LOS PERSONAJES DE CANDY CANDY PERTENECEN A SUS ESCRITORAS Y CREADORAS MISUKI E IGARASHI.
AMOR… REGRESA A MÍ.
Capítulo 26 EPÍLOGO
MI AMOR… AQUÍ ESTOY
20 AÑOS DESPUÉS.
El canto y repicar de las campanas anunciaba la triste despedida, nadie quería asumir la realidad, todo estaba bien, eran tan felices, y de repente toda la familia se vió sumergida en ese abismo de incertidumbre, de ausencia, de muerte… Anthony, RoseMary, Albert, Elizabeth y Lilibeth eran testigos del dolor que significaría su ausencia, ya nada sería igual, ella fue por años la brújula que los mantenía unidos, no habían ojos faltos de lágrimas, Edmund MacLeoid se quedaba una vez más con las manos vacías, hace apenas 20 años llegó a su vida y la recordaba como si fuera ayer.
Un día, los dolores de cabeza regresaron y supo desde ese momento que su tiempo ya se estaba agotando, que los días se resumirían en horas, las horas en minutos, los minutos en segundos y que después ya nada la detendría en el mundo de los vivos… que su tiempo entre los que más amaba ya eran un préstamo con fecha de caducidad.
Una ráfaga de imágenes anclada en su memoria comenzó a proyectarse, recordó la sensación que le provocó la primera vez que lo vió, tan guapo, demasiado hermoso en su opinión, recordó como si fuera la primera vez el beso que se dieron en el aquel lejano día mientras miraban las estrellas, la sensación que experimentó su cuerpo cuando fue suya en aquella lejana noche de bodas, recordó la emoción, la incertidumbre y el pánico que sintió cuando nacieron sus hijos, el amor inmenso que sintió al tenerlos entre sus brazos, y muy a pesar de lo que estaba pasando en esos momentos, agradeció a la vida por todo lo que vivió, ya no habían hubieras ni pendientes solo agradecimiento, había gozado, disfrutado y vivido con el mejor de los hombres, de eso no tenía la menor duda, si había algo de que arrepentirse a éstas alturas ya no tenía caso porque al fin de cuentas todo lo que vivió tenía una razón de ser, aprendió que la felicidad no es un lecho de rosas, aprendió que día a día había que cuidar y reconstruir su relación si era necesario, que tenía que ser la protectora de su hogar y por un tiempo lo había logrado hasta que sintió ese primer dolor lacerante… y desde entonces de ahí tomó la decisión de ya no luchar más… ella investigó por más de tres meses y los resultados le daban la respuesta contundente de que su final era inevitable, habían más riesgos y se dijo a si misma que ya no estaba dispuesta a exponerse de esa manera, era imposible rogar por una oportunidad más, se daría el tiempo de disfrutar, pero ya no lucharía contracorriente, sería fuerte y buscaría la fortaleza dentro de su alma para soportar lo que vendría y por momentos, solo por momentos lo había logrado. Lo que alguna vez el Dr. Liy había pronosticado, 20años después se hacía una dolorosa realidad.
No sabía cuanto tiempo podría seguir acallando ese dolor tan insoportable, que poco a poco era el visitante indeseable en su vida, se levantó como todos los días y caminó por el jardín de rosas que tanto amaba, alguna vez Elroy le comentó que RoseMary plantó el primer esqueje para el rosedal, el aroma de las rosas la calmaba en sobremanera, hacía apenas un mes le pidió a Albert regresar a Lakewood y aunque un poco contrariado no pudo decirle no a su querida esposa, él también amaba ese lugar, amaba cada centímetro de tierra y en cada uno de ellos no hubo espacio que no marcaran como propio cuando le hacía el amor a su esposa, era el refugio perfecto para que sus hijos disfrutaran de cada momento de su infancia, constantemente recordaban con añoranza todo los que se acumuló durante esos casi 21 años.
¿Por qué tan sola? – ella volteó a verlo y le regaló la sonrisa más radiante.
Me preguntaba si se podía ser más feliz estando en éste hermoso lugar – se acercó hasta donde ella estaba y se sentó poniéndola a ella entre su piernas abrazándola por la cintura.
Me parece que alguien está nostálgica – le dijo besando la nuca.
