RED KNIGHT
-Alivio-
…
Oía las bestias aullar.
Oía los gritos de los sujetos sobre la torre.
Pero ya no tenía que preocuparse de ellos.
Zwei relinchó e inicio su trote, aumentando la velocidad poco a poco.
Avanzó por el páramo en el sentido contrario de la única ventana en lo alto de la torre, así que los que mirasen no los verían esconderse entre los árboles. Era peligroso, pero ya las bestias estaban ocupadas con unos pobres desprevenidos, y si encontraban otras en el camino, ya podrían solucionarlo.
Al menos ya no tendría que pelear contra humanos y bestias al unísono.
Avanzaron, sin detenerse, hasta un claro escondido en el bosque, luego de eternos minutos de viaje.
No conocía tan bien la zona, pero bien sabía que las bestias se escondían entre las sombras, y ese lugar no era de su beneficio. La luna alumbraba lo suficiente para crear reflejos de luz en el agua, creando una antorcha de luz que iluminaba todo el lugar. Ahí estarían a salvo, necesitaba recuperar el aliento.
Zwei detuvo su cabalgata al llegar a la zona libre de bestias, y por su parte se bajó de su lomo, y le tendió la mano a la princesa para ayudarla a bajar. Esta parecía aun un poco incomoda con toda la situación, así que se demoró unos momentos en darle la mano.
Pero cuando lo hizo, la ayudó a bajar.
Habían salido deprisa, y aún quedaba mucho tiempo de viaje, necesitaba un poco de descanso, también Zwei, y probablemente también la princesa.
Se quedo mirándola por un momento, fijándose en la espada en su cinto. No sabía si quitársela o dejársela así. No sabía que era más sospechoso, una mujer con espada o una mujer sin una, sobre todo si buscaban a la princesa.
"Probablemente todos duden de que una mujer con espada puede ser una princesa, y aunque es sospechoso, prefiero que la siga teniendo, así se puede proteger. Aunque si quiere puede dármela, digo, nunca he tenido un arma como esa, me parece fascinante, iría bien en mi colección."
Le dio una sonrisa, sin quitar los ojos de la espada. Sería una nueva adquisición para su colección de armas, y le parecía bastante bonita. Probablemente era de decoración, y la mujer la agarro en caso de emergencia. No parecía haber tenido uso, la hoja intacta.
La mujer diminuta parecía en igual parte sorprendida e incómoda con su mirada insistente y escondió el mango de su arma tras la manga de su vestido.
"N-no. Prefiero quedármela por seguridad."
La princesa habló, en pánico, para luego mirar alrededor, aun nerviosa.
"¿Es seguro detenernos? Estos bosques son peligrosos, por eso mismo la torre fue construida aquí."
Se quedo pensando un momento, los recuerdos de la torre viniendo a su cabeza.
Se veía vieja, y si fue construida en ese lugar tan peligroso era para mantenerla segura de intrusos, o mantener a sus ocupantes cautivos. El hecho de que fuese tan antigua, como los muebles, le daba la sensación de que no había sido construida para la hija, ni siquiera para la hija mayor, y, considerando lo que dijo la princesa a cerca de la forma en la que el padre se refería a su madre, como una mujer maldecida, podía inferir que tal vez fue construida para esta.
Se vio apretando la mandíbula con más fuerza de la que creyó, llegando a doler.
Vio cosas horrendas que muchos gobernantes hacían sobre su gente, y esto le recordó esos malos sabores.
Se sentía hervir de rabia e impotencia.
Soltó un suspiro, sabiendo que enojarse no ayudaría en nada, en cambio, acerco una de sus manos al hombro de la mujer, y le dio un ligero apretón. Esta pareció sorprendida por el tacto inesperado, asustada incluso, y se reprendió a si misma por eso, pero siempre tenía ese tipo de contratiempos al estar a solas con alguien. Nunca iba a acostumbrarse.
Las actitudes de las personas que la criaron siempre interferían en esos momentos. Malos hábitos traídos desde casa.
Finalmente la soltó, alejándose, manteniendo la distancia.
