Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.

Advertencia: Kakashi X OC.


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Capítulo 23

Sacrificios

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El entrenamiento de Naruto era intenso, así que a pesar de estar en la aldea, Kakashi pasó todo el tiempo junto al rubio y Yamato acampando en el campo de entrenamiento más lejano de la aldea, de manera que Emiko se puso al día con el trabajo en la torre. El tiempo pasaba tranquilo cuando un día la kunoichi supo que algo había pasado cuando escuchó que había una reunión de emergencia en el techo de la torre. Cuando le preguntó a Shizune sobre lo sucedido, esta le dijo que Akatsuki había asesinado al monje Chiriku, un ex miembro de los Doce guardianes del señor Feudal.

—¿Akatsuki ya está en el país del fuego? —fue lo único que atinó a decir la pelinegra, aquello era muy preocupante.

—Tsunade-sama organizará un equipo para detenerlos, esperamos que eso sea suficiente para mantener a salvo a Naruto-kun.—y Shizune se marchó de prisa.

Emiko observó los papeles que tenía en las manos y los estrujó. Ella había conocido a Chiriku cuando trabajaba en la capital, era un hombre muy noble y fuerte, así como gran amigo de Asuma... Si tan solo pudiera hacer algo para ayudar.

—¡Emiko! —la llamó la Hokage, quien caminaba hacía su oficina. —Necesito un rastreador ahora mismo, ¿Quién está disponible?

La pelinegra revisó una de las listas que llevaba y negó mientras caminaba detrás de la mujer.

—Todos están en misiones de espionaje o siguiendo pistas de Jiraiya-sama.

—Tsk, necesito alguien que marche ahora mismo para rastrear a dos Akatsuki.

Emiko apretó sus labios pero habló con firmeza.

—Yo lo haré.

La Hokage se detuvo y miró a la mujer con fiereza.

—Ya no estás en el servicio activo.

—Solo iré como rastreadora, puedo ser de ayuda, Hokage-sama.

La Hokage la miró con un poco de intensidad pero luego suspiró.

—Kakashi me va a matar... partes ahora mismo, cambia tu uniforme en los vestidores y alcanza a Asuma ahora mismo.

—No interrumpa el entrenamiento de Kakashi con Naruto, cuando acaben por favor avísele de la misión, de otra forma podría distraerlo.

—Bien. —aceptó la Hokage.

Emiko asintió y desapareció en una voluta de humo. Mientras se cambiaba su Kimono por unos pantalones, se colocaba una blusa de rejillas y un chaleco jounnin, de pronto sintió un nudo en la garganta, hacía casi dos años que no salía de misión, pero no podía quedarse de brazos cruzados, Asuma y la aldea la necesitaban.

Una vez tuvo lista para partir, fue a su oficina y sacó un pergamino de sellado, que al abrirlo, dejó salir su ninjato. Si bien solo iría como un ninja rastreador, no estaba de más ir preparada para cualquier cosa, como ninja lo sabía mejor que nadie. Al salir de la aldea rastreó la presencia de Asuma y notó que iban en dirección al Templo del fuego, por lo que corrió para darles alcance.

—Volveré pronto, Kakashi. —susurró al viento.

Después de correr por un par de horas, Emiko vio a Izumo cerrar la formación en que avanzaban.

—¿Ryuzara? —dijo Izumo al sentir su presencia tras ellos.

—Vaya que son veloces. —el cielo ya era completamente oscuro.

—¿Qué haces aquí, Emiko? —preguntó un serio Asuma.

—La Hokage pensó que necesitarían a un miembro rastreador, tendré que contar con ustedes cuando los encontremos. —sonrió y el líder del escuadrón la imitó un poco derrotado.

—Bien, pero te mantendrás lejos de la acción.

—Sí, capitán.

Y Emiko se colocó junto a Kotetsu, quien encabezaba la formación.

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Después de que llegaron al Templo del fuego y descubrieron que el cadáver de Chiriku no estaba y concluyeron con que sus enemigos irían a una oficina de recaudación a cobrar la recompensa que había por el monje. Había cinco oficinas cerca, pero Emiko identificó un breve rastro maligno en dirección a una de ellas, por lo que avisaron a la Hokage que irían a esa zona del país. Después de dos días de avanzar por los árboles con el descanso mínimo, Emiko identificó dos presencias malignas en un edificio cercano.

Una vez que vieron a un hombre con capa negra y nubes rojas sentado en los escalones exteriores del edificio, todo se aceleró. Asuma se lanzó al ataque, mientras Shikamaru se encargó de inmovilizar al Akatsuki y que Kotetsu e Izumo lo apuñalaran. Emiko lo observó todo desde el bosque, donde Asuma le pidió que se quedara. Lista para alcanzar a sus compañeros e indicarles donde estaba el otro Akatsuki, vio como todos se quedaban paralizados, tuvo que forzar su vista para percatarse de que el Akatsuki de cabellos plateados seguía con vida a pesar del ataque sorpresa.

Cuando la batalla comenzó a alargarse, Emiko mandó un mensaje para pedir refuerzos a los escuadrones que estuvieran cerca, la situación parecía crítica.

—¿Cuándo debo intervenir? —se preguntó la chica mientras desenvainaba su ninjato. Sentía un poco las manos temblar pero respiró profundamente y se recordó que sus continuos entrenamientos matutinos le habían ayudado a ejercitar su brazo, no podía fallar en una misión tan importante.

