Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto y yo solo ocupo a sus personajes para crear ficciones recreativas sin fines de lucro.

Advertencia: Kakashi X OC.


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Capítulo 26

El peor enemigo

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Al anochecer llegaron a la bahía del castillo, por lo que se hospedaron en una pequeña casa donde el enviado del Raikage les dijo que les darían asilo mientras estuvieran en la zona. Muy temprano al día siguiente, salieron en dirección a la prisión. El día era agradable, un poco soleado y era posible percibir el olor salado del mar en sus caras.

Al llegar al castillo, les informaron que el sexto Hokage estaba en una reunión con la regente, por lo que tenían que esperarlo en una de las oficinas centrales, pero Lee sugirió que aprovecharan la visita para ir al patio y ver cómo iban terminando las reparaciones de la prisión después de todo el desastre que hizo el Tobishachimaru hace algunos meses.

Los tres ninjas de Konoha iban viendo las instalaciones recién construidas cuando un hombre de cabellos castaños con un toque blanco se acercó a ellos con el rostro evidentemente soprendido.

— ¿Ángel? —dijo el hombre mientras se acercaba con una mano extendida.

— ¡Atrás! —exclamó Rock Lee mientras se interponía entre el hombre y Emiko, pero ella también lo reconoció.

— ¡Soy yo, Arata Izunari! ¿Acaso eres Emiko Yamada?

Sakura miró desconcertada a la pelinegra, quien amablemente puso sus manos en los hombros de Lee que la ocultaban con el fin de protegerla.

— Cuanto tiempo... Arata-san...

— ¿Se conocen? —preguntó Sakura y se sorprendió aún más cuando la mayor caminó hacía el hombre.

— Yo fui quien lo apresó, pero siempre creí que estarías en una prisión más convencional en el país del fuego.

El hombre sonrió.

— Mi Ángel hizo lo que tenía que hacer, y yo también, al tratar de escapar decidieron enviarme aquí, supongo que no existen las coincidencias, sino solo lo inevitable. —sonaron los grilletes de sus pies y manos que usaban los prisioneros cuando estaban en el patio de la cárcel.

— Lee... Sakura... ¿Nos dejarían hablar unos minutos a solas? —la mirada de tristeza en Emiko conmovió a Sakura.

— Sí, yo iré a buscar a Kakashi-sensei... Lee tu quédate cerca de Emiko-sensei por cualquier cosa... —dijo la pelirrosada, y el chico asintió, alejándose un par de saltos de Emiko.

Una vez que los dos estuvieron solos, el hombre señaló una banca cerca de la puerta de salida del patio. Emiko asintió y en silencio caminaron hasta que estuvieron sentados uno junto al otro.

— Han pasado 13 años... Ángel...

Pero Emiko se puso de pie e hizo una profunda reverencia ante el hombre.

— Lo siento, mucho... Arata-san... aquel bebé... yo... lo perdí. —cerró con fuerza los ojos. — No pude cumplir con la promesa de cuidarlo.

El hombre se puso de pie y puso sus manos en los hombros de ella.

— Los primeros meses que pasé en prisión estuve enojado conmigo mismo por haberme enamorado de ti. —ella alzó la mirada y él volvió a señalar la banca, por lo que volvieron a tomar asiento. — Y a pesar de eso, mi intento de escapar tuvo que ver con la desesperación que sentía por saber cómo estabas, si ya había nacido nuestro hijo... lamento profundamente no haber podido estar junto a ti cuando lo perdiste, debió ser muy duro para ti.

Emiko bajó la mirada, no podía decirle toda la verdad, no a ese hombre cuyos ojos seguían siendo tan francos como lo recordaba.

— Yo... yo no tenía familia ni un lugar al que pertenecer por lo que acepté el trabajo de encargarme de todas las amenazas que pudieran terminar con la paz en el país del fuego a costa de mi vida... pero conocerte me hizo dudar, y aún muchos años después seguí sintiendo que había cometido un error al entregarte al ejercito...

El hombre suspiró.

— No te arrepientas, Ángel, cada uno hizo lo que debía hacer... pude haber llevado una vida más honesta, es cierto, pero yo también era alguien que no tenía nada que perder cuando murieron mi esposa y mi hija... por eso fue fácil empezar ese trabajo de lavar dinero, no me importó el sufrimiento de gente inocente o que el dinero estuviera manchado... pero cuando te conocí pensé que tal vez podría volver a empezar... aunque debo admitir que yo no me arrepiento de nada y por eso nunca pude culparte, un hombre siempre debe asumir sus responsabilidades.

Ambos se quedaron en silencio, viendo a los demás prisioneros caminar o simplemente estar acostados en el patio contemplando el cielo.

— Tengo una hija. —comenzó a decir Arata y Emiko lo miró con sorpresa. — Tiene unos cinco años, conocí a su madre en este lugar porque trabaja en la cocina de aquí, a pesar de todo se ha vuelto un gran apoyo para mi...

— Eso me sorprende un poco... —murmuró Emiko.

— No las puedo ver tan seguido como quisiera, pero me ha dado mucha paz ver a mi hija crecer poco a poco. —el hombre estiró una mano y acarició un mechón del negro cabello de Emiko. — Eras tan joven y hermosa, nunca dudé en que podrías rehacer tu vida sin problemas, así que hice lo propio.

