Decidí participar! Me uní a uno de los retos de Saint Seiya - Unión Fanfickera.
Pasen por allá, muchas gracias por dejarme participar!
Específicamente este reto corresponde al 4.
Vamos.
Decisiones para Vivir
El río de lágrimas se desataba por sus mejillas, no podía detener la triste tortura.
Como deidad se impuso olvidar sus pasiones y sentimientos terrenales, y en especial por ese humano, pero esa misión fue un rotundo fracaso.
Todo ocurrió cuando el conflicto interno en el Santuario acabó. La fragilidad de la vida se mostró ante ella: Muchos de sus santos se perdieron en batalla, otros tantos heridos de gravedad; no era fácil de digerir. Athena, que hasta hace poco vivía en un mundo enfocado en los negocios y la buena vida como Saori Kido, se veía envuelta en un mundo oscuro, sangriento y doloroso. Se miraba a sí misma y no se reconocía.
La desesperación triunfó en ella justo en el momento en que sus brazos refugiaban a su guardián, el santo de Pegaso: Frágil, vulnerable y herido, - "Este no es Seiya" -. Sintió el peso de las palabras de Tatsumi respecto a su labor como Athena: No lo lograría, no era capaz. No quería más muertes ni sufrimiento, mucho menos por su ineptitud, pero tenía el presentimiento de que esto recién comenzaba. Un sentimiento de vacío la inundó desde sus entrañas y la única forma que su cuerpo encontró para librarse de él fue el fluir de las lágrimas, compartiendo gotas de lamento sobre el rostro del consagrado guerrero.
Bajo la estatua de Athena abrazaba al que obró el milagro mientras los otros guerreros observaban atónitos la escena. El sacrificio de Saga por ella no sólo le dolía, le hizo sentir miserable, infortunada e impotente. Seiya, sus 4 guerreros de bronce, Saga, todos los santos dorados perdidos... ¿Cuántos más caerían por su incompetencia? - "¿Puedo en verdad ser Athena?" -, se preguntó una y mil veces, y la respuesta nunca llegó.
Algo cambió dentro de ella: Estaba rota, nunca jamás regresaría la Saori Kido que conocía.
Como un castigo divino aún más doloroso, comprendió que sus sentimientos por ese chico a quien cobijaba en su abrazo se desbordaban: Culpa, deseaba más que nunca verlo reír, saltar, bromear como siempre; lo quería de regreso y sin las heridas ni el dolor de una batalla, pero ya saturada de impotencia sólo logró disculparse por hacer de su vida un evento miserable y lamentable. El, aún dentro de su inconsciencia humana tras la dura contienda, le regalaban una dulce energía de redención y entrega que de alguna forma sentía que ya conocía de tiempos ancestrales, llenándola de un tortuoso pesar.
Al día siguiente intentó escabullirse por el Santuario para cuidarlo en la fuente de Athena, moría por encargarse personalmente de su dolor, pero lastimosamente el santo de Aries le cortó el paso. El conocía los sentimientos de la deidad y no logró convencerlo sobre sus intenciones: apeló a su título de diosa, era su deber velar por sus santos de bronce y asegurar el bienestar de esos fieles guerreros que confiaron en Athena, pero este mundo no era igual a ese en el que ella se presentaba como una importante y respetada mujer de negocios, ahí donde bastaba una orden para tener todo a sus pies. Mu conocía la real motivación de la chica y no dio su brazo a torcer; no, la diosa Athena, desde eras mitológicas, le debía amor, devoción y entrega a todos sus santos. Un sentimiento tan humano, banal y superficial no era más que una deshonra para esos leales combatientes que entregaban su vida por la ella en amor a la humanidad. Guardando la apariencia que como diosa debía aprender a personificar, y que no logró sostener el día anterior bajo la estatua de Athena, con un semblante inquebrantable, una mirada majestuosa y un corazón irremediablemente roto regresó a Japón, al majestuoso castillo de los Kido que ahora no lograba reconocer como su "hogar".
