Déjenme sus comentarios y sigan mis historias.

BirdsandStars

—¿Puedo desnudarte? —me pregunta nuevamente al ver que no obtiene respuesta.

Trago el nudo que se acaba de formar en mi garganta. No puedo hablar. Solo puedo asentir mientras lo observo colocar sus manos en mis hombros y deslizarlas suavemente por mis brazos, en una leve caricia. Y después por el contorno de mi cuerpo hasta llegar a los jeans. En ningún momento aparta su mirada de la mía. Y yo tampoco puedo hacerlo, me tiene hipnotizada su mirada azul penetrante.

—Si quieres que me detenga en algún momento, solo dímelo y lo haré. ¡Entendido!

Asiento. He perdido toda capacidad de pensar coherentemente mientras sus manos están en mi cintura y comienzan a zafar los jeans. Baja el zipper extremadamente lento y sin siquiera tocarme. Después sus manos tiran de los jeans para bajarlos un poco.

—Camina hacia atrás. —me pide mientras yo obedezco.

Camino hasta que siento la cama detrás de mis piernas.

—Siéntate.

He perdido el habla, pero al menos puedo hacer todo lo que el me dice. En cuanto estoy sentada lo veo agacharse frente a mí y rápidamente de deshace de las zapatillas.

—Mañana te voy a dar un masaje en los pies. —me dice mientras rápidamente termina de bajarme los jeans y los saca por mis piernas. —Ven. —me dice tomándome por las manos y poniéndome de pie una vez más. —Terminemos con la ropa, muero por deslizar mis manos por todo tu cuerpo. —me dice mientras comienza a subir la camiseta que llevo.

En ningún momento sus dedos tocan mi piel. Lanza la camiseta junto con los jeans y se queda mirándome enarcando una ceja.

—¿Te has puesto este conjunto para mí? —me pregunta mientras yo no hago otra cosa que asentir. —Ana, voy a necesitar que hables conmigo, solo así puedo saber cómo te sientes.

—De acuerdo. —logro contestarle al fin encontrando mi voz. — Sí, me lo he puesto para ti. —le digo nerviosamente mientras él me sonríe.

—Es una lástima que hoy no lo pueda apreciar como se merece. —Christian me da la vuelta y me mira por todos lados.

Esto solo hace que me ponga más nerviosa de lo que ya estoy.

—¿Porque estás nerviosa? —me pregunta de repente. —¿Nunca te habían desnudado antes?

Debo decirle la verdad.

—No, nunca. Ninguno se había tomado su tiempo para hacerlo. —le contesto con la respiración acelerada.

Y era la verdad. Al final siempre terminaba desnudándome yo, o lo hacía yo todo. Porque a ellos solo les interesaba sacar la parte importante. La de abajo. O comenzaban a deshacerse de su ropa rápidamente para ir directos a la acción. Y ninguno se detenía a observar la ropa interior que llevaba. No como lo acaba de hacer Christian, que, al parecer, si apreciaba la ropa interior.

—Hagamos algo, no quiero que estés tan nerviosa. —me dice tomando mis manos entre las suyas. —Si necesitas usar el baño, hazlo. Termina de desvestirte, acuéstate en la cama y cúbrete con la toalla por encima de las nalgas, iré a calentar un poco el aceite para el masaje. —se separa de mí, coge la bolsita y desaparece de la habitación.

En cuanto lo pierdo de vista casi que corro hacia el baño y me miro al espejo. Sé que dejé de sonrojarme desde hace mucho tiempo. Pero mientras Christian me miraba y me desvestía lentamente, no podía dejar de sentir el calor inundar mis mejillas y mi respiración acelerándose. Y ahí está. El leve rubor en mis mejillas. No me sentía así desde la primera vez que me había enamorado en la secundaria. ¡Por Dios! ¿Qué me está sucediendo?

