Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.

Advertencia: Kakashi X OC.

Este capítulo está situado luego de lo sucedido en la novela ligera La historia secreta de Kakashi. Relámpago en un cielo de hielo.

Si no la han leído, les va un pequeño resumen con spoilers:

Kakashi está indeciso sobre tomar el manto de Hokage ya que al haber perdido su sharingan, no se siente con la fuerza suficiente para proteger a la aldea y sabe que una vez aceptara, no habría vuelta atrás. De manera paralela, la Hokage le asigna la misión de verificar que todo vaya bien en el despegue del Tobishachimaru, una nave voladora que podría ayudar mucho al comercio y que podría ser objeto del robo de su tecnología. Una vez estando en el sitio donde despegaría la nave en su vuelo inicial, una mujer que va a subir a la nave choca con Kakashi y este queda perplejo por su belleza.

Cuando la nave despega, Kakashi ve que un hombre salta y se embarca como polizonte en la nave, por lo que Kakashi también se sube y al buscar al sujeto, descubre que era Gai, quien estaba dado de baje como ninja por la herida que le hizo Madara en la Guerra ninja, pero el shinobi no se rinde ya que realmente quería viajar en esa nave. Estando juntos los dos ninjas, descubren que hay algunos ninjas infiltrados que tenían la intención de robar la nave para sacar a su jefe de la prisión Hōzuki. Este grupo de delincuentes son un grupo llamado Alianza de Armamento Ryūhay admiran a Madara Uchiha y su idea de crear un mundo libre de corrupción, aunque la mayoría de sus miembros son ninjas renegados y resentidos con el mundo shinobi. La mujer que Kakashi ve al inicio se llama Kahyo y pertenece a este grupo. Kakashi y Gai pelean, tratan de salvar a los pasajeros inocentes, y entre todo el conflicto por hacerse del control de la nave, Kakashi convence a esta mujer de que lo que están haciendo está mal y ella le ayuda para detener a sus compañeros usando su jutsu de congelación. Finalmente la nave cae sobre la prisión, pero afortunadamente llegan a tiempo muchos ninjas de Konoha y contienen la fuga.

Finalmente, algo surge entre Kahyo y Kakashi, pero como ella fue cómplice del ataque, es condenada, pero por haberse arrepentido y ayudado a los ninjas de Konoha, le dan el puesto de regente de la cárcel, porque además su jutsu de congelación le ayudaría a tener a raya a todos los criminales. Al último, cuando Kakashi ve pelear a sus colegas shinobi, decide dejar de subestimarse y decide que no postergará más la ceremonia de iniciación, para cargar con todo el peso de ser un líder, con tal de que sus amigos y compañeros pudieran seguir viviendo en paz.


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Capítulo 25

Secretos y sorpresas

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Kurenai siempre se consideró una persona eficiente en su trabajo como Kunoichi, se especializó en genjutsu al igual que su madre y logró muchas satisfacciones en su carrera ninja. Pero a pesar de ser una kunoichi y haber pasado los entrenamientos psicológicos para lidiar con la pérdida de su padre cuando murió en el ataque del Kyubi, se sintió sumamente impotente al perder al hombre que amó desde muy joven.

—¿Quieres un poco más de té?—le preguntó a Emiko mientras ella negaba.

—No, muchas gracias.

Pero a pesar de todo, Kurenai nunca estuvo sola y estaba muy agradecida con todos los que la han acompañado desde la partida de Asuma. Shino, Kiba y Hinata solían estar todo su tiempo libre con ella, Shikamaru pasaba todas las mañanas a ver cómo estaban ella y la pequeña Mirai, mientras que Ino y Chouji se turnaban para llevarle comida y flores. Kana y sus dos niños solían pasar las tardes con ella y en las noches, Emiko solía llevar algunos bocadillos para cenar y tomar té. Y cómo olvidar que Konohamaru y su equipo siempre se ofrecían a ayudarla a cargar sus compras o a hacer las reparaciones que llegara a necesitar en su nuevo hogar obtenido después del ataque de Pain.

—Te ves un poco preocupada, ¿Sucede algo? —preguntó Kurenai.

De niñas nunca le prestó atención a Emiko y hasta le guardaba cierto recelo al saber que ella y su amiga Rin gustaba del mismo chico, pero con el tiempo se permitió conocer a esa mujer y encontró a una amiga. Jamás olvidaría cómo ella organizó la evacuación y protegió a los civiles durante el ataque de Pain, por su embarazo Kurenai no pudo hacer mucho más que resguardarse así misma, pero la presencia de Emiko le dio calma a ella y al resto de las personas que morían de nervios ante el ataque. Si había algo en que la pudiera apoyar después de todo lo que ha hecho por ella y por al aldea, sin duda lo haría.

—No lo sé, creo que son imaginaciones mías.

—Cuéntame y yo te puedo dar mi opinión.

El rostro de la mujer de ojos dorados se veía pálido y triste, suponía que algo había pasado con Kakashi.

—Mañana es la ceremonia de nombramiento de Hokage de Kakashi... y a pesar de que se ve convencido, lo noto distante.

—¿Qué fue lo que sucedió?

—Está como muy distante conmigo desde que volvió de su última misión... leí el informe en la torre y no pareciera que algo fuera de lo normal lo orillara a volver a cerrarse... al contrario, parece que la misión le ayudó a despejar sus dudas sobre tomar el manto de Hokage, pero aún así siento que algo está mal.

Kurenai pensó en las palabras de la mujer, Kakashi era un hombre realmente complejo a pesar de que se comportaba como un idiota la mayor parte del tiempo.

—¿Le has preguntado?

Emiko asintió con la cabeza mientras contemplaba su taza vacía de té.

—Sí, pero él dijo que no era nada... hace dos semanas fue su cumpleaños y lo pasamos realmente bien, fue un momento muy intimo y personal, pero luego se marchó a la misión y parece otro...

—Kakashi no es el tipo de hombre que te engañaría o mentiría... quizá solo es el estrés de la ceremonia.

—Eso espero. —una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de la chica.

—¿Se mudarán a vivir cerca de la torre?

—No, Kakashi dijo que no quería mudarse, que le serviría para estirar las piernas luego de estar todo el día sentado.

