Rápidamente dejo de sentir su peso sobre mis piernas y la música se detiene. Me siento de repente en la cama mientras me cubro con la sábana a mi lado. Christian está sentado en la cama. Pensativo de espalda a mí. Por un momento me distraigo con la visión de su ancha y musculosa espalda, pero después vuelvo a la realidad. Y la realidad es que él se ha detenido.

—¿Sucede algo? —le pregunto en baja voz.

—Creo que primero necesitamos hablar. —me dice girándose hacia mi mientras se pasa una mano por el pelo.

Este gesto solo hace que los mechones de su pelo se suelten y caigan sobre su rostro haciéndolo lucir aún más sexy y arrebatador de lo que es. Pero puedo ver por el gesto de su cara que está nervioso.

—Pensé que lo habíamos dejado claro todo ya. —le digo mientras mi estómago comienza a encogerse. —Me habías dicho que te acostarías conmigo después de la primera cita. —no entiendo porque este cambio de repente.

—Y me acostaré contigo Ana, es en lo único que puedo pensar. —me dice mientras lo veo con la mirada perdida.

—Pero. —inquiero mientras me aferro más fuerte a la sábana.

Siempre hay un pero. Estoy acostumbrada.

—Pero tú no eres la única que lleva tiempo sin sexo. —me dice mientras me mira fijamente.

—¿Qué quieres decir?

—Yo también llevo un tiempo sin sexo Ana. Y para ti, después de tanto tiempo, será como la primera vez.

—¡Vamos! ¡No me vengas con estas idioteces Christian! —le digo mientras me levanto furiosa de la cama sosteniendo la sábana con ambas manos contra mi pecho.

—¡No! ¡Escúchame, por favor! —me dice llegando donde estoy con dos pasos.

Sostiene mis manos entre las suyas y me mira fijamente.

—Tengo una personalidad controladora. Tenía un tratamiento, pero hace mucho tiempo que lo dejé. Por eso he estado conteniéndome contigo. Porque necesito ir poco a poco. No puedo tirarme de cabeza en el pozo porque sé que tocaré el fondo rápidamente y eso solo hará que ambos resultemos heridos. Ya lo hice una vez, no pienso cometer el mismo error contigo.

Lo miro fijamente sin entender ni una palabra de lo que me dice. No tengo idea de a que se refiere. ¿Una personalidad controladora? Hasta ahora no me ha parecido controlador en ningún momento. No ha tomado el control en ningún instante. Por el contrario, parece alguien tímido e introvertido. Pero creo que él se merece saber algo sobre mi pasado.

—Ya que estamos siendo sinceros, hay algo que debes saber. —le digo mientras el frunce el ceño.

Respiro profundamente antes de confesarle y resumirle la historia de mi vida.

—Nunca he llegado al orgasmo porque necesito más estimulación de la usual y he tenido que fingir durante toda mi vida. —listo ya se lo dije.

Miro al suelo esperando su rechazo. Siento una mano en mi mejilla alzando mi rostro.

—Gracias por confiar en mí, imagino que debe ser muy difícil para ti admitir esto.

—En realidad no, las parejas que he tenido lo han sabido, pero imagino que nunca les interesé lo suficiente como para hacer algo al respecto. —pega su frente a la mía.

—No creo que tengas ese problema conmigo Ana. —me dice con una sonrisa en los labios. —No suelo alardear de mis habilidades en la cama, pero soy un buen amante. —me dice mientras baja sus manos hacia mi cintura y después hacia mis nalgas. —Te haré alcanzar el orgasmo, una y otra, y otra vez hasta que grites mi nombre extasiada de placer. —me dice mientras pega su cuerpo al mío. —Pero no hoy, démonos un tiempo, quiero conocer tu cuerpo primero y después, quiero hacerte el amor lentamente, como te lo mereces.

—¿Entonces la cita de esta noche no tuvo sentido ninguno? —le digo frustrada.

—En lo absoluto, era un paso necesario en el proceso de cortejo. —me dice mientras aleja su rostro brevemente del mío con una sonrisa.

—¿Piensas besarme en algún momento? —le pregunto porque no puedo resistir más la tentación de tener sus labios apetitosos tan cerca y a la vez tan lejos.

—Mañana, te lo prometo. —me dice mientras me da un beso en la frente. —Paso a paso, recuerdas. Ahora necesito una ducha fría. —me dice mientras coge la toalla de la cama y se dirige al baño.

Y allí me quedo mirando la puerta cerrada del baño mientras estoy excitada a más no poder y envuelta en una sábana. En parte estoy algo frustrada, pero debo verle el lado positivo. Es lo más cerca que he estado de un orgasmo en mi vida, así que Christian no está mintiendo. Sabe lo que se hace. Al menos me ha demostrado sus habilidades con las manos.

