Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.
Advertencia: Kakashi X OC.
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Capítulo 24
El tiempo no se detiene
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La muerte de Asuma Sarutobi fue el inicio de la guerra que Jiraiya y Tsunade presentían se acercaba al mundo shinobi. Después de una demoledora misión para derrotar a Hidan y Kakuzu de Akatsuki, el equipo de Asuma, el equipo de Kakashi y Emiko, volvieron a la aldea para reportar todo lo sucedido.
—Debería venir también al hospital con Naruto, Emiko-san —dijo Sakura mientras salían todos de la torre.
—Primero necesito hacer una parada en otro sitio, los alcanzo ahí... ¿vale?
Kakashi asintió y jaló a sus estudiantes hacía el hospital.
—Gracias por venir con nosotros.—Ino hizo una reverencia a la mujer, la cual negó.
—No fui de mucha ayuda pero me alegra que al final consiguiéramos ganar.
—Nos vemos después. —se despidieron los tres alumnos de Asuma y marcharon a casa.
Por otro lado Emiko se dirigió al cementerio, donde vio a Kurenai contemplar la tumba de Asuma.
—Shikamaru-kun lo logró... —dijo Emiko mientras la otra mujer la miraba con el vacío en sus ojos. —La muerte de Asuma no quedó impune.
—Eso me da alivio... aunque aún no logro asimilarlo del todo... a veces solo siento que va a aparecer en cualquier momento y todo será como antes. —respondió Kurenai mientras sus ojos miraban el cielo naranja que las rodeaba.
—No vas a estar sola... estos años te has convertido en una amiga muy preciada... velaré por tu bienestar y el de tu hijo.
La otra mujer sonrió.
—Gracias Emiko... la invitación de ser padrinos sigue en pie... es lo que Asuma y yo decidimos.
La mujer de ojos dorados sonrió por primera vez en muchos días.
—Es un honor.—Emiko sintió la presencia de Shikamaru acercarse. —Debo irme...
Se dio la media vuelta para marcharse cuando la voz de Kurenai la hizo detenerse.
—Emiko... gracias...
La nombrada sonrió y marchó sin mirar atrás.
Mientras fue atendida en el hospital y por fin pudo estar junto a Kakashi sin prisas ni preocupaciones, pensó que el resto de los Akatsuki no podían ser tan espeluznantes como Hidan y Kakuzu. Con mayor ánimo retomó los días siguientes sus dos trabajos y un par de días bastante cómodos con Kakashi quien pudo descansar un poco. Juntos fueron a visitar las tumbas de sus seres queridos, añadiendo la de Asuma a su paso.
No obstante unos días después Kakashi le informó que había recibido una misión muy importante, por lo que marchó y Emiko volvió a quedarse sola en casa. El tiempo seguía pasando y a pesar de que el dolor de la pérdida de Asuma seguía presente, Emiko se forzó a ser fuerte y añadió a su rutina pasar a casa de Genma todas las noches, donde solía cenar con Kana y Kurenai.
—Debería llevar algunos dangos, Genma mencionó el otro día que Kana tiene antojos de ellos todo el tiempo... —se dijo Emiko mientras salía de su trabajo en la torre, por lo que se dirigió al distrito comercial.
Mientras esperaba la orden que pidió para llevar, tomó asiento fuera de la casa de té y dangos.
—Hey, parece que las grandes mentes piensan igual. —una voz llamó la atención de Emiko y al alzar la vista vio a Genma, poco se habían visto debido a que este se encontraba bastante ocupado con misiones.
—Te ves horrible. —exclamó al ver el estado chamuscado y sucio de su ropa.
Genma se alzó de hombros y tomó asiento junto a ella.
—Voy llegando de misión, pensé en llevarle algo a Kana y Kurenai.
—Pues te gané, ya pedí algo para ellas.
El shinobi sonrió mientras ponía una mano en la cabeza de la chica y le revolvía el cabello como si fuera un cachorro, justo como Asuma solía hacer con ella.
—Lo extraño mucho... —murmuró ella.
—Yo también... Kana me dijo que Kurenai lo está pasando muy mal... llora cuando cree que nadie la ve... no quiere causar molestias.
—Lo sé, supongo que solo el tiempo podrá ayudarnos a todos...
Esperaron en silencio la comida.
—¿Y cómo vas con Kakashi?
La mujer sonrió ligeramente.
—Por culpa de Orochimaru y Akatsuki, le han mandado muchas misiones a Kakashi... una tras otra... casi no lo he visto.
Era evidente el desánimo en ella.
—Supongo que no se puede evitar, es un ninja de élite, pocos podrían con la mitad de lo que él logra.
—Lo sé... —suspiró ella. —Por eso no me quejo, además de que es sumamente gentil cuando está en casa. —una sonrisa cálida adornó su semblante.
—¿Qué se siente haber amado a una sola persona en toda tu vida?
La pregunta de Genma la hizo fruncir el ceño.
—¡Shiranui! ¿Qué te hace pensar eso? He amado a otras personas... que tu no lo sepas no lo hace menos real.
El shinobi rió.
—Si tu lo dices... aunque en lo personal me alegra que no hayamos acabado juntos, estaríamos bastante amargados.