—Bueno, trabajarán juntos en la torre.

—Sí, de alguna manera me alegra que deje las misiones por un tiempo, ahora él y ShiKamaru se encargarán de entrenar a Naruto-kun para que sea un buen Hokage.

—Y cuando Naruto-kun tomé el puesto... ¿Tienen planes?

La mujer de ojos dorados negó.

—Supongo que será igual, a Kakashi no le gusta mucho el cambio.

—¿Y tú? ¿Estás bien con lo que él te ofrece?

—A veces pienso que soy ambiciosa por querer algo más formal y público, pero somos shinobis y hay gente que querría nuestra sangre, así que entiendo que él prefiera un bajo perfil para no ponernos en riesgo.

Kurenai suspiró.

—Debes amarlo mucho, eres muy blanda con Kakashi.

Y ambas mujeres rieron, aligerando la tensión en Emiko.

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La ceremonia de nombramiento de Kakashi fue sobria y muy aplaudida por los aldeanos, todos estaban muy contentos de tener un nuevo Hokage. Para Kakashi ese momento lo hizo suspirar, pues estaba más seguro que nunca de que siempre daría lo mejor de sí para proteger a la aldea, y sin querer se encontró pensando en su sensei Minato por el resto del día. Minato y Kushina habían sido una de las parejas más cariñosas y unidas que había conocido, y a pesar de eso, Minato-sensei lo sacrificó todo por mantener a salvo a la aldea, incluso sellando a un demonio en su hijo recién nacido. Él como Hokage no podía hacer menos, así que al tomar el manto blanco con llamas rojas, decidió que era momento de terminar con Emiko.

Sí, la amaba. Sí, le gustaba las rutinas que tenían, admiraba su trabajo y el sexo era tan perverso como le gustaba pero por eso mismo no podría con el peso de sacrificar su vida por el bien mayor de la aldea, por que Kakashi tenía claro que su puesto lo obligaba a poner primero a la aldea antes que él mismo y que sus seres queridos. Su trabajo desde ahora era cargar con el dolor y con las decisiones difíciles que debería tomar, debía cuidar del crecimiento de Naruto y ver que la siguiente generación tomara el mando con calma y bajo su guía.

¿Era difícil pensar en terminar con Emiko? Sí, pero era lo mejor para ambos. Sin embargo los días empezaron a pasar uno a uno, y verla todas las tardes en su oficina, sonriéndole seductoramente en un juego de jefe y secretaria, aquello solo lo hacía caer en la tentación de poner un sello de privacidad y tomarla ahí mismo, sobre la enorme cantidad de papeles que debía revisar y sellar. Para un fan del Icha icha era un crimen no tomar semejante oportunidad, pero siempre que terminaban y que el placer se había ido, regresaba el cargo de conciencia de arrastrar a Emiko a una encrucijada donde él debía dejarla caer para poder sostener a la aldea con sus dos manos. Seguía seguro de que Emiko merecía a un hombre que pudiera entregarse a ella completamente y no un viejo espantapájaros que poco podía ofrecer.

Por lo que un par después de la ceremonia de nombramiento, Shizune le entregó una carta dirigida él, en cuyo remitente encontró a alguien con quien compartir un poco de sus frustraciones. Así fue como comenzó con una relajante amistad por correspondencia con Kayho, la actual encargada de la prisión Hōzuki. Al parecer no fue solo su imaginación, él no le fue indiferente a aquella hermosa mujer, quien decía sentirse muy sola en su trabajo-condena. Cada semana llegaba una carta nueva, y cada vez la correspondencia se volvía más intensa... al punto en que Kakashi empezaba a sentirse ansioso por recibir una respuesta.

Sin embargo, cuando apenas llevaba tres meses en su nuevo puesto, algo se rompió.

—¿Hokage-sama?

La voz de Emiko lo sacó de sus pensamientos.

—Disculpa, no escuché. —dijo un poco avergonzado.

—Decía que Naruto quiere cenar con nosotros hoy en la noche en Ichiraku, dice que tiene buenas noticias.

Kakashi suspiró.

—Después de su misión en la luna, creo que ya sé de qué va.

La mujer sonrió mientras se acercaba al escritorio.

—¿Tu crees que por fin se comprometan? —preguntó la pelinegra mientras dejaba un par de pergaminos en el escritorio.

—Es lo más probable, pero sería bueno que te adelantaras, tengo que esperar unos documentos de Suna.

—Justo Temari me los entregó. —señaló los dos pergaminos que puso en el escritorio. —Vino personalmente porque ella e Ino comenzarán con los preparativos de la boda.

Kakashi apretó el puente de su nariz.

—Creo que tendremos muchas bodas este año.

—Eso parece, bueno, de momento vayamos juntos con Naruto-kun... aunque siendo honesta me da un poco de náuseas pensar en ramen...

—Ve primero, igual tengo que revisar estos papeles y ya después voy.

A Kakashi no le pasó desapercibida la mirada de decepción de la mujer, aquello lo hizo sentirse como un idiota, pero sería mejor para él si tan solo ella se cansara y se fuera, así no tendría que lastimarla tan directamente.

—Kakashi... —la voz de Emiko sonó un poco dudosa. —¿Tu me amas?

—Emiko...

—Llevamos viviendo juntos casi tres años y nunca necesité escuchar esas palabras de tu boca porque tus acciones siempre lo decían... pero ahora necesito escucharlo.

El se recargó en su silla y suspiró cansado, usaría esta oportunidad para terminar, pero no quería hacerlo en la oficina del Hokage.

—No podemos hacer esto aquí, vamos a hablar a casa.

—Tenemos sexo en este lugar y nunca te importó, solo te pido que digas un par de palabras y ya.

Un silencio tenso los envolvió, pero entonces el sonido de golpecitos en la ventana los hicieron girar la vista a un ave que cargaba un pergamino amarillento. Kakashi se puso de pie, abrió la ventana y dejó que el ave entrara y se dirigiera a un pequeño recipiente de agua y alpiste que estaba bajo la ventana.

