No entiendo nada de lo que sucede. Es como si todo transcurriese en cámara lenta. Miro estupefacta el armario completamente vacío. No hay ni una sola ropa colgando en él. Me levanto y comienzo a abrir las gavetas. Todas están vacías.
¿Cuándo sucedió todo esto? ¿Se marchó mientras dormía? ¿O lo hizo antes de yo regresar?
Me levanto de su cama y salgo casi corriendo a mi habitación. Busco mi teléfono y marco su número.
"El número que usted llama está fuera de servicio"
Aún sin poderlo creer, vuelvo a marcar su número, una y otra y otra vez. Pero me sale el mismo mensaje. ¿Qué sucedió? ¿Por qué se marchó de repente?
Salgo hacia la cocina a preparar el desayuno. No hay ni rastros de él en la cocina. Extraño sus breves mensajes y que el desayuno estuviese listo. Sin muchas ganas me preparo él desayuno. Y después picoteo lo que he preparado. He perdido el apetito.
Paso el día en el sofá cambiando de un canal a otro, buscando algo que me haga olvidar que Christian se marchó. Tengo al menos la esperanza de verlo en la clase de Kick boxing de esta tarde. Así que pacientemente espero ese momento.
Salgo hacia el gimnasio con tiempo suficiente. No ha llegado nadie. Me siento en un banco mientras espero. La ansiedad me está matando. Cuando mis compañeros comienzan a llegar comienzo a ponerme las vendas. Y entonces el entra. No me mira, pero no puedo apartar mi mirada de él.
Lleva la camiseta negra ajustada y una bolsa colgando del hombro que deja caer al suelo. Saca sus vendas y comienza a alistarse para el entrenamiento. Decido levantarme y enfrentarlo. Camino con paso decidido en su dirección y me detengo de repente cuando veo a una de mis compañeras de clase junto a él.
No escucho lo que le dice, pero el le sonríe y asiente con la cabeza mientras le toca el antebrazo. ¿Qué sucede aquí?
Continúo caminando y me detengo junto a él. Aparta la mirada de mi compañera y me mira fijamente.
—¿Necesitas algo Ana?
—Disculpe profesor, necesito hablar con usted un momento. —le digo mientras miro con mala cara a mi compañera de clase de la cual no recuerdo el nombre Gia, Mia, no sé.
—¿Algún problema para participar en la clase? —me mira fijamente.
—No, es un asunto personal que…
—No me interesan los asuntos personales de mis alumnos, por favor tome sitio para comenzar. —me dice fríamente.
Me he quedado con la boca abierta. No me esperaba esta respuesta. Este no es el Christian que yo conozco. ¿Por qué me está tratando así? ¿Porque esta tan frío y distante conmigo?
—¡Listos para comenzar! —grita mientras todos comienzan a tomar posiciones.
Retrocedo hasta el final de la clase. No creo que pueda estar al frente después de su trato tan frío conmigo. Hago el calentamiento mecánicamente. Mi mente está en otra parte, no estoy prestando atención a nada de lo que hago.
—¡Ana! —siento su voz que me llama.
Miro hacia el frente. El calentamiento ha terminado.
—Coge tus guantes. —me dice mientras lo veo buscando en su bolsa.
Voy por los míos y comienzo a ponérmelos mientras camino en su dirección. Hoy no ha cogido las almohadillas. Me detengo frente a él.
—Como eres la que más tiempo lleva practicando el deporte, vamos a hacer una demostración. —me dice terminando de ponerse los guantes.
—¿Una demostración?
—¿Alguna vez has pelado con alguien? —me pregunta mientras me quedo de piedra.
—No.
—Pues hoy lo harás. Quiero que me demuestres tus conocimientos.
Camina hacia el centro de la clase. Veo como todos hacen un círculo alrededor de nosotros a la espera. Mientras lo observo no dejo de pensar en la noche anterior. Tengo tantas cosas que preguntarle y el no quiere ni hablar conmigo.
¿Qué hice para que me trate así?
Y entonces la realidad me golpea. Se marchó por lo sucedido anoche. Lo que me hace preguntarme. ¿Él me estaba observando?
—¿Lista? —pregunta mientras alzo la guardia.