Aquello hizo reír a ambos compañeros, aunque sabían que eso era verdad, si Emiko se hubiera forzado a corresponder sus sentimientos, eventualmente hubieran terminado muy mal.
—Y Kana tiene toda la paciencia del mundo contigo, sin duda es un ángel.
Genma asintió muy orgulloso.
—Aquí tienen su cena. —una mesera les llevó la gran bolsa con comida.
—Gracias.
Mientras caminaban hacia la casa de Genma, este carraspeó y logró llamar la atención de su amiga.
—Emiko...
—¿Qué?
—Si lo tuyo con Kakashi se enfría... —el shinobi llevaba las bolsas y su mirada estaba fija en el camino que les faltaba por recorrer. —No te vayas de Konoha... Kana, Suki y bebé-chan así como Kurenai, su bebé... y yo queremos que estés en nuestras vidas.
Aquella confesión la hizo estremecerse.
—Konoha es mi hogar, Genma, y la voluntad de fuego está en mi.
El shinobi sonrió sin mirarla.
—Vamos a envejecer en esta aldea y ver cómo los niños crecen para ser más geniales que nosotros, ¿vale?
La kunoichi sonrió.
—Es una promesa, Genma.—respondió mientras miraba la luna en cuarto creciente.
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Pero las cosas no mejorarían con el tiempo, pues el equipo de Kakashi sería el encargado de ir a buscar a Itachi Uchiha y emprender una enorme misión de rastro junto al equipo ocho. Emiko estaría llena de papeleo en su oficina en la torre por lo que se plantearía la posibilidad de dejar las clases matutinas en la academia, sin duda le gustaba pasar tiempo con los jóvenes estudiantes y repasar temas como la historia shinobi, las normas de comportamiento, repaso de estrategias básicas y demás temas de suma importancia, pero una tarde supo que la guerra ya estaba sobre ellos.
—Adelante... —respondió Emiko al escuchar un par de golpes en su puerta.
—Hey, ¿cómo estas?
Era Kakashi.
—¡Kakashi! —Emiko se levantó de su lugar y corrió para recibir al shinobi, tenía tres semanas que no lo veía.
—Lamento no traer un recuerdo esta vez, han sido misiones muy tensas. —el shinobi la tomó de la mano y la guió para que se sentaran juntos en el sofá.
—Lo imagino, Tsunade-sama nos ha tenido trabajando tiempo extra sin pago.—trató de hacer una broma para aligerar el semblante del ninja, quien parecía más bien agotado. —¿Estás bien? ¿Vamos al hospital?
—Estoy físicamente bien... solo, estoy cansado. —y se recargó en el hombro de ella, quien usó una de sus manos para acariciar su cabello, que por la reciente misión estaba un poco tieso, lleno de tierra y hojas de árbol.
—¿Tendrás un poco de descanso?
Él asintió.
—En ese caso podrás dormir bastante, te cocinaré algo delicioso...
Kakashi llevó una mano a su frente, algo parecía estar muy mal.
—Jiraiya-sama... está muerto.
Aquella noticia hizo que todas las alarmas de Emiko se encendieran.
—¿Por eso la enorme rana de afuera? Es terrible... ¿Naruto cómo lo tomó?
—Nada bien, pero creo que lo mejor es que se tome un tiempo para asimilarlo... —escondió su rostro en el cuello de la mujer, quien solo atinó a abrazarlo, seguramente también estaba afectado por la noticia cuando aún no había pasado más de un mes de la muerte de Asuma.
Y así, Kakashi esperó durmiendo en el sofá a que Emiko terminara sus pendientes, y al salir, marcharon juntos a casa.
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Al día siguiente, cuando Emiko terminó sus clases de la academia vio a Kurenai en el hospital, a la cual acompañó durante su revisión semanal, la cual salió muy bien. Así que dejó a la mujer en el hospital y se encaminó de prisa a la torre, cuando al dar una vuelta, se encontró de frente a Shikamaru.
—Hola, ¿Cómo estás? —saludó ella y el chico bostezó.
—Agobiado con un encargo de la Hokage, es molesto pero importante.
—Ya veo... por cierto, ahora vengo del hospital, la cita médica de Kurenai fue bien, pudimos escuchar los latidos del bebé.
—Esa es una gran noticia, pasaré a verla más tarde.
—De acuerdo.
Emiko vio al chico partir y sonrió, de todos los novatos fue con él con quien tuvo una relación más tensa debido a su intento de juntarlo con Ino hace unos años, pero actualmente parecían tener una mejor relación ya que se frecuentaban más al visitar a Kurenai. Desafortunadamente Emiko ya no podía entrenar en las mañanas con Tenten, pues la chica estaba bastante ocupada cumpliendo misiones con su equipo, a la vez que la pelinegra estaba bastante llena de trabajo y prefería dormir un par de horas extra para rendir lo suficiente.
