Capítulo 3: Mascarada
Alana
"Esta es mi canción de lucha, la canción para recuperar mi vida, la canción que dice estoy bien"
«Me llamo Alana Rogers y tengo veinte años. Vivo en una isla en el archipiélago de Hawaii. Es mi pequeño paraíso, pero ahora deseo ir más allá. Quiero vivir una aventura y estoy muy emocionada con este nuevo proyecto, así que espero poder formar parte de él. Soy profesora de artes marciales y entre mis aficiones se encuentran el surf y la esgrima. Me considero una persona alegre y optimista. Mi madre dice que soy todo corazón, pero ¿qué va a decir? Es mi madre al fin y al cabo»
El vídeo acaba con ella soltando una risita. Alana se siente bastante satisfecha con él. Se ha asegurado de sonreír en todo momento y de parecer la chica alegre y despreocupada que se supone que es y que en verdad le encantaría ser.
Está acostumbrada a fingir. Lleva dos años haciéndolo. Solo su madre ha sido capaz de ver a través de la fachada que se ha construido. Ella es la única que sabe leer a Alana y por tanto es capaz de darse cuenta de que la alegría que su hija siempre había desbordado ahora no es más que una actuación.
Envía el vídeo a la dirección indicada. No merece la pena darle más vueltas. Ciertamente sí que la entusiasma la idea de participar en un reality. Sería una esperiencia nueva para ella y cree que le hace falta algo así. Salir de la isla le vendrá bien. Es una manera de tomar distancia y alejarse de los malos recuerdos.
Es curioso que justo esté pensando eso y acabe yendo a la playa, pero realmente le apetece volver allí. La playa es un lugar agridulce. Desde siempre ha amado el mar y en esa playa en concreto han tenido lugar muchos de sus mejores recuerdos, pero también es el sitio donde todo pasó dos años atrás.
Alana lo recuerda como si fuera ayer. Estaba en su casa preparando el equipaje. En unos días ella y sus amigos se marcharían a hacer su gran viaje. Llevaban meses planeándolo y hacía semanas que no hablaban de otra cosa.
Fuera rugía la tormenta. Alana no le dio mucha importancia hasta que en el grupo de whatsapp sus amigos comenzaron a preocuparse. Su gran viaje consistiría nada más y nada menos en recorrer todas las islas del archipiélago a la manera antigua, es decir, en una balsa fabricada por ellos mismos. Ya la habían terminado y se encontraba barada en la playa, a merced del temporal.
Decidieron que lo mejor sería salir a buscarla. La cogerían y la guardarían en el cobertizo de Alana, que estaba cerca. Fue eso lo que la salvó. Mientras ella abría el cobertizo y hacía sitio para la balsa, sus amigos batallaban para sacarla del agua, una batalla que finalmente perdieron. Ni la balsa ni sus amigos salieron del mar esa noche. A la mañana siguiente, cuando la tormenta pasó, la policía encontró sus cuerpos así como los restos de la balsa.
Ese día el mar está en calma, pero Alana no se deja engañar. Sabe lo que el mar es capaz de hacer. No le tiene miedo, es una isleña al fin y al cabo, pero sí lo respeta. Su madre siempre dice eso, que hay que respetar al fuego y hay que respetar al mar.
Alana se descalza para caminar por la orilla. La isla es su hogar y la playa es parte de ella, pero se muere de ganas de dejarlo todo atrás. Siente que será algo bueno y además así podrá cumplir en parte el sueño que ella y sus amigos tenían de salir de allí y conocer algo más que el lugar donde se criaron.
Elias
"Mi lado secreto nunca dejo que lo veas. Lo mantengo encerrado, pero no lo puedo controlar"
«Me llamo Elias Newton y soy contador financiero. Tengo dieciocho años y bueno, ya me ven. Soy el chico de al lado: estatura media, complexión media, ni el más guapo del salón ni el más feo tampoco. En general me llevo bien con todo el mundo. Me gustan las fiestas, aunque tampoco soy un cierrabares. Supongo que no soy el tipo más especial del universo, pero es quien soy y estoy contento con la vida que llevo. Dicen que la gracia de los realitys es ver a gente normal en pantalla. Bien, pues ya han visto que no hay nadie más normal que yo»
Cuando termina de grabar el vídeo lo examina. Le gusta cómo le ha quedado. No se nota para nada que esa noche apenas ha dormido. Es verdad lo que ha dicho en el vídeo de que no es un cierrabares, pero a veces en las madrugadas hace otro tipo de cosas. Es solo que no son el tipo de cosas que uno puede contar en un vídeo de presentación para un reality, ni en ningún otro sitio realmente.
Manda el vídeo sin pensarlo más y coge su mochila para ir al trabajo. El barrio está silencioso a esas horas. En la zona en la que vive nadie acostumbra a levantarse temprano, sobre todo porque la mayoría de sus vecinos ejercen sus profesiones más bien de noche. No es el lugar más seguro del mundo, pero vivir allí tiene sus ventajas para alguien como él.
