Pestañeó muy fuerte mientras comprendía lo que pasaba. Apenas era un niño, pero ya lo sabía.

Apenas comprendía la diferencia entre hombre y mujer, pero ya podía sentirlo en su corazón.

Conocía sus limitaciones, conocía las de ella y, sin embargo, no podía estar más contento.

Los rizos rubios sobre la frente blanca sólo le explicaban que él estaba en lo correcto, no había nada más.

Quizá sólo era un pobre campesino, un empleado más en el gran castillo, pero ahora sabía lo que era el amor.

No estaba errado, claro que no.

Ella era amor y era con ella quien sería su familia y hogar. Nadie más.

Solo faltaba que ella lo entendiese.