Déjenme sus comentarios.

BirdsandStars

Siento sus manos nuevamente en mi cuerpo, esta vez por debajo de mis piernas, y rápidamente, como si no pesara nada, me carga en sus brazos.

—Esto es justo lo que buscaba esta noche. Alguien que me llevara a su cama. —le digo con una sonrisa mientras me aferro a su cuello con ambas manos.

—No te estoy llevando a mi cama. —me dice muy serio sin siquiera mirarme mientras continúa caminando.

Deslizo una de mis manos por su hombro y después por su brazo.

—Eres tan fuerte. —le digo mientras le sonrío.

El solamente gruñe mientras continúa caminando conmigo en brazos. Siento el aire que golpea mi rostro mientras salimos fuera del club.

—¿Dónde está el auto? —pregunta sin dejar de caminar.

Y no sé si me lo pregunta a mi o a Kate. Pero igual le contesto.

—No te diré dónde está el auto, quiero que me lleves a tu cama y me tomes como tú quieras. —él no me contesta.

Aferra más sus manos a mi cuerpo y continúa caminado hasta que nos detenemos junto a un auto. Después de abrir la puerta el me sienta en la parte trasera del auto y cierra la puerta. Unos segundos más tarde siento la puerta del otro lado abrirse y el entra y se sienta junto a mí.

En cuanto el auto arranca me acerco a su cuerpo.

—¿No me piensas abrazar nuevamente? —le digo con una sonrisa mientras llevo mis manos hacia su pecho

Su pecho es firme y fuerte y deslizo mis dedos hasta la parte superior de su camisa la cual trae los primeros botones desabrochados. En estos momentos estoy comenzando a sentir calor y en lo único que puedo pensar es en desnudarme, o mejor dicho en que el me desnude. O aún mejor, que me arranque la ropa violentamente. Introduzco la punta de mis dedos por la abertura de la camisa y estos rozan una ligera capa de bello fino en la parte superior de su pecho. Justo en ese instante siento sus manos retener las mías por las muñecas. Evitando así que continúe con mi exploración.

—Todo lo que estás sintiendo en estos momentos, se te va a pasar. Y cuando te percates de la realidad, te va a doler. —me dice mientras aparta mis manos de su pecho.

Suelta mis manos violentamente. Pasa un brazo por encima de mis hombros y tira de mi hacia él y con la otra mano, retiene las mías impidiendo de esta forma que lo vuelva a tocar.

Recuesto mi cabeza contra su hombro mientras siento un cosquilleo en mis manos una vez más, justo en donde él las tiene sujetas. Pero imagino que debe ser un efecto secundario de la droga que supuestamente me dieron.

Cuando el auto se detiene nuevamente, me saca de él cargándome una vez más y me lleva hacia el apartamento. Veo la silueta de una mujer caminar delante de nosotros y supongo que es Kate.

Siento la puerta abrirse y el caminar hacia mi habitación. Me baja de sus brazos cuando llega al baño y me sostiene por los hombros parado a mi espalda.

—Es toda tuya. Dale un baño de agua fría, vístela con una ropa fresca y dame un grito. —me suelta y siento sus pasos salir del baño.

Sus manos son remplazadas por las de Kate.

—Anda vamos a darte un baño. —me dice mientras intenta sacarme el vestido.

—¡Ya te dije que no me van las mujeres Kate! —le grito negándome a que me desnude.

—¡Ana! No te pongas insoportable. —me grita de regreso.

—¡Quiero que él me desnude! —le grito mientras señalo hacia la puerta por la que salió el guardia.

—¡Ana! —me grita perdiendo la paciencia conmigo.

—¿Sabes cuánto llevo deseando que un hombre me toque? ¡Quiero que él me toque!

—¡No, no quieres! ¡Te han drogado Ana! ¡Reacciona por el amor de dios! —me grita mientras rápidamente me mete a la ducha con toda la ropa aún puesta y abre el agua. Kate me sostiene debajo del agua durante un buen rato. Debo decir que cuanto más tiempo estoy aquí debajo, menos calor comienzo a sentir y entonces me percato de que el agua comienza a ponerse helada.

