RED KNIGHT

-Huida-

No supo que decirle, de hecho, había imaginado ese momento de diferentes formas, pero jamás así.

Sentía su honor algo herido, pero no podía tener ningún pensamiento malo hacía esa mujer ahí cautiva. Se estaba defendiendo como podía, y eso debía ser reconocido.

"¿Qué haces aquí? ¿Porque hay tantas personas viniendo hacia acá?"

La mujer habló, su voz saliendo con rapidez, temblorosa. Pestañeó, un poco confusa. Se tomó un respiro y miro alrededor de la habitación. Había una ventana ahí, así que la mujer era perfectamente capaz de notar que estaba ocurriendo abajo, e incluso sin la vista, podría saber que algo andaba mal solamente por el choque de armas y los gruñidos de bestias, estas mismas atraídas por la pelea.

La habitación en si misma lucia opaca y antigua, los muebles también, tal como los de los pisos inferiores. En su época debieron ser relucientes, pero ahora, estaban viejos y dañados.

"Yo feliz contestare todas sus preguntas, pero no puedo si me perfora la garganta."

La mujer negó de inmediato, sin ser capaz de dejar la ventaja que tenía a su favor. Al parecer iba a tener que explicar todo desde esa posición inferior, y tal vez se sentiría mal de ser tratada de esa forma a pesar de sus buenas intenciones, pero si estuviese en los zapatos de la princesa, haría exactamente lo mismo.

No podría confiar en nadie.

"Su padre, el rey, está buscando pretendientes para usted, así que invitó a todos los príncipes de reinos interesados para venir aquí y pelear por su mano."

Ahora esta si se removió de su lugar, y miró hacia la ventana, pánico en su mirada. Desde ahí se debería poder ver el castillo. La mujer parecía completamente aturdida por la noticia, el agarre en su arma debilitándose. Pudo haberse quitado el arma de encima con un simple movimiento, aprovechando la distracción de la mujer, pero no haría eso. Simplemente esperó, pacientemente.

Aún tenían tiempo.

"Imaginé que no sabrías nada de esto, por eso vine aquí."

El sudor volvió a helarse ante lo gélido de la torre, y se sintió asqueada en su casco, y sin aguantar, simplemente lo tomó y se lo sacó. Tal vez no tenía la intención de hacer nada para sacarse la espada de ahí, pero su simple movimiento fue suficiente para asustar a la princesa y hacer que esta pusiese más presión en su ataque. Tal vez la punta atravesó la capa de ropa, pero no le importo, solo se mantuvo inerte.

No quería morir. No sin desvelar lo que ocurría.

Le dio una sonrisa mientras se movía el cabello de la frente, la sensación comenzando a molestar en su piel. Empezaba a detestar ese clima, era muy poco agradable pelear cuando el clima congelaba su sudor al instante. Probablemente se iba a resfriar por una estupidez así.

"¿Espera, porque dijiste que venias?"

La princesa le preguntó, su cuerpo tenso. Se miraron a los ojos, ahora los de la mujer un poco menos desconfiados, ahora que estaban cara a cara. Ahora que podían verse y no había metal de por medio.

"Seré honesta con usted. Soy un caballero, y no pude quedarme de brazos cruzados cuando me enteré de la situación del reino, mucho menos cuando el rey tomó la decisión de ofrecer su mano de una manera tan sospechosa, sin siquiera mostrar el rostro de la hija a la que los príncipes iban a pretender."

Se levantó, intentando parecer más confiable de pie que tirada en el suelo. La espada puntiaguda ya no la punzaba, pero si siguió su cuello a una buena distancia. Los temblores aumentaron, y se dio cuenta que bien esa mujer podía temerle aún más al estar de pie, así que evitó acercarse.

Se arreglo la ropa, su cinto y sus armas, quitándose un poco de polvo del cuerpo.

"He visto esta situación miles de veces, como los reyes quieren pretendientes para sus hijas. ¿Pero esto? El rostro de las dos hijas del reino es un misterio para todos, y el rey estaba claramente desinteresado en todo el tema. Sé cómo es la realeza, y sé lo que es normal, y esto no lo era. Me preocupé, y vine aquí para ver que ocurría. Temí que la princesa estuviese encerrada contra su voluntad."

La princesa abrazó su estómago con su mano derecha, la izquierda aun sosteniendo el arma, la cual poco a poco iba bajando, sin fuerzas. Parecía melancólica, herida, débil. Era una mujer demasiado delgada, se notaba, incluso con lo pomposo del vestido. No parecía tener fuerzas, ni energías. ¿Siquiera había sido alimentada correctamente?

"¿Entonces cuál es su veredicto al respecto?"

