No aparto mi mirada de la entrada.

Lo primero que veo son los zapatos negros, impecablemente limpios. Después el pantalón negro de vestir que se ajusta perfectamente a sus piernas. Continúo subiendo la vista por la camisa blanca que trae por dentro de los pantalones y se ajusta a su cuerpo. Tiene los botones superiores desabrochados. Termino de admirar al hombre que se ha detenido a unos metros de donde me encuentro parada.

No encuentro una palabra exacta para describir como luce. Es muy atractivo. Tiene el pelo negro corto en la base y largo en la parte superior. Aunque lo lleva perfectamente acomodado en ese momento. No tiene ni un cabello fuera de lugar. El corte de pelo que lleva lo hace lucir extremadamente apuesto. Su rostro, de mandíbula fuerte y labios carnosos, luce una barba demasiado densa para mi gusto, pero que lo hace lucir sexy y arrebatador.

Continúa caminando en mi dirección, pero no puedo moverme de mi lugar mientras mi respiración comienza a verse afectada por su presencia. Me he quedado impactada. Nunca pensé que el dueño del apartamento fuese así de atractivo.

—¿Te encuentras bien? —me pregunta con voz grave mientras continúa avanzando hacia mí.

No puedo contestarle. Me he quedado literalmente muda. Se detiene a unos metros de mí.

—¿Te duele la cabeza?

Ya no me duele tanto. Pero no puedo responderle mientras me pierdo en su intensa y peligrosa, muy peligrosa mirada. Porque eso es lo único que destila su mirada y su pose. Peligro por todas partes.

Él es un hombre peligroso.

—¿Piensas responder alguna de mis preguntas?

—Ya no me duele tanto.—le contesto encontrando mi voz.

—¿Te tomaste el remedio que te preparé?

—Sí, gracias.

Comienza a zafar las mangas de la camisa y doblarlas por sus antebrazos dejando al descubierto sus músculos. No aparta su mirada de la mía mientras lo hace. Siento como mi cuerpo comienza a reaccionar ante su presencia.

No entiendo que me está haciendo. No me ha tocado, no se ha acercado a mí. Solo me mira fijamente. Da varios pasos en mi dirección y se detiene frente a mí. Su cuerpo no toca el mío, pero puedo sentir la potente energía que desprende. Ahora lo siento como si fuese un depredador.

—¿Te altera mi presencia? —me pregunta en voz ronca.

—Mucho. —le contesto honestamente.

Su presencia me inquieta y acelera mi respiración. Me hace sentir nerviosa. Da otro paso en mi dirección y yo inconscientemente retrocedo hasta chocar contra la encimera de la cocina. Me tiene acorralada.

—¿Me tienes miedo?

—Tengo miedo de lo que puedas hacerme.

—¿De lo que pueda hacerte?

Da otro paso en mi dirección se detiene frente a mi nuevamente. Se inclina hacia adelante y apoya una mano a cada lado de mi cuerpo acorralándome.

—¿Y exactamente qué es lo que puedo hacerte?

Se me ocurren cientos de respuestas a su pregunta. Perder el sentido. Excitarme. Volverme loca. Y todas las respuestas, son correctas.

—Devorarme. —le contesto en un susurro apenas audible.

—Eso suena muy tentador. —me dice mientras acerca su rostro a mi cuello.

Siento su aliento caliente mientras me da un ligero beso que hace que mi cuerpo comience a temblar de anticipación. Alzo las manos y me sostengo de sus antebrazos pues siento que mis piernas me van a fallar de un momento a otro. Baja sus labios hasta mi hombro y deposita otro beso mientras desliza levemente su lengua.

Se me escapa un gemido ante el contacto de su lengua caliente en mi piel y cierro los ojos. He extrañado esto. Nunca pensé que lo diría. Llevo una semana sin sexo y sin desquitarme con un saco de boxeo. Así que el más ligero roce en mi piel, hace que me excite.

—¿Cuándo tuviste sexo por última vez? —me pregunta de repente.

—El viernes pasado. —le contesto en un jadeo mientras siento que separa sus labios de mi piel.

Abro los ojos y me encuentro con su mirada penetrante y el ceño fruncido.

—¿Desde el viernes?

—Desde el viernes. —le confirmo sin apartar mi mirada de la suya.

Quiero que vea la sinceridad en mis palabras. No tengo porque mentirle.

—¿Estás tomando anticonceptivos? —me pregunta mientras yo lo miro enarcando una ceja.

Es una pregunta muy inapropiada en este momento. Pero decido contestarle sin saber por qué.

—Sí.

Puedo ver cómo cambia el gesto de su cara. Ya no frunce el ceño. Ahora me está sonriendo.

