ALGUNOS DE LOS PERSONAJES PERTENECEN A SUS CREADORAS Y ESCRITORAS DEL MUNDO DE CANDY CANDY A MISUKI E IGARASCHI.
AMOR… REGRESA A MÍ.
Capítulo 25.
CON AMOR Y POR AMOR.
Todo era como alguna vez lo añoró, sus sueños de niña por fin se hacían realidad, regresó al hogar donde fue tan feliz, donde sus juegos y travesuras de niña se anclaron a su corazón en ese lugar tan sagrado, recuerdos tan vívidos llegaron a su memoria, mientras la hermana María le arreglaba el cabello, ella observaba a través del espejo aquella muñeca que la acompañó durante su más tierna infancia, la señorita Pony al darse cuenta fue hasta donde los ojos de Candy se dirigieron y sacó el objeto por las que en muchas ocasiones la pequeña Candy se agarró a golpes con Tom en su incesante deseo porque la rubia le enseñara a hacer trucos con el lazo, cuando la señorita Pony se la puso en sus manos, una sonrisa se dibujó en el rostro de Candy, una sonrisa llena de agradables recuerdos, recuerdos que deseaba algún día sus hijos tuvieran que expresar con palabras lo feliz que son siendo niños.
Hace 28 años – dijo en un susurro, se dio la vuelta y tomó las manos de la hermana María depositando un beso en cada una de ellas, se levantó e hizo lo mismo con la Srita Pony – gracias… lo mejor de mí se lo debo a ustedes.
Mi niña…
Nunca terminaré por agradecer a la vida que mi madre me haya abandonado en éste lugar, un lugar donde fui muy feliz, tengo más de lo que puedo merecer…
No hija… tienes justo lo que mereces… has sido una excelente persona y nos honra que te cases en éste humilde lugar – grande fue la sorpresa que se llevaron ambas mujeres cuando Elroy MacLeoid llegó apresurada a darles a conocer los planes de una boda en el hogar de Pony, tenían exactamente un mes para organizar el enlace matrimonial entre Albert y Candy, nada lejos ha quedado ese día cuando Albert le pidió a Candy que se casaran por la iglesia en el hogar de Pony, la conocía tan bien que muy pocas veces él erraba en los deseos de la rubia y ese día lo recordaría como uno de los mejores de su vida.
Unos toques en la puerta interrumpieron a las dos mujeres que con inmenso amor y dedicación la preparaban para el hombre que su corazón, cuerpo y alma eligió para amarlo por toda una eternidad si era posible.
Adelante – Elroy MacLeoid entró y cuando la vió sus ojos se aguaron al verla, el vestido blanco era perfecto, el corte imperio daba muestra de que había más de un Andley preparándose para ese gran día, el peinado le confería un aire casi celestial, sus rizos dorados habían sido peinados dejándolos sueltos, eran la prueba de que alguna vez ella recuperó lo que pensó había perdido, pero que a más de dos años de distancia el destino le confirmaba una vez más que su tiempo aún le pertenecía.
¡Dios mío! ¡te ves bellísima! – se acercó a las tres mujeres y después de saludar a la Srita Pony y a la hermana María se acercó a Candy acunando su rostro – te ves como un ángel – Candy se sonrojó al escucharla y Elroy MacLeoid sonrió ante ese pequeño arrebato de inocencia que aún se negaba a abandonar a Candy – alguna vez soñé que tendría hijas, me imaginaba como me sentiría si alguna vez me hubiera pasado… y ese día es hoy, recuperé lo que alguna vez tontamente perdí y en ese hermoso paquete estás tu mi niña…
Tía Elroy…
Ésta tiara – abrió una caja de madera finamente tallada – perteneció a la abuela de mi bisabuela… cuando me casé con tu padre por poco olvido ponérmela… fue todo tan apresurado – sonrió y se sonrojó ante aquel recuerdo – hoy te toca llevarla… siempre deseé que RoseMary la llevara el día que se casara… pero hoy eres tú… mañana quizá sea Pauna y algún día tú se la pondrás a tú hija – la tomó con sumo cuidado – siéntate – Candy obedeció ante la mirada de asombro de sus madres, tomó unas horquillas y peinó algunos mechones de cabello para poder colocar la hermosa tiara de diamantes, cuando terminó observó una vez más el rostro de Candy – ¿sabías que el mismo rey de Inglaterra le obsequió ésta tiara a la abuela de mis bisabuela? – Candy negó con la cabeza observándose en el espejo.
