Había un silencio eterno, un silencio ensordecedor, un silencio en donde los latidos del corazón eran lo único que se podía escuchar.
Era curioso que un silencio así se extendiera por su habitación cuando fuera, en el primer piso del palacio y en la cocina la algarabía estallaba, las risas y la música no dejaban de sonar.
Era tan extraño, mirando hacia atrás nunca tuvo un momento así, nunca sintió frío ni soledad, por muy sola que estuviese
¿Quizá su reticencia a aceptar la verdad la había empujado a este tormentoso momento? ¿Acaso su propia arrogancia y ceguera le habían propinado la puñalada final?
No supo el momento en que ese hermoso ojo esmeralda había dejado de brillar por ella, no pudo comprender la inmensidad de su amor y de los celos que apropiaban de ella cuando él inventaba escusas para no acompañarla a casa o para simplemente quedarse unos minutos más en Paris.
Había perdido el más grande de sus tesoros y ni siquiera había peleado por él. Lo había despilfarrado, como el hijo prodigo de la parábola, solo que para ella no había segunda oportunidad para arrepentirse y recuperar una parte de lo que había sido en el pasado.
No podía sonreír al verlo besar a otra mujer, reír, corresponder otro amor... Creía que un amor no correspondido en el pasado podía matarla.
Que ilusa.
Solo le quedaban recuerdos inventados de un amor sin futuro, el arrepentimiento y luchar, luchar por un futuro mejor para él.
Porque de los dos, era quien merecía ser feliz hasta el final.
Volví con este shot que es como una distopia o una realidad alterna (Sip, muy original)
Lo escribí mientras escuchaba dos canciones del último disco de Ghost, Respite on the Spitalfields y Darkness at the Heart of My Love, por si acaso las quieren escuchar.
Nos leemos pronto.
