Me giro nuevamente. Christian suelta la esponja, y la veo flotar sobre el agua, entre la espuma. Sus manos masajean mis hombros y yo comienzo a relajarme.

—Mmm, esto es justo lo que necesito. —digo con una sonrisa. —Solo falta la música.

Christian deja de masajear por un momento. Solo tarda unos segundos antes de sacar su móvil, poner una canción y continuar con su masaje.

—¿De quién es la música? —le pregunto mientras no reconozco la música que comienza a inundar el baño.

— La canción se llama Insatiable es de Darren Haise —contesta mientras sus dedos trabajan los tensos músculos de mis hombros.

Creo que me podría acostumbrar a esto. Aunque hubiese preferido que me lo hiciera en la cama, así podría masajear todo mi cuerpo nuevamente. Se me escapa un gemido cuando pienso en el masajeando mi cuerpo nuevamente. De repente sus manos se detienen y la música también. Abro los ojos y lo veo de pie a mi lado tendiéndome la mano.

—Vamos a la cama. —me dice mientras yo tomo su mano. —Va siendo hora de que recorra tu cuerpo lentamente.

—¿Y el baño?

—Ya tendremos tiempo más tarde. —me dice con una sonrisa.

¿Acaba de decir tendremos?

Mientras lo miro fijamente me pongo de pie y salgo de la tina. Puedo ver como su mirada se desliza brevemente por mi cuerpo desnudo y como sus ojos se oscurecen de deseo.

—¿Me alcanzas una toalla? —le pido al ver que se ha quedado sin habla. Nuevamente.

Reacciona rápidamente, me suelta la mano y me tiende una toalla. Me enredo la toalla en el cuerpo y dejándolo allí, como una estatua en medio del baño, salgo hacia la habitación.

No sé si debería vestirme, pero su voz hace que inmediatamente abandone lo que estaba pensando.

—Ni se te ocurra vestirte. —siento sus pasos mientras sale del baño y se detiene frente a mí.

Ya no trae la camiseta. Dirige sus manos hacia el nudo de la toalla sin apartar su mirada oscura de deseo de la mía.

—¿Puedo?

—¿Me estás pidiendo permiso para desnudarme? —inquiero entrecerrando los ojos.

—No quiero hacer nada que te moleste Ana.

—Adelante. —le digo mientras el deshace el nudo y deja caer la toalla al suelo.

—Mmmm. —me dice mientras dirige un dedo hacia mi cuello.

—Tienes una piel muy suave. —me dice mientras desliza un dedo por todo mi cuello hacia un seno y traza un círculo alrededor de este.

Contengo un gemido y cierro los ojos mientras mis pezones, en especial el que está acariciando, se pone duro.

—Eres muy receptiva Ana. —me dice mientras dejo de sentir el contacto de su dedo en mi piel.

Lo único que siento en estos momentos es mi respiración acelerándose ante su contacto. Abro los ojos. Me está mirando fijamente. Imagino que pensando en lo que va a hacer a continuación. ¡Por dios! Esta espera me está matando.

—Acuéstate boca arriba, quiero verte. —me dice mientras el corazón se me sale del pecho.

Esto no me lo esperaba. Ya debería acostumbrarme a esto. Nunca hace lo que yo me imagino. ¿Acaso el no es igual al resto de los hombres del planeta? ¿Es acaso una especie exótica que me he encontrado? ¿Un ser mitológico quizás, dispuesto a satisfacer mis necesidades?

O no satisfacerlas.

Porque hasta el momento, lo único que ha hecho es dejarme excitada. Me doy la vuelta con la respiración acelerada. Subo hacia la cama y me acuesto como él me ha pedido.

—Quédate acostada. No te muevas. —me dice mientras camina hacia la puerta de la habitación.

¿Y ahora a dónde va? Me pregunto mientras lo observo. Intento incorporarme.

—Ni se te ocurra. —me dice de espaldas mientras sale por la puerta.

Vuelvo a acostarme y espero. Christian regresa unos segundos más tarde. Trae una botella en una mano, pero mi vista cambia rápidamente hacia la otra mano. Trago el nudo que tengo en la garganta cuando veo lo que tiene en ella. Una caja de preservativos. ¿En qué momento los compró?