El camino al trabajo es tranquilo, pero en la oficina el ambiente está muy animado. Es viernes y el equipo de contabilidad lo sabe.
–Esta noche fiesta en mi casa, Elias –anuncia Marcus con una gran sonrisa en cuanto Elias pasa a su lado en dirección a su escritorio.
–Ya lo sabía –responde Elias.
–¿En serio? ¿Cómo lo sabías?
–Puede que yo sea adivino o puede que tú organices una fiesta todos los viernes. Quédate con la opción que te resulte más creíble.
Marcus le ríe la gracia y varios de los otros chicos se unen también. La mayoría son bastante jóvenes. Muchos de ellos estudian en la universidad a la vez que trabajan. Elias nunca ha querido estudiar, aunque tiene sus actividades extracurriculares, claro.
–¿Qué te ha pasado en la cara? ¿Has vuelto a tener problemas en tu barrio?
El que pregunta es Jeremy, uno de los nuevos. Los demás ya están acostumbrados a ver a Elias siempre lleno de moratones.
–Sí, esta mañana dos tipos se me echaron encima en busca de dinero cuando venía para acá. Tuve suerte de poder librarme.
–Suerte tienes de seguir vivo viviendo donde vives –comenta Marcus, que siempre tiene que tener la última palabra en todas las conversaciones.
Algunos de sus compañeros asienten con la cabeza. Elias no les hace caso. Son todos unos hipócritas. Se pasan la vida diciendo lo mucho que lamentan su situación, pero ninguno le ofrece un lugar donde quedarse. Al final es lo que tiene ser como él. Se lleva bien con todo el mundo, pero es tan anodino que no llega a intimar con nadie. La cosa cambiaría si supieran quién es él de verdad, aunque no sería un cambio a mejor, precisamente.
Jodie
"Flores azules y quilates y si es mentira que me mate"
El teléfono suena cuando Jodie está cerrando la tienda. Es su prima. Mierda, qué pocas ganas tiene de hablar con ella. La quiere, pero es una pesada. Se pasa todo el día quejándose de su marido. Eso le pasa por casarse con el primero que le hizo un mínimo de caso. Ella ya se lo advirtió, así que ahora que no le venga llorando. Además, tiene dos niñas monísimas. Ya podría centrarse en eso y dejar de dar la lata. Todo el mundo tiene problemas y no todo el mundo se pasa la vida amargando a los demás.
Decide no coger la llamada. Al fin y al cabo, está en horario de trabajo, así que tiene una excusa. Mañana la llamará cuando tenga un rato. Por lo pronto termina de cerrar y sale en dirección al bar donde ha quedado con sus amigos para cenar.
Están ya todos allí, todos excepto Benni, claro. Benni se fue a la uni en cuanto se graduó del instituto y viene a verlos de higos a brevas, generalmente para irse de fiesta y acabar todos bien borrachos. Esa noche, no obstante, será una cena tranquilita. Sam y John están sentados en la mesa mientras que Gigi y Leonarda han ido a pedir. Jodie se acerca a ellas para pedir lo que quiere también. En cuanto la ve Gigi la coge del brazo.
–¿Te lo has pensado ya?
Jodie suspira. Gigi no para de insistir cuando quiere algo y ahora se le ha metido entre ceja y ceja que Jodie se presente a un reality show de esos que echan por la tele. Lo cierto es que Jodie sí se lo ha pensado y la idea le gusta cada vez más.
–¿Qué es lo que Jodie tiene que pensar? –interviene Leonarda.
Gigi comienza a explicárselo, pero Leonarda no para de interrumpirla para preguntarle cosas. A lo mejor si no fuera tan pesada le contarían los planes a la primera y no tendría que enterarse la última si es que se acaba enterando. Al final, para cuando Jodie le dice a Gigi que ha decidido presentarse ya han llegado a la mesa con las bebidas de todos.
–Qué pasada, tía, tú en la tele y nosotros aquí viéndote –dice Sam.
Sam es la clase de amigo que te apoya en todo lo que hagas. Jodie pensó que sería genial salir con alguien como él y lo intentaron por un tiempo, pero la cosa no funcionó. Al final estar con alguien que te dice siempre que sí se vuelve un aburrimiento mortal. Con John le pasó todo lo contrario, que siempre estaban discutiendo por todo. A John le encanta discutir, pero como amigos es más fácil desconectar cuando se pone pesado. Con Danny no sabe qué fue exactamente lo que pasó. La versión oficial es que él fue un capullo con ella. La versión real es un poco diferente, pero esa prefiere no contarla. Las cosas no se tienen por qué ir aireando por ahí.
Danny es, de hecho, la razón por la que Gigi se ha empeñado en lo del reality. Según su amiga a Jodie le hace falta salir del pueblo y conocer gente, conocer a un tío, se entiende. Ella está de acuerdo. Ya va siendo hora de ir olvidándose del bueno para nada de su último ex.