Cuando comienzo a temblar ligeramente, Kate cierra la ducha y me obliga a sentarme en el inodoro.

—No te muevas de aquí. —me advierte señalándome con un dedo.

Y yo solamente le sonrío mientras tiemblo ligeramente. La ropa mojada me molesta. Me levanto y me deshago de toda. No tengo idea de hacia donde la lanzo.

Kate regresa unos minutos más tarde con una ropa en las manos. Coge una toalla y me ayuda a secarme antes de ayudarme a ponerme la ropa interior y el short y la camiseta de tirantes que me ha traído.

—Vamos. —me dice sacándome de la habitación rumbo a la sala.

Me sienta en el sofá mientras enreda una toalla en mi cabello.

—Gracias, yo me encargo de ella, regresa a tu casa. —siento una voz detrás de mí, pero no me giro a ver a quien pertenece.

—Me llamas cualquier cosa. —veo a Kate que se dirige hacia la puerta.

—No te preocupes, conmigo aquí, no le sucederá nada.

Veo a Kate marcharse y siento unos pasos salir de atrás de mí y detenerse frente a mí. Una mano me acerca un vaso con agua.

—Bébetelo todo.

¿Por qué Kate me ha dejado aquí con el guardia y se ha marchado?

Alzo la vista hacia el guardia.

La iluminación ha cambiado. Ya no hay luces de neón, ni de colores, ni está oscuro, ni veo tan borroso. A la luz de la habitación su rostro comienza a resultarme familiar. ¿Por qué el guardia se parece a mi compañero de piso?

Cojo el vaso de agua que me ofrece y como me ha dicho me lo bebo completamente devolviéndoselo vacío. El coloca ahora un pomo en la mesita frente a mí y se sienta mi lado mientras me tiende un plátano.

—No tengo hambre. —le contesto riendo histérica mientras la rechazo.

—Necesitas comértela. —me dice ofreciéndomela una vez más.

Se la quito de la mano y mientras lo miro fijamente comienzo a pelarla, muy lento, sin apartar mi mirada de la suya. Cuando he terminado la introduzco en mi boca hasta la garganta y la chupo mientras la saco lentamente de mi boca. No tengo idea de porque hago esto, pero me siento atrevida y sensual. Y en lo único que puedo pensar es en que lo que tengo en la mano es otra cosa.

—¡Ana! —me dice con un gruñido—¡No estoy bromeando!

—Yo tampoco, esto es lo que quiero hacerte. —le digo atrevidamente mientras repito lo mismo.

Repito la acción lentamente hasta que él no lo soporta más y me quita el plátano de la mano y se marcha hacia la cocina. Me levanto y lo sigo.

—¿Cuál es tu problema? —le pregunto mientras me detengo a unos metros de él.

—No tengo ningún problema. —me dice calmado de espaldas a mí.

—¿No te atraigo lo suficiente? —él no me responde.

Se gira brevemente, me mira de arriba abajo mientras alza una ceja y vuelve a girarse buscando algo en los estantes.

—¡Entonces porque no quieres follarme! —le grito exasperada.

Sé que de no estar drogada o haber tomado tanto, no estaría hablándole de esta forma. Yo no hablo así. Él se gira hacia mí cerrando furioso la puerta de la alacena. Mi vista ya no está tan borrosa como antes.

¡Oh Dios!

Ahora casi puedo verlo bien.

Y está furioso.

Viste completamente de negro lo cual hace que su estatura resulte más impresionante aún. Su pelo está recogido perfectamente en una coleta hacia atrás. No tiene ni un mechón cayéndole en el rostro a pesar de todo el esfuerzo físico que ha hecho durante el trayecto del club hasta el apartamento.

—¿Eso es lo que quieres Ana? —me dice mientras yo retrocedo hasta chocar contra la encimera de la cocina.

