Coloca las manos en mis hombros y casi sin tocarme las desliza lentamente por toda mi espalda hasta llegar a mi cintura y aferrarse fuertemente antes de apretar mis nalgas y gemir detrás de mí. Aprieta un rato mis nalgas mientras las mueve en círculos.

—¿Te gusta mi culo? —le pregunto al ver como se deleita y gime mientras lo amasa.

—Especialmente lo que voy a hacer con él. —me dice en un susurro.

—¿Me vas a pegar?

—Oh no. No me gusta golpear a las mujeres, ni siquiera si es para castigarlas sexualmente.

—¿Nunca has azotado a nadie?

—Me encantan los azotes Ana. —me dice antes de soltar mis nalgas.

No entiendo nada. Me dice que no golpea a las mujeres, pero también que le gustan los azotes. Imagino que para él debe de haber una diferencia entre golpes y azotes.

Siento un dedo deslizarse por mi sexo.

—No te muevas. —me dice mientras desliza el dedo en círculos.

Jadeo, cierro los ojos y me muerdo el labio inferior cuando introduce un dedo en mí. Estoy mojada con su sola caricia. Retira el dedo rápidamente y siento como introduce algo que me suena familiar.

—¿Las bolas? —le pregunto mientras el sonríe detrás de mí.

—No solo te voy a poner las bolas Ana. —me dice mientras siento ahora sus manos deslizándose con algo por mi trasero, me tenso completamente. —Es lubricante. —me dice a modo de explicación.

Su dedo se desliza varias veces por mi trasero y traza círculos sobre el ano y sin darme cuenta siquiera me veo inclinando mi cuerpo hacia sus manos.

—¿Estás ansiosa por tu castigo?

—Quiero que esta tortura termine. —le digo mientras el detiene el movimiento del dedo.

No veo el momento en que termine con la tortura y el castigo. Porque sé que después de soportar me recompensara con placer.

—Relájate. —me dice mientras siento algo queriendo entrar allí.

Siento una mano sobre mi sexo que comienza a masajear mi clítoris. Gimo audiblemente y me inclino contra su mano aún más. Abro los ojos cuando introduce algo en mi culo y lo deja allí. Lo sé porque siento la presión. Separa su mano de mi sexo.

—Te recomiendo que te sujetes fuerte de la cama y no te muevas. —me dice mientras siento su mano deslizarse por mis nalgas.

Me aferro fuertemente a la cama a pesar de que tengo los movimientos restringidos con las esposas. Y entonces sin aviso siento que me da una ligera nalgada. No me duele, pero hace que mi cuerpo se mueva involuntariamente hacia adelante y siento las bolas moverse.

—¡Mmmm! —gimo.

—¿Te gusta? —me pregunta mientras desliza la mano por mis nalgas y las aprieta ligeramente una vez más.

Separa su mano y vuelve a darme otra, ahora en la otra nalga. Siento como comienzo a retorcerme de puro placer. Tiro de las manos, pero no puedo moverlas.

—¿Esto te excita Ana? —me pregunta mientras vuelve a repetir la misma operación y yo abro los ojos.

No puedo responderle. No encuentro las palabras. A cada nalgada aumenta de intensidad. Pero no soy consciente del dolor en mi trasero. No cuando lo que me esta haciendo me hace gemir y jadear de placer. Solo soy consciente del movimiento de las bolas en mi interior. No tengo idea de que ha puesto en mi trasero, pero no me interesa en estos momentos. Cuando me da la décima cachetada se detiene. Estoy jadeando de puro placer y apunto de alcanzar un orgasmo solo de esta forma. Vuelvo a sentir su mano en mi trasero y esta vez saca lo que me metió. Siento un ligero vacío, pero no por mucho tiempo. Siento como desliza algo alrededor de mi culo nuevamente, pero esta vez comienza a vibrar. Lo mueve en círculos alrededor de mi ano haciendo que cierre los ojos repentinamente sobreexcitada.

—Necesito que me digas lo que sientes Ana. Necesito saber cuando estés por correrte. —me dice en voz grave detrás de mí.

Y entonces siento como introduce el vibrador un poco en mi interior.

—¡Ahhh! —grito mientras cierro los ojos extasiada.

No sé cómo lo hace, pero la vibración en mi trasero hace que las bolas en mi vagina se muevan también. Los gemidos escapan de mis labios cada vez más seguido.

—¡Ana! ¿Estás cerca?

—¡Si! —le grito alucinada.

Y entonces saca el vibrador de mi trasero. Dejo de sentir el movimiento de las bolas y siento como el orgasmo comienza a alejarse lentamente. Siento su mano entre mis piernas y rápidamente se deshace de las bolas.

