Es un nuevo día de trabajo. A pesar de que no hemos dormido mucho, yo también tengo una energía renovadora esta mañana. Ese es el efecto de despertar con Christian a mi lado y del sexo matutino.

Sé que no ha dormido conmigo, soy consciente de ello. Más sin embargo lo primero que vi cuando desperté en la mañana fue su rostro frente al mío. Tenía una radiante sonrisa y sus ojos eran de un azul intenso. Su mirada penetrante sin apartar sus ojos de los míos, solo me indicaban una cosa. Quiere tomar el control sobre mi cuerpo. Sé que desde anoche lo necesita. Y eso es exactamente lo que hace cuando su cuerpo cubre el mío.

Christian aparca afuera de la oficina y se gira hacia mí, sonriente.

—¿Me llamas para recogerte? —pregunta mientras aparta un mechón de pelo de mi rostro.

—Lo haré, pero debemos pasar por mi apartamento antes de las clases, debo recoger la bolsa con mis cosas. —Christian se me queda mirando expectante. — Y después de las clases iré hacia mi apartamento. —le recuerdo.

—Sabes que puedo convencerte para que te quedes nuevamente conmigo. —acerca una mano a mi rostro y acaricia mi mejilla dulcemente haciendo que mi respiración comience a verse afectada por su caricia.

—Sé que, si te dejo, me embaucarás con tus sofisticadas técnicas sexuales y con tu boca perversa. —el solo me sonríe y desliza la lengua por sus labios.

Sé muy bien lo que esa boca y esa lengua pueden provocar en mi cuerpo en cuestión de segundos.

—¿Qué harás mientras no estoy? —le pregunto intrigada.

Sé que hasta por la tarde no son las clases de kick boxing y no creo que se pase el día entrenando.

—Me pasaré el día con mi madre en el hospital, creemos que hoy le den de alta y regrese a casa.

—Eso es una buena noticia. —le respondo muy contenta mientras miro la hora en la pizarra. —Será mejor que no me tarde más, no quiero que tu hermana descargue su furia en mi tan temprano. —le digo mientras abro la puerta y cojo los dos cafés que compramos de camino aquí.

—Solo déjame saber si se pasa contigo. —me dice inclinándose hacia mí y sonriéndome.

—¿Y qué harás?

—De eso me encargaré yo. ¿No me das un beso de despedida? —me pregunta alzando una ceja.

—¿No has tenido suficiente? —le pregunto mientras me acerco a él.

—Nunca he dicho que he tenido suficiente de ti o de tu boca. —tira de mi rostro hacia el suyo, acerca sus labios a los mío y me roba un beso que me deja sin aliento. Cuando separa su boca de la mía, desliza un dedo por mis labios. —Tengo planes para esta boca en la noche. —y se separa de mí.

Parpadeo varias veces y respiro nuevamente porque he dejado de hacerlo.

—¿Cómo es posible que pueda trabajar después de que me digas algo como eso?

El solo me sonríe.

Bajo del auto y cierro la puerta. Christian no va a cambiar. Y no quiero que lo haga. Me encanta su perversión y su forma de tomar el control y de poseerme, lenta o salvajemente, da igual. Con Christian, el placer no conoce límites.

Saludo a Kate con una reluciente sonrisa.

—Alguien tuvo una buena noche. —inquiere risueña mientras entrecierra los ojos en mi dirección.

—No lo voy a negar. —le contesto encogiéndome de hombros con una sonrisa.

Y entonces le echo un buen vistazo a su rostro. Trae el pelo suelto y semi rizado, como si apenas hubiese tenido tiempo de secarlo, después de una rápida ducha. Y según recuerdo, Kate se toma todo con calma, no es de esas personas que hacen las cosas a ultimo momento. Ella es muy meticulosa con los horarios y el tiempo para hacer todo.

—¿Cómo va todo con Liam?

Me sonríe en respuesta a mi pregunta, se acerca a mí, mira que no haya ojos curiosos escuchándonos y después habla.

—Es la primera vez que casi llego tarde al trabajo. —contengo la risa. —No te rías, es serio, sabes como soy de estricta con los horarios.

—¿Y qué sucedió? Digo, si se puede saber. —no necesito saberlo, pero ya me lo estoy imaginando. Además, que me ha entrado la curiosidad por saber que ha sucedido para hacerle perder el control de su vida.

