—Vamos a hablar de nuestros sentimientos, ¿a esta hora?

Esta será una conversación muy interesante. Se cuales son mis sentimientos por él. Pero quisiera saber en qué nivel de compromiso estamos.

¿Qué tan comprometido está él en esta relación?

¿Que está dispuesto a hacer para que funcione?

Bueno, sé que algo de compromiso si tiene, y que va a hacer que funcione. De otra forma no hubiese aceptado la cita de esta tarde con el psicólogo.

Pero sería mejor que dejáramos claro entre nosotros en que punto se encuentra nuestra relación. Y si hay posibilidades de futuro.

—Creo que es un buen momento para dejar claro todo entre nosotros, ¿no crees?

—Me parece bien. —le digo y sin poderlo evitar, me pongo nerviosa.

No tengo idea de que es lo que me dirá, sus próximas palabras bien pueden hacerme la mujer más feliz del mundo, o la más miserable.

—No tienes por qué sentir celos Ana.

—Es la primera vez que me sucede. —le confieso.

—No, no lo es. Ya he visto esta reacción tuya en otras ocasiones. —me dice con una sonrisa.

—Me refiero, a que es la primera relación en la que me siento así.

—Los celos son un reflejo de nuestras inseguridades. No tienes por qué sentirte insegura conmigo, no después de todo lo que hemos compartido.

—Ese es el punto Christian. Hasta hace apenas dos semanas yo no era así. —y eso me asusta.

Me asusta como la mierda. Yo era muy segura de todo, pero Christian y sus conocimientos y enseñanzas del sexo me han convertido en una persona completamente diferente. Una que apenas reconozco en el espejo.

—No sé que pudo haber cambiado, pero sí, recuerdo que eras muy atrevida cuando comencé a adiestrarte en el arte de conocerte a ti misma.

—Y ahora estoy llena de dudas, celos, miedos, inquietudes e inseguridades.

—No es para que te sientas mejor, pero yo de cierta forma, me siento igual.

—¿De veras? —esto es nuevo

—Desde luego. Ambos nos parecemos más de lo que crees Ana. Llevamos tiempo sin estar en una relación y llegamos a desarrollar esa confianza en nosotros mismos. Y ahora comenzar a salir con alguien, hace que las preguntas e inquietudes inunden tu mente.

—No sabía que eras psicólogo.

—Fui a bastante terapia. —contesta sonriente. —El punto es, que no debemos apresurar las cosas entre nosotros. Lo que le dije a la periodista es cierto, Quiero tomarme las cosas con calma. Un día a la vez.

—Sin embargo, eso aún no me da las respuestas que estoy buscando. —digo muy bajito.

—¿Qué quieres saber Ana? —alzo la vista hacia sus ojos.

Quiero saber muchas cosas. Pero hay algo que me urge conocer en estos momentos. Algo mucho mas importante que conocer de su pasado.

—Tus sentimientos por mí. —contesto en un susurro.

—Pensé que sabías lo que sentía por ti.

—Nunca me lo has confesado.

—Ah, es eso entonces. Quieres que te lo exprese.

No puedo contestarle. Solo asentir con la cabeza. Christian toma mi rostro entre sus manos y pega su frente a la mía.

—No hago esto hace mucho tiempo, puede que no me exprese como es debido. O que diga algo que no debo decir.

—Solo inténtalo. —quiero que lo intente, aunque no sepa expresarse.

—En realidad, aún no he llegado a comprender la profundidad de mis sentimientos por ti. Pero espero con el tiempo ir descubriéndolos. Por el momento te puedo decir que te deseo, y que no quiero que te alejes de mí. Estar a tu lado me hace desear cosas que no había deseado en mucho tiempo. —esta confesión esta haciendo que me conmueva.

—Entonces si sientes algo por mí.

—Definitivamente, solo que no quiero etiquetar con un nombre a lo que siento por ti, cuando aún no estoy muy seguro de la diferencia entre una cosa y la otra.

¿Una cosa? ¿Acaba de referirse al amor como una cosa? Se que es algo complicado volver a enamorarse de alguien y entregarle tu corazón. Pero no es como para referirse al amor de esa forma. Lo que me hace preguntarme. ¿Cómo era su relación íntima con su ex?

—¿En qué piensas que estás frunciendo el ceño? —me dice deslizando el dedo por mis cejas.

—Me preguntaba…—dejo la frase a medias y lo miro fijamente.

¿Acaso me respondería? Mmmm.

—Sí. Puedes preguntar lo que quieras.

—¿Has estado enamorado antes?

—Esa es una buena pregunta. —me dice mientras me sonríe. —Creo que sí.

—¿Crees? ¿Acaso no te casaste por amor?

—Mi relación con Francis fue algo que comenzó por accidente. Y nuestro matrimonio fue algo así como un arreglo de mutuo acuerdo y beneficio para ambos.

Por lo que me está contando, tengo la impresión de que este hombre nunca ha estado enamorado. Definitivamente no conoce la sensación o no sabe diferenciar el amor del cariño y la amistad. Aunque, si supo reconocer que yo estaba enamorada de él. Lo cual significa que, si ha estado enamorado, fue hace mucho tiempo, y no lo ha hecho más. O no quiere hacerlo.

—Entonces has estado enamorado, pero no de tu ex esposa. — inquiero con curiosidad pues no entiendo absolutamente nada.

—¿De veras quieres hablar de esto?

—Quiero conocerte. —o al menos lograr descifrar este hombre hermoso y complicado.

—Y nos estamos conociendo. ¿Acaso no he respondido a todo lo que me has preguntado?