—¿Alguna vez te han follado salvajemente? —me pregunta mientras yo abro los ojos ante la crudeza de sus palabras.

Trago el nudo que se acaba de formar en mi garganta.

—Y bien.

—No. —es la verdad.

—¿Y lo deseas? —me pregunta mientras acerca sus labios peligrosamente a los míos.

No entiendo porque no me he movido de aquí. Porque he dejado que me haga lo que le da la gana. No soy una chica fácil.

—Estoy esperando una respuesta.

—Si, lo deseo.

Es lo único que le puedo contestar antes de que tome mis labios posesivamente. Nunca antes me han besado con esta ferocidad. Su boca devora la mía con ardiente posesión, como si fuese a escaparme al menor intento. Le devuelvo el beso mientras me aferro más fuertemente a sus brazos y gimo contra sus labios cuando su lengua se une a la mía. Siento como sus manos se pegan a mi cuerpo y me aferran fuertemente por la cintura. Y unos segundos después estoy sentada sobre la encimera sin el dejar de besarme.

Siento que se mueve y gira mi cuerpo junto al suyo para sentarme en el borde de la encimera. Me suelto de sus antebrazos y me apoyo en la encimera mientras sus labios se separan de los míos y bajan besando desesperadamente mi piel. Apoya sus manos en mis muslos y los abre casi violentamente para pararse entre mis piernas. Y entonces sube mi vestido por los muslos, sin dejar de tocar mi piel. Me apoyo en las manos y me levanto para ayudarlo. Separa sus labios de los míos solo cuando sube todo mi vestido y lo saca por la cabeza. Veo que lo lanza a un lado antes de volver a tomar con fiereza mis labios. Siento sus manos deslizarse por mis muslos una vez. Sus manos aprietan mis muslos como si quisiera marcarme. Cuando llegan a mis bragas, no sé cómo lo hace, pero las rompe. Solo siento el sonido de la tela rasgarse.

Después de eso dejo de sentir sus manos en mi cuerpo, pero las siento entre mis piernas. Siento el sonido de la hebilla de su cinto chocar contra la encimera. Siento que algo diminuto, golpea mi cuerpo, pero no le prestó atención.Tira de mis piernas hacia él. Solo entonces separa sus labios de los míos. Tiene la camisa desabrochada y se ha deshecho de los pantalones y los bóxers. Me mira fijamente mientras me sostiene la cara con una mano y se introduce en mí de una sola vez.

Lanzo un grito de delicioso y doloroso placer cuando lo siento invadiéndome completamente. Me sonríe mientras empuja mi cuerpo hasta hacerme quedar acostada en la encimera. Desliza la mano desde mi cuello por todo mi cuerpo hasta aferrarse a uno de mis senos y tirar del pezón.

Vuelvo a gemir.

Se aferra fuertemente a mi seno mientras comienza a moverse en mi interior desesperadamente. Puedo sentir cada embestida en lo más profundo de mi ser. Duras, violentas, crudas. No se está conteniendo en lo absoluto. Está haciendo lo que dijo que haría. Me está follando salvajemente. Cada embestida me acerca más al orgasmo. Un orgasmo que sé que arrasará con todos mis sentidos. Llevo una semana sin sexo. Y que me estén poseyendo salvajemente sobre la encimera de mármol de un apartamento que cuesta más de lo que puedo imaginar hace que mi excitación aumente aún más.

—¿Te gusta así? —me pregunta entre embestidas mientras se inclina sobre mi y desliza la lengua caliente y húmeda por el otro pezón.

—¡Ahhhh! —no puedo hablar.

—O quieres algo más brusco. —me dice mientras baja sus manos ahora hacia mis muslos.

¿Acaso puede ser más rudo que esto?

Toma mis dos piernas y las sube ahora sobre uno de sus hombros.

—Estás por sentirme completamente en tu interior nena. —me dice con una sonrisa.

Y mientras me sostiene por las piernas comienza a moverse en mi interior. Si antes pensaba que estaba siendo violento. Me equivoqué. Ahora puedo sentir mucho mejor su desesperación. Puedo ver como aprieta las mandíbulas. Puedo ver el sudor comenzar a perlar su frente mientras se mueve una y otra y otra vez en mi interior con una rudeza que nunca antes he visto en nadie. Y se siente delicioso. Nunca pensé que llegaría a experimentar esta clase de posesión.

Es lo que más he deseado. Que alguien me tome salvajemente en la primera superficie que se encontrase. Sin planearlo, sin pensar mucho, sin muchos preámbulos. Espontaneidad, eso es exactamente lo que necesitaba. Puedo sentir sus miembro caliente y palpitante en mi interior endurecerse a cada instante más mientras mis paredes lo aprietan.

