DRAGON CASTLE
-Preguntas-
…
¿Era ese un sueño hecho realidad?
Un dragón, un verdadero dragón, y no solo eso…
¡Hablaba!
No iba a desperdiciar una oportunidad como esa.
"¡No puedo creerlo! ¿Cómo lo haces? ¿Puedes hacerlo con quien quieras o todos pueden escucharte? O tal vez es algo mental, ¿Telepatía?"
No supo si lo que escuchó fue un grito o un gruñido o ambos, pero las fauces estaban nuevamente abiertas, creando sonidos de desaprobación e irritación. Sintió unas gotas de saliva llegándole al cuerpo como una lluvia.
Cuando el grito se acabó, liberó uno de sus brazos del hielo, con la única intención de limpiarse el rostro, sintiendo la mucosidad pegada en la frente.
Eso no fue agradable, pero se lo merecía de una u otra forma por emocionarse así.
Pero no podía evitarlo, era simplemente increíble.
"Escupir es de mala educación."
El dragón dio un golpe con una de sus patas delanteras, chocándola contra el piso ya trizado, removiendo el suelo. No tenía que saber nada de dragones para entender que estaba irritando a la creatura. No imaginaba que estos podían irritarse, y todo el momento parecía aún más emocionante.
Estaba aprendiendo cosas nuevas, y adoraba aprender cosas nuevas de sus presas.
Al sacar su mano del hielo, notó como este parecía estar menos endurecido que cuando fue atrapada, así que su cuerpo poco a poco parecía liberarse.
De todos los idiotas que vinieron con intenciones de matarme sin prueba alguna de mis supuestas fechorías, eres sin duda la más irritante.
Se quedó mirando a la creatura mientras esta resoplaba, moviendo su cuerpo, como si se estuviese acomodando en el espacio que tenía a su disposición. Parecía ser demasiado grande para encajar, pero debía darle crédito a la estructura que aun resistía los temblores y que era lo suficientemente alta para que el dragón pudiese elevarse del suelo.
Frunció el ceño, las palabras antes dichas retumbando en su cabeza, como un eco, y empezó a darles sentido más que simplemente emocionarse por oír palabras.
"¿A qué te refieres con "sin pruebas"? ¿Estas insinuando que no hiciste nada de aquello? ¿Quemar los campos? ¿Incendiar casas? ¿Devorar personas?"
Vio bastantes cráneos y cuerpos desintegrados en la entrada, sangre seca, vestigios de una batalla, vestigios de una guerra, muerte. Era suficiente prueba, así que asumió que tenía sentido que el dragón aquel si había hecho daño.
El dragón cerró sus grandes ojos, los parpados saliendo de una de las orillas del ojo, cerrándose de lado a otro, no como los parpados humanos. Había visto a bestias así, así que tampoco le impresionaba demasiado, pero si le gustaba saber cómo era el funcionamiento biológico de un dragón.
He estado aislándome aquí durante años. Protejo el hogar de mis antepasados con honor, no tengo tiempo para lidiar con insectos y sus estúpidos problemas humanos.
¿Años?
Iba a preguntarle en ese instante cuantos años vivía un dragón en promedio, pero se dio cuenta de otra cosa, sus ojos vagando por el lugar que se notaba que llevaba muchos años de pie, décadas, siglos.
Si, apenas entró, lo encontró realmente familiar, como si lo hubiese visto en algún lado, como si hubiese estado ahí en el pasado, en un sueño o algo similar.
Recordó a su madre.
Miró el suelo, donde estaba tirada, el hielo ya desvaneciéndose, dejando ver los ladrillos de piedra pulida, luego observó aquellos pilares destruidos, estructuras gigantes de mármol, y, por último, miró al techo, notando aquellas ventanas que parecían ser vitrales, tan lejos de su vista que tuvo que fruncir el ceño para poder notarlo.
El diario de su madre. Si había visto descripciones similares, y su mente imaginativa había logrado tener una idea de cómo lucía, y era muy parecido a lo que su mente creó ante tales descripciones.
"Ahora lo entiendo, esta es el castillo Schnee."
