EYE FOR AN EYE
-Estigma-
…
Había perdido el conocimiento.
Estaba regocijada.
Estaba extasiada
Estaba eufórica.
Hace años que no sentía aquello.
En Beacon todo cayó en pedazos, y se vio a si misma caer en la desesperación, aquel día marcándola para siempre. Ver como todos huían, como todos corrían por sus vidas, como las creaturas de la oscuridad poco a poco destruían Vale, como sus amigos intentaban ayudar sin éxitos, la mayoría heridos, cansados, exhaustos, vio a su equipo resquebrajándose, y cuando despertó luego de quedar inconsciente, se topó en un mundo diferente.
Las imágenes de la muerte y el caos nunca dejaron su mente, apareciendo cada vez que podían, atormentándola, haciéndole ver cuán débil fue, cuan inútil fue.
Si bien podía ocultarlo, seguía sintiéndose rota, desesperada, enojada con quien había destruido aquel futuro que soñó desde niña. Cinder destruyó cada pizca de humanidad dentro de su ser, cada parte de su inocencia, provocándole heridas que iban más allá de lo físico. Era la culpable, era a quien tenía que culpar por el dolor que sentía. Debía culpar a alguien, e iba a culparla a ella.
Ahora, sentía que todo eso cambiaba.
Si, lo había hecho.
La había destruido.
¿Pero a que costo?
No le importaba. Había vivido, y Cinder no, así que se iba a regocijar en ese momento.
Cuando despertó, y vio parte de su visión completamente oscura, se sintió bien. Quería decir que lo había hecho por el mundo, que había matado a una persona que había causado tanto daño en el mundo, pero por un momento simplemente quería decir que mató a alguien que le causó mucho daño a ella, que la traumatizó de por vida, y que se había vengado finalmente.
No era bueno, no se sentía orgullosa, sin embargo, era la verdad.
Obviamente sentía una parte de ella, la más humana, romperse incluso más. Ese lado entristeciéndose. Sentía que había fallado, que le había fallado a su madre, que había destruido en mil pedazos el legado que le había heredado. Sus ojos ya no tenían la fuerza de antaño, cuando era joven, inexperta, ahí pudo hacer maravillas, y ahora, poco a poco, sentía su poder flaquear.
Su humanidad flaqueaba, la luz en su interior se apagaba, dejando solo oscuridad.
¿Su madre aparecería en sus recuerdos de ahora en adelante o solo sería esa imagen decepcionada que vio en su cabeza por la influencia de Salem?
Estaba viva.
Tal vez si podría descubrir la verdad, tal vez podría seguir adelante. Ahora ya no estaba Cinder en su cabeza, ya no tenía por qué seguir ahí, apareciéndose, burlándose, día a día atormentándola. Ahora estaba libre de su existencia, así que ya no tenía que cargar con eso. Su cabeza ya podría pensar con libertad, y así, seguir un nuevo camino.
¿Tenía permitido buscarla?
Luego de lo que hizo, luego de ser dominada por sentimientos tan oscuros como la venganza, ¿Se merecía el saber la verdad sobre su madre?
Dio un salto, cuando aquella última pregunta salió de su boca, su voz saliendo rasposa, cansada. Y así mismo, escuchó un sonido a su lado.
No estaba sola, solo que ahora era aquel su punto ciego.
Tuvo que girar el rostro para ver quien estaba ahí, al lado de su camilla de hospital.
Era Weiss.
Su rostro se veía tan preocupado como aliviado, sobre todo luego de escucharla hacer esa pregunta, que debió haber sonado completamente melancólica. No, de hecho, dudaba que le sorprendiese demasiado. Esos últimos dos años su esencia había cambiado, ya no era quien solía ser, y era evidente que su compañera se iba a dar cuenta de eso.
Era gracioso de cierta forma, lo mucho que ambas habían cambiado.