He sido tan feliz… que vernos así como estamos, el destino me muestra una vez más que hemos hecho lo correcto… nuestra pequeña Rose se nos casa, Elizabeth y Lili en dos años terminarán la universidad y mis dos príncipes, ambos manejando y haciéndose cargo de las empresas de la familia – suspiró – ¡que rápido pasó el tiempo!... pareciera que fue ayer cuando los tuvimos entre nuestros brazos, ¿te haz dado cuenta de algo?
¿de que mi amor?
Nuestros hijos vinieron a nosotros en diferentes etapas de nuestro matrimonio, Anthony y RoseMary llegaron después de un año de nuestro matrimonio cuando nos habíamos dado por vencidos, Albert… – suspiró – me hubiera encantado haber podido vivir esa etapa contigo… deseaba tanto que estuvieras a mi lado, que sostuvieras mi mano en cada ultrasonido, compartir mi emoción por saberlo dentro de mi… por mi necedad… me sentía sola…
No mi amor… ya no quiero que recuerdes eso… estuve en el mejor momento, he tenido la oportunidad de recibir a nuestros cinco hijos, y eso Candy, es algo que no cualquier hombre podría decir, ese privilegio lo he tenido porque te tengo a ti – Candy volteó su rostro regalándole un beso cargado de amor, pasión y ternura.
Elizabeth y Lilibeth llegaron justo en el momento en que me declararon sana… hace 20 años… 20 años – volvió a repetir en un susurro.
Aun nos falta mucho por vivir mi amor – ella se removió un tanto sintiéndose de repente incómoda – ¿Qué pasa amor? – ella le devolvió una mirada de extrañeza.
Pasa… mi querido esposo… que soy tan feliz a tú lado, que no me imagino una vida sin ti… ¿Qué mas puedo pedir? si tu eres quien me hace tan feliz… ¿qué me podría faltar? si contigo lo tengo todo… en todo éste tiempo y desde el día que te conocí me haz hecho sentir extraordinaria… en 27 años que llevamos juntos eres y haz sido mi complemento perfecto… estoy tan agradecida por eso.
Y por eso mi amor, estoy seguro mi querida Sra. Andley que usted está destinada a arrugarse a mi lado por el resto que le queda de vida – Candy se volvió del todo riendo a carcajadas, él pasó un brazo bajo las rodillas y la cargó.
¡hey!
Me encanta cuando te pones así…
¿así como? – le dijo con fingida inocencia.
Te amo Candy… necesito estar dentro de ti… necesito hacerte y que me hagas el amor.
Llévame a la cabaña…
Lo mismo pensé cariño…
Se hicieron el amor cuantas veces sus cuerpos se deseaban en el más mínimo roce, no habían límites que los frenaran, se complementaban de una manera inexplicable, aún con los años encima, nada les impedía amarse como si fueran dos adolescentes, él con 56 y ella con 48 estaban en el mejor momento de su vida… o al menos así lo parecía.
Corría el 5to mes después de saber que había regresado el tumor, cuando sintió que el suelo se removía bajo sus pies, se aferró al tocador tratando de encontrar un soporte pero la vista se le nublaba y con todo su ser elevaba una oración en silencio – dame la fortaleza y el valor de soportarlo Dios mío… dame fuerzas – muy lejos de su conciencia escuchó el chirriar de la puerta y trató de recomponerse como en tantas otras ocasiones y cuando abrió los ojos él ya estaba frente a ella.
Candy… mi amor ¿Qué pasa? Estás pálida – la sostuvo de la cintura y la cargó llevándola a la cama.
Nada – le sonrió sin éxito de convencimiento.
Estás fría… – la frotó con sus manos tratando de hacerla entrar en calor… y en ese momento sin que se lo propusiera, sin que pudiera evitarlo, la barrera que ella había erigido se vino abajo y comenzó a llorar – mi amor…
Albert… lo siento – la tomó del rostro besando sus mejillas bebiendo sus lagrimas saladas.
Cariño… no pasa nada ¿Cómo te sientes?
Perdóname…
¿Amor? – la miró esperando una respuesta, pero el llanto no la dejaba siquiera hablar y se acercó a ella protegiéndola entre sus brazos, tratando de calmarla, consolarla ¿de que? Era la duda que comenzó a formarse dentro de su corazón.
