Siento una de sus manos bajar hacia mi sexo y presionar sobre mi clítoris. Esto solo hace que aumente aún más mi excitación. Comienza a mover el dedo en círculos mientras mis gemidos aumentan y mis paredes se contraen aún más a su alrededor. Y entonces cuando estoy casi al borde retira el dedo y sube su mano nuevamente hacia mis nalgas.
Pero entonces aumenta la velocidad de sus embestidas. Cada movimiento suyo me impulsa hacia adelante, me aprieta contra el colchón y hace que jadee deliciosamente. Entonces sale completamente e introduce dos dedos en mi interior y los mueve en círculos antes de sacarlos nuevamente y remplazarlos una vez más por su miembro. Sus manos van nuevamente hacia mis nalgas, apretándolas mientras se mueve desesperadamente en mi interior. Una de sus manos aferra fuertemente una de mis nalgas mientras siento un dedo deslizándose entre ellas. Pero mi cerebro está demasiado adormecido de placer como para percatarse de lo que está sucediendo y mi cuerpo está completamente entregado a lo que estoy sintiendo. Siento el dedo juguetear sobre mi ano, trazando círculos. Solo entonces mi cerebro despierta.
—¡Christian! —le grito.
Intento que suene como una advertencia, pero sé que he fallado al salir mezclado con un gemido.
—Dijiste que harías cualquier cosa Ana. —me dice mientras traza círculos en el lugar prohibido mientras continúa embistiendo fuertemente.
No puedo hablar. Lo único que escapa de mis labios son gemidos de placer. No puedo pensar en nada más que en su miembro entrando y saliendo de mí.
—Te dije que soy un buen amante Ana, y te voy a demostrar lo placentero que puede ser el sexo anal.
Ahogo un gemido con una nueva estocada y siento la punta de su dedo abriéndose paso, allí. Todo mi cuerpo se tensa y siento como mi orgasmo comienza a alejarse de repente.
—Relájate. —me dice con voz ronca. —Disfruta, no lo meteré completo. —me dice mientras continúa moviéndose dentro de mí.
No lo ha metido, solo traza círculos sobre el y presiona ligeramente introduciendo solo un poco y retirándolo. Inesperadamente a pesar de lo que imaginaba que sentiría, no siento dolor. Baja su otra mano hacia mi sexo y comienza a trazar círculos sobre mi clítoris. Esto es demasiado para mí. Mis piernas apenas y pueden sostenerme. Mis paredes comienzan a apretarse a su alrededor una vez más, aparta el dedo de mi clítoris y se aferra a mi cintura tirando de mi cuerpo hacia el suyo.
—¡Dios!
El dedo continúa trazando círculos sobre mi ano.
—¿Estás cerca?
—¡Si! —grito.
En ese instante siento como introduce un poco el dedo y grito nuevamente. No sé si es placer o es dolor, o son ambos. No soy consciente de mucho cuando siento mis paredes apretarse a su alrededor aún más. El dedo comienza a salir y entrar casi con la misma frecuencia que su miembro mientras tira de mi cuerpo contra el suyo.
—¡Solo un poco más! —me pide detrás de mi mientras continúa embistiendo.
Siento el agarre de su mano más fuerte sobre mi cintura. Gimo y grito audiblemente cuando el orgasmo más arrasador de mi vida me devora completamente. Siento que mis piernas me van a fallar de un momento a otro cuando lo siento gemir audiblemente. Saca el dedo y se aferra a mi cuerpo mientras embiste unas veces más antes de dejarse caer sobre mí.
Puedo sentir el latir frenético de su corazón.
Puedo sentir mi pulso acelerado incluso entre mis piernas. Y apenas soy consiente de lo que acaba de suceder. No puedo moverme. No quiero moverme, a pesar de que me tiene completamente inmovilizada con su cuerpo y la venda.
—Déjame desatarte. —me dice mientras sale de mi interior.
Rápidamente siento como se cuerpo se separa del mío. Y sus manos rápidamente deshacen el nudo en mis muñecas y después las frota ligeramente antes de desatar la venda en los ojos. Me giro y descanso sobre la cama con los ojos cerrados.
—¿Te encuentras bien? —me pregunta mientras se deja caer a mi lado en la cama y desliza un dedo por mi vientre en círculos.
—Hum. —no puedo hablar.
—¿Podemos hablar de lo que acaba de suceder? —me dice mientras abro los ojos.
Me giro hacia él. Sus ojos me miran fijamente preguntándose que es lo que estoy pensando.
—¿Por qué lo hiciste? —es lo único que se me ocurre preguntarle.
—Me dijiste que podía hacerte lo que quisiera.
—Pero te especifiqué que eso no.
—¿No te gustó? —me pregunta y no puedo hablar. No puedo contestarle, porque en realidad, lo disfruté. —¡Ana! ¿Qué sentiste?
—No lo sé. No se suponía que sintiera placer. —le digo en voz baja.
—¿Y que se suponía que sintieras? ¿Dolor?
Me quedo callada nuevamente sin saber que decir.
—Veo que tienes una mala referencia en cuanto a sexo se refiere. —yo solo lo miro fijamente porque tiene razón. —El sexo anal no es algo que uno haga a la primera, lleva su preparación si deseas que sea placentero, de otra forma, nunca lo disfrutarás y será doloroso. —me dice mientras desliza ahora la mano por mi mejilla.