Regreso a la habitación y me saco rápidamente el resto de la ropa. Me acuesto en el centro de la cama y me cubro con la toalla. Christian regresa en ese mismo instante. Giro mi rostro hacia el para no perderme ni uno de sus movimientos. Lo veo sacarse las botas rápidamente y la camiseta. Y después se sienta en la cama junto a mi poniendo el pomo de aceite a su lado al igual que su teléfono.

—Voy a poner música para que te relajes. —me dice mientras presiona en su teléfono y una dulce y suave melodía comienza a inundar la habitación.

—¿Quién canta? —le pregunto dejando que la suave música inunde mis sentidos.

En verdad es relajante. Y me parece extrañamente familiar la canción.

—Enya. Solo siente la música Ana. Ya mis manos se encargarán de relajarte. —me dice brindándome una sonrisa.

En cuanto comienza la letra de la canción, se porque me resultaba familiar. Es de una de mis películas preferidas. Sweet November. Giro mi rostro cuando lo veo coger la botella de aceite. En cuanto la abre, el olor inunda mis fosas nasales.

—Hum. Delicioso. —le digo mientras el olor a coco inunda la habitación.

—Eso mismo pensé yo en la ducha cuando estábamos mojados. —me dice de repente. —Que olías deliciosamente, como un dulce manjar.

Es la primera vez que alguien me dice eso. Uso todo con olor a coco desde hace dos años. Y sé que, aunque no se sienta, cuando se me moja el pelo o la piel, se reactiva el olor y este vuelve a sentirse intensamente. Pero pensaba que solamente yo podía notarlo.

En ese instante siento sus manos sobre mis hombros. Esta vez se deslizan más fácilmente por mi cuerpo. Y cierro los ojos disfrutando de la música y de sus manos en mi cuerpo. Sus manos van bajando por mi cuerpo lentamente. Llegan una vez más hasta donde está la toalla y suben nuevamente. Pero increíblemente esta vez no me he puesto tensa. Repite la operación varias veces, hasta que siento como sus manos se congelan al borde de la toalla.

—¿Puedo continuar? —me pregunta y no lo pienso siquiera.

—Sí. —le contesto con la respiración acelerada porque sé lo que él está a punto de hacer.

En ese mismo instante la música cambia a un tema que no reconozco.

—Es Sarah Connor, la canción se llama Skin on skin. —me dice leyendo mis pensamientos. —Prometo no sobrepasarme, solo quiero que tu primer masaje sea inolvidable para ti. —me dice mientras siento como la toalla desaparece de mi cuerpo.

Sus manos comienzan desde el centro de mi espalda y van bajando lentamente, muy lentamente hasta que comienza a masajear mis nalgas. Cierro los ojos con fuerza mientras muerdo mi labio inferior y contengo un gemido. Separa sus manos de mi cuerpo, imagino que por más aceite y nuevamente las siento sobre la parte superior de mis nalgas. Masajea suavemente, mientras inevitablemente yo me tenso un poco. A medida que continúa, mi cuerpo comienza a acostumbrarse al contacto de sus manos sobre esa parte de mi cuerpo. Y también a cada segundo que el continúa masajeando esa área, los músculos en la parte baja de mi vientre se contraen deliciosamente, cada vez más. Cada vez que sus manos aprietan levemente, contengo un gemido mordiendo mis labios. Al menos el no puede verme. No sé cuantos más pueda aguantar. Estoy muy excitada. En realidad, estoy más excitada de lo que he estado nunca en mi vida.

—Llevo mucho tiempo esperando el momento en que pudiese tocar tu cuerpo. —me dice mientras masajea suavemente.

Sus palabras hacen que me excite aún más. Christian se mueve en la cama y entonces lo tengo sentado sobre mis piernas. En ningún momento deja de masajear. Sus dedos trazan círculos mientras sus pulgares se deslizan por el borde inferior de mis nalgas.

—¡Ana! —mi nombre sale de sus labios en un gemido ronco.

Siento la humedad entre mis piernas. Aprieto más los muslos, si es posible.

—¡Ana! —gime mi nombre una vez más a mi espalda.

Mi nombre suena como un ruego en sus labios. Sus dedos se deslizan por el borde interior de mis muslos, rozando la humedad entre mis piernas.