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Para Kakashi, el tiempo siguió avanzando, mientras ayudaba a descifrar la información que Jiraiya-sama había conseguido a costa de su muerte, pudo permanecer algo de tiempo en la aldea, lo que le permitió enterarse de cosas como que Kana dio a luz a un sano niño que llamaron Hito, así como saber que Kurenai esperaba a una pequeña niña a la cual nombró Mirai. También pudo ver un poco más a Emiko, y quedó sorprendido por todo el trabajo que hacía en la academia y en la torre, se preguntaba como una mujer tan aparentemente frágil como ella podía manejar esas toneladas de trabajo con una sonrisa y todavía se hacía tiempo para cocinarle en las noches. Notaba que seguía algo rígida con su brazo derecho, pues cuando pelearon contra Kakuzu este la arrojó contra un árbol y quedó bastante lastimada, pero de ahí en fuera se veía en perfectas condiciones.
Sin embargo, algo cambió en el cumpleaños de Emiko. Lo que pasó fue que el 25 de noviembre Tenten, Ino y Sakura organizaron una pequeña fiesta sorpresa para Emiko, a la que asistieron solo sus amigos más cercanos. Mientras él bebía un poco de sake junto a la Hokage, llegaron Genma, Kana y sus dos hijos, quienes se acercaron a felicitar a Emiko, quien tomó en brazos al bebé recién nacido. Kakashi sabía que Emiko deseaba tener hijos aunque ese era un tema que ninguno de los dos había querido abordar antes. Pero ver cómo lo ojos de su pareja brillaron al tener ese bulto entre sus brazos, lo hizo sentir incómodo.
—Se ve bien, ¿no? —comentó la Hokage al notar que Kakashi veía la escena entre Emiko y la familia de Genma.
—Emiko es hermosa. —comentó el hombre queriendo no mostrar su inquietud, pero Tsunade si se dio cuenta del asunto.
—Eso todos lo ven, hombres como Iruka se ponen a tartamudear frente a ella... pero me refiero a que se ve bien con un bebé.
El ninja copia suspiró.
—No es un buen momento para pensarlo, no cuando tenemos a Akatsuki encima.
—Eso es cierto, pero Emiko no peleará en el frente, ella puede quedarse resguardada con el resto de los civiles.
Pero Kakashi negó.
—¿Dejar huérfano a mi hijo? No es algo que quiera.
La Hokage rió.
—Si alguien tienen más probabilidades de sobrevivir a esto, ese eres tu, mi estimado Kakashi.
—Aún así, no tengo mucho interés por hacer crecer mi clan.
Tsunade suspiró mientras veían como Emiko regresaba al recién nacido a los brazos de su madre y procedía a cargar a Suki, quien le pidió que la llevara con Kurenai, cuyo estómago era cada día más prominente.
—Deberías hacer un acto de fe, estoy segura de que serías un gran padre.
Kakashi se llevó la copa a los labios.
—Ni siquiera está en mis planes casarme con ella... estoy bien con la vida que llevamos... no quiero complicarlo todo.
La mujer negó.
—Entonces deja de hacerle perder el tiempo a esa mujer.
—Ella puede irse cuando quiera.
—Ya veo, ¿Y tú? ¿Puedes irte cuando quieras?
Kakashi miró a Emiko jugar con Suki, quien saltaba y no dejaba correr de un lado a otro.
—Voy a estar hasta que ella decida irse.
—O traducción, hasta que ella se harte de ti y tu egoísmo. —Tsunade suspiró de nuevo y se puso de pie. —En fin, regresaré a la oficina, ya descansé lo suficiente y hay trabajo que hacer. —dejó la botella vacía de Sake a un lado y sonrió. —Eres un shinobi muy valiente, deberías tratar de usar ese mismo valor en tu vida personal, Kakashi... es respetable que no quieras tener hijos, pero por lo menos dale su lugar a la mujer que amas, y encargate de los idiotas que cada día tratan de que ella los mire, no seas tan vanidoso y encárgate de no tener remordimientos... —pensó en Jiraiya, —... porque pesan demasiado cuando ya es muy tarde.
Y la mujer se marchó dejando solo al shinobi, quien vio como Iruka se unía al juego de Emiko y Suki, causándole un ligero malestar en el estómago.
—Si sobrevivo a esta guerra, resolveré estas dudas.—se prometió y decidió entablar una conversación con Shikamaru sobre las investigaciones que estaban llevando a cabo, porque al final de cuentas lo más importante era proteger a Naruto y a Konoha.
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El año terminó y empezó con el ataque de Pain sobre Konoha... la guerra se extendió y a pesar de que al final Naruto consiguió que Pain reviviera a todos los muertos, la mitad de la aldea quedó completamente destruida. La Hokage no le permitió a Emiko combatir, así que se ofreció como voluntaria para proteger a los civiles que estarían en el bunker bajo el monte de los Hokages. Ahí cuidó de Kana y sus dos hijos pequeños, de Kurenai cuyo embarazo estaba demasiado avanzado y podría dar a luz en cualquier momento, así como de los huérfanos y niños que no encontraban a sus padres. Fueron horas estresantes pero respiró aliviada cuando supo que Kakashi había sobrevivido y lo abrazó con todas sus fuerzas cuando se volvieron a ver. Pero el encuentro duró muy poco, pues tuvo que viajar con Naruto hacía la reunión de Kages en el país del Hierro, todo con la intención de hablar a favor de Sasuke.