Los ojos azules volvieron a mirarla, el dragón acercando su rostro al suyo, su cuerpo aun pareciendo intimidante, y lo grande, por supuesto. No sabía dónde mirar cuando tenía el hocico de la bestia tan cerca.
¿Cómo lo supiste?
"Conservo un diario con todas las aventuras que tuvo mi madre cuando era cazadora, y no olvidaría cuando vio a un dragón en este lugar. Fue difícil unir los cables, ya que este lugar no tiene todo lo que tenía de hermoso en ese entonces, sin ofender."
El dragón se alejó un poco, su rostro girando y apuntando hacía los ventanales en lo alto del castillo. Las grandes alas se menearon, creando una ventisca, pero sin el propósito de lastimar, solo se doblaron, apegándose más al torso de la creatura, la membrana abrazándola como un manto.
Recuerdo haber visto a alguien con ojos similares a los tuyos.
"¿Peleaste con mi madre? ¿La conociste? Era bastante similar a mi físicamente, ¿Tuvieron una batalla?"
El dragón volvió a resoplar, con clara molestia ante sus preguntas.
Mi madre peleó contra ella, al menos sé que tuvieron una discusión y terminaron así, enfrentándose. No tengo muy claro el desenlace de su batalla, ni tampoco tengo recuerdos claros. Ella era muy ágil, pero no tanto como tú.
Sintió su pecho inflarse un poco con aquello.
Su madre era genial, le hubiese gustado que viviese lo suficiente para que pudiese demostrarle lo fuerte que se había vuelto.
Se quedó pensando en todas las cosas que le quería preguntar al dragón, pero se acalló al escuchar a Zwei ladrar. Volteó el rostro, mirando tras su espalda, hacía la salida, o la entrada por la que ingresaron. Intentó enfocarse en el sonido, pero no escuchaba nada, pero su perro si, era evidente.
Silbó y no pasó mucho para que su perro viniese corriendo a su lado. Su ímpetu un poco opacado ante el claro temor de la gigante creatura, cuyos ojos celestes miraban la entrada con evidente ira.
El dragón también había sentido la presencia de alguien más en las cercanías.
Zwei hizo un quejido, repitiéndolo dos veces más. Él sabía que información ella necesitaba.
Tres.
Se acercaban tres personas.
Trajiste refuerzos contigo.
Pudo sentir la mirada amenazante en los ojos del dragón, sus dientes asomándose peligrosamente, a solo un metro de ella. Puso sus manos frente a su cuerpo, intentando protegerse de manera inconsciente, aunque dudaba que sus pequeñas manos humanas podrían hacer mucho contra una mandíbula como esa.
"Oh no, yo trabajo sola."
Zwei hizo un sonido triste que le rompió el corazón. De acuerdo, no.
"Bueno, no sola, con Zwei. Este es un equipo de tres, debieron de haber visto la recompensa. Muchos cazadores llegaron a la ciudad por mar, hace solo unas horas, obviamente iban a venir aquí al igual que yo."
Se levantó del suelo, sintiendo sus pantalones mojados, al igual que el resto de su ropa. Ya poco importaba en realidad.
El dragón soltó un bufido, esta vez diferente al resto, soltando humo por los huecos de su nariz, llenando todo el lugar con vapor. Subió la mirada y notó la severidad en sus facciones escamosas. Por primera vez, desde que vio a esa creatura, tuvo real miedo. Podía notar el odio y la sed de sangre. ¿Cuánto tiempo llevaba así? No dudaba que hubo más cazadores viniendo hasta ahí para obtener la recompensa. Llevar consigo un diente, una escama, un cuerno, lo que sea para demostrar a los gremios de que habían eliminado a la amenaza.
No podía quejarse demasiado, porque ella misma era así, pero solía liberar a pueblos de creaturas que solían atacar a los pueblerinos, tenía una buena razón para hacer su trabajo, la razón que su madre le heredó. Ya había crecido, ya no cazaba por mero placer.
Había cambiado.
De todas formas, el dragón debía sentir molestia al tener que lidiar con eso si eres inocente. Por qué eso era, ¿No?
Solo había una forma de saberlo.