Lo observo mientras se detiene a los pies de la cama. Pone las cosas a un lado en él suelo y rápidamente se saca el pantalón quedando en los bóxers negros. Coge mis piernas y tira de ellas hasta que quedo prácticamente con el culo en el borde de la cama, mis piernas quedan fuera de esta, alrededor de su cuerpo.

—¿Qué vas a hacer? —le pregunto con una sonrisa porque lo que acaba de hacer no tiene sentido ninguno.

—Siéntate y lo verás.

Obedezco inmediatamente mientras apoyo los pies en el suelo a ambos lados de su cuerpo. Estoy ligeramente inclinada hacia adelante por lo que tengo su torso justo frente a mis ojos. Y en lo único que puedo pensar es en deslizar la lengua por él. Miro hacia arriba y él me está mirando. Como si intuyera lo que pienso niega con la cabeza. Entonces bajo la vista hacia el elástico de los bóxers Calvin Klein. Y la bajo un poco más. Mi boca se seca al ver su erección, prisionera dentro de los bóxers.

Deslizo la lengua por mis labios. De repente tengo mucha hambre. Y en lo único que puedo pensar es en meter su miembro en mi boca y chupar como si no hubiese mañana. Christian se arrodilla en el suelo apartando las tentaciones de mi vista.

Me mira a los ojos mientras coge la botella. Y yo me le quedo mirando como una idiota.

—¿Recuerdas esto? —me dice mientras yo solamente asiento.

Es la botella de sirope de chocolate que pidió en él restaurante. ¡Dios! No me digas que va a hacer lo que pienso que va a hacer.

—Apoyate en tus brazos he inclínate ligeramente hacia atrás. —me pide con voz seductora. —Y no te muevas.

No aparto los ojos de la botella mientras hago lo que él me ha pedido. De esta forma quedo totalmente expuesta a él. Como si le estuviese ofreciendo mi cuerpo para que se deleitara. Lo observo como abre la botella, sube la mano, y la inclina dejando caer un poco de sirope entre mis senos.

—¡Ahhh! —grito— ¡Está frío! —le digo cuando siento como comienza a correr lentamente bajando por mi cuerpo hacia mi vientre.

El me sonríe. Apoya las manos a ambos lados de mi cuerpo, justo delante de las mías, se inclina hacia adelante lentamente y comienza a chupar el sirope desde mi ombligo. Gimo inevitablemente cuando su lengua cálida toca mi piel.

El contraste de su lengua caliente y el sirope frío es delicioso. Repite el mismo proceso, pero esta vez deja que baje un poco más hasta mi depilado monte de venus. Me mira a los ojos primero antes de posar su boca unos centímetros por encima de mi clítoris. Y continúa haciendo lo mismo, una y otra vez.

¡Dios! Su boca es una dulce tortura que atormenta todo mi cuerpo. Estoy perdiendo los sentidos. Mi vientre se retuerce una y otra vez deseando que toque ese punto en mí, que me lleve al éxtasis. Mis manos tiemblan, casi que no puedo sostenerme en las manos si continúa mucho más tiempo haciendo esto. Lo peor de todo, es que sus labios aún no han tocado los míos, no desde esta mañana. Sus manos siguen en la cama apoyadas, ignorando mis senos hinchados y duros que están rogando su atención. Y su lengua. Su dulce, caliente y tentadora lengua, recoge sirope de mi cuerpo y continúa ignorando mi sexo una y otra vez que palpita por sentir su calor. Sin embargo, a pesar de eso, me tiene al borde del orgasmo. Y sé que, si solo me toca en el punto justo, un roce de sus labios sobre los míos, o sobre mis senos, o mi sexo, explotaré de placer.

Los gemidos continúan escapando de mis labios mientras el sigue vertiendo chocolate frio sobre mi cuerpo. A cada instante, más crece mi excitación. Mi vientre se retuerce y mi respiración es casi insoportable. Tengo los ojos cerrados absorbiendo todo lo que este hombre me está haciendo sentir mientras ignora las partes más delicadas de mi cuerpo. Lentamente se hacia dónde conducirán todas estas sensaciones. Hacia un orgasmo. Espero.

Sus labios se separan de mi cuerpo y abro los ojos. Veo que coge la botella una vez más. No puedo más. Quiero besarlo. Necesito besarlo. Levanto las manos y me incorporo en la cama.

