—Creo que necesito un relajante baño en la tina. —me digo a mí misma mientras respiro agitadamente mirando el techo del gimnasio.
Nuestro encuentro ha sido excitante en verdad. Y estoy literalmente sin fuerzas para absolutamente nada. Ni siquiera para sexo salvaje. Nunca había entrenado como lo he hecho hoy. Después de dar por terminado nuestro encuentro, que terminó con él obviamente ganándome, me dejé caer en el suelo acolchonado del gimnasio. No sé cuánto tiempo llevo aquí. Solo sé que mi corazón aún no se recupera.
—¿Agotada? —me pregunta Christian llegando a mi lado y tapando la vista del techo con su rostro.
—En estos momentos lo único que necesito es un masaje.
—Vamos a darnos un baño relajante, he preparado la tina. —me dice tendiéndome la mano.
—Me has leído el pensamiento. —le contesto con una sonrisa mientras me sostengo de su mano y él me ayuda a levantarme.
—¿Puedes caminar? ¿O necesitas ayuda?
—Necesito ayuda.
No es cierto. Pero no hay nada que me gustaría más que volver a estar entre sus brazos como aquella noche en que me rescató. Y sin siquiera darme tiempo, me carga en sus brazos, con una enorme sonrisa y camina rumbo a su habitación.
El baño relajante en la tina, era todo lo que necesitaba. Y también el masaje que vino después. Me quedo acostada en la cama, descansando mientras Christian desaparece de la habitación. Creo que puedo acostumbrarme a esto. Una vida así, con masajes cuando lo desee, y deliciosos baños en la tina, sin contar con el sexo maravilloso, es todo lo que puedo desear.
Christian trae el almuerzo a la cama y pasamos el resto de la tarde, desnudos y abrazados sin nada más que hacer, solo acariciándonos.
Esa tarde, cuando nos estamos vistiendo para la consulta con el psicólogo recuerdo algo importante. Algo que debo comentarle a Christian, antes de que nos dirijamos hacia allí.
—Christian. —lo llamo mientras sale del armario abrochándose los jeans.
Por un momento olvido lo que debo decirle mientras admiro su cuerpo fornido. No me canso de verlo sin camisa y de admirar y tocar cada musculo bien esculpido de su cuerpo. Mientras lo veo ponerse y abrocharse la camisa, nuevamente recuerdo lo que debo decirle.
—Hay algo que necesito contarte antes que nos marchemos.
Estoy vestida y sentada en el borde de la cama. Christian se acerca dónde estoy y se detiene frente a mí.
—Tú dirás.
—No te he contado de donde conozco al psicólogo.
Christian se me queda mirando fijamente.
—Es el del club, ¿cierto? —me dice mientras yo asiento levemente.
—¿Cómo lo has sabido? —le pregunto en voz baja.
—Lo supuse desde que me pediste que asistiera a terapia para tratar de tener una relación normal.
—¿No estás molesto?
—No.
—Pero tú nos viste Christian. Sabes lo que estuvo a punto de suceder entre nosotros.
—Pero no sucedió nada Ana. Además, que yo tengo en parte culpa de lo que sucedió esa noche. De no haberte pedido que avanzáramos con esa lección, nada de lo que sucedió en el club, o después, hubiese ocurrido.
—¿Pero no será incómodo?
—Dímelo tú. —me pregunta sentándose a mi lado. ¿Acaso no pensaste en si sería incómodo todo esto?
—No, no lo pensé.
Y el tiene razón. Esto es una mala idea. No debí haberle pedido una cita. Esto será demasiado incómodo para los tres, lo sé. Escondo mi rostro entre mis manos.
—Esto fue una mala idea. —digo muy bajito.
—Ana. —Christian me acaricia el rostro y lo saca de entre mis manos. —No quiero que te sientas así, es solo una consulta, ¿no?
—Sí. Me dijo que nos haría una evaluación y nos recomendaría a uno de sus colegas.
—Entonces no quiero que te sientas así. Solo quiero que pienses en nosotros y en que la consulta es para ayudarnos.
—De acuerdo, lo intentaré.
—Pues entonces vamos saliendo, te tengo una sorpresa para después que salgamos de la consulta.
—¿Una sorpresa?
—Sí. Y no, no te contaré de que trata.
Toma de mi mano y tira de mi fuera del apartamento y rumbo al garaje subterráneo. Cuando llegamos al estacionamiento Christian tira de mi mano rumbo a su auto y se detiene junto a un elegante y demasiado caro deportivo de color azul cobalto.
Miro el auto y después a Christian.
—¿Este es tu auto? —le pregunto incrédula.