La mujer sonrió mientras disfrutaba del breve toque, sentía que por fin podría cerrar para siempre ese momento de su vida.

— Ya no trabajo para el palacio feudal, estuve trabajando en una oficina de gobierno ocho horas y doy clases de historia y otros temas para pequeños de la academia de la aldea de Konoha.

El castaño rio escandalosamente.

— Suena aburrido pero puedo ver que eso te hace feliz... ¿Te has casado? No veo algún anillo en tus manos.

El estómago de Emiko brincó y le recordó el verdadero motivo por el que estaba en este lugar, su sonrisa desapareció y negó.

— No me he casado y no es algo que me preocupe, tengo una vida tranquila. —el semblante de Emiko se entristeció pero decidió que no quería hablar de eso aún. — Debo volver con mis chicos, pero si no te importa podríamos volver a conversar en otro momento.

— Eso me gustaría, Ángel... saldré en unos meses, quizás podamos volver a tomar una copa todos juntos. —dijo con voz grave y sincera el hombre de más de cincuenta años mientras se ponía de pie, entonces Emiko pudo ver que seguía en forma, tan erguido y orgulloso como cuando lo conoció. Se dieron un breve abrazo y Emiko giró, encontrándose a lo lejos con quien estaba buscando, Kakashi Hatake. Sin embargo, cuando comenzó a caminar hacía él, vio cómo el peliplateado se daba la media vuelta y se marchaba sin mirar atrás.

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Momentos antes, Sakura llegó hasta su sensei, quien iba caminando por los pasillos de la prisión acompañado de Kahyo.

— ¿Sakura?

— Kakashi-sensei, me alegra verlo.

— ¿Sucedió algo en la aldea? Sai no me dijo que vendrían refuerzos.

— En realidad no sabíamos que estaría aquí, se suponía que estaría dos semanas en Kusagakure en la reunión del Raikage, ahí nos dijeron que estabas aquí. —y la chica la dirigió una mirada recelosa a la regente del castillo que tenía agarrado por el brazo a su sensei.

— Creo que yo debería volver a la cabina de mando, nos vemos mas tarde, Kakashi-san.

Cuando la mujer se fue, Sakura miró con molestia a su maestro.

— ¿Más tarde?

El hombre suspiró.

— No creo tener que darte explicaciones de esto, Sakura.

— A mi no, pero a Emiko-san sí.

— Hablaré con ella cuando regrese a la aldea.

Sakura negó.

— Lee y yo venimos escoltando a Emiko-san, ella está en el patio.

Un escalofrío recorrió al hombre, quien asintió.

— Iré ahora mismo.

Maestro y alumna caminaron en un silencio acusador y cuando llegaron al patio de la prisión, Kakashi sintió que el estómago se le contraía al ver a Emiko sentada junto a un hombre y conversar, Emiko parecía feliz pero se notaba cansada y hasta algo pálida.

— Sensei... yo sé que no tengo experiencia o algún consejo que pueda servirle... —dijo Sakura mientras veía lo mismo que su sensei. — Pero Emiko-san lo ama y...

— Nunca he dudado de ella, Sakura... —respondió Kakashi mientras se pasaba una mano por el cabello cuando Rock Lee llegó hasta ellos.

— Llevan un buen rato así y Emiko-san no ha comido nada desde la mañana. —dijo Lee y Sakura sacó unas píldoras del supersoldado. Kakashi alzó una ceja, ¿por qué esos dos chicos estaban tan sobreprotectores con Emiko?

Entonces vieron que el hombre estiraba una mano y tocaba el cabello negro de Emiko, quien solo se movió como un gato disfrutando de una caricia.

— Debe ser algún familiar perdido de Emiko-san... —pensó Lee en voz alta al ver que el ceño del sexto Hokage se fruncía. — Parecen conocerse de antes.

— ¿Dónde se están hospedando, Sakura?

— En la casa de la bahía, no queríamos estar mucho tiempo viajando en carruaje así que venimos en una barca.

— Los veré más tarde en su posada. —dijo el peligris mientras se marchaba de regreso a la torre de control.

— Sensei... —Sakura lo llamó pero no sirvió de nada.

— ¿A dónde fue Kakashi? —preguntó Emiko al llegar hasta los dos chunnin de Konoha.

— Dijo que nos vería en la posada... —respondió Sakura y notó que el semblante de Emiko se entristecía. — Deberíamos irnos antes de que empiece a bajar la temperatura... toma estas píldoras, sensei, aún no haz comido nada hoy.

— Gracias, Sakura. —dijo Emiko mientras tomaba las píldoras y los tres emprendieron la salida de aquel enorme castillo.

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Por su lado, Kakashi fue a la cabina de control donde Kahyo estaba junto a un guardia monitoreando las cámaras de la prisión.

— Necesito identificar a un interno que está en el patio. —dijo con alarma, ante lo que Kahyo asintió y mostró las imágenes de las personas que estaban en el patio central del castillo.

— ¿Qué buscas, Kakashi?

— Ese hombre alto... ¿Quién es?