Después de unos momentos tensos, de pronto vio a Asuma decapitar al sujeto que ahora tenía la piel de color negro, sintiendo una gran admiración por su mejor amigo, él realmente no se iba con rodeos. Pero entonces vio que el otro sujeto de Akatsuki se acercaba a sujetar la cabeza de su compañero decapitado y de pronto se lanzaba a golpear a Asuma, quien no se pudo levantar del suelo.

Sin pensarlo dos veces, Emiko se lanzó y logró bloquear la patada que el sujeto pretendía dar a Asuma, rompiéndose por la mitad su ninjato al recibir toda la fuerza del golpe. El hombre de ojos verdes no se inmutó pero retrocedió para sujetar el cuerpo de su compañero y coser la cabeza al cuerpo, anunciando que se uniría a la pelea.

Emiko sintió que el sudor frío la empapaba, aquellos hombres eran más aterradores de cerca, su instinto asesino era abrumador, jamás había sentido algo así.

—¿Contra qué demonios luchamos? —se escucharon las palabras de Kotetsu.

Mientras Kotetsu e Izumo luchaban contra el otro Akatsuki, Emiko sintió la mirada del sujeto inmortal.

—Vaya, a Jashin-sama le gustaría un sacrificio tan bonito.

La mujer empuñó su ninjato rota.

—No dejes que consiga tu sangre... —gimió Asuma desde el suelo, mientras Emiko lo sentía juntar sus reservas de chakra.

Hidan empezó un serio intercambio de golpes que Emiko pudo seguir a pesar de la sensación punzante en su brazo derecho, pero no dudó al momento de atacar, aquel sujeto no era tan rápido pero sus golpes realmente eran fuertes.

—No creo poder ganar, pero espero poder ganar tiempo para que lleguen los refuerzos... —murmuró mientras retrocedía a un ataque de la guadaña gigante.

Pronto Asuma pudo levantarse y juntos embistieron al Akatsuki, quien gritaba y se reía como loco, parecía disfrutar de aquella pelea.

—Emiko... —susurró Asuma mientras los tres respiraban luego de un intercambio. —Gracias por todo.

Ella frunció el ceño pero entonces Hidan lanzó su guadaña y en un efecto bumerán que fácilmente los dos ninjas de Konoha pudieron esquivar, se le clavó al Akatsuki en el estómago. Emiko creyó que eso detendría al sujeto de marcas extrañas, pero pronto vio que estaba parado dentro del diagrama que había dibujado con sangre en el piso.

—No... —murmuró la mujer, quien se sintió realmente impotente al ver a su mejor amigo retorcerse del dolor.

—Tendrás que esperar, mujer, solo puedo llevar a cabo un juicio a la vez.

—Déjalo a él... yo tomaré su lugar pero déjalo vivir... —Emiko soltó su ninjato rota y cayó arrodillada junto a Asuma.

—Te tomaré la palabra, pero no puedo dejarlo vivir, prometí a Kakuzu que nos llevaríamos la recompensa de este sujeto... y no tendremos que caminar mucho para hacer el cambio de su cuerpo por el dinero... aunque no pienso volver a entrar a ese lugar tan apestoso... Finalmente podré saborear ese dolor... el dolor de matarte...

Emiko se puso de pie y se lanzó contra el Akatsuki mientras escuchaba los gritos de Shikamaru suplicando porque se detuviera. Todo sucedió en cámara lenta. Emiko consiguió desviar la estocada que el ninja se iba a clavar así mismo en el corazón, pero aún así no pudo evitar que la estocada atravesara su cuerpo ni pudo prever el golpe que la mandó a estrellarse contra la pared, sacando así todo el aire de sus pulmones.

—Ahora vas tu, mujer.

Justo cuando el shinobi estaba listo para lanzar su guadaña, una enorme parvada de cuervos comenzó a atacar a los dos Akatsuki, mientras que Chouji apareció y sostuvo a Asuma y a ella misma para alejarlos del enemigo llevándolos al techo del edificio.

—¡Asuma! —Emiko se arrodilló junto a su amigo y sujetó tu mano mientras se esforzaba por no llorar. —Perdón... no lo logré... —sollozaba.

—Aún late su corazón... —dijo Shikamaru.

Ino se acercó y comenzó a hacer un chequeo con chakra curativo.

—Está muy mal herido, pero no lograron atravesar su corazón, necesita un hospital de inmediato.

—Chouji, lleva a Asuma-sensei al hospital de Konoha de inmediato, Ino, ve con él y usa tu ninjutsu para curarlo todo lo que puedas. ¡Deprisa! —ordenó el Nara.

Pero entonces el otro sujeto llamado Kakuzu llegó hasta ellos.

—No renunciaré a mi botín.

Emiko se puso de pie y sacó un par de kunais.

—Llévense a Asuma, Aoba y yo lo detendremos.—dijo la jounnin y Chouji asintió mientras tomaba al hombre entre sus brazos y comenzaban a huir.

—Los detendremos... —Aoba repitió y se paró junto a la mujer.

— Ve con ellos, Shikamaru, la aldea aún te necesita. —dijo Emiko mientras respiraba profundamente.

Pero el Nara negó.

—Yo ayudaré, ellos necesitan tiempo para huir.

—Shikamaru... confía en nosotros... Ve con Asuma, por favor. —la mujer insistió y el chico chasqueó la lengua para correr tras de su equipo.