"Oye, dijiste que estuviste todo este tiempo en aislamiento, ¿No? Entonces, ¿Eres inocente de lo que el reino te acusa?"
El dragón la observó, calmando por un momento la ira clara en sus facciones.
Ya te lo dije, ni siquiera me he acercado a los humanos, han sido ellos los que llevan viniendo aquí desde hace dos meses, yo solo defiendo lo que es mío.
¿Dos meses? Ahí debieron poner el aviso en el gremio, en ese preciso instante los cazadores comenzaron a venir, por el dinero.
Y no solo eso, esos huesos en la entrada no eran de hace dos meses, llevaban muchos años ahí para terminar así. Y aunque el dragón los hubiese matado, estaba en su derecho de proteger su propiedad. ¿Debía creerle al gremio o al dragón? No podía elegir, así que debía seguir su instinto.
No estaba de acuerdo con que aquel problema tuviese como solución el derramar sangre, y por la mirada que el dragón tenía, esa iba a ser la conclusión.
Volvió a mirar a la entrada, pudiendo ser capaz de escuchar las armas tintinear. Llegarían pronto, los escuchaba.
"Necesito que te ocultes, yo me encargare de que se vayan."
Un gruñido al lado de su cabeza casi provocó que su oído dejase de oír. La voz sonaba lejana, pero los gruñidos eran cercanos y atemorizantes, y sin duda, eran estruendosos.
No lo haré, no tengo porque hacerle caso a un humano, ni mucho menos me voy a ocultar. Los voy a destruir por haber cometido el error de venir a mi hogar.
Soltó un largo suspiro y se dio vuelta de nuevo, observando al dragón directamente, sus ojos haciendo contacto. Se mantuvo firme, sin flaquear, sin importarle que fuese una creatura tan grande como lo era, tan letal.
No debía temer, al final, los humanos le aterraban más que las bestias, los instintos jamás superarían a la crueldad humana, y eso si era terrorífico.
"Eres inocente. Ellos no deberían venir aquí a lastimarte si no eres culpable, y ellos no deben pagar por su ignorancia. Matarlos solo hará que más y más vengan a buscarte y solo traerá un ciclo de odio y de sangre. Por favor, solo ocultate, unos minutos, nada más. Si no puedo hacer que retrocedan, entrás tú, pero en serio, sé que eres un ser racional después de todo."
Ni en sus sueños imaginó que le hablaría así a un dragón.
Ya le impresionaba cuando ocurría con su hermana, que era lo más parecido a un dragón.
Temió por su vida durante unos momentos, las fauces estando tan cerca de ella. Un movimiento y su cabeza estaría entre los dientes blancos, pero intentó mantener su lugar. Se miraron así, inertes, hasta que luego de un rato, el dragón volvió a bufar.
Diez minutos, o los mataré.
Le asintió, sonriendo. Sonaba a un buen trato.
Más razonable que los humanos, sin duda.
Volvió a mirar a la entrada, tomando su arma del suelo, manteniéndola firme. Toda su ropa estaba sucia con hollín y claramente húmeda. Parecía que había estado teniendo una batalla eterna. Pudo oír el movimiento de las patas del dragón, y luego notó un destello tras ella.
Humo.
Chispas.
Magia.
Los dragones eran mágicos y elementales, lo sabía, pero lo que no sabía era que tan impresionantes podían llegar a ser sus habilidades.
Se dio vuelta, curiosa del desplante que parecía ocurrir a sus espaldas.
No creyó lo que vio.
Ahí no había más dragón, ahí había una mujer.
Su cabello era largo plateado, esta tenía una túnica índigo cubriendo todo su pequeño cuerpo, tras de ella se notaban unas grandes alas y podía notar como había una cola que se arrastraba a sus pies. Sobre su cabeza, entre el mar plateado, había unos cuernos, blancos, puros.
Era el dragón, era obvio, aunque su cabeza no quisiera creer que la chica ahí era el mismo dragón con el que llevaba discutiendo, pero tuvo que dejar de lado su superstición cuando la chica abrió los ojos, los cuales eran exactamente del mismo color celeste de la bestia, e incluso tenía la misma cicatriz que la creatura tenía en su ojo izquierdo, que lo hacía lucir aún más intimidante, pero a la chica solo la hacía lucir…interesante.
