Despierto sobresaltada.
Me siento en la cama mientras intento recomponer mi respiración. Nada ha sido cierto. Todo ha sido un mal sueño producto de todo lo que conversamos anoche. He tenido una horrible pesadilla. Una en la cual Christian era golpeado y maltratado y yo era humillada en un club de sexo. Me dejo caer nuevamente en la cama. No tengo idea de que hora es, pero siento que no he descansado lo suficiente. Desde luego, Christian no está a mi lado. Es mucho esperar que después de su confesión de anoche, durmiera a mi lado.
Sonrío mientras el olor de Christian y de sexo inunda mis fosas nasales. No sé qué tiene su olor que me atrae tanto. Siento el sonido de la puerta abrirse y me siento en la cama. Christian entra en la habitación cargando una bandeja con el desayuno. Se sienta a mi lado y pone la bandeja a los pies de la cama.
—Buenos días. —me dice mientras acerca su boca para tomar la mía.
Y como siempre me sucede, adicta ya a ese simple contacto, intensifico el beso enredando las manos en su cuello y tirando de él hacia mí.
—Alguien despertó con mucha energía esta mañana. —susurra contra mis labios.
—Estoy feliz. —le respondo con una sonrisa separando mis labios de los suyos.
—¿Puedo saber el motivo de tu felicidad? —inquiere sonriente mientras coje la bandeja y la coloca en mis piernas.
—No se lo cuentes a nadie, pero anoche me confesaron que me amaban. Así que hoy soy una mujer feliz porque han correspondido mis sentimientos.
—Eso es un motivo de celebración. —me dice mientras me tiende una copa con jugo de naranja.
Le doy un sorbo y entonces reacciono.
—¿Mimosa? —inquiero al notar el característico sabor del champagne oculto por el sumo de naranja.
—Recuerda que solemos hacerlo todo en el orden opuesto. —me dice con una sonrisa. —Esta noche vamos a celebrar de verdad, así que escoge algo sexy y elegante para la ocasión.
—Necesito mas detalles para elegir algo apropiado.
—Vamos a cenar y después a donde comenzó todo.
—y no necesito saber nada más. Vamos a ir al club. —Pero primero, debemos ir a hacer las compras.
—¿Compras? —inquiero curiosa. ¿Qué él no tiene quien se las haga?
—Sí, debo abastecer la despensa, Elizabeth esta de descanso este fin de semana. Así que nos vamos a hacer las compras en cuanto terminemos de desayunar. —me dice sentándose a mi lado en la cama.
Desayunamos entre risas y me termino mi exquisita bebida matutina. Me visto bajo la atenta mirada de Christian con unos jeans ajustados de color salmón, una blusa sin mangas de color blanco y unas zapatillas plateadas con un lazo salmón también. Me coloco una chaqueta de mezclilla deslavada y me pinto los labios de color rosa. El no va tan mal. Se ha puesto unos pantalones de vestir de color caqui y unas botas del mismo color. Para arriba, una camisa blanca con las mangas recogidas en los codos y los dos primeros botones desabrochados. También a cogido unas gafas aviador y se las ha colocado antes de sonreírme seductoramente.
—Imagino que te han dicho que luces muy sexy cuando sonríes de esa forma.
—Me lo han dicho, pero nunca alguien que me importara. —me responde mientras se acerca a mí. —Si no fuera porque tengo la despensa vacía, no salimos de este apartamento en varios días.
—Siempre podemos hacerlo cuando la abastezcas. —le sonrío pícaramente.
—No me tientes, no tienes idea de lo que puede suceder si te tengo a mi merced durante varios días. —me responde con una radiante sonrisa que yo imito.
Creo que tengo una ligera idea de lo que pudiese suceder si estuviese a su disposición varios días completamente. Hum, se me acaba de ocurrir algo. Sonrió internamente. No pienso contarle nada, mejor si lo sorprendo.
Lo que supuse que sería un breve viaje al supermercado, se convierte en una mañana ajetreada. Christian va a diferentes lugares a hacer las compras. Al mediodía almorzamos una hamburguesa y continuamos con las compras después. No compra todo en el mismo sitio y no entiendo por qué. Apenas y soy consciente de todo lo que compra. Regresamos a su apartamento en la tarde. Cuando estaciona. rápidamente y como todo un caballero se baja y me abre la puerta mientras me tiende la mano.