—Si no me besas en este instante, creo que voy a explotar. —le digo frustrada mientras el levanta una ceja divertido.

—Espero que de placer. —me dice mientras sonríe.

—Me has masajeado en la tina, has lamido sirope de mi cuerpo, has ignorado estas. —le digo mientras agarro mis senos con las manos. —Has ignorado mi sexo. Te he dejado hacerme lo que has querido y ni siquiera me has besado o me has dejado tocarte. —le digo con una mueca de disgusto y frustración.

Y me quedo mirándolo fijamente. No estoy molesta. El no quisiera verme molesta, más bien es frustración sexual por no poder alcanzar la liberación.

Christian me mira sonriente. Pone la botella a un lado mientras se levanta del suelo y va hacia el baño. Regresa con su teléfono en la mano. Busca algo en él y después lo pone a un lado antes de agacharse nuevamente frente a mí.

La canción que suena de fondo me resulta muy familiar. Something just like this de Coldplay & The Chainsmokers.

—Te volveré a besar en la boca cuando me haya saciado de tu cuerpo. —me dice haciendo que yo regrese a la realidad.

Y entonces me empuja haciendo que caiga acostada. Intento protestar, pero me pone una mano sobre el vientre. Su mano quema contra mi piel mientras siento como vierte más chocolate ahora sobre la parte baja de mí vientre. Siento el frio bajar hacia mi sexo, pero el frio rápidamente desaparece sustituido por su caliente boca.

Mis plegarias han sido escuchadas.

Christian desliza la lengua por mi sexo, de abajo hacia arriba, lentamente. Está saboreándome. Y lo único que se me ocurre en ese momento es abrir más las piernas para darle mejor acceso. Embriagado por el deseo, agarra mis muslos y levanta mis piernas mientras desliza la lengua en círculos por mi clítoris.

¡Mierda! Creo que no voy a aguantar más.

Su lengua no me da tregua. El orgasmo que crecía en mi interior, ya es incontenible. Dos movimientos más de su lengua sobre mi sexo y eso será todo.

Uno…

Gimo audiblemente mientras mis paredes se contraen y subo mis manos aferrándolas a su pelo.

Dos…

Dejo escapar un grito y dejo caer mis manos a ambos lados de mi cuerpo mientras me dejo ir en el mejor orgasmo de mi vida. El primer orgasmo de mi vida.

Después de eso, no soy muy consciente de lo que sucede. Christian continúa entre mis piernas, su boca absorbiendo todo lo que le ofrezco. Estoy en mi nube de satisfacción mientras sonrío como idiota. Esto ha sido asombroso. Pero entonces siento un dedo deslizándose hacia mi sexo traviesamente. Su boca se separa de mi sexo mientras introduce un dedo en mi interior arrancándome otro gemido. Abro lo ojos de golpe y me incorporo. Veo a Christian que me sonríe desde el suelo.

—No creerás que hemos terminado, ¿verdad? —me dice mientras presiona el dedo contra la parte frontal de mi vagina.

Me dejo caer nuevamente en la cama cuando el mueve el dedo en círculos.

—Definitivamente, no es de este planeta. —me digo a mi misma mientras se me escapa otro gemido.

Debo haber hecho algo bueno para haber sido recompensada con este dios del sexo que tengo entre las piernas brindándome un placer indescriptible por primera vez en mi vida.

—¡Christian! —digo su nombre mezclado con un gemido.

Mis paredes comienzan a apretarse una vez más alrededor de su dedo cuando el introduce otro.

—¡Christian! —grito de placer.

Necesito…necesito… Ya no sé ni lo que necesito. —Otro orgasmo igual al anterior. —me grita mi subconsciente más despierto que nunca.

Aferro las manos a la sábana de la cama en un intento por controlarme. Pero mientras el mueve los dedos en mi interior, me veo inclinando mi pelvis a su encuentro, pidiéndole más. Y entonces su boca se une a sus dedos. Esto es demasiado. Rápidamente me encuentro gimiendo incontrolablemente mientras alcanzo el orgasmo una vez más.