— Número 2963, Arata Izunari, tenía una condena de seis años en la prisión del norte del país del fuego, pero intentó escapar y fue trasladado aquí con un aumento de condena pero, saldrá en medio año. —dijo el guardia que estaba con ellos.

Kakashi no necesitó pensar mucho para reconocer ese nombre que leyó en la fotografía que Emiko conservaba, aquel hombre fue pareja de Emiko, y del que nunca le habló, pero jamás olvidaría la historia que le contó la maestra Midori, todo el dolor por el que Emiko pasó.

Mientras Kakashi estaba perdido en sus pensamientos, Kahyo rebobinó la cinta y vio que aquel hombre tuvo una visita no programada.

— ¿Quiénes son ellos? —preguntó la Kahyo al guardia.

— Los dejaron pasar porque tenían identificaciones de Konoha, con el asunto de venir a buscar al sexto Hokage por una emergencia. No declararon venir a ver a un prisionero.

Kahyo miró a Kakashi, quien negó.

— Es cierto que vinieron a verme a mi, creo que fue una coincidencia que Emiko y ese hombre se encontraran justo en el patio.

— ¿Emiko? ¿Ella es tu pareja?

Kahyo detuvo la cinta y vieron en la cinta conversar a los dos sentados en el patio. Kakashi ya le había contado una vez sobre Emiko Ryuzara en alguna de las cartas que intercambiaron.

— Sí, ella es mi pareja... —dijo mientras se llevaba una mano a la nuca, aquello era bastante incómodo.

— Iré por café, con permiso... —dijo el guardia al sentir el ambiente pesado.

— Emiko debió encontrar alguna carta entre mis cosas, ella suele ordenar mi oficina y no recuerdo si guardé todo, salí corriendo cuando leí tu última carta y el problema con los usuarios del estilo fuego.

La mujer miró al suelo y se cruzó de brazos.

— Fue muy bueno conocerte, Kakashi... me ayudaste a darme cuenta de que estaba yendo por un mal camino, pero creo que lo nuestro no tiene futuro... No sería justo que arruinaras algo real por algo efímero...

— Hablamos de esto en la cena, ¿sí?

Ella asintió y Kakashi marchó en dirección a la posada.

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Emiko estaba sentada en el balcón de la pequeña casa, contemplaba el mar y las olas que se alzaban con las embestidas del viento rodeadas por el color naranja del atardecer.

— ¿Emiko-sensei? Debería abrigarse, hace demasiado viento... —dijo Sakura mientras la pelinegra se ponía de pie y entraba para colocarse un abrigo más grueso.

— Vi que Kakashi venía por el sendero, caminaré con él, así que no tienes nada de qué preocuparte, Sakura. —la chica asintió.

Emiko salió de la posada con las manos en los bolsillos, el frío de aquella isla era intenso, pero de alguna manera sintió que encajaba con el sentimiento que la embargaba por dentro.

— Emiko, no deberías caminar fuera, está a punto de oscurecer. —dijo el peligris mientras las sombras de la costa empezaban a agudizarse y apoyar su punto.

— Lo sé, pero pensé que podríamos hablar fuera, no quisiera que los chicos se preocuparan por nuestra culpa.

"Esto se siente como un final" pensó Emiko mientras Kakashi asentía y comenzaban a caminar juntos pero sin tocarse.

— ¿Por qué viniste, Emiko?—sin rodeos preguntó él.

— Encontré una carta en tu escritorio, quería preguntarte sobre eso.

— ¿Y porqué trajiste a los chicos?

Emiko miró el cielo oscuro cubrirlos, estaba lista para lo que fuera a pasar.

— Tsunade-sama no me dejó viajar sola, dijo que no era buena idea viajar sola por Kusagakure.

— Lamento que vieras la carta, hubiera preferido decírtelo en persona a que te enteraras así.

— ¿Estás enamorado de esa mujer?

Kakashi suspiró.

— No puedo negar que hay una atracción evidente entre ambas partes.

El silencio los envolvió, solo se escuchaba el silbido del viento.

—Me mudaré. —Emiko alzó el cuello de su abrigo y trató de sonreír. — Fue bueno poder compartir algo por tanto tiempo contigo, Kakashi.

Kakashi asintió.

— Supongo que es un momento oportuno para ti... escuché que Arata Izunari saldrá pronto de la cárcel.

Emiko se detuvo de golpe y Kakashi tuvo que girar la vista para poder verla a la cara.

— Noté que nos viste conversar, pero él es irrelevante para lo que será de nuestra relación.

— Sé que lo amaste y sé que esperaste un hijo de él... pero la gente del señor Feudal te obligó a perderlo...

— No sé cómo sabes todo eso, Kakashi, pero han pasado más de trece años desde aquello... y ya no es algo en lo que piense.

— Te veías feliz a su lado.

¿Cómo fue que Kakashi ahora insinuaba que el fin de su relación era por culpa de ella? Sin duda ese hombre era listo y podría salirse con la suya, pero ella no se rendía fácilmente.