A este ritmo no creo que pueda resistir mucho más. por primera vez en mi vida no necesito mucho. Rápidamente los gemidos comienzan a escapar de mis labios, imposibles de contener. Intento morderme los labios para evitar gritar con la misma intensidad de sus embestidas.

—Puedes gritar todo lo que desees…—me dice entre embestidas. —…las paredes están insonorizadas, solo yo te voy a escuchar.

Dejo de contener los gemidos. Sus manos se aferran ahora más fuerte a mis piernas. Mis paredes lo presionan más fuerte. No puedo contenerlo más. me aferro al borde de la encimera, una mano a cada lado mientras gimo audiblemente y me dejo ir en el mejor orgasmo de mi vida. No cierro los ojos, no cuando veo su rostro descomponerse de placer y lo siento llenándome completamente. Pero no deja de moverse, continúa hasta que mi cuerpo ha extraído todo lo que puede del suyo, hasta que no queda más nada en su interior. Solo entonces detiene sus embestidas y se deja caer sobre mi cuerpo.

Mientras nuestras respiraciones de acompasan besa mi vientre y mis senos muy dulcemente. Y no puedo evitar reír por lo que acaba de suceder.

—Nunca había tenido sexo de este tipo. —le digo mientras enredo mis manos en su pelo ahora desordenado.

—¿Sexo salvaje? —pregunta contra mi piel.

—Exactamente. Y me ha gustado.

—Lo tendré en cuenta. —me dice mientras separa sus labios de mi piel y me mira a los ojos.

Me pierdo en su mirada mientras deslizo una mano por su rostro.

—Creo que tenemos una conversación pendiente. —me dice mientras se incorpora y sale de mi interior.

Al instante extraño tenerlo en mi interior piel con piel. Pero sé que el tiene razón. Tenemos mucho de lo que hablar. Tenemos que hablar de lo que acaba de suceder, de lo que me sucedió anoche, que no recuerdo mucho. Y lo más importante, de lo que significa todo esto.

Me siento en la encimera y lo observo deshacerse ahora de la camisa y botarla a la basura. No creo que le sirva de mucho después de haberle arrancado los botones y rasgarla. Con una sonrisa en mi rostro lo observo recoger los bóxers del suelo y ponérselos ocultando su aún prominente erección dentro. Me le quedo mirando al bulto que se marca dentro de ellos sin poderlo evitar.

—¿No necesitas ayuda con eso? —le pregunto mientras señalo el bulto que el intenta acomodar en los bóxers.

—Desde luego, pero primero necesitamos hablar.

—Pues hablemos. —le digo mientras subo mis piernas y me siento con ellas cruzadas sobre la encimera.

Estiro mi mano hacia un cuenco de fresas que hay allí, cojo una y la llevo a mis labios. Está deliciosa. Y sin poderlo evitar cierro los ojos y gimo audiblemente. Entonces siento sus manos aferrándose fuertemente a mis muñecas. Abro los ojos asustada.

—Detente por favor. —me dice con voz ronca mientras suelta mis manos.

—No he hecho nada. —le digo inocentemente.

—Estás haciendo demasiado sin siquiera intentarlo.

—¿Esto te excita? —le pregunto mientras vuelvo a morder la fresa.

—Si vuelves a morder esa maldita fresa, te juro que no respondo de lo que soy capaz de hacer.

Eso es algo que quisiera ver. ¿Qué es capaz de hacer? Por un momento nos retamos con la mirada. acerco nuevamente la fresa a mis labios y justo antes de morderla esta desaparece de mis dedos.

—Suficiente.

Sus manos rápidamente vienen sobre mi cuerpo y me carga sobre su hombro. Comienza a caminar conmigo fuera de la cocina. No puedo evitar reírme ante la situación.

—Espero que te cause mucha gracia todo esto. —me dice mientras veo que camina por todo el pasillo.

Antes de llegar al final gira a la izquierda. Abre una puerta al final a la derecha y termina de recorrer el otro pasillo. Y entonces me lanza sobre la cama. Vuelvo a reír cuando aterrizo boca abajo sobre las sábanas de satén negro. Pero no me río por mucho tiempo más. Siento sus manos en mis muslos alzando mis nalgas. Después un dedo deslizarse por mi sexo haciéndome jadear de placer, y después lo vuelvo a sentir en mi interior sin previo aviso.

Con sus manos recoge mi cabello hacia mi espalda y tira de él hacia atrás. Apoya una mano en mi hombro y una vez más me posee de forma salvaje, posesiva. Ahora lo entiendo mucho mejor mientras grito extasiada de placer. Me está marcando como su propiedad. Si lo que tiene en mente es agotarme de sexo salvaje, no me voy a quejar.

Al menos no hoy.