Me levanto de la cama y camino con paso sensual, cual modelo de Victoria's Secret en medio de su mejor desfile en su dirección. Christian está sentado de frente a mí. Puede ver cada uno de mis movimientos mientras hago mi camino hasta el jacuzzi. En ningún momento aparta su mirada de mi cuerpo. Está sentado en medio del jacuzzi con ambos brazos en el respaldo de este mientras me mira hipnotizado por mis movimientos de cintura y me sonríe.

—No sabía que caminabas como una modelo.

—Cuando has visto a tantas modelar, creo que en algún momento llegas a detallar bien su caminar.

Y entonces recuerdo que él si conoce como caminan las modelos. Su exesposa lo era. Dejo de hacerlo y termino mi recorrido hasta donde él está, y me meto dentro del jacuzzi. Me siento en el extremo opuesto, frente a él. Christian me mira frunciendo el ceño.

—¿No vas a esposarme nuevamente?

—Confío en que no moverás las manos del lugar.

—Tienes plena confianza en que no lo haga. Debo confesarte que no sé si podré dejar mis manos quietas. Muero por acariciarte.

—Tendrás que aprender a controlarte, ya lo dijo el doctor. Y me imagino que vas a hacerle caso a todo lo que te indique.

—Con tal de tener una relación normal, desde luego.

—Pues entonces… —me sumerjo en el agua caliente y burbujeante y salgo frente a él. —Será mejor que te aferres a ese borde y no lo sueltes, porque esto está por ponerse intenso.

Me siento a horcajadas sobre el y cuelgo mis manos en sus hombros. Pego mi frente contra la suya mientras nuestras narices se rozan y nuestros alientos se mezclan. Estoy teniendo un Déjà vu aquí. Me pierdo en su mirada, intensa y penetrante. Sus ojos se han oscurecido de deseo. Y por un segundo comienzo a replantarme lo que estoy haciendo. Sé que lo que hacemos en estos momentos es parte de su terapia para dejar de controlarlo todo. Que necesita hacerlo para poder tener en un futuro algo conmigo, o con alguien más. Aún no ha quedado claro hasta donde llegará nuestra relación y el nivel de compromiso de su parte. Y he decidido que no quiero saberlo. Prefiero vivir el momento. Esos instantes que hacen que la vida sea maravillosa. Pequeños momentos mágicos que hacen que el mundo deje de ser tan horrible.

Aparto de mi mente todo pensamiento cuando siento el calor de su miembro debajo de mí, palpitando ansioso mientras roza mi sexo. Sé que la ansiedad lo está matando y a mi también. Pero quiero tomarme esto con calma.

—Mmm, ese olor a coco me vuelve loco. —me susurra con los ojos cerrados.

—¡Christian! —dejo escapar su nombre en un jadeo. —Nunca, ni en mi más pervertida fantasía sexual he hecho algo parecido a lo que vamos a hacer.

—Pensaba que tu fantasía más pervertida había sido ser poseída y atada en la ducha.

—Exactamente. Esto es algo que jamás se me hubiese ocurrido hacer o sugerirle a los idiotas.

Christian baja sus manos hacia mi cintura.

—A mí me puedes sugerir todo lo que desees. —me sonríe antes de deslizar la lengua por mis labios, tentándome. —Cuanto más pervertido, mejor.

—Después de conocerte, he tenido muchas más fantasías. Creo que alguien me está pervirtiendo, demasiado. —le digo mientras muerdo su lengua traviesa.

—No creo que mostrarle a alguien a conocerse a si misma y como obtener placer, sea pervertirla. —siento sus manos bajar hacia mis nalgas y masajearlas un poco.

—¿Dónde iban esas manos? —inquiero entrecerrando los ojos.

Christian detiene lo que está haciendo.

—Lo siento. —regresa sus manos hacia los bordes del yacusi.

—Mucho mejor. —le digo con una sonrisa mientras me incorporo sobre su miembro, coloco la punta en mi entrada y solo introduzco un poco.