—Siempre nos hemos contado todo Ana. Lo que sucedió esta mañana ha sido algo de otro mundo. Créeme cuando te digo que jamás en mi vida había estado tan excitada o me habían dejado tan agotada y satisfecha.

—Me es familiar el sentimiento. ¿Qué ha cambiado?

—Todo ha cambiado. —me dice con una enorme sonrisa en el rostro. —Liam me ha pedido que me case con él.

—¡Que! —esto si no me lo esperaba.

Se que llevan tiempo juntos, pero recientemente se habían separado y apenas hace unos días que se reconciliaron.

—¡Y que le dijiste! —exclamo ansiosa por conocer su respuesta.

—No es obvio. —me dice alzando su mano izquierda.

Y entonces lo veo. Un hermoso y sencillo anillo de plata con una pequeña, pero hermosa piedra en el centro.

—¡No puedo creerlo! —grito emocionada y me abalanzo sobre ella.

—¡El café! —me grita Kate y entonces lo recuerdo.

Los dejo sobre la mesa, antes de que ocurra un accidente y los derrame, y después la abrazo fuertemente.

—¡Felicidades! —le grito mientras todos los ojos en la oficina se giran hacia nosotras. Lo había olvidado. Me separo de ella con una enorme sonrisa en mi rostro. Todos se acercan donde estamos y la felicitan brevemente antes de regresar a sus labores.

—Aún no hemos acordado una fecha, apenas y nos comprometimos, y celebramos esta mañana. —me dice bajito esto último. — Pero ya sabes que eres la encargada de la despedida de soltera.

Sonrío y la abrazo nuevamente emocionada y feliz.

—Será mejor que le lleve el café a Elena antes de que se enfríe, o se pregunte porque tardo tanto, de seguro ya sabe que llegué. Tiene ojos y oídos en todas partes. —le susurro bajito mientras Kate contiene una carcajada.

Recojo los cafés y camino con paso apresurado a la oficina de Elena. Toco a su puerta antes de entrar.

—Ya era hora que llegaras. —me dice mientras organiza unos papeles en un extremo de su escritorio. — ¿Qué era todo ese alboroto allá afuera? —¿Cómo es posible que lo haya escuchado?

—Estábamos felicitando a Kate por su compromiso. —le respondo mientras pongo el café en su mesa.

—Debo recordar felicitarla más tarde. Ahora cuéntame, ¿cómo fue la sesión de fotos? —me dice ansiosa mientras se sienta en su silla cruzando las piernas y sonriéndome.

—Todo estuvo perfecto, solo un pequeño problema con el local donde se realizaría, pero Christian ofreció su apartamento para hacerla.

—Christian siempre tan servicial. ¿Cuándo sale el número de la revista?

—El viernes.

—¿Tan pronto?

—Decidieron a ultimo momento hacer una edición especial y en lugar de sacarla el lunes, como tenían previsto, van a apresurar este número pues quieren sacarla lo antes posible. Algo de que no quieren que se les adelanten los paparazzi con la información.

—Sí. Los entiendo. Ya les ocurrió en una ocasión que unos paparazzi les distribuyeron unas fotos que arruinaron una publicación por completo.

—¿Una foto de un paparazzi?

—No tienes idea de el poder que tiene una foto de un paparazzi. Pero la vas a tener el próximo sábado.

—¿Qué hay el próximo sábado?

—Olvide mencionártelo, discúlpame. Con todo lo sucedido con mi madre, lo olvidé por completo. El sábado es la gala de beneficencia que mi madre hace anualmente, ¿Christian no te lo mencionó?

Christian no mencionó nada. O lo olvidó también. Han sucedido tantas cosas en los últimos días que seguro que ha sido eso. Esperaré hasta que el me lo comente o le preguntaré en caso de que no lo haga antes del sábado.

—Sí. Lo había olvidado. Han sido unos días muy agitados. —le miento.

—Hay algo, que me preocupa mucho más que la gala del próximo sábado o la entrevista de mi hermano.

—¿Qué es? —pregunto con algo de preocupación.

—¿Cómo fue el psicólogo? —pregunta mientras descruza las piernas y coge su café para beberlo lentamente.