—El Hokage no puede recibir correspondencia sin que haya sido revisada por Ibiki-taicho. —dijo Emiko mientras apretaba los labios, pensaba que Kakashi tenía esa agua y alpiste para las aves que solían colarse en la oficina cuando trabajaban largas jornadas con las ventanas abiertas, no pensó que fuera para un ave en particular.

—Asumo la responsabilidad de saltarme ese protocolo de seguridad.

Emiko vio cómo Kakashi guardaba la carta entre sus ropas y la miraba cansado.

—¡Hokage-sama! —Shizune abrió la puerta sin tocar y entregó un pergamino a su líder. —Llegó esto de parte de Raikage-sama, solicita la presencia de un comité de Konoha para sellar el tratado de las nuevas embajadas que se abrirán en ambas aldeas, pero tiene que ser esta semana, ya que tienen algunos problemas con sus cosechas y quieren comenzar a trazar las nuevas rutas de comercio.

—Atenderé eso ya mismo, Shizune.

—Sí, Hokage-sama.

—Emiko, dile a Naruto que lo buscaré en cuanto me desocupe. —la despidió con poco tacto, pero la mujer estaba tan molesta que no respondió y solo se marchó.

—¿Interrumpí algo? —preguntó la mujer.

—No, en realidad fuiste oportuna, mañana te confirmo quién irá a esta reunión, ¿de acuerdo? Sí.

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Emiko llegó a Ichiraku ramen, donde el olor del caldo de carne le revolvió un poco el estómago y lo atribuyó al enojo que tenía con su pareja.

—Emiko-san, linda noche. —Hinata llegó hasta ella y le hizo una reverencia. —Naruto-kun y yo estamos sentados por acá.

Y la guió a una de las mesas dentro de recién estrenado local de Ichiraku ramen.

—¿Kakashi-sensei tardará? Muero de hambre... —Naruto estaba totalmente acostado en la mesa.

—Creo que no podrá llegar, pero dijo que te buscará cuando tenga tiempo. —trató de sonreír.

—Es un vago, pero entonces ya podemos ordenar. —respondió el rubio con felicidad.

Pronto llegó Ayame a tomar sus pedidos y Emiko solo se pidió un ramen con verduras, seguía enojada y no tenía mucho apetito.

—Nosotros queríamos contarles que nos vamos a casar. —dijo Hinata una vez que Naruto terminó su tercer ramen y que los temas de conversación se acabaron.

—¡Muchas felicidades! Me alegro mucho por ustedes, creo que serán una excelente pareja.

—Gracias... —dijo con un enorme sonrojo la chica.

—Sí, ya hablé con Iruka-sensei y aceptó tomar el lugar de mi padre en la ceremonia, y la abuela Tsunade será quien la oficie, pero queremos que Kakashi-sensei sea nuestro padrino.

—Seguro aceptará feliz, muchas gracias por pensar en él. —Emiko les sonrió y sintió que su corazón se apretaba al ver a Naruto, el ninja más hiperactivo y extraño que había conocido en su vida, tomar la mano de Hinata, quien a pesar de su rostro totalmente rojo, lo miraba con amor y sostenía su mano con mucha fuerza.

Después de estar conversando una hora más, los tres salieron y Naruto junto a Emiko acompañaron a Hinata a su casa para después ir a la del chico.

—Sigo siendo tu superior. —dijo ella cuando el chico se quejó de que él debería ser quien la acompañara a su casa.

Avanzaban tranquilamente por las calles de Konoha cuando de pronto vieron a Sakura y a Sasuke comer en la mesa exterior del restaurante de dangos.

—El teme y Sakura-chan empezaron a salir. —dijo el rubio con alegría. —Me alegra tanto que al fin Sasuke se sienta en casa.

Emiko vio a la pareja y sintió un nudo empezar a formarse en su garganta cuando vio a Sasuke besar la mano de Sakura sin temor a que alguien los viera.

—Hacen una linda pareja, seguro serán muy felices.

—Claro.

La mujer sintió un escalofrío recorrerla, pero supo que debía hacer algo.

—Olvidé algo en mi oficina, iré a la torre, ¿está bien?

—Por supuesto. —se rascó la cabeza. —Nos vemos después.

Atravesando las sombras de la noche, Emiko avanzó a paso lento pero sorprendentemente llegó a la torre en menos tiempo del que esperaba, ingresó y saludó a los guardias de la entrada y se dirigió sin dudar a la oficina del Hokage, la cual estaba completamente vacía cuando llegó.

—¿Emiko-san? —Shizune apareció detrás de ella, haciéndola sobresaltarse.

—¿Hokage-sama ya se fue? —apenas habían pasado más de dos horas desde que marchó.

—Parece que el mensaje del Raikage era más urgente de lo previsto, convocó a Sai y marchó de inmediato a Kusagakure, me pidió que te avisara... de echo te estaba escribiendo un pergamino cuando oí tus pasos en el pasillo...

Pero Emiko dejó de escuchar a Shizune.

—Voy a ver si dejó aprobado el presupuesto de la nueva estación de ferrocarril para llevarlo mañana al jefe de planeación... —dijo sin pensar y Shizune asintió.

—Claro, estaré en mi oficina por si necesitas algo más. —y la primer asistente se marchó.

Emiko caminó hasta el escritorio y tomó asiento en la silla principal, sintiendo el olor a hiervas y masculinidad que tanto caracterizaba a Kakashi. No necesitó buscar mucho para encontrar una carta escrito con la fina caligrafía de una mujer.

Querido Kakashi

Me temo que esta carta será un poco más corta que las demás,

la semana pasado ingresaron a la prisión a dos usuarios del elemento fuego

y a pesar de que se congelan cuando comienzan a usar sus jutsus, están empezando

a ganar más resistencia. Me pregunto si en Konoha tendrán supresores de chakra,

me vendrían bien para manejar esta situación.

Por otra parte, yo también anhelo verte de nuevo, me gusta soñar que salgo y

te visito, además me sonrojo de pensar en todo lo que me gustaría

que hiciéramos juntos, amo las descripciones tan divertidas que me haces de tu aldea...

Debo atender otro incidente con estos nuevos internos, prometo escribirte muy pronto.

Con amor, Kahyo.

