¡Dios! Cierro los ojos y jadeo de placer. No sé si es la posición o el que no tenga preservativo. Pero esto se siente celestial. Puedo sentir el palpitar de su miembro en mi interior.

—¿Te encuentras bien? —me pregunta de repente mientras yo abro los ojos.

—¡Voy a morir! —exclamo en un gemido.

—No sin antes yo haber acabado contigo. —me dice con una sonrisa seductora mientras sale lentamente de mí.

Y entonces vuelve a entrar. Esta vez no se detiene a medias. Entra hasta el fondo. Hasta que su cuerpo se estrella contra el mío y yo grito una vez más.

—Vamos a tener que controlar tus gritos. —me dice mientras desliza el pulgar por mis labios y lo introduce en mi boca.

Gimo contra su dedo mientras comienzo a chuparlo. Y el comienza a moverse deliciosamente lento en mi interior. Deslizo la lengua por su dedo. Cada embestida de él en mi interior hace que mi orgasmo crezca aún más. ¿Cómo es posible que lo retarde cuando estaba a punto de venirme con las bolas? Tenía la impresión que con las primeras embestidas alcanzaría la liberación. Pero no ha sido así.

Chupo, muerdo y gimo mientras él se mueve lentamente. Sale y entra hasta el fondo. Mis paredes se aprietan a su alrededor y vuelven a relajarse. El no varía la velocidad de sus movimientos. Es muy diferente a su posesión salvaje en la ducha. Tan diferente y me hace necesitarlo más. Gimo mientras chupo con más intensidad su dedo. Siento como aumenta el agarre de su mano en mi cuello.

—¡Ana! ¿Aún no te has venido? —me pregunta de repente mientras saca el dedo de mi boca.

—¡No! —exclamo cuando el detiene el movimiento en mi interior.

—¿Por qué no?

—No lo sé. —porque él no te lo ha ordenado, me grita mi subconsciente y lo mando a hacer silencio.

—Probemos una teoría. —me dice con una misteriosa sonrisa.

Comienza a moverse nuevamente. Esta vez los movimientos no son lentos, son rápidos certeros y muy pronto siento mis paredes apretarse a su alrededor, lo siento muy cerca. Cierro los ojos mientras entierro mis uñas en sus hombros. Y entonces el baja la velocidad de sus embestidas alejando el orgasmo de mi alcance.

¡No, no, no, no, no!

Continúa unas cuantas veces lentamente y después vuelve a acelerar sus movimientos. Y una vez más me veo al borde del abismo sin poder saltar cuando el vuelve a aminorar la velocidad. Abro los ojos y lo veo observándome con una sonrisa.

—¿Lo estás haciendo a propósito?

—Solo estaba probando una teoría.

—¿Ya la probaste? ¿Quieres terminar la tortura de una buena vez? —le grito furiosa.

Christian se ríe ante mi furia repentina.

—Desde luego, no hay nada peor que una mujer sexualmente insatisfecha. —me dice mientras comienza a moverse rápidamente en mi interior.

No me da tiempo a reaccionar. Mi cuerpo a penas tiene tiempo de asimilarlo todo. Mi cerebro está entumecido con tantas sensaciones. Aprieto mis piernas aún más a su cintura mientras el me aferra ahora por la mía. Cada embestida suya nos arranca a ambos un gemido. Mis paredes vuelven a apretarse a su alrededor. Ahora lo siento aún más duro en mi interior. ¡Dios! Esto es demasiado fuerte.

—¡Necesitas que te lo diga Ana! —me grita mientras continúa moviéndose desesperadamente dentro de mí.

Mi cerebro apenas procesa lo que él me acaba de decir, pero un gemido sale de mis labios.

—¡Si! —exclamó en voz alta.

—Puedes venirte Ana. —y es todo lo que necesito escuchar mientras siento mi cuerpo convulsionar a su alrededor.

Nuestros cuerpos están sudorosos y mientras el continúa aferrándose a mí, me es imposible dejar de gemir, no cuando siento mi vientre palpitando de placer.

—¡Mierda! —grita Christian mientras sale repentinamente de mi interior.

Estoy aún en mi nebulosa de placer, pero lo observo apoyándose con una mano en la encimera mientras su otra mano se mueve sobre su miembro. Tiene los ojos cerrados y el rostro descompuesto de placer. Lo observo mientras sus músculos comienzan a relajarse y suelta su miembro. Solo entonces alza la vista hacia mí.

—Esto no puede volver a suceder Ana. —me dice en un jadeo.

