Mis tacones resuenan por todo el piso mientras me dirijo hacia la sala. Christian está de pie frente a los cristales panorámicos, de espalda a mí. En cuanto siente mis pasos se gira y se queda mirándome embobado. Me detengo a unos metros de él. Lleva una camisa gris claro con los botones superiores desabrochados, no lleva corbata. El traje de tres piezas es de color gris oscuro y como todo lo que el luce, se ajusta elegantemente a su cuerpo.
—Estás muy hermosa esta noche. —me dice acercándose a mí y sonriendo con esa sonrisa seductora. —Mucho más que de costumbre. —me da un beso en la mejilla.
Su comentario me hace sonreír.
—No me acostumbro a verte así de elegante. —le digo mientras me sostengo de su brazo.
—A partir de ahora será mejor que te vayas acostumbrando. ¿Lista?
—Sí.
El viaje en su auto dura menos de lo que esperaba. Ni siquiera tengo idea de donde es la gala hasta que lo veo coger el puente hacia Long Island.
Las puertas negras que dan acceso a la Mansión se abren en cuanto Christian estaciona frente a ellas. Ni siquiera tiene que mostrar la invitación. El camino de graba serpentea hasta el auto detenerse ante una enorme y mansión de arquitectura antigua. Y justo como me temía allí están cientos de paparazzi y periodistas a la espera a de la llegada de todos los invitados. Pero sé que mayormente están aquí por Christian.
—¿Siempre hay tantos periodistas y fotógrafos en estas galas? —le pregunto impresionada.
—Normalmente hay menos, pero hoy es diferente.
—¿Y los han dejado pasar?
—Bueno, siempre es bueno un poco de promoción y unas cuantas fotos entre la alta sociedad de New york, no están de más. Pero no te preocupes, tienen ciertas limitaciones en la gala, no podrán llegar hasta todos los lugares.
Christian baja del auto y cierra la puerta. Lo veo sonreír mientras le da la vuelta hasta mi lado. Las cámaras no dejan de sacar fotos.
Me abre la puerta tendiéndome la mano. me sostengo de ella y salgo a enfrentarme a los flashes enceguecedores. Christian cierra la puerta y le tiende la llave al valet. Los periodistas no dejan de lanzarle preguntas que el ignora. Pero entonces le hacen una que hace que el se detenga.
—Es la segunda vez que te vemos con ella. ¿Quién es?
Y hasta yo me giro hacia el esperando la respuesta a esta pregunta. ¿Quién soy yo? La novia, la amante o una amiga. Se que le pedí no etiquetar nuestra relación, pero creo que va siendo hora de hacerlo.
—Esta hermosa mujer que me acompaña esta noche, es la responsable de que yo haya regresado a la fama. Es la asistente de mi hermana y la considero una buena amiga. —y con esas palabras mi mundo completo colapsa y mi corazón se desmorona.
Tenía la esperanza que dijera que era su amante. Eso por lo menos define en parte nuestra extraña relación. Nunca tuve esperanza que dijera que soy la novia, eso es muy difícil. Acaso se puede caer más bajo esta noche.
La sonrisa que traía esta noche se ha opacado. Voy del brazo del hombre que amo, pero definitivamente el no me ama a mí. El deseo no es amor. Eso cada vez me queda más claro.
Christian me conduce hacia el patio de la mansión donde se celebra la gala. Cuando pasa un camarero junto a nosotros Christian coge dos copas y me tiende una.
—Gracias. —le digo mientras me bebo la copa de un solo trago.
—No querrás emborracharte, ¿cierto?
—Disculpa. —eso es exactamente lo que quiero.
No creo que pueda pasar la noche sin un poco de alcohol en el sistema.
—Vamos, te presentaré a algunas personas. —me dice mientras tira de mi mano rumbo a la multitud.
Christian me presenta a varios conocidos, políticos, deportistas y famosos. Pero al instante olvido sus nombres. No tengo la mente en la fiesta exactamente. Puedo ver a lo lejos a Elena dando unas indicaciones. Junto a ella una señora mayor. Christian me dirige hacia allí y se detiene junto a ellas.
—Ya era hora de que llegaras. —le dice Elena regañándolo.
—¿Vas a comenzar?
—No quiero disputas entre ustedes esta noche, ¿de acuerdo? —proclama la señora mayor mirándolos a ambos alternadamente y después se queda mirándome a mi. —Y esta hermosa joven, ¿quién es? —pregunta mientras me mira de arriba abajo.
—Madre, esta es Ana, ¿recuerdas? —le responde presentándome ante su madre.
—Ah cierto, la asistente de Elena. Estás hermosa esta noche querida.
—Gracias. —le respondo con una cordial sonrisa.
—Si me disculpan, reclaman mi atención. —Elena se marcha y nos deja con su madre.