Lo miro fijamente a los ojos antes de deslizarme lentamente hasta tenerlo completamente en mi interior. Y mientras me deslizo hasta la base gimo en el proceso y el deja escapar el aire. Sé que esta lentitud lo afecta. Christian no es de los románticos que hacen el amor lentamente. El no tiene nada que ver con ese tipo de sexo. Lo de él es rápido, duro y salvaje, a lo bestia. Y, sin embargo, nunca me ha dejado insatisfecha. Sé que me lo ha hecho lento, pero solo como juego previo. Lo suyo es lo rudo.

—Como yo soy la que lleva el control. —me deslizo hacia arriba apoyada en sus hombros. —Lo haremos como yo quiera. —bajo hasta la base nuevamente haciéndolo gemir de placer.

—Piensas extender esta tortura eternamente, ¿cierto? —gime nuevamente cuando le sonrío y vuelvo a deslizarme por toda su extensión.

—Este es mi momento de disfrutarte y tenerte enteramente para mí, a mi merced. —repito el mismo movimiento. —y voy a aprovechar cada segundo de control que me has cedido.

Mientras me deslizo sobre su miembro, Christian se aferra fuertemente al borde mientras echa su cabeza ligeramente hacia atrás y cierra los ojos. esta vez no me pierdo ninguno de sus gestos. Es la primera vez que observo su rostro descomponiéndose de placer tan detalladamente. Puedo ver como tensa sus músculos de los brazos, como tensa los músculos de su cuello. Bajo una de mis manos hacia su abdomen y estos músculos también están tensos. No creo que resista mucho más, y esto solo me hace preguntarme.

¿Cuánto puede aguantar sin venirse?

Y solo hay una forma de averiguarlo.

Vuelvo a subir mi mano hacia sus hombros. Me aferro fuertemente de él, dejo de moverme y entonces se lo digo.

—No te vengas.

Christian abre los ojos y endereza su cabeza. Me mira fijamente sin poder creer lo que le acabo de pedir. Lo veo fruncir el ceño mientras yo estoy inmóvil sobre él.

—¿No puedes hablar en serio?

—No es tan difícil, solo debes poner en práctica o que me enseñaste. —le contesto con una sonrisa.

—¿Sabes lo difícil que es lograr lo que me estás pidiendo? —me pregunta mientras yo me muevo sobre el lentamente, pero sin apartar mi mirada de su rostro.

—No lo sé. ¿Qué tan difícil es?

—Mmm. —deja escapar un gemido. —Estás tan apretada que esto requerirá de todo mi autocontrol Ana.

—Pensaba que te gustaba controlarlo todo. —le digo con una pícara sonrisa.

—Nunca antes he tenido que controlarme para no venirme.

Entonces es eso. Así que, si nunca lo ha hecho, quiere decir que tiene un poder de aguante extremadamente asombroso. Sé que estoy llevando su poder de control mucho más allá de los límites. Pero imagino que el sabrá como lograr lo que le acabo de pedir.

—Pero lo harás porque yo te lo he pedido. No te vengas hasta que yo te lo pida.

Y no hablo más. Me aferro de sus hombros mientras me muevo sobre su cuerpo. Haciendo que su miembro entre y salga de mí, arrancándonos gemidos a ambos. Presiono mis piernas fuertemente contra las suyas y tenso los músculos de mi vagina. Si cree que se lo voy a poner fácil, está equivocado.

—¡Ana! —gime—¡Eso es hacer trampa!

Sonrío mientras continúo haciendo lo mismo. Sus gemidos aumentan mi excitación. Su miembro caliente y duro resbala entre mis piernas arrancándome gemidos de placer. Hay algo que no le conté a Christian. Y es que yo también estoy conteniendo mi orgasmo. Quiero ver hasta dónde podemos llegar ambos. Y sé que cuando lleguemos va a ser glorioso. Aumento un poco la velocidad de mis movimientos. Puedo ver sus manos aferrarse al borde descontroladamente. Buscan desesperadamente mi cuerpo y no se lo estoy permitiendo. A medida que aumento la intensidad de mis movimientos, el placer crudo y puro se va acumulando entre mis piernas. Cada vez estoy más tensa y Christian también, puedo sentirlo endurecerse cada vez más en mi interior. Los gemidos escapan de nuestros labios sin poderlos controlar.

