Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.
- High School DxD –
[True Draconic X Deus]
-El niño que no creía tener nada-
-Ciudad Kuoh-
-Semanas más tarde-
Tras miles de años de existencia, sus ojos habían registrado millones de eventos. Sus oídos habían escuchado millones de conversaciones. La información abundaba en su sesera. Y si bien el estar encerrado en otros seres vivientes por los últimos milenios, su conocimiento no había dejado de expandirse.
El confinamiento involuntario, su cárcel personal, había cumplido su propósito. Su carácter se había templado y su fuego interno se había apagado para dar paso a un agradable gusto por las siestas. En lugar de acción había encontrado un absorbente pasatiempo en la contemplación. El estar encerrado en la Longinus era como vivir en un cine, siempre contemplando que hacia su portador, su arrendador… Desde héroes a villanos, Ddraig Gouch había visto de todo. Unas vidas que curiosamente se le antojaban cada vez menos entretenidas con el paso del tiempo.
El mundo cambiaba al compás de la evolución humana, el mundo se volvía sorprendentemente más pequeño, más limitado. La paz contenía la muerte, la vida abundaba, sin conflictos apenas se daban circunstancias interesantes para él.
Los ángeles contenidos en el Cielo. Los demonios en el Infierno… Lo único interesante en su vida era la aparición