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#EsdeFanfics

Resumen: Albus desde joven había experimentado esa sensación de vacío. Rechazado por su legado familiar solo podía recurrir a esto cuando se creía solo.

Harry Potter le pertenece a JK Rowling.

Algunos spoilers de El Legado Maldito. Lo que está en cursiva pertenece a la obra. Los alimentos mencionados también pertenecen al universo mágico que creo JK Rowling.

Yo Te Amaré En Silencio: Capítulo 3: Trastorno Alimenticio.

Cuando era niño Albus Potter creía que la vida era muy sencilla y fácil de llevar. Creció en un entorno amoroso junto a su hermano mayor James y su hermana menor Lily. Incluso sabía que su madre Ginny y su padre Harry eran famosos.

Y como no serlo. ¡Era el hijo de El Hombre que Vivió! ¡Aquel que había derrotado al ser más oscuro de todos Lord Voldemort! Regresando la paz que aquel sujeto que quería ser inmortal le había robado a toda una generación completa de magos y brujas.

Quería pertenecer a la casa de Gryffindor como casi toda su casa ancestral. El único que lo molestaba diciéndole que iría a parar a Slytherin era James.

Como si el mismo fuera un vidente su predicción se cumplió.

Albus Severus Potter fue seleccionado en Slytherin, desde el instante en el que el sombrero seleccionador lo dejó en aquella casa los rumores crecieron en cuestión de segundos.

Su único amigo fue Scorpius Malfoy. Su hermano intensificó sus bromas al punto que las mismas dejaron de ser divertidas y Rose Weasley le dio la espalda. Le dejó de lado evitándolo como si fuera una Acromántula.

- Albus Potter, el Squib de Slytherin.

Habían ocasiones donde no sabía cómo sobrellevar los insultos, las comparaciones, la primera vez que sintió alivio fue cuando tomó una bandeja de Empanadas de Cornualles, se la llevó a la habitación que compartía con Scorpius sabiendo que su amigo en ese momento estaba muy ocupado tratando de conquistar a su prima cómo para darse cuenta de lo que iba a hacer.

Se comió todo lo que llevaba consigo. No dejó ni una sola pieza sin devorar. Acto seguido corrió hasta llegar a los baños, antes de hacer lo que tenía en mente vio debajo de los inodoros que no estuviera nadie presente como para ser escuchado.

Se encerró en uno de los baños, y procedió a introducir en su boca dos dedos, tocó hasta el fondo de su garganta, el movimiento le hizo vomitar todo lo que de un atracón se había comido.

Le había dolido la garganta por ser la primera vez que lo hacía, instinto puro era lo que le había movido a hacer dicho acto.

Se sintió menos vacío por dentro y por fuera después de haber vomitado su cena y las empanadas.

-Solo será está vez. Se prometió sin saber que no sería la última vez.

Esa fue la primera de muchas veces que lo haría y que rompería su propia promesa.

Que humillación, por las Barbas de Merlín! No se parece en nada a su padre. ¿Verdad?

Solían compararlo demasiado con el gran Harry Potter. El no tenía la culpa de ser el único Potter que había sido seleccionado en Slytherin, el no había pedido llevar ese peso en sus hombros.

Antes estaba orgulloso de ser hijo de Harry Potter, pero ahora ya no quería serlo.

Así terminó, su primer año en Hogwarts, tenía la esperanza de que mejorara el próximo año.

Que tonto e iluso fue, eso fue solo el principio de lo que le esperaba los próximos años.

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-Albus Potter, una persona irrelevante. Ni los retratos lo miran cuando sube por las escaleras.

Segundo año, nadie lo había descubierto aún sobre lo que hacía. Al principio solía ser una vez al mes, ahora eran dos veces a la semana.

Estaba decidiendo que comer cuando su atención fue llamada por el pastel de calabaza. Solo el rubio de ojos grises había probado una rebanada del mismo. Así que casi todo el bizcocho estaba disponible. Muchos amaban ese pastel pero cuando servían el budín de Yorkshire el mismo quedaba de lado.

Ya sabía que nadie le estaba poniendo atención, ni una sola chica, ni un solo maestro, ni siquiera Neville Longbottom que era su padrino. Desapareció junto a la bandeja que contenía el pastel. En su habitación nadie lo vería devorarlo hasta el último bocado y en el baño nadie lo vería vomitarlo.