Frío. Las manos de Emiko se sintieron frías y el color abandonó su rostro. Por eso Kakashi no dejaba que nadie filtrara esta correspondencia... por eso estaba tan cortante.

Una sonrisa triste se instaló en su rostro y guardó la carta en su portakunais. Con calma salió de la torre, a paso lento y sintiendo cómo el viento de la noche la hacía sentir cálida a comparación del frío que esa carta le ocasionó. Por una parte agradeció que Kakashi no estuviera en la aldea, así que pasó a la zona comercial donde compró algunas cajas y se dirigió a su casa. Lo primero que hizo estando ahí fue buscar sus estados de cuenta del banco, haciendo cálculos, tenía el dinero suficiente para rentar un sitio en el que vivir y pagar los gastos de ese lugar. Definitivamente ella no se interpondría entre Kakashi y la mujer con la que se escribía, a pesar de todo quería que él fuera feliz y de alguna manera ella ya estaba cansada de esperar algo que jamás iba a llegar. Nunca presionó a Kakashi porque sabía que si lo hacía, él cedería a todos sus caprichos, pero lo que ella quería era que naciera de él la idea de casarse, de tener hijos... Pero ya había tenido suficiente del peligris, ya había vivido una historia de amor con él y eso era suficiente...

—Prometiste que era la última vez que cambiabas de parecer... —sollozó junto a una fotografía de ambos, hasta quedarse completamente dormida.

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Al día siguiente, cuando terminaron las clases de la academia, Emiko se dirigió a la oficina de Iruka, pues recientemente había sido nombrado director y tenía su propio lugar desde el cual dirigía todos los asuntos del lugar.

—Buen día, ¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó el chunnin con la alegría de siempre, aunque Emiko sospechaba que la boda de Naruto también tenía algo que ver en esa alegría.

—Sí, sucede que... —ella no se consideraba alguien precipitado, pero si era una mujer independiente y nada ni nadie cambiaría eso. —Yo estaba pensando en extender mi jornada aquí, sé que en las tardes se dan clases complementarias a los chicos que van atrasados.

—Sí, así es, pero creo que no te dejaría seguir con tu trabajo en la torre, Emiko-san.

—Si lo pensé, es solo que entre Shikamaru y Naruto hacen que mi trabajo sea menos y me aburro un poco, creo que sería un buen momento para dedicarme por completo a la docencia.

La mirada de Iruka brilló y eso la hizo sentir un poco incómoda, pero agradecía que el hombre fuera discreto y nunca se le insinuara.

—Yo estaría encantado, en cuanto Hokage-sama lo apruebe yo te asigno un grupo, de echo... —y empezó a hablar sobre la organización que estaba haciendo para reformar el plan de estudios de la academia.

Una vez que terminó de conversar con Iruka, Emiko pensó en ir a la torre pero no estaba de humor, habría poca actividad debido a la ausencia de Kakashi. Apretó la carta en su portakunais y marchó en dirección a la casa de Kurenai, definitivamente Genma no era una opción viable, iría de inmediato tras Kakashi para matarlo, aún sabiendo que no tenía oportunidad de lograr su cometido.

—Hola, es raro verte tan temprano. —saluda Kurenai pero se sorprende al verla con ojeras. —¿Mala noche?

—Bastante mala.

Ambas mujeres fueron a la cocina.

—¿Y Mirai?

—En su siesta del medio día, estuvo jugando con Akamaru toda la mañana y quedó rendida.

—Entiendo... —Emiko se mordió el labio inferior pero no pudo contenerse... —Yuhi... creo que todo se acabó.

Las lágrimas brotaron en su rostro y Kurenai dejó de llenar la tetera y se dio prisa en llegar hasta su invitada y ofrecerle un pañuelo.

—¿Qué pasó?

—El distanciamiento de Kakashi no era mi imaginación, él parece tener una relación por correspondencia con otra mujer. —la tristeza era evidente.

Kurenai no sabía qué decir.

—Me sorprende un poco, Kakashi no es así.

—También le pregunté si me amaba... y no quiso responder... es más, antes de irse a una misión siempre me visitaba para avisarme y ayer se fue apenas recibió esa carta, yo no me hubiera enterado si no hubiera ido a la torre.

—Lo siento tanto, Emiko... es un idiota.

—De alguna manera estoy bien, quiero decir, debí saber que no avanzar en nuestra relación nos afectaría pero pensé que era lo que él quería y yo estaba bien con solo vivir con él y compartir nuestra intimidad... pero ver a los chicos enamorarse y demostrarse cuanto se quieren sin miedo a que los vean, me hacen darme cuenta de que mi relación no estaba bien.

—¿Qué harás?

—Le haré las cosas fáciles a Kakashi... me mudaré cerca de la academia y renunciaré a mi trabajo en la torre, ya no soy la niña que no se rendía hasta alcanzarlo, quiero mi bienestar a pesar de que me duela.

Y lloró con la intención de ser fuerte cuando él regresara y pusieran un punto final a su relación.

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Era un idiota y lo tenía sumamente claro.

Mientras volaba por los cielos montado en una de las aves de Sai, Kakashi sentía que su estómago se retorcía en vértigo y sabía que poco tenían que ver las alturas con ese sentimiento. Había dejado la carta de Kahyo en su escritorio con toda la intención de que Emiko la viera, y a esas alturas ya debía ser así, sin embargo, no lograba alejar el sentimiento de que había hecho algo malo. Amaba a Emiko, sí, aunque jamás se lo dijo, pero su vida ahora le pertenecía a Konoha, quizá si no hubiera tomado el manto de la sombra de fuego quizá se hubiera dado la oportunidad de retirarse y vivir una vida pacífica a su lado, pero como Hokage debía, y estaba listo para sacrificar su propia vida, pero jamás podría recuperarse si la vida de ella se apagara. Así que no daría marcha atrás.

—Ya casi llegamos. —anunció Sai.

—Bien, esta serie de reuniones nos tomará un poco más de una semana, quisiera que mientras yo las atiendo, ve a dejar el equipaje que llevas a la regente del castillo Hōzuki y vigila que no haya más problemas con los usuarios del elemento fuego, te alcanzaré lo más pronto posible.