Tsunade se marchó, dejando a cargo a Shizune y a Emiko, quienes armaron equipos de trabajo para tratar de levantar a la aldea. De esta manera apenas recibían noticias de la cuarta gran guerra ninja que se acababa de declarar. Sin embargo, Emiko decidió confiar en Kakashi y en su equipo, por lo que se quedó al lado de los aldeanos de Konoha, protegiendo al Rey que Asuma le había encargado. Acompañó a Kurenai durante el parto, y fue la primera en cargar en brazos a la pequeña Mirai, claro, justo después de que su madre le diera la bienvenida al mundo.
Las breves cartas de Genma era lo único que tenia como noticia, pero Emiko trataba de confiar con toda su fe en los jóvenes que había visto crecer y en su Hokage. Cada noche rezaba a los dioses sintoístas porque Kakashi pudiera regresar sano y salvo. Cada día sin falta visitaba las tumbas de sus amigos, de sus padres y de Sakumo-san, a quienes les pedía que cuidaran del Hatake.
Como parte del grupo delegado por la Hokage, le tocó organizar a los genin para que ayudaran a las labores de limpieza y reconstrucción, mientras Shizune se hacía cargo de los pocos ninjas médicos que se habían quedado y atendía a la numerosa población herida. La presión sobre ambas mujeres era enorme, pero sabían que debían lo mejor para que la Hokage y sus seres amados tuvieran un hogar al cual regresar.
La guerra se alargaba y la poca correspondencia de Genma dejó de llegar, de manera que nadie sabía lo que estaba sucediendo en el campo de batalla, por lo que Shizune anunció que marcharía para saber cómo iban las cosas y ayudar. Así que Emiko se quedó sola organizando las tareas de la aldea, el estrés hubiera sido inmanejable sin el apoyo emocional de Kana y Kurenai, quienes se ofrecieron para ayudarle en el trabajo de oficina para que ella pudiera estar en la aldea supervisando los avances.
Hasta que finalmente la guerra terminó y la mayoría de los que marcharon regresaron.
—¡Emiko-san! —Kana entró corriendo a la oficina donde Emiko estaba revisando los informes que recién le habían llegado. —¡Volvieron, todos!
Sin mucho pensarlo, Emiko lo dejó todo y junto a la rubia corrieron a la entrada de la aldea, donde las familias empezaron a reencontrarse.
—¡Genma! —gritó la rubia y se lanzó a los brazos de su esposo, quien la besó por toda la cara y le dijo que por fin estaba en casa.
—¡Emiko, infórmame ya mismo! —la Hokage le gritó mientras llegaba a su lado.
—¡Tsunade-sama! —Emiko se paró derecha frente a su líder y asintió. — Los procesos de reconstrucción ya están avanzados un sesenta por ciento gracias a la ayuda de algunos extranjeros que vinieron cuando escucharon del ataque que sufrimos, el hospital está completamente funcional y las bajas de civiles fue de menos del cinco por ciento de la población total.
—Bien hecho, vuelvo a tomar el control ahora... espera un poco a Kakashi, él viene en una carreta junto a Naruto, Sakura y Sasuke.
Emiko abrió los ojos ante el nombre de Sasuke, al parecer Naruto lo había logrado. Después de avanzar entre los recién llegados, por fin Emiko pudo ver la carreta que Tsunade-sama mencionó, pero quedó impactada al ver el deplorable estado en que venía el rubio, le faltaba uno de sus brazos.
—¡Emiko! —Kakashi la saludó con un movimiento de cabeza y ella le sonrió.
—Emiko-san, lo logré, traje a Sasuke de vuelta... —exclamó Naruto con una gran sonrisa a pesar de su estado físico.
—Sabía que lo lograrías, Naruto-kun... ¿Dónde está?
—Los ANBU se lo llevaron, necesita atención médica y sería bueno que no mucha gente supiera donde está ahora. —respondió Kakashi mientras ayudaba a Naruto a bajar de la carreta.
—Yo lo llevaré al hospital, Kakashi-sensei. —dijo la pelirrosa mientras los dos chicos se marchaban.
—Es genial verte...—pero las palabras de Emiko fueron interrumpidas por el fuerte abrazado en que el hombre la envolvió.
—Estoy en casa.
—Bienvenido, Kakashi.
Sentir el calor de Kakashi la hizo sentir en paz por primera vez en mucho tiempo, por fin tenía la sensación de que todo se había acabado y podrían retomar su vida libre del miedo de ser atacados en cualquier momento. Claro, aún quedaban muchas cosas pendientes por hacer como ver la situación de Sasuke, terminar de reconstruir la aldea y hacer negociaciones para sostener la Alianza Shinobi, pero por el momento Emiko agradeció que Kakashi regresara con vida.
Emiko acompañó al equipo de Kakashi al hospital, y mientras lo esperaba en la sala principal, vio a una demacrada Ino llegar.
—Ino... —Emiko la llamó y esta comenzó a sollozar en sus brazos.
—Papá... Neji-kun...
Ya había escuchado sobre lo sucedido, realmente estaba conmocionada porque los jounnin que creció admirando cuando era una niña habían sido el trío Ino-Shika-Cho, así que saber que Shikaku e Inoichi habían perdido la vida, fue doloroso, y en cuanto a Ino, sabía lo duro que era perder a tu padre. Por otro lado, la muerte de Neji le dolió en otro sentido, era un joven al que le quedaba mucho por vivir y por crecer, realmente era frustrante perder a alguien así, y más que hace no mucho había empezado a salir con Ino, quien no encontraba consuelo en ningún lado.
