No recibí ningún tipo de respuesta ante aquello que se mantenía de pie. Al menos, no llegué a escuchar que aquello emitiera algún tipo de palabra, pues observaba en completo silencio, no obstante, una serie de palabras empezaron a brotar en mi mente, casi como si se tratara de alguna respuesta.
"Devuélvenos… no te pertenece… nuestro libro…"
- ¿Devolverles…?
Al escuchar lo que mencioné, en seguida avanzó más hacia mí.
- Puedes escuchar sus voces… Lo abriste ¿No es así?
- Si… lo abrí
- No debiste haber hecho eso, humano… ¿Siquiera sabes en lo que te has metido por tu curiosidad?
Retrocedí ligeramente reconociendo que la voz tenía razón. Esa sed de curiosidad con urgencias a saciar era un defecto que me aquejaba desde muy temprana edad y, me había traído problemas con familiares o compañeros.
Imagina, intentar probar a cuantos días sigue siendo comestible un yogurt luego de haber pasado la fecha de vencimiento y no ser mortal, siendo probado por un compañero al que invitaste dicha bebida y el muy iluso, para su mala suerte, resultó bebiéndolo sin pensarlo. Aún recuerdo los castigos que recibía por ello, y pareciera que aun no he aprendido a canalizar dicha curiosidad. Aunque podía decir que esta situación era distinta, pues revisar aquel libro suponía, en parte, un trabajo.
- Tal vez… ¿En algún gran problema?
- Eres listo para saber eso, pero no lo suficiente como para haber controlado tu curiosidad…
No respondí ante su reproche. Aceptaba que tenía razón en todo lo que decía. Giré mi rostro hacia aquel ser que estaba delante de mí, encontrándome con aquellos ojos brillantes y la extraña silueta de algo que parecía enorme. Tal vez, a juzgar por lo que estaba aconteciendo… ¿Estaría en presencia de algún ser del mismo calibre, o acaso este sería el auténtico Cthulhu?
- Necesito el libro. Devuélvelo cuanto antes
- Bien, espera un momen… to
Caminé hasta mi mochila y al abrirlo extraje el extraño libro y lo coloqué encima de la pequeña mesa que tenía en mi habitación. Luego me hice para atrás, esperando ver lo que aquel ser haría con aquel objeto.
De la silueta de aquel ser brotaron lo que podrían ser catalogados como tentáculos, rodeados de la misma oscuridad que su cuerpo, los cuales sujetaron el libro y lo llevaron hacia donde se encontraba su rostro.
- Me alegra que cooperes con nosotros, humano… Este es el adiós
Abrió el libro y una gran cantidad de viento corrió en mi habitación. Unas especies de círculos se formaron alrededor de aquel extraño ser, eran círculos amarillos con grabados muy extraños que se superponían entre ellos. Cerré los ojos en cuanto brotó una luz cegadora, en un intento de proteger mi visión.
Luego de unos segundos todo se calmó, o así parecía ser, porque en cuanto abrí mis ojos, pude percibir a aquel ser extraño que aun seguía de pie frente a mí. Me observaba atentamente con el libro entre sus manos.
- ¡Wah! ... Parece que… no funcionó
Permanecí perplejo. Incluso el tono de voz que ahora empleaba aquel ser sonaba diferente al que usaba hace apenas unos segundos. Su voz sonaba tranquila y el tono en que dijo esas palabras casi como una resignación.
- Si no es mucha molestia… ¿Podrías encender tu luz?
Haciendo caso de su pedido, caminé hasta el interruptor de la luz y la encendí. En el breve lapso de tiempo que encendía las luces, intentaba imaginarme como sería aquel ser misterioso que se había mostrado en mi habitación. Distintas imágenes aterradoras llenaban mi mente hasta que… me sorprendió lo que observé.
Una muchacha de cabello negro, con un halo dorado sobre su cabeza, casi rememorando a un ángel. Además, un par de extrañas, pequeñas orejas, se encontraban en la parte superior de su cabeza, del mismo color de su cabello y que me hizo recordar a la imagen del "pulpo adorable" cuyas "orejitas" eran en realidad aletas.