"No se preocupe por eso. Las bestias se mantienen en la oscuridad, y este lugar está bastante iluminado. Tomaremos un respiro y seguiremos, y cualquier cosa estoy aquí, estoy acostumbrado a lidiar con esos animales irracionales, así que puede estar tranquila. Zwei también es capaz de pelear si llega el momento."
Le dio una mirada al corcel, el cual relincho animado, dando un pequeño salto con sus patas delanteras.
La princesa parecía sorprendida con el gesto del animal, pero también curiosa. Parecía ser la primera vez que veía un caballo de esa distancia, o tal vez era la primera vez en mucho tiempo. Los ricos solían cabalgar desde jóvenes, ya que se usaba mucho para temas reales el viajar sobre un caballo, o andar en carroza, así que debían ser capaces de montar, incluso las mujeres.
Pero considerando la situación, dudaba que ese fuese un beneficio que el rey le diese a su hija, o a cualquiera de ellas.
Le hizo un gesto a esta para que lo tocase, y esta asintió. Lo hizo, con miedo, pero de inmediato parecido relajarse. Tal vez eran similares, sintiéndose más cómodas con animales que con su propia especie. Era extraño decir eso de sí misma, ya que incluso podía sentirse más cómoda con las bestias a las que se enfrentaba antes que con otras personas.
Dejando a la princesa en paz, se sacó la capucha y la dejo sobre su caballo para luego ir al lago. Extraño de inmediato el peso de su enorme espada. Necesitaba refrescarse un poco antes de avanzar. Se agacho al borde y se quedó un momento mirando su reflejo. Sentía que había capturado algo de la palidez de la mujer.
Estaba cansada, odiaba admitirlo.
Quería irse a dormir pronto.
Levantó la mirada, mirando al cielo, la luna estaba en su cúspide, así que sabía que debía ser cerca de media noche.
Tuvo una misión durante el día y apenas terminó corrió a la torre, temiendo no llegar a tiempo, y eso era cuando aún había algo de luz del día. Había estado peleando por más horas de las que creyó.
Tomó agua y comenzó a limpiar su rostro de polvo y sangre seca, no la propia por suerte. Lo que más le molestaba era el sudor, pero al menos ya no parecía ser su principal molestia, ahora solo era el cansancio. Se tiraría al agua por completo, pero luego no tendría las fuerzas de salir y emprender lo que quedaba de viaje.
Además, estaba tan helada que se congelaría aún más.
Aún no se acostumbraba al frio de Atlas.
Se levantó de nuevo, sintiéndose más fresca.
La princesa seguía entretenida con Zwei, así que cuando llego a su lado, y tomó su capucha, esta volvió a sorprenderse. Le impresionaba lo mucho que esta se asustaba con la más simple cosa. Incluso podía darse cuenta de que parecía pendiente de todo su alrededor.
Era triste verla de esa forma, tan a la defensiva.
Tal vez nunca cambiaría.
Debía de tener cuidado de no aparecer de la nada, de nuevo.
Busco en el bolso de cuero amarrado a las ancas de Zwei, y encontró una capucha antigua, creyó que la había metido ahí, y así era. No estaba en tan buena condición como la que estaba usando, pero al menos cumpliría el objetivo. Le habría pasado la propia, pero la funda de su gran espada estaba cocida en la tela, y dudaba que la princesa pudiese aguantar un peso como ese.
Se movió hasta estar frente a la princesa, y sin decirle nada, le puso la capucha roja encima.
Esta la miro con duda.
"Sigue viéndose muy formal, mi capa le dará la sensación de ser una viajera más, no una princesa en fuga. Además, cabalgar a estas horas le congelará los huesos."
Esta asintió, no muy convencida, mientras acomodaba la nueva pieza de ropa en su cuerpo.
Se subió de nuevo a Zwei, y le ofreció la mano a la mujer. Esta ahora no dudo ni un momento, y eso fue agradable. No quería que la mujer desconfiase tanto de ella, aunque era pedir mucho en las condiciones mentales que estaba.
La posada estaba lejos del castillo, por ende, lejos de la torre.