Weiss solía ser muy agresiva y poco empática en aquella época, y por su parte, era infantil y veía el mundo como un cuento de niños. Ahora, era diferente. Weiss había cambiado para mejor, se preocupaba por el mundo, por los demás, rebozaba de empatía, así mismo se había vuelto bastante expresiva, era agradable estar a su lado, sonriendo, superando el dolor. Lamentablemente no podía decir lo mismo de sí misma. Se había roto de forma irreparable, sus instintos habían caído, era matar o morir, blanco o negro, nada más. No confiaba en nadie, ni siquiera en su propio equipo, y lo verificó cuando no les contó sus verdaderas intenciones al buscar a Cinder, y probablemente jamás se los diría.
Había cambiado para mal.
La sed de venganza la había consumido y llevado por un camino inhóspito.
Weiss se había vuelto más y más humana, y ella se había vuelto más y más como un villano.
Las vueltas que daba la vida.
"¿Cómo te sientes?"
Su compañera habló luego de un rato de miradas silenciosas. Antes se quedaba en su cabeza durante mucho rato, muchas veces pensando en la muerte, y creyó que ya no sería más así, pero se equivocó. Aun aquello la carcomía. Ni siquiera la venganza logró mermar la nueva personalidad que destruyó a la antigua.
¿Iba a seguir oscura por dentro?
Se removió de la cama, queriendo darle a la mujer su atención individual y dejar de pegarse tanto en su cabeza, en sus pensamientos destructivos.
Se tomó un momento para fijarse en su cuerpo físico, dejando de lado todo el peso mental que tenía encima. No le agradó. Su cuerpo claramente no estaba bien. Ni siquiera sentía su aura en el cuerpo. Aún tenía vendajes en los brazos, en el rostro, sus heridas parecían no curar con la rapidez de antes.
Se suponía que el aura era su alma, ¿Acaso había perdido algo de su alma en su búsqueda de Cinder? A estas alturas podía creerlo. Ni sus ojos ni su aura eran tan resistente como antes. ¿Era así de verdad o era su misma mente la que le dificultaba el aceptar el poder de la luz?
No se sentía merecedora de aquel poder, así que era de esperarse.
No merecía sus ojos, no merecía su alma.
Ahora solo era una persona normal, ¿No? Eso quería ser en un comienzo, normal, lo había conseguido, ¿No? Podía regocijarse, alegrarse de que ese estúpido sueño se hiciese realidad años después.
Se vio riendo, gesto que le dolió.
¿Tan tonta era para soñar algo semejante? ¿La normalidad? ¿En serio? ¿Qué clase de heroína de libros iba a ser si se volvía alguien normal? Una persona normal no tenía historias interesantes, aventuras intrépidas, poderes ocultos. Si quería ser normal, debió mutilar de su mente el recuerdo de su madre, y ahí habría seguido viviendo con aquella normalidad que deseaba, no tener delirios de grandeza.
Siendo así, no le extrañaba que le hubiesen pasado tantas desgracias. Se las merecía todas.
"¿Ruby?"
Sintió la mano de Weiss en su brazo izquierdo, y la risa se desmoronó. Se estaba riendo de su propia estupidez, ni siquiera era tan gracioso para reírse de esa forma. No tenía sentido. Ahora debía parecer aún más chiflada de lo que ya estaba. Iba a aprovechar su poco interés actual de salvar el mundo e iba a ir a terapia de una vez por todas, al menos así tendría algo de tiempo.
Ya no había una loca siguiéndola por venganza, así que podía tomarse un descanso de la vida de cazadora.
¿Siquiera podía darse por muerta? Eso si sería agradable, como unas vacaciones de la vida, las necesitaba.
"Me duele absolutamente todo."
La preocupación en los ojos celestes no vaciló con sus palabras, pero al menos ya lucía aliviada de que hubiese hablado con más normalidad.
Llevó una mano al rostro, hacía las vendas que tapaban su ojo. Sintió ardor con el mero tacto. Recordaba exactamente aquel momento, cuando Cinder usó su mano oscura para cortar su rostro, para deformarla. Por una parte, sabía que esta no se iba a conformar con solo tomar su ojo, y, de hecho, asumió que probablemente iba a perder su brazo en la pelea, ¿Pero cortarle la cara? Ahora que lo pensaba, tenía sentido. Cinder no solo había perdido su ojo, dejando nada más que una cuenca vacía, si no que también tenía una cicatriz que se esforzaba por ocultar, y ahora mismo ella también tenía algo similar, una cicatriz, una marca.