El tumor ha regresado… – esa simple oración hizo que el aire abandonara sus pulmones, que su pecho se sintiera en un vació sin fondo, que sus manos no tuvieran sensibilidad, que su lengua se amarrara sin poder articular siquiera un sonido, era el duro golpe que esas palabras una vez más le propinaba a su corazón, no sabía cuantos segundos pasaron pero le supieron a una eternidad y cuando por fin pudo controlarse, se levantó tomando su celular comenzó haciendo unas llamadas – Albert ¿Qué haces?
En la salud y en la enfermedad… No permitiré que te vayas – le dijo con firmeza y al mismo tiempo con angustia.
Albert… por favor – le dijo en una suplica – no hay nada que hacer… yo…
No Candy – regresó a ella, tomándola del rostro – haré lo que sea… no voy a aceptar una negativa sin antes estar consiente de que no hay solución… mi amor… no estás sola, te amo… y en nombre de todo ese amor me aferraré a una esperanza así tu no la tengas – Candy se abrazó a él sintiendo como la estrechaba entre sus brazos, como el calor de su cuerpo se fundía al suyo.
Y en menos de un mes, una vez más se encontraban en Inglaterra, toda la familia se trasladó sin pensarlo, George como siempre quedó frente a las empresas siendo por el momento el soporte por el que se tendrían que sostener, y él estaba más que dispuesto.
En el mismo cuarto de un hospital, Candy ya no era siquiera la sombra de lo que alguna vez fue, los médicos iban y venían en su incesante trabajo de mantenerla estable, su condición médica se agravaba cada día más, la mayoría de las veces la mantenían sedada para evitarle el dolor de soportar que su cabeza la sintiera estallar, poco quedaba de aquella mujer que rebosaba energía y una alegría inagotable, al verla como estaba postrada en la cama, su piel fue perdiendo el brillo, su cabello aunque largo mostraba signos de resequedad, la enfermedad le estaba cobrando el costo, la estaba consumiendo a una velocidad inusitada, pero aun así sus hijos y esposo se esmeraban porque ella se sintiera hermosa y bella como siempre.
Sr. Andley… es ahora o nunca… los estudios ya han sido completados
¿Qué posibilidades hay de que sea un éxito?
Las mismas si no se le llegara a hacer la cirugía – su pecho se contrajo en dolor, alisó su cabello negándose a vivir sin ella.
¿Cuándo?
El equipo médico esta listo para mañana – una enfermera se acercó a ellos.
Disculpe Dr. la señora Andley desea hablar con su familia.
Desde donde estaba, Albert escuchaba como su Candy platicaba con cada uno de sus hijos, su pequeño ejército dorado derramaba lágrimas de incertidumbre… de tristeza.
Perdóname mi amor… no podré cumplir la promesa de ponerte la tiara el día de tu boda.
Solo quiero que estés conmigo ma…
Prométeme que serás muy feliz mi niña – RoseMary solo negaba con la cabeza.
Quédate con nosotros… no te vayas… no aún – recostó su cabeza sobre su pecho vertiendo lágrimas de dolor – no te vayas mami… – Candy acariciaba el hermoso mechón rojizo que caía sobre su rostro y con un poco de esfuerzo hizo que su hija la mirara levantándole el rostro – sean felices… es lo único que deseo… nada vale la pena si no encuentran la felicidad – desde donde estaba, Albert abrazaba consolando a sus hijas más pequeñas, sus fuertes brazos las sostenían.
Lili… Elizabeth… – las dos jovencitas tan idénticas como su madre se acercaron a ella – cuiden a papi… las amo tanto… Dios mío… mis niñas… mami las ama tanto…
Y yo te amo a ti mami – Elizabeth besó su mejilla – no… no rompas tu promesa ma… no te vayas – y el llanto ya no la dejó hablar permitiendo que Anthony la consolara.
Lili… mi bella y prudente Lili… la de carácter fuerte y corazón de miel… mi amor… ¿Qué hice para merecer una hija tan generosa como tú… como tus hermanos? Mi amor…
No mami… – se acercó a ella y le habló al oído – yo sé que aún no te irás – le dijo seria, besó su mejilla, muy dentro de Candy sabía que era ella la que más sufría, pero nunca lo demostraba, se retiró y permitió que Anthony y Albert platicaran con su madre.
