Los días comienzan a pasar lentamente. Uno tras otro. Me concentro en el trabajo y me olvido de todo. Elena está nuevamente de mal humor. Ha recuperado a su antiguo chofer. No hay rastros de Christian por ninguna parte.
Cuando llega el viernes los de Man Fitness se ponen en contacto conmigo. Realizaran la entrevista y la sesión de fotos la próxima semana. El miércoles, para ser mas exactos. Tomo nota con la hora y el lugar donde será la entrevista y les digo con una sonrisa que estaremos puntualmente ahí.
Estoy en un gran problema.
¿Cómo localizo a Christian antes de la sesión de fotos y la entrevista?
No le cuento nada a Elena. Solo espero poder solucionarlo el fin de semana. Si tengo que ir al club y localizarlo, pues es exactamente lo que haré.
Estoy exhausta. Ha sido una semana agotadora. La cena de hoy, comida china. No hemos cocinado en toda la semana. A ninguna de las dos nos apetecía meternos a la cocina.
—Necesitamos emborracharnos hasta perder el conocimiento. —la miro enarcando una ceja.
—No creo que eso sea exactamente lo que necesitamos. —le contesto mientras dejo a un lado los restos de mi comida.
—¿Acaso no quieres olvidar la semana de mierda que hemos pasado?
Ella tiene razón.
Levamos una semana miserable. Ella ha sufrido la ausencia de Elliot a su forma y yo a la mía. Pero a las dos nos ha afectado. Dejé de ir a las clases de Kick boxing. Me levantaba bien temprano y salía a correr con la esperanza de que al final del día estuviese tan exhausta que no pudiese pensar en nada más que descansar. Y los primeros días surtió efecto.
Llevo dos días sin poder dormir.
Cada vez que cierro los ojos, lo veo a él mirándome fijamente. Y cada vez que esto sucede comienzo a excitarme sin poderlo evitar.
Ya no sé que hacer para no pensar en él, en sus caricias, en su mirada. sin siquiera intentarlo su imagen viene a mi mente. Y lo único que consigo es terminar atormentada y excitada. Debo sacarlo de mi sistema rápidamente.
Miro fijamente a Beth apartando los recuerdos de la semana que acaba de terminar.
—Tienes razón.
—¿La tengo? —me dice incorporándose de repente en el sofá.
—Sí, necesitamos olvidarnos de todo lo que ha sucedido. —le digo mientras me levanto del sofá. —Comencemos a alistarnos, esta noche nos olvidaremos de todos nuestros problemas.
Dos horas más tarde, estamos entrando en un club nocturno y nos dirigimos directo a la barra.
—Empezaremos con Tequila, no deje que se vacíen los vasos. —le dice al bartender mientras le tiende un billete.
El coge el billete y pone los tragos frente a nosotras. Cojo el mío y lo alzo mientras miro a Beth.
—Por una noche inolvidable. —le grito por encima de la música.
—Por olvidar. —me grita mientras chocamos los tragos y los bebemos de un golpe
El líquido baja quemando por mi garganta. En cuanto apoyo el vaso en la barra ya el camarero lo está rellenando. Y así continúa haciéndolo. Uno tras otro los tragos desaparecen. Ya no siento la quemazón bajar por mi garganta y he olvidado el motivo por el cual fuimos al club.
—¡Vamos bailar! —me grita Beth por encima de la música.
Termino el chupito que tengo en la mano y me dirijo hacia la pista tras ella. Estoy más allá de desinhibida. Y siento una euforia creciente. Comenzamos a bailar al ritmo intoxicante y movedizo de una canción cuyo nombre no puedo recordar en este instante. Mi mente está envuelta en una completa nebulosa. Ya no recuerdo porque estaba tomando en primer lugar. Me divierto como nunca antes lo he hecho y muevo mi cuerpo mientras las canciones cambian una tras otra.
Y los tragos continúan viniendo mientras disfrutamos la noche como nunca.
Necesito coger aire. Salgo hacia afuera del club. El aire frío de la noche golpea mi rostro. Y creo que es justo lo que necesito. Hace mucho tiempo que no me emborrachaba. Mañana mi cabeza se lo va a sentir y mi estómago también.