— Es cierto que amé a ese hombre, me devolvió la humanidad que el Kouka Toki me estaba quitando, siempre le agradeceré aquello. —volvió a caminar y Kakashi la siguió de cerca. — Perdí a nuestro bebé y fue un momento muy doloroso en mi vida, pero nunca hablé de esto contigo porque no era relevante para nuestro presente y nuestro futuro... y realmente hubiera seguido con mi vida sin saber nada de él si no hubiera sido por esa carta.

Kakashi asintió.

— No tengo derecho a pedirte que te quedes, Emiko, y tampoco se trata de Kahyo... además de que eres lo mejor que me ha pasado pero no sé si esté listo para formar una familia... no quiero que te ocurra lo mismo que a Kurenai y Mirai... no quiero dejar huérfanos a mis hijos...

Emiko desvió la vista.

— No los dejarás huérfanos, Kakashi, eres el Hokage de Konoha...

— Por eso mismo, Emiko, entiende que tengo un deber con la aldea y ese deber está incluso sobre mi mismo y... sobre ti... tan solo ve a Naruto... su padre era mi sensei y dio su propia vida por proteger la aldea, no puedo hacer menos que eso.

Emiko trató de contener una pequeña risa.

— Es gracioso, Kakashi... —fue turno de Kakashi para detenerse y fruncir el ceño, Emiko también se detuvo y sonrió mientras sentía la fría brizna del mar golpear su rostro.— Hace trece años yo amé a Arata-san pero a pesar de eso no dudé en entregarlo a las autoridades, mi propósito como herramienta ninja fue más importante que mi propia felicidad, si tu estás en la disposición de hacer lo mismo que yo, no te haré las cosas difíciles, puedo irme por mi propio pie y nadie escuchará una queja de mi parte...

Kakashi miraba el horizonte azul.

— Empecé a intercambiar correspondencia con Kahyo porque sentí que ella no esperaba nada de mi, que un pedazo de papel era suficiente para ella y eso me daba mucha tranquilidad a diferencia de ti... que estabas a mi lado y podía ver tus ojos brillar cuando cargabas a Suki o a Mirai-chan, o como cuando me hablaste de la boda de Naruto y Hinata... nunca me dijiste nada pero sé que esperabas algo de mi, algo que no estoy seguro de si puedo dártelo.

— Kakashi... —Emiko dio un paso hacía el peligris y sujetó una de sus manos, que estaba sumamente fría. — Yo no necesito una boda glamurosa, o un papel que diga que soy tu esposa... ni siquiera un anillo... yo solo te quiero a ti y a la familia que podríamos formar...

El peligris se soltó del agarre de Emiko y metió las manos en sus propios bolsillos.

— No estoy seguro sobre querer tener hijos, Emiko, no sé cómo ser un buen padre y no quiero abandonarlos como hizo mi propio padre, no quiero tener que elegir entre la aldea y la vida de ellos... mucho menos quiero ser un padre como el tuyo, que te exigía de más para que pudieras sobrevivir la guerra y que a pesar de sus buenas intenciones, solo te lastimó una y otra vez hasta hacerte perder toda confianza.

Las palabras de Kakashi golpearon a Emiko con una fuerza considerable, él no quería ser padre.

— Entonces, ¿qué quieres, Kakashi?

— Quiero estar solo, Emiko, entregar mi vida a Konoha y cumplir mi deber.

Los ojos de ella se humedecieron.

— ¿Y qué harás cuando Naruto-kun tome su lugar como el séptimo Hokage? ¿Qué harás en ese momento?

— Si llego a sobrevivir, ya pensaré qué hacer...

Una lágrima escapó de los ojos de Emiko.

— Supongo que es justo que el karma se me regrese de esta manera...—y se dio la vuelta, lista para marcharse hacía la casa y decidir qué hacer. — No seré quien se interponga entre tu y Konoha, Kahyo o quien sea tu felicidad, Kakashi.

— Lo lamento Emiko... fui muy feliz todos estos años contigo, me hubiera gustado haber sido más amable contigo desde niños... quizá yo podría haberte ahorrado muchos malos momentos. Tu siempre haz dado lo mejor de ti, gracias por amarme tanto, Emiko.

Aquello era un adiós verdadero.

— No digas eso, Kakashi, ¿Sabes que esto no tiene que terminar así, verdad?

Él asintió al tiempo que le sostenía la mirada.

— Una de las cosas que más me hicieron dudar sobre tomar el manto de Hokage fue nuestra relación, jamás me perdonaría si alguien te usara para llegar a mi. Sin embargo quiero hacer de Konoha un lugar donde puedas vivir en paz, donde la voluntad de fuego pueda continuar... Emiko... te amo.—era la primera vez que Kakashi se lo decía. — Te amo tanto que debo alejarte, mereces un hombre que pueda ponerte a ti por sobre todo lo demás, yo no puedo.

Se quedaron en silencio mientras llegaban a la posada.

— No es justo, Kakashi... ¿Y si te dijera que estoy embarazada? ¿Qué necesitas para que puedas entender que también mereces ser feliz?

Kakashi negó.

— No hay manera, nos hemos cuidado siempre porque tener hijos solo sería una carga, por más que te ame.— Emiko se quedó sin palabras. — Me estaré hospedando en el castillo, falta revisar las últimas reparaciones de la torre lateral del castillo, por lo que regresaré a Konoha en un par de días.