Encerrada en su habitación por 1 semana, Saori se derrumbó. Durante días se permitió llorar su destino, sin tapujos ni vergüenzas. Tras un océano de lágrimas, y cuando ya sus ojos entraron en una dolorosa sequía, comenzó a ver nuevamente lo que sucedía a su alrededor: El universo no se había detenido con ella; decidió finalmente escuchar las insistencias de Kiki y salió con él al jardín para renovar la energía que lentamente retornaba a su cuerpo, el cual aún le costaba reconocer como propio. Ver al niño saltar y divertirse le removió un recuerdo de infancia con Seiya:
En un tiempo pasado, los niños aspirantes a santos fueron duramente sancionados por Tatsumi ante un error cometido por uno de ellos: Esa noche ninguno cenaría, creando la oportunidad perfecta para provocar al hambriento y molesto niño de ojos castaños que tanto odiaba. Altanera y dominante, la pequeña Saori se acercó a él en actitud desafiante, con un grandioso sándwich salido de una cocina gourmet. Se lo enseñó varias veces con socarronería, pero él insistía en desviar la mirada. ¿Por qué rechazaba su regalo? ¡Ella era tan bondadosa con él y sólo obtenía su desprecio! La actitud del castaño hacía crecer un sentimiento incómodo dentro de ella que no lograba descifrar con exactitud, el cual drenó en un grito enfurecido:
- "¡Levántate, Seiya!"
La pequeña supuso que el chico caería en la sumisión ante su mandato, pero ocurrió exactamente lo contrario:
- "¡Yo no soy tu perro al que sólo puedes dar de comer!"
Y Saori cayó en cuenta de algo terrible: Eso era exactamente lo que esperaba y deseaba de él, todo lo contrario al sometimiento que los otros chicos le rendían; el terror nació producto de su propio proceder, arrepintiéndose en el acto. Iba a decirle algo, pero Seiya ni siquiera la miró y eso la enfureció aún más.
- "¡No debiera ser el único! Shiryu, Shun y los demás también están hambrientos, ¿por qué sólo yo?" -, murmuró el muchacho.
Al no ser capaz de controlar a Seiya ni el fuego que la quemaba desde la boca del estómago, le lanzó el sándwich a los pies, - "¡Eres un idiota!"
Hoy era capaz de entenderlo: Su actitud arrogante de esos años de infancia no era más que una llamada de auxilio, un grito de dolor, y cada vez que él encendía la llama ferviente de la ira en ella, se sentía extrañamente comprendida: Ya no estaba sola, ya no era la única "loca", y todo esto decayó en un enfermo círculo de toxicidad y peleas con el chico.
"¿Por qué solo yo?"
Tomó una dura decisión: Nunca le revelaría a Seiya lo que se desataba en su interior, él no cargaría con el peso de un imposible. Con toda convicción selló su corazón. No podía evitar ese mar de emociones que esa mirada de fuego le provocaba, pero sería un secreto que Saori Kido se llevaría a la tumba... Y a los Elíseos.
Todo iba perfecto, al menos hasta el segundo día de su estancia en el sitio sagrado. Ese día se mostró ante Saori una realidad que desconocía, y es que, al parecer, no era la única en sufrir las imposiciones del destino. Había decidido regresar al Santuario y participar en la dura labor de reestructuración. Los santos de bronce aprovecharon para dejar sus funciones por algún tiempo.
Shiryu fue a Rozan, Hyoga a Siberia, Shun descansó en la mansión Kido y Seiya en su apartamento. Esa mañana cada cual partió a su destino y Saori voló rumbo a Grecia.
Al día siguiente, ya por la tarde, regresó a su habitación junto al salón del patriarca para ordenar las últimas cosas del día, se sentía agotada luego de un sin fin de reuniones y visitas realizadas.
Estudiaba unos documentos en un profundo estado de concentración cuando algo la desconectó: El cosmos de Pegaso se hacía presente en los terrenos del Santuario.
- "¿No se supone que Seiya estaría en Tokio?"
No tardó mucho en subir por las 12 casas y llegar a las puertas de seguridad, donde se anunció con el personal encargado.