—Lo lamento tanto, pequeña... esta guerra nos ha quitado demasiado...—Emiko pensó en todo lo que Ino había perdido en meses... a su sensei, a su padre y a su pareja. —Pero también hemos ganado cosas como la paz de nuestros reyes, Mirai ya nació.
Los ojos de Ino se abrieron grandes.
—¿Kurenai-sensei está bien?
—Si, está perfectamente, sé que el dolor jamás se va a ir, pero debemos ser fuertes para poder guiar a los niños y ayudar que crezcan en un mundo de paz.
Ino se talló los ojos y asintió.
—¿El dolor mengua alguna vez?
La mayor asintió.
—Sí, el tiempo ayuda, pero primero debes sacar todo lo que tienes dentro, cuenta conmigo, Ino.
La joven asintió.
—Iré a ver a Shika y Chouji, de ahí iré a casa, no quiero dejar mucho tiempo sola a mamá.
—Ve.
Y así la pérdida de muchos shinobis empezó a ser llorada y condecorada por la aldea, quienes agradecieron la nueva paz que había llegado al mundo shinobi.
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Un año pasó desde el final de la guerra ninja, y Emiko estaba en la torre guardando sus cosas. Por fin el trabajo empezaba a dar una tregua y podía salir un poco más temprano para pasar a ver a Kurenai y ayudarla con los preparativos del cumpleaños de Chouji en la nueva casa de Kurenai, lugar en el que siempre podías encontrar a Kana y sus hijos, así como al equipo ocho y al equipo diez, siempre pendientes de todo lo que la mujer y su hija necesitaran.
—¿Necesitas ayuda? —el peso de las bolsas de comida que llevaba desapareció.
—Gracias, Kakashi... —sonrió la mujer mientras caminaban juntos por la aldea.
—Oí que cocinarás hoy, será una tarea colosal alimentar a Chouji.
Emiko sonrió.
—Chouji me dijo que quería aprender a cocinar conmigo, así que tendré mucha ayuda.
—Supongo que será una gran ayuda.
Caminaron en silencio con solo el sonido de sus pisadas y de las aves que se despedían del día antes de irse a dormir. Esos momentos de calma le gustaban a Emiko, que los dos pudieran estar en un silencio cómodo, sin la necesidad de llenarlo de comentarios vacíos y superficiales. Cuando llegaron a la casa de Kurenai pudieron apreciar el hermoso jardín que con ayuda de Hinata logró crear. La anfitriona estaba en la parte superior de la casa arreglándose junto a su pequeña en compañía de Ino, por lo que fueron directamente a la cocina donde Chouji ya los esperaba.
Kakashi acompañó a Emiko hasta la cocina y se sentó en un sitio donde no estorbara, y así la vio entrar en acción junto al castaño quien no paraba de decir que ya quería aprender sus recetas para él mismo comer todo eso cuando se le antojara. Ver a Emiko instruir al chico, danzar de un lado a otro, sonreír y poner una expresión seria cuando cortaba verduras, le hizo darse cuenta que poco se parecía a la mujer que llegó a Konoha hace algunos años.
Cuando recién llegó a Konoha hace seis años era una mujer demasiado delgada, al punto que dudaba de sus habilidades, pero ella demostró ser una Kunoichi experimentada y con su propia forma eficaz de trabajar, en cambio ahora su cuerpo había adquirido un poco más de peso que la hacían ver aún mejor, acentuaban sus curvas y la convertían en alguien aún más llamativa. Otra cosa que notó es que tampoco quedaba mucho de la niña con la que creció, su torpeza y sus inseguridades ya no eran algo que saltarán a vista, al contrario, pelear con ella le había mostrado lo mucho que su padre la subestimó, pues lo único que ella necesitaba era un maestro paciente que le diera toda su atención, y al parecer la mujer llamada Mikami asumió esa tarea y sacó lo mejor de ella.
Kakashi sacó su amado libro para no incomodarlos con su mirada y pensó que tal vez podría ser una buena idea pedirle que se casaran, en estos tiempos de paz seguro que podrían vivir sin miedo a correr peligro por ser ninjas de Konoha, ¿no?
—¡Enhorabuena! —gritó la voz de Genma mientras ingresaba a la cocina y se oía que Kana y los niños estaban en el vestíbulo de la casa.
—¡Muchas gracias! —aceptó Chouji quien se limpió un poco de baba que le escurría de la boca, la cocina ya empezaba a llenarse de olores deliciosos y los platillos comenzaban a verse completos.
—Eh... ¡Ah, si! Feliz cumpleaños, chico. —lo felicitó Genma, quien de alguna manera parecía aún muy emocionado.
—Chouji... necesitamos ayuda en el jardín...—la voz de Ino lo llamó.
—¿Está bien si voy, sensei? —preguntó a Emiko.
—Claro, ve, acá solo falta esperar para sacar la carne del horno y apagar a la sopa. —le sonrió al chico. —Hiciste un gran trabajo, Chouji.
El joven shinobi sonrió radiante y se marchó a ayudar a su amiga.
