Las dos botellas se han vaciado ya, ambas estamos riendo en el sofá de la terraza mientras el aire fresco de la noche nos alborota el cabello. No tengo idea de que hora es. Pero seguro que es tarde. Y estoy más achispada de lo que debería. Pero es culpa de Beth. A cada pregunta, más vino he tenido que tomar para atreverme a contestarle. Aunque algunas, no he podido hacerlo.
Mi teléfono suena interrumpiendo nuestra risa. Me levanto y salgo a buscarlo pues lo he dejado en la sala. Cuando lo localizo me quedo mirando con una sonrisa idiota en mi rostro a la pantalla. Después de unos segundos me percato que es Christian. ¿Qué querrá?
—Sí. —le digo muy animada, demasiado animada.
—Voy subiendo, te quiero desnuda en cuanto abra la puerta. —es lo único que me dice antes de colgar.
¡Mierda! ¡Beth tiene que marcharse!
Salgo corriendo hacia la terraza. Beth me mira aún riendo. Si vino en auto, tendrá que marcharse en taxi, no puedo dejarla manejar así.
—¡Debes irte ahora mismo! —le digo mientras recojo las copas y las botellas de vino.
Súbitamente se me está pasando el efecto del vino. No tengo idea de que sucederá si no lo obedezco.
—Pero que dices, si ahora es que se está poniendo interesante la conversación.
—Beth, Christian está subiendo y me ha pedido hacer algo que…—me quedo callada de repente. No puedo contárselo a Beth.
¿Qué le voy a decir? ¿Qué me ha dado una orden y no puedo desobedecerlo? Aunque en realidad nunca lo he desobedecido, no tengo idea de que puede hacerme si lo hago.
—¿Tienen planes? —me pregunta alzando las cejas sugerentemente.
—¿Viniste en tu auto?
—Estás loca, sabía que íbamos a tomar. —me dice aun riendo.
—Pues vamos, déjame llamarte un taxi. —le digo mientras tiro de su mano para que se levante del sofá.
Siento la puerta del frente abrirse y cerrarse nuevamente. Muy tarde. Christian ha llegado y estoy completamente vestida.
—Beth, vamos. Por favor. —le pido mientras ella se levanta, aunque aún está renuente a marcharse.
—De acuerdo, pero lo hago solo porque se cuáles son tus planes.
Niego con la cabeza con una sonrisa mientras caminamos de regreso al interior del apartamento.
—¡Ana! —escucho su voz desde la sala.
En cuanto llegamos a la sala ahí está él. Se ha sacado la camisa y solo tiene los pantalones de vestir puestos. Por suerte aún no se los ha sacado, aunque tiene el botón superior desabrochado. Verlo así no me está ayudando en estos momentos.
—Ya me estaba preguntando donde estabas. —me dice mientras se percata de la presencia de Beth a mi lado y frunce el ceño. De seguro se está preguntando que hace ella aquí. —Hola Beth.
Me quedo mirando el rostro de Beth. Si. Lo que imaginaba. Se ha quedado con la boca abierta. Literalmente.
—¡Por dios Ana! No mentías cuando decías que estaba muy bueno.
Christian se queda mirándonos a ambas alternadamente y puedo ver una ligera sonrisa formarse en la comisura de sus labios mientras alza una ceja ante el comentario de Beth.
—¿Necesitas ayuda Ana? —me pregunta de repente.
No sé exactamente a que se refiere. Pero decido contestarle.
—Sí.
Se dirige rápidamente a su habitación y sale después con una camiseta blanca de manga puesta. Se acerca donde estamos nosotras, le pasa un brazo por los hombros a Beth y tira de ella contra su cuerpo.
—Vamos, déjame buscarte un taxi. —le dice mientras tira de ella hacia la puerta.
Justo antes de salir se gira hacia mi y me mira fijamente.
—Espero que estés preparada para afrontar las consecuencias. —me dice antes de salir y cerrar la puerta. Recojo las copas y las botellas de vino y las llevo hacia la cocina.
¿Qué se supone que haga ahora? Mi cerebro aún está medio atontado por el vino, pero decido darme una segunda oportunidad. Así que sin pensarlo dos veces me saco toda la ropa y la lanzo a algún lugar de la sala en el momento justo que siento la puerta del frente abrirse.