—Vamos, tengo una sorpresa para ti. —me dice mientras coge una bolsa de color marrón del maletero, y entrelaza la mano libre con la mía.
Tengo curiosidad por saber lo que hay dentro, pero no le pregunto, se que me lo mostrará en su momento. Así que me dejo conducir hasta el ascensor. Lo miro de reojo mientras las puertas se cierran. Puedo sentir esa electricidad que nos atrae. Su presencia, a pesar de todo lo que ha sucedido entre nosotros, continúa afectándome de todas las formas posibles.
—Hoy no. —me contesta mientras me mira brevemente.
—Yo no he dicho nada.
—Pero lo estás pensando. —me dice girándose hacia mí.
Suelta mi mano, da un paso en mi dirección y me acaricia el rostro. Cierro los ojos ante su contacto.
—¿Acaso no quieres saber lo que se siente al tener sexo en un ascensor en movimiento? —siento su dulce voz susurrándome al oído.
—No lo sé. Nunca he sido de hacer ese tipo de cosas. —le contesto con la respiración acelerada.
—Sé perfectamente el tipo de cosas que nunca has hecho y conmigo te has atrevido a hacer. —me dice mientras desliza sus labios por mi mejilla hacia mis labios. —Un día de estos te voy a tener completamente a mi merced en este mismo ascensor. —da otro paso más y me pega a la pared presionando su duro cuerpo contra el mío. —¿Quieres que te tome aquí en el ascensor?
—Me da igual que me tomes donde desees. —le digo atrevidamente.
—Ahora no. —me dice en el mismo instante en que las puertas se abren. —Tengo el tiempo justo para todo lo que tengo preparado para ti hoy.
Separa su cuerpo del mío, vuelve a tomar mi mano y me adentra en el apartamento. Me acaba de dejar excitada y deseando sexo ardiente y posesivo como al que él me ha hecho adicta. Pero no me preocupo, sé que más tarde esta noche, voy a tener exactamente lo que deseo.
Christian abre la puerta de su habitación y me conduce dentro del baño. Abre la llave de la tina y comienza a llenarla.
—Desnúdate. —su voz ha sonado ronca.
No lo pienso dos veces. Me desnudo rápidamente mientras observo todo lo que hace. Abre la bolsa marrón y saca varios frascos que coloca a un lado de la tina y después comienza a verte dentro del agua. Lo primero es el gel que echa directamente debajo del grifo para que comience a hacer espuma, después vierte sales aromáticas. Aspiro en cuanto el olor inunda todos mis sentidos. Huele a coco, mi olor preferido.
—Te quiero con este olor impregnado en tu cuerpo durante toda la velada. —susurra muy bajo mientras continúa sacando cosas de la bolsa.
Saca una bolsita pequeña, la abre y la vierte en el agua. Me quedo asombrada viendo como el agua se va llenando de pétalos negros. Christian cierra el grifo cuando se ha llenado lo suficiente. Se saca el teléfono del bolsillo, selecciona una canción y lo coloca a un lado.
—Ya puedes entrar. —me dice poniéndose de pie y tendiéndome la mano con una deslumbrante sonrisa en el rostro.
Me sostengo de su mano y entro en la tina sentándome hasta que la espuma cubre todo mi cuerpo. Esto se siente celestial. Cierro los ojos brevemente, pero entonces los abro al sentir su ausencia.
—¿No vienes? —le pregunto mientras él me sonríe.
Christian me mira fijamente y después se desnuda rápidamente para acompañarme en la tina. En cuanto entra y se sienta en el otro extremo el agua se desborda por los lados.
—Hum, un olor exquisito. —cierra los ojos mientras acomoda sus fuertes piernas contra el borde de la bañera.
Acomodo las mías sobre las suyas y cierro los ojos. Pero no puedo estar mucho tiempo sintiendo el calor abrazador de su cuerpo sin tocarlo o sin que me toque.
—¿Sucede algo? —me pregunta haciendo que abra los ojos nuevamente.
Christian me está estudiando detenidamente.
—Necesito tocarte. —le confieso con mi mirada fija en la suya.
—Lo estás haciendo. —me responde con una sonrisa mientras mueve los pies debajo de los míos.
—Necesito tus manos en mi cuerpo. —el solo me sonríe.
Sí. Lo admito. Me he convertido en una adicta y no puedo vivir sin él.