Es… es muy hermosa…
Dicen que él quedó prendado de la belleza de mi abuela, pero al saber que ella estaba prometida a un Andley todo deseo carnal que pudo haber albergado simplemente se desvaneció… nadie se mete con un Andley – metió su mano en su bolsa y sacó una pequeña pintura – ella era… ¿no te parece hermosa? – Candy la tomó y al observarla se dio cuenta del gran parecido que su pequeña Rose tenía con esa otra mujer – yo también pensé que se parecía a ti.
Esos ojos… Dios… el mismo mechón rojo…
Si hija… ahora eres portadora de esta tiara… estoy segura que tu hija cuando le toque portarla se verá de igual de hermosa.
Gracias tía Elroy…
Aunque no lo creas… siempre deseé verte así… debo decirte que el lugar quedó hermoso, todo fue pensando en ti… en tu familia – Candy se levantó y le dio un abrazó al igual que a sus madres.
Gracias… gracias por hacerme tan feliz – la Srita Pony estaba muy conmovida con las palabras de Candy… de todos los niños que pasaron en sus brazos, ella era la que constantemente regresaba a casa.
Unos suaves toques volvieron esta vez a interrumpir ese momento, sabían que el momento se acercaba, y todas la emociones estaban a flor de piel.
¿lista Candy? – no había manera de no quedar prendado ante tanta belleza, Priscilla se acercó acunando su rostro – te ves tan bella… tan hermosa… mi hijo te espera – le dijo con los ojos aguados por las lágrimas necias que amenazaban por asomarse a sus ojos tan azules como el mar, Candy dio un largo suspiro y caminó hasta la escalera y cuando miró hacia abajo, su padre la esperaba ya, aun con mas de 70 años no podía negar que se miraba muy atractivo, y mientras bajaba se regalaron sonrisas.
Mi niña – la abrazó por un largo rato cuando llegó a la base de la escalera – le pido a Dios que seas tan feliz…
Gracias papá… pensé que no vendrías…
Ya me perdí de mucho… no me hubiera permitido perder más ¿lista? – Candy asintió.
La pequeña capilla estaba bellamente adornada con rosas blancas, cada detalle, cada arreglo gritaba el inmenso amor con el que fue pensado esa boda, ahí se encontraban las personas más importantes en la vida de los rubios, y mientras caminaba hacia el altar colgada del brazo de Edmund pudo darse cuenta que estaban exactamente las personas quienes amaba y los amaban, Michael junto con Flamie, el Dr. Leonard con su esposa, a los médicos y enfermeras que fueron parte de su recuperación, los niños del hogar junto con sus hijos estaban en el palco del coro, cuando casi llegaba al altar vió a Terry guiñándole un ojo, él era el padrino de Albert, Pauna junto con Annie eran sus damas de honor, solo lamentaba que no estuviera una persona, su hermana, realmente la amó y saber que el Dr. Leonard hizo lo imposible por que viviera la llenaba de más gratitud, y mientras llegaba a Albert elevó una oración por RoseMary y Anthony, sus ojos se empañaron un tanto por las lágrimas al recordarlos, y cuando por fin sus ojos se posaron en él, todo palideció, porque no había amor más inmenso que el que sentía por él, pasaron infinidad de pruebas, y en cada una de ellas pudo darse cuenta lo afortunada que era al tener a un hombre que la amaba, a una familia que la protegía y a unos amigos que harían no solo lo imposible sino lo impensable porque ella fuera feliz, y a más de dos años ella era la prueba viviente de que ese camino tortuoso por fin había terminado, le sonrió soltándose del brazo de su padre.
Gracias papá… haz completado mi sueño – le dijo Candy emocionada.
Se feliz hija… Albert… te entrego mi recién descubierto tesoro… ámala como he empezado a amarla yo – le entregó la mano de su hija al rubio y después palmearon sus hombros en un abrazo, Albert ayudó a Candy a llegar hasta el altar.
La vida… no solo da y quita, muchas veces lo multiplica – comenzó diciendo el sacerdote – hoy ante ustedes y la presencia de Dios somos testigos de que en el poder del amor, todo se puede, que no hay maldad y enfermedad que derriben las buenas intensiones que trae el amor… me siento realmente honrado de poder estar ante ustedes para oficiar este enlace entre Albert y Candy… y saber que nuestra niña ha regresado a casa me conmueve de sobremanera… ¿Quién entrega a la novia? – preguntó el sacerdote.
Yo, su padre – contestó Edmund MacLeoid con gran orgullo, el sacerdote comenzó con la homilía, destacando el valor de la lealtad, el perdón y el amor, destacó lo extraordinario de la relación entre los rubios, recordó provocando risas entre los invitados cuando Candy se metió a la pila bautismal alegando que había mucho calor y que necesitaba refrescarse.