El da unos pasos en mi dirección y detiene su cuerpo de estatura imponente frente a mí. Estoy acorralada entre su cuerpo y la encimera de la cocina. No tengo a donde escapar. Su cuerpo y el mío están separados por unos centímetros solamente. No se tocan, pero puedo sentir esa electricidad entre nosotros. Se inclina hacia adelante, baja su rostro hasta pegarlo casi al mío. Puedo sentir su aliento en mi rostro y su respiración acelerada.

—¡Qué te tome como un salvaje, como una bestia enfebrecida! ¿Eso es lo que deseas en realidad? —me dice mirándome fijamente.

Por un breve instante me pierdo en su mirada. Sus ojos están completamente negros y no sé si ese es el color de ellos de verdad o es que está tan furioso que se ven así. Y después bajo la vista hacia sus labios. Es la primera vez que me fijo en sus labios. Son carnosos y apetecibles.

Humm.

Deslizo la lengua inconscientemente por los míos. No sé porque mirar sus labios hace que me entre mucha sed o hambre, no lo sé. O quizás es un efecto de la droga. Regreso la mirada hacia sus ojos.

—Quiero alguien que me haga gemir y gritar de placer como nunca antes lo he hecho. —le contesto sinceramente mientras él me mira frunciendo el ceño.

—No sabes lo que estás diciendo. —me dice mientras me toma por una mano y me conduce hacia el sofá nuevamente.

Me obliga a sentarme y se sienta a mi lado mientras me ofrece otro vaso con agua y después pone frente a mí un tarro de galletas de soda.

—Come. —me exige con una mirada furiosa.

Esta vez, no le llevo la contraria. Comienzo a comer las galletas mientras el me ofrece a cada rato agua. Dos horas más tarde, he ido al baño cuatro veces y casi que me he terminado el tarro de galletas. Y también estoy más cuerda. Esa sensación de felicidad y de euforia que sentía, ha desaparecido por completo. En estos momentos, mientras salgo del baño, no tengo idea de cómo voy a mirar a la cara a mi compañero de piso.

Camino lentamente con la cabeza agachada hacia la sala. Él no se ha movido del sofá. Me siento nuevamente a su lado con la mirada en mis pies desnudos. Me entretengo mirando la alfombra del suelo que me parece muy entretenida.

—Mírame Lía. —me pide y alzo la vista, pero no me atrevo a mirarlo a los ojos.

Acerca sus manos y las coloca en mis mejillas mientras gira mi rostro hacia el suyo obligándome a mirarlo. Ya ha pasado el efecto de la droga. Pero lo vuelvo a sentir. Ese delicioso hormigueo que comienza a recorrer mi cuerpo en cuanto sus manos me tocan. Sus manos son cálidas y suaves y mientras me sostiene el rostro frota sus pulgares en mis mejillas casi imperceptiblemente mientras tiene su mirada fija en la mía. Me pierdo en su mirada nuevamente cuando él acerca su rostro hacia el mío para examinarme más de cerca. Pero no me da tiempo a ver bien el color de sus ojos, pues se separa rápidamente de mí.

—Ya no tienes las pupilas dilatadas. ¿Cómo te encuentras? —me pregunta mientras separa sus manos de mi rostro lentamente.

Y no sé porque, extraño al instante el delicioso hormigueo y el calor de sus manos sobre mi piel.

—Mejor de lo que merezco. —le digo en voz baja. — Lo siento mucho Christian. Siento todo lo que ha sucedido esta noche. —le contesto apenada.

—No tienes por qué disculparte, te drogaron y las drogas tienen un efecto muy potente en alguien que nunca ha consumido. O cuando se ingieren con alcohol. ¿Habías consumido antes? —me pregunta en voz baja.

—No. —le contesto mientras niego con la cabeza. —De verdad, no sé cómo agradecerte lo que has hecho por mi esta noche.

—¿Qué recuerdas de esta noche Ana?

Eso es lo peor. Lo recuerdo todo. Recuerdo todo lo que le he dicho, y todo lo que he hecho. Mi atrevimiento tocándolo sin su permiso. Y lo que le he pedido que me haga.