—Pues tócame. —me dice mientras abre sus brazos en una invitación.
Me muevo de mi lugar. El movimiento hace que el agua caiga nuevamente por los bordes. Me siento en su regazo, me recuesto a su pecho y acaricio su brazo suavemente.
—¿Mejor?
—Mucho mejor. —le respondo con una sonrisa.
Christian acaricia mi espalda suavemente. Esto se siente tan bien que no quiero que nada ni nadie nos interrumpa. Quiero quedarme así por toda la eternidad. Aunque sé que eso es imposible. Christian coge una esponja del suelo y después de verter gel en ella, comienza a frotarla por mi cuerpo, muy, muy lentamente. Me muevo hasta quedar sentada entre sus piernas y recostada a su pecho. El continúa lavando todo mi cuerpo delicadamente y yo me dejo mimar.
—Necesito terminar los preparativos de nuestra cena. —me dice unos minutos más tarde cuando ha terminado de lavar todo mi cuerpo. —Continúa disfrutando de tu relajante baño, en un rato te acompaño nuevamente. —se levanta y sale de la bañera.
Tengo que contener la risa al ver su impresionante erección a la cual él ha decidido ignorar. Pero no hago ningún comentario al respecto. Enreda una toalla en su cintura, se inclina hacia mi y me da un beso antes de salir del baño.
Sonrió y cierro los ojos nuevamente mientras disfruto de la relajante música y del delicioso baño que han preparado para mí.
No sé cuánto tiempo transcurre, el movimiento del agua hace que me espabile. Me he quedado dormida. Abro los ojos y me encuentro con la sonrisa de Christian. La espuma ha desaparecido y el agua ya no está caliente.
—Te has quedado dormida. —me dice mientras desliza la mano por mi brazo recostado en el borde de la bañera. —Debemos alistarnos para la cena.
Christian se pone de pie y me tiende la mano para ayudarme a salir. Después me alcanza una toalla y la enreda en mi cuerpo.
—Dejé todo listo para ti en la habitación, espero no te moleste que haya escogido la ropa para ti. Yo me alistaré en la otra habitación, tu cuerpo desnudo es demasiada tentación y si lo hacemos juntos no creo que salgamos de aquí esta noche. —me dice con una sonrisa mientras desaparece.
Vuelvo a sonreír y camino hacia la habitación. Sobre la enorme cama cubierta con sábanas de satén negro, hay un hermoso vestido azul ley para la ocasión. Lo sostengo en mis manos y me lo pruebo por encima.
Tiene un escote palabra de honor y mangas tres cuartos. Se que se ajustará perfectamente a mi cuerpo, llega hasta el suelo y deja al descubierto una de mis piernas. Junto al vestido se encuentra el resto de complementos, lo zapatos de tacón de aguja y una bolsa con maquillaje. El lo ha pensado todo.
El conjunto de lencería de encaje es para quitar el aliento. Si hubiese sido antes de conocer a Christian, jamás se me hubiese ocurrido ponerme un conjunto de estos, es demasiado atrevido. Pero todo ha cambiado, y sé que, si me pongo esto, Christian se volverá loco.
Pero tengo un grave problema aquí. No me puedo poner este conjunto de lencería sin que se note con el vestido. Pudiera escoger otro vestido, pero este me ha encantado y sé que a Christian le encantará también. Así que solo veo una solución. Debo escoger otro conjunto de lencería, a pesar de que este me ha encantado y hace juego con el vestido.
Cojo el vestido y el conjunto de lencería y me encierro en el vestidor. No quiero que Christian espíe y descubra que he cambiado el conjunto. Así que guardo el que ha sacado y selecciono otro, mas sencillo, pero igual de atrevido.
Cuando me pongo el vestido me miro en el espejo de cuerpo completo. No me reconozco a mí misma. Me giro de perfil. El vestido se ajusta a mi cuerpo y realza mis leves curvas. Me siento en un banco y me coloco los tacones.
¡Por dios! Christian se va a morir cuando me vea.
Salgo del vestidor rumbo a la habitación en busca de la bolsa de maquillaje que hay sobre la cama y de allí me encierro en el baño para arreglarme el pelo y maquillarme.
Media hora más tarde tengo el pelo recogido en un moño alto dejando algunos rizos caer en mi rostro. Me he hecho un maquillaje ahumado que resalta mis ojos. Perfecto para el lugar al que vamos a ir.