¿Quién podría resistirse ante tanta inocencia? Y hoy regresa ésta jovencita a casa a reafirmar ante Dios y los hombres su compromiso ante su familia y la iglesia… y les pregunto Albert y Candy ¿vienen por voluntad propia para recibir el sacramento del matrimonio?
Si padre – contestaron ambos.
Colóquense uno frente al otro y tomen sus manos – William Albert Andley ¿aceptas por esposa a Candice MacLeoid?
Si padre acepto – le dijo mirándola a los ojos, ella le regaló una adorable sonrisa.
Candice MacLeoid ¿aceptas a William Albert Andley como tu esposo?
Si… si acepto – contestó emocionada, posterior a eso la hermana María y la Srita Pony leyeron les dedicaron unos versículos a los rubios.
En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera al temor, porque el temor lleva consigo castigo, de donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor, nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero – terminó leyendo la Srita Pony, como parte del sermón de la ceremonia y después de ella la hermana María subió al pulpito abriendo su Biblia comenzó a leer.
Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad, porque ésta es tu parte en la vida, y es tu trabajo con que te afanas debajo del sol – les dijo muy emocionada la hermana María.
Porque es voluntad de ustedes presentarse ante Dios nuestro Señor, bendecimos y damos gracias a Dios por todas sus bondades, que sea voluntad de Él y no nuestra que lo que sea unido hoy no sea corrompido por el hombre… los anillos y las arras por favor – George y Pauna, Terry y Annie pasaron para que el padre los bendijera – bendigo éstos anillos y éstas arras que son símbolo de la perpetuidad del amor, la lealtad y el compromiso… para que todo lo que sea dado en éste hogar sea de prosperidad en salud, en amor y en todos los bienes que han de venir y compartir ¿Albert?
Candy… recibe éste anillo como una muestra de mi amor por ti, y ante Dios y nuestra familia hago la promesa de amarte cada segundo de mi vida, de honrarte y serte leal en la salud y en la enfermedad, ser fiel en cada momento de nuestras vidas, estar contigo en la pobreza y en la riqueza, ser tu apoyo, guía y compañero de vida, porque no habrá honor mas grande que saberte a mi lado en las buenas y en las malas… te amo Candy…
Te toca Candy…
Albert, mi amor… le doy gracias a Dios porque reafirmo el compromiso de amarte por hoy y para siempre, recibe éste anillo como una indisoluble muestra de mi amor por ti, porque no hay nada ni nadie que me haga pensar que puede haber una persona más extraordinaria que no seas tú para compartir mi vida, prometo amarte, respetarte y serte fiel, estar contigo en la salud y en la enfermedad, compartir contigo todo lo que tengo y todo lo que soy, compartir contigo las alegrías y tristezas, ser tu apoyo y guía para el bienestar de nuestra familia… te amo Albert… siempre te he amado – los ojos de Albert no cabían de emoción, el sacerdote bendijo las arras e hizo que Albert pronunciara su promesa.
Candy… entrego, comparto y confío estas arras en tus manos, porque tengo la seguridad que velarás porque cada moneda que entre a nuestro hogar será bien administrado, me comprometo ante Dios que haré en lo posible porque nada les falte, y si así fuera prometo ser merecedor de tu confianza de que cada peso será bien aprovechado para el bienestar de nuestra familia.
Albert… mi amor – extendió sus manos ante él – recibo éstas arras, porque estoy segura que toda promesa salida de tu corazón será cumplida, porque has hecho que mi confianza sea inviolable y me haz permitido estar a tu lado para que ambos seamos uno en la administración y bienestar de nuestra familia, prometo ante Dios hacer buen uso de todos los recursos que confíes en mis manos… te amo – le dijo en un susurro.
Y es así que lo que ha unido Dios no haya mujer u hombre que lo separe, elevemos una oración para que Dios nuestro señor bendiga en salud, felicidad y prosperidad a éste y a otros muchos matrimonios – todos oraron en silencio.
Albert… Candy los declaro ante Dios y los hombres marido y mujer… Hijo, puedes besar a tu esposa – Albert acunó con su acostumbrada ternura el rostro de Candy depositando un beso lo suficientemente largo en sus labios hasta que escucharon la voz cantarina de su pequeña RoseMary desde el atrio del coro.
Mami…mami ¡tengo hambre! ¿nos podemos ir? – y todos rieron a carcajadas.