Aoba se lanzó a un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el Akatsuki, al que se unió Emiko, quien sintió la adrenalina llenarla por completo. Kuzuku era muy veloz y no tenía huecos en su defensa ni en su ataque, por lo que los dos ninjas de Konoha se limitaban a bloquearlo y tratar de ganarle en velocidad, pero con pocos resultados. Justo cuando mandó a volar a Aoba, el enemigo empezó a hablar solo y detuvo todos sus ataques.

—¿A dónde van? —gritó la chica, pero los dos Akatsuki se juntaron y anunciaron su retiro pero a la vez prometieron regresar, para después desaparecer.

Emiko se dejó caer al piso y Aoba se le acercó.

—¿Estás bien?

—Sí, no hay tiempo que perder. —sacó un par de píldoras del supersoldado. —Hay que escoltar a los chicos, no sea que vayan tras ellos.

El shinobi asintió y llamó al resto de sus camaradas para comenzar el regreso. Emiko bajó del techo, guardó el trozo roto de su ninjato en la funda y avanzó el resto del camino con el resto de su arma en las manos e ignorando el dolor que sentía en sus costillas izquierdas.

El camino de dos días lo hicieron en menos de doce horas, porque se detuvieron a que Ino le diera los primeros auxilios a Asuma, quien estaba demasiado delicado, no sabían si sobreviviría, era una carrera contra el tiempo. Ninguno se quejó de que no hubieran pausas para comer o dormir, y todos los de escuadrón de Asuma comieron píldoras del supersoldado como si fueran dulces para poder recargar un poco sus reservas de chakra y soportar el viaje tan acelerado.

Pronto llegaron a las puertas de Konoha, y sin detenerse, Chouji llevó a Asuma al hospital mientras Izumo y Kotetsu se ofrecieron a entregar el informe de manera inmediata con la Hokage.

—¿Estás bien?—preguntó Aoba a Shikamaru.

—Yo lo llevaré al hospital... vayan con los chicos a la torre. —se ofreció a Emiko y sostuvo al chico para que pudiera continuar caminando en dirección al hospital. El dolor de la condición delicada de Asuma le permitió olvidar el malestar que sentía en su brazo herido, o en los múltiples golpes y raspones que tenía, lo único que quería era ir y ver cómo estaba el jounnin.

—¿Crees que lo logre...?

—Lo logrará... él es Asuma, el último de los doce guardianes y... mi mejor amigo... —los ojos de la mujer se empañaron pero no dejó caer ninguna lágrima, Asuma era fuerte.

A cada paso Emiko sentía que las fuerzas la abandonaban, pero el chico iba en peores condiciones que ella, sospechaba que tenía un severo caso de agotamiento de chakra.

—Emiko. —la voz seria de Genma la hicieron buscar su voz, al parecer el shinobi iba caminando por la zona de comida cuando la vio. —¿Qué sucedió? —preguntó al ver a Shikamaru en tan malas condiciones.

—Te contaré después... —las lágrimas ahora si la desbordaron. —Asuma está en el hospital...

El Shinobi se agachó para que la mujer se subiera a su espalda, lo cual hizo de inmediato, y con las manos libres, Genma pudo sostener a Shikamaru para guiarlos al hospital.

Una vez en el nosocomio, Genma se encargó de que una enfermera atendiera a los dos, quien dictaminó que necesitaban a un médico con urgencia. Una vez los trasladaron a un cuarto, Emiko le suplicó a su compañero que fuera a buscar Asuma y que les avisara sobre su estado.

—También avisa a Kurenai, por favor, Genma. —suplicó la chica mientras llegaba su médico y comenzaba a revisar al chico que ya estaba totalmente inconsciente en la cama de a lado.

—Lo haré ya mismo, te mantendré informada...—y se marchó.

—Usted necesita descansar, su hombro se encuentra lesionado y las píldoras han generado desgaste en su red de chakra, debe dormir.

—No puedo ni aunque lo intentara... —sintió las lágrimas caer por su rostro.

—Le inyectaré calmantes, dormirá un par de horas.

Y después de esas palabras, Emiko perdió la conciencia mientras lo último que veía era a Shikamaru dormir en la cama continua.

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—Emiko... Emiko...—una voz la movió para que reaccionara, entonces pudo ver el rostro de Genma. —¿Puedes andar?

—Sí, eso creo... —y mientras la mujer se levantaba con mucho dolor por todos lados, vio a Genma despertar al chico Nara.

—¿Qué hora es?

—Es media noche, Asuma acaba de salir de operación.

Lo ojos del Nara se abrieron al escuchar aquello.

—¿Cómo está? —preguntó la mujer.

Genma negó y bajó la mirada.

—Vine por ustedes, faltan de despedirse.

Emiko vio como el rostro de Shikamaru se descomponía y se levantaba de inmediato, sin ponerse zapatos salió corriendo. Por otro lado Emiko miró a Genma, quien dejó escapar un par de lágrimas.

—¿Tan mal está?

—La mayoría de sus órganos fueron destruidos, los médicos están haciendo lo imposible para que no sufra pero puede sufrir un shock en cualquier momento.

—¿Pero Tsunade-sama no podría...?

—Ella lo operó personalmente, dijo que fue un milagro que sobreviviera hasta llegar a la aldea... anda, ponte zapatos y vamos.

Emiko se puso de pie, se calzó a pesar de que todos sus músculos le suplicaban que regresara a la cama.

Cuando llegó a la habitación de su compañero, vio a sus tres alumnos y a Kurenai rodearlo.

—Ko-chan... —Asuma la llamó con voz grave pero se notaba el dolor en cada nota.