El camino estuvo tranquilo, al menos. Las bestias debieron correr a la torre, desaparecer del bosque buscando sangre fresca, no le sorprendía.
Intentaron pasar entre árboles y evitar el camino principal en caso de que hubiese aun personas dando vueltas por el pueblo. Dudaba que los príncipes que viajaron para el acontecimiento estuviesen alojándose en el mismo lugar que su persona, ya que era un lugar humilde. El vivir rodeado de lujos era algo que no acostumbraba, aunque desde cierta edad estuvo en la obligación de vivir bajo el mismo techo que su padre, y eso significaba vivir en el castillo, y nunca se sintió cómoda ahí, aunque fuese más humilde que otros castillos que visito en los últimos años. Tal vez en su cabeza aun añoraba la pequeña cabaña entre los árboles que su madre tenía, y donde vivió desde su nacimiento. Apenas y tenía muebles, pero era inmensamente feliz ahí.
Tal vez solo añoraba a su madre, y cualquier lugar se sentía solo sin ella.
Nunca iba a recuperarse de su perdida.
El camino fue largo, alrededor de media hora cabalgando. Estaba helado a esa hora, y húmedo, pero el cuerpo de la princesa frente a ella servía para controlar el frio, y esperaba hacer lo mismo por esta.
Ver la posada con humo saliendo de la chimenea, fue suficiente para traerle una sensación de alivio. Se veía como un oasis al lado del resto de edificios bañados en la penumbra, siendo envueltos en una neblina leve. Hubiese pensado que llego a un pueblo fantasma, de no ser porque el casero del lugar parecía estar despierto toda la noche, mientras que dos de sus hijos estaban ahí en el día.
Era un edificio antiguo de madera, bastante pequeño, pero lo suficientemente reforzado para que el frio en la zona no matase a los inquilinos. Las paredes eran reforzadas, y la chimenea estaba siempre encendida en el piso inferior, abrigando las habitaciones superiores. Tenía un aire hogareño.
Pasó primero a los establos del lugar, para dejar ahí a Zwei. Lo amarro bien y noto de reojo como la princesa parecía incomoda, sujetando los bordes de la capa como si su vida dependiese de ello, su espada oculta en la tela roja. La guio hasta la entrada del lugar, sintiendo de inmediato el calor que provenía desde dentro.
El casero estaba en la recepción, en el lugar de siempre, frente a un escritorio de madera. Estaba ocupado leyendo algo, un libro al parecer, pero no tenía ningún tipo de título en ninguna de las caras. Este era un hombre ya adulto, con carencia de cabello y con un rostro parsimonioso.
Al lado de él, a solo unos dos metros, estaba la chimenea con varios troncos ardiendo.
Lo saludo, sintiendo una especie de incomodidad al darse cuenta de que esta vez no venía sola como era usual cuando volvía de sus misiones.
Sintió que el sudor volvía a aparecer bajo su armadura.
Este la saludó de vuelta, dirigiéndose a ella por su título. Sus ojos pequeños de inmediato fueron a la persona a su lado, la cual la seguía en silencio, su rostro oculto en la capucha. Era evidente que se trataba de una dama, al poderse notar el vestido bajo lo rojo de la capa, pero también creía que era lo pequeño de su cuerpo lo que le daba la mayor notoriedad.
El rostro del hombre de inmediato se tornó divertido, sonriéndole. No tenía que decir nada, podía leer su expresión con facilidad, y eso era doblemente vergonzoso.
Le sonrió al hombre, y espero que no se viese tan forzada como lo era.
"Espero guarde el secreto."
Le habló, sin querer sonar amenazante, pero por el rostro del hombre, al parecer fue esa la sensación que sus palabras le dieron. Sus ojos estaban bien abiertos, con sorpresa y algo de temor. Afligido.
Este le dio una sonrisa, haciendo el gesto de mantener la boca cerrada. Creía en la pequeña promesa, y si la información salía a la luz, sabia a quién culpar.
"Les dejare el desayuno en la puerta."