Lo veo sacar un llavero del bolsillo y presionar un botón. El sonido resuena en el espacio cerrado, las luces flashean y las puertas se levantan elegantemente. Definitivamente es su auto. Pero entonces imágenes no bienvenidas comienzan a inundar mi mente. Imágenes de un auto de color rojo con forma irreconocible totalmente destrozado.
Ya me he montado en el auto de Laura con él, pero no estoy muy segura de querer hacerlo en un super deportivo. Así que me suelto de su mano y me detengo mientras el sigue caminando.
—¿Algún problema? —me pregunta frunciendo el ceño.
—Es un super deportivo. —digo señalando el auto.
—¿Tienes algo en contra de los autos deportivos? —por el contrario, me encantan.
—Tengo mucho aprecio por mi vida. Apenas y estoy comenzando a vivir. —le digo mientras el camina en mi dirección y me estrecha entre sus brazos mientras me sonríe.
—Yo también le tengo mucho aprecio a mi vida, además, que no voy a permitir que nada te suceda. ¿Acaso no confías en mí?
—Con los ojos cerrados. —le contesto sin siquiera pensarlo.
—Pues vamos. —me dice tendiéndome una mano para que suba al elegante auto.
—Definitivamente si no las matas con tu porte seductor y tu radiante sonrisa, de seguro que con esto caen derretidas a tus pies. —le digo mientras me siento en el asiento del copiloto.
Lo observo dar la vuelta al auto después de cerrar mi puerta. Se sienta detrás del volante y me sonríe.
—Eres la primera mujer que sube a este auto. —me dice mientras cierra su puerta y se pone el cinturón de seguridad.
Hago lo mismo y me pongo el mío. Y entonces pienso en lo que me acaba de decir.
—¿Soy la primera? —esto es extraño.
El auto no luce nuevo. Como es posible que yo sea la primera mujer que sube a él.
—Sí. —pero su respuesta firme hace que no pregunte nada más.
Confío en el y eso es suficiente.
Le sonrío mientras el me devuelve la sonrisa.
—¿Estás lista?
—Si.
Christian enciende el auto y salimos lentamente del parqueo. Christian maneja con la misma precaución de siempre. Miro brevemente él cuenta millas. No se ha pasado del límite de velocidad. No entiendo para que tiene un super deportivo si lo maneja de forma tan precaria. No tiene sentido alguno.
Llegamos a la dirección de la consulta del psicólogo con quince minutos antes de la hora prevista. Christian como todo un caballero se baja, da la vuelta al auto y me abre la puerta. Me toma de la mano y caminamos rumbo a la consulta.
La consulta del Dr. William es en un edificio de apartamentos destinado a otras consultas también. Sigo las indicaciones que me dio y caminamos por el pasillo hasta la puerta del final donde en la puerta se lee su nombre.
Christian toca a la puerta y esperamos.
Unos segundos después la puerta se abre y se asoma una mujer joven usando lentes.
—¿Tienen cita para hoy? —nos pregunta mientras Christian y yo nos miramos.
—Sí. —le contesto firmemente. —El Dr. William me dio cita para hoy a las 6:00pm
—Su nombre.
—Ana Adams.
—Sí, aquí está anotada, y su acompañante también. Pasen.
Entramos en la habitación del apartamento la cual se ha convertido en una pequeña recepción para las consultas.
—Siéntense. El Dr. está con un paciente y ustedes son los siguientes. —nos dice ella mientras se dirige hacia su escritorio.
Christian y yo nos sentamos en el sofá que está en el extremo de la habitación. Christian me mira brevemente y me sonríe antes de coger una revista de la mesita del centro que esta frente a nosotros.
—¿En serio? —le digo alzando una ceja.
—¿Qué? ¿Acaso no es lo que hacen todos mientras esperan?
Le sonrío y niego con mi cabeza mientras hago lo mismo que él. Escojo una revista de chismes y farándula y me pongo a hojearla pero si mirar realmente nada en lo absoluto. Hojear esta revista me hacer recordar que la vida de Christian cambiará cuando se publique el nuevo número de Men Fitness.
La puerta de la oficina que está junto al escritorio se abre y sale un joven junto al doctor.
—Rachel, dale cita a Austin para dentro de 15 días, ha hecho un buen progreso durante las últimas sesiones.
—Su cita de las seis ya está aquí. —le dice ella mientras el Dr. William se gira hacia nosotros.
Me sonríe al verme, pero entonces veo como su sonrisa desaparece cuando ve quien está a mi lado. ¿Acaso lo conoce?