Una marca que se hicieron mutuamente.
Había dicho que debía convertirse en Cinder para matarla, y ahora, sentía que se parecía más a esta. Ni siquiera sabía con exactitud cuánto daño le hizo en la piel, nunca logró verse, se desmayó ante la pérdida de sangre y al cansancio, pero se esperaba lo peor.
Lo importante, era que había perdido a su madre, parte de ella, pero estaba bien, no merecía tener esos ojos, no merecía ni siquiera llevar la sangre de una heroína, siendo nada similar a eso.
Tembló cuando sus dedos tocaron algo duro bajo su parpado.
¿Qué?
¿Lo tenía aun?
No, imposible. No podía conservarlo. Vio como el ojo de su madre estaba dentro de la antes cuenca vacía de Cinder, como esta poco a poco se tornaba más oscura, corrompiéndose y al mismo tiempo corrompiendo la oscuridad. Ese ojo murió en ese exacto momento, desintegrándose, así como el cuerpo de la mujer.
Se levantó.
Y cayó al suelo.
Escuchó a Weiss gritar, su voz sonando desesperada, suplicándole que se quedase quieta, pero no hizo caso. No sentía las piernas, pero no iba a detenerse.
El corazón le golpeaba en el pecho, de manera grotesca, esa impaciencia en sus venas atormentándola. No sabía que temía más, si tener el ojo de su madre de nuevo ahí, este corrupto, muerto, inhumano, o tener algo más ahí.
No merecía nada.
No merecía eso.
No merecía una segunda oportunidad.
No merecía ver.
Se arrastró hasta la puerta del baño, la cual estaba entreabierta. Sus brazos podían soportar el peso de Crescent Rose, por ende, podían soportarla a ella. ¿Merecía siquiera a Crescent Rose?
Sus huesos ardían, su piel ardía, pero no se detuvo. Se colgó del lavamanos, pero sus piernas no pudieron mantenerla en pie, y ante lo resbaloso del baño, terminó cayendo. Sintió el frio de las baldosas en su mejilla, incluso sobre sus vendajes. El aroma antiséptico y a productos de limpieza llenaron sus pulmones, y se sintió nauseabunda, incluso más. Y el dolor…
El dolor era increíble.
La batalla contra Cinder fue extenuante, sus piernas no le respondieron durante gran parte del final, no habría podido huir ni, aunque hubiese querido. Su aura apenas le hizo caso durante la pelea, por ende, tampoco su habilidad ni sus ojos. El desenlace llegó antes de lo esperado, y ella se quedó ahí, de rodillas, esperando la muerte.
Solo necesitaba morir, ¿No?
Habría estado más en calma de ser ese el caso.
Volvió a poner las manos en las baldosas, sintiendo la piel tensarse, rajándose, estaba segura de que más de una herida se había vuelto a abrir. Pero no importaba.
No le costó levantarse esta vez, y cuando estuvo frente a su reflejo, entendió que Weiss la estaba ayudando, sujetándola de la cintura. Al menos no era tan pesada como cuando tenía a Crescent Rose encima, o esta no habría podido ayudarla con esa facilidad. Agradeció el gesto, otra persona habría llamado a los doctores para que la anestesiaran y así se calmase. Pero no, su compañera la ayudaba a levantarse, así como otras veces en el pasado.
Lamentaba el ser una desgracia como líder, como compañera.
Tampoco se merecía a Weiss.
Apenas veía su rostro entre los vendajes. Notaba su ojo plateado, su mejilla derecha y sus labios, lo demás solo era blanco. Su piel lucía pálida, débil, y ahí notó que era cierto, que su cuerpo estaba completamente debilitado, su aura sin hacer ni el más mínimo esfuerzo en ayudarla.
No tenía nada.
Se sujetó al lavamanos con una mano, dejándola firme, y la otra la llevó al rostro, y sujetó las vendas, y sin dudar ni un momento, los sacó de un tirón.
