Las primeras margaritas pasan rápidamente. Ya para la tercera estoy más desinhibida y comienzo a sentir calor. Estoy lista para ir a la pista de baile un rato. Y eso es exactamente lo que hago al ritmo de Lonely Together de Rita Ora y Alan Walker.

Comienzo a mover mi cuerpo al delicioso ritmo de la música, dejándome llevar mientras cierro los ojos. Los abro de repente cuando siento unas manos en mi cintura. Al instante sé que no es él y rápidamente me giro apartándome por su atrevimiento.

Me le quedo mirando fijamente. Es alto, de pelo negro y mirada penetrante. Lleva una camisa azul que se ajusta a su cuerpo y resalta el color de sus ojos.

Mientras lo miro fijamente, lo reconozco como el que estaba sentado al final de la barra que me observaba.

—¿Te molesta si bailamos? —me pregunta ahora tendiéndome una mano.

Me le quedo mirando a su mano y después alzo la mirada desde ella hacia sus ojos. Mi cerebro continúa repitiéndome que es una mala idea. Mi cuerpo, a quien desea es a Christian. Pero el no está. Así que mientras mi cerebro se duerme un poco por el alcohol injerido, estiro mi mano hacia la suya mientras escucho los primeros acordes de Eternal Flame de The Bangles. Tomo su mano y me dejo llevar por la nueva canción que comienza a sonar. El coloca su otra mano en mi cintura mientras comenzamos a movernos lentamente por la pista de baile. Alzo la mirada y me pierdo en sus ojos azules y su sonrisa sincera.

—Te he estado observando desde que llegaste al club. —me dice mientras se mueve sensualmente conmigo entre sus brazos.

—¿De veras? —inquiero con curiosidad.

De eso me percate. No me quitaba la vista de encima mientras estaba en el bar.

—Sí. No veía el momento de tenerte así entre mis brazos. ¿Vienes a menudo por aquí?

—No, no mucho.

—Entonces es coincidencia del destino tenerte entre mis brazos, esta es la primera vez que vengo aquí.

—No suelo hacer mucho esto. —le confieso mientras el me hace girar por la pista lentamente.

—¿Bailar? —inquiere alzando una ceja y sonriéndome de medio lado.

Su forma de sonreír, por un breve momento me recuerda a alguien. Pero no sé a quién.

—Con un extraño. Ni siquiera sé tu nombre.

—Yo tampoco conozco el tuyo, pero no me importa saberlo.

—¿Ah no?

—No. Lo único que me interesa es bailar contigo.

—¿Solo eso? —le pregunto atrevidamente.

Creo que las margaritas se me están subiendo y me estoy volviendo atrevida.

—¿Las margaritas se te han subido? —me pregunta sonriéndome.

—Puede ser. —le contesto devolviéndole la sonrisa.

—¿A qué viniste esta noche al club? —me mira mientras baja un poco la mano de mi cintura.

No lo aparto. No sé por qué. Su mirada me tiene cautivada. O quizás es su voz. O la forma de sonreírme. O la forma de sujetarme firmemente contra él que me hace sentir segura. Me siento segura entre sus brazos mientras nos movemos lentamente al ritmo de la canción.

—Vine por un poco de diversión. —le contesto finalmente.

—Yo vine buscando exactamente lo mismo. —me dice sin apartar su mirada mí. —¿Quieres que nos divirtamos juntos?

—Hasta ahora no me he quejado. —le digo mientras él me sonríe aún más.

Sube una mano hacia mi mejilla y aparta un cabello de mi rostro. El contacto de su dedo en mi mejilla hace que todo mi cuerpo reaccione de inmediato. ¿Pensaba que solo podía sentir esto con Christian? Creo que me equivoqué.

—Disculpa el atrevimiento. ¿Puedo besarte? —esto no me lo esperaba.

Es la primera vez que alguien me pide permiso para besarme.

—Pensaba que en algún momento lo harías. —le digo mientras coloco mi mano en su hombro.

Y sin pensarlo más, acerca su boca a la mía. A pesar de su petición de besarme. El beso no es lento, ni sensual. Es un beso ardiente y apasionado. Un beso que refleja lo que desea de mí. Me aferro a su espalda mientras el enreda sus manos en mi cintura sin dejar de besarme ni un instante. Su lengua se enreda con la mía y disfruto del beso mientras me dejo llevar por el ardiente beso.