Fue lo último que escucho decir al casero y le agradeció, mientras se dirigía a las sonoras escaleras de madera. Avanzaron por el pasillo, y encontró su puerta. Uso la llave de metal escondida en su bolso y desbloqueo la cerradura.
Abrió la puerta chirriante y entró, dándole la pasada a su acompañante.
No llevaba mucho tiempo ahí desde que inició sus misiones en el reino, no el suficiente para acostumbrarse al lugar ni al clima. Aunque ahora, con lo que había hecho, tal vez no podría volver donde Ironwood y seguir con su trabajo usual.
Bueno, tampoco le apasionaba demasiado el lugar al que había llegado, la forma en la que manejaban el reino ni como entrenaban a sus fuerzas militares, así que no sentía lastima de no volver.
Había secuestrado a la princesa del reino, así que debían alejarse lo más posible de Atlas, no por sí misma, si no por la seguridad de la princesa.
Ahí no estaba a salvo.
Miró alrededor, intentando calmar su ansiedad.
Por ahora necesitaban descansar, era la prioridad, o no llegarían lejos.
Su cuarto era simple, con una cama, un sofá y una cómoda, esta última tenía un par de prendas, y sobre esta estaban algunas de sus armas, de las que no podía alejarse. Amaba las armas, así que siempre que viajaba, se aseguraba de llevarse una nueva consigo. Se acerco a ellas, usando una bolsa de cuero para dejarlas todas agrupadas y así que no fuese difícil amarrarlas al lomo de Zwei.
Pobre de él que tendría que soportar el peso de ambas y además el de sus armas.
"Probablemente empiecen a buscarla lo más pronto posible. Espero que estemos lejos del reino para cuando eso suceda, así que partiremos en la mañana luego de descansar un poco."
"Pero… ¿A dónde huiremos? Es demasiado arriesgado."
Le sorprendió la ansiedad y terror en la voz de la princesa.
Dudaba que alguien hubiese hecho mucho por esta, y claramente estaba asustada de su futuro incierto. Honestamente, también le asustaba. Era sin duda lo más arriesgado que había hecho en toda su vida.
Amarró bien la lona de cuero, pasando a sacar sus pertenencias de los cajones, para guardarlos también. Prefería hacerlo todo de inmediato antes de perder tiempo en la mañana.
"Mi hogar es en Patch, una isla. Es el único lugar donde estará segura. El problema es que el camino hasta allá es agitado, y solo pasan barcos grandes por la zona, y ahí es donde nos buscarán primero. Tenemos que tomar el camino largo, pensaba en pasar al Mistral primero, pero mejor tomar la otra ruta e ir a Vale directamente, será más seguro. Es un viaje largo si es que queremos pasar desapercibidos. Encontraré la forma."
Se dio vuelta y miró a la princesa, esta luciendo aún más pequeña de lo que ya era, ante su postura inquieta. Intentó sonreírle, calmarla un poco, darle algo de confianza.
Podrían lograrlo.
"Le dije que la iba a ayudar, y no voy a parar hasta que esté a salvo, y en mi isla lo estará."
Termino de guardar sus pertenencias, ambas en silencio, y luego volvió a hablar, sabiendo que la mujer no se movió del sitio. No tenía que mirarla para saberlo.
"Use la cama, necesita descansar, yo dormiré en el sofá."
La mujer no se movió, ni dijo nada, por su parte siguió en lo suyo, dejando sus armas de uso diario en la cómoda ya desocupada, así como dejo ahí su casco.
"¿N-no es esto incorrecto?"
Dio un salto, ya a la mitad de soltar las amarras de cuero de su armadura. Giro su rostro bruscamente, buscando a la mujer con la mirada. Confusión en su expresión. La princesa estaba inerte y claramente inquieta, aún más, sus manos enlazadas en su regazo, incluso tenía rubor en sus mejillas que asumía que era de incomodidad.
No es que dormir con un extraño no le causase incomodidad, pero no lo entendía del todo.
"¿Qué cosa es incorrecto?"
La mujer no la miro a los ojos en lo absoluto. Siguió sacándose la armadura del pecho para dejarla en la cómoda, junto con las protecciones en sus brazos.