El chico no había reparado en el hecho de que Saori evitaba con todas sus fuerzas estas reuniones a solas con él.
Sus piernas temblaron y su corazón humano se apretó al presentir lo inevitable, no podría escapar esta vez.
Seiya se adentró en los aposentos del patriarca. Luego de acomodar la pandora box junto a la puerta ya cerrada, caminó hasta el centro del salón presentando sus respetos hincándose en una rodilla. Saori lo esperaba sobre el trono del patriarca, su rostro siempre inalterable no reflejaba los nervios que la consumían por dentro ante su presencia. Desde su privilegiado lugar sentía el cosmos alterado de Seiya y su rostro también lo delataba, algo no iba bien con él.
- "Sao... Athena, vengo a solicitar tu permiso, ruego tu consentimiento para hacer uso del Santuario como... mi morada"
No pudo evitar una mueca de sorpresa.
- "Pero, Seiya, tú deberías estar ahora mismo en Japón, en tu hogar"
- "Sí, sí... Pero he decidido quedarme aquí, si me lo permites"
- "Creí que querías descansar"
- "No se trata de eso, yo... Estoy un poco aburrido por allá, es... es sólo eso"
Saori levantó una ceja. ¿Aburrido? Generalmente Seiya disfrutaba los días libres descansando, jugando con los niños del orfanato o con Miho, sólo visitaba el Santuario cuando alguna misión lo requería o para sus rondas de seguridad, las cuales eran cada vez menos frecuentes.
- "¿Estás seguro? Tú... ¿te encuentras bien?" -, preguntó temerosa, se esforzaba por no sobrepasar el límite. No quería involucrarse demasiado, no había forma en que eso saliera bien.
El se golpeó mentalmente por ser como un libro abierto con ella. Lo último que quería era preocupar a su diosa, pero unas pocas horas atrás se reveló ante él un hecho que lo dejó completamente abrumado e intranquilo.
- "No sé qué decirte... Podrías quedarte acá, ¿hay algo en lo que pueda servirte?" -, no dudó en ofrecerle su ayuda, después de todo él era uno más de sus santos y, tal como a los demás, le debía su protección y amparo.
Soltó el aire contenido con resignación, - "No estoy cómodo en el apartamento, no sé si quiero regresar a Japón, no es mi lugar. Además... tuve una discusión con Miho y no tengo nada que hacer ahí. Eso es todo" -, soltó algo avergonzado.
El corazón de Saori dio un vuelco ante esa declaración personal y dejó el trono del patriarca debido a la sorpresa, - "¿Cómo? ¿Por qué? Seiya, levántate, no es necesario... " -, Pegaso también se puso de pie con evidente apatía.
- "Eso, se ha enfadado conmigo y mucho. No quiere volver a verme y yo tampoco a ella"
- "¿Pero qué le haz hecho para que reaccione así?" -, se acercó unos pasos a él, genuinamente interesada en las palabras de Seiya. No esperaba algo como esto y los nervios dieron espacio a la curiosidad.
No se sentía seguro de compartirle sus problemas triviales, Athena tenía cosas más importantes en las cuales poner su atención, más aún con esto de la reestructuración del Santuario; pero, al meditarlo un poco mejor, llegó a la conclusión de que ella merecía una respuesta si quería conseguir su aprobación. Comenzó su relato, algo indeciso:
- "Verás... Hace un tiempo le prometí que regresaría definitivamente a Japón a disfrutar de una vida tranquila junto a ella y los chicos del orfanato, yo lo deseaba en verdad, pero... simplemente no ocurrirá. Yo... soy un santo de Athena, no veo otro futuro para mí. Ayer ella insistió en el tema, pero seamos sinceros: Estas batallas van más allá de una temporada. Tú misma lo haz visto, el Santuario ha requerido cada vez más de tu atención y prácticamente no pasas tiempo en Japón" -, tomó aire para ordenar las ideas y continuó: - "Quizás antes fue diferente, buscaba terminar con el asunto de turno y soñaba con una vida tranquila en Tokio, pero una cosa tras otra y... no encuentro otro espacio para mí que no sea este. Ella no lo comprende, lamentablemente cree que... " -, dudó por unos segundos, pero finalmente se lo dijo, - "que tú nos estás obligando a esto por un beneficio propio o un capricho... " -, buscó con preocupación su mirada zafiro para examinar la reacción de la diosa, no quería herirla, pero sentía la necesidad de sincerarse con ella.