Su rostro era de un color claro, dotada de un característico lunar que se encontraba en la parte superior de su mejilla derecha. Un cerquillo recto se encontraba sobre su frente, cubriéndole algunas partes de sus cejas. Sin embargo, en la parte donde iría su cabello, al lado de su rostro, se encontraba algo que no parecía cabello, era casi como un par de … ¿Esponjas? de un color amarillo que surgía de lo que vendría a ser su cabello… casi parecieran ser dos tentáculos o, a decir verdad, alguna especie de glándula que secretase veneno.
Su cabello era de una extensión considerable. Casi se extendía hasta la altura de sus rodillas. Un vestido corto pegado sin mangas hasta el pecho, presentaba una abertura en el pecho, pero no dejaba nada comprometedor a la vista, aunque en realidad no era como si tuviera algo que pudiera dejar, pero cubría lo necesario de su pecho.
- Ammm ¿Y tú eres…?
- Cierto… Ingresé a tu casa sin tu permiso y ni siquiera me había presentado… Mi nombre es Ninomae Ina'nis
Grande fue mi sorpresa al escuchar aquel extraño nombre, aunque a estas alturas de la noche estaba aún más sorprendido de encontrar más… valga la redundancia, sorpresas. No era un tipo de nombre que normalmente escucharías por ahí. Sin embargo, a diferencia de antes, su presencia era totalmente diferente al aura imponente y temible que se encontraba en cuanto estaba a oscuras.
De forma repentina, agachó su cuerpo, llegando a inclinarse en un ángulo de, casi, 90 grados.
- ¡Perdóname por haber ingresado a tu casa sin permiso!
El cambio en su forma de comportarse fue demasiado repentino, a tal punto que permanecí intentando procesar sus palabras ¿A dónde había ido esa aura misteriosa y tétrica que sentí hace unos minutos atrás?
No sabía qué responderle… Tenía tantas preguntas que deseaba hacerle, tanto por lo que había sucedido anteriormente, como por el libro o su apariencia, luego de percatarme que sus orejas terminaban en puntas, casi rememorando a una suerte de elfo que había visto en ilustraciones, pero no llegaban a tener la misma longitud que estos.
- ¿Tu eres… humana?
Ella se incorporó, poniéndose de pie. En su rostro percibí un cierto aire de molestia, pero no era como si en realidad estuviera enojada, sino que, en parte, lucía serena.
- Por supuesto que soy humana, soy una sacerdotisa de los Primordiales
- Entonces… Ninomae Ina'ni
- Puedes llamarme solo Ina
-… Vale, Ina ¿Qué fue todo eso de hace unos minutos?
Su rostro se puso un poco rojo y parecía lucir avergonzada. Miró hacia el piso y luego volvió a levantar la mirada. Con sus manos empezó a frotar la cobertura del libro en clara señal de que se encontraba un poco nerviosa.
- Quería obtener el libro de vuelta, pero… probablemente no me lo hubieras entregado si te lo pedía sin más. Además de que quería darte un susto, de esa forma accederías a mi pedido sin reprochar, pero… Lo siento
En realidad, se veía que lamentaba lo que hizo hace un rato. Suspiré ligeramente aliviado. Comprendía sus motivos, pero no el motivo por el cual, luego de que le entregado el libro, ella aun seguía en mi habitación. No quería sonar descortés, pero en realidad deseaba volver a la cama.
- Ya tienes tu libro de vuelta, aunque me supondrá problemas… ¿No deberías marcharte? Tengo… mucho sueño
La verdad era que, me sentía extrañamente agotado al punto en que mi cerebro no procesaba las cosas correctamente. Quería descansar cuanto antes, era lo único que ahora tenía en mente. La situación de "peligro" en que me encontraba anteriormente me había mantenido activo, pero ahora que ya estaba todo "normal", mi proceso de pensamiento estaba teniendo conflictos.
- En realidad quisiera conversar contigo sobre el libro, pues parece que lo has leí-
Apenas podía escucharle desde mi habitación. Me recosté entre las sábanas.
- Si, si… mañana conversamos y me cuentas… todo lo que quieras… Ina
- …
Aquella noche, fue extraña, pero no sería tan extraña como los días que vinieron luego de este acontecimiento que fue el primero de muchos otros sucesos extraños que se desencadenarían posteriormente.