—Asuma... lo siento tanto... debí intervenir antes...

—No, te dije que no debías pelear, pero gracias a ti pude sobrevivir para ver por última vez mi aldea y a Kurenai... gracias.

Emiko pudo ver el dolor en el rostro de la mujer, quien se esforzaba por no llorar para no angustiar de más al moribundo Asuma.

—Resiste Asuma... aún tenemos muchos pendientes los tres, es muy pronto. —gimió Emiko, ignorando el dolor que sentía se colocó a los pies de la cama de su amigo.

—Eres una persona muy fuerte Emiko... Genma... a los dos les pido que cuiden a mis chicos, a Kurenai y a mi hijo... todos ellos son mi familia... sé que es una carga pesada pero...

—Lo haremos, somos tus hermanos, Asuma. —dijo Genma con el intento de una sonrisa.

—Tu nos sacaste con vida de la guerra que luchamos siendo unos niños... siempre vamos a cuidar de tu familia, Asuma.

—Bien... ahora que les he dicho todo... ¿Podrían dejarme solo con Yuhi?

Los tres chicos asintieron, Genma y Emiko salieron tras ellos y cerraron la puerta. Ino, Shikamaru y Chouji se abrazaron y comenzaron a llorar.

—Es mi culpa, Genma... —Emiko sollozó mientras el hombre la rodeaba con sus brazos y también comenzaba a llorar en silencio.

De pronto un médico entró corriendo a la habitación y al abrir la puerta se escuchó un pitido que anunciaba que el corazón del shinobi se había detenido. Fue entonces que Kurenai salió de la habitación, sus ojos apagados y las lágrimas que caían al suelo eran desoladoras. Emiko soltó a Genma y de prisa abrazó a la mujer quien comenzó a llorar con rabia.

—No es justo... no es justo... —gemía Kurenai mientras sus piernas perdían la fuerza y junto a Emiko cayeron al piso, donde la ambas continuaron llorando.

Genma se talló los ojos, y vio que los tres alumnos de Asuma estaban destrozados, así que se dijo que en esos momentos él debía ser fuerte por todos ellos. Una vez que las mujeres se quedaron sin lágrimas, Genma le dio una mano a Kurenai para ayudarla a levantarse.

—Vendrás a vivir con Kana y conmigo, cuidaremos de ti, Kurenai.

Sin fuerza la mujer asintió, estaba demasiado shockeada como para dar otra respuesta.

—Yo esperaré hasta que vengan por su cuerpo, me haré cargo de todo. —dijo Shikamaru mientras se tallaba los ojos.

—Te acompañaré...—dijo Emiko y marchó con Shikamaru para hablar con el médico que decretó la hora de muerte.

Cuando elijes la carrera como ninja, se enseña que la muerte es una posibilidad real en cada momento de una misión, y aún estando en casa existía el peligro de que alguien te atacara buscando venganza o debilitar a la aldea al eliminar a sus agentes. El equipo de Emiko lo aprendió a las malas cuando su sensei murió en medio de la tercera guerra ninja, y los dejó en una trinchera rodeada por enemigos, pero aún así, trabajando juntos lograron cumplir con la misión y salir vivos. Genma había asistido al funeral de muchos amigos y colegas, aún recordaba el dolor por la muerte de Hayate, pero jamás imaginó que perdería a su mejor amigo, a su compañero de pelea. Perder a Asuma era la muerte más dolorosa que pudieran imaginar... más sabiendo que estaba esperando a su hijo.

—Llevaré a Kurenai a descansar, vayan también a casa, chicos. —Genma les dijo a Ino y Chouji, quienes asintieron con tristeza.

Mientras Shikamaru y Emiko esperaban al forense que autorizaría que el cuerpo fuera dispuesto para ser enterrado cerca de su padre el tercer Hokage, Emiko puso una mano en el brazo del chico cuando lo escuchó maldecir.

—Es mi culpa. —gimió el chico y Emiko negó.

—No, lo hiciste bien... Kotetsu me dijo que tu descubriste las condiciones del jutsu de aquel sujeto... no fue tu culpa, Shikamaru.

—¡¿Entonces si lo hice tan bien por qué está muerto Asuma-sensei?!—gritó, agitando a la chica pues al ser la madrugada, todo estaba en silencio.

—Porque le fallé... porque soy un arma defectuosa... Shikamaru... tu solo eres un chunnin igual que Izumo y Kotetsu... era mi responsabilidad por ser la otra jounnin del equipo... debí intervenir antes...

El chico dio un manotazo para alejar la mano de Emiko y se levantó de golpe

—Nunca me agradaste desde que te metiste en mi vida y en la de Ino... y tienes razón, debiste intervenir antes... ¿De qué sirve tu rango si no puedes salvar a una persona? —gritó con furia.

—Shikamaru...

—Él fue la primera persona que apostó por mi, él era mi maestro... él no merecía este final tan triste...—gritó.—Si tan solo hubieras salido antes de tu escondite podríamos haber ganado más tiempo para que llegara el otro escuadrón... pero no hiciste nada, ni siquiera ayudaste a Izumo y Kotetsu...

Emiko abrió la boca para defenderse, pero el chico tenía razón... ella debió haber actuado antes pero dudó.

—Lo lamento tanto... —sollozó ella.

—Lamentarlo no lo traerá de vuelta... —el chico pateó las sillas que estaban junto a ellos y se marchó hecho una furia.

