El cielo se veía oscuro, aunque eso parecía normal, después de todo, era de noche, el sol se había escondido hacía mucho y la oscuridad había reclamado su lugar, trayendo una paz irreal, una que acunaba la ira y el odio entre dos facciones de seres humanos.
Seres humanos con sueño, esperanzas y sangre roja en las venas.
Seres humanos que viven durante un suspiro y mueren en un parpadeo.
La mujer olió el aroma a crisantemos, una pobre forma de cubrir el olor a muerte y pólvora, mordiéndose el labio mientras trataba de respirar el aire a su alrededor, buscando el recuerdo perecedero del aroma de su amado, que se había desvanecido como su vista, como su vida misma, junto con sus sueños y esperanzas.
No se giró cuando escuchó pasos detrás de ella, negándose a ver la puerta de la iglesia que encerraba el cuerpo de su amante, se sentía cobarde, no podía girarse y darse un trago de realidad, porque la era esa realidad la que la estaba matando con más dolor que la misma enfermedad que arrastraba en sus pulmones.
- Por lo menos André fue feliz, la mujer que amaba lo amó también. – Apretó la mandíbula, negándose a mirar al soldado, André fue tan feliz como ella, solo una noche, solo unas cuantas horas para luego hacer lo que había jurado que jamás haría, abandonarla. ¿Cómo podía Alain, conocedor del dolor de André, decir que él había sido feliz? Él quería una vida larga, prospera, con un par de hijos, para luego llegar a viejo junto a ella, ciego tal vez, pero vivo y amado.
- No fue feliz. – Miró obstinadamente un adoquín en el suelo, sus dedos jugueteando entre sí, nerviosos. – Lo maté.
- Fue el destino, no crea que a nosotros no nos duele la muerte de nuestros compañeros, yo también siento que maté a gran parte de nuestro pelotón por no saber protegerlos. – Oscar dejó de respirar por un segundo, escuchando el latido de su corazón, ese corazón que había gritado en más de una ocasión el nombre de André, de diferentes formas, es verdad, era una hoja perenne entre tantas caducas en su vida, siempre allí, en silencio, esperando una migaja de atención, una mirada cariñosa, un simple toque.
- No, lo maté, lo sé. – Habló con suavidad, como si hubiera tenido toda una vida para comprender lo que había hecho inconscientemente. – Cada vez que me negué a verlo, a darle un poco de mi tiempo, cada vez que lo traté como si fuera una propiedad, lo maté, y ahora, él dio su vida por seguirme, porque yo no pude seguir las instrucciones de mi médico. – Sus ojos se llenaron de lágrimas, las que no quería derramar, no tenía derecho, su vida de arrepentimiento no podía empezar así. – Si no hubiera sido egoísta con él, si no me hubiera adueñado de su vida, él estaría vivo, con una esposa e hijos, tal vez viviendo en Normandía, criando caballos o siendo un campesino, llevando una vida tranquila. – No quiso admitirlo, pero la sola idea de André con otra le provocaba un terrible dolor, uno que solo aumentaba el vacío que él había dejado con su muerte.
- Mejor piense que algún día se volverá a encontrar y podrá pedirle perdón por todo.
- ¿Tú crees? – Alain no contestó, si no que se limitó a colocar su capa sobre los hombros de su comandante, dándole un para de palmadas en el hombro como para darle un poco de confort.
- Está haciendo frío, iré a ver a los muchachos.
- Alain, por favor, hazte cargo de los soldados, yo…yo no me siento capaz… - Se quedó callada al escuchar una risotada.
- Usted no es la única que sufre, comandante. – Dijo con seguridad, bajando las escalas, dándole la espalda a Oscar. – Usted es nuestra líder, nadie más, no puede dejar a sus hombres a la deriva. – Dijo antes de dejarla sola.
Oscar lo sabía, no era la única que había perdido algo valioso ese día, sin embargo, no podía evitar sentirse entumecida e ignorante del dolor ajeno.
Si la vida después de la muerte es eterna, ¿me seguirás amando, André? – Apenas murmuró antes de que el aire se volviera espeso y un ataque de tos convulsionara su cuerpo entero.
Parecía que su propia salud quería empujarla más rápido hacia su amor.
Sonrió tirada en el pavimento, cerrando los ojos.
Si la vida después de la muerte era eterna, entonces jamás dejaría que él se alejara de ella nuevamente.
Estarían juntos por la eternidad.
Inspirada en Life Eternal de Ghost, ojala les guste.
(Pronto publicaré el capitulo de Libertatem, y ya saben, si les gusta estas historias cortitas, pueden dejar su comentario, que así dan ganas de escribir)