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Tercer año.

Lily al fin tiene edad para ir a Hogwarts, Albus aguarda el anhelo en su corazón de que ella no sea enviada con él. Ella no soportaría ser pisoteada como lo ha sido el desde que entró a ese lugar que debería ser su segundo hogar pero más parece ser su cárcel.

-Gryffindor.

Anuncia el sombrero mientras todos aplauden, aliviado el chico de ojos verdes procede a elogiar a su pequeña hermana. Ella no merece ser arrastrada a esa oscuridad que lo consume a él con el tiempo.

- ¿ De verdad creías que la pondrían con nosotros? Los Potter no van a Slytherin. Dijo Scorpius sin darse cuenta que hería a su mejor amigo con sus palabras. Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, quiso remediarlo pero era demasiado tarde.

- No lo escogí yo. ¿Sabes? Yo no escogí ser su hijo. El rubio escuchó a su mejor amigo sin saber que aquella frase tenía un doble sentido que solo Albus podía entender.

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Albus Severus Potter tiene ya 14 años, su piel se ve amarillenta y sus ojos opacos, muchos sospechan que debe de ser porque no sale mucho de las mazmorras. A pesar de eso sigue siendo muy atractivo, las chicas no se le acercan por su fama de posible mago oscuro, por ser alguien irrelevante.

Solo Albus sabe que el deterioro de su cuerpo, que su mal humor es debido a que no ha podido darse atracones en su habitación. Scorpius después de cenar se va a la habitación que comparten ya que está tratando aún de ganarse el afecto de su prima Rose.

Quiere conquistarla para esto lo mejor que se le ha ocurrido es escribirle cartas de amor, que ella nunca lee y tira a la basura.

Existían mejores chicas para él que esa odiosa. Pero Scorpius no lo entiende, el no es culpable de su enojo, de su frustración, de esa necesidad insana de comer y vaciarse el estómago en ese mismo momento, simplemente quiere que se vaya a la biblioteca o en la sala común podría escribir esos sentimientos que a él le parecen absurdos.

No le ayuda que su padre le haya restregado en la cara que no lo quiere como hijo. Que hipócrita había sido al decirle que lo seguiría queriendo sin importar que fuera de Slytherin.

No lo odiaba pero tampoco lo quería cerca.

Solo quería comer hasta el hartazgo y proceder a sacarse todo ese veneno que llevaba por dentro. Lo necesitaba tanto pero Scorpius lo sospecharía si le pedía que se largara de la habitación que compartían desde hacía 4 largos años.

Solo quería darse un atracón, aunque la garganta le dolía, aunque su estómago se quedaba vacío.

Quiso ser un héroe cuando llegó Amos Diggory y su sobrina pidiendo ayuda. Le dolió saber que por culpa de su padre, un matrimonio se había quedado sin su hijo.

Lo que más lo cautivó fueron los ojos azules de aquella mujer de cabello rubio platinado con destellos azules en su cabello. Quería ayudarla, demostrar que no era un perdedor. Incluso se llevó a Scorpius contra su voluntad para hacer aquella locura.

Delphi Diggory se volvió su perdición, por un tiempo dejó de lado la obsesión de atragantarse con la comida por esa mujer que le sonreía, que le hacía sentir mariposas en el estómago, que hacía sentir su corazón latiendo con fuerza.

Necesitaba verse atractivo para ella.

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Casi echó todo a perder, casi provoca el fin del mundo como lo conocen todos, ella se aprovechó de que estaba "enamorado" de ella, lo manipuló a su antojo, casi mata a Scorpius, casi lo mata a él y a su padre. Mató a Craig Browker. Delphi arruinó a una pequeña familia con su acción.

Después de todo lo que hizo se siente verdaderamente culpable y miserable.

Su padre y el están tratando de reparar su relación rota, su padre si lo ama. Albus también lo hace pero esa necesidad no se va de su alma.

Y después de tanto tiempo sin hacerlo, recayó pero con más fuerza, ahora eran todos los días. Ya no era una vez al mes como cuando inició.

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Albus tiene 18 años. Han pasado cuatro años desde los acontecimientos que le hicieron creer que estaba enamorado de aquella mujer.