—Sí, Hokage-sama.

Y así Kakashi viajó solo un par de horas más, tratando de convencerse de que aquello era lo mejor que podía hacer por Emiko. Ya tenían 33 años, sin duda aún podría encontrar a alguien que le ofreciera dar su vida por ella y solo ella.

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En un par de días Emiko encontró una linda casa de planta baja en la parte baja del monte de los Hokages y estaba a cinco minutos caminando de la academia ninja. Dio un depósito y al tercer día contrató a un equipo de gennin para que la ayudarán a transportar sus cajas. Realmente solo eran tres cajas, ya que no se llevaría ningún mueble, todos los había comprado Kakashi, pero estaban muy pesadas y por su brazo no podría hacerlo ella sola.

—Ryuzara-san, es una sorpresa. —Yamato la saludó mientras veía cómo los gennin bajaban las cajas de la carreta y las metían en la casa. —No sabía que se mudarían más cerca de la torre.

—Yo... —Emiko no supo qué responder, no quería tomar una decisión unilateral, pero Shizune le dijo que Kakashi tardaría como dos semanas en regresar. —Kakashi y yo terminamos, así que este será mi nuevo hogar.

—Oh, lamento escuchar aquello, me parecían una pareja muy sólida y estable, lo siento.

—Son cosas que pasan, ya sabes.

El hombre de cabellos castaños sonrió incómodo.

—Ya terminamos, Ryuzara-sama. —dijo el líder del equipo gennin.

—Muchas gracias, tomen su pago. —la chica les estiró un sobre y los tres chicos se marcharon contentos por el pago. —Bueno, debo empezar a arreglar las cosas, no tengo luz así que debo aprovechar la luz del día.

—Si quieres puedo darle un vistazo, sé un poco de eso y no tendrás que pasar la noche a oscuras. —ofreció.

—Vale, te lo agradecería mucho. —respondió ella mientras veía el cielo y calculaba que solo quedaban un par de horas de luz.

Emiko guió a Yamato y le enseñó la parte donde estaba la caja de energía.

—Esto me tomará algunos minutos, ¿tendrás alguna herramienta disponible?

Ella negó.

—No, lo siento...

—Está bien, puedo usar un senbon con un mango de madera...

—Gracias, Yamato, estaré en la sala, pronto llegarán un par de muebles.

La chica le sonrió y se dirigió a las cajas que la esperaban en la pequeña sala comedor. Aquel lugar era pequeño, solo tenía un cuarto, una cocina, una sala-comedor y un baño, pero eso era perfecto para ella, no necesitaba nada más.

Yamato estuvo buen rato peleando con el sistema de luz de la casa, pero después de una hora, logró que el swich de la luz funcionara y los focos de la casa se prendieran.

—Parece que ya quedó... —Yamato salió a la sala donde vio una cama nueva y una mesa con dos sillas pero no había rastro alguno de la chica, hasta que de pronto escuchó el sonido de arcadas provenientes del baño. —¿Estás bien? —preguntó cauteloso sin abrir la puerta.

—Sí... —se escuchaba agitada la voz de la mujer. —Voy en un minuto.

Yamato regresó a la vacía sala y se sentó en una de las sillas nuevas, realmente le daba mucha tristeza saber que su sempai estaba en una situación así, seguro que también lo estaba pasando bastante mal. De pronto apareció Emiko con el rostro un poco húmedo y una pequeña sonrisa de disculpa en los labios.

—Lo siento... creo que el desayuno no me cayó bien.

El shinobi frunció el ceño, ¿desayuno? pero ya casi era de noche.

—¿No comiste, Ryuzara-san?

—No tenía mucho apetito, todo el día sentí náuseas.

Un foco rojo se prendió en el jounnin.

—Debería ir al médico, Ryuzara-san...

—Dime Emiko... yo te llamo Yamato, ¿no?

El shinobi sonrió.

—Puedo acompañarte al médico si me lo permites. —como amigo de Kakashi, era su deber cuidar de ella a pesar de las circunstancias.

—No, yo iré mañana mismo, por hoy quiero hacer un poco más habitable esto.

—En ese caso te ayudaré, solo dime dónde poner las cosas.

—No es necesario, de verdad.

—De cualquier forma nadie me espera en casa, así que no tengo problemas en ayudar, además, mi casa queda cerca de aquí.

La pelinegra se rindió y agradeció la ayuda. Realmente no necesitaron mucho tiempo, Emiko solo había comprado una cocina con refrigerador, una cama y la mesa, no quería gastar todos sus ahorros de golpe, por lo que decidió amueblar poco a poco su nueva casa.

—Hace falta un sistema de calefacción, hace bastante frío por las noches. —señaló el castaño.

—Mañana contrataré a alguien que lo instale, muchas gracias por decirme. —sacó de una de las cajas un mandil. —Por favor, quédate a cenar como agradecimiento por tu ayuda, Yamato.

—No, no es necesario, eres una compañera shinobi, no podía hacer menos.

El rostro de la mujer se entristeció un poco y él se golpeó mentalmente, Emiko había estado dada de baja en el sistema shinobi desde hace algunos años.

—Eres un buen chico, Yamato, anda quédate, prepararé algo sencillo pero delicioso... y cuando consiga un buen horno, te mandaré algunas galletas de avena, son mi especialidad. —dijo con tristeza.

Mientras la mujer preparaba la cena, Yamato tenía una lucha interior. Él sabía lo mucho que el capitán Kakashi atesoraba a su pareja, aun a pesar de nunca haber hecho pública su relación, podía decir que el peligris siempre tenía prisa por regresar a casa y no lo culpaba, él también adoraría a una mujer tan suave y amable como Ryuzara. Así que si la mujer estaba embarazada como sospechaba, necesitaba confirmarlo. Tragó grueso y de su dedo índice sacó una pequeña rama y la colocó a un lado en la mesa, esa rama era especial, pues si había una interferencia en la red de chakra de ella, significaría que estaba embarazada.

Pronto la cena estuvo lista y ambos la compartieron en la mesa, bajo la luz amarilla del foco.

—Si alguna vez necesitas algo, no dudes en buscarme. —le dijo el shinobi una vez que terminaron de cenar y de que él lavara los platos en agradecimiento. —Por cierto, toma.