Su rostro lucía serio, intenso.
¡Tenía tantas preguntas!
Pero no tenía tiempo suficiente para preguntarlas.
La chica retrocedió a paso lento, ocultándose tras la sombra de uno de los pilares, desapareciendo por completo, ahora su cuerpo diminuto haciéndole fácil la tarea de mantenerse fuera de la vista.
Por su parte, quedó en shock durante unos momentos, hasta que pudo oír los pasos ya cerca de su posición. Salió del estupor, poniendo la hoja de su hoz en el suelo, como si la usase de bastón, pretendiendo estar agotada. No iba a fingir que ahí no había ningún dragón, porque era obvio que los gruñidos de este se oyeron por toda la montaña.
Entraron a ese gran salón tres chicos con armas. Parecían jóvenes, más que ella, ingenuos, inexpertos.
Uno de ellos se le acercó a penas la vio, una chica, al parecer queriendo ayudarla o algo similar. Agradeció el gesto. Se notaban nuevos, unos cazadores con años de experiencia no harían eso jamás.
Ella misma no cometería el error de confiar como cuando era más joven.
Salió ilesa en ese entonces, pero lamentablemente no todos tuvieron la misma suerte.
"¿Estás bien? Apenas supimos del dragón vinimos corriendo."
Uno de ellos tenía un mazo recién forjado, y se le quedó viendo unos momentos, sintiendo ciertas ganas de sujetar aquel mazo en su mano. Obviamente se había distraído de su deber. Su actuación. Su plan. Su guion.
"Si, estoy bien. El dragón pasó por aquí, pero se fue de inmediato cuando los escuchó venir. Me salvaron la vida."
Obviamente no le salvaron la vida, de hecho, dudaba que esos niños pudiesen salvarse la vida a sí mismos. Uno de ellos ni siquiera sujetaba bien su lanza.
"¿Qué hacemos? ¿Lo esperamos?"
Uno de ellos le preguntó al líder, el cual estaba mirando alrededor, una mano pasando por la cerámica chamuscada. Los ojos del tipo la miraron.
"¿Cuál es tu rango?"
Lo miró, los ojos de ambos uniéndose. Sacó su identificación, y la chica que la ayudaba se tiró hacia atrás. No podía decir que tenía un nivel muy alto, pero si un rango superior a ellos. Al parecer se creyeron su mal estado, porque de inmediato se arrepintieron de haber subido la montaña. Si ella quedó así siendo del rango que era, ellos no tenían oportunidad.
"Mi aura logró salvarme la vida, que no los confunda la recompensa, este dragón es mucho más fuerte de lo esperado. Iré a hablar en el gremio para que cambien esos avisos, o alguien terminará muerto."
Y honestamente, iba a hacer eso. Rangos bajos iban a querer ganarse la recompensa pesando que era solo un fácil juego, pero no era así.
Iban a morir si subían.
El chico del mazo tragó pesado, sus pies retrocediendo de inmediato, luego fue la chica quien miró al líder, haciéndole un gesto para que se retirasen.
Este la miró de nuevo, y luego miró a su grupo.
"Salgamos de aquí antes de que vuelva. Sabía que había algo raro con esa recompensa."
Estos le ofrecieron acompañarla cuesta abajo, pero negó, diciéndoles que tenía que asegurarse que todo estuviese en orden o algo así, los chicos se creyeron de inmediato su horrible mentira. No es como que fuesen a arriesgarse y proteger a un rango alto, siendo ellos incapaces de pelear por si mismos.
Se quedó ahí, respirando profundamente.
Menos mal eran chicos jóvenes, o habría sido aún más difícil el lograr hacerlos entrar en razón.
Luego de unos minutos, sintió los pasos acercándose, suaves, delicados, y le emocionó pensar en que estaba usando una piel humana. Se dio vuelta de inmediato, ardiendo en emoción, incluso notó como la mujer frente a ella, la dragona, pareció sorprendida ante el movimiento brusco de su parte.