Mis caballeritos… no dejen que papá caiga…
Nada de eso pasará mami… papá estará bien – Candy solo pudo beberse en su mirada el rostro de sus hijos.
Los amo tanto – ambos jóvenes besaron su frente y se retiraron – Albert…
Aquí estoy mi amor…
Tengo tanto que decirte… y siento que el tiempo se me acaba…
Todo está dicho mi amor… no te desesperes… te amo como nunca he amado a nadie… y te amaré toda mi vida.
Mi amor… Lili… no dejes que… mi niña… siempre ha demostrado ser la más fuerte… pero muy dentro de ella es la más sensible… por favor… asegúrate de que nuestros hijos sean felices…
Te amo cielo… – le dijo pesando su frente.
Esa misma madrugada los médicos preparaban a Candy para realizarle una cirugía, toda la fe, la confianza y el talento estaba reunido en un solo lugar y una vez más como hace 22 años Terry y Michael estuvieron a su lado como parte de la comisión de tumores, fueron las diez y seis horas más largas que la familia Andley esperó por un milagro.
Médicos y enfermeras entraban y salían de la habitación… por los altavoces llamaban al médico especialista para que se personara inmediatamente y atendiera a la paciente, sacaron una camilla con un cuerpo, Albert trataba sin éxito de contener a sus hijos, que junto con sus padres, George y Pauna y sus tres hijos fueron el soporte perfecto para no sentirse abandonados, fueron seis meses de incertidumbre… seis meses esperando, en ese momento en la mente de Albert la imagen de Elroy se hizo más presente, cuando vió a Terry que se dirigía a ellos.
Albert… Candy ha despertado del coma – sus hijos se abrazaron a él como cuando eran pequeños – Albert… siento informarles que la Sra. MacLeoid acaba de fallecer a causa de un infarto, ella era quien acompañaba a Candy – las lágrimas de felicidad y de agradecimiento se mezclaron con la de tristeza tras perder a la única hermana de su padre, todo era tan triste y perfecto a la vez, Albert se dirigió hasta donde se encontraba Edmund pero él ya había escuchado todo.
Edmund MacLeoid le dedicó una melodía de despedida, una triste melodía tocada por una gaita, el más infinito dolor venía de su corazón, Albert y sus hijos lo acompañaron en la triste despedida… así lo hubiera querido ella… el llanto era inevitable, no había nadie que pudiera mantener sus ojos sin lágrimas, dolía demasiado despedirse de ella, a sus 93 años las fuerzas lo estaban abandonando, su bella y adorada Elroy murió a los 87 años, murió suplicando en una oración a Dios que concediera la salud a Candy y que a cambio daba la suya… y si, fue escuchada… Ahora ya nada tenía sentido para él, regresaba a la tierra que lo vió nacer con la única compañía contenida en una pequeña caja de mármol, ahí en la misma banca donde muchas tardes se quedaban juntos admirando el amanecer, donde muchos años atrás se hicieran el amor con la energía que la juventud un día les confirió, por una parte la vida le regresaba la esperanza de volverse a ver en esos hermosos ojos verdes de su hija… pero su corazón se rompía tras la perdida de la única mujer que había amado con toda su alma, todos los días antes del amanecer y el anochecer iba al acantilado esperando encontrarse con ella hasta que un día…
Elroy mi amor… – la llamó estirando su mano a la nada, su sonrisa amplia iluminaba al sol que estaba por salir, ya no habían pendientes ni deudas, amó y conoció a su linaje, que con el tiempo seguirían dejando huella, su trabajo estaba ya hecho, apenas un mes de que despertó, Candy y su familia regresaron a Escocia, deseaba estar con su padre, ser su apoyo y consuelo, a ello le dolía el alma no poder ayudar a mitigar el dolor inmenso que ahora ahogaba a ese hombre que por 20 años fue el constante lazo para saber que ella no estaba sola, que jamás fue una huérfana.
Una de esas mañanas y sabiendo de la rutina de Edmund, Anthony se dirigió a los acantilados, y ahí estaba, su ancha espalda aún se mantenía erguida, el aire mesaba su cabello entrecano.