Saori sintió una punzada en el corazón. No culpaba a la chica, Seiya en algún momento se lo había recriminado e incluso ella misma lo creyó así. Entonces, ¿él nuevamente dudaba?
- "Seiya, lo siento... ¡esto no es así! No es lo que quiero, nunca pensé en... " -, se apresuró a responder sin pensar, pero fue interrumpida por él:
- "No, yo lo sé, no tienes que dar explicaciones, no es tu culpa. Miho se enfadó mucho conmigo, ella pensó que esto acabaría pronto y que podríamos disfrutar de una vida tranquila, como cuando éramos unos niños. Probablemente lleva a cuestas esa ilusión desde hace mucho tiempo, pero cuando hablamos ayer lo entendí todo, no será posible jamás"
Saori se sentía responsable de tanta desdicha. Caía en cuenta, a costa de golpes, que sus fieles amigos cargarían con un destino doloroso por siempre, y le pesaba. ¿Es que no había otra forma? No. No se mostraría frágil ante él, Athena no estaba para eso.
Nuevamente su rostro inmutable y voz apacible, como debió ser desde un principio:
- "Lo siento mucho. Para ninguno de nosotros es un camino fácil, tú lo sabes. Cuenta con lo que necesites del Santuario, me encargaré personalmente de tu... "
- "Miho me gritó" -, la interrumpió nuevamente, desconectado de todo y sin caer en cuenta de las palabras de su diosa. Saori no salía de la sorpresa.
- "¿Cómo dices?"
- "Que soy un idiota, que me convertí en santo por mi hermana y no lo estoy cumpliendo, que me dejé manipular por... " -, dudó, estaba seguro que la culpa la consumía y no quería hacerla sentir peor, - "por ustedes, que ya no soy el mismo y no me reconoce, que somos unas... marionetas" -, Seiya decidió obviar algunas apreciaciones de Miho, la chica sentía indignación hacia Saori, para ella era muy difícil despedirse de esa ilusión que creyó posible después de tantos años con quien era su único vínculo de infancia, ella nunca lo entendería.
Saori no lograba articular palabra alguna ante lo que Pegaso le declaraba, era cierto. Si bien la situación superaba a sus voluntades humanas, todo era cierto: Primero perdió a su hermana, ahora a su amiga, y ella, desde el fondo de su corazón, sólo deseaba verlo feliz, aún lejos del destino que ella misma le había trazado.
- "Lo siento, no debí hablarte de esto. Sólo está enfadada, o no lo sé; pero, Saori-san... " -, volvió a usar ese tono tan familiar con ella, no se acostumbraba a esos tontos protocolos de formalidad, - "Fue entonces que lo comprendí. Se lo dije, aunque acepto que sí fui descortés, yo también me enfadé mucho al oírla hablar así de ti y de todo esto. Creemos en ti, creo en ti, estoy aquí porque te vi cumplir con valentía. Tú no eres todo eso. Yo... te admiro por todo lo que haz pasado. Quiero ser parte de esto, quiero acompañar a Saori-san en este duro camino y no soltarla jamás, es lo que deseo. No tiene que ver con dioses ni con un deber superior, simplemente es lo que quiero para mi vida y es lo que haré, ¡por ti!" -, lo había soltado. Lo que comenzó como una explicación a Saori terminó en una confirmación a sí mismo, una de la que él mismo se sorprendió. Entonces la pena lo asaltó, sintió sus mejillas sonrojarse y desvió la mirada, claramente era un atrevimiento.