"Entonces, ¿Puedes cambiar tu forma física? ¿Puedes convertirte en lo que quieras, sea cual sea su raza? ¿Es muy difícil? ¿Naciste así con ese cuerpo hibrido o naciste como un dragón?"
Iba a seguir, pero notó una mueca de desagrado en el rostro semi humano, así que se vio obligada a callarse, eso y como esta le mostraba la palma. Se veía irritada, y podía notarlo más con esa piel.
Era un dragón interesante.
"Estoy agradecida de que te encargaras de ellos, y espero eso calme a algunos cazadores, solo por eso contestaré una sola pregunta, una sola. Nada más. Y te irás de aquí, lejos."
Abrió la boca, la primera pregunta queriendo salir de su boca, y era el cómo su voz sonaba tan parecida a antes, pero salía de manera humana, normal. Eso si era curioso. Al menos esta no chocaba en su cabeza como un eco, pero había algo encantador en eso también.
Apretó los labios, pensando.
Quería preguntarse si solo podía ser una pregunta, también quería preguntarle en que pasaba si no le preguntaba nada, ¿Podrían verse de nuevo así?
Obviamente la oportunidad de ver de nuevo al dragón era algo genial, algo que quería hacer de nuevo, era sin duda una de las creaturas más interesantes y majestuosas que se había topado en todos esos años, no podía simplemente alejarse así nada más, pero dudaba que esta accediese a algo así.
Era un dragón arisco después de todo.
Tal vez no tenía otra opción. Solo debía escoger una pregunta.
Se cruzó de brazos, pensando con más fuerza. Podía sentir a Zwei en una de sus piernas, probablemente mirando a la mujer mitad dragón, ahora menos intimidante que hace un rato ante lo pequeña que era, incluso en comparación con ella misma.
"Se que tienes muchas preguntas, pero no creí que te demorarías una eternidad."
Dio un salto.
Tal vez estuvo más rato buscando la forma de quedarse ahí para siempre antes que elegir su pregunta. Pequeño error.
Asintió, ya lista.
"¿Cuál es tu nombre?"
La dragona ladeó el rostro. Pudo escuchar como su cola serpenteante se detuvo.
"¿Esa es tu pregunta? Tenías muchas más interesantes."
Se levantó de hombros.
A veces uno debía tomar una elección, y en momentos así, prefería recordar el nombre del primer dragón que conoció, lo otro podría deducirlo, o tal vez cuando conociese otro dragón en el futuro podría saciar su curiosidad, aún le quedaban años como cazadora, o al menos esperaba que fuesen varios.
"Prefiero esta, creo que es más importante el ponerle nombre a un verdadero dragón. Sería estúpida si desperdiciara una oportunidad así."
La dragona frunció el ceño, y se dio media vuelta. Sintió como la cola rozó sus piernas, esta dura, pero el movimiento fue más delicado de lo que imaginó. Esta se movió, y luego las luces volvieron a aparecer, la magia, las chispas salieron desperdigadas por todos lados, cegándola por un momento, y, cuando pudo ver, notó al enorme dragón dándole la espalda.
Este se meneó, sus alas moviéndose, preparándose para el vuelo.
Si te vuelvo a ver en mi propiedad, te mataré sin dudarlo.
Asintió de inmediato, disfrutando una última vez la sensación de esa voz dentro de su cabeza. Tal vez nunca dejaría de tener preguntas respecto a ese día, pero al menos podía agradecer el haber vivido algo semejante.
Los celestes la miraron, los ojos rasgados, intensos, poderosos, capaces, y se vio pegada mirándola. No quería olvidar ningún detalle, ni del momento, ni de la batalla, ni de cada una de las escamas del dragón ahí presente.
Weiss Schnee.
Weiss Schnee.
Ese era su nombre.
El sonido fue como un susurro, ya no como el gruñido que atravesaba sus tímpanos. Era suave, certero, y disfrutó de cada segundo.
Se vio sonriendo.
Luego, el dragón aleteó, su cuerpo moviéndose, levantándose, y desapareció de ahí, moviéndose hacía uno de los agujeros del techo, pasando su cuerpo y desapareciendo en la distancia.
Tal vez no la volvería a ver, pero tampoco la olvidaría.