Fue una recepción pequeña, y como en muchas ocasiones lo soñaron fue justo como ellos la quisieron, toda la familia, amigos y compañeros del hospital que se involucraron en la salud de Candy estuvieron a su lado respaldándolos una vez más, el Sr. Cartwrite, Tom y sus padres, Edmund no cabía en su felicidad, Aunque le hubiera encantado convivir mucho más tiempo con su hija, sabía que lo poco que podía tener de ella y sus nietos era más de lo que la vida podía ofrecerle y por eso se sentía muy dichoso, tomados de la mano junto con Elroy se acercaron a los rubios.
Albert… Candy…
Papá – se acercó a él abrazándolo – gracias por haber venido, me hubiera encantado tener a toda la familia aquí con nosotros – le dijo en un dejo de lamento.
A tu hermano también le hubiera encantado… les ha enviado un regalo, pedí que fuera enviado a la dirección que Elroy me dio…
Gracias – le contestó Albert…
Pero hay algo más… – les dijo Elroy.
¿tía?
Este es mi regalo de bodas para ambos – le entregó un sobre lacrado a Candy – ábrelo hija – un poco dudosa Candy abrió el sobre extrayendo unas hojas entregándoselas a Albert.
Tía… esto es excesivo…
No hijo, es la herencia que mis padres me legaron… y es mi voluntad entregárselas a ustedes… es lo que ustedes necesitan…
¿Lakewood? – preguntó Candy.
Es una villa cerca de aquí amor… era nuestro lugar favorito cuando éramos niños… tía…
No hay nada más que decir hijo… ustedes son los nuevos propietarios – Elroy vio en la sonrisa de Albert la añoranza de un pasado que amó por el simple hecho de haber vivido la mejor infancia y adolescencia de su vida.
Gracias tía – se acercó a ella abrazándola como nunca lo había hecho – es un regalo maravilloso.
Cuando todo hubo terminado Albert y Candy se acercaron a la hermana María y a la Srita Pony para agradecerles que les hayan permitido casarse ahí.
Hijo… ¿Lo dices en serio?... al contrario nosotras nos sentimos dichosas de que nuestra niña se haya casado en éste humilde lugar… estamos muy felices por ambos – se abrazaron una vez más y se despidieron de las dos nobles mujeres con la promesa de regresar pronto.
Albert ayudó a subir a Candy a la camioneta que esperaba por ellos y comenzó a manejar por un amplio camino custodiado a los lados por altos abetos, y un sinfín de especies de árboles maderables, aunque ya era tarde, Candy sentía curiosidad por saber a donde llevaba ese camino.
Amor… ¿A dónde vamos?
A nuestra luna de miel – le contestó con una sonrisa acariciando su pancita - ¿Cómo te sientes?
Fue un día maravilloso… pero estoy rendida amor…
Descansa mi amor… – se estacionó y le reclinó el asiento para atrás para que Candy pudiera descansar, cuando llegaron Albert bajó y fue a abrir la puerta dejándola abierta, regresó y cargó a su esposa llevándola al pequeño aposento de la cabaña.
Cuando despertaron eran cerca de las nueve de la mañana, la luz del sol iluminaba la pequeña estancia, el cabellos alborotado de Candy arropaba el pecho de Albert, una pequeña ráfaga de aire fresco se coló por la ventana haciendo que Candy se pegara más al cuerpo de su esposo, abrió los ojos y por un momento se sintió desubicada, se sentó mirando a todos lados y cuando se quiso levantar un brazo cubrió su cintura acercándola nuevamente a él.
Buenos días mi bella esposa – le dijo con voz ronca - ¿se puede saber a donde vas?
Amor… ¿Dónde estamos?
Disfrutando del regalo de tía Elroy…
¿De verdad? – se quiso deshacer del abrazo de Albert pero él se aferró más a ella y comenzó a besar su cuello – amor…
Te amo… – le deslizó con los labios la cinta del camisón descubriendo su hombro, haciendo que Candy se olvidara de la intención de salir de la cama.
No se vale…
¿Qué cosa amor? – Candy se sentó sobre la pelvis de Albert besando su pecho y cuello, haciendo un reguero de besos por todo su cuerpo.
¡Dios Albert! Hazme el amor…
Fueron los meses más felices que sumaron a sus casi 7 años de matrimonio, ambos decidieron vivir una temporada en Lakewood… para Anthony, RoseMary y el pequeño Albert era el paraíso perfecto para sus múltiples aventuras, Albert y Candy disfrutaban de todo lo que les rodeaba, y a unas semanas de que Candy cumpliera su noveno mes de embarazo, cada rincón de Lakewood era explorado.
Amor… debemos regresar… todo está arreglado para cuando lleguemos a Chicago…
Quisiera poder quedarme por siempre aquí… ¡es tan hermoso! – disfrutando de la húmeda brisa que le regalaba la cascada.