La madre de Christian se queda mirándome entrecerrando los ojos y después mira a Christian.
—¿Ha venido contigo? —le pregunta mientras él la mira fijamente.
—Sí. —le responde firmemente.
—¿Es tu novia entonces?
—No. Solo tenemos una relación.
—¿Una relación? No entiendo estos términos de hoy en día. Deberías asentar cabeza y tener una novia y casarte, ya es momento de que me den algunos nietos. —le dice ella mientras yo me deprimo aún más.
Esto lo acaba de confirmar más. Ni siquiera me ha presentado ante su madre como algo más que una amiga con derecho a roce. Y es decepcionante. Christian me ha decepcionado.
—Si me disculpan, necesito coger un poco de aire. —les digo mientras me suelto de su brazo y me alejo de ellos.
No puedo con esto. Pensé que iba a ser completamente diferente. Me alejo del bullicio y de la esencia de la gala hacia la costa. El aire del mar quizás aclare mi mente y mis ideas.
Regreso a la fiesta unos minutos más tarde. El aire me ha refrescado, pero aún sigo decepcionada de Christian y de lo que yo significo para él. Lo busco entre la multitud y lo encuentro a lo lejos conversando. Me dispongo a ir en su búsqueda, pero primero necesito algo de beber que no sea champagne. Me dirijo hacia la barra y me siento mientras espero que el camarero me atienda.
—¿Qué desea beber?
—Un Coconut Grove. —le pido.
—Enseguida. —me responde mientras comienza a preparar mi pedido.
Entonces alguien se sienta mi lado. Me giro brevemente, es una mujer, rubia y de estilizada figura. Lleva un vestido rojo muy elegante que se ajusta a su delgado cuerpo. No la conozco personalmente, pero sé quien es a pesar de que nunca nos han presentado oficialmente. Es Francis Britania, la famosa modelo. Y la ex esposa de Christian.
Intento ignorar su presencia, aunque es imposible. Y al parecer ella está dispuesta a entablar una conversación conmigo a toda costa. Esto es lo último que me faltaba hoy.
—No sabía que Christian estaba saliendo con alguien. —me dice mientras yo intento ignorarla.—Pero no debe ser nada serio, nunca ha sido de tener relaciones duraderas. —no pensaba gastar mi tiempo con ella, pero creo que necesita que le aclare algunas cosas.
Me giro hacia ella y la miro frunciendo el ceño. No sé quién se ha creído que es, pero no pienso dejar que me hable de esa forma de mi o de Christian. Sé que no tengo ningún derecho sobre Christian, mucho menos porque nuestra relación es solamente íntima, no sentimental.
—Nuestra relación va muy en serio. —le miento mientras ella alza una ceja y sonríe.
—No me digas. Acaso ya te ha pedido matrimonio, ha no, cierto, es que ni siquiera te ha pedido que seas su novia.
—El tipo de relación que nosotros tenemos, no te incumbe ni a ti ni a nadie. —le respondo furiosa.
—Tienes razón, no me interesa la relación que tengas con él. De echo sé perfectamente como va a terminar. Lo conozco perfectamente. Sé que con la fama comenzará a cambiar. Que, con el regreso al deporte activo, su carácter se pondrá más violento y que el sexo pasará a un segundo plano pues el entrenamiento ocupará la mayor parte de su tiempo libre. Y necesitará alguien que esté acostumbrado a ese mundo al igual que él.
—Te equivocas. No lo conoces en lo absoluto. —no creo que Christian sea así.
—No querida, tu eres la que no lo conoces. Cuanto llevas con él, un mes al menos. Yo estuve con el por más de 4 años y sé que te contó que nuestro matrimonio fue por conveniencia para ambos, pero lo que no te contó es que ambos los disfrutábamos todo juntos. Si, el sexo era la mejor parte, pero creo que ya eso lo conoces. —me dice con una carcajada. —Sí, Christian es todo un animal en la cama—aprieto los puños a mi lado. A cada momento estoy más furiosa—. Así que un consejo, y no lo tomes a mal. No te enamores de él. No vale la pena el riesgo. El nunca se ha enamorado de nadie y nunca lo hará. No es un hombre de ese tipo de relaciones. —ella se me queda mirando fijamente. —Pero creo que ya es demasiado tarde para ti. Cuanto lo siento. — se levanta de la banqueta y se dispone a marcharse. —Un ultimo consejo, déjalo antes de que sufras mucho más. —me dice antes de marcharse.
El camarero me trae mi trago y me quedo allí sentada, pensando en todo lo que me acaban de decir.
—Te he buscado por todas partes.
Su voz no mejora la situación ni como me siento. Pero intento disimularlo, al menos durante la gala.
—Estaba pensando en cosas. —le respondo con una sonrisa.
—Vamos hacia la mesa, debo subir con mi madre a dar el discurso de la gala. —me dice mientras me tiende el brazo.