Sus manos me aferran por la cintura fuertemente mientras me aprieta ahora contra su cuerpo. En cuanto siento su erección, gimo contra sus labios. Y eso solo hace que el se separe levemente de mí. Puedo ver el deseo en su mirada. Me toma por la mano y me aparta de la pista de baile hacia un extremo oscuro del club. Y vuelve a unir sus labios con los míos, ahora de forma feroz. Me acorrala contra la pared mientras presiona su cuerpo contra el mío. Y yo me rindo ante ese beso posesivo. Subo mis manos hacia su cuello y enredo mis manos en su cabello. Deslizo mi lengua dentro de su boca y me deleito con su sabor. Muerdo sus labios ganándome un gemido de su parte.

El baja la mano desde mi cuello y me aprieta un seno por encima del vestido, jadeo, gimo, pero no lo detengo.

—¡Dios! ¡Eres exquisita! —susurra contra mis labios mientras vuelve a devorar mis labios salvajemente.

No sé si estamos dándoles un espectáculo a las demás personas. No me interesa. En lo único que puedo pensar es en este momento. En sus labios posesivos sobre los míos. En su erección presionando contra mi cuerpo.

—¿Quieres que continuemos en otra parte? —me pregunta separando sus labios brevemente de los míos.

No puedo hablar. No me salen las palabras. Estoy excitada y en lo único que puedo pensar es en sentir su cuerpo sobre el mío. Asiento mientras le brindo una sonrisa. Rápidamente me toma de la mano.

—Vamos. —me dice mientras caminamos entre las personas y salimos rápidamente del club.

Afuera el le hace una seña a un taxi que e detiene inmediatamente. Me abre la puerta y me tiende caballerosamente una mano para que yo entre primero y el después. Le indica la dirección al taxista y le pide que se apresura.

Se gira nuevamente hacia mi y me acerca hacia su cuerpo mientras une sus labios con los míos nuevamente. El viaje apenas dura 10 minutos. Diez minutos que pasan deprisa mientras nos tocamos y nos besamos ardientemente en la parte trasera del taxi. Paga el taxi y bajamos tan deprisa que apenas soy consiente cuando nos encontramos dentro del ascensor. Las puertas se cierran y me veo acorralada contra la pared mientras el acaricia mi cuerpo y comienza a besarme el cuello.

—Deliciosa. —me dice mientras aprieta el agarre de sus manos en mis nalgas.

Las puertas del ascensor se abren. El tira de mi mano hacia su apartamento. Busca sus llaves rápidamente y abre la puerta encendiendo la luz. En cuanto la puerta está cerrada, se abalanza sobre mí. Nuestro beso es ardiente, posesivo. Baja sus manos nuevamente por mi cuerpo y entonces comienza a subir mi vestido rápidamente. Y unos segundos después me lo está sacando por encima de la cabeza. Se queda mirándome fijamente.

—Me gusta lo que traes puesto. —me dice admirando el conjunto de encaje negro que llevo.

Lo observo mientras comienza a desabrocharse la camisa y se la quita rápidamente lazándola sobre el sofá. Su cuerpo está perfectamente tonificado. Y mientras deslizo mi mirada por su torso desnudo me fijo en el bulto que se le marca en los pantalones. Me acerco a él, subo mis manos hacia su pecho y las deslizo lentamente hasta llegar al pantalón.

—Aún te sobra ropa. —le digo con voz sensual mientras le desabrocho el pantalón y rozo ligeramente su erección.

Se deshace de sus zapatos y rápidamente se deshace del pantalón también. Ahora estamos ambos en ropa interior. Tira de mi cuerpo contra el suyo y comienza a devorarme una vez más. Me dejo llevar por el deseo mientras el me empuja y caigo sobre el sofá.

—No creo que lleguemos a la cama. —me dice con una sonrisa mientras vuelve a besarme.

Comienza a bajar besando mi cuello y toda mi piel. Sus labios calientes se deslizan lentamente mientras una de sus manos curiosa se cuela dentro de mi ajustador y aprieta uno de mis senos. Se me escapa un gemido de delicioso placer cuando tira del pezón.

—¡Ahhh! —gimo mientras me muerdo el labio inferior.

Enredo mis manos en su pelo mientras el besa ahora mi vientre.

—Me encanta tu olor. ¿Vainilla?

—Coco. —contesto extasiada.

—Pues me encanta el delicioso olor a coco que traes.

Abro los ojos y mis manos se congelan en su pelo. Mi cerebro acaba de despertarse de su entumecimiento. ¿Qué estoy haciendo?

—¡Espera! ¡Detente! —le pido cuando sus labios están llegando a el tanga de encaje.

Deja de besarme.

—¿Sucede algo? ¿Hice algo mal? —me dice separándose un poco de mi para mirarme.

—No, lo siento. No es tu culpa. —le digo mientras lo aparto para sentarme en el sofá cubriendo mi rostro con las manos por un momento.

—¿Fue algo que dije? —me pregunta mientras lo veo buscar sus pantalones y ponérselos rápidamente.