Emiko se quedó de pie en el pasillo vacío hasta que una enfermera fue a ver qué había sucedido y ella le dijo que no había sucedido nada. Levantó las sillas y se volvió a sentar hasta que llegó el amanecer y apareció la persona encargada de organizar los funerales de los ninjas de Konoha. Emiko firmó algunos documentos y marchó a casa para cambiarse, ya que al medio día sería la despedida de Asuma en el cementerio de la aldea.

Cuando llegó a casa vio que las cosas seguían como las dejó, por lo cual supo que Kakashi había seguido con el entrenamiento de Naruto. Se dio una ducha donde volvió a dejar salir las lágrimas. Se miró en el espejo y vio su cuerpo magullado por los golpes que había recibido en el enfrentamiento, su costilla se había roto, pero los médicos lo arreglaron fácilmente, pero su piel continuaba morada en casi toda su extensión. Talló su cuerpo fuertemente, como una flagelación por haber dudado tanto sobre entrar al combate, su debilidad e indecisión seguía costando vidas. Luego de abrirse algunos cortes que los médicos habían logrado cerrar con chakra curativo, Emiko salió del baño y se colocó unos pantalones y una blusa holgados, se acostó en la cama que compartía con Kakashi y deseó que él estuviera en esos momentos a su lado.

Volvió a llorar y esta vez no contuvo los gritos de impotencia y dolor, le había fallado a Asuma, a Kurenai y su futuro hijo... ella realmente nunca dejaría de ser el fracaso que su padre le decía que era. Y así, entre sollozos, falta de sueño y agotamiento por el consumo de píldoras, se quedó dormida.

—Emiko... —una suave voz acompañó un par de toques en su brazo. Abrió los ojos y vio a un triste Kakashi frente a ella.

—Kakashi... ¡Asuma...! —las lágrimas volvieron a su rostro y el shinobi lo único que hizo fue sentarse junto a ella y acariciar su espalda en lo que se calmaba.

Una vez que ella volvió a controlarse, Kakashi le ofreció un pañuelo y mientras ella se limpiaba el rostro, notó que el hombre ya estaba bañado y con ropa negra.

—Debemos salir pronto, Emiko... Tsunade-sama oficiará la ceremonia de despedida.

El rostro de la mujer asintió, pero su piel estaba más pálida de lo normal.

—Me daré prisa... —murmuró mientras se levantaba y volvía a entrar al baño. Cuando salió y empezó a cambiar su ropa, Kakashi notó las marcas de sangre en la toalla blanca que le mujer dejó a un lado.

—¿Estás herida?

Emiko miró las toallas y negó.

—No es nada, estoy bien.

Kakashi no agregó nada más, por experiencia propia sabía lo difícil que era afrontar una situación así. Había estado entrenando con Naruto esa mañana, cuando un ninja de la torre llegó a informarle a Yamato que Asuma Sarutobi había muerto. Sintió una tristeza infinita, jamás se acostumbraría a perder a sus amigos y colegas, pensó en Kurenai... ella estaba esperando al hijo de Asuma, sin duda eso la devastaría, ni hablar de Emiko, quien amaba a sus compañeros de equipo. Suspiró y con resignación informó a Naruto de que irían a la aldea para despedirse.

Lo primero que hizo fue ir a su casa, donde se encontró a una Emiko casi inconsciente, a pesar de que le habló, ella nunca reaccionó, así que después de verificar que estuviera bien, marchó a la torre donde buscó a Tsunade-sama, quien le proporcionó el informe que Aoba, Izumo y Kotetsu entregaron, mismo donde se enteró que Emiko había ido a esa misión. Leyó con su sharingan el reporte para memorizarlo, mientras la Hokage le decía que envió a la pelinegra porque necesitaban a un ninja de rastreo y que fuera de algunos golpes fuerte y una fractura de costilla, estaba bien. El Hatake ni siquiera pudo enojarse, lo hecho, hecho estaba, y ahora entendía el porqué su pareja estaba tan profundamente dormida, estaba agotada por la misión y por el dolor de su pérdida. Tsunade le informó del estado del equipo diez y le pidió que vigilara de cerca a Kurenai.

—Ya terminaron la biopsia y Emiko firmó toda la documentación en la madrugada, por favor convoca a la ceremonia de despedida en un par de horas. —ordenó la Hokage al peligris, quien asintió y cumplió cabalmente con su orden.

Kakashi tocó la puerta del departamento de Kurenai y Asuma, y para su sorpresa, Genma fue quien abrió.

—¿Qué sucede, Kakashi?

—Tsunade-sama me pidió que le diera un vistazo a Kurenai, ver si necesita algo para la ceremonia.

Genma le sonrió cansado pero negó.

—Ella ya está en el cementerio con Kana, yo vine por sus cosas, se mudará con nosotros.

—Entiendo, es bueno saber que no estará sola. —asintió Kakashi.

—Kakashi... acompaña a Emiko, debe estar... —la voz del shinobi se quebró, pero haciendo uso de todo su autocontrol no permitió que su semblante cambiara, se mantuvo sereno, así que solo carraspeó. —Ella no debe estar sola en estos momentos... y yo no tengo tanto valor como para consolarla cuando yo mismo soy un demonio que solo quiere la sangre del asesino.

El peligris asintió.

—Esto no se quedará así, Genma, vengaremos a Asuma... cuiden bien de Kurenai.