—¡Estás tan mojada! —me dice mientras me es imposible contener el gemido que escapa de mis labios.

—Hummm.

¡Mojada! ¡No! Estoy al borde de un orgasmo, y solo me está masajeando las nalgas. ¿Qué sucederá cuando me bese o meta un dedo en mi interior?

—¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo? —me pregunta de repente deteniendo el masaje.

Me tenso completamente con su pregunta y regreso a la realidad. Abro los ojos mientras me pongo nerviosa. No esperaba esta pregunta. ¿Por qué él tiene que hacer siempre lo opuesto que espero que haga?

—Continuaré cuando me respondas. —me dice tentándome.

—Hace mucho tiempo. —le contesto vagamente.

Llevo la cuenta, pero no voy a confesarle el tiempo exacto.

—¿Cuánto tiempo es mucho tiempo? —me pregunta nuevamente mientras vuelve a deslizar un dedo por el borde interior de mis muslos.

—¡Dos años! —dejo escapar en un grito sin siquiera darme cuenta.

—¿Llevas dos años sin sexo? —puedo sentir que está atónito en el tono de su pregunta.

Si, lo sé. Ni yo misma me lo creo.

—Si.

—¿Por qué? —pregunta ahora separando sus dedos de mis muslos.

—Porque me cansé de tantos idiotas en mi vida que nunca han sabido que hacer para que alcance el orgasmo. —le contesto rápidamente a sus preguntas sin siquiera detenerme a pensar en lo que estoy diciendo.

No puedo pensar en otra cosa que en sus manos continuando con el masaje.

—Déjame cambiar la pregunta. —me dice mientras siento como vuelve a deslizar los dedos por la humedad entre mis piernas y yo vuelvo a gemir. —¿Cuándo fue que tuviste un orgasmo por última vez?

Sus dedos se detienen justo entre mis pliegues. Debo decir que es muy difícil concentrarse en estos momentos. Pero sé que él no continuará hasta que no le responda.

—No cuenta si te lo provocaste tu misma. —me dice leyendo mi mente.

¿Cómo sabe que eso es lo que estoy pensando?

—¿Cuándo fue la última vez que un hombre te dejó plena y satisfecha?

¡Dios!

Si solo moviera los dedos de donde los tiene, creo que podría concentrarme en algo más que el calor arrasador de sus dedos contra mi sexo.

Intento pensar y concentrarme cuando fue que quedé satisfecha sexualmente. Mi cerebro o está dormido o se ha desconectado temporalmente pues tardo unos segundos en procesar su pregunta. Y lo pienso. Pero sé rápidamente la respuesta a lo que me está preguntando. Siempre la he sabido.

—No lo recuerdo. No recuerdo haberlo estado nunca. —le contesto en un estado de embriaguez total.

En ese mismo instante, desliza un dedo por mi entrada y casi que convulsiono. Creo que si lo vuelve a hacer no podré contener el orgasmo que lleva creciendo en mi interior desde que colocó sus manos encima de mi.

Dos años sin sexo, es mucho tiempo. Pero ha pasado mucho más tiempo desde que un hombre me ha tocado así, tan íntimamente. Al último imbécil solo les interesaban las tetas y metérmela. Y ninguno, repito, ninguno, nunca se ha preocupado por mis necesidades. En cuanto se venían, ahí terminaba el asunto.

Sé que tardo más que la mayoría de las mujeres en alcanzar el orgasmo, pero es porque necesito más preparación. Necesito más que unos apretones en las tetas y unos besos, además de la obvia penetración, para llegar al éxtasis total. Aunque ya he llegado a pensar que es un mito. Si a estas alturas de mi vida jamás he tenido lo que cuentan como "orgasmo arrasador" de esos que ves literalmente las estrellas. No creo que lo conozca alguna vez.

Siento como sus dedos se alejan lentamente de mi sexo y afloja el agarre en mis nalgas. ¡No, no, no, no, no, no! ¿Qué hice mal?