—¿Ya saben la buena nueva? —dijo Genma mientras se acercaba a su amiga y la abrazaba.
—Parece ser algo bueno por tu entusiasmo. —dijo un irritado Kakashi al verlo tan cerca de Emiko.
—Pensaba esperar a que la Hokage te lo dijera pero pensé que sería mejor ver tu cara de sorpresa en privado. —Genma miró a Emiko.—Tsunade-sama quiere que Kakashi sea su sucesor.
Aquellas palabras golpearon a Kakashi en el estómago.
¿Él ser Hokage? Una cosa es ser Hokage de imprevisto para cubrir a Tsunade-sama pero hacer oficial su toma de protesta con una ceremonia... eso le daba pavor ahora que ya no poseía su sharingan.
—Es una noticia grande... —murmuró Emiko al ver que Kakashi se quedaba callado. —No deberías revelar información confidencial de la torre. —y golpeó con la pala con la que cocinaba al hombre con el senbon en la boca.
—Auch... solo es para que se prepare, igual todos piensan que él sería un buen líder.
Kakashi suspiró cansado.
—Pensaré en la cuestión. —y volvió a alzar su libro para continuar leyendo.
—No seas vago y ayúdame a lavar los trastes, no hay que dejar sucia la cocina de Kurenai.
Y Kakashi rió al ver a a Emiko obligar al Tokubetsu jounnin lavar las ollas y todos los utensilios que ella y Chouji utilizaron. Definitivamente ella sabía leerlo muy bien pues notó lo difícil que era ese tema para él. Una vez que terminó la guerra la ninja, cuando por fin pudieron estar acurrucados en la oscuridad de su habitación, Kakashi le contó todo lo sucedido y cómo Obito estuvo detrás de todo por culpa suya por matar a Rin.
— Jamás hubiera esperado algo así, me hubiera gustado poder hablar con él.
— Al final... yo le conté que estábamos juntos, estaba sorprendido y me pidió que te dijera que ya no fueras tacaña con el azúcar... ¿Qué significa eso?
En la oscuridad vio cómo los hombros de la chica temblaban al reír.
—Es que a veces les invitaba a comer a casa... y a Obito le gustaba cuando hacía galletas pero se quejaba que no eran tan dulces como las que habían en Uchiha senbei, y yo le decía que con la guerra, el azúcar estaba muy cara y que no gastaría mi dinero para darle gusto.
Kakashi rió a carcajadas, eso era tan clásico de ellos dos.
—Me alegra que al final pudieran hacer las paces y lamento tanto que haya elegido la guerra en lugar de volver a su hogar...—murmuró Emiko.
—Sí, creo que si él hubiera estado en la aldea no te hubiera permitido irte.
Un silencio un poco incómodo los rodeó.
—No lo sé, Rin y él eran más unidos que conmigo, pero estoy segura de que tu y él podrían haberse ahorrado mucho dolor, los dos eran realmente buenas personas.
Y entre besos y caricias dieron gracias por seguir con vida y poder seguir en los brazos del otro.
—¿Necesitan ayuda con algo más? Kiba y yo trajimos las bebidas y algunas sillas... —Shino Aburame entró en la cocina y Kakashi sonrió al ver a Emiko dar órdenes para acomodar todo de manera que al final no quedara la casa de Kurenai hecha un desastre. Definitivamente agradecía estar con una mujer tan especial.
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Días después del cumpleaños del Akimichi, Kakashi despertó al sentir la falta de Emiko a su lado en la cama.
—¿Trabajarás en sábado? —preguntó mientras la veía salir del baño envuelta en una toalla y con el cabello aún mojado.
—No, hoy quedé con Tenten y Lee para ir a ver a Gai.
Kakashi miró el techo de la habitación. Los últimos meses había acompañado a Gai a todas sus rehabilitaciones, él sabía mejor que nadie lo mal que su amigo estaba pasando.
—¿Puedo unirme? —se giró en la cama para poder contemplar desnuda comenzar a vestirse con una de sus habituales yukatas.
—Claro.
Y una vez se duchó y se arregló, salieron de casa para encontrar a los chicos una cuadra antes de la casa de Gai.
—Buenos días, Emiko-sensei... —saludó Tenten con una gran reverencia, sus ojos hinchados denotaban lo cansada que estaba.
—¡Gracias por aceptar venir! Definitivamente a Gai-sensei le hará feliz verlos. —dijo Rock Lee con alegría pero también tenía muchas vendas por todos lados como señal de que estaba entrenando más de lo saludable.
Kakashi sabía que el equipo de Gai estaba pasando un muy mal momento, no solo por el estado delicado de Gai, sino sobretodo por la pérdida de Neji, eso era lo que tenía tan consternados a los chicos y al maestro.
—Al contrario, estoy seguro de que estos panes de curry lo animarán de inmediato.
Mientras caminaban Kakashi recordó cómo Emiko se desveló para preparar aquel manjar, a pesar de que no le dijera nada, se sentía sumamente agradecido de que fuera tan amable con las personas cercanas a él.
—¡Qué buena sorpresa! —cuando llegaron a la casa, Gai les abrió la puerta con una mano mientras con la otra la usaba para caminar sin la silla de ruedas.
—Sensei... no debería hacer eso aún... —Tenten lo regañó, pero él hombre solo sonrió.