El ninja senbon asintió y Kakashi se marchó a su casa donde se encargó de despertar a Emiko y verla arreglarse como una autómata, estaba peor que cuando le informaron que debía terminar con su carrera ninja, su expresión era ausente y llena de dolor. Se moría de ganas por preguntarle lo sucedido en la misión, pero debía darle su espacio, y lo mejor sería empezar por la ceremonia de despedida.

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Cuando terminó la ceremonia que Tsunade-sama presidió para despedir a Asuma fue silenciosa, solo se escuchaban los sollozos de Konohamaru, quien lamentaba la muerte de su tío... el niño se sentía solo, no solo sus padres y su abuelo habían muerto, sino que su tío y último familiar se había marchado de una manera tan abrupta que no quería creerlo. El ninja copia esperaba que Emiko se volviera a quebrar, pero todo el tiempo se mantuvo seria y en silencio, solo habló una vez para preguntar por Shikamaru, al que nadie había visto.

—No estarás sola, Kurenai... —Tsunade le dijo a la mujer cuando el evento terminó y la mayoría de los invitados se habían dispersado. —El fondo de protección shinobi gestionará para que tu y tu hijo puedan disponer de la herencia de Asuma que le dejó su padre, así como una pensión compensatoria, no les faltará nada.

—Gracias, Tsunade-sama... —respondió la mujer con un intento de sonrisa.

—Ya estabas dada de baja del sistema shinobi por tu estado, pero si necesitas alguna otra ocupación o ayuda, no dudes en hablar conmigo. —y así se despidió la Hokage.

—Emiko... —Kakashi llamó a la mujer para que reaccionara, aunque sin mucho éxito, pero cuando Emiko vio a Kurenai regresar a hincarse junto a la lápida del shinobi, se dirigió a ella.

—Kurenai... yo lo lamento tanto... es mi culpa... les fallé... fueron mis colegas en la capital por tantos años y yo no fui capaz de ayudar a vengar la muerte de Chiriku, ni de proteger a Asuma.

—Desde el inicio no tenías que haber ido a esa misión, Emiko... no es tu culpa, Asuma decidió sacrificarse... creo que no importa que hicieras, el resultado habría sido el mismo. —fue la sentencia de Kurenai, quien realmente no tenía la intención de lastimarla, pero en esos momentos no tenía el consuelo para nadie, ni para ella misma. —Así es este trabajo, es todo.

—Vamos a descansar, Yuhi... —Kana, la esposa de Genma le tendió una mano, la cual la mujer aceptó y se marchó con el matrimonio a su casa, dejando solos a Kakashi y Emiko.

—Kurenai tiene razón... mi presencia es igual a mi ausencia... nunca podría haber hecho una diferencia... —susurró la mujer mientras observaba las flores que adornaban la lápida de Asuma.

—Emiko... eres un ninja de rastreo... tan solo haber sobrevivido a enfrentarse con dos Akatsuki es un logro que pocos pueden presumir. —Kakashi no era bueno consolando, pero esperaba que la chica entendiera lo que quería decir.

—¿De qué sirve ser jounnin si no puedo proteger a mis camaradas? —ella apretó los puños. —¿Por qué me siento tan inútil como cuando era niña?

—Oye, leí el informe... pelearon contra un ser inmortal... Emiko, Asuma dio su vida para que ustedes pudieran sobrevivir...

—¡No!—gritó la chica, estaba perdiendo los estribos. —Asuma no... Asuma quería venganza por la vida de Chiriku... Asuma quería evitar que esos monstruos llegaran a Konoha y era mi deber ayudarlo a cumplir sus objetivos... pero se escaparon sin un solo rasguño... le fallé aún cuando él siempre estuvo ahí para mi y para todos... debí morir yo...

—Sigues en shock y estás sintiendo la culpa del sobreviviente, lo mejor será que vayamos a descansar y después al hospital por ayuda profesional...—trató de sujetar a la chica, pero ella se alejó.

—Nunca te vi pedir ayuda...

—Ese fue un error que no debes cometer tu, Emiko.

Pero ella negó.

—Sólo necesito estar sola un rato, es todo...

—No creo que sea una buena idea...

—Capitán... la Hokage necesita que lo acompañe a la torre, quiere saber sobre su última misión. —un ANBU apareció junto a ellos y luego de dar su mensaje, se marchó.

—Ven conmigo...

—No soy tan débil, Kakashi... ve a hacer tu trabajo... yo solo iré a comer a algún lado, no tengo ánimos de cocinar.

Kakashi no quería dejarla sola, pero decidió confiar en ella y se marchó a cumplir con su trabajo.

—No tardaré.

La mujer asintió y comenzó a caminar hacía la salida del cementerio, realmente aquello era más doloroso de lo que jamás imaginó. Mientras caminaba por la zona comercial de la aldea vio los restaurantes y al resto de la gente vivir su vida con normalidad, y aquello le pareció odioso, todo el mundo debía estar triste por el sacrificio de Asuma... pero así era la vida shinobi, morir en las sombras para que la voluntad de fuego se mantuviera ardiendo.

Pronto decidió que no tenía hambre, así que avanzó hasta llegar a un barrio más alejado, donde los ninjas solían ir cuando querían beber una copa.

—Una botella de su mejor Sake... —ordenó y se sentó en la barra. Pronto tuvo el líquido caliente en sus manos y sin dudarlo tomó su primera copa y sintió que su garganta era abrazada por el alcohol de la bebida. Dolía, pero era lo menos que merecía por no haber actuado a tiempo, merecía ese dolor quemante, merecía las punzadas de las cortadas que se abrió ella misma la noche anterior, merecía que su corazón se sintiera morir de dolor.