—Si, lo has hecho.

—Lo cual me recuerda que tenemos una conversación pendiente. Una que no involucra hablar de mis ex, no creo que te guste que hable de ese tema. ¿Estoy en lo cierto?

El tiene razón. No quiero hablar acerca de sus ex. No creo que sea un tema que quiera conocer. Al igual que me imagino que el no quiere conocer acerca de los míos.

—Entonces hablemos de tu accidente. —le digo con una sonrisa mientras me acomodo en el sofá.

—Mi accidente. Bueno aún el día de hoy no entiendo que fue lo que sucedió. El auto estaba en perfectas condiciones cuando salí hacia el evento de promoción esa tarde.

—¿Y qué sucedió?

—El auto perdió los frenos y la dirección cuando regresaba a casa.

—Imagino que la policía investigó el accidente.

—Lo hicieron. Y también me hicieron montón de pruebas pues decían que estaba borracho. Pero esa noche no había consumido ni siquiera una línea de alcohol.

—¿Y cuál fue el resultado de la investigación con respecto al accidente?

—El resultado, aún no me convence. Según ellos fue un desperfecto del auto y se salió de control.

—No logro ni siquiera imaginarme lo que debes de haber sufrido en ese accidente.

—Yo creo que por eso aún tengo pesadillas. Porque lo recuerdo todo con lujo de detalles. —me dice mientras se queda pensativo.

—No me cuentes más. No quiero que recuerdes ese momento nuevamente. —le digo afligida.

Se lo doloroso que puede resultar recordar algo del pasado. Mucho más algo que debió haber sido muy duro para él.

—Entonces tendrás que hacer algo para que yo olvide. Porque hablar del accidente hace que recuerde todo nuevamente.

—¿Estás intentando seducirme? —le pregunto entrecerrando los ojos.

—En lo absoluto. —me dijo mientras me cogía por la cintura y me sentaba a horcajadas sobre sus piernas.

—¿No estás cansado del entrenamiento?

—A eso no se le puede llamar entrenamiento. Cuando competía entrenaba más de 8 horas diarias.

—¿Extrañas competir? —le pregunto mientras lo miro fijamente y apoyo las manos en sus hombros.

—¿La verdad?

—Siempre.

—Sí. Lo extraño. Cuando te adentras en este mundo desde que eres joven. Cuando ves que llegas donde muy pocos han podido llegar. Es muy duro cuando debes retirarte prematuramente.

—Si pudieras volver a competir profesionalmente, ¿lo harías? —le pregunto intrigada. Esto es algo que me gustaría conocer si vamos a estar en una relación.

—Sin dudarlo. ¿Te gustaría verme competir? —me pregunta aferrándose fuertemente a mi cintura.

—Nunca he visto una pelea de MMA. Pero si eres tu el que compite, sin dudarlo estaría a tu lado apoyándote. —le contesto con una sonrisa.

—Las peleas de MMA son excitantes, no te voy a negar que son violentas y que terminas adolorido, especialmente si los golpes son en la cara, pero no hay nada como ese subidón de adrenalina.

—Imagino que sí. —y me quedo mirándolo fijamente.

—Ven conmigo. —me dice poniéndose de pie y bajándome de su regazo.

Entrelaza su mano con la mía y me conduce rumbo al gimnasio. Cuando estamos allí me deja en medio del gimnasio y desaparece en una puerta. Regresa unos minutos después con varias cosas en sus manos. Trae unas guantillas unos guantes y un conjunto deportivo de mujer.

—Para que es todo esto.

—Te dije que más tarde tendríamos un intercambio físico.

—¿A esto te referías con intercambio físico?

—¿Qué fue lo que pensaste?

—Pensaba que te referías a sexo.

—No siempre estoy pensando en sexo Ana. —me dice mientras comienza a sacarse la camiseta negra. —Anda vístete.

Miro hacia la puerta abierta. ¿Acaso Elizabeth nos interrumpirá? Creo que mejor me cambio en otra parte.

—Hay un vestidor allí por si deseas utilizarlo. —me dice señalando la puerta por donde salió hace unos minutos.

Recojo todo y me dirijo a paso rápido hacia allí. Me desnudo y me coloco la ropa tan rápido como puedo. Y después me coloco las vendas en las manos antes de salir hacia el gimnasio.

—Espero estés preparada. —me dice de espalda a mí.

—Casi, solo me faltan los guantes.

Christian se gira hacia mi y se acerca donde yo estoy. Me coloca los guantes en las manos y los ajusta antes de colocarse los suyos.

—¡Preparada!

—Todo lo que puedo estarlo para pelear con un campeón de kick boxing.

—Ex campeón. —me dice con una sonrisa arrebatadora.

Mi corazón late a mil latidos por segundo. Lo siento golpeteando intensamente en mi pecho. Los recuerdos inevitablemente regresan a mi mente. Y no puedo evitar mirar hacia su pierna. Donde tiene la cicatriz. La que le patee. Y de repente él comienza a moverse. Y yo hago lo mismo, siguiendo su compás. Y como si de un baile se tratara, comenzamos a lanzar golpes sincronizados que ambos esquivamos. Esto es muy excitante en verdad. A cada instante mi corazón aumenta su cadencia mientras lanzo golpes tratando de pegarle. Pero sé que esta vez, no lo voy a conseguir. No creo que esta vez llegue a golpearlo. Está muy concentrado en lo que hace. Y yo sonrío para mis adentros mientras nos movemos por el gimnasio. Al menos esta vez no estoy molesta con él.