Christian me conduce hasta la mesa y se despide de mi con una sonrisa mientras va en busca de su madre. Me siento allí con mi trago mirando a todas partes, pero a ningún lugar específico. Unos minutos más tarde una pareja se sienta en la mesa, pero no les presto mucha atención. Toda mi atención está en la plataforma en la que sube Christian, Elena y su madre. Christian le sonríe a su madre y le alcanza el micrófono.
Y por los próximos quince minutos, ella da la bienvenida y agradece a todos por sus generosas donaciones para la causa. Cuando termina el discurso, bajan de la plataforma y se dirigen hasta nuestra mesa. La madre de Christian se sienta junto al hombre sentado a la mesa, Elena a mi lado y Christian entre su madre y yo. La madre de Christian comienza a hablar con el hombre pero yo ignoro la conversación.
—¿Estás bien? —me pregunta Christian en un susurro.
—Sí, ¿por qué lo preguntas?
—Porque te siento distante, como si estuvieses en otro sitio. —no le respondo, pero el se percata de que algo me sucede. —Siempre la verdad, recuerdas.
—Pensaba que eso solo se reducía al sexo.
—Si te sucede algo, necesito saberlo.
—Podías haberme advertido al menos.
—¿Advertirte? —inquiere frunciendo el ceño.
Estoy por responderle algo, pero la voz de su madre nos interrumpe.
—Veamos cuándo mis hijos se deciden a darme algún nieto. —dice la madre de Christian mientras mira en su dirección y él le sonríe.
Y entonces comienza la subasta a la cual Christian le presta toda su atención ignorando completamente mi presencia. Y las palabras de su ex, comienzan a calar hondo en mí. Así que me concentro en beber mi trago solamente.
—La próxima pieza es una donación de Christian O´Neal. Es un Mercedez AMG-GT R de la serie Black. El auto es totalmente nuevo. Comenzamos la subasta con un precio inicial de trescientos veinticinco mil dólares.
No tenía idea de que él había donado un auto, pero es un gesto muy hermoso el que haya apoyado la causa de esta forma. Así que decido prestarle atención.
La subasta asciende hasta quinientos mil dólares y entonces, para sorpresa del único pujador que había, el hombre que está sentado en nuestra mesa aumenta la puja hasta los seiscientos mil dólares. Esto se está poniendo intenso. Puedo ver como su esposa sentada a su lado lo mira fijamente ante la sorpresa que le ha causado que el pujara por el auto.
—¡Que! Solo estoy apoyando la causa. —responde mientras todos en la mesa nos echamos a reír a carcajadas.
Todos nos reímos menos su esposa. Creo que el se ha metido en un serio problema. Intercambian unas palabras entre ellos a las cuales no les presto atención. Pero que al final hacen que ella le sonría. Y entonces su esposa hace algo increíble.
—Setecientos mil. —levanta la paleta y aumenta la apuesta contra su esposo.
Contengo la risa. Esto no me lo imaginaba.
—Setecientos mil dólares señores. ¡Alguien da más! ¡Escucho Setecientos veinticinco!
Pasan unos segundos en que intercambian miradas. El nivel de complicidad que tienen entre ellos es increíble. No necesitan hablarse, con solo una mirada se lo dicen todo. Y eso me hace pensar, en que ese es el tipo de relación que quiero tener con alguien.
—¿El caballero no apuesta más? —pregunta el organizador en dirección al hombre.
Este niega con la cabeza, no va a apostar contra su esposa. Y este gesto dice mucho. El la ama con locura. Se puede ver en la forma en que la mira. Y ella lo ama a él.
—¡Setecientos mil a la una! ¡Setecientos mil a las dos! ¡Vendido a la dama de negro! ¡Felicidades! El dueño del vehículo le hará llegar las llaves y la dirección donde puede recoger su nuevo auto. —la felicita el organizador.
—¡Felicidades por tu nuevo auto! —la felicito con una sonrisa.
—¡Gracias! Muero por estrenarlo. —me responde ella muy sonriente.
—Puedes recogerlo cuando lo desees. —le responde Christian mientras saca un sobre del bolsillo interno de la americana. —Ahí encontrarás las llaves y la dirección donde puedes recogerlo.
—Muchas Gracias. —le responde ella muy animada.
—Y hemos llegado a la última pieza de la noche señores. Sé que todos deben estar ansiosos por este momento. Nuestra última subasta es cortesía de Daniel Cooper. —señala hacia nuestra mesa. — Una semana en Palm Residence, Coco Privé, en las hermosas y paradisíacas Islas Maldivas. —detrás en la pantalla, comienzan a verse imágenes de la residencia en la isla. —Comenzamos la puja en cuarenta mil dólares.