Emiko levantó otra al copa de sake entre sus manos y bebió hasta el fondo. Que recordara nunca había bebido hasta perder la consciencia, pero es que el dolor de perder a Asuma, su mejor amigo y confidente, sin duda era muy doloroso, pero no solo eso, Emiko se sentía incapaz de dar el apoyo que Kurenai necesitaba en estos momentos en que esperaba a su hijo. Nunca se había sentido tan impotente, era como una regresión a los tiempos en que fue poco más que un estorbo para el tercer Hokage.

Cuando se acabó su primer botella, pidió otra y luego otra, después de la cuarta perdió la cuenta, solo sabía que la sensación de mareo era bastante fuerte. Perdió la noción de tiempo, había empezado a beber casi al medio día y no había una ventana que le dijera que hora era.

—No sabía que eras de este tipo de ninja. —una voz le hizo girar y le pareció ver una sombra plateada hablarle.

—¿...Kakashi?

—Soy yo, vamos a casa.

En esos momentos quiso sentir vergüenza porque aquel hombre la viera en ese estado, pero lo único que quería era perder la conciencia.

—Aún necesito más...

Kakashi negó y pidió la cuenta al que atendía la barra para proceder a pagar. La escuchó quejarse pero apenas pudo poner resistencia, fue muy fácil para él cargarla como un saco de papas en su hombro y salió al fresco de la noche. Al llegar a casa, la bajó, pero en cuanto sus pies tocaron el suelo, corrió a tropezones hacía el final del pasillo para llegar al baño, donde vomitó todo el alcohol que había ingerido. Aquella sería una noche muy larga.

—¿Mejor? —preguntó el peligris mientras se asomaba por la puerta y la veía sentada junto al retrete con el semblante pálido y ojeroso.

—Hará falta tiempo para que pueda responderte que sí. —murmuró mientras se levantaba y se acercaba al lavabo para enjuagarse con agua limpia.

—Este debe ser un record, ocho botellas del sake más caro, Tsunade-sama deberá cuidarse de ti.

—Y ni así logré olvidar lo sucedido... —se lavó la cara, se seguía sintiendo mareada pero poco a poco regresaba a sus sentidos.

—Emiko... hablé con Shikaku... él hablará con Shikamaru y necesitas estar lista.

Emiko giró la cabeza para ver al shinobi, pero ese gesto la hizo marearse.

—¿De qué hablas?

El hombre suspiró cansado.

—Debes saber que los Nara dan miedo cuando están motivados... pero ahora necesitas dormir.

La kunoichi no entendió nada de lo que dijo su pareja pero asintió cuando la atrapó entre sus brazos.

—Sé que duele... pero no es el final, vamos a salir adelante y no abandonaremos ni a Kurenai ni a nuestro ahijado, ¿De acuerdo?

Ella asintió y dejó que el hombre la guiara a la cama, donde se aferró a su pecho y se quedó profundamente dormida.

.


Al día siguiente Emiko despertó con el olor de un delicioso desayuno y la presencia de alguien más en casa. Se levantó con un terrible dolor de cabeza pero decidió averiguar quien estaba en su casa. Salió a paso lento y desde el pasillo pudo ver a Kakashi servir un poco de desayuno a Sakura.

—Buen día. —saludó Kakashi con tranquilidad y la mujer se sintió un poco mal de lo sucedido anoche. —Sakura vino a verte.

—Hola, ¿Sucede algo?

Sakura negó con la cabeza.

—No, solo vengo a hacer un chequeo y ver cómo van tu brazo y la costilla que curaron los médicos, leí tu expediente en el hospital por lo que puedo darte seguimiento oficial.

La mujer asintió, aún tenía ganas de tirarse al piso y llorar hasta quedarse dormida, pero no quería darle más problemas a Kakashi... debía comportarse como la adulta que era.

—Claro. —miró al ninja. —Huele delicioso.

—Gracias, espero que les guste.

Una vez que terminaron de desayunar, Kakashi se encargó de recoger los platos y lavarlos, mientras Emiko se sentaba en la sala con la chica pelirrosa y comenzaban con la revisión médica.

—Kakashi-sensei estaba preocupado, debes alimentarte más Emiko-san...

—Lo siento, prometo cuidarme más, Sakura-chan.

La ninja médico asintió y con su chakra curativo continuó cerrando los cortes y desapareciendo algunos de los golpes que aún adornaban su piel. Después de una media hora la chica dictaminó que su salud estaba casi perfecta y que debía seguir cuidando su brazo. Con un profundo agradecimiento de la pelinegra, la chica se marchó y fue entonces que Emiko se percató de que Kakashi tenía vendado su brazo derecho.

—¿Qué te sucedió, Kakashi?

—¿Esto? —miró su vendaje. —No es nada... supongo que todos lidiamos con el dolor de maneras distintas.

Con sus palabras era fácil deducir que el shinobi había estado usando su Chidori para destruir cuanta piedra se le atravesara. Había sido una tonta por no darse cuenta de que los otros también estaban sufriendo, si ella había perdido a su compañero de equipo, los demás habían perdido a un amigo, a un amante... Tenía que ser fuerte para honrar la memoria de Asuma.

—kakashi... —murmuró. —Lo siento.

Pero él negó.

—Esta bien, a veces lo único que necesitamos es revolcarnos en nuestro dolor, pero lo importante es poder salir de ahí, levantarnos y seguir.

Una lágrima escapó de los ojos dorados de la chica, pero lo limpió con el dorso de su mano y asintió.