Ah y yo que pensaba que preguntaría otra cosa. No creo que deba contarle a Elena lo de la consulta. No creo que su hermano haya compartido con ella sus preferencias sexuales, que le gusta llevar el control y practicar algo de BDSM. Así que decido darle una respuesta bastante redundante y que satisfaga su curiosidad.

—La consulta ha ido bien. El doctor lo ha citado semanalmente e irá evaluando su evolución.

—¿Y el estuvo de acuerdo con las sesiones semanales?

—Sí. —le confirmo y ella me mira estupefacta.

—Apenas y reconozco a mi hermano. Ha cambiado mucho en poco tiempo. Pero mientras el cambio sea para mejorar, pues bienvenido sea.

—¿Necesitas algo más?—le pregunto poniéndome de pie para salir hacia mi escritorio.

—Sí, una ultima cosa.

—Usted dirá.

—Gracias. —me dice brindándome una leve sonrisa mientras levanta su café.

Esta es una de las pocas veces en que he visto a Elena sonreír.

—De nada.

—No solo por el café, por lo que estás haciendo por Christian.

Salgo de su oficina y me siento detrás de mi escritorio, donde durante todo el día, no dejan de dar vueltas en mi mente las palabras de Elena. "Gracias…por lo que estás haciendo por Christian?

No sé exactamente a que se refiere. No he hecho mucho que digamos. Solo quererlo incondicionalmente por quien es. Y por como es.

Cuando estoy lista para marcharme le envío un mensaje a Christian y me responde rápidamente que estará aquí en 5 min, que ya está en camino. Recojo mis cosas y salgo a su encuentro con una enorme sonrisa en el rostro. Sonrío sola como una idiota mientras me detengo en la acera a esperarlo. Pero no sé porque razón me siento inquieta, intranquila.

Un escalofrío recorre todo mi cuerpo y me estremezco. Es una sensación extraña. Como si estuviese siendo observada por alguien. Alzo la vista y miro en todas direcciones y entonces veo a alguien a lo lejos. Trae una sudadera negra que oculta su cabeza y facciones. Tiene las manos metidas en los bolsillos y unos pantalones deportivos del mismo color de la sudadera. Su aspecto es menudo, no es una persona de estatura alta. Pero puedo ver claramente que está mirándome a mí. No hay nadie más a mi alrededor. Echo un vistazo a ambos lados y detrás de mi para confirmarlo nuevamente. Estoy sola en la acera. Vuelvo a mirar hacia donde se encuentra esa persona mirándome.

Una sensación extraña me recorre el cuerpo y no sé porque motivo, presiento que sea quien sea esa persona, la conozco. Un auto estaciona frente a mí, pero no le presto atención.

—¿Te encuentras bien? —la voz de Christian hace que aparte mi mirada de la persona que me observa desde la desde la distancia.

—Sí, estoy bien, es que hay una persona del otro lado de la calle observándome desde hace un rato.

Christian se gira y mira hacia donde le señalo, pero para mi sorpresa, ha desaparecido.

—No hay nadie del otro lado. ¿Segura que estás bien?

—Te digo que había alguien allí observándome. —le digo nerviosa por no saber quién era esa persona o el motivo por el cual me observaba.

Entonces la imagen de alguien viene a mi mente. Alguien que aún anda suelta y está siendo buscada por homicidio en primer grado.

—Leyla. —digo en un susurro apenas audible.

—¿Quién?

—Alguien que creía conocer y el motivo por el cual tuve que buscar otro apartamento donde vivir.

—¿Crees que era ella? —pregunta mientras mira en todas direcciones buscando a alguien que él ni siquiera conoce.

—No lo sé, tenía su rostro oculto debajo de la capucha de la sudadera.

—Creo que deberías llamar al detective que atiende el caso y preguntarle si la capturaron ya, y si no informarle que crees haberla visto.

—Sí, creo que debería hacer eso.

—Pero mejor si vamos avanzando hacia la clase. —me dice mientras me abre la puerta del auto con una sonrisa.

—Sí. —le respondo mientras entro en el auto y Christian cierra la puerta.

Mientras Christian conduce hacia la clase, me pongo en contacto con el detective del caso. Me informa que aún no la han detenido, pero que tiene una pista de ella cerca de Newark. Eso me tranquiliza un poco, no era ella la que estaba vigilándome desde el otro lado de la calle. Pero entonces me inquieto. ¿Quién era entonces?