—¿Puedo hacer trampa también? —me pregunta entre gemidos.

Bajo la velocidad de mis movimientos, abro los ojos y lo miro fijamente. Mientras el cumpla con lo que le he pedido, no me importa que haga trampa.

—¿Qué vas a hacer? —inquiero con curiosidad y la respiración acelerada.

—Necesito tocarte.

Y por la forma en que me lo ha pedido, no exigido o impuesto, dejo que me lo haga. Asiento, incapaz de conformar una palabra. Sus manos me sostienen por la cintura mientras yo comienzo a moverme nuevamente sobre él. Y entonces sube sus manos por mi vientre y aprieta mis senos haciéndome estremecer. Ahora entiendo porque quería hacer trampa cuando sus dedos tiran de mis pezones y yo gimo audiblemente.

Tengo que pensar en otra cosa y olvidar las sensaciones que sus manos están provocando en mí. Pero es muy difícil cuando siento diferentes cosas en tantas partes de mi cuerpo. Cierro los ojos en un intento de controlar los espasmos de mi cuerpo. Siento su aliento en mi cuello.

—Sé lo que estas haciendo, veamos quien se desconcentra primero. —susurra antes de morder el lóbulo de mi oreja.

Y entonces baja por mi cuello mordiendo, besando y chupando mi piel.

Es muy difícil no pensar en sus caricias cuando cada roce de sus dedos o de su boca contra mi piel envían cientos de descargas eléctricas a mi cerebro con una sola información en ellas.

Placer.

Aumento la velocidad de mis movimientos y me dejo caer sobre él con fuerza. Bajo una mano de su hombro, la introduzco entre nosotros dos y sostengo su miembro por la base entre el dedo medio y el índice, mientras hago presión, apretando su miembro. Y a Christian se le escapa un grito de puro placer en cuanto lo hago.

—No eres el único con trucos. —le susurro mientras presiono y continúo con mis movimientos.

—¡Ana! No me hagas tomar medidas extremas. Esto es demasiado. —gime ahora contra mis labios.

Suelta mis senos y baja sus manos hacia mi cintura nuevamente. Su boca se acerca a la mía y me muerde los labios antes de introducir la lengua dentro de mi boca. El contacto de nuestras lenguas y labios es electrizante y frenético. Ambos estamos al límite del placer, y lo sabemos. Pero ninguno de los dos desea rendirse. Estamos luchado una batalla que no tiene para cuando acabar. Y lo hará con la rendición de uno de los dos.

—Sé cómo terminar esto. —susurra contra mis labios.

Mis movimientos se han salido de control, ya no son lentos, ni coordinados. Son desesperantes. Christian baja una de sus manos y me aprieta una nalga y la otra la baja por mi vientre. Y entonces siento uno de sus dedos deslizarse entre mis nalgas y otro entre mis pliegues.

Jadeo y grito de puro placer cuando su dedo presiona mí clítoris y el otro contra mi ano. Y sé que soy yo quien voy a perder esta batalla, no puedo contenerme mucho más.

—¡Dios! ¡No! ¡No! —gimo audiblemente.

Mis paredes se contraen a su alrededor. El orgasmo es inevitable. Siento su dedo en mi trasero. Cada vez que bajo entra un poco más en mí. Y esto solo hace que mis movimientos se vuelvan más erráticos y desesperados que antes. La ansiedad me esta ganando. Solo quiero alcanzar la ansiada liberación que llevo rato conteniendo. Los gemidos escapan incontrolables de mis labios.

—¡Ana! —deja escapar un gemido desesperado.

Christian también está al límite. Y sé que es lo que tengo que hacer.

—¡Puedes venirte! —grito desesperadamente mientras suelto su miembro y me aferro ahora con las dos manos de sus hombros.

Lo siento llenándome completamente. Cierro los ojos y entierro mis uñas en sus hombros mientras me concentro en la sensación de placer creciente y anhelante entre mis piernas. El placer a nublado mis sentidos y entonces hago algo que nunca pensé que iba a hacer.

—¡Más adentro! —le pido desesperada por alcanzar la liberación.