—Lo haré, debo ser fuerte... ya le fallé a Asuma, así que no puedo seguir dudando.

Kakashi sonrió al verla hablar con decisión, así que acarició su cabeza tal como lo solía hacer con sus pequeños alumnos.

—¿Entiendes que no fue tu culpa, verdad? —dijo él pero al no recibir respuesta continuó. —Enfrentar a un Akatsuki no es cosa simple, no sabemos por qué se marcharon a media pelea pero si no lo hubieran hecho ninguno de ustedes hubiera regresado con vida... Emiko... no le fallaste a Asuma en el campo de batalla.

—Pero...

—Tu sabes mejor que nadie que eres la mejor en tu área de inteligencia, ni la Hokage o yo podríamos infiltrarnos en lugares dónde tu caminas como pez en el agua, tus habilidades de rastreo se equiparan a las de mi ninken... pero esta vez, se necesitaba de un milagro para vencer a un sujeto con un jutsu tan retorcido.

—¿Un milagro?

Kakashi asintió y la mujer suspiró.

—No me puedo quitar este sentimiento tan pronto, pero trabajaré en ello, Kakashi. —y le sonrió.

—Supongo que eso me sirve de momento. —respondió el shinobi con una sonrisa. —¿Dormimos un poco?

Ella frunció el ceño.

—¿Estás cansado?

Él asintió.

—Algo me dice que necesitamos descansar.

La mujer decidió no insistir y pronto se encontraron de nuevo en la cama, con ella aferrado a él como un salvavidas.

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.

Unos golpes en la puerta la hicieron despertar, al despertar vio a Kakashi aún profundamente dormido, por lo que decidió abrir la puerta. Entre el sueño de casi todo el día y la abundante comida del desayuno, Emiko se sentía mejor físicamente.

Al abrir la puerta vio a un animado Shikamaru.

—Hey. —el chico saludó.

Emiko abrió la puerta para dejarlo pasar y él entró mientras vigilaba su alrededor.

—¿Sucedió algo? —preguntó Emiko con aprehensión.

—Lamento lo sucedido la otra noche... no estaba en mis cabales. —e hizo una reverencia.

—No te disculpes, Shikamaru-kun, no carecías de razón. —ella desvió la vista.

—No, Ino me contó todo sobre la herida que te hizo Sasuke y que ese fue el motivo por el que perdiste tu carrera ninja... fui muy injusto al cargarte con toda la responsabilidad cuando yo debí analizar más la situación.

Emiko negó y puso una mano en el hombro del chico.

—Nadie, ni tu padre ni la Hokage podrían haber prevenido que existiría un enemigo así... creo que nadie estaba listo.

El chico asintió y eso le dio alivio a la mujer.

—Pero no vine por eso. —la mirada del chico se volvió dura y llena de decisión. —Tengo un plan para vencer a ese Akatsuki inmortal, Ino y Chouji están de acuerdo... pero necesitamos un guía que nos lleve a ellos, no es seguro que aparezcan en el mismo sitio.

La mujer sintió que el corazón se le subía a la garganta mientras la adrenalina llenaba su cuerpo.

—Lo haré.

El Nara asintió.

—Marcharemos antes de que salga el sol.

—¿Tsunade-sama lo sabe?

—No, pero su orden de encontrar y destruir al enemigo sigue en pie, será nuestra oportunidad.

—Bien. Ahí nos vemos.

Shikamaru asintió y marchó a toda prisa.

—¿Lo harás? —Kakashi estaba parado en el pasillo con los brazos cruzados.

—También quiero terminar con el sujeto que mató a Asuma, no podré estar en paz si dejo a los chicos solos a su suerte.

Kakashi suspiró.

—Lo entiendo.

Ella asintió convencida de lo que estaba haciendo. Aún no podía deshacerse de la culpa, pero tampoco iba a quedarse de brazos cruzados mientras los chicos salían por su cuenta, ella necesitaba hacerlo para poder volver a pararse frente a Kurenai y pedir su perdón.

Afortunadamente Kakashi no la detuvo, al contrario, la ayudó a armar su equipaje y le entregó su propia ninjato.

—No puedo aceptarla, es la ninjato de Sakumo-sama.

—Estoy seguro de que mi padre estaría de acuerdo, siempre decía que debía ser más compartido.

Su mirada sonriente la enterneció, Kakashi realmente se estaba esforzando por hacer de estos momentos tan difíciles algo más llevadero, lo cual agradecía enormemente.

—Te la devolveré.

—No te preocupes, solo es un arma... pero si con ello consigues mantenerte a salvo, valdrá la pena.

Emiko bajó la espada y apretó los labios mientras recordaba que ella había escondido la ninjato de su madre esperando que no se marchara a la misión porque no podría estar con ella en su cumpleaños. Había tardado mucho tiempo en perdonarse y entender que ella no había matado a su madre, pero ya había sido muy egoísta y no podía dejar que la culpa la siguiera persiguiendo. Ya no viviría con más arrepentimientos. Era una promesa.

—También iré con ustedes. —soltó Kakashi cuando la mujer abrió la puerta para marchar al lugar indicado. —Confío en tus habilidades y en las de los chicos, así que por favor confía en mi criterio.

Emiko apretó los labios y asintió.

—Supongo que tenerte con nosotros será muy ventajoso.

El shinobi sonrió con su único ojo visible.

—Por Asuma...

—Por Asuma.

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Nos leemos pronto

11 de julio del 2022