Comienzo a sentirme realmente mareada. No debí ligar los chupitos con la cerveza. Llevo la mano hacia mi boca conteniendo las ganas de vomitar. Pero es imposible. Termino inclinándome hacia adelante y vaciando todo el contenido de mi estómago.
Cuando me incorporo me siento algo mareada. Mi visión está borrosa y tengo una seria falta de coordinación de movimientos. Intento concentrarme en regresar dentro del club, pero vuelvo a marearme y caigo al suelo. Me río a carcajadas mientras intento levantarme, pero no puedo. Vuelvo a marearme y esta vez no puedo ni hacer el intento por levantarme. Debo lucir patética.
Veo unos zapatos que se detienen frente a mí. Alzo la vista, pero veo borroso.
—¿Necesitas ayuda preciosa? —no reconozco la voz que me habla.
Veo que me tiende una mano y la tomo. Me pone en pie y entonces siento como lentamente todo mi mundo comienza a desvanecerse quedándose completamente en negro.
Intento abrir los ojos. El dolor de cabeza es insoportable. Llevo las manos a mi frente, pero duele demasiado. Me incorporo en la cama mientras intento abrir los ojos nuevamente. No recuerdo como llegué al apartamento, mucho menos a mi cama.
Necesito un remedio para esta resaca. Necesito llegar a la cocina y prepararme algo para este dolor de cabeza.
Intento abrir los ojos una vez más. Y solo entonces me percato que estoy desnuda, sentada en medio de una cama grande, en una habitación demasiado ampAna, lujosa y extraña para mi.
Definitivamente no estoy en mi apartamento. Me levanto de la cama y examino la habitación. Veo mi ropa doblada perfectamente sobre una butaca y también mi ropa interior. Me acerco hacia la ropa, huele a limpia. Me la pongo rápidamente. La pared del frente de la cama tiene enormes cortinas hasta el suelo que imagino cubren los ventanales. Salgo de la habitación aun sin zapatos. Afuera, me encuentro en medio de un corredor. Miro hacia ambos lados y decido ir hacia la izquierda atraída por la claridad.
Llego a un enorme salón de colores pálidos y enormes ventanales del techo al suelo, los cuales tienen descorridas las cortinas. A mi izquierda hay una enorme barra y detrás de ella una enorme mesa para 12 personas. Hacia la derecha, la enorme sala de estar. Con una enorme alfombra sobre la que descansa un sofá de cuatro plazas, varias butacas y una mesita en el centro. Me acerco hasta los ventanales atraída por la impresionante vista. Y me quedo impactada con la hermosa vista de Central Park en toda su extensión. Solo hay un edificio en Midtown con estas impresionantes vistas. El One57.
Pero ahora tengo un misterio mayor que solucionar.
Como llegué aquí y a quien pertenece este apartamento.
El apartamento destila lujo por todas partes. Pero a pesar de eso, no veo ninguna fotografía familiar en ningún sitio. Algún indicio que me diga quien vive aquí. Decido recorrer el apartamento a ver si logro descifrar el misterio. Le doy la vuelta a la barra y entro en el comedor. Lo primero que veo es una mesa redonda con cuatro sillas. Junto a ella, a la izquierda un sofá de color blanco con dos cojines de color burdeos. Más allá, está la enorme encimera de mármol negro. Me acerco lentamente y deslizo la mano por la superficie pulida de la encimera.
Sobre la encimera, hay una bandeja con algo cubierto. Destapo la bandeja y me sorprendo al ver un sofisticado desayuno preparado. También hay un vaso con algo dentro que huele horrible. Hago una mueca de asco mientras observo la nota que hay junto este.
Te ayudará con la resaca.
No reconozco la letra, pero decido tomármelo. Sabe peor de lo que huele. Cojo una tostada y la meto en mi boca mientras continúo con mi exploración. Detrás de mi está la sofisticada cocina. Abro la nevera y la vuelvo a cerrar. No hay nada que me indique a quien pertenece este lujoso apartamento.
Regreso nuevamente hacia el salón y me dirijo de nuevo por todo el pasillo mientras me termino la tostada. La habitación de la que salí está al final. Pero veo una puerta justo en el centro del pasillo. Intento abrirla y la puerta cede. Abro y entro en el interior. Me quedo impresionada con lo que me encuentro.