Regresaremos mi vida – la tomó de la mano para caminar hasta la cabaña, pero un jalón lo detuvo y al voltear a ver a Candy se dio cuenta de lo que sucedía.
Albert… – le dijo conteniendo un grito, la quiso cargar pero un dolor le impidió tomarla en sus brazos, sus ojos se llenaron de lágrimas – mis bebés – cubriendo su vientre.
¡iré por el auto!
¡no!... no me dejes sola… lle… ayúdame a llegar – otro dolor más fuerte que el anterior la hizo casi doblar rodillas – la cargó y la llevó a la sombra de un árbol.
Amor… por favor… no tardaré… necesito llevarte a un hospital – Candy hacía sus ejercicios de respiración tratando de controlar el dolor.
No… no tardes… trae la pañalera.
Amor…
¡Apúrate Albert…! por favor…
Cuando Albert regresó, bajó de la camioneta con prisa, no sabía que esperar ni que hacer, su instinto protector y el inmenso amor hacia ella lo llevó a tomar la mejor decisión, decisión que ya estaba tomada cuando una cabecita con risos rubios ya se asomaba entre las piernas de su esposa, se hincó ante ella y con mucho cuidado ayudó a Candy a traer al mundo a sus dos pequeñas princesas…
Albert… hay que bañarlas… aun es medio día y el agua está tibia – él siguió las instrucciones que Candy le daba, cargó en sus brazos a sus tres tesoros y los cuatro se sumergieron a las aguas cristalinas de la cascada – trae la pañalera hay que cambiarlas – Albert ayudó a Candy a secarse y a ponerse un cambio de ropa.
Amor las toallas sanitarias…
No importa eso ahorita hay que cubrirlas – ambos se sincronizaron en tener bien abrigadas a las pequeñas e inmediatamente después se subieron a la camioneta – amor… llévanos a la cabaña, necesito darles de comer – él solo asentía, hasta ese momento todo lo que hacía era en automático, la ayudó a bajar de la camioneta y cuando entraron prendió la chimenea acondicionándole a Candy un reposet para que estuviera cómoda.
Amor necesito hacer unas llamadas… hay que llevarte a Chicago
Cariño… ¿no es más fácil que la familia venga de regreso? – Albert se la quedó mirando con amor y resignación.
Te haz salido con la tuya… me rindo – dándole un beso en los labios – son tan bellas… ¿Quién nació primero Elizabeth o Lilibeth? – Candy le sonrió.
Lili… tiene el lunar en forma de corazón en su tobillo…
Son tan bellas… igual que tu mi amor – la voz se le cortó a Albert, hasta ese momento su cuerpo comenzó a relajarse después de la adrenalina que experimentó.
Mi amor… ven – Albert se acercó con Elizabeth en sus brazos y se refugió en el abrazo de su esposa – lo hiciste bien mi amor… me ayudaste a traer a nuestras hijas al mundo – él se sintió reconfortado al escuchar a Candy, cuando las bebés satisficieron su hambre, Albert las llevó hasta la recámara, afortunadamente para ellos, la cabaña estaba siempre dispuesta y limpia en caso de que la llegaran a ocupar.
Cielo… tenemos que mandar a traer a nuestros hijos… no me siento tranquilo que no estén ellos con nosotros compartiendo de este hermoso momento… mi amor
¿mmmm?
¿Eres feliz?
Si Albert – mirándolo a los ojos – soy inmensamente feliz a tu lado.
¿y tú? ¿eres feliz?
Eres todo para mi… nuestros hijos y tu son mi corazón… gracias Candy… ¿sabes?
¿Qué amor?
Cuando pasó todo aquello, cuando más solo me sentía mi corazón te llamaba todos los días diciéndote…
AMOR… REGRESA A MÍ – Dijeron ambos, regalándose en sus miradas todo el amor que sentían el uno por el otro, por fin habían encontrado el balance en sus vidas, ambos sabían que se pertenecían, que uno sin el otro simplemente no funcionaban y así como estaban los cuatro en la cama encontraron el descanso después de traer a sus vidas un motivos más para hacer que la vida valga la pena vivirla.
FIN
Hola chicas… por fin… el FIN… GRACIAS por el apoyo, sus mensajes, sus opiniones, criticas y aportaciones… ha sido un placer contribuir para el grupo ésta pequeña aportación. MIL… MIL GRACIAS… nos leemos en el epilogo si Dios lo permite.
saryfan.
Carol Aragón.
MaríaGpe22.
Guets1.
Chocovii.