—¿Estás excitada?

—¿Por qué te detuviste? —le digo jadeando de placer.

Siento su aliento rozar mi cuello, me muerde el lóbulo de la oreja antes de gemir en mi oído.

—Aún no termino contigo.

Siento sus manos deslizándolas desde mis hombros y hasta mis muñecas mientras deja besos por toda mi columna vertebral. Y después lo veo desatar las esposas de las patas de la cama. Me gira entre sus brazos y me carga por las nalgas acomodándome en el centro de la cama mientras me mira con esa sonrisa radiante antes de bajar de la cama.

Sube mis manos por encima de mi cabeza y por la mirada que me lanza, sé que no debo moverlas de donde las ha colocado. Lo observo mientras me esposa ahora al cabecero de la cama. Y me veo una vez más indefensa y a su merced.

Alzo la cabeza y lo observo colocarse sobre mi cuerpo. Aún tiene los jeans puestos y mientras frunzo el ceño y miro fijamente su cintura con la respiración acelerada, me estoy preguntando si se los quitará en algún momento.

Se acomoda sobre mi cuerpo metiendo una rodilla entre mis piernas y haciendo que las separe. Coloca las manos a ambos lados de mi cuerpo mientras baja su boca hacia mí vientre. Dejo caer la cabeza en la cama y tiro de mis manos cuando siento su aliento cálido tocar mi piel. Su boca caliente comienza a ascender por mi cuerpo. Tiene un objetivo en mente y sé que va a cumplirlo. Rápidamente su boca reclama mis senos y yo jadeo de placer una vez más.

Su lengua traza círculos calientes en uno de mis senos mientras yo me retuerzo debajo de su cuerpo. Mi cuerpo se arquea involuntariamente contra el suyo. Christian presiona la rodilla contra mi sexo y deja caer el peso de su cuerpo sobre el mío evitando así que me mueva. Cambia hacia el otro seno mientras tira del pezón del seno que acaba de torturar.

Gimo y grito mientras siento como mis paredes comienzan a retorcerse debajo de su cuerpo deliciosamente.

Muerde suavemente y tira del pezón.

—¡Dios!

—No creo que te pueda escuchar gemir, solo yo. —me dice mientras cambia hacia el otro seno.

Tiro de mis manos. Lo que deseo en estos momentos es enredar mis manos en su pelo y tirar de él hacia mí.

—Si sigues tirando te harás daño en las manos. —me dice regañándome.

Dejo de mover mis manos, aunque es difícil. Presiona más su rodilla contra mi sexo y trato de moverme contra él. Necesito esa deliciosa fricción que me lleve al abismo. Estoy tan cerca una vez más. Cierro los ojos y vuelvo a gemir audiblemente. Entonces como si supiera que estoy al borde del orgasmo una vez más, separa su boca de mis senos.

Dejo de sentir el peso de su cuerpo sobre el mío y abro los ojos mientras siento como el orgasmo se va alejando lentamente. Se sienta a mi lado y desata mis manos del cabecero de la cama. Me ayuda a sentarme mientras frota ligeramente mis manos tras sacarme las esposas.

—¿Cómo te sientes? —me pregunta mientras examina mi rostro.

—¿De verdad quieres saberlo?

—Desde luego.

—Jamás he estado tan excitada en mi vida.

—¿Ni cuando estuviste en el club?

—Ni siquiera ahí. —le digo con la respiración acelerada.

Se levanta de la cama y me tiende la mano. Me bajo de la cama junto a él y lo observo coger una almohada. Camina conmigo hasta el frente de la cama y pone la almohada en el suelo.

—Arrodíllate y pon tus manos detrás. —me pide mientras yo lo miro frunciendo el ceño.

Me arrodillo, alzo la vista hacia él y lentamente coloco las manos detrás de mi espalda sin apartar mi mirada de la suya. Coge un juego de esposas de la cama y después se agacha detrás de mí. Y vuelve a colocarme las esposas en las manos. Al parecer no piensa dejarme que lo toque.

Vuelve a detenerse frente a mí. Lo observo mientras me sonríe perversamente. Lo está haciendo a propósito. Espero que esto de excitarme y dejarme al borde del orgasmo termine pronto. Lo observo bajar sus manos hacia el botón de sus jeans y zafarlos. Y después los baja lentamente por sus musculosas piernas junto al bóxer. Trago el nudo que tengo formado en la garganta y de repente siento mi boca muy seca. No aparto mi mirada de su erección mientras el termina de deshacerse de los jeans y apartarlos a un lado con una patada.

Lleva una mano a su erección y comienza a acariciarse lentamente. No me pierdo el movimiento de su mano arriba y abajo deslizándose por toda su extensión.