—Ya dejé a Beth en un taxi. —me dice mientras se queda mirándome fijamente. —¿Por qué no estabas desnuda?
—¿Qué se suponía que hiciera? ¿Desnudarme frente a Beth?
—Se suponía que obedecieras en todo.
—Ya estoy desnuda.
—A la primera vez. —me dice acercándose a mí.
Se detiene frente a mi sin tocarme.
—No podía desnudarme frente a Beth. ¿Qué le iba a decir?
—Que tenías calor, o que yo te lo había pedido.
—¿Pensé que no podía contar nada de lo que hacíamos? —inquiero frunciendo el ceño.
—No puedes contar nada de lo que sucede en el club. Si quieres contarle a tu amiga tus intimidades sexuales, por mí no te cortes.
—¿De verdad puedo hablar con ella de lo que sucede entre nosotros? —da otro paso en mi dirección y acerca su rostro al mío.
—Si quieres contarle a Beth como te follo, pues adelante.
—¿Puedo contarle lo de los juguetes sexuales? —el solo se encoje de hombros.
—No te he prohibido nada. Ahora, por donde íbamos. Ah, cierto, ahora vas a afrontar las consecuencias de tu desobediencia. ¿Estás lista?
No tengo idea de para que exactamente debo estarlo. Pero ya mi respiración se ha acelerado con su presencia, su cercanía y su olor.
—¿Me vas a castigar?
—Desde luego.
—¿Me vas a azotar el trasero?
—¿Quieres que te azote el trasero? —inquiere mientras separa su rostro del mío y da la vuelta parándose detrás de mí.
—No lo sé.
Nunca nadie me ha azotado el trasero, ni siquiera mi madre. Siento un dedo posarse en mi cuello y deslizarse por toda mi columna vertebral haciendo que rápidamente todo mi cuerpo comience a vibrar. Detiene el dedo en mis nalgas y las aprieta con ambas manos.
—Primero vamos a comenzar por aquí. —me dice masajeándolas un poco. —Después vamos a continuar con estas. —me dice moviendo las manos hacia mis senos y apretándolos suavemente. —Y después vamos a terminar aquí —me dice deslizando el pulgar por mis labios.
¡Mierda! Estoy super excitada. Su propuesta de un castigo suena más placentera que dolorosa.
—Espérame en tu habitación frente a la cama. —me dice mientras lo veo dirigirse hacia la suya.
No pierdo tiempo. Salgo corriendo hacia mi habitación y me paro frente a la cama. Siento sus pasos cuando entra en la habitación, estoy de frente a la cama y de espaldas a él.
Coloca sus manos en mis hombros y tiemblo ligeramente.
—Inclínate y abre las piernas. —me dice en tono sensual.
No vacilo, no lo dudo ni un segundo, antes de hacer lo que él me pide. Me recuesto en la cama mientras giro mi rostro hacia él. Lo veo detrás de mi mientras pone una bolsa en el suelo. La abre y después vuelve a mirar hacia mí.
—Vista al frente. —me pide mientras yo obedezco apartando mi mirada de él.
Así que ya no veo lo que hace, o lo que busca. Siento el sonido de algo metálico, pero no me atrevo a mirar que es. No quiero desobedecerlo. Siento sus pasos regresar hacia mí. Se detiene detrás de mi cuerpo pegándose a mí.
—Te voy a esposar a la cama. —susurra en mi oído.
Se coloca a mi lado derecho e inclino la cabeza hacia el costado para observar lo que hace. Veo que tiene dos juegos de esposas en las manos. Coge una de mis manos, coloca una y estira mi mano hasta esposarme a la pata de la cama. Repite lo mismo con la otra mano. Hace todo ágilmente separando mis manos una a cada lado de la cama Estoy completamente a su merced.
—Pensaba vendarte también los ojos, pero creo que esa cuota ya la cubrimos hoy. —me sonríe.
—Puedes vendarme los ojos si quieres. —le digo alentándolo mientras siento como pega su cuerpo al mío nuevamente.
—En otra ocasión lo volveré a hacer. Ahora, antes de comenzar con tu castigo, debo decirte que no me excito con el dolor ajeno. Así que no, esto no será placentero para mí.
¿El acaba de decir dolor?
Creo que no estoy lista para esto.
¿Pero que pensaba cuando dijo que me iba a castigar por mi desobediencia?