Abuelo… – Anthony lo llamó pero no hubo respuesta, se acercó a él para llevarlo a casa, su corazón se estrujó al encontrarlo sin vida, su abuelo había muerto, en su rostro había paz, y una media sonrisa, a dos meses de la partida de Elroy él por fin se reunió con ella, el joven se sentó a su lado y lo abrazó, lágrimas de dolor se asomaron a sus perfectos ojos azules, tomó su teléfono y llamó a su padre para darle la noticia, los varones del clan llegaron hasta el acantilado y desde ahí comenzó la procesión a su ultima morada.
UN MES DESPUÉS DE LA CIRUGÍA.
Hay que empezar con la rehabilitación… el que esté en coma tira todo lo que se ha planeado, pero aun así no podemos detenernos… y tampoco podemos esperar, sea cual sea el resultado no podemos permitir que su cuerpo se vea afectado en otros órganos por falta de movilidad – le explicó Michael.
Lo que sea con tal de que ella esté bien.
Las terapias aunque agotadoras acercaron más a la familia, Anthony y Albert se turnaban para entrar al agua y hacer caminar a Candy, mientras Albert iba a las empresas a aligerar el trabajo de sus hijos, y cuando los tres estaban disponibles cada uno se turnaba para ayudarla en su terapia, que aunque inconsciente iba amarrada al cuerpo de su esposo o en el de sus hijos, RoseMary, Elizabeth y Lilibeth apoyaban a las terapeutas a darle masajes corporales para que sus músculos tuvieran movilidad… fueron seis meses agotadores, cada uno ponía de su parte para que ella mejorase… pero su sueño no tenía fin.
SEIS MESES DESPUÉS DE LA CIRUGÍA.
Y una vez más, la muerte le dio la espalda a Candy y tomó la mano de Elroy, volteó sonriente a ella y solo le dijo.
Aún no.
Candy entreabrió sus enormes y hermosos ojos verdes haciendo que las alarmas a las que estaba conectada emitieran alertas, su cuerpo comenzó a convulsionar, Michael entró encontrándose con una escena atípica, junto a ella y con el rostro sereno recargado sobre la cama y tomada de la mano de la rubia Elroy se mantenía quieta e impasible, le tomó los signos vitales y supo que ya nada se podía hacer, llamó a Terry y varias enfermeras llegaron para controlar la situación, con cuidado subieron el cuerpo de la anciana a una camilla y la sacaron.
Aplicar 5ml de carbamazepina… hay que retirar oxigeno y la vía naso alimentaria – le pidió Michael a una de las enfermeras mientras checaba sus pupilas, entre los dos comenzaron a liberar a Candy de todo los cables y manguerillas a las que estaba conectada, cuando vieron que el efecto del medicamento comenzó a relajarla, Terry empezó a hablar.
Candy… Candy… enfermera Andrew que venga el neurólogo hay que hacerle estudios para descartar la epilepsia – con suavidad trató de despertarla – ¿lectura convulsiva?
57 segundos doctor…
Bien… Michael – su compañero le devolvió la mirada.
Todo está bien – devolviéndole una sonrisa de satisfacción – sal a decirles a sus familiares.
Cuando Albert entró a la habitación una imagen del pasado se coló a su memoria, entró conteniendo la respiración, sus manos sudaban, ella estaba con los ojos cerrados, parecía dormida, cuando se acercó hizo el menor ruido para despertarla, se veía tan bella… tan hermosa, tomó su mano depositando un beso sin dejar de ver su rostro.
Albert…
Mi amor… regresaste…
Mi amor… – lo miró un tanto extrañada – aquí estoy… – se acercó para darle un beso en la frente pero ella lo detuvo, tomó su rostro con ambas manos y lo observaba casi a conciencia, con un dedo delineo las líneas de expresión de su rostro, acarició sus incipientes cabellos grises que se mezclaban con su cabello rubio, Albert se dejaba hacer, estaba muy emocionado.
Candy… mi amor – ella le devolvió una gran sonrisa.
Te amo… ¿y mis bebés? ¿me llevas a casa?
Nos están esperando en casa… pero nosotros esperaremos las recomendaciones del médico ¿de acuerdo? – ellas asintió y él beso la punta de su nariz - ¿Cómo te sientes?