—Pasen. —nos dice mientras mantiene la puerta abierta para nosotros.
Entramos dentro de la oficina tomados de la mano y nos detenemos en el centro de la habitación. Hay varios muebles, pero no tengo ni idea de donde deberíamos sentarnos.
—Siéntense en el sofá. — nos pide mientras nos dirigimos allí.
El Dr. Toma asiento frente a nosotros y nos mira a ambos alternadamente.
—Cuando me dijiste que traerías a tu novio, no imaginé que era Christian O'Neal.
—No creí que tuviese mucha relevancia.
—No la tiene. Lo siento. Es que soy un gran fan y mi madre también. —confiesa con una sonrisa.
—Si desea le puedo dar un autógrafo. —le dice Christian con una sonrisa.
—¿De veras? —le dice William asombrado. —Eso le gustará mucho, gracias.
El Dr. William arranca una hoja de su agenda y se la tiende junto a esta y un bolígrafo a Christian.
—¿Cómo se llama su madre?
El Dr. Se queda pensativo por un momento sin saber que decir.
—Es para dedicarle el autógrafo.
—Ah, sí. Adelin.
Christian escribe algo en el papel y después le devuelve todo al doctor.
—Muchas gracias. Mi madre estará encantada. —dice poniendo el papel autografiado a un lado.
Recoge unas lentes de la mesa y se las coloca antes de girarse nuevamente hacia nosotros.
—Bien. Cuéntenme ahora detalladamente el asunto que los trajo aquí.
Miro a Christian brevemente. Pero imagino que él no va a decir nada a menos que el doctor le pregunte directamente. Así que decido hablar yo mientras entrelazo mi mano con la suya sobre su pierna.
—Tenemos un problema bastante peculiar que nos gustaría solucionar para poder tener una relación de pareja normal.
—Los escucho. —dice el mientras nos mira fijamente a los dos alternadamente.
—El no duerme con nadie en la cama. —le digo mientras el Dr. me mira alzando una ceja.
—Cuando dices dormir, te refieres exactamente a eso, ¿cierto?
—Sí.
—¿Cuál es exactamente el motivo? — voy a responder, pero el doctor alza la mano. —Quiero que me responda Christian.
—No duermo con nadie porque tengo miedo de hacerle daño.
—Exactamente como le harías daño.
—Tengo pesadillas muy vividas de ves en cuando, no sé exactamente cuando ocurren.
—¿Y le has hecho daño a alguien durante estas pesadillas?
— Sí. Lo hice. Hace mucho tiempo.
—¿Le has hecho daño a Ana? —veo al Dr. apretar fuertemente el bolígrafo en su mano.
Christian no responde. Se queda callado admitiendo y recordando, imagino, lo mismo que yo. Los cardenales que tengo en mi cuerpo.
Necesito que me respondas, solo así podré ayudarte hacer une evaluación y recomendarle a alguien.
—Sí. Le hice daño. Pero no fue durante una de mis pesadillas. —el Dr. alza una ceja esperando que el continúe explicándole. —Perdí el control durante las relaciones sexuales y no controlé mi fuerza.
El Dr. anota en su cuaderno y después alza la vista hacia nosotros.
—¿Han dormido juntos? —y hemos llegado al motivo del porque estamos aquí.
—Sí. —le contesto porque lo hemos hecho, aunque el diga que no lo hará nuevamente.
—¿Christian? —le pregunta el doctor.
—No. —contesta el muy serio.
Christian se queda callado mirando fijamente al frente. No me mira. Entonces si me mintió. Yo estaba en lo correcto esta mañana y me dejé embaucar por él.
—¿Por qué le has mentido?
—Porque pensé que si le daba lo que ella quería no insistiría en la terapia.
—¿No te gusta la terapia?
—Honestamente doctor, no confío en la terapia. Asistí a bastante y ninguno pudo ayudarme con mi problema. —el doctor vuelve a escribir en su cuaderno y entonces me mira fijamente.
—Ana. ¿Cómo te sientes con respecto a que te haya mentido?
—Decepcionada. —es lo único que contesto mientras me suelto de su mano y me cruzo de brazos.
Christian me ha decepcionado. Esperaba mucho más de él que una mentira en mi propia cara.
—¿Y tú Christian? ¿Quieres decir algo?
—No quiero seguir mintiéndole. Pero tampoco quiero que ella se sienta mal en nuestra relación. Quiero darle todo lo que ella desea y eso solo me hace sentir mal al no poder hacerlo. Por eso le he mentido.
El doctor vuelve a escribir en su cuaderno. Esa respuesta de su parte no me la esperaba.