Le estiró la rama que había creado antes.

—¿Qué es esto? —preguntó al recibir la rama entre sus manos cuando de pronto un retoño surgió de ella.

—Es una rama especial, ese retoño solo sale cuando una persona es gentil y lo toca.

Por primera vez en la noche la mujer sonrió radiante.

—Supongo que esto es una buena señal, gracias, Yamato.

Pero él negó.

—Es un regalo para adornar tu nueva casa... no olvides ir al médico mañana, apenas probaste bocado ahorita.

Ella asintió.

—Lo haré.

Y el ex ninja de raíz se marchó con evidente emoción... Emiko estaba embarazada... eso significaba que Kakashi iba a ser padre... a menos que él no fuera el padre... pero dudaba que ese fuera el motivo de su ruptura, al parecer Emiko desconocía de su estado... Definitivamente era demasiado cotilla para su propia seguridad, él no diría nada hasta que viera al sexto Hokage en su oficina.

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Al día siguiente Emiko volvió a levantarse vomitando lo poco que había cenado, así que después de darse un baño con agua muy caliente, salió en dirección al hospital.

—¡Emiko!

Genma se apareció frente a ella, por su expresión agitada supo que ya se había enterado.

—Hola, ¿qué tal tu misión?

—Olvida mi misión... Kana me dijo que te mudaste al departamento que renta su tía, ¿Qué demonios pasó?

—He decidido terminar mi relación con Kakashi, solo me acomodo en otro lugar para hacer las cosas más fáciles cuando él regrese a la aldea.

—Pero... ¿Por qué?

En momentos así era cuando más sentía la ausencia de Asuma, a pesar de lo cercana que era con Genma, él no tenía el mismo tacto que el Sarutobi cuando se trataba de estas cosas tan delicadas.

—Porque... —no podía decirle que era porque Kakashi se había enamorado de otra mujer... —Porque me cansé de que él no quisiera dar el siguiente paso, creo que merezco algo mejor.

El rostro de su amigo se suavizó y él se dio prisa por abrazarla.

—Lo lamento tanto... sé lo mucho que lo amaste siendo niña... y aún siendo mayor siempre lo has amado a él.

Aquellas palabras hicieron que sus ojos se humedecieran.

—No es el fin del mundo, hay muchos hombres y la verdad es que tengo muchas ganas de empezar a salir con gente nueva, serán buenos tiempos. —dijo mientras las lágrimas corrían por su rostro.

—Ven a comer con Kana y los niños, definitivamente te encantará...

Y la llevó con él, olvidando por completo la visita al hospital.

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Al día siguiente, Emiko despertó normal y sin ninguna señal de que vomitaría su cena anterior, y pensó que sus malestares eran más bien por el estrés de lo sucedido, por lo que con buen animo fue a la torre a presentar su renuncia formal a Shizune, quien la aceptó de buena gana y por suerte no le hizo muchas preguntas.

Al salir de la torre, vio a Yamato y lo saludó contenta.

—¿Qué tal te fue en el médico, Ry...Emiko-san?

—Ah, lamento lo sucedido ese día... ya me siento perfectamente bien, solo necesitaba descansar.

Yamato se alarmó al escuchar aquello.

—Ah ya, bueno, tengo un poco de prisa... ¡Nos vemos luego!

Emiko vio extrañada cómo el jounnin se marchaba de prisa, así que ella retomó su camino.

—Ino. —saludó Emiko al ver a la chica llegar hasta la entrada de la torre.

—Hola. —su ánimo aún estaba decaído, pero sin duda se estaba esforzando mucho.

—¿Cómo va todo?

La chica intentó sonreír.

—Ibiki-taicho me aceptó en el departamento de inteligencia, pronto empezaré a trabajar ahí.

—Eso es genial Ino, será un buen cambio.

—Sí, es un poco aburrido que no hayan tantas misiones, sin duda.

—Sí, pasé por lo mismo hace algún tiempo, pero siempre es posible encontrar otras ocupaciones.

—Eso espero, bueno, iré entregar un informe de mi clan.

—Claro, cuídate y nos vemos.

Y Emiko se marchó, deseando lo mejor para ella. El día era bastante soleado, y los niños estaban bastante animados en el salón de clase, por lo que necesitó de un esfuerzo extra para mantenerlos sentados y prestando atención a la lección del día. Una vez que sus clases terminaron, tomó su maletín con sus documentos y pensó en ir a trabajar a la biblioteca, cuando una enojada Tsunade Senju se presentó ante ella en el vacío salón de clases.

—Usted jovencita me debe varias explicaciones. —dijo con enfado, cosa que hizo temblar a la chica. —Vamos ahora mismo a tu casa.

—Pero...

—No admitiré excusas, bastante malo es que hayas renunciado sin que tu Hokage esté presente para decirte lo estúpido que es.

La mención de Kakashi la entristeció. Tsunade lo notó, pero decidió mantenerse firme, si las sospechas de Yamato eran ciertas, tenía que intervenir y ver qué demonios estaba sucediendo.

—Sé que has estado enferma últimamente, debiste ir al hospital. —regañó la mayor.

—Lo siento... pero ¿Cómo lo sabe?

—Aún si no eres un ninja activo, eres un activo importante de la aldea, la gente te respeta y si te ven mal se preocuparán.

Era cierto que Emiko se volvió relativamente famosa al haber estado a cargo de la aldea junto a Shizune durante el ataque de Pain y la guerra ninja, pero no se consideraba tan esencial, solo había cumplido con su deber tal como Shikaku Nara y otros ninjas lo hicieron antes que ella.

Cuando llegaron a la pequeña casa de Emiko, Tsunade chasqueó la lengua.

—¿Qué haces aquí?

—Voy a terminar con Kakashi en cuanto vuelva, este será mi nuevo hogar. —dijo abrazándose así misma, de alguna manera sentía que el regaño que Tsunade le estaba dando era el que recibiría de su madre, hace muchos años que no le rendía cuentas a una figura paterna.

La rubia suspiró.

—Entremos y me contarás todo mientras te hago un chequeo médico... —vio que emiko replicaría. —No tienes otra opción.