Las lágrimas corrieron por el rostro de la mujer.

— Kakashi... de verdad, estoy embarazada.

— Emiko... tu no eres así, ¿De verdad quieres mentir en un momento así? ¿Hacer esto más difícil para los dos?

— ¿Por qué no me crees?

— Porque siempre usé protección... si estás embarazada... quizá no sea mío.

A pesar del clima frío, Kakashi empezó a sentir que su sangre hervía, imaginar que ella le hubiera engañado de esa manera era asfixiante, pero la bofetada que recibió lo sorprendió genuinamente.

— Los chicos y yo nos marcharemos mañana temprano... —dijo con un nudo en la garganta. — Adiós, Kakashi.

El viento los golpeaba, haciendo que sus cabellos se mecieran con violencia, como si el clima reaccionara con enojo ante el rompimiento que se estaba llevando a cabo en ese lugar.

— Puedes quedarte con la casa de mi padre, me mudaré a la torre...

A esas alturas Emiko estaba enfurecida, ¿cómo se atrevía a insinuar que ese bebé no era suyo? ¿Cómo dudaba si quiera de su palabra cuando siempre ha demostrado ser alguien de confianza?

— Ya me mudé a otro sitio, la última vez que hablamos me quedó claro que esto se iba a terminar pronto, aunque estoy considerando irme de Konoha. —lo último no era verdad, pero estaba demasiado molesta.

Kakashi frunció el ceño.

— No puedes irte... no puedo cuidar de ti si no estás en Konoha...

— Dijiste que no quieres que me usen para llegar a ti, me iré a un sitio donde nadie sabrá de nuestra relación, será más seguro para ambos.

Kakashi suspiró.

— Emiko...

— Tu lo has dicho, sé cuidarme sola y tu quieres estar solo... y está bien si en algún momento decides llenar esa soledad con alguien más, somos adultos Kakashi, no detendré mi vida y no espero que tampoco lo hagas... probablemente Naruto-kun requiera de bastantes años para estar listo, muchas cosas cambian con el tiempo.

Ambos estaban parados bajo la luz que alumbraba la entrada de la casa.

— Gracias por nunca haberte rendido conmigo, Emiko.

La luz cálida iluminaba el rostro cubierto del hombre que más había amado, se veía cansado y triste, lo cual hizo que el enfado de Emiko volviera a ser una inmensa tristeza, pues de alguna manera, al mirar los ojos negros de Kakashi, supo que realmente este rompimiento no era por Kahyo u otra mujer, lo conocía tanto que sabía que eran los demonios interiores que jamás lo abandonaban los que lo hacían renunciar a ella, a creerle sobre su embarazo o a permitirse cualquier posibilidad de ser feliz y vivir en paz.

Más que sentir tristeza por su propio corazón herido, las lágrimas que escaparon de ella eran por Kakashi, porque él mismo era su peor enemigo.

— Gracias a ti, me has dado más de lo que jamás te pude dar, me llevo un pedazo de ti, Kakashi... y voy a cuidarlo, estaré bien. —la furia se fue.

Él asintió no muy convencido pero el sonido de alas batiéndose llamaron la atención de ambos. Era Sai.

— El Tsuchikage acaba de llegar al castillo, su barco fue atacado cerca de la zona, naufragaron y por eso llegaron tan de imprevisto.

— Me haré cargo. —dijo a Sai y después miró a Emiko. — Debo ir.

— Ve, es tu deber. —la pelinegra trató de sonreír, a lo que el peligris asintió y de un brinco llegó a la ave de pintura que los transportó al castillo Hozuki.

Emiko entró a la posada y Rock Lee corrió para sostenerla, entre el frío y la tristeza, su cuerpo ya no pudo más.

— ¡Emiko-sensei! —la llamó el joven y aquello atrajo la atención de Sakura quien llegó de prisa.

— Estoy bien.

— ¿Qué sucedió, sensei? —preguntó Rock Lee mientras la cargaba para llevarla a una silla cercana.

— Kakashi y yo decidimos terminar nuestra relación... —dijo con un intento de sonrisa que más bien pareció una mueca.— Antes de que hagan algo, por favor, no me dejen sola...

Sakura abrazó a la mujer, mientras Rock Lee miraba hacía la puerta pero decidía abrazar a las dos mujeres. Aquella noche fue sumamente fría y triste para los tres shinobis.

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El regreso a Konoha fue triste y desalentador para Sakura y Rock Lee, quienes vieron a la mujer derrumbarse después de hablar con Kakashi-sensei. Después de esa noche, la mayor entró en un extraño estado de calma, durante el viaje de regreso a Kusagakure trató de sonreírles y hacerles saber que estaba bien, pero cuando abordaron el tren que los llevaría a Suna, su mirada se quedó perdida el paisaje y sin decir ni una palabra obedecía las instrucciones de Sakura para comer o tomar medicamentos.

Ni siquiera se quejó cuando Rock Lee la alzó para llevarla en brazos sobre el desierto y cuando llegaron a los límites de Konoha, fue que por fin reaccionó a ellos.

—Lamento que tuvieran que ver todo esto, espero que no se lleven una mala idea, estas cosas son parte de la vida.