Su voz salió como un susurro. No contestó, solo la miró.

Ambas sabían la respuesta.

Se estaban mirando la una a la otra, hasta que los ojos desiguales abandonaron la competición. Su espada llego completamente al suelo, su mano sin fuerzas para mantenerla aun en una posición defensiva. Quiso soltar un suspiro de alivio al no sentirse amenazada, pero había un nudo en su garganta.

No era el momento.

"Para mi padre, mi madre estaba maldita, así que solo se casó con ella para tener el poder de su familia. Nosotras salimos como ella, y nos culpó día tras día. Él nunca se comportó como un padre, más bien, nos miraba como si fuésemos otras bestias en el mundo, blancas en vez de negras. Cuando perdí la visión de mi ojo, él ya no soportó tenerme cerca y me encerró aquí. No entiendo porque ahora está haciendo esto."

Su voz sonó suave, débil, cansada, aun así, habló rápido, como si temiese que el mismo Jacques la fuese a escuchar si vacilaba.

"Creo que lo sé."

La mujer parecía desolada, pero levantó la mirada una vez más para mirarla, curiosidad en sus ojos. Se veía vulnerable desde que le dijo lo que ocurría, y no le gustaba ver a la gente así. Debía estar aterrada con su padre por dejarla ahí, por maltratarla. Creyó que cualquiera podría hacerle frente al débil de Jacques, sin embargo, con lo delgada y pequeña que era la princesa, debía de ser incapaz de levantarse erguida y darle pelea.

Dudaba siquiera que pudiese dar una estocada con lo débil de su cuerpo.

Ambas dieron un salto cuando se escuchó un golpe fuerte provenir desde la planta baja. Parecía que estaban intentando pasar por la puerta trabada. Se escuchaba claramente como el mueble que puso crujía al verse atacado.

Se dio la vuelta, mirando a la puerta, y sacó su espada creciente, las otras dos siendo demasiado largas para el poco espacio que había ahí con los muebles y la cama. Estaba lista para atacar a quien fuese que atravesase el portal. Tal vez en otra ocasión se habría sentido desconfiada de darle la espalda a quien la amenazo con una espada, pero confiaba en la mujer, era la victima ahí, y un caballero protegía a las víctimas.

"Ponerla a usted como recompensa haría que muchos príncipes llegaran a este paramo atestado de bestias, y teniendo en cuenta que el rey parece reticente al aceptar a un príncipe cualquiera en su trono, probablemente creyese beneficioso que las bestias la matasen tanto a usted como a los príncipes. Así el hecho sería aclamado como un accidente difícil de prevenir y no habría bache alguno en el camino de su hijo menor. Asqueroso si me lo pregunta."

Hubo un silencio, seguido de los golpes finales en la puerta inferior.

"Estoy maldita, rota. Él no se habría arriesgado de mostrarme ante el público, siempre fui una decepción para él, y ahora mucho más. Nadie habría subido a la torre de haberme visto primero."

La voz de la mujer sonaba herida, probablemente fuese la primera vez que escuchaba a alguien así de triste y lastimada.

Y en su trabajo vio mucha gente con pasados difíciles.

Esto era otro nivel.

Los pasos se acercaban, poco a poco, subiendo las escaleras. Sujeto con intensidad el mango de su espada. Sonrió y giró el rostro lo suficiente para poder mirar a la princesa. Su rostro estaba débil, e incluso lucia más pálida que antes. Desolada.

"No todos."

Los pasos ya están cerca y cuando giro el rostro, había alguien justo en frente de ella. No alcanzo a distinguir prácticamente nada del sujeto, solo vio la armadura dorada y nada más. Como reflejo instintivo, levanto la pierna y uso su bota para golpear al hombre en el pecho, haciéndolo que cayese hacia atrás, y un segundo después lo vio rodando por la escalera hacia abajo. Pudo notar como justo tras de él estaba el príncipe rubio que no llevaba casco, y quiso soltar una risa cuando le cayó el hombre encima, haciéndolo caer también. Ambos rodando por las escaleras. Escucho un sonido cuando llegaron al final de esta, sus armaduras resonando entre ellas.

Todos eran un desastre. Deberían ser entrenados como su padre fue entrenado tiempo atrás. Ahora eran débiles, no entrenaban, solamente dependían de sus guardias y caballeros a disposición. Eran aburridos y blandos ante cualquier cosa. Una de las razones por las que se esmeró en ser un caballero y no convertirse en la linda y tierna hija del rey que su padre quería que fuese.

Casarse no estaba en sus intenciones, y eso lo supo desde niña.