Ella se quedó prendada de él, de sus ojos de fuego, de su ímpetu avasallador. Esas palabras, esas simples palabras encendieron nuevamente todos los interruptores, la calidez de esas palabras la alcanzó como un dulce dejavú. Ese chico tenía ese maldito poder, unas pocas palabras salidas de su boca y su mundo, sus reglas y toda ella se rompían.
Pequeñas y silenciosas lágrimas caían por su rostro inmóvil, superada por la convicción del castaño. Eso era lo que por tanto tiempo estuvo evitando, caer en esa fragilidad que sólo él le hacía sentir.
- "¿Qué? ¿Qué te... pasa? No... " -, le desesperaba verla llorar, se sentía morir, ¿es que había hecho algo mal? Claro, sí que lo había hecho.
Saori movió la cabeza en negación, en un intento por tranquilizarse, -"¡Soy una diosa... !" -, ¡No iba caer! Si fuese necesario, si con ello le evitaría el dolor y el suyo propio al verlo sufrir, lo alejaría de su vida y para siempre. En sus manos estaba cambiar ese destino.
Un suspiro fuerte la ayudó a regresar a su centro, avanzó hacia él con la decisión en su mirada bañada en un mar zafiro de fortaleza.
- "Pegaso, lo mejor es que te vayas. Por hoy quédate en Sagitario, mañana podrás hacer uso de alguna habitación en la mansión, me comunicaré con Tatsumi, Shun estará feliz de recibirte; si no estás de acuerdo, puedes conseguir algo en Rodorio... "
- "Pero, ¡Saori-san!, primero me dices que puedo quedarme, ¿ahora no? Ya te lo dije, esta es mi vida, no hay motivo para que resida en Japón o en otro lugar... "
Lo alcanzó, tomándolo por los hombros para arrastrarlo hacia atrás, y fue precisamente lo que hizo, sintiéndose como una maldita traidora ante quien siempre le entregó su fidelidad y lealtad incondicional, ¡cómo dolía!
- "Creo que no lo entiendes. Agradezco todo lo que haz hecho por mí y el Santuario... Por favor ve y arregla tus problemas personales, es un malentendido, seguro que puedes... solucionarlo de algún modo. Regresa a tu vida sencilla y normal, ¡es una orden!" -, las pequeñas lágrimas no dejaban de caer por sus mejillas mientras lo hacía retroceder más y más hasta la salida.
Seiya reaccionó y detuvo su andar justo a tiempo, aplicando algo de fuerza en sentido contrario con todo su cuerpo. La encaró totalmente decidido, obligándola a detener su arremetida. ¿Una orden? ¡Tenía que ser una broma!
- "Me estás... ¿corriendo? ¡¿Qué es esa estupidez?! ¡Escúchame bien, ya te lo dije, no es lo que quiero!"
Miedo, Seiya le hizo sentir miedo, nunca antes le gritó de esa forma ni lo vio con tal turbación.
Al ver el cambio de expresión en Saori, él quiso autocondenarse y bajó la mirada, arrepentido como nunca.
- "Q-Quiero decir... ¡AH... !" -, en un acto inconsciente se llevó una mano al rostro con frustración, - "Lo siento, lo siento, no debí gritarte, no a ti... Sí, yo resolveré esto con Miho, pero eso no cambia las cosas... "
- "Seiya... " - , le suplicó derrotada, ¿por qué no lograba cumplir su rol frente él?
- "Por favor, Saori-san, es lo que deseo, ¿no puedo? ¿Intentas decidir por mí?"
Ver a Saori tan frágil le molestaba, ¿no sé supone que él estaba ahí para evitarlo? Entonces se percató de la cercanía de la deidad, su profunda mirada color océano entristecida, sus mejillas húmedas por las lágrimas, su hermoso cabello que bajaba con perfección por sobre sus hombros... Ante él se mostraba la mujer, hermosa y deslumbrante que se permitía también sentir la fragilidad de la vida; y eso lo volvía loco.
- "¿Cómo?" -, soltó finalmente los hombros de Seiya, sacándolo de su aturdimiento. Para ella era evidente que él nunca cambiaría: Desafiante y rebelde, se mostraba tal cual en sus primeros años de infancia. Pegaso nunca obedeció orden alguna sin una motivación real detrás. Se sintió egoísta, quizás... ¿de verdad era lo que él deseaba?
