mujer se marchaba con una mano alzada en forma de despedida.
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Un par de días después, Emiko estaba en casa terminado de doblar su ropa limpia cuando de pronto la luz en la casa se fue.
— Justo en mi día de descanso... —se quejó la chica, quien se asomó por la ventana y vio que las casas aledañas tampoco tenían luz. De pronto vio varias siluetas corriendo en los techos en la oscuridad, por lo que se apresuró a colocarse su chaleco jounnin sobre la yukata negra que usaba y tomar su ninjato en la cadera, si la aldea estaba bajo ataque debía reunirse con los líderes de escuadrón en la torre.
De prisa avanzó por los techos oscuros y notó que habían jounin puestos de manera estratégica por todos lados.
— Emiko... —Genma la saludó cuando aterrizó junto a todos los shinobis que esperaban órdenes directas de la Hokage. — ¿Crees poder pelear? —le preguntó en voz baja.
— Por supuesto, hasta el final.
Entonces la Hokage empezó a explicar que el apagón si bien podría ser un accidente, al no haber tenido contacto con la central eléctrica, debían proceder como si fuera algo ocasionado por un enemigo, por lo que la aldea entraría a un nivel de emergencia nivel dos. A Emiko y a Genma los asignaron a la compañía dos que cuidaría de la puerta principal, mientras Asuma se quedaría con la Hokage.
— Vaya, algo se está moviendo en el bosque... —exclamó Kotetsu mientras todos los shinobis estaban al pendiente de la señal que el escuadrón que estaba afuera mandaba para informar de cualquier cosa, pero de pronto la luz se apagó.
— Atacarán por aquí... —exclamó Genma mientras sacaba varios senbon y Emiko desenvainaba su ninjato.
— Más te vale tener cuidado. —le dijo Emiko. — Tu familia te espera en casa.
El castaño miró divertido a la chica.
— Esto será pan comido, por cierto, Asuma ya te contó, ¿verdad?
— Sí, y por eso debemos ganar para proteger el futuro de todos los niños que viven o vivirán en esta aldea. —Emiko dispersó su chakra cuando empezaron a escucharse los gritos de sus compañeros que estaban fuera de la aldea. — Usan jutsus de tierra muy poderosos, literalmente están abriendo y cerrando la tierra a voluntad. —informó.
Genma chasqueó la lengua, al ser el líder de esa compañía, debía ir primero.
— Lancen ataques de larga distancia, iré yo primero...
Cuando el humo de los ataques se dispersó, Genma y los demás pudieron ver a los cuatro causantes del ataque, siendo uno de ellos el encargado de invocar cuatro templos que rodearon la aldea y la encerraron en una poderosa barrera de defensa que quemaba todo lo que la tocaba, como comprobó Genma al lanzar un senbon.
— Así es... —respondió Genma a la pregunta de algún compañero. — Así es, esa barrera nos dejó atrapados dentro de la aldea...
De pronto una fuerte luz en la puerta de entrada llamó la atención de todos.
— ¿Y ahora qué es eso? —preguntó Kotetsu.
— Nosotros cuatro hemos venido en una misión infalible en nombre de la futura fuerza de la Tierra del Fuego. —empezó a decir una voz que provenía de la luz, Emiko estaba junto a Izumo y Kotetsu, tratando de entender lo que sucedía. — Hemos venido a promulgar nuestra voluntad indomable... ahora escuchen lo que tenemos que decir, solo tenemos un objetivo en mente... la glorificación de la Tierra del Fuego con el Señor Feudal como único rey...
Genma miró a Emiko, quien estaba igual de sorprendida que él, ¿Acaso Soujiro había perdido la cabeza y deseaba deshacerse de Konoha?
— La reina de la aldea de Konoha es una amenaza para el verdadero rey de la Tierra del fuego... ¡No permitiremos la existencia de dos reyes!
Emiko se mordió el labio, aquello era sumamente inesperado... el silencio envolvió a todos los presentes, hasta parecía que todos los presentes contenían la respiración.
— ¿No entienden? ¡Estamos diciendo que no necesitamos a su Hokage! —todos los presentes se enojaron por sus palabras. — No hay necesidad de aprobación, ustedes nos ayudarán de todas formas... nos ayudarán convirtiéndose en cadáveres...