No es que no le interesase el amor, si, le parecía maravilloso, así como los caballeros en los cuentos, el romance en los mismos era igual de emocionante. Pero casarse con alguien que no conoces, y vivir atrapada sin amor, eso debía ser desgarrador para cualquiera. Y honestamente, la mayoría de príncipes que conoció, eran presumidos y antipáticos. No había tal cosa como príncipes azules, así que iba a conformarse con ser ella el caballero de brillante armadura que salva a la princesa.

Se podía oír a más gente bajo las escaleras. Los dos probablemente de pie, recuperándose de la caída, pero, aun así, oía a más personas, y si su oído no le fallaba, podría asegurar que una bestia había logrado infiltrarse por una de las ventanas inferiores.

Corrió a mirar por la ventana, buscando una salida.

Estaban perdiendo tiempo.

No sabía con certeza cuantos había en la torre, y al menos logro ver a diez príncipes peleando afuera, así que la cantidad era una incógnita, y por muy divertido que fuese hacerlos caer por las escaleras, no tenía el tiempo para eso. En algún momento alguien lograría subir y reclamar a la princesa como suya, y en ese instante tenía claro que no debía permitir eso.

La princesa ya había sufrido suficientes abusos de parte de su padre para ahora recibirlos de un esposo.

Había bestias aun abajo, pero parecían entretenidas con un hombre en la lejanía. Dudaba que fuese un príncipe, tenía buenas habilidades para serlo, así que debía ser el guardia de alguno de los hombres dentro de la torre.

Miro a la mujer, la cual estaba claramente estresada, su mano estaba firme en el mango de su estoque, apuntando la punta filosa hacia la puerta abierta. Su cuerpo temblaba, ansioso y asustado.

"Dígame, princesa. ¿Acepta esto? ¿Ser casada con un extraño en contra de su voluntad?"

No miro a la mujer a los ojos, ya que seguía buscando por la ventana alguna forma de salir de ahí, mientras apuntaba su espada grande a la puerta, acompañando al arma delgada en su trabajo.

La princesa estaba inerte, como una estatua, sus ojos fijos en el suelo añejo a sus pies.

"No. Lo detesto. Él siempre ha hecho lo que ha querido conmigo y no he podido huir de él, jamás."

Volteó a mirarla, enfocando su mirada en el iris color cielo. Pensando. Ya se escuchaban los pasos azotar los escalones como si se tratase de una estampida. No tenía muchas opciones, pero si tenía claro que era lo correcto que debía hacer. Guardo su espada y agarro uno de los muebles pesados y antiguos, y lo movió hasta la puerta. Iba a cerrarla, pero no pudo, alguien apareciendo de la nada. Era un hombre diferente, con una armadura pulida y gemas incrustadas en el casco. Se veía prolijo. Probablemente no había peleado. Incluso su propia armadura, la cual era reluciente y cuidada, estaba ya con imperfecciones propias de la batalla, aunque fuese más habilidosa que el resto.

Reacciono a tiempo para golpearlo en la cabeza con su codo envuelto en metal. Este se tiró hacia atrás y se acercó nuevamente, y uso la misma puerta para golpearlo una vez más. Era un casco bonito, pero, aun así, iba a marearse un poco. Este cayó al suelo, perdiendo el equilibrio. Agradecía lo irregular de la escalera de caracol que hacía aún más fácil que cayesen.

Soltó una carcajada mientras sellaba la puerta con el mueble, incluso usó un ropero para colocarlo encima y hacerles la tarea más difícil y así darles un poco más de tiempo.

Quitó cualquier objeto cercano a la ventana y le hizo un gesto a la princesa para que mantuviese su distancia, luego tomo una silla y con esta rompió la ventana en mil pedazos. La escucho gritar de sorpresa, pero ninguna dijo nada. El viento entro furioso por el agujero, y a esa altura era de esperarse.

Hace mucho que no entraba en una torre.

Despejó el marco de todo cristal y analizo las posibilidades. Saco del bolso de su espalda baja una cuerda. No era tan larga, pero la dejaría lo suficientemente cerca del suelo para saltar. Se apresuro y la amarro a una de las patas de la cama que había ahí. Era grande y tosca, la madera de roble siendo ideal para hacer de ancla. Luego tiro el otro extremo de la cuerda hacia abajo.

Después de eso, miro a la princesa, mientras aseguraba sus armas en su lugar y el casco en su cinto.

La mujer tenía sus manos enlazadas frente a su pecho, sus ojos se notaban sorprendidos y temerosos, era evidente incluso en su ojo incoloro. La espada había sido abandonada por completo, inerte en el suelo. Era incapaz de pelear.

"Esta es nuestra única salida, y tal vez su única oportunidad, usted decide."