—¿A que te refieres exactamente? —le pregunto mientras me bajo de mi nebulosa de placer instantáneamente.

Espero que no se refiera el sexo.

—Estuve a punto de venirme en tu interior y lo que menos necesitamos ambos, cuando apenas nos conocemos, es un embarazo no deseado.

—Lo sé. Debo hacerle una visita a mi médico.

—No tendremos sexo sin protección nuevamente hasta que no tengas un método anticonceptivo.

—De acuerdo.

—Será mejor que lo consigas cuanto antes Ana. No veo el momento de volver a estar dentro de ti piel con piel.

—Mañana pediré un turno. —le digo con una sonrisa.

—Bien. Vamos a vestirnos, creo que el tiempo se nos acabó hace unos minutos y en cualquier momento nos sorprenden aquí.

—¡Que! —grito mientras salto de la encimera de un golpe y recojo mi ropa del suelo.

Mientras me visto veo a Christian riéndose y recoger su ropa para vestirse también. Me pongo las zapatillas nuevamente y me miro en el espejo para recomponerme un poco.

—¿Cómo luzco? —le pregunto a Christian por el reflejo del espejo.

—Como si te acabara de follar hasta dejarte sin sentido. —bueno eso ha sido cierto. —Salgamos antes que alguien se pregunte que hacemos los dos aquí dentro.

Me sonríe mientras lo veo recoger las bolas de la encimera y guardarlas en el bolsillo de su short. Me toma de la mano y tira de mi de regreso al gimnasio. Recojo mis cosas mientras el se pone la camiseta y nos marchamos justo cuando comienzan a llegar las personas de las próximas clases.

Entro al apartamento exhausta. Necesito un relajante baño en la tina. Pero también necesito cenar algo. Camino hacia mi habitación y dejo caer la bolsa al suelo mientras entro al baño. Me quito toda la ropa y me meto en la ducha. Cierro los ojos mientras el agua fría cae sobre mi cuerpo. Esto es justo lo que necesito para refrescar mi piel sobrecalentada.

No siento sus pasos, pero mi cuerpo instantáneamente nota su presencia. No me toca, pero puedo sentir su cálido aliento en mi cuello.

—¿Una ducha fría Ana?

—Mmmm.

—¿Necesitas ayuda?

Siento su cuerpo caliente pegándose al mío por detrás. Me abraza por la cintura y me saca de abajo del agua. Solo abro los ojos cuando siento sus manos frotando la esponja con gel en mis hombros, bajando por toda la espalda y hacia las nalgas. Después mis brazos y todo el costado de mi cuerpo y hacia mi vientre y debajo de los senos. No los toca. Se agacha y me lava las piernas. Y suelta la esponja antes de subir sus manos y pasarlas por mi sexo suavemente, haciéndome gemir. Continúa subiendo las manos por mi cuerpo hasta acunar mis senos y frotarlos suavemente.

—¿Te gusta? —me susurra en el oído mientras muerde el lóbulo de la oreja haciéndome estremecer.

—Es el mejor baño que me han dado nunca. —le contesto mientras el me vuelve a meter debajo del agua para enjuagarme.

Me giro entre sus brazos y lo miro fijamente.

—¿Puedo hacer lo mismo? —le pregunto mientras cojo la esponja.

Christian me mira entrecerrando los ojos.

—Puedes. —me dice dando un paso fuera del agua mientras comienzo a verter gel en la esponja.

Comienzo por sus hombros, muy lentamente. Pero la esponja no ayuda mucho, lo que más quiero es tocarlo. Así que la dejo caer al suelo mientras deslizo mis manos ahora por su pecho y bajo hacia su abdomen que se tensa ante mi contacto. Mis ojos siguen el recorrido de mis manos. Alzo la mirada. Christian me está observando atentamente. Vuelvo a bajar la mirada hacia su abdomen y un poco más. Y me encuentro con una impresionante erección. Todo mi cuerpo se tensa en anticipación. Me agacho y recojo la esponja nuevamente del suelo, le vierto gel y comienzo a lavar sus piernas fuertes y musculosas. Nunca en mi vida he hecho esto y se siente bien. Cambio hacia su pierna derecha y comienzo a subir. Miro por un momento su erección que queda frente a mí, no sé si hacerlo o no. Pero decido que mejor continúo con el baño. Me detengo cuando llego a la cicatriz. ¡Por dios! Es enorme. Deslizo la esponja suavemente por su pierna, casi sin tocar su piel.