— No los dejaremos tocar a la Quinta Hokage...—empezaron a exclamar algunos de los shinobis, Emiko sintió la tensión en el aire, por lo que apretó fuertemente el mango de su ninjato, estaban encerrados así que no había forma de escapar o esperar ayuda del exterior, así que solo les quedaba luchar con todo lo que tenían.
De pronto, uno de los atacantes comenzó usando el estilo de tierra, por lo que todos tuvieron que retroceder para evitar se golpeados por una marea de rocas que conforme avanzaba destruía todo a su paso.
— ¿Estás bien? —preguntó Iruka a la chica, al parecer los refuerzos estaban llegando.
— Lo estoy, gracias... —respondió Emiko pero entonces vio como algunas personas empezaron a emerger de la tierra... su piel se veía azul... ¿Acaso eran zombies?
— Todos, ¡Al ataque!
Sin dudarlo Emiko se lanzó junto a Iruka contra los shinobis de piel azul y mirada perdida, no eran fuertes pero no bastaba un tajo para detenerlos, se necesitaba dar un golpe muy fuerte para que se pulverizaran.
— Esto no tiene fin... —Izumo cayó de rodillas cuando no pudo evitar el ataque de dos shinobis azules.
— Ve a la retaguardia... —le dijo Emiko mientras danzaba y cortaba a esos ninjas. — El equipo médico está atendiendo cerca del distrito comercial.
— Vamos, Izumo... —Iruka sujetó al shinobi y mientras lo ayudaba a levantarse observó a la mujer pelear. Nunca la había visto en acción pero era cierto que su taijutsu era bastante bueno, se movía como si danzara al son del viento y movía su espada con agilidad.
— De prisa, saquen a los heridos... —ordenó Genma mientras llegaba al lado de Emiko. — Ya podemos decir que peleamos contra zombies.
— Sería genial si no fueran demasiados...
— ¿Podrías rastrear a Asuma? Hace tiempo no lo veo y tengo una mala corazonada. —dijo el castaño.
La kunoichi retrocedió un poco y liberó su chakra para rastrear a su amigo, y lo encontró corriendo hacía la central eléctrica de la aldea... donde sintió algunas presencias muy poderosas.
— Se dirige a la central eléctrica, pero... creo que hay algunos enemigos muy fuertes en ese lugar... —un escalofrío la recorrió pero tuvo que centrarse ya que del piso salieron varios shinobis muertos que la atacaron.
— Demonios, no podemos ir a ayudarle... son demasiados... —Genma lanzó un ataque que destrozó a varios enemigos pero pronto habían el doble de ellos listos para atacar.
— Son demasiados... —Emiko escuchó las voces de los novatos, quienes se unieron al combate.
Pronto los gritos de los shinobis que fueron atrapados por los zombies se escucharon por todos lados, aquello estaba siendo una masacre.
— ¡No dejen que avancen más, debemos proteger nuestra aldea!
La Kunoichi empezó a sentir que su brazo derecho se acalambraba, a pesar de que todos los días entrenaba sola o con Tenten, forzar de más su brazo le generaba dolor, además ella no era un ninja de combate físico de largo tiempo, era alguien que se movía en las sombras y atacaba solo para matar, este tipo de combates no le gustaban pero nunca dejaría de luchar para defender su hogar.
— La barrera defensiva se está desvaneciendo... —exclamó alguien.
Aquello hizo que Emiko mirara al cielo y efectivamente la gran burbuja que parecía rodearlos estaba desapareciendo, aquello le dio más ánimos para continuar peleando, significaba que los otros escuadrones estaban haciendo su trabajo.
— No te distraigas... —dijo Emiko a Lee cuando miraba los templos derrumbarse pero un zombie lo atacaba por atrás.
La pelea se estaba volviendo irritante, aquellos shinobis muertos no dejaban de salir del piso y la kunoichi vio que Shikamaru llegaba y se llevaba al resto de los novatos.
— ¿Qué sucede? —preguntó a Iruka, quien peleaba.
— Parece que esto es una distracción, ellos irán a buscar a los otros atacantes, nosotros debemos mantener este frente. —dijo el profesor.