Cree que no hay nadie en casa, se ha graduado de Hogwarts, ya no siente repulsión por su estadía en el colegio mágico.

Se ha dado de nueva cuenta un atracón, desde que tiene 11 años lo ha hecho sin ser descubierto. Se ha llenado la boca con el estofado de vaca, cordero y cerveza que hizo su abuela Molly.

Otra vez se mete los dedos en la garganta de tanto que lo ha hecho ya no le duele nada, regurgita todo el contenido en el sanitario, al finalizar se lava las manos y la boca en el lavabo. Cree que nadie lo escuchó porque todos salieron de casa, de lo concentrado que está en su labor no escuchó que la puerta fue abierta de un Alhomora, y que lo vieron vomitarlo todo.

-¡Albus! ¿Qué acabas de hacer? El grito preocupado de Lily su hermana le hace saber que ha sido descubierto.

Está en problemas, aunque no lo quiera reconocer.

Trata de sonreírle, de negar lo que ha pasado pero Lily no le cree, desesperada porque no sabe qué hacer sale corriendo buscando a alguien que la pueda ayudar.

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Ginny llora porque se reclama a si misma el no haberse dado cuenta antes de lo que le estaba pasando a su hijo. No era normal que a su edad fuera tan delgado, que sus ojos tuvieran ojeras y su piel fuese tan pálida.

Harry solo sabe que tiene que salvar a su hijo. No tiene idea de cuánto tiempo lleva Albus haciendo esto. Necesita que lo revise un medimago, un sanador, un médico lo que sea.

Y esa era una decisión donde Albus no puede negarse a ir, su hermano lo toma en sus brazos está tan débil que ni siquiera puede quitárselo de encima sin cansarse.

Albus esta cansado de ir todos los días a San Mungo, ya no quiere ir al hospital. No quiere dejar de darse atracones porque es lo único que lo alivia. Sale corriendo tratando de huir de ese lugar, choca con una mujer mientras los dos caen sentados en el suelo.

-¡Tenga cuidado! ¡Esto es un hospital no una pista de carreras! La mujer se limpia el polvo que le provocó la caída mientras le estira la mano para ponerse de pie, ahí es cuando nota que el joven está demasiado delgado para su edad.

-¡Lo lamento! Yo no quería… ahora debe pensar que soy escoria. Toma la mano de la mujer poniéndose de pie, siente una pequeña llama en su interior. No sabe que sentimiento tiene en ese momento pero no quiere soltarla.

-Jamás dije eso. Mucho gusto en conocerle…

-Soy Albus Potter.

-¡Un placer conocerle! Soy Lottie Elwes. Tienes unos ojos verdes muy bonitos.

-No tengo nada en especial. Responde nervioso es la primera vez que alguien lo hace sentir halagado.

-Si lo eres. Se que tienes un largo camino que recorrer. Oye estoy aquí de paso pero estoy buscando la cafetería. ¿Me la podrías mostrar? Le hace ademán para tomar su brazo y que la guíe al lugar solicitado.

Albus no sabe que lo mueve a hacerlo pero la lleva al único lugar donde a él no le gustaría estar.

Toman un café con un trozo de pastel de chocolate, sin saber que su medimago particular y su padre son espectadores de la escena ante sus ojos.

Lottie acaricia con ternura su mejilla que está llena de pastel, Albus se sonroja al ver un interés sincero en los ojos marrones de ella.

Aunque sabe que apenas se está tratando, es la primera vez en años que ya no siente ese vacío ni esa necesidad de atragantarse al ver la sonrisa de Lottie. El sentimiento es diferente al que alguna vez sintió por Delphi.

Ella está feliz de conocerlo, el está agradecido de tenerla frente a él.

Harry llora en silencio, mientras el medimago le dice que ante ellos está la posible curación de Albus.

Aunque sea muy pronto considerarlo así. Porque puede notar que por primera vez en 7 años el deseo de devolverlo todo está comenzando a ceder en los ojos verdes de Albus.

A penas es el comienzo de un largo camino donde necesita tanto el apoyo de su familia, para salir adelante. Pero sobre todo se necesita que Albus entienda que está enfermo para poder avanzar.