No siempre cumplen eso de "la última y nos vamos" o eso otro de "esta noche vamos de tranquileo", pero esa vez lo han cumplido y Jodie llega relativamente pronto a su casa. No tiene sueño y además le gusta especialmente cómo va vestida: con unos leggins de su propia tienda de deporte, bueno, suya no, de su jefa, y una camiseta blanca con letras de colores en la que se puede leer "I love men" con la letra m tachada. I love me es un buen mensaje. Desde luego Jodie se quiere a sí misma, tanto que en el fondo se imagina ganando ese reality antes si quiera de que la hayan aceptado.
«Hola, gente. Me llamo Jodie Barker y tengo veintisiete años. Trabajo como dependienta en una tienda de deportes. No es el trabajo de mi vida, pero oye, tampoco está nada mal. Mi amiga Gigi me propuso esto y me da mucha vergüenza, pero también me apetece mucho. Es como una aventura, como una de esas oportunidades que le llegan a las mujeres en las películas y les cambian la vida. Ojalá esta sea mi oportunidad. No tengo una mala vida, pero siempre se puede mejorar. Ya sabéis, más dinero, un poquito de fama y a lo mejor alguien con quien compartir todo eso. No pido más, aunque si no consigo nada de esto al menos me llevaré una buena historia que contar»
Robb
"He estado en todas partes. Todavía me mantengo de pie. He visto un millón de caras y las he vencido a todas"
«Buenas a todo el mundo. Soy Rob Langley. Tengo treinta y siete años y la falsa modestia no es lo mío, así que no voy a negar que probablemente esto ya lo sabíais. Este sería ya el cuarto reality en el que participo y me hizo mucha ilusión cuando me contactaron. Los últimos años no han sido fáciles para mí, pero ahora espero poder superar ese bache haciendo lo que más me gusta que es entretener al público. No sé qué contaros de mí. Llevo quince años mostrando mi vida, pero estoy seguro de que en este nuevo show tendré algo nuevo que mostrar. Creedme, por mucho que creáis conocerme sigo siendo una caja de sorpresas»
–¿Qué te parece, cariño?
Nabila se queda pensativa. Rob espera su respuesta con ansia. Nabila no es solo su esposa. Es también su representante y lleva guiándolo en su carrera desde que se casaron.
–Otras veces has estado mejor, pero no está mal. Pensándolo bien puede que esté bien que se te vea en baja forma, así sorprenderás más cuando estés dentro. Además, tampoco es que tengamos mucho tiempo para cambiarlo. Todo esto ha venido demasiado rápido. Normalmente dejan más plazo para presentar los vídeos y avisan con más antelación a los invitados.
Rob asiente. Es cierto que todo ha sido un poco precipitado, pero por él está bien. Ya le hacía falta poder centrarse en su carrera de nuevo. Nabila tiene razón en eso de que está en baja forma. Los últimos años han sido un infierno para él.
Rob empezó en eso de los realities por casualidad. Acababa de volver de su primera campaña en la marina y no tenía nada que hacer mientras esperaba a que lo volvieran a llamar. Probó suerte y no ganó, pero gustó al público y lo invitaron a otro programa en el que quedó primero con muchos votos de diferencia. Ahí fue cuando decidió que quería dedicarse por completo al espectáculo. Sin embargo, el ejército no se lo permitió. Volvieron a convocarlo y realmente fue una suerte porque allí conoció a Nabila.
Lo suyo fue amor a primera vista y lo demostraron en un programa de parejas en el que se llevaron la victoria sin mucho esfuerzo. Rob pensó que por fin se habría librado de la marina para entonces, pero lo volvieron a llamar. Esa vez fue la última y la peor. Estuvo un año secuestrado y cuando por fin consiguieron sacarlo estaba destrozado física y mentalmente, el documental que Nabila y él grabaron sobre su recuperación da fe de ello.
Lo que no da ese documental es dinero. Fue un éxito moderado en su momento, pero no basta para costear el alto tren de vida del que la familia disfruta. Rob ya estaba pensando en buscar algún nuevo programa cuando lo contactaron para Drama asegurado. La oportunidad le vino como caída del cielo.
Nabila se encarga de mandar el vídeo mientras él va a ver qué hacen los niños. Sus tres hijas y su hijo son sus mayores tesoros. Rob siempre ha sido un hombre de familia y le encanta presumir del hogar que ha construido. Para eso se va al concurso realmente, para poder mantener ese hogar y darle a su familia la vida que se merece.
Observa a los niños jugar en el jardín. Las tres mayores están enseñando al pequeño Rob a saltar a la comba. Es una imagen tierna. Recordar escenas así le daba fuerzas cuando estaba en el frente y también se las dará cuando esté en televisión. Es cierto que no está en su mejor forma, pero podrá con esta nueva aventura. Ha sobrevivido a cosas mucho más complicadas.
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Ha pasado bastante tiempo, pero he vuelto. Ya tengo a todos los tributos y en estos días he estado haciendo planes, así que espero poder actualizar más seguido.
Gracias a Jefe por alana, a Beren por Elias, a Gui por Jodie y a Hueto por Rob. Sus canciones son Fight song de Rachel Platten, Monster de Skilled, Con altura de Rosalía y Wanted dead or alive de Bon Jovi.