— De acuerdo.
Sin embargo en ese momento los cadáveres vivientes empezaron a desaparecer igual que la barrera, por lo que varios de sus colegas se tiraron al suelo con alegría y demostrando lo agotados que estaban al igual que ella.
— ¡No bajen la guardia! —gritó Genma a todos los que empezaban a celebrar. — No sabemos que nos espera aún...
Emiko se limpió el sudor de la frente con el dorso de su mano, odiaba que su día libre hubiera terminado así.
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Cuando Kakashi y Jiraiya escucharon del ataque a la aldea concluyeron con su investigación en conjunto y el Hatake junto a su ninken regresaron de prisa. Tardaron dos días en llegar a Konoha y para entonces toda la entrada ya había sido reconstruida, solo hacían falta un par de edificios enormes y todo volvería a ser como antes. Pero el peligris no se detuvo más que para avisar de su llegada, una vez estuvo en Konoha habló a Pakkun.
— Dime, jefe. —saludó Pakkun.
— Busca a Emiko, por favor Pakkun.
El pequeño can subió a un techo para olfatear.
— ¿Estás preocupado por la humana? —preguntó el perrito cuando bajó.
— El informe de Shizune fue bastante preocupante, mencionó que los chicos estaban bien pero no añadió nada sobre ella... además, huele a madera pero queda un poco del olor a muerte, sin duda fue una batalla difícil. —dijo mientras se escuchaban ruidos de martillazos y voces de los constructores.
— Jefe, el aroma de la humana está en dirección al hospital.
El peligris asintió, despidió a su ninken y marchó al lugar indicado.
— Kakashi-sensei... —Ino fue a la primera chica que vio al entrar. — Naruto y Sai están compartiendo cuarto en el primer piso, Sakura-chan está con ellos.
— Entiendo... ¿Y Emiko?
— Ella está en la planta baja, en el área de rehabilitación.
— Gracias. —sonrió y marchó a las escaleras. Mientras avanzaba por el pasillo, no pudo evitar escuchar los gritos de Naruto y Sakura, por lo que decidió visitarlos primero, si Emiko estaba en rehabilitación significaba que no tuvo una lesión seria en el ataque y eso le dio un poco de alivio. Pero en cuanto entró a la habitación se arrepintió... Los tres chicos de su equipo ya estaban peleando y gritando sin parar.
— ¡Sensei! —saludó Sakura mientras su rostro se ponía serio. — Regresó muy rápido a la aldea.
— Así que hicieron un gran espectáculo mientras yo no estuve, ¿eh?
— ¿Dónde estuvo, Kakashi-sensei?
— En ningún lugar en particular...
De pronto la puerta se abrió y apareció un serio Asuma.
— Kakashi... ¿tienes un minuto? Quiero hablar contigo... por cierto, traje un regalo para Naruto y Sai. —y mostró una canasta con manzanas.
— Vamos afuera. —dijo el peligris y fue seguido de cerca por el otro shinobi.
Bajaron a la planta principal y tomaron asiento en una zona no tan concurrida, Kakashi vio a Asuma bastante nervioso, por lo que decidió dejarlo hablar de lo mucho que los chicos estaban creciendo, se notaba nostálgico pero en paz, eso era algo extraño.
— Entonces... ¿De qué querías hablar?
— Kakashi... lo que quiero decirte es que... bueno, Kurenai y yo estamos esperando un bebé...
Definitivamente aquello era demasiado inesperado, no esperaba que abordaran un tema así.
— Felicidades, es una buena noticia.
— Lo sé... ya se lo dije a Emiko y de echo le pedí que fuera madrina de nuestro hijo... así que nos gustaría que también tu aceptaras ser padrino.
El ojo visible de Kakashi se abrió con sorpresa, sin embargo pronto apareció Kurenai por el pasillo.
— ¿Se lo has dicho?
— Sí, justo ahora.
La mujer sonrió con amabilidad.
— Ojalá consideres nuestra petición, Kakashi.
— Supongo que sería un honor, debo imaginar que Emiko aceptó sin dudar.
Asuma rio.
— Así es.
— Supongo que no tengo alternativa, acepto.
Kurenai sujetó del brazo a su pareja.