Ni siquiera me percato de que llegamos a la clase sin pasar por mi apartamento.

—Olvidé recoger mis cosas en el apartamento.

—No te preocupes, te traje una bolsa con todo lo necesario del mío. —me contesta con una sonrisa.

—Ya venías preparado, ¿cierto?

—Siempre estoy preparado, ya deberías saberlo. Ahora que tal si bajamos y vamos hacia la clase.

—De acuerdo.

Christian coge dos bolsas del asiento trasero y me tiende una antes de bajar del auto. Bajo sosteniendo mi bolsa y me uno a Christian que me espera junto al auto. Cuando lo observo bien, ya trae la ropa de la clase puesta. Entramos caminando juntos al Gimnasio y en cuanto entramos a la clase todas las mujeres de la clase nos miran como llegamos juntos. Me miran a mi y luego a él. Pero por el momento, voy a ignorarlas.

Me encamino hacia el vestuario a cambiarme de ropa. Para mi sorpresa, cuando abro la bolsa, el conjunto que Christian me ha traído es diferente al que utilicé ayer. Me coloco rápidamente la camiseta negra ajustada y la licra negra también, antes de colocarme las zapatillas. Doblo la ropa y la coloco dentro de la bolsa antes de salir hacia la clase. Me siento en un banco, saco las vendas y comienzo a colocármelas mientras miro a Christian.

Se ha sacado la camisa blanca que traía puesta y ha quedado con una camiseta negra. Y se ha puesto un short del mismo color que mi conjunto. Es como si viniésemos combinados. Trae en las manos sus vendas rojas. Y entonces me percato que esa camiseta y esas vendas son las mismas que utilizó cuando me amarró en la ducha.

Mientras me coloco las vendas puedo observar a las mujeres de la clase reunidas como lo miran y conversan entre sí. Mmm, ¿de qué estarán hablando? Me acerco a ellas mientras termino de colocarme la venda que me falta.

—Hola chicas. —las saludo con una sonrisa.

—Hola, Ana, cierto. —asiento con la cabeza mientras termino de colocarme la venda restante. —Estábamos comentando lo duro que es el entrenamiento.

—Sí. El que el profesor esté tan bueno lo hace más llevadero. —comenta una de ellas.

—Si, extraño cuando no viene a la clase. —dice otra.

—A mi me encanta cuando se da la vuelta. ¿Ya vieron ese culo? —contengo una risa mientras abro mucho los ojos.

—Sí. Tiene un buen culo. —confirmo mientras todas reímos bajito.

—Quien pudiera tocarlo a ver si es tan macizo como luce. —en ese instante Christian se da la vuelta dándonos la espalda.

—Y esa espalda. —suspira otra.

Creo que necesito dejarles claro a quien pertenece esa espalda y ese culo.

—Yo me atrevo a hacerlo. —les contesto mientras todos los ojos se giran hacia mí.

—¿Hacer qué?

—Comprobar si su culo es tan firme. —les respondo.

—¡Estás loca! —me grita una, aunque bajito

—Te va a expulsar. —me dice otra.

—Esperemos que se acabe la clase y ya veremos.

—¡Están listos! —exclama Christian mientras todas nos separamos.

La clase pasa rápidamente y pronto estoy tratando de recuperar mi aliento de la sesión de golpes con el saco. Me acerco a las chicas que se han reunido en un extremo de la clase. Ya la mayoría de los hombres se han marchado, solo quedan algunos que terminan de recoger sus cosas, nosotras y Christian.

—¡De veras lo vas a hacer! —me preguntan bajito.

—¿Acaso lo dudas?

—No sabes como se lo va a tomar.

—Ya verán. Voy a hacer eso y mucho más. —les respondo mientras camino hacia Christian.

Christian alza la vista en cuanto me ve acercarme a él. Estamos a unos seis metros de las chicas, no creo que puedan escuchar lo que le diga si hablo bajito. Me detengo apenas separada de él y me mira entrecerrando los ojos.

—¿Qué estás tramando? —pregunta mientras yo le sonrío traviesamente.

Subo mis manos hacia sus hombros y las deslizo por su pecho fornido sin apartar mi mirada de la suya.