Decido recoger las cosas en la habitación y ponerme la ropa para dormir. Suelto la sábana y pongo el frasco de aceite de masajes en la mesita. Recojo la ropa del suelo y la pongo en el cesto de la ropa sucia. Abro el armario y busco una camiseta larga y unas bragas cómodas para dormir.

Estoy completamente vestida cuando Christian sale del baño mojado completamente mientras su cuerpo de la cintura para abajo lo cubre la toalla. Lamentablemente.

—Buenas noches Ana. —me dice mientras me sonríe levemente y sale de la habitación.

Ni siquiera se detuvo a mirar lo que llevo puesto. Me dejo caer en la cama. Y los eventos del día y más recientemente, de esta noche, hacen que me quede rápidamente dormida.

Siento la alarma y sin siquiera mirar, la apago. Hoy no debo ir temprano. Solo tengo las entrevistas de la tarde. Así que sigo durmiendo hasta que ya no puedo continuar en la cama.

Para el momento en que me levanto, son casi las 10:00 am. Cuando termino en el baño salgo de la habitación con paso lento. Ni siquiera me he peinado, mi pelo debe ser un desastre. Me lo acomodo con la mano un poco mientras me dirijo rumbo a la cocina. Al menos sé que a esta hora no me lo voy a encontrar y podré desayunar tranquilamente sin que su mirada o su presencia me afecte.

—Buenos días Ana. —me detengo en seco.

Casi me da un infarto al sentir su voz.

Christian está en la cocina, detrás de la encimera. Por lo que puedo ver está sin camisa. No puedo decir para abajo si está vestido o no. Y me quedo congelada en medio de la sala. Estoy consciente de que solo traigo una camiseta larga y las bragas debajo. Nada más.

Christian se me queda mirando. Deja lo que está haciendo y camina hacia donde estoy. Por suerte para mí, trae un short de hacer deporte puesto. Aunque hubiese preferido que no trajera nada. Se detiene frente a mí. Me sonríe antes de deslizar la vista desde mis ojos, a mis labios y bajarla lentamente por todo mi cuerpo. Mis pezones se endurecen y se tensan contra la camiseta ante su escrutadora mirada. Pero esta vez no me cubro.

El me desea, yo lo deseo y si esto logra que el me tome en algún lugar de este apartamento. Pues que mire.

—Mmm, nunca imaginé que lucieras tan apetitosa en las mañanas. —me dice mientras sube la vista nuevamente hacia mis ojos.

—¡Eh! —no he escuchado nada de lo que me dijo.

—Alguien necesita despertarse del todo. —da un paso y se pega a mí.

Sube las manos y acaricia mis mejillas lentamente, trazando círculos con sus pulgares mientras yo me pierdo en su mirada. Vuelvo a sentir el hormigueo en mi piel ante su contacto. No aparto mis ojos de los azules hipnotizantes de él. Deja una mano en mi rostro mientras baja la otra hacia mi cuello haciendo que se me comience a acelerar la respiración. Mientras me sostiene por el cuello desliza casi imperceptiblemente el pulgar por mi labio inferior. No puedo evitarlo. Separo mis labios para respirar mejor. Y entonces sin esperarlo, une sus labios a los míos.

Lo primero que siento es un cosquilleo comenzar a recorrer todo mi cuerpo desde los labios. Sus labios son calientes, dulces y tentadores. Se mueven lentamente sobre los míos mientras pega su cuerpo al mío. Subo mis manos hacia su cuello.

He esperado tanto este beso, que aún no creo que esté sucediendo en verdad. Tiene el pelo suelto y enredo mis manos en él. Su pelo es suave y sedoso y hace cosquillas contras mis dedos. Dejo escapar un gemido contra sus labios. Sus manos bajan por mi cuerpo y se aferran a mí cintura, apretándome contra él. Esta vez el que gime es él. Y esto solo hace que aumente la intensidad del beso. Siento su lengua curiosa comenzar a deslizarse por mis labios y le doy permiso para que acceda y explore mi boca con total libertad.

Nuestras lenguas se juntan. Ambos gemimos.

Sus manos bajan un poco más subiendo la camiseta y apretándome las nalgas. Deja escapar otro gemido contra mis labios antes de cargarme por las nalgas y apretarme contra su cuerpo. Enredo mis piernas en su cintura mientras me aferro fuertemente a su cuello. Da unos pasos y siento una pared detrás de mí. Christian se pega aún más a mí, puedo sentir su cuerpo cálido y duro amoldándose contra el mío. Puedo sentir el latir frenético de su corazón en su pecho, y un poco más abajo, su dura erección presionando contra mí en el lugar justo. No separa sus labios de los míos. Pero ya la desesperación en ambos es latente.