- "A... A diferencia de los chicos, yo no tengo una vida fuera de esto, incluso llevé mi entrenamiento acá en el Santuario y mi maestra es parte del equipo... ¿Sabes? No me importa" -, su tono cambió al de la férrea determinación, le haría ver que no seguiría en ese ridículo juego, ya estaba decidido, - "No me importa si es Athena quien da la orden, o si es la señorita Kido, dueña de la compañía más grande del... mundo, universo o lo que sea, yo me quedo. He decidido que dedicaré mi vida a cumplir mi misión, a escoltar la tuya y a darlo todo por mis amigos. No voy a soñar con una vida simple y ajena a esto, ya veo que no es una sencilla prueba que se supera y ya, es mi destino y elegí tomarlo. Déjame acompañarte a restaurar el Santuario... No me lo quites, ¡por favor! Si los chicos armaron sus vidas a la par con sus responsabilidades como santos, bien por ellos, pero yo quiero hacer la mía acá, a tu lado... " -, con una mano temblorosa limpió el camino que una pequeña lagrima había dibujado en el bello rostro de Saori.
Para ella fue un shock: Su determinación, la fe que le profesaba incondicionalmente, su valentía, su suave caricia... Ella sólo manifestaba cobardía, Saori Kido vivía en evasión, lastimándose el alma.
La diosa Athena, Saori Kido... ¿y qué rayos era lo que ella realmente quería? Un recuerdo escondido en sus memorias apareció... Uno muy doloroso, y con él, las palabras de cierto santo dorado... Lo deseaba, su corazón humano latía fuerte por ese anhelo y no se lo había permitido, no luego de un primer intento fallido, tras el cual juró que Saori Kido no vencería a Athena jamás. Y esta vez, al sentir su cercanía, su olor varonil, su mirada penetrante esperanzada en el futuro, Athena cayó y fue vencida definitivamente ante Kido.
La vio sonreír con las mejillas todavía húmedas. Los nervios aparecieron y se sonrojó levemente cuando ella lo consumió con la mirada. Contra todo pensamiento lógico, lo tocó a la altura de la mejilla con la punta de sus dedos y lo acarició lentamente, con dedicación. La humana se estremecía recorriendo su rostro con delicadeza, mientras en la diosa crecía la insoportable urgencia de recordar y reconocer la faz de ese humano al que le adeudaba mucho más que pleitesía.
- "Tienes razón, gracias. Lo siento, Mu, hoy gana mi voluntad"
Sin dar un paso atrás se colgó del cuello de su guerrero. Su boca, aún inmaculada, buscó los labios masculinos y los rozó suavemente, para luego posarse en ellos con propiedad. Seiya levantó sus brazos y abrió sus ojos con sorpresa, sus piernas no parecían tener la capacidad de sostenerlo y su corazón golpeaba fuertemente en sus oídos... ¿Qué estaba pasando? Saori-san... Ella estaba... Pero... ah... dejó de pensar. Sus labios dulces y su íntimo toque lo desconectaron rápidamente de sus pensamientos. Ese cosmos familiar que siempre sentía en ella lo envolvió, no pudo más que cerrar los ojos y, casi en modo automático, sus brazos aprisionaron la cintura de la chica, respondiendo a su impulsiva muestra de cariño con más intensidad.
Ella supo en ese momento que el círculo del destino estaba completo y dejó de luchar, no había forma en que pudiera alejarse de él, tanto la diosa como la mujer lo necesitaban. Sentía la receptividad de Seiya y halló regocijo; no la había rechazado, sino todo contrario. Nunca había disfrutado tanto con un impulso tan banal y mundano, esos labios sabían a gloria, libertad, devoción y dulzor.
Ante la necesidad de aire se rompió el contacto y su conmoción le impidió encararla. Desvió la mirada y lanzó una risa inquieta. Intentaba encontrar una explicación a todo esto, y aunque sentía algo de miedo, no tuvo la fuerza suficiente para soltar su cintura así como ella no se descolgó de su cuello.