Sintió ardor de inmediato, sus heridas seguían abiertas y las fibras de los vendajes se habían incrustado en la piel rota. Aun así, siguió tirando, Weiss intentando evitarlo, pero la ignoró. Poco a poco empezó a notar la gran X que había sobre su ojo izquierdo, como la herida abierta comenzaba a sangrar ante la brusquedad de su acto. Pero no le importaba cuan demacrada estuviese su carne, no le importaba ni un poco. Merecía esa marca, eran sus actos lo que causaron aquello, e iba a vivir con eso, sin embargo, si estaba ahí, enfrentando su rostro moribundo, era por una razón.
Abrió el parpado que seguía cerrado.
¿Qué?
¿Qué era eso?
Ese no era su ojo, de hecho, dudaba siquiera que fuese un ojo.
Se vio acercándose más a su reflejo, apoyándose en su totalidad del lavamanos, aun sintiendo las manos de Weiss sosteniéndola de alguna forma.
Lo primero que recordó, fue el rostro muerto de Penny en la arena. Sus ojos vacíos, robóticos, falsos.
Esos ojos eran iguales al que ahora tenía en el rostro.
Era una tonalidad que intentaba imitar su color de ojos, pero era asquerosamente repulsivo. Era falso. Era una barata imitación. Le daba incluso más asco de lo que podría ser el ver su cuenca vacía.
"¿Qué es esto?"
Le preguntó a Weiss, la cual permanecía en silencio, su rostro dolorido.
"Nos dieron algunos beneficios al matar a Cinder y lograr apresar a Neopolitan, una especie de amnistía por lograr detener a criminales, perdonando nuestros pecados pasados. Te reconocieron como una heroína, y sabían que no ibas a poder luchar como siempre, así que hicieron esto para evitar perder a una cazadora."
¿Qué?
Miró a Weiss, desconfiando por un momento de que todo eso fuese real, y cuando el rostro de la mujer no le mostró vacilación alguna, volvió a mirar su ojo falso, ese aditivo.
Ahora sentía aún más repulsión.
Obviamente cuando tomó decisiones en el pasado, el gobierno de Atlas les puso una cuerda en el cuello, incluso más veces de las que era capaz de contar, por lo mismo estuvieron separados por un largo tiempo. La tomaron como una líder incompetente, rebelde incluso, y tomaron a sus amigos como enemigos por sus actos. Lo entendía. Se merecía aquello. ¿Pero que ahora de un momento a otro la tomaran como la heroína del pueblo? Y no solo eso, si no que le pusieran eso en su rostro sin ningún tipo de aviso, de consentimiento.
No, ahora lo entendía.
Era un castigo, sí, eso debía ser.
Había hecho mal, había pecado, había incinerado toda humanidad en ella, así como había desafiado a los mismos líderes. La marca en su rostro era el castigo que le daba la oscuridad por perseguir la venganza, y aquel ojo robótico era el castigo que la humanidad le daba.
Volvió a reír, prácticamente abrazando el lavamanos.
Una, dos, tres gotas de sangre cayeron desde su rostro, manchando el blanco.
Al final mancharía todo de rojo.
La oscuridad la había marcado, la había hecho suya, le había puesto un código que significaba que ya no tenía más humanidad, y la misma humanidad había hecho lo mismo, dándole algo que la hacía sentir incluso más inhumana.
¿Eso podía considerarse una ironía?
Ni siquiera tenía el cerebro para planteárselo.
Esa iba a ser su vida de ahora en adelante, había fallado en morir, ahora estaba obligada a cargar con el peso de sus pecados, de sus faltas a la humanidad, de sus faltas hacía los deseos de su propia madre. Había fallado siendo una heroína, y ahora debía lidiar con ello.
Ahora el peso sobre sus hombros había cambiado.
Ya no era la venganza, las ganas de destripar a esa mujer, ahora era otra cosa, ahora era la vergüenza, su fallo en ser lo que más deseó ser.
Esa apariencia, era su cruz.
Su estigma.