Hay un gimnasio equipado con todo desde cintas de correr, equipos de pesas de todo tipo incluso hay sacos de boxeo de diferentes tipos. Me acerco a uno de los sacos. Extraño golpear algo. Le doy varios golpes al saco y sonrío. Salgo del lujoso gimnasio y decido continuar con mi recorrido. Justo al final, a la derecha de la habitación donde estaba durmiendo yo hay una sala de estar. Me dispongo a sentarme allí cuando siento mi teléfono sonando. Corro hacia la habitación y lo localizo sobre una mesita. Lo cojo rápidamente, es Beth.
—¡Ana! ¿Dónde mierda estás? —siento su voz desesperada del otro lado de la línea.
—Beth, cálmate, estoy bien. —le digo sentándome en la cama.
—¿Dónde estás? —me vuelve a repetir.
—No lo sé.
—¡Como que no lo sabes!
—Bueno, si lo sé, pero aún estoy tratando de averiguar quién es el dueño.
—Ana. ¿Qué sucedió anoche?
—Recuerdo salir a coger aire afuera, vomitar la vida y creo que perdí el conocimiento. No recuerdo nada más.
—Te estuvimos buscando, pero al no encontrarte nos fuimos, supuse que te habías marchado con alguien. —supuso bien, lo que no tengo idea de quién es ese alguien.
—¿Estuvimos?
—Me encontré a Elliot en el club.
—Ah, y te marchaste con él.
—En el estado en que estaba, me alegro de haberme encontrado con el y no con otra persona.
—¿Y qué sucedió?
—Hemos estado hablando toda la mañana después que nos levantamos.
—Aja. Y que hicieron toda la noche.
—No cambies el tema Ana. —me dice con una sonrisa. —¿Dime dónde estás?
—Si te lo digo no lo vas creer.
—Pues dímelo.
—Espera un momento.
Me levanto de la cama y salgo nuevamente hacia el gran salón. Me detengo junto a los enormes ventanales, hago una foto de la espléndida vista de Central Park y se la envío.
—Te he enviado una foto de donde estoy. —le digo mientras camino hacia la cocina para terminar el desayuno que me han dejado preparado.
—¿Estás en un piso del One57?
—No solo un piso, uno de los superiores. No tienes ni idea del lujo que hay aquí Beth. —cojo la bandeja y la llevo hacia la mesa.
—¿Pero de quien es el piso?
—No lo sé, desperté desnuda en una habitación y…
—¡Espera, espera! ¿Cómo que despertaste desnuda?
—Si, no tengo idea de que sucedió anoche, todo está aún confuso en mi mente, aún me duele la cabeza, pero no creo que haya sucedido nada.
—¿No crees que haya sucedido nada? Ana, me estás preocupando.
—Te contaré cuando sepa más. Por ahora estoy bien Beth. Quien sea que me rescató anoche, debo agradecerle lo que hizo por mí. Sería una descortesía marcharme sin saber quién es mi salvador. —le digo mientras me bebo un sorbo del jugo.
—Ana, ten cuidado.
—Lo tendré, en cuanto sepa quien es mi salvador regreso al apartamento. Nos vemos más tarde. —y le cuelgo.
Me quedo mirando la pantalla del teléfono. Beth a estado preocupada por mí. Tengo montones de llamadas perdidas suyas de anoche y de hoy. No las escuché. Continúo con el delicioso desayuno a pesar de que es más de medio día. Pero entonces siento unos pasos.
Dejo de desayunar.
Los pasos resuenan en el piso de madera pulida del apartamento. Me quedo congelada en mi sitio a la espera que aparezca en cualquier momento el dueño del apartamento. Siento como se acercan y vuelven a alejarse, imagino que por el corredor rumbo a la habitación donde me dejó la noche anterior.
No creo que pueda continuar desayunando más. No cuando la ansiedad por conocer al dueño del piso me está matando. Me levanto con la bandeja en la mano y la llevo hacia la encimera. No sé qué hacer. Me quedo aquí o salgo en su búsqueda. Imagino que en algún momento me debe encontrar. Decido salir en su búsqueda. Le doy la vuelta a la encimera y vuelvo a sentir los pasos, esta vez se acercan hacia donde estoy. Me detengo frente a la encimera y me quedo con la mirada fija en la única entrada hacia el comedor.
