Escuchó risotadas a su alrededor, hombres cantando, bebiendo alegremente, mujeres recorriendo las mesas mientras ofrecían alcohol y algo más. Pero eso a él no le importaba, su mente estaba a cientos de metros de distancia, su corazón estaba lejos, con la persona amada, esa mujer por quien había perdido más que la razón y que simplemente lo había echado de su lado como un perro.

Un error y su vida había terminado, uno solo para clavarle un puñal en el alma cuando él solo quería amar, no le importaba si tenía que volver a las sombras, solo quería poder amarla y añorarla, pero no tenía derecho a eso.

Ella amaba a otro, ella moría por estar en los brazos de ese conde quien, a pesar de todo, consideraba un amigo. Mojó sus labios en vino, una lágrima cayendo en el tarro, ella jamás lloraría por él como lo hacía por el conde, ella jamás lo miraría con ilusión, nunca querría verse femenina para él porque él no importaba.

Su corazón se apretujó, sabiendo muy en el fondo que no debía tener esperanzas con ella, pero no podía dejar de quererla.

Su vino se acabó y el tarro se rellenó, bebiendo más de ese líquido de mala calidad que casi era tan amargo como la hiel que le amargaba el ser completo. Quería olvidar, quería no volver a ese castillo que era su hogar porque ya no podía estar cerca de ella, quería caer al Sena y ahogarse para que, por una vez en la vida, ella llorara por él.

-¿Qué es lo que voy a hacer, Oscar? – Preguntó al vacío, sus ojos aguándose y empañando su vista. - ¿Qué es lo que vamos a hacer?

Inspirada en Every Planet We Reach is Dead de Gorillaz, una canción como anillo al dedo para André.