—¡Dios! ¡Te deseo tanto! —dice en un gemido contra mis labios.

—¡Tómame! —le pido desesperada mientras él sonríe contra mis labios y lentamente comienza a detener el beso.

—Esta noche. —me dice aún jadeante contra mis labios. — Por mucho que te desee en este instante, no tengo preservativos. —me dice con una sonrisa mientras me da un leve beso en los labios. —Y no creo que sea lo más sensato, ¿cierto?

Creo que me había olvidado de ese detalle. Y yo ni siquiera tengo un método anticonceptivo, no lo he necesitado por dos años. Al menos de los dos, uno sabe lo que está haciendo. Al menos él está cuerdo. Yo perdí la poca cordura que tenía en cuanto sus labios tocaron los míos.

—Vamos a desayunar. —me dice con un suspiro mientras sin bajarme camina conmigo hacia la cocina.

Solamente me baja cuando estamos en la cocina. Me sienta en una banqueta y me da otro ligero beso en los labios antes de separar su cuerpo y sus manos de mí.

—¿No trabajas hoy? —le pregunto con la respiración aún acelerada mientras lo observo poner un plato con waffles frente de mí.

—Elena me dio la mañana libre, y me dijo que te recogiera para las entrevistas de la tarde.

Christian termina de poner los platos en la encimera. Coloca la mermelada de fresas y la miel de mapple frente a mí y después da la vuelta a la encimera para sentarse a mi lado. No me pierdo ni un gesto de él mientras da la vuelta. Y tampoco me pierdo su mirada que se queda fija en mis piernas mientras se sienta en la banqueta.

—Mmmm. —deja escapar un gemido.

Estoy consciente de mi estado de desnudez. Sé que la camiseta no me cubre lo suficiente. Que mientras estoy sentada en la banqueta, el puede ver las bragas de encaje que llevo puestas. Como también puede ver mis pezones que se marcan contra ella. Y una idea pasa por mi mente mientras lo observo distraído con mi desnudez.

—¿No vas a desayunar? —le pregunto mientras comienzo a hacerlo.

Puedo ver por el rabillo del ojo que el continúa mirándome.

—Es muy difícil hacerlo mientras te tengo semi desnuda a mi lado.

—Ya tienes una idea de lo que siento yo. —le contesto muy bajito mientras continúo con el desayuno.

—¿No sabía que mi presencia te afectara tanto? —me dice apartando su mirada de mis piernas y comenzando a desayunar.

—Lo hace. —le digo mientras cojo el jugo en la mano y lo miro brevemente. —Especialmente cuando estas semidesnudo. —le contesto con una sonrisa mientras doy un sorbo al jugo sin apartar la mirada de su cuerpo.

En realidad, su presencia me afecta de todas las formas posibles. Ya sea vestido, mojado, en traje, entrenando o semidesnudo.

Christian me sonríe mientras continuamos desayunando. No me deja recoger nada, así que me entretengo viéndolo desenvolverse en la cocina.

—Voy a terminar de reparar el baño. —me dice mientras me da un beso en la frente y se dirige hacia su habitación.

Me quedo viéndolo mientras se dirige a su habitación. Para ser alguien con una personalidad controladora, según él, está siendo demasiado cariñoso y atento conmigo. Me dirijo hacia mi habitación mientras deslizo un dedo por mis labios. Aún los tengo hinchados por el reciente asalto de Christian. Aparto el recuerdo del ardiente beso de mi mente y decido adelantar algo el trabajo. Busco los papeles de las entrevistas que ya realicé y me siento sobre la cama mientras esparzo los papeles y valoro las opciones.

Una hora más tarde tengo solamente una opción viable. De todas las que he hecho, solamente uno creo que pueda llamarles la atención a los de la revista.

Salgo de la habitación, ni siquiera me he tomado la molestia de cambiarme. Cojo una botella de agua y decido ver que está haciendo Christian. Así que me dirijo cautelosamente a su habitación y llamo desde la puerta.

—¡Christian! —le grito.

—¡Entra, estoy en el baño!

Me adentro en su habitación y antes de dirigirme al baño le echo un vistazo. Es amplia, del mismo tamaño que la mía. Puedo ver en una de las paredes un poster de alguna competencia de MMA. Aunque no reconozco quien es el que sale en el poster, imagino que debe ser su ídolo. Además del poster, no hay nada más. Es como si acabase de mudarse o algo por el estilo. No tiene muchas cosas personales en su habitación. Dejo de curiosear y continúo hacia el baño.