— Y si un día ustedes deciden tener hijos, pueden contar con nosotros. —exclamó la mujer con alegría.
— No creo que eso pase, no tengo intenciones de ser padre.
El ambiente se volvió un poco tenso.
— Supongo que Emiko y tu lo han hablado, ¿no? —comentó la mujer.
— Un poco, estamos bien así... tener hijos implicaría cambios que no estoy en la disposición de asumir, sin embargo celebro que ustedes sean padres, seguro será un bebé muy feliz.
El rostro de Asuma se frunció al mirar algo en el jardín al que daba la ventana donde estaban, entonces la girarse, Kakashi vio a Emiko caminar con una enfermera, sin embargo su rostro estaba serio.
— Creo que tenemos que irnos, Kurenai empezará con sus chequeos médicos y la acompañaré... —dijo Asuma mientras saludaba con una mano alzada a su compañera.
— Considera también los deseos de Emiko, ¿Sí Kakashi? —dijo Kurenai mientras se marchaban y Kakashi se ponía de pie para después cruzar la ventana y llegar hasta la mujer de cortos cabellos negros.
— Hola, ¿Estás bien?
— Sí... —la mujer miró a la enfermera. — Caminaré con él, muchas gracias por la ayuda.
Y la enfermera se fue.
— ¿Peleaste en el ataque?
— Sí, estuve en el escuadrón de Genma... nos tocó pelear en la puerta principal.
En el jardín no había bancas para sentarse, por lo que el hombre le estiró el brazo y ella lo tomó con su brazo sano para caminar recargada en él.
— ¿Te lastimaron?
Ella negó.
— Es la herida de siempre, Sakura-chan me recomendó que tomara unas sesiones de chakra curativo, a pesar de que es una vieja herida se abre si la fuerzo mucho.
El silencio los envolvió.
— Me alegro de que estés bien, lamento no haber estado.
Ella negó.
— Estabas en una misión importante, está bien. —respondió un poco incómoda.
Kakashi suspiró.
— ¿Escuchaste lo que le dije a Asuma?
— Sí.
— ¿Estás molesta?
Ella se removió un poco incómoda pero alzó la mirada.
— A mi me gustaría tener hijos contigo, Kakashi...
El shinobi volvió a suspirar.
— Lo siento... no está entre mis planes de vida.
Fue turno de ella para suspirar.
— Supongo que está bien... —respondió más animada. — Veo crecer a Suki-chan, seré madrina del hijo de Asuma y Kurenai, además ya tengo una buena dosis de niños en la academia... supongo que eso es suficiente para mi...
Kakashi vio su intento de sonrisa.
— Emiko... —se detuvo y puso una mano en su barbilla para alzar su rostro y que lo mirara a los ojos. — Cada misión que acepto podría ser la última, y tu lo sabes bien, eres una digna kunoichi como yo... no sé si viva lo suficiente para poder ver la paz por la que estamos luchando... es por eso que no quiero tener hijos ahora, con la amenaza de Akatsuki y el entrenamiento de Naruto... no quisiera dejarte sola con toda la carga.
Ella asintió.
— Lo entiendo, no es un buen momento.
Él la abrazó.
— Cuando recibí el mensaje de Shizune me asusté al pensar que podría perderte... tenemos una profesión muy difícil... pero si tu quieres... podemos volver a discutir esto si logramos sobrevivir a todo lo que se viene... quizá si logramos proteger nuestro futuro, pueda cambiar de opinión.
Emiko rodeó con sus brazos a Kakashi y aspiró su aroma entremezclado con sudor, no cabía duda de que apenas llegó a la aldea fue directo al hospital. No podía enojarse con él cuando la hacía sentir tan amada al dejar abierta la posibilidad... era más de lo que jamás pudo pedir en su vida. Así que no le quedaba más que dar su mejor esfuerzo en la guerra que se avecinaba, ella también lucharía por proteger el futuro de la aldea y el de ellos mismos.
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¡Muchas gracias por leer!
Este capítulo incluyó algunos diálogos del capítulo "Compañeros de equipo" del la temporada 3, capítulo 62 y parte del arco de Los doce guardianes.
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Viernes 27 de mayo del 2022