- "O-oye... Si me ibas a responder así, te lo habría pedido mucho antes... " -, le reclamó con voz temblorosa, y fue el turno de ella para sonrojarse. Tomó el rostro de Seiya con sus delicadas manos para mirarlo nuevamente a los ojos con los propios cristalinos.
- "Estoy muy nerviosa, pero nuevamente me diste el valor para hacer algo que sólo me atrevía a imaginar desde hace mucho. Claro que puedes quedarte, de todas formas lo ibas a hacer, incluso en contra de mis órdenes, ¿no es verdad?" -, no pudo evitar acariciar nuevamente su rostro en una búsqueda incesante de sensaciones olvidadas de tantas vidas. ¡Cómo lo amaba! No había forma alguna en que pudiera arrancarlo de su corazón, mucho menos de su vida.
El sonrió y le devolvió una mirada cómplice, de esas que sólo guardaba para ella aunque las formalidades se lo impidieran, nunca le importó, - "Me conoces bien. Mi vida se transformó en esto, Saori-san. Lo lamento por ellos y por Miho, hablaré con ella" -, quería mucho a su amiga y no disfrutaba verla sufrir, no sería fácil, - "Si te soy sincero, hace un tiempo quería dejar todo esto atrás, pero entonces te conocí en profundidad y ya no hay dudas" -, Saori suspiró al recibir una vez más esa declaración de consagración que tanto extrañaba y añoraba; alejarse de él fue muy doloroso y no volvería a hacerlo.
Desde ese día ese apartamento en el puerto de Tokyo buscaría un nuevo dueño.
Durante la junta matutina en el salón del Patriarca, se reunían los santos dorados que ahora contaban con un invitado extra: el Pegaso. Claro que todos sabían de su presencia y ninguno se extrañó, pero antes de comenzar la reunión, Saori quiso dar un anuncio. Su corazón se sentía feliz, empoderado y fuerte. Solicitó la atención de los asistentes y a Seiya a su lado.
- "Bien, antes de iniciar las actividades del día de hoy, quiero comunicarles lo siguiente: Seiya nos acompañará en las tareas y labores como uno más de nosotros. Le he asignado provisoriamente la casa de Sagitario y les pido que cuenten con él para lo que estimen necesario. El está dispuesto a ofrecer su mayor esfuerzo y tiene mi total confianza, sé que cuenta con la de ustedes también. De todo corazón espero acepten mi voluntad para llevar a cabo nuestras labores de la mejor forma posible, también busco lo mejor para todos y cada uno de ustedes, muchas gracias" -, terminó con una reverencia y dirigiendo una mirada llena de autoconfianza al santo de Aries. Mu levanto la pequeña y delgada ceja de su ojo derecho por la sorpresa. Tardó unos segundos en reaccionar, pero, al igual que los demás, asintió arrodillándose con la cabeza baja a modo de respeto. Nunca la había visto con tal seguridad, y después de todo, nada podía hacer contra los deseos y decisiones de Athena, no le quedaba más que confiar en ella. Si algo salía mal, ya estaría él para apoyar, o, por lo menos, para un "se lo dije".
El reto me inspiró. Creo que todos quienes leímos "Athena, El Gran Amor" tenemos una espinita con Mu. Pero con el tiempo las cosas fueron cambiando y finalmente Athena es dueña de su propia vida, también puede decidir.
Qué pena por el círculo cercano a Seiya, pero creo que todos sabemos que este cambio era necesario. Está más que claro que en algún momento tiene que vivir el duelo de esa "vida que nunca podrá construir". Genuinamente creo que en un principio lo veía como algo del momento pero finalmente se terminó transformando en su vida entera. Cada santo se va preparando para su ascensión de distinta forma y en el caso de Seiya nunca se vio más que la armadura de Sagitario, pero es lindo imaginar el camino.
Cumplido entonces, con Saori, Seiya, un beso y un santo de Oro. Y que no siga jodiendo.
¡Abrazos a todos!