—Aún si ya estoy en el verano de mi juventud no significa que me derrumbaré en una silla, no señor, hay mucho Gai para todos.
—Eso es cierto, pero no comerás con las manos sucias.—Kakashi vio cómo Emiko colocaba la enorme canasta en la mesa y se llevaba las manos a la cintura. —Además se ha manchado de sangre la venda de la pierna, ven acá...
—No, yo logré colocar bien las vendas, aún aguantan. —se quejó como niño pequeño.
—Gai, oye a Emiko o no te dejará probar bocado... si quieres yo te ayudo con el cambio de venda. —se ofreció Kakashi.
—De acuerdo, mi gran rival, yo no podría permitir que una dulce dama ensuciara sus manos cambiando mis vendas.
—Este lugar es un asco, sensei. —se quejó Tenten quien pateó un bote de comida instantánea del piso.
—Yo lo recogeré luego, solo... —decía Gai pero Emiko se paró frente a él.
—Ve con Kakashi a atender las vendas, nosotros nos haremos cargo del resto... sin reproches. —enfatizó lo último al ver que el pelinegro iba a protestar.
Una batalla de miradas se dio entre Gai y Emiko, para que al final el hombre suspirara.
—Bien... —se sentó de nuevo en su silla, la cual tomó Kakashi para llevarlo a su habitación. —Ko-chan tiene un genio bastante mandón si se lo propone.
—Está preocupada por ti, y así es cómo ella trata de ayudar. —respondió el peligris. —¿Cómo te abriste la herida?
—Estuve haciendo ejercicio en la mañana... estoy bien, Kakashi...
Él peligris sonrió.
—Yo sé que superarás esto, no estás solo, nos tienes a Emiko y a mi y a tus alumnos.
Gai sonrió conmovido.
—Ojalá pudiera encontrar una mujer así de gentil para mi... esta vez me ganaste, mi querido rival.
Kakashi alzó sus hombros.
—Ella me encontró a mi, yo siempre decidí ignorarla, supongo que tuve suerte.
El otro shinobi alzó los pulgares.
—Es maravilloso cuando llega la primavera de la juventud...
Y así, la pareja pasó todo el día con el equipo Gai, escuchándolos y apoyándolos. Cuando llegó la noche, Tenten y Lee pasarían la noche con su sensei, así que la pareja se despidió y marcharon a su propia casa.
—Gracias... no podría haberlo hecho sin ti. —Kakashi le dio una sonrisa con su mirada mientras caminaban por las calles oscuras de la aldea.
—No me agradezcas, también son mis amigos.
—Haces muchas cosas por los demás... Genma y su esposa, Kurenai y ahora Gai... A veces me pregunto el por qué lo haces.
—Bueno, —Emiko miró el cielo estrellado. —La verdad es que son las cosas que mamá solía hacer, ella decía que siempre debemos ser agradecidos... y la verdad es que todos ellos siempre han sido buenos conmigo y contigo, no hay forma de que no los apoye cuando más necesitan de una mano amiga. —eran pocas las veces que Emiko hablaba de sus padres. —Ellos y los chicos sostienen la voluntad de fuego, algo que compartimos y que nos hace más fuertes.
Kakashi le quitó la canasta a Emiko de las manos y al hacerlo, le dio un casto beso en su cabeza, acción que los sorprendió a los dos, nunca solían tener muestras de afecto en público.
—¿Mañana quisieras ir a pescar algo?
—Sí, me parece perfecto.
Y en momentos así Kakashi amaba cada segundo que pasaba al lado de Emiko. Pero cuando pensaba en aceptar el puesto de Hokage, la calma desaparecía y el miedo de perder a Emiko por culpa de un enemigo, le causaba pesadillas, pesadillas tan realistas como las que tenía de joven cuando mató a Rin. Sin el sharingan ni su raikiri, Kakashi sentía que no tenía la fuerza suficiente para proteger a Emiko y a la aldea... y si en algún punto tuviera que tomar una decisión, su puesto lo obligaba a elegir a la villa, sus antecesores siempre sacrificaron su vida y sus seres amados, él no podía hacer menos que eso, así que sin darse cuenta, Kakashi empezó a amargarse poco a poco, no quería la sangre de ella en sus manos... no podría con ello.
—Yo sé que no me corresponde, pero creo que si tomarás el puesto deberías hacer pública su relación. —le decía Genma cada vez que lo veía cuando visitaba a su ahijada Mirai.
—No tienen que casarse, pero quizás tener hijos sea una buena idea... —la esposa de Genma hacía ese tipo de comentarios, y por su cercanía con Emiko, no sabía cuánto reflejaba ese comentario de lo que de verdad deseaba Emiko.
—Kakashi-san y Emiko-san hacen una gran pareja. —comentaba Yamato con una sonrisa.
—Apuesto lo que sea a que yo me caso antes que Kakashi-sensei... —exclamaba Naruto sin pena y a pesar de los reclamos de Sakura.
—Casi todos los profesores de la academia están enamorados de Emiko... —decía Iruka cuando lo veía caminar con Konohamaru y su equipo por la aldea.
Y así, todos los días Kakashi empezó a escuchar más comentarios y a recibir una mayor presión sobre elegir una fecha para su ceremonia de nombramiento... Tanta presión pasiva terminó por cansarlo.