Me paso la lengua por los labios inconscientemente. Mientras lo observo, en lo único que puedo pensar es en devorarlo completamente. Da un paso al frente y se detiene justo frente a mí. Alzo mi mirada y me encuentro con la suya oscura de deseo.

—¿Quieres tomarme Ana?

—¡Si! —gimo solo de pensarlo.

Da otro paso más al frente mientras desliza su miembro por mis labios entreabiertos. Saco la lengua y la deslizo por la punta de su prominente erección.

—Pues tómame. —me dice mientras introduce su miembro en mi boca.

Sabe mejor de lo que imaginaba. Christian comienza a moverse suavemente en mi boca. Nunca he hecho esto de esta forma. Estoy atada. Y el es el que controla todos los movimientos. Yo solo tengo que abrir la boca y apretar mis labios a su alrededor. A cada lento movimiento deslizo mi lengua en círculos y chupo fuertemente. Quisiera poderlo sostener yo con una mano y acariciarlo, pero no me deja. Lo hace él. Dirige la mano libre a mi cabeza. Aun tiene la otra en la base de su miembro. Gimo cuando siento su mano aferrándose más fuerte a mi cabeza. Y entonces coloca su otra mano en mi hombro. Se mueve despacio y con movimientos controlados evitando que todo su miembro entre en mi boca. Está equivocado si cree que me conformaré con menos. Me inclino hacia adelante y lo siento llegar hasta mi garganta.

—¡Ana por Dios! —exclama cuando se hunde del todo en mi boca.

Siento su mano aferrarse fuertemente a mi hombro. Intento relajarme mientras controlo las involuntarias arcadas. Nunca he experimentado una posesión tan cruda. Sus movimientos aumentan de intensidad. Los músculos de mi vientre se tensan deliciosamente mientras lo siento gemir, cada vez más seguido.

—¡No te vengas! —exclama en un rugido de placer.

Aprieto mis labios a su alrededor mientras continúo chupando. Su miembro caliente se torna cada vez más duro en mi boca. Sé que está cerca.

—¡Ana! —grita una vez más. — ¡Te dije que terminaría en tu boca! —me grita mientras continúa embistiendo.

¡Mierda! Esto no me lo esperaba.

Intento separarme de él. Pero sus manos me retienen fuertemente por el hombro y la cabeza. Este hombre quiere acabar conmigo, definitivamente. Nunca me ha gustado el sabor del semen, me dan ganas de vomitar. Pero no puedo moverme, aunque lo intentase con todas mis fuerzas. Su miembro golpea mi garganta cada vez mas intensamente. Y entonces lo siento gemir audiblemente mientras siento el líquido golpear mi garganta.

Chupo y trago rápidamente sin siquiera pensarlo, aprieto mis labios y gimo mientras aprieto también mis muslos. Continúo chupando más intensamente. No me esperaba esta reacción de mi cuerpo. Su sabor dulce y salado me ha gustado y no puedo dejar de saborearlo ni un instante. Su sabor hace que la excitación crezca aún más en mí. Vuelvo a gemir y repentinamente él saca su miembro de mi boca dejándome al borde de un orgasmo una vez más.

Deslizo la lengua por mis labios extrañando su sabor, el calor y la dureza de su miembro en mi boca. Alzo la vista hacia sus ojos que me miran con sorpresa, puedo decir.

Se agacha un poco y me toma por los hombros para ayudarme a ponerme de pie. Tengo las piernas entumecidas. Apenas las siento. Christian me gira y me quita las esposas frotando mis muñecas tras retirarlas. me carga en sus brazos, camina hacia la cama y me acuesta en el centro. Después se sienta a mis pies y comienza a masajear mis piernas adoloridas.

Esto es delicioso.

Sonrío y cierro los ojos de placer.

Estoy agotada física y mentalmente.

Este hombre va acabar conmigo en una semana, lo sé. Lo que acaba de hacerme es solo una muestra de lo que puede hacerle a una mujer. Mientras masajea mi cuerpo comienzo a relajarme deliciosamente. Mis ojos pesan demasiado. Mi respiración comienza a ralentizarse. Mientras estoy casi dormida y el continúa con su masaje, me percato de algo importante. No he tenido ningún orgasmo.

Entreabro los ojos lentamente y me encuentro con su mirada fija en la mía.

—¿Porque no me has dejado venirme? —le pregunto en un susurro somnoliento.

—Porque ese es tu castigo por desobedecerme. —me dice con una sonrisa. —Descansa Ana.

Y como si fuese un encantador. Cierro los ojos obedientemente y caigo en un sueño profundo.