"Que estemos ambos en una habitación a solas. Apenas le conozco, ni siquiera se su nombre."
Pestañeó un par de veces, sin dejar de mirar a la mujer, quitándose las armaduras por costumbre.
"Le dije que puede confiar en mí, no voy a hacerle daño, no soy una mala persona."
"No me refiero a eso."
La mujer se apresuró en contestar, más incómoda que antes. No entendía nada, solo quería terminar y dormir, el solo pensar en el camino que les deparaba era suficiente para no querer dejar la cama nunca.
"¿E-en serio no le parece extraño? Digo… un hombre y una mujer en una misma habitación sin haber consumado el matrimonio, eso es completamente inapropiado y completamente inseguro."
Oh.
Esta estaba exaltada, y ahora entendía todo, debía parecer una situación completamente desafortunada, y en realidad, era arriesgado el estar en una habitación con alguien de diferente sexo, sobre todo si sus tamaños eran tan diferentes.
De acuerdo, debió pensar en eso antes.
No por nada se encargaba de matar bestias y no de las relaciones sociales, o de buscar esposa.
No pudo contener la risa que salió de su boca, aunque no debía reírse.
¿Como no pensó en eso antes?
Era un pequeño problema si consideraba viajar con la princesa hasta Patch, lejos de las manos de su padre. En algún momento iba a darse cuenta, y en realidad, mejor si sabía la verdad de inmediato, así la mujer se sentiría más cómoda, más confianza, o eso esperaba.
Podía ser exactamente al revés, y desconfiar de una mentirosa.
Soltó un suspiro y dejo todas las cosas de lado para acercarse a ella, sonriéndole, intentando parecer lo más confiable que podía. Ya no tenía sus armaduras, solo su camisa y pantalones, junto con su cota de malla. Ya no debería de lucir tan grande como hace unos minutos.
De todas formas, necesitaba la armadura para no lucir diferente a los hombres que tenían su mismo rubro, estos gigantes en comparación, más fuertes y grandes de lo que ella jamás podría llegar a ser.
"Está malentendiendo las cosas, pero considerando que nos haremos compañía por un largo tiempo, lo mejor es decirle la verdad. Le confiaré mi secreto así que espero que usted confíe en mí de vuelta."
La mujer parecía muy joven en ese instante, con sus ojos bien abiertos y con una expresión expectante. Esta asintió, curiosa.
"Me presentaré correctamente. Me conocen como el caballero rojo, y vengo de la casa Xiao Long, en Patch. Me llamo Ruby, y soy una princesa tal y como usted, así que espero que entienda que tuve que ocultar mi verdadero sexo para poder convertirme en un caballero."
La mujer estaba inerte, sus ojos llenos de sorpresa, incluso el incoloro.
Estaba absorta, digiriendo sus palabras, ya que se mantuvo mirándola sin siquiera pestañear.
Se sentía bien decirlo, luego de ocultarlo por tanto tiempo, se sentía más liviana. Estar viajando con esta pensando que era un hombre, podría generar más problemas de los que necesitaba, así que era un alivio el poder decirle la verdad.
Ambas tenían que confiar en la otra para poder avanzar.
Luego de unos momentos, esta pestañeó, finalmente, mientras asentía, determinada.
Tomó los bordes de su vestido e hizo una leve reverencia, doblando sus rodillas de una forma muy cuidada. Se le notaba natural, no como cuando su hermana tenía que hacer esas cosas y parecía innatural, o ella misma cuando tuvo que tomar un puesto en el castillo, cosa que decidió no volver a ser jamás.
Parecía de inmediato más cómoda que antes, tal vez su sexo influía un poco en la reacción, y era de esperarse, siendo hombres los que se lanzaron a la torre con espadas para hacerla suya, y también siendo su padre también un hombre, que quien sabe que horrores le hizo.
Por primera vez su sexo no fue un problema, y eso era bueno.
"Weiss Schnee."
Sonrió, y le dio una reverencia también, reverencia propia de un caballero.
"Es un placer, princesa."
Ahora, podrían seguir el camino, sin secretos.
