Cuando estoy completamente arreglada salgo hacia la sala de estar. Ya ha oscurecido y me distraen las luces de central park. Me acomodo en el sofá mientras admiro la hermosa vista de la ciudad de noche. Hay una copa de vino en la mesita del centro. Que extraño. Imagino que Christian la ha dejado aquí para mí. La cojo y comienzo a beber lentamente mientras espero por él.
¿Cómo alguien puede vivir en este enorme apartamento y no sentirse solo? Yo no podría. Me levanto y me detengo frente a los cristales panorámicos. El vino está delicioso y mientras miro a la distancia, y sin percatarme, desaparece de la copa sorbo a sorbo.
—Hermosa vista, ¿cierto? —su dulce voz interrumpe mi ensoñación.
—Muy hermosa —le respondo sin girarme.
—Estás muy hermosa con ese vestido. —me susurra mientras se detiene detrás de mí y coloca sus manos en mis hombros desnudos.
—¿Solo con el vestido?
—En realidad, estás hermosa sin el también, pero este vestido hace resaltar tus delicadas curvas. —baja las manos a mi cintura y con los pulgares acaricia mis nalgas.
—Contrólate, no vas a ver lo que hay debajo hasta que sea el momento. —le digo mientras aparto sus manos de mis caderas.
—Alguien está jugando con fuego. —me muerde ligeramente el cuello mientras yo sonrío.
—Si quisiera jugar con fuego, te mostraría lo que hay, pero no lo haré. No creo que necesites una distracción que arruine la noche.
—Tienes razón. ¿Lista para cenar?
—Lista.
Christian me quita la copa de la mano y entonces me giro a verlo. El impacto no es tan fuerte esta vez. Ya estoy preparada para verlo de traje. Aunque no me lo esperaba con un traje tan elegante como el que lleva en estos momentos.
Es azul oscuro y se ajusta perfectamente a cada músculo de su cuerpo. Debajo trae una camisa blanca con la corbata negra. El pelo lo trae acomodado hacia atrás, ningún cabello fuera de su sitio. Se ha dejado la ligera barba en el rostro la cual sé qué hará estragos en mi piel sensible más tarde. Me acerco lentamente y me detengo frente a él. Incluso con los tacones que llevo tengo que alzar la vista un poco para encontrarme con la suya.
—Estás muy elegante. —le digo mientras deslizo mis manos por su pecho sintiendo el latir frenético de su corazón.
¿Acaso está nervioso?
—Y tú estás deliciosamente hermosa esta noche. Voy a tener que frenar a muchos depredadores a donde vamos a ir.
—¿Dónde cenaremos?
—Es una sorpresa. —me dice tendiéndome el brazo y brindándome esa sonrisa que me desarma y acelera mi corazón.
Me sujeto de su brazo y me dejo conducir hacia el comedor. Voy flotando como en una nube mientras camino de su brazo. En cuanto entro al comedor no estoy preparada para lo que me encuentro. Todo está a oscuras. Solamente las velas dispersas por la habitación iluminan la estancia. Cuando dijo que íbamos a cenar, no imaginé que lo haríamos aquí.
—¿A qué se debe todo esto? —inquiero con curiosidad mientras toma mi mano de su brazo y la lleva a sus labios para besarla lentamente sin apartar su mirada de la mía.
—Creo que no tuvimos una primera cita como es debido, además que debemos celebrar. —me dice con una sonrisa mientras suelta mi mano y camina para apartar una silla para mí.
Me le quedo mirando fijamente. Estoy algo nerviosa. Apenas anoche me confesó que me amaba y ahora esto. Nunca nadie ha preparado una cena así para mí. Y esto me ha sorprendido.
—¿Todo esto era necesario? —le pregunto mientras me siento en la silla que el me ofrece.
—Absolutamente necesario ¿Alguna vez has cenado a la luz de las velas? —me susurra en el oído haciendo que todo mi cuerpo se estremezca.
Niego con la cabeza. Los idiotas nunca se molestaron en hacer sentir a una chica especial. En hacerme sentir como en un cuento de hadas.
—Lo supuse. Ahora si me permite la dama, iré por nuestra cena. —muerde y tira del lóbulo de mi oreja antes de separarse de mí y dirigirse rumbo a la cocina dejándome echa un manojo de nervios.
Desenvuelvo la servilleta con manos temblorosas y la coloco sobre mis piernas. Esto nunca me ha pasado antes. Christian hace que todos mis sentidos se alteren de formas que nunca imaginé que lo harían. Me siento como una adolescente enamorada y temblorosa a punto de perder la virginidad con el chico más apuesto del colegio.
Christian regresa con una botella de champagne en la mano y comienza a verterlo en ambas copas con una radiante sonrisa en sus labios.
—¿Qué vamos a cenar? —le pregunto con curiosidad.
—Es una sorpresa. —me responde antes de marcharse nuevamente hacia la cocina.
Christian regresa con dos platos en las manos. Coloca uno frente a mí y después el suyo antes de sentarse. Miro fijamente el despliegue de colores que hay en mi plato. No tengo idea de que es lo que ha cocinado. Aspiro el delicioso olor que desprende la comida y mi estómago ruge. Estoy hambrienta y el delicioso olor de la comida solo hace que tenga más hambre.
—Es una paella Valenciana, no quise hacer nada con mariscos pues no sé si eres alérgica a ellos. —me dice colocándose la servilleta sobre las piernas.
—No lo soy, esto huele exquisito.
—Pues cenemos, el postre vendrá después. —me dice con una sonrisa pícara mientras coge sus cubiertos.
Debo decir que la cena estaba deliciosa y yo muy hambrienta. Christian no apartó su mirada en ningún momento de mí. Me miraba mientras llevaba su cubierto a la boca y también cuando bebía algún sorbo de vino. Yo intenté por todos los medios concentrarme en comer y no en mirar su boca mientras devoraba el plato de comida lentamente. Su boca me tentaba sin siquiera intentarlo.
—¿Has terminado? —me pregunta de repente.
Ni siquiera me he dado cuenta que dejé de cenar. Pero no creo que pueda comer más. Dejo los cubiertos en el plato mientras Christian se levanta y los retira. Regresa rápidamente y me tiende una mano que yo tomo rápidamente.
—¿Estás lista para el postre? —me pregunta seductoramente.
—¿Me dirás que hay de postre? —inquiero mientras me dejo conducir por él.
—Tu preferido. —me dice con una sonrisa mientras me conduce hacia la puerta.
—¿A dónde vamos?
—El postre lo tomaremos en otro lugar, ve por tus cosas. —me dice soltando mi mano.
Me dirijo hacia la habitación, retoco mi maquillaje y cojo el pequeño bolso que ha dejado como complemento del conjunto que llevo. Guardo dentro todo lo necesario y salgo en su búsqueda. Entrelaza sus dedos con los míos y me conduce al ascensor. Camino sosteniéndome de su brazo. Nunca he llevado unos tacones tan altos en mi vida.
—¿Me dirás a dónde vamos? —inquiero con curiosidad.
No me responde, solo me sonríe mientras abre la puerta del auto para mí. Al parecer no voy a conseguir mucho por su parte esta noche. Quiere mantenerlo todo en total secreto. Cuando el auto se detiene afuera de su club, me giro hacia el sorprendida.
—¿No íbamos por el postre?
—Eso es exactamente lo que vamos a hacer.