Asiento con la cabeza. Christian comienza a hacer movimientos y yo hago lo mismo. No bajo la guardia. Estoy a la espera de su ataque. Pero el no lo hace. Está esperando que yo haga el primer movimiento.
Doy un paso al frente y le lanzo el primer golpe el cual esquiva diestramente. Retrocedo y vuelvo a la carga ahora con un doble combo. Ambos golpes terminan en sus antebrazos que cubren su rostro.
—Buena combinación. —me dice bajando los puños.
Tengo que hablar con él de alguna forma. Pero como.
No me pierdo ni un movimiento de los que hace. Observo sus piernas moviéndose, sus brazos, su mirada. y rápidamente me cubro cuando me ataca con un doble golpe.
—Debes mover más tus piernas Ana. —me señala las piernas mientras baja la guardia por un momento.
Decido tratar de tomarlo por sorpresa y le lanzo una serie de golpes seguidos de una patada.
—Muy bien. Hazlo de nuevo. —me pide mientras yo vuelvo a atacarlo.
Esta vez con más fuerza. Estoy enojada con él por haber desaparecido anoche. Por no haberme detenido de cometer una estupidez. Y también estoy enojada con el por haberse marchado sin decirme nada. Ni siquiera sé nuestro extraño acuerdo en que terminó, o si terminó.
Christian me devuelve los golpes a los cuales esquivo o bloqueo evitando que sus golpes lleguen a mi rostro.
—Muy bien, pero necesitas más velocidad con esos reflejos.
—¿Ya terminó con las lecciones profesor? —le pregunto después de otra serie de golpes que me dejan respirando agitadamente.
Christian me mira fijamente. Sabe exactamente a que lecciones me refiero. Y no son precisamente a las de Kick Boxing.
—No creo que necesites muchas lecciones más Ana, solo practicar lo aprendido hasta el momento. —me dice mientras viene en mi dirección lanzando combinaciones.
—No me gusta practicar con muchas personas. —le contesto devolviéndole los golpes fuertemente y casi lo golpeo en el rostro.
—Pues veo que lo haces muy bien para ser la primera vez.
Viene nuevamente al ataque. Esquivo sus golpes y le devuelvo otros mientras danzamos por todo el salón. No le presto atención a nada que no sean su golpes o patadas.
—Si no hubieses insistido en esa lección en particular, no estaríamos en esta situación. —le digo furiosa.
Ni siquiera soy consciente si mis compañeros están pendientes de nuestra conversación. O si entienden de que estamos hablando.
—Si no hubieses querido tomar lecciones, nada de esto hubiese sucedido. —me responde furioso mientras viene nuevamente al ataque.
—No puedo estar indefensa toda mi vida. —le contesto cubriendo sus golpes.
—Había otras formas de aprender a defenderte. —se me queda mirando.
—Dame otra oportunidad. —le pido jadeante.
—No repito las lecciones que doy. —me le quedo mirando estupefacta y enfadada.
—Pensé que eras diferente, pero al final eres igual que el resto. ¡Eres un imbécil también! —le grito mientras lo ataco con verdadera furia. Le lanzo combinaciones y una patada a su pierna derecha que hace que se queje por un momento y sin siquiera intentarlo o percatarme le doy un gancho en el mentón que hace que se tambalee hacia atrás varios pasos cojeando.
¡Mierda! ¿Qué acabo de hacer?
Acabo de darle un puñetazo en la cara frente a toda la clase. Christian me mira furioso. Y yo lo estoy aún más que él. Cuando pensé que había encontrado a alguien perfecto, resulta que me he vuelto a equivocar. Doy varios pasos hacia atrás y decido que es suficiente de Kick boxing por una temporada. Doy media vuelta, me quito los guantes y los echo en mi bolsa mientras sin mirar atrás me marcho de allí.
Las lágrimas comienzan a caer de mis ojos mientras salgo del gimnasio. No sé que esperaba que sucediese. Su reacción y trato frío hacia mí, me lo confirmaba. El me había visto anoche mientras me besaba con el extraño. Y seguro que vio cuando me marché con él y se está imaginando en que terminó la noche. Pero el no sabe que no sucedió nada más porque yo no podía dejar de pensar en él. Sí, lo besé. Puede que el alcohol haya nublado algo mis sentidos, pero entré en razón en el momento justo antes de cometer la mayor idiotez de mi vida.