Bien… – Albert se extrañó un tanto por lo escueta que fue su respuesta, pero evitó darle importancia, cuando llegó el médico escucharon las recomendaciones, ella se sentía muy bien, se sentía muy emocionada, se sentía así misma como si quisiera salirse de su propia piel, cuando le dieron de alta al otro día, no había poder humano que la hiciera estar quieta – amor… ya quiero llegar a casa…
Fue el trayecto más largo que ella pudo haber hecho, y mientras iba en el asiento del copiloto observaba a través de la ventana, la casa del lago había cambiado, habían arcos de rosedales ¿Cuándo crecieron tan rápido? Cuando llegaron a la entrada, Albert bajó y le ayudó a bajar cargándola entre sus brazos… esa nueva Candy lo hacía sonreír y preocuparse por partes iguales.
Bienvenida a casa amor – ella lo miró y besó sus labios revolviéndose un poco para que la pusiera sobre sus pies, cuando abrieron la puerta toda la familia estaba esperando por ella.
¡SORPRESA! – Candy quedó petrificada y segundos después se desmayó en los brazos de su esposo.
Por los próximos treinta años, Albert vivió para recordarle cada día, cada instante que ella era su todo, que invertiría cada segundo de su vida para que ella no olvidara lo que los unió, cuando Candy despertó lo hizo pensando que era madre de 5 niños pequeños, por momentos ella se sentía confundida al verlos ya unos adultos, pero fue la paciencia y el amor que les permitió a ambos despejar toda confusión que su amnesia le provocó, en su mente ella no lo olvidó a él ni a su familia, solo que ahora ella volvió a ser una Candy de 29 años y eso a él le encantaba, ella estaba un poco temerosa, pero cuando Annie, Terry, Michael y Albert trataban de explicarle la realidad que estaba viviendo en ese momento, toda ella se relajaba cuando en sus manos había todo un mundo de recuerdos, fotografías, cartas, diarios que día a día Candy trataba de asimilar, le era difícil, pero al final de cada día, Candy se escribía una carta así misma preparándola para lo que le esperaba al otro día ¿fueron muy felices? Si… si lo fueron… Candy confió en su corazón para ser feliz, amaba la forma en que Albert la conquistaba y la enamoraba cada día, vieron casarse a cada miembro de su pequeño ejército dorado y ver nacer a otra generación en donde ellos vivirían por siempre a través de sus hijos.
FIN
Hola chicas GRACIAS… ¿Qué les pareció el epílogo? Estoy en extremo interesada por saber sus opiniones, quiero tener la seguridad de que me ayudaran en mis próximas publicaciones, hoy le agregué algunas cosillas a éste capítulo y estaba en esa ambivalencia si debía darle fin o no… pero ya era justo… ¡ESTE ES EL FIN! Muy agradecida con cada una de ustedes por dejarme tomar su tiempo, ha sido toda una aventura mental y emocional poder escribir para Albert y Candy, me encanta cada vez que leo sus mensajes de apoyo, ya sea para construir o destruir a través de la crítica, siempre he dicho que de ambas se aprende MIL GRACIAS. A todas esas personitas que desde el primer capítulo me alentaron y apoyaron a no abandonar la historia, a las que la hicieron su favorita o simplemente dieron una vuelta y la leyeron GRACIAS.
Lucía.
Carol Aragón.
Sandra Castro.
Paty Andrew.
Susana Ibarra.
Sayuri1707.
Sincity12345.
Any.
Clint Andrew.
Ingrid.
Saryfan.
Lorena Pizziment.
Ster star.
Cla1969.
AnohitoAlbert.
CandyAlbertLove.
Chidamami.
Kecs.
Victoragusvargas.
Ericka Larios.
Elizabeth.
CarlaZ.
Reeka21.
MaríaGpe22.
Mía8111.
.758.
Lili.
Haroly N.
Carito Andrew.
Jimenezmary1976.
Hnandy1.
Gia.
Rosario Barra.
Eydie Chong.
Gabriela.
ISABEL.
Miluzka.
Chocovii.
Karol Castro.
Ojala pudiera poder nombre a las invitadas y Guets que me han apoyado en ésta historia, aun así nuevamente MIL GRACIAS,
Si Dios lo permite nos leemos en corto en otra nueva historia.
Enhorabuena y Bendiciones.