Abro mis ojos justo a tiempo de ver a Christian sonreír levemente.

Mis movimientos sobre él no han cambiado son intensos y desesperantes. Tan desesperantes como es mi deseo por alcanzar el orgasmo. Pero él se aferra a mi nalga y mueve el dedo, solo un poco, para que entre aún más en mi interior. Y eso es todo lo que necesitaba. Todo mi mundo se queda completamente en negro. Siento un leve pitido en los oídos, mi vista se ha nublado, mi respiración se ha detenido, mis manos tiemblan en sus hombros, mi clítoris palpita intensamente, mis paredes se han contraído a su alrededor y me he venido en el mejor y más intenso orgasmo de mi vida mientras grito su nombre en una súplica desesperada.

No soy consciente de mucho de lo que sucede cuando me dejo caer sobre su cuerpo y me aferro fuertemente a él. Solo sé que no puedo hablar, ni moverme, ni pensar. He quedado completamente agotada, física y mentalmente.

No sé cuánto tiempo transcurre mientras ambos estamos inmóviles en el yacusi. tengo mi cabeza recostada contra su pecho, sus latidos se han ralentizado y mi mente está comenzando a funcionar nuevamente.

Cada vez que estamos juntos es mucho mejor que la anterior, más intensa. Y lo que más me gustaría saber es si para él es igual que para mí.

—Esto ha sido de todos, el mejor orgasmo de mi vida. —le digo con voz rasposa. Tengo la garganta seca.

—Ya lo creo. ¿Puedes moverte? —pregunta y alzo levemente mi mirada para verlo sonreír.

—Te aseguro que no podré, ni quiero hacerlo por lo menos hasta dentro de varias horas. —contesto con voz somnolienta.

—Entonces déjame hacerme cargo de ti ahora. —me carga y se pone de pie conmigo.

Camina hasta la cama, aparta las sábanas a un lado y me acuesta y el junto a mí.

—Descansa Ana. —me dice tirando de mi cuerpo contra su pecho.

Me abrazo a su cuerpo cálido, fuerte y poderoso. Christian me acaricia el cabello húmedo lentamente y sin siquiera darme cuenta mis ojos se cierran por un momento.

Alguien me acaricia dulcemente la mejilla. Abro los ojos y me encuentro con la mirada risueña y el pelo desordenado de Christian.

—¿Lista para marcharnos? —me pregunta totalmente vestido.

—¿Qué hora es? —ni siquiera sé cuánto tiempo he dormido.

—Más de medianoche, no quise despertarte, pero ya es muy tarde.

Me incorporo en la cama y Christian me alcanza mi ropa que me coloco bajo su atenta mirada. Pero el no dice nada. Cuando he terminado, me tiende su mano y nos marchamos.

Mientras vamos en el auto de regreso a su apartamento, pienso en algo. Christian tiene mucha experiencia en cuanto a sexo, así que ¿cómo fue el mejor orgasmo de su vida?

De algo estoy totalmente segura, no creo que lo haya experimentado conmigo. Tengo cero conocimientos de técnicas sexuales para dejar a un hombre extenuado y agotado sexualmente. Lo que ha sucedido hace unas horas ha sido intenso y sin embargo por su comentario no creo que haya significado mucho para él. Yo le confieso que ha sido el mejor orgasmo de mi vida y el no dice nada sobre cómo se sintió. Y eso solo me hace confirmar aún más, que mis sentimientos por el son más intensos que los suyos por mí.

Y por experiencia sé que el amor debe ir en ambos sentidos o de lo contrario una relación no funciona. Contengo una lágrima que quiere bajar por mi mejilla mientras giro mi rostro hacia la ventanilla. Afuera está comenzando a lloviznar y a lo lejos los relámpagos alumbran el cielo. Todo un claro reflejo de la tormenta que se desata en mi interior.

Yo lo amo y el a mi no. Pero como mismo me dije, voy a aprovechar cada momento como si fuese el último. Y disfrutar de cada segundo y cada instante juntos para cuando nos separemos recordar con nostalgia a aquel que amé con locura y no correspondió a mi corazón.