—¿Has intentado dormir con ella? —le pregunta a Christian.
—No.
William vuelve a escribir en su cuaderno. Miro brevemente a Christian. En estos momentos estoy molesta con él. Y Christian no ha intentado coger mi mano nuevamente.
El doctor continúa haciéndole preguntas a Christian, sobre cuando comenzaron sus pesadillas, que sucede cuando las tiene, como se siente. Y yo escucho todo lo que el responde.
—Bueno, tengo una conclusión. No creo que necesiten terapia de pareja.
—¡Lo dice en serio! —le digo asombrada.
—Según lo veo, Christian es quien tiene el problema y necesita tratarlo de una forma diferente a como lo ha tratado antes. Y yo puedo ayudarlo.
—¿Diferente? —le pregunta Christian
—¡Usted! —inquiero yo asombrada.
—Sí. No creo que necesite que le recomiende a otro especialista. Aunque me vea joven, estoy especializado en traumas como el suyo, además que sería todo un honor ayudarlo a superarlo.
—Usted es el especialista.
—Entonces le explicaré como haremos esto. Comenzaremos con sesiones dos veces por semana, si le parece bien sábados y miércoles a esta misma hora.
—De acuerdo.
—En cada sesión evaluaremos los progresos que ha hecho desde la última sesión y cada una semana le daré un consejo para que lo ponga en práctica. Si desea en verdad solucionar su problema, deberá poner de su parte en todo momento.
—Eso es lo que más deseo, poder solucionarlo todo. —dice mientras mira en mi dirección.
—Muy bien. Entonces creo que por hoy terminamos. Y como siempre, al final de la sesión, le daré mi primer consejo para que lo ponga en práctica desde hoy mismo.
—Lo escucho.
—Veo que está acostumbrado a llevar el control siempre en todo y eso debe cambiar a partir de hoy.
No me puedo creer lo que estoy escuchando.
—Nunca le he cedido el control a nadie.
—Pues le recomiendo que comience a hacerlo poco a poco, que no planifique todo lo que hace. Que improvise y se deje llevar de vez en cuando, déje que alguien más tome las decisiones y asuma las consecuencias. Se sentirá menos tenso una vez que no sea usted el que controla todo.
Christian está pensativo desde que abandonamos la oficina del Dr. William. Creo que está meditando sobre todo lo que el doctor ha hablado allí adentro.
Y yo, aún estoy molesta con él por mentirme. Y sinceramente, no creo que Christian adquiera el nivel de compromiso que se requiere para lograr superar su problema. Ceder el control, no es algo que a él se le dé muy bien. Me ha dejado llevarlo en varias ocasiones, pero no creo que esté dispuesto a hacerlo siempre.
Montamos en el auto, aún en silencio. Él no ha hablado y yo no pienso hacerlo. Así que con mi vista al frente miro a todo y a nada en específico.
—Lo siento Ana. Discúlpame por haberte mentido. —me dice una vez que el auto está en el tráfico.
Miro hacia él. Puedo sentir en el tono de su voz que habla con sinceridad. Y sé que no puedo estar molesta con él por siempre. pero al menos lo voy a hacer pagar por haberme mentido nuevamente cuando dijo que no lo haría más.
—Las mentiras deben acabarse Christian. Una relación basada en mentiras no funciona.
—¿Quieres que amanezca a tu lado, aunque no haya pasado la noche contigo?
—Prefiero la honestidad. Y si, preferiría despertar a tu lado, aunque no hayamos dormido juntos toda la noche. Solo quiero que te comuniques conmigo, que no me mientas más.
—Tienes razón. No debí haberlo hecho desde el comienzo. Intentaré cambiar. —y entonces se queda pensativo por un momento. —Y eso será desde este instante.
Gira de repente en una esquina y yo me sostengo de la puerta y el manillar.
—¡Que haces!
—Cambio de planes.
Lo veo sonreír. Esa sonrisa perversa que no veía desde hace un tiempo. Y no tengo idea de que significa.
—¿A dónde vamos? —le pregunto al ver que no me dice nada.
—Pensaba llevarte a cenar, pero tus palabras me han hecho reflexionar.
—Y… ¿A dónde vamos? —vuelvo a preguntarle.
—Voy a tomar la palabra del doctor. —me dice mirándome brevemente y sonriéndome antes de volver la vista hacia el frente una vez más. —Voy a llevarte a un lugar donde te voy a enseñar cómo llevar el control.
¡Oh no! Esto no me lo esperaba.
Solo hay un lugar que conozco donde él me puede enseñar eso.
Christian me está llevando nuevamente hacia el club.