—Pero... ¿Y su bebé? —preguntó Rock Lee con poco tacto pero la mayor sonrió.

—Sigue siendo hijo de ambos, así que cuando las cosas se calmen y nazca, seguirá teniendo a sus dos padres, así no estemos juntos.

Sakura suspiró. Con solo haber visto a su sensei caminar tan junto con la regente de la prisión Hozuki pudo darse una idea de lo sucedido.

—Chaaaa... eres muy blanda, Emiko-san, yo lo hubiera matado en ese mismo instante, no es justo.

—Sakura. —la llamó su superior. —No tienes que enojarte con tu sensei, esto es cosa de nosotros dos.

—Pero...

—Agradezco mucho tu empatía, pero él nunca va a dejar de ser tu sensei, no quiero que ese lazo entre ustedes se rompa, así que mejor mantente a su lado, estoy segura de que tampoco él lo está pasando bien.

La pelirrosa se quedó pensativa mientras Lee y Emiko comenzaban a charlar sobre nombres para el futuro bebé.

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Una semana después.

— Yo me encargaré del informe, buen trabajo, Sai. —dijo Kakashi mientras el chico tomaba rumbo a su casa y el peligris decidía ir primero a su casa a darse un baño.

Una de las ventajas de ser Hokage es que los informes se los tenía que entregar así mismo por lo que podría llegar a cenar algo, ducharse y descansar, era casi la media noche.

— ¡Estoy en casa! —exclamó como toda la vida, pero sintió un pequeño malestar en el estómago al no recibir respuesta, se había acostumbrado a que Emiko lo recibiera con las luces prendidas y el calor de la cena que estaba terminando de cocinar.

Encontrar su vieja casa con las luces apagadas y totalmente en silencio le hizo entender más de cerca las implicaciones de las cosas que le dijo a Emiko. Durante las últimas dos semanas Kahyo lo acompañó todo el tiempo, además de que la visita del Tsuchikage derivó en más trabajo que retrasó su regreso a Konoha.

Pero ahora que prendía las luces de su casa, todo se veía igual y hasta había un plato con comida en el horno, lo cual lo hizo fruncir el ceño... ¿Será que Emiko se habría quedado? ¿Emiko estaría en el cuarto que compartían desde hace algunos años? El corazón se le aceleró, realmente quería verla y pedirle que no lo odiara, verla una vez más sin que el cabello de los dos estuvieran agitándose por el viento y arruinando su vista.

Con el corazón en la garganta, abrió la puerta de su habitación y la encontró a oscuras, con la cama perfectamente tendida. Se acercó al armario y lo abrió, para encontrar el espacio vacío que dejaron las yukatas que a ella le gustaba usar. Ni siquiera se tomó la molestia de seguir revisando los muebles donde solían estar las cosas de Emiko. Regresó a la cocina y sacó la cena, pero a pesar de que olía tan bien como siempre, al probar bocado supo que Emiko no había preparado aquello.

Un par de golpes en la puerta llamaron su atención, se dio prisa y al abrir vio a Tsunade y a Sakura.

— ¿Podemos pasar? —preguntó la Godaime.

— Sí, adelante.

— ¿Qué tal estuvo la misión? —Kakashi notó la molestia en la rubia, no había que ser muy listo para saber el motivo de su presencia ahí.

— Bien, se alargó un poco más de lo previsto pero todo quedó bien. —respondió.

— ¿Qué tal la cena, sensei? —preguntó Sakura, se veía extrañamente seria.

— ¿La hiciste tu? Has mejorado mucho, Sakura.

La chica asintió.

— Emiko-san hizo un milagro al ayudarme a mejorar mi sazón.

Nombrar a la mujer de largos cabellos negros hizo que el ambiente se tensara más.

— Iré al grano, Kakashi... es tarde pero debía venir a verte en cuanto supe de tu llegada.—Tsunade se puso de pie y miró al peligris, quien asintió listo para recibir un sermón que estaba seguro de merecer totalmente. — Te diría lo absurdas que fueron tus excusas para alejar a la única mujer que tiene la paciencia de aguantarte a ti, a tu impuntualidad y todas las costumbres extrañas que tienes... — Tsunade suspiró y el enojo dio paso a la tristeza. — Pero...

Kakashi frunció el ceño.

— Lo que sucedió entre Emiko y yo es un asunto de pareja, lo lamento Tsunade-sama pero no creo que le toque intervenir.

La rubia volvió a molestarse pero no se detuvo.

— Emiko me dijo que te rebeló su estado y que no le creíste, eres un idiota Kakashi...

— ¿Cómo están tan seguras? —la piel de Kakashi se erizó, no era idiota, sabía que los métodos anticonceptivos podían fallar, pero... de alguna manera se negaba a aceptarlo.

— Ella no quería que hablara contigo, pero no puedes ignorar algo tan importante, Kakashi.

El hambre y el cansancio desaparecieron, de pronto Kakashi sintió la necesidad de salir corriendo para buscar a su... ¿Qué eran? Nunca le pidió ser novios, mucho menos ser esposos... pero ahora iban a ser padres de un bebé.