Esta miró a la puerta, indecisión en su expresión.

"Si escapo, mi padre me va a encontrar, y las cosas serán incluso peor. Él es capaz de todo."

Pudo definir a la perfección la mirada de la mujer, su expresión, la postura de su cuerpo. Estaba aterrada. Había visto eso en otras personas, algunas de las cuales logro salvar, y otras que perecieron en manos ajenas. Abusadas, lastimadas, heridas, maltratadas. No quería asumir, pero era evidente que lo que el rey había hecho de encerrarla en una torre no era de las peores cosas que había hecho.

"O puede que le dé por muerta y ya, nadie sabe. Puede esperar y averiguarlo cuando uno de estos extraños la atrape, o puede esperar afuera en libertad y disfrutar de la vida mientras pueda. Yo sé que es lo correcto, ¿Y usted?"

La mujer frunció los labios, y luego avanzo a la ventana rota, no sin antes tomar su espada y afirmarla en un cinturón en su cintura, sus pasos cautelosos ante los cristales. Parecía lista para saltar, pero se detuvo. Los ojos desiguales buscaron a los propios.

"Primero, quiero saber porque haces esto. ¿Porque me ayudas en vez de reclamarme como tuya, así como ellos desean hacer? Todos querrían un poco de Atlas."

Pestañeó un par de veces, digiriendo la pregunta. Le sonrió, tendiéndole una de sus manos.

"Porque soy un caballero, un héroe, y esto es lo que un héroe haría. No importa para quien trabaje, siempre hago lo correcto."

La mujer parecía pensativa, analizando cada palabra. Y recién ahí, luego de unos pocos momentos de contemplación, cogió su mano. Le asintió, sonriendo, y paso por el marco de la ventana, ayudándola. Se sujetó y le dio la señal para que ella hiciese lo mismo.

Esta no parecía muy convencida de que la cuerda resistiese, o que esa fuese la ruta más conveniente, pero luchar contra príncipes, pudiendo poner en riesgo a la princesa, no estaba en la lista. Al menos tenía la seguridad que su cuerda soportaría su gran peso, como siempre, así que soportar el de la princesa no sería difícil.

"Afírmese bien y todo saldrá bien."

Le dijo a esta antes de silbar con fuerza, tomando a la mujer por sorpresa.

Los golpeteos en la puerta se hicieron oír, así como el galope de su fiel compañero de viajes, Zwei, el cual aparecía de entre los arboles con una gran velocidad. Una bestia separada del resto de la manada se le acerco, y este como un buen corcel, le lanzo una patada con sus patas traseras que reventaron el cráneo de esta, haciéndola desaparecer.

Comenzó a bajar por la cuerda, alentando a la mujer a hacer lo mismo. Se dejo caer al llegar al final de la cuerda, a unos tres metros del suelo, y Zwei la atrapo de manera precisa. La princesa parecía asombrada, y a la vez asustada de tener que lanzarse, así que volvió a sonreírle.

"Confíe en mí, yo la atraparé."

La mujer miro hacia arriba por un segundo, cuando se escuchó un golpe final, los muebles cediendo ante la fuerza de varios hombres, y luego miro hacia abajo, cerrando los ojos, soltando la cuerda.

Fue algo peligroso considerando que esta tenía un arma filosa en su cinto, pero su imprudencia era reconocida, y a estas alturas una estocada no era extraño, y con esa adrenalina, tampoco importaba mucho. Como sea, pudo sujetar a la princesa sin esfuerzo alguno, siendo más liviana que sus mismas armas. Y su aroma era bastante agradable para haber estado quien sabe cuánto tiempo en esa torre.

Esta parecía aun en pánico, pero se mantuvo callada, por una parte, seguía incierta de su decisión y estaba segura de que lanzarse por su ventana no era la mejor forma de empezar su escapada.

Había muchas cosas que quería hablar con ella, ahora que la estaba ayudando a huir, pero por ahora lo más importante era salir de ese lugar.

La sujetó con firmeza, mientras le decía a Zwei que se moviese.

Esa huida debía ser perfecta.


N/A; Querida esposa, espero hayas disfrutado de estos capítulos que simbolizan el inicio de una aventura, que disfruté escribir y como siempre te usé de musa como con todo lo que hago. También quería aprovechar esta instancia de decirte cuanto te amo y cuanto agradezco tu existencia a mi lado, así como lo mucho que me ayudas y me motivas a crear más y más cosas. Siempre te estaré eternamente agradecida por elegirme a mí, y que sepas que, si tuviese la oportunidad de volver al pasado, te escogería a ti una y mil veces, porque eres la mitad que me faltaba.

Feliz cumpleaños, cariño.