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Pronto llegó Septiembre y con ello una discusión bastante acalorada se instaló entre Kakashi y Emiko.
—No es para que te molestaras, Kakashi, solo era una reunión...
—Te dije que no quiero hacer nada para mi cumpleaños, de cualquier forma nunca lo festejo...
—Eso fue porque años atrás estabas en misiones, pero las cosas han mejorado y vivimos en paz, te aseguro que hay muchas personas que quisieran acompañarte ese día.
Kakashi frunció el ceño y se levantó de la mesa donde estaban desayunando.
—No, te prohíbo hacer cualquier cualquier clase de festejo para la fecha de mi cumpleaños, es mi última palabra.
Fue turno de la mujer para fruncir el ceño.
—Haz estado de mal humor últimamente y muy a la defensiva... nunca habíamos peleado de esta manera... ¿Qué es lo que tienes?
Él negó mientras le daba la espalda dispuesto a irse de la casa.
—Está bien si a ti y las chicas les gusta pasar el día preparando aburridas reuniones, pero yo no quiero ser un pretexto para eso. —justo dio un paso cuando la voz de Emiko lo detuvo en seco.
—Ya sé lo que ocurre... estás así desde que Genma te dijo la decisión de Tsunade-sama...
kakashi suspiró agotado y volteó a ver a la mujer.
—Eso no me estresó tanto...
Fue turno de la mujer para suspirar y ponerse de pie para llegar al lado del shinobi.
—Tsunade-sama ya te lo dijo de forma oficial, ¿no?
—Sí.
—También supe que ya empezarán a tallar tu cara en el monte de los Hokages... ¿No te hace feliz esta situación, Kakashi? Además, vi a Naruto el otro día afuera de Ichiraku ramen, me dijo que has estado muy esquivo con él y Sakura desde hace algunas semanas...
—Siempre que Naruto me ve comienza a preguntar que si ya he elegido una fecha. —dijo con un total sentimiento de derrota.
—Kakashi. —Emiko puso una mano en el hombro del shinobi, quien alzó la mirada y le mostró toda la presión que sentía. —Si no te sientes listo para tomar el manto de Hokage, deberías decirlo, tienes voz y voto en todo esto.
—Soy consciente de que ya no me puedo desdecir ni rechazar este honor... pero quisiera poder aplazar la ceremonia hasta que pueda estar convencido de que seré bueno para Konoha, hasta saber que puedo protegerla.
Emiko sonrió mientras ahora posaba sus manos en las mejillas del hombre.
—Ya no contar con el sharingan no te hace menos digno, Kakashi...
—Sin el sharingan he perdido el raikiri... es solo que no estoy seguro de querer cargar con el peso de proteger a tantas personas sin mi poder.
—Kakashi... el sharingan y el raikiri no son todo tu poder, hay más en ti y eso Tsunade-sama y toda la aldea lo saben, por eso confían en que tu serás un gran sexto Hokage.
El shinobi volvió a suspirar y colocó sus manos en las manos de Emiko.
—Voy a pensarlo, ¿De acuerdo?
—Sí. —ella le sonrió.
—Pero aún así no quiero nada para mi cumpleaños.
Ella suspiró derrotada mientras se alejaba de él.
—De acuerdo, ¿Te parece bien una cena intima para solo nosotros dos? —le dijo de manera sugerente.
—Por supuesto, es un mejor plan. —depositó un rápido beso en sus labios. —Si no te das prisa, llegarás tarde a la academia.
La mujer abrió los ojos preocupada y corrió a su habitación para terminar de arreglarse y empezar sus ocupaciones diarias. Mientras ella corría de un lado a otro ajustando su ropa y su maleta, Kakashi la observó en silencio desde el sofá de la sala. La verdad es que su nombramiento de ser Hokage no era lo único que le preocupaba, también sentía una presión extra en cuanto a formalizar su relación a pesar de que ella no le ha dicho nada, pero cuando la observaba convivir con Suki, Hito y Mirai, era evidente que ella muere por tener a su propio hijo. También se siente presionado por Genma y Gai, quienes le insisten en que debe dar el siguiente paso con Emiko, sin olvidar cuando Kurenai le contó que Shikamaru pensaba comprometerse con la princesa de Suna, por lo que le preguntó cuando hará el lo mismo, a lo que le respondió diciendo que no está seguro de comprometerse aún. Todo eso también es la razón por la que está evitando a todo el mundo lo más que pueda, los temas de ser Hokage y comprometerse con Emiko lo hacen sentir un poco presionado, por lo que empezó a cuestionandose qué sigue en su relación con Emiko; quizá sería sano tener un hijo pero teme poner en riesgo la vida del niño y la de Emiko, porque si se sabe que la ama podría convertirse en un blanco al ser Hokage. Sus dos preocupaciones estaban totalmente vinculadas y no podía darles una respuesta adecuada a ambas, no en esos momentos.
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¡Gracias por leer!
Este capítulo fue un poco de transición, ya que estamos entrando en la etapa final de esta historia, así que si les gustó los invito a dejar un review, activar sus alertas de actualización y añadir a favoritos.
Miércoles 20 de julio 2022