— No es justo, Kakashi... ¿Y si te dijera que estoy embarazada? ¿Cambiarías de opinión? ¿Qué necesitas para que puedas entender que también mereces ser feliz?

Kakashi negó.

— No hay manera, nos hemos cuidado siempre porque tener hijos solo sería una carga, por más que te ame.

— Emiko me dijo que podría estar embarazada y yo le dije que no había manera de que fuera mío... siempre usamos protección... ¿Realmente soy padre?

Tsunade suspiró.

— Eres un gran shinobi pero como hombre te hace falta un poco más de cerebro, Kakashi. —la rubia caminó hasta estar frente al peligris. — Emiko estará bien, tiene un ninja de élite custodiándola, no tienes nada de qué preocuparte, pero como quinta Hokage la mantendré en una ubicación secreta hasta que el bebé se encuentre sano y salvo, no podrás encontrarla por petición de ella... activé el protocolo de protección a bebés de clanes en extinción, la mitad de tu dinero lo financiará.

— Sensei... —Sakura llamó a su sensei, quien la miró con tristeza. — Yo puedo llevarte con ella si así lo quieres pero Emiko-san dijo que no podrías ser el Hokage que Konoha necesita si ella y su bebé estaban en tu vida, pero aun así me pidió que cuidara de ti, sensei.

Kakashi se sentó en el sofá y se agachó hasta que su frente tocó sus rodillas.

Él le confió a Emiko sus mayores temores y ella decidió irse para librarlo de esos miedos para que pudiera hacer su mejor esfuerzo como Hokage, un puesto que decidió asumir para cuidar de su aldea durante el tiempo en que Naruto se preparaba para asumir el cargo. Aún hasta el final aquella niña de rodillas raspadas seguía poniéndolo antes que lo que ella quisiera, y eso lo conmovió. Ahora que ella no estaba, sentía que un pedazo de su corazón se había ido.

— Esto es demasiado...

Tsunade sonrió con tristeza.

— Mocoso, cómo si la vida fuera tan fácil... duerme y piensa un poco.

Kakashi asintió mientras las dos mujeres se marchaban.

Arrastrando los pies, Kakashi se dirigió al baño, donde no encontró el shampoo de lavanda que Emiko solía usar para su negra cabellera. Se quitó la ropa y encendió el agua caliente; cuando entró a la ducha, cerró los ojos y recordó lo sucedido con Kahyo antes de su regreso a Konoha.

— Lamento lo sucedido con tu pareja, Kakashi... me siento responsable porque fue mi carta lo que ocasionó esto. —dijo la mujer con gran tristeza mientras contemplaba la lluvia caer tras la ventana del recinto donde cenaban.

— No es tu culpa, sin embargo supongo que es lo mejor, no quiero que mi cargo como Hokage la ponga en riesgo, no podría vivir con eso.

— ¿Realmente la amas, verdad?

Kakashi sintió un pequeño nudo en su garganta.

— Ella es demasiado luminosa para mi, cuando éramos niños ella era tan feliz y normal que me molestaba, hasta llegué a intentar romperla y enseñarle que el mundo era un lugar cruel... y al final no fui yo quien la rompió, pero aún así ella fue lo suficientemente fuerte como para volver a juntar sus piezas y sonreír... así que cuando sufrió la herida que la sacó del servicio activo y la vi completamente derrotada, quise ser una luz para ella, para que volviera a ser la de siempre... pero cuando ella se recuperó, quise seguir siendo luz pero solo me autoengañé; yo soy oscuridad y ella merece alguien que brille tanto como ella.

— Te equivocas, Kakashi, sin duda eres luz, lo fuiste para mi y para mucha gente, y ahora eres la sombra de fuego de un país entero, eres la persona más fuerte y luminosa... es solo que viviste con dolor por tanto tiempo... ahora que hay paz, te da miedo perderla por culpa de otros, así que prefieres ser tu quien quien la aleje primero.

Kakashi respiró profundamente, ella tenía razón... se había convencido de que Kahyo era una mejor opción porque ella no le exigía nada, pero la verdad es que no soportaría que por su culpa le sucediera algo a Emiko, por eso tuvo que terminar con ella, para que ella pudiera encontrar amor en otra persona y ser tan feliz como él no se sentía capaz de hacerla sentir por sus propios temores.

— Lo lamento, Kahyo, te usé como un pretexto para alejarla, yo dejé tu carta en un lugar donde sabía que ella la encontraría...

— Me gustas mucho Kakashi, y por lo mismo sé que lo mejor para ti es estar con la mujer que amas.

— Ya he terminado con ella desde ese día que vino.

Ambos adultos se quedaron en silencio, solo con el ruido de la lluvia que disminuía su fuerza a cada momento.

— Eres uno de los cinco Kages, creo que si hay un lugar seguro en este mundo, es a tu lado. —Kahyo le sonrió mientras llamaba a su ayudante para que comenzara a preparar el equipaje de Kakashi y Sai, pronto partirían de regreso a su aldea.

Kakashi cerró los ojos y respiró profundamente, de alguna manera el olor a lavanda de Emiko llenó sus fosas nasales y aquello lo hizo cerrar su mano en un puño y golpear el azulejo del baño, el cual quedó destrozado.