—Sabes que todas las mujeres de la clase te están observando, ¿cierto? —me pregunta entre dientes para que solo yo lo escuche.

—Estoy dejando claro un punto aquí. —le respondo con una sonrisa.

Deslizo mis manos hacia su cintura y después las muevo hacia sus nalgas. Me muerdo el labio inferior y después aprieto sus nalgas un poco, antes de soltarlas con una sonrisa. Me separo de él y camino hacia donde están las mujeres de la clase que me miran con la boca abierta, estupefactas por lo que acabo de hacer.

—¡No creí que lo hicieras! —exclama una.

—¡Eres mi ídolo! —dice otra.

—¿Y qué tal están? —pregunta otra.

—Bueno, su pecho es bastante fuerte, exactamente como luce. Y sus nalgas, Mmmm, duras y deliciosas como para hincarle el diente.

—¡Por dios! ¿Y no te expulsó?

—¡Ana! —exclama Christian llamando mi atención.

Todas nos giramos hacia él. Está serio mientras lo observo hacerme una seña para que vaya a su encuentro.

—Uff, creo que llega mi castigo. —les digo con una sonrisa mientras camino hacia donde está Christian.

A medida que me acerco puedo ver una leve sonrisa en su rostro. Me detengo a una distancia prudente de Christian y puedo ver como la sonrisa se transforma en mi preferida. Esa que me brinda cuando trama algo perverso, y sé que pronto descubriré lo que está escondiendo.

—Me puede explicar que es lo que acaba de hacer. —pregunta en un tono algo alto para que se escuche en todo el salón.

—Las chicas queríamos dejar claro un punto.

—No sabía que el tocar mi trasero fuera algo importante en esta clase.

—Lo siento. Le prometo que no volverá a suceder.

—Desde luego que no volverá a suceder. —me responde mientras da un paso en mi dirección.

No me muevo del lugar mientras Christian se abalanza sobre mí, me sostiene por ambos brazos antes de cubrir mi boca con la suya. El beso es posesivo y enfebrecido. Me muerde el labio inferior, tira de él con sus dientes y después pasa la lengua por mis labios antes de separarse de mi dejándome sin aliento.

—Más tarde te voy a mostrar lo que quiero hacerle yo a tu culo. —me susurra en el oído antes de separarse de mi y dirigirse hacia el vestuario.

Me quedo aturdida en el lugar mientras las chicas caminan hacia donde estoy. Creo que ellas están tan o más aturdidas que yo.

—¿Qué acaba de suceder? —pregunta una de ellas.

Creo que me he cansado de este juego. Ya no tiene mucha gracia. Al principio sí la tenía, pero ahora solo siento lástima por estas mujeres. Como es posible que siendo hermosas no tengan a alguien a su lado. O si lo tienen, porque están mirando a otros que no le dan ni la hora. Creo que debo terminar con este juego de una vez por todas. Pero no quiero que piensen que he jugado con ellas todo este tiempo.

—Creo que me acaba de besar. —les respondo estupefacta.

—Ya eso lo vimos. ¿Pero por qué?

—No lo sé. —les respondo haciéndome la tonta.

—¿Te dijo algo antes de irse a duchar? —inquiere otra, que no se perdió ni un detalle.

— Que la próxima vez que desee tocarle el culo, que no lo haga en la clase.

—¡Que!

—No es para tanto.

—¡Como que no! —exclama una de ellas asombrada. —Que te acaba de hacer una proposición indecente mujer.

—¡Ah sí! —creo que es mejor si me hago la desentendida.

—Que sí. ¿Y qué vas a hacer?

—Pues, creo que aceptar su propuesta. —todas gritan emocionadas. — Si folla con la misma intensidad que golpea el saco, debe de ser una bestia en la cama. —les digo mientras todas ríen a carcajadas.

Todas comienzan a dirigirse hacia las duchas y me quedo afuera en el salón a sacarme las vendas.

—¿Lista para irnos?

—Soy toda tuya. —le respondo con una sonrisa.

—Me alegra que seas toda mía, tengo un presente para ti, pero no puedes abrirlo hasta que no te lo pida.

—De acuerdo. —le sonrío intrigada.

—Entonces nos vamos. —me dice tendiéndome su brazo del cual me cuelgo sonrientemente mientras salimos del gimnasio.