Con resignación la mujer aceptó y entraron a la pequeña casa, que aún no estaba completamente amueblada, le faltaban mucho.

—Levanta tu blusa. —ordenó la rubia, sin duda estaba muy intrigada por lo que le había dicho Yamato.

—No estoy embarazada, Tsunade-sama... Kakashi y yo hace semanas que no tenemos intimidad... además que ambos siempre usábamos protección. —dijo con un pequeño sonrojo de vergüenza.

—Yo seré quien dictamine eso, además que sabes a la perfección que los ninjas de alto nivel como Kakashi son sumamente fértiles y que ningún método es infalible.

La joven sonrió al ver la ironía de aquello.

—Es imposible. —sentía el chakra curativo de la quinta Hokage en su vientre. —No he ganado nada de peso, al contrario, además que...

—Estás embarazada... —sentenció la rubia. —Necesito una muestra de sangre para calcular el tiempo.

—¿Qué?

—Necesito una muestra de sangre, dame el brazo.

¿Embarazada? ¿Justo ahora? Ni siquiera sintió el pinchazo que la rubia le hizo, nada de eso tenía sentido... no podía estar embarazada de Kakashi... no en esos momentos.

—Supongo que querrás escribir una carta a Hokage-sama... —pero Tsunade guardó silencio al ver a la mujer llorar silenciosamente. —Emiko... ¿Qué pasó entre ustedes?

—Desde que regresó de su última misión estaba un poco distante... y cuando por fin asumió el cargo de Hokage, las cosas parecían mejorar un poco pero de pronto empezó a estar como ausente, cortante... hasta que descubrí esta carta. —fue a su habitación por la carta y se la mostró a la Hokage. —Parece que Kakashi está enamorado de la nueva regente del castillo Hozuki,

—Esto es una locura, ese idiota besa el piso por el que pasas...y aún si fuera cierto... —le regresó la carta a Emiko. —Es imposible que pueda pasar algo entre ellos, ella nunca va a salir de ahí y Kakashi no puede abandonar por tanto tiempo su oficina en la torre.

—Kakashi no va a estar contento con esto, él no quiere tener hijos.

—Tienen que hablar, ya no solo por el bien de su relación, sino por el bien del bebé que viene en camino. —suspiró. —Ordenaré a Sakura y a Rock Lee que te escolten y lo alcancen en Kusagakure, hay un tren que sale en Suna y los llevará hasta allá en medio día.

—No creo que sea lo mejor, Hokage-sama.

—Tómalo como un descanso bien merecido, yo hablaré con Iruka, arreglen sus problemas y cuando vengas de regreso veremos qué sigue.

Emiko suspiró y asintió, realmente no tenía muchos ánimos de ir, pero sabía que la Hokage tenía razón, no podía seguir tomando decisiones como mudarse sin antes hablar aclarado el asunto.

—Iré al hospital a examinar tu sangre, desde ahora comerás obligatoriamente tres comidas al día, dos colaciones y te mandaré con Sakura las indicaciones necesarias, un bebé de shinobis absorbe parte del chakra de la madre, así que las píldoras del súper soldado serán tus nuevas amigas.

—Pero Tsunade-sama... en general las píldoras me agotan demasiado.

—Te mandaré más suplementos y todo lo que necesitas... ¿Por qué tendrás al niño, no?

Emiko se quedó pasmada... jamás pasó por su cabeza terminar con el embarazo... al contrario de Kakashi esa era una gran noticia para ella.

—Yo... deseo tenerlo, cuando dejé el Kouka Toki y usted me operó, decidí tomar la oportunidad de ser madre, seguiré al pie de la letra sus indicaciones, Tsunade-sama.

La rubia sonrió.

—Muy bien, en ese caso Sakura será tu médico personal y yo estaré en el parto... habla con Kakashi y arreglen esto, ¿de acuerdo?

.

Al día siguiente, muy temprano, Emiko se encontró con Rock Lee y Sakura en la entrada de la aldea, de los tres, Sakura era quien llevaba una mochila más grande.

—Emiko-san, buenos días, se ve radiante. —Rock Lee le sonrió como sólo él podía. —Tsunade-sama nos reveló su secreto para poder cuidarla en la misión, no se preocupe, mi boca está sellada.

—Gracias Lee, por lo menos hasta que regresemos, no pienso ocultar esto cuando empiece a notarse. —Emiko vestía su uniforme shinobi, la última vez fue cuando todos marcharon a la guerra y ella se quedó organizando las ruinas que quedaban de la aldea, ya tendría tiempo de usar sus amadas yukatas cuando regresara, esta era una misión importante para ella.

—Tsunade-sama me permitió preparar una píldoras especiales para usted, traté de hacerlas dulces pero creo que no tienen muy buen sabor. —la pelirrosa le estiró un frasco con muchas bolitas color blanco. —No he mejorado mucho en la cocina pero por lo menos no saben tan mal como las que le hice a Naruto.

—Gracias, Sakura, las tomaré.

—Es una cada doce horas.

—Bien. —Emiko tomó una y luego guardó el frasco.

—Yo te llevaré en brazos, sensei. —Rock Lee estiró los brazos muy contento.

—Aún puedo caminar, Lee, no olvides que también fui una shinobi y tengo más resistencia que un civil promedio. —el rostro del chico se entristeció. —Pero cuando me canse necesitaré de tu ayuda. —aquello fue suficiente para que el chico se animara.

—¡Yosh! Entonces marchemos de inmediato. —gritó el chico mientras salían de la aldea.

El viaje fue bastante animado aunque Emiko casi no participaba en sus conversaciones, su mente se perdía en todas las posibles reacciones del peligris pero ninguna le animaba mucho, sabía cuánto Kakashi amaba su independencia y libertad, razones por las que siempre le dio su espacio. Pero si lo suyo se terminaba bien podrían compartir la crianza del bebé que estaba en camino... o no... Kakashi seguramente estaría todo el tiempo en su trabajo como Hokage, pues las últimas semanas su convivencia como pareja se había dado en la torre, dado lo poco que iban a casa a descansar. Suspiró cansada, por donde lo viera, las cosas solo serían complicadas.