Entro al apartamento y me dejo caer en la cama mientras lanzo la bolsa furiosa a un lado de la habitación.
Idiota. Idiota. Idiota.
Porque pensé que esto podía salir bien. Porque se me ocurrió pensar que nuestro extraño acuerdo iba a terminar bien. Que esta ultima lección iba a salir bien. Pero me equivoqué. Debí haberme rehusado. No debí ir al club anoche. Debí terminar el estúpido acuerdo y confesarle lo que me hacía sentir.
Mi teléfono comienza a sonar. Es un número desconocido. Me limpio las lágrimas de los ojos con la esperanza que sea él quien llama.
—Si.
—Señorita Adams, la llamamos para informarle que ya puede regresar a su apartamento. Hemos terminado con la investigación
—¿Ya atraparon a Leyla?
—Aún no.
—¿Y si regresa al apartamento?
—Hemos cambiado la cerradura. Puede pasar por la estación a recoger las llaves.
—Gracias. —le digo mientras cuelgo.
Eso me recuerda que debo recoger mi auto en el club. Mientras me siento en la cama las escenas de nuestros encuentros vienen a mi mente. Creo que debo marcharme. Si quiero olvidarme de él, necesito estar en un sitio donde no tenga recuerdos suyos. Marco el número de Kate. Pero ella no me responde así que le dejo un mensaje.
Cojo una bolsa y echo las cosas que compré y las que recuperé de mi apartamento. Las pongo sobre la cama y me marcho del apartamento con una idea fija en mi mente.
Son las 9:30 pm. No he tardado tanto después de todo. Entro al apartamento y paso por la habitación de mi antigua compañera. Está completamente vacía, no hay absolutamente nada ahí. Es como si ella nunca hubiese existido.
Dejé las llaves de su apartamento en la recepción junto a un mensaje para Kate. Por si desea recuperar sus antiguas cosas. Sé que ella me las regaló, pero no creo que las necesite más.
Me dirijo a mi habitación y abro el armario. Toda mi ropa está ahí. Perfectamente acomodada. Miro el pequeño cuarto. Al menos aquí los recuerdos no me atormentarán. Me dejo caer en la cama y me abrazo a la almohada cuando alguien toca a la puerta. No tengo idea de quien es. Y por un momento tengo miedo de que sea Leyla. Camino temerosa hacia la puerta y miro quien es.
Es Kate.
Abro rápidamente la puerta y me encuentro con su cara surcada por lágrimas. A sus pies varias maletas.
—¿Qué haces aquí a esta hora? ¿Qué sucedió? —le pregunto preocupada.
—Necesito donde quedarme. —me dice entre lágrimas mientras yo le abro la puerta rápidamente.
Kate pasa y la ayudo con sus maletas cerrando la puerta detrás de nosotras. Se deja caer en el sofá y yo me siento a su lado.
—¿Qué sucedió?
—Elliot y yo nos hemos peleado. —me dice entre sollozos.
—No es la primera vez que se pelan Kate, y siempre regresan.
—Esta vez no.
—¿Porque se pelearon?
—Porque Elliot es incapaz de comprometerse. —me dice mientras se recuesta en mi hombro y comienza a sollozar nuevamente. —Y lo peor de todo es que no dejo de pensar en él.
—Todo se va a resolver Kate, ya lo verás.
—No quiero saber nada de hombre durante un buen tiempo. —me dice mientras yo no puedo evitar reír.
—Te entiendo. —le contesto mientras ella alza la cabeza limpiándose las lágrimas.
—¿Qué sucedió con Christian? —me pregunta entre hipidos.
—Que cometí un pequeño error y el resultó ser un imbécil igual que el resto. —es lo único que le respondo.
—Al menos nos tenemos las una a la otra para consolarnos. —me dice abrazándome fuertemente.
—Después de tanto tiempo, por fin viviremos juntas. —le digo con una sonrisa.
Y esto es justo lo que necesito en este momento. Nada más.