—¿Tu lo has hecho? —no sé porque, sé cuál será su respuesta. Con todo lo que sabe.
El solo me sonríe. Esa enigmática sonrisa que esconde secretos. Así que solo me queda asumir que sí, que lo ha hecho.
—Debo ir al club. —me dice mientras se levanta de la cama.
Recoge el preservativo anudado del suelo, la venda y sus ropas.
—Buenas noches Ana. —me dice mientras sale de mi habitación cerrando la puerta detrás de él.
Y allí me quedo no sé porque tiempo mirando el techo. No puedo moverme de la cama. Llevo apenas 24 horas de sexo. Sexo del que nunca había imaginado que podría disfrutar alguna vez. Y creo que me estoy volviendo adicta.
No al sexo.
A él.
Me siento de repente en la cama sintiendo un ligero dolor en mi trasero. Pero lo ignoro mientras salgo corriendo de la habitación.
—¡Christian! —le grito cuando llego a la sala.
El está saliendo de su habitación y se queda mirándome de arriba abajo mientras respiro agitadamente, ahora por un motivo muy diferente.
—¿Necesitas algo?
—Sí. Me dijiste que no puedo follar con nadie más que no seas tú. —no sé porque repito sus palabras exactas, no suelo hablar de esta forma.
—Sí. —me mira alzando una ceja.
—Quiero que eso se aplique igualmente a ti. —él me sonríe.
—¿Celosa? —no lo respondo porque no sé en realidad porque se lo he dicho. —No debes preocuparte por eso Ana. Mientras dure nuestro trato, no tocaré a ninguna otra mujer que no seas tú. —me dice mientras se marcha.
Estoy desnuda y estupefacta en medio de la sala. Su respuesta no me ha tranquilizado mucho. Ha dicho que no tocaría a ninguna mujer. Eso no quiere decir que no mire a ninguna.
¿Por qué estoy pensando tanto en esto?
Siento mi celular sonando y salgo a buscarlo. No sé porque presiento que debe ser Kate. Pero no es. Es un número desconocido.
—Sí.
—Srta. Adams, le habla el detective a cargo de la investigación de lo ocurrido en su apartamento.
—¿Ya la atraparon? —es lo primero que se me ocurre preguntarle.
—No, aún no la hemos localizado, la llamo para informarle que puede recuperar su automóvil en el depósito.
Ya era hora de que me lo devolvieran.
—¿Y mis pertenencias?
—Aún no. Le avisaremos en cuanto terminemos con la escena del crimen para que recupere su apartamento.
—Gracias por mantenerme informada.
—Le avisaremos cualquier avance en la investigación. —y cuelga.
Bueno, al menos ya puedo recuperar mi auto.
Mientras voy caminando hacia mi habitación mi teléfono suena en mi mano, es Kate. Contesto inmediatamente. No tengo idea de que quiere a esta hora ni de que más quiere hablar, porque creo que en el almuerzo hemos abordado todos los temas con respecto a mi reincorporación a la vida sexual activa.
—¿Estás sola? —me pregunta mientras yo frunzo el ceño.
—Christian acaba de marcharse hacia el club. —le contesto mientras llego a la habitación.
—¿Ya cenaste?
—Sí. —no se a que vienen tantas preguntas.
—Pues abre la puerta que estoy subiendo. —me dice antes de colgar.
¡Mierda!
Me quedo mirando a la cama echa un desastre, no creo que tenga tiempo de hacerla antes que Kate llegue.
—¡Ana! —siento sus toques en la puerta.
Así que opto por lo más urgente en estos momentos. Vestirme.
—¡Ya voy! —le grito mientras me lanzo hacia el armario.
Encuentro una camiseta de tirantes y un short corto. No tengo tiempo de buscar bragas. Me lo pongo todo rápidamente, cierro la puerta de mi habitación y corro hacia la puerta. Abro con la respiración acelerada.
—¿Estabas corriendo?
—Estaba vistiéndome. —le digo mientras ella entra en el apartamento.
Lo primero en lo que me fijo es en las botellas de vino que trae en las manos. Alzo la vista y la miro enarcando una ceja.
—¿No tienes nada que hacer en tu apartamento?
—Cambio de planes, Elliot tuvo una emergencia en el hospital.
—Aja. Y decidiste pasar la noche conmigo.
—Desde luego, nada como una noche de chicas sin que nadie ni nada nos moleste.
—Seguro. —le digo mientras cierro la puerta.
—Además que en el almuerzo me distes muchas evasivas y sé que con dos o tres copas de vino me lo contarás todo. —me dice mientras camina hacia la cocina y busca dos copas.
Ella tiene razón. No solo con que después de dos copas mi lengua se soltará mas y mi cerebro dejará de retener información, también con que le di evasivas.
—Vamos a la terraza. —me dice mientras yo la sigo obedientemente.
Nos sentamos cada una en un extremo del sofá blanco que hay en la terraza. Kate abre la botella de vino y vierte en ambas copas. Coge la suya y le da un sorbo antes de comenzar con su interrogatorio.
—¿Y bien, vas a comenzar a hablar o tengo que sacarte la información?
—¿Hablar sobre qué? —le pregunto haciéndome la tonta mientras cojo mi copa y le doy un ligero sorbo.
—Sobre cuantos orgasmos te ha provocado hasta el momento.
Cambio de idea. Me bebo la copa entera de un trago. Creo que voy a necesitar el vino después de todo para la conversación que vamos a tener.