—¿Emiko-san?

La voz de Sakura la sacó de sus cavilaciones y de pronto vio que estaban cerca de un local de dangos que atendía a los viajeros.

—¿Y Lee?

—Fue por dangos y té.—Sakura le sonrió. —Por cierto, Tsunade-sama me dio su estudio de sangre, parece que tiene diez semanas de embarazo... regresando podríamos intentar escuchar su corazón.

—¿Tan pronto? —preguntó con sorpresa.

—Sí, ojalá Kakashi-sensei regrese con nosotros.

La mayor le sonrió a la chica, a pesar de que respetaba a Sakura y tenían una muy buena relación, no creyó prudente contarlo de sus conflictos con Kakashi, al final era su alumna y no sería muy ético causar un conflicto entre ellos.

El resto del día caminaron hasta los límites con Suna, donde Rock Lee insistió en carga a Emiko hasta la aldea, y en particular la nueva estación de trenes. Ahí abordaron un tren exprés que los llevaría hasta Kusagakure por la noche y llegarían al medio día siguiente. El viaje fue ameno y tranquilo, aunque notó que las náuseas seguían presentes y eso le impidió descansar.

Cuando por fin llegaron a Kusagakure, fueron recibidos por una delegación de Raikage.

—Bienvenidos a la aldea oculta entre las nubes, es un honor recibir a dos héroes de la Cuarta guerra ninja y a uno de los líderes de la aldea.

Emiko se sonrojó, ella no era un líder de la aldea.

—Gracias, como la Godaime les escribió, venimos a ver a Hokage-sama. —dijo Sakura con una sonrisa.

—Su Hokage ya no está en Kusagakure, vino a las reuniones necesarias para concretar el plan de embajadas y comercio, y ni bien terminaron anunció que alcanzaría a su alumno que estaba en las inmediaciones de la prisión del castillo Hōzuki, como saben ese lugar está muy cerca de nuestros límites territoriales.—explicó el enviado por el Raikage.

—Entiendo, nos disculpamos por las molestias. —Emiko hizo una reverencia. —¿Cómo podemos llegar al castillo?

—Podemos facilitarles un bote y un experimentado pescador que los deje en la bahía del castillo, es el camino más rápido.

—Será de mucha ayuda, gracias. —agradeció la mayor.

—Deberíamos descansar un poco antes de ir. —comentó Lee al saber que la mujer no lo había pasado muy bien en el tren.

—No, debemos seguir. —declaró Emiko mientras Sakura suspiraba.

—Por lo menos vayamos a comer algo sustancioso, de otra forma no subiremos a ningún barco. —decretó Sakura con su voz mandona.

Emiko asintió, debía hacer eso por el bebé aún si ella no tenía ni un poco de apetito. El hombre del Raikage los llevó a un pequeño restaurante, donde todos descansaron un poco.

—¿Hay algo mal? —preguntó Lee mientras comían.

La jounnin suspiró.

—Lamento ser tan insistente en darnos prisa, es solo que de verdad necesito hablar con Hokage-sama...

—Imagino que quiere ver su cara cuando le dé la noticia, ¿no?

—Si, justo eso. —respondió la mujer pero Sakura no quedó convencida con su respuesta, así que cuando salieron y Lee marchó a buscar unos impermeables para los tres, ya que la gente del Raikage les dijo que llovía mucho en las inmediaciones del castillo, decidió confrontar a la mujer.

—El instinto de Rock Lee no falló, algo sucede y ni usted ni la Hokage nos han dicho toda la verdad de esta misión. —dijo la pelirrosa con los brazos cruzados.—Bien pudo esperar en la aldea a que Kakashi-sensei regresara para darle la noticia, no era necesario exponerla a todo este viaje.

Emiko sonrió al escuchar aquello.

—Es cierto, supongo que debería tratarte como la adulta que ya eres... —Emiko miró el cielo nublado, el clima en esa aldea siempre había sido así de húmedo, ya había estado ahí antes como agente encubierto. —A veces olvido lo mucho que tu y los chicos han crecido, y me llena de orgullo haber regresado a Konoha a tiempo para conocerlos y verlos madurar.

Sakura se sonrojó ante esas palabras pero no pudo evitar sentir la nostalgia en ellas.

—Si es tan personal no tiene que decirme nada. —la chunnin suspiró.

—Este viaje es porque hay algo importante que debo hablar con Kakashi, mi sensei en la capital siempre me enseñó a ser paciente, a atrapar moscas con miel y dar el golpe final cuando nadie lo esperaría, pero esta vez quise ser egoísta y arrojada, lamento haberlos arrastrado a esto.

Sakura negó con las manos y la cabeza.

—No, para nada... es solo que se ve triste y quisiera ayudar, si es posible.

La mayor le dio una breve caricia en la mejilla y sonrió.

—Que cuides de mi embarazo es lo mejor que alguien podría hacer por mi, amo a este niño o niña con todo mi corazón, y yo sé que todo estará bien al final.

La joven sonrió y se animó.

—¡Chaaa! Ese bebé llegará sano y salvo al mundo, no puedo hacer menos por el hijo de mi sensei y de Emiko-san.

Con más ánimos las dos Kunoichis alcanzaron a Lee, quien llevaba consigo todo lo necesario para cruzar a la zona de la prisión, pues al ya haber estado antes en el sitio, fue muy precavido.

Emiko suspiró sintiendo las náuseas regresar cuando se subió al pequeño barco y suspiró cansada, discutir con Kakashi en el sitio donde estaba su "amiga" por correspondencia no era lo mejor, pero le daba la oportunidad de obligarlo a ser honesto. Jamás se arrepentiría de haber regresado a Konoha hace seis años, y ahora era momento de empezar otro capítulo en su vida.

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¡Gracias por leer!

Espero que el capítulo les haya gustado, ya nos estamos acercando la final de la historia, sin embargo aún no me decido por el tipo de final... ¿Un final feliz o un final triste? Ojalá puedan votar ya que aún faltan varios capítulos pero estoy indecisa.

Sin más por el momento, los invito a opinar, compartir la historia y añadirla a sus favoritos.

Saludos.

2022