Las imágenes que muestra la pantalla son para quitar el aliento, cualquiera desearía irse a vacacionar allí. Y entonces todas las paletas comienzan a levantarse, cada uno pujando un poco más. Todos quieren irse de vacaciones allí y están disputando el precio. Solo el mejor postor se las llevará. Cinco minutos más tarde, la suma ha ascendido a doscientos mil dólares.
—¡Alguien da más!
—¡Trescientos mil! —grita Christian y yo me giro hacia el impresionada.
—Damas y caballeros. ¡Trescientos mil dólares por unas vacaciones inolvidables! ¡Alguien da más! ¡Trescientos mil a la una! ¡Trescientos mil a las dos! ¡Vendido! Gracias a todos por sus donaciones esta noche, continúen disfrutando de la velada, en unos minutos se comenzará a servir la cena.
Christian sonríe ante su triunfo y entonces me pregunto. ¿Para que necesita unas vacaciones allí? Y mucho más importante. ¿A quién va a llevar?
Debo dejar de pensar en todo lo que me dijo su ex. Eso no es bueno para mí. Comienzan a servir la cena, pero no le presto atención a nada, apenas y ceno algo. Y Christian está tan distraído, que no se percata de nada. Cuando anuncian que los ganadores pueden pasar a hacer el depósito, Christian se disculpa conmigo y se marcha hacia el interior de la casa.
No sé para que he venido esta noche. Pensaba que iba a pasar una velada agradable, pero todo está yendo de mal en peor. Me levanto de la mesa y decido caminar por los alrededores, necesito despejar mi mente para conversar con Christian más tarde. Creo que el tiene mucho que explicar.
No sé cuanto tiempo transcurre mientras paseo cerca del muelle aspirando nuevamente el olor tranquilizador a mar. Tampoco sé cuantos tragos me he tomado. Solo sé que me siento atrevida y desinhibida. Lista para una conversación.
—Llevo rato buscándote, pensaba que te habías marchado. —me susurra detrás, pero me giro rápidamente evitando que su mano haga contacto con mi piel.
Si lo dejo tocarme estoy perdida y sé que todo lo que debo decirle, se quedará en el aire y no resolveré el conflicto interno que tengo desde que llegué a esta gala. Cuando lo observo detenidamente, se ha sacado la americana y la chaqueta. Solamente lleva la camisa recogida a la altura de los codos. El que luzca así de sexy, lo hace aún peor. Pero necesito sacar todo de mi interior y dejar de una vez por todas claras las cosas entre nosotros.
—¿Algún día piensas etiquetar nuestra relación? —le suelto repentinamente.
—¿Porque necesitas que lo haga?
—Porque necesito saber que no soy solo una mujer más que desfilará por tu cama.
—¿Con quién estuviste hablando? —pregunta frunciendo el ceño.
—Eso no es importante.
—Si que lo es, de seguro que Francis te metió cosas en la cabeza. Debes ignorar todo lo que esa perra celosa te dijo. Ella solo quiere tenerme de regreso, nunca estuvo de acuerdo con el divorcio y lo único que está intentando es hacernos daño para separarnos.
—No dijo nada que no fuera verdad. Ella tiene razón en muchas cosas que dijo.
—Como, por ejemplo.
—Que nunca te has enamorado y que nunca lo harás porque no eres ese tipo de persona. ¿Acaso me dirás que no es cierto?
Christian se queda callado admitiendo con su silencio lo que no puede confesar.
—¿Porque no me has presentado a tu madre ni a tu hermana?
—Ya te conocen, ¿porque habría de presentarte ante ellas?
—Verdad que eres imbécil. ¿Acaso les has dicho a alguien que soy tu novia?
Christian se queda pensando.
—No, no lo has hecho porque para ti no lo soy. Solo soy alguien con quien tienes una relación de mutuo acuerdo.
—Sabes que no es así. Nuestra relación es mucho más que un acuerdo de sexo.
—¿Entonces que soy Christian? Porque ni siquiera pudiste decirle a tu exmujer quien soy yo. Ni siquiera yo le pude decir que éramos.
—¡Ana!
—¡Ana una mierda! Organiza tu vida y después cuando decidas si yo formo parte de ella me vienes a buscar. Porque no soporto más ser la única que arriesga su corazón en esto. — ya lo dije, creo que con esto es suficiente. No puedo estar ni un segundo más aquí.
Christian intenta tomarme del brazo.
—¡No te atrevas a seguirme! —le grito mientras el se queda congelado en el lugar.
Doy media vuelta y me marcho. Si de verdad el tiene sentimientos por mí, se que me detendrá, sé que vendrá detrás de mi ignorando lo que le acabo de decir y evitará que me marche. Pero no lo hace. Y mientras salgo de la mansión las lágrimas se acumulan en mis ojos mientras confirmo lo que me temía. Christian no me ama, nunca lo ha hecho y nunca lo hará.