— Soy un idiota... — murmuró mientras cerraba la llave y comenzaba a secarse con su toalla habitual.

Una vez seco y vestido, se acostó en la cama y al cerrar los ojos, pudo ver la imagen que tanto se había esforzado en guardar en lo más profundo de su mente, el intento de sonrisa que Emiko le dio cuando le dijo que fuera a cumplir su deber junto a Sai... Se veía tan triste y... dolida, pero ahora entendía que Emiko no solo lloró por él, sino por las amargas palabras que le dijo sobre tener hijos... ella se marchó para tener al bebé de ambos, para no ser el estorbo que pregonaba que serían para él... Emiko al final se marchó sola para que su hijo no sufriera un rechazo y él pudiera gobernar una aldea con tranquilidad...

Se giró en la cama, pero a pesar del cansancio, el dolor en su pecho no le dejaba apagar su mente y dormir. Sería padre... ya no se trataba de si quería serlo o no, sino que ya venía en camino un bebé real, que tendría el cabello blanco o negro, que heredaría el apellido Hatake... Y entonces la imagen de si mismo sentado en su oficina rodeado de papeles pero haciendo un pausa para comer el bento que Emiko le llevaba junto a un pequeño de cabellos negros que corría a su lado tambaleándose y llamándolo papá, le dejó sin aliento.

Si hay un lugar seguro en este mundo, es a tu lado.

Pero lo hecho, hecho estaba, gobernaría la aldea lo mejor posible, haría prosperar a Konoha para legar un lugar lleno de paz a Emiko y su hijo. Ese sería su objetivo de ahora en adelante, al final de cuentas se sentía más cómodo viviendo en las sombras y protegiendo en secreto la vida de todos los habitantes de la aldea.

.

Al día siguiente, Kakashi se presentó en la torre a laborar como siempre, cuando de pronto se abrió la puerta de su oficina sin aviso previo y vio cómo los guardias trataban de contener a Genma, que era el que había irrumpido.

— Eres un... —gritó Genma cuando entre los dos ANBU lo sometieron y arrojaron al suelo, donde lo tenían inmovilizado.

— Genma, estás ante tu Hokage. —dijo Kakashi con seriedad. —Hasta que seas capaz de hablar con respeto, te pido que no te presentes ante mi.

— ¡Ja! Quién lo diría, tienes los pantalones para abandonar a tu familia pero quieres que te hablen con respeto. —escupió mientras forcejeaba con los ANBU. —Renuncio, no trabajaré para un Hokage como tú... cómo si no supieras cuánto hemos perdido, pero yo me haré cargo de ellos...

— Genma... nada les faltará.

— No se trata de dinero, Kakashi, tu viste a Kurenai enfrentar sola el nacimiento de su hija... y ahora Emiko pasará por lo mismo, todo por tu maldita cobardía.

Kakashi suspiró.

— Llévenlo fuera. —a pesar de que su rostro de mostraba serio, por dentro Kakashi se sentía una basura, él sabía perfectamente a todo lo que estaba renunciando y tampoco era fácil para él.

Los ANBU levantaron a Genma y se lo llevaron, pero Kakashi se preguntó en cuánto tiempo todo el mundo estaría enterado de lo sucedido.

— Mañana agitada. —Shikamaru entró al despacho y cerró la puerta tras él.

— Ni siquiera puedo imaginar el escándalo que hará Naruto cuando llegue.

Pero el Nara negó.

— Tsunade-sama habló con todos nosotros y nos dijo que Emiko estaría fuera del ojo público por algunos meses por su seguridad, pero no dijo nada de su rompimiento o situación personal.

El Hokage suspiró aliviado.

— En ese caso supongo que solo Genma sabe de lo sucedido.

— Yo no estaría tan seguro... —el Nara suspiró cansado. —Pero es muy problemático y no ayudará a que te concentres en el trabajo, por lo que trataré de evitarte noticias sobre el asunto, ¿bien?

Kakashi recargó su barbilla en su mano.

— ¿Hice mal, Shikamaru?

— ¿Eh? No sé porqué me pregunta eso a mi.

— Se supone que eres listo.

El chico rió.

— Bueno, si lo piensa con la cabeza fría, es lo mejor para evitar tomar decisiones sesgadas, pero por otro lado... yo no podría abandonar a la mujer que amo y a mi hijo... no es el ejemplo que me dio mi padre.

El peligris chasqueó la lengua.

— Estás muy conversador hoy, debiste tener mucho tiempo libre estos días.

— ¿Qué? Usted fue el que preguntó, no deberías enojarte conmigo si no te gusta la respuesta...

Kakashi suspiró agotado.

— Mejor llama a Shizune, quiero saber todo lo que ha pasado estás semanas... —estaba listo para sumergirse en el trabajo y sacar de su mente a Emiko... ¿Cómo dejó que las cosas llegaran tan lejos?

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¡Muchas gracias!

La parte de la discusión a orillas del mar la escribí hace cerca de un año, me alegra poder mostrárselos por fin.

Esta historia está cerca de terminar, así que les pregunto, ¿Final feliz o triste?

Saludos y nos leemos pronto.

24 julio 2022