Veo que ha captado la indirecta.

—De verdad lo siento. No debería estar aquí. No sé que me sucedió. —le confieso mientras me levanto y recojo mi vestido arrugado del suelo.

—Yo si lo sé. —me dice mientras se termina de abrochar los pantalones. —Nos atraemos mutuamente.

—De eso no hay duda, pero no debí dejar que esto llegara tan lejos. —le confieso mientras me coloco el vestido rápidamente.

—Hay alguien más.

No es una pregunta. Es una confirmación. Y sé muy dentro de mi que el tiene razón. Pero no puedo explicarle la extraña naturaleza de mi relación con Christian.

—Es algo complicado de explicar.

—Estás enamorada de él. —lo miro sorprendida por lo que me acaba de decir. —No hay nada más potente que el amor para hacer que uno evite cometer una estupidez. —me dice con una sonrisa.

Me arreglo la ropa lo mejor que puedo mientras lo observo ponerse la camisa.

—De verdad lo siento mucho.

—No estábamos destinados después de todo. —lo veo caminar hacia la nevera y regresar con dos cervezas en la mano de las cuales me ofrece una.

—No sé porque lo hice. —le vuelvo a decir mientras me siento en el sofá.

—Porque tu cerebro estaba intentando suplir una necesidad de tu cuerpo. —me dice sentándose en una butaca frente a mí.

—¿Eres psicólogo?

El solo me sonríe.

—Te gustaría hablar del tema.

Intercambiamos números de teléfonos y me despido con la mano del ya no tan extraño del club, mientras vuelvo la vista hacia el frente. Al final nunca me dijo su nombre y yo tampoco le he dicho el mío. A pesar de que hemos hablado durante mucho tiempo. Guardé su número como psicólogo. Me dejo caer contra el respaldo del taxi mientras pienso en lo que me dijo en el apartamento y en nuestra conversación.

"Estás enamorada de él"

No me he dado cuenta hasta que el me lo ha dicho. Nuestra conversación me ha hecho percatarme de la realidad. Una realidad que he intentado ocultar con asaltos planificados de sexo. Algo muy dentro de mí me decía que lo que siento por Christian no es una simple atracción. Que lo que él me hace sentir cuando me toca, cuando me mira, cuando me sonríe, no lo voy a sentir con nadie más. Y solo hoy, cuando he estado a punto de cometer la mayor estupidez de mi vida, me he percatado.

Necesito confesarle lo que siento y terminar este estúpido acuerdo al que he accedido. Ya no quiero conocerme, quiero conocerlo a él. Lo necesito a él.

El viaje en el taxi dura demasiado. La ansiedad me está matando. Lo único que deseo es bajarme de aquí e ir a su encuentro.

Para cuando me bajo frente al edificio son más de las 11:00 pm. No sé si estará aquí. Camino con paso apresurado rumbo al ascensor y presiono desesperadamente el botón, como si de esta forma este fuera a reaccionar más rápido. Tengo la respiración acelerada. Estoy ansiosa.

Cuando abro la puerta del apartamento solo puedo pensar en una cosa. Christian.

—¡Christian! —grito, pero no obtengo respuesta.

Lo busco en mi habitación. Nada. Voy hacia la de él y la abro sin siquiera tocar.

—¡Christian! —grito nuevamente.

No obtengo respuesta y continúo caminando hasta el baño. No hay rastros de él. Salgo nuevamente hacia la sala. Espero un rato, pero al cabo de una hora decido acostarme. No ha llegado aún. Regreso a mi habitación. Lo mejor es si descanso y mañana me enfrento a él con la mente y las ideas claras.

Las sábanas de satén negro han desaparecido de mi habitación, pero no le doy importancia mientras me saco toda la ropa y busco la de dormir. Mientras me cambio de ropa una idea pasa por mi mente.

Estoy lista para dormir, salgo de mi habitación rumbo a la de Christian y me acuesto en ella. Cierro los ojos. La almohada tiene su olor, delicioso e intoxicante. Me abrazo a la almohada mientras me cubro con el edredón.

He dormido mejor que nunca. Nunca había dormido tan plácidamente en mi vida. Me estiro y aprieto más la almohada que aún conserva su olor. Abro los ojos. La cama a mi lado continúa vacía. ¿Christian no vino anoche a dormir? Me levanto de la cama ignorando el ligero dolor de cabeza y salgo en su búsqueda. El apartamento, al igual que la noche anterior, está completamente vacío. Regreso nuevamente hacia la puerta de su habitación.

Entonces algo llama mi atención. Su armario está entreabierto. Camino hacia él rápidamente y lo abro completamente. Retrocedo unos pasos y me dejo caer sentada en la cama.

Está completamente vacío.

Christian se ha marchado.