Christian saca los dedos lentamente de mi interior. Separa su boca de mi sexo y comienza a subir por mi cuerpo besando toda la piel a su paso. No tengo energías para nada mientras asciende lentamente por mi cuerpo, besando cada centímetro de mi piel a su paso. Su lengua se desliza brevemente por mis senos y gimo audiblemente mientras lo siento reír contra mi piel. Tengo su cuerpo sobre el mío, presionando cada músculo duro de su cuerpo contra mí. Puedo sentir su dura erección apretándose entre mis piernas. Y entonces siento sus labios sobre los míos, besándome intensamente.

Y no sé si es el sentir sus labios sobre los míos, o mi sabor en ellos lo que hace que aumente mi excitación nuevamente.

—Más tarde…—me dice entre besos. —…Te voy a poseer lenta y sensualmente. —susurra contra mis labios mientras separa sus labios de los míos.

Solo entonces abro los ojos y me pierdo en su mirada. Trae el pelo completamente suelto y tiene un brillo peligroso en la mirada. En ese instante viene a mi mente lo que pensé al verlo golpear el saco y no puedo evitar reírme al imaginarlo haciendo el amor lento y sensual. Christian se separa un poco más de mí y me mira frunciendo el ceño.

—¿Algún chiste que quieras compartir en estos momentos?

—Lo siento, sé que no es momento para esto. —le digo mientras llevo una mano hacia mi boca para contener la risa.

—Adelante, cuéntame que está pasando por tu mente en este momento. —me dice con una mirada divertida.

Aparto la mano e intento dejar de reírme antes de hablar.

—Cuando golpeabas el saco de boxeo, pensé que si follabas con esa misma intensidad debías ser una bestia en la cama. —le digo mientras intento contener la risa una vez más.

Sé que, en este momento, esto a él le parecerá de todo menos chistoso. Pero para mi sorpresa, él también se está riendo.

—No quiero ser rudo contigo la primera vez Ana. —me dice mientras me quedo de piedra.

La risa se ha borrado completamente de mi rostro.

—No me digas que…—pero él me interrumpe.

—Sí. Follo con la misma intensidad que golpeo el saco. Quizás incluso algo más fuerte.

Se me acaba de borrar la sonrisa del rostro. Pero una idea cruza mi mente y no la dejo escapar. Vuelvo a sonreírle mientras enredo mis manos en su cuello y tiro de su rostro cerca del mío.

—Pues fóllame como si no hubiera un mañana. —él me sonríe.

—Hoy no.

—¿Por qué?

—Porque para tomarte como tú quieres y como yo deseo en verdad, primero tendríamos que ir a otro lugar.

—¿A otro lugar?

—Sí Ana. —me dice haciendo una pausa. — Pero no creo que sea momento de hablar de este tema.

—Quiero me tomes como tu deseas. —le digo mientras aferro su rostro entre mis manos. —Me has dado en unos minutos más placer del que he sentido nunca en mi vida Christian. Quiero complacerte ahora. Quiero hacer lo que tu deseas en verdad.

El me mira fijamente debatiéndose que hacer.

—Ana. Si supieras lo que deseo, como quiero tomarte…—me dice cerrando sus ojos por un momento. —No sé qué sucedería cuando te lo muestre. —me dice abriendo los ojos.

—Nunca lo sabrás hasta que no me lo muestres. —le digo con una sonrisa.

El me mira fijamente. Puedo ver que se está debatiendo en si mostrármelo o no.

—Te advierto que debes mantener la mente abierta.

—De acuerdo. —le contesto mientras veo como se separa de mí.

—¿A dónde vas? —le pregunto al verlo separarse de mí.

—Voy a preparar algo para cenar y después vamos a salir. ¿No tienes hambre? —me pregunta recogiendo su pantalón del suelo.

—Sí, pero no quiero moverme de aquí. —le digo mientras me siento en la cama.

—Pues quédate ahí hasta que termine de preparar la cena. —me dice con una sonrisa. —Porque si no cenamos…—añade mientras se acerca y pega sus labios a los míos. —… no tendrás fuerza para después.

—¡Que!

—Te voy a mostrar lo que quiero hacer contigo Ana, pero no te lo puedo mostrar aquí. Te aviso cuando esté lista la cena. —me dice mientras recoge su teléfono del suelo.

¿Exactamente que me va a mostrar?