—No duele Ana. —me dice mientras yo alzo la mirada hacia él. —La herida al menos.

Deslizo la esponja una vez más por la cicatriz antes de levantarme del suelo. Vierto mas gel y mientras me pego a su cuerpo, lo rodeo con mis brazos y deslizo la esponja por su espalda. Su erección se clava en mi vientre mientras yo lavo su cuerpo. Cuando llego a su espalda baja suelto la esponja y acaricio sus nalgas mientras las aprieto levemente.

—Veo que le estás cogiendo el gusto a esto.

—Es la primera vez que lo hago. —le digo con una sonrisa.

Ya no puedo evitarla más. Deslizo una de mis manos entre los dos y cojo su miembro que palpita en cuanto lo acaricio. Está duro, y caliente y es todo mío.

Me separo un poco de su cuerpo y deslizo mi mano por toda su extensión. Desde la base y hasta arriba y vuelvo a bajar. Puedo ver como Christian aprieta las mandíbulas mientras lo acaricio.

—¿Te gusta? —inquiero mientras alzo una ceja y muerdo mi labio inferior.

—No. —me dice mientras aparta mi mano de su miembro y da un paso bajo el agua.

No entiendo nada.

—¿Pensaba que a todos los hombres les gustaba que los masturbaran? —le pregunto frunciendo el ceño.

Y entones me muestra esa seductora sonrisa que me vuelve loca de deseo.

—Lo estás entendiendo mal. —me dice cerrando la ducha de repente. — me pega a su cuerpo se agacha ligeramente, me coge por las nalgas y me carga.

Camina conmigo hasta la habitación sin apartar sus ojos de los míos. Cuando llegamos a la habitación me sorprende lanzándome sobre la cama. Grito mientras caigo sobre el colchón. Lo veo buscar la caja de preservativos que dejó la otra noche. Saca uno rápidamente y sube sobre la cama y sobre mi cuerpo.

—No es que no me guste. —me dice mientras abre mis piernas y se arrodilla entre ellas.

Alzo la mirada y lo veo ponerse el preservativo rápidamente. Después se coloca sobre mí y pega su rostro al mío.

—Pero prefiero estar enterrado en ti. —me dice mientras sube una de mis piernas hacia su hombro y entra en mi con una sola embestida.

No entiendo a este hombre.

Definitivamente no viene del mismo planeta que los idiotas que he conocido. ¿Cómo es posible que esté listo ya nuevamente para mí? ¿Qué me desee nuevamente?

Gimo y me retuerzo de placer debajo de su cuerpo hasta que vuelvo a alcanzar el orgasmo con un grito ensordecedor y Christian se deja caer sobre mí.

—¿Cansada?

—Exhausta. —le digo mientras recompongo mi respiración.

—Vamos a cenar algo y después continuamos con tu entrenamiento. —me dice saliendo de mi interior.

¿Continuar con mi entrenamiento?

No creo que mi cuerpo pueda más hoy. Ha sido un día extenuante. He tenido que contener el orgasmo, más de lo que nunca pensé que podría hacerlo. En realidad, nunca pensé que llegara un día en que tuviera que esforzarme por contener un orgasmo. Toda mi vida ha sido todo lo contrario. Aunque no me puedo quejar por el esfuerzo que he hecho hoy, ya que he sido recompensada, dos veces en realidad.

Lo que me hace preguntarme.

¿Qué más tiene planeado para mi entrenamiento?

Me quedo observándolo mientras sale de la habitación desnudo.

¿Se supone que debo vestirme?

No tengo idea, no me ha dado indicaciones. Me levanto de la cama y voy hacia el armario por unas bragas y una camiseta larga antes de dirigirme descalza hacia la cocina a calentar la cena.

Christian ya está en la cocina haciéndose cargo de la cena.

—Siéntate, vamos a conversar en lo que se calienta la cena. —me dice sin girarse hacia mí.

Christian se ha vestido. Tiene unos jeans puestos y una camiseta gris.

Me siento en la banqueta como me ha pedido y el pone dos copas en la encimera antes de verter vino en ambas. Después se sienta junto a mí. Le da vueltas al vino en la copa con la mirada fija en la mía. Después bebe un sorbo y me sonríe.

—¿De que vamos a hablar? —le pregunto dándole un sorbo a mi vino.

—No es obvio, de sexo desde luego.

Es una suerte que aún no hemos cenado. Creo que no podría mantener esta conversación mientras cenamos o después de hacerlo. Sería demasiado y sé que al final, o no cenaré nada, o terminaría cayéndome mal.