¡Mierda!

—¡Oh Dios! ¡Estoy tan avergonzada! —le digo mientras escondo mi rostro entre las manos. —¡Lo que debes pensar de mí! —le digo mientras siento como las lágrimas comienzan a inundar mis ojos.

Esto no puede estarme sucediendo. Mi vida se ha convertido en una montaña rusa de emociones y exaltaciones desde las últimas 24 horas. ¿Que acaso no piensa acabar?

—No he pensado nada Ana. —me dice tomando mis manos suavemente y retirándolas de mi rostro.

Se queda mirando mi rostro. Con los pulgares limpia unas lágrimas que corren por mis mejillas.

—Porque no te acuestas y descansas. Seguro que mañana amaneces mejor. —me dice mientras se levanta y tira de mis manos para que haga lo mismo.

Coge el pomo de agua y entrelaza sus dedos con los míos mientras tira de mi hacia mi habitación. Pone el pomo de agua en una de las mesitas de noche mientras me deja sentada en la cama y suelta mi mano.

—Toma abundante líquido, si me necesitas para algo, toca a mi puerta. —me dice mientras da media vuelta y se marcha.

Aún siento el hormigueo en mi piel cuando el desaparece por la puerta. Esto no es normal, definitivamente su toque tiene algún efecto sobre mí. Un efecto que nunca había tenido nadie.

Me dejo caer hacia atrás.

Es tarde, muy tarde, estoy exhausta y necesito descansar. Mañana supongo que va a ser un día largo. Aunque ya debe ser más de media noche.

Hoy va a ser un día largo.

Miro fijamente el techo y pienso en todo lo que hice o las cosas que le dije. Cuando lo veo en retrospectiva, ni siquiera creo que yo me haya atrevido a decir o a hacer todo eso. Imagino que además de la droga y del alcohol, la frustración sexual que tengo hizo de las suyas. Llevo dos días sin poder desahogarme con un saco. Eso me recuerda que tengo que salir temprano y localizar algún gimnasio cerca para inscribirme. Al que yo iba queda al otro lado de la ciudad, no creo que pueda ir más a ese.

Busco mi teléfono y hago una rápida búsqueda cerca de donde vivo ahora. Hay varios que quedan relativamente cerca, pero solo uno donde dan las clases que yo busco. Y este está, para mi sorpresa, justo al lado de este edificio. ¡Genial! Mañana iré a inscribirme y continuar cuanto antes mis clases de Kick boxing.

Esa fue una de las decisiones que tomé después de terminar la última relación. Saber un poco de defensa personal, no me vendría mal. Quizás algún día tuviese que utilizar los conocimientos adquiridos. Con el próximo idiota.

Guardo el teléfono y vuelvo a acostarme en la cama.

Hace casi dos años que terminé la última relación que tuve. El muy imbécil me dejó un mensaje en WhatsApp justo después que lo descubrí engañándome. Aunque claro, él nunca supo que yo lo había visto. Pero había sido mejor así.

Tengo bien claro que él solo había salido conmigo por un solo motivo, conocer a alguien famoso. Y desde que tengo este trabajo, estoy rodeada de celebridades. Mucho más desde hace un año cuando cambié de puesto.

Siempre me he preguntado que podría haber visto en una chica como yo. No tengo nada del otro mundo. Soy una chica normal. No como esas modelos de estilizada figura, con cuerpos perfectos y medidas perfectas.

No soy de esas chicas que viven pendiente a las calorías que ingieren. Hago ejercicio, como todo el mundo. Bueno no como todos. Soy consciente de que hay personas a las que no les interesa en lo más mínimo cuidar su salud.

Aparto todos los pensamientos negativos de mi mente y cierro los ojos. Intento olvidar lo sucedido esta noche y pienso en todo lo que debo hacer mañana.

Sí.

A pesar de todo lo que me ha sucedido en las últimas horas, soy consciente de que necesitaba un cambio radical en mi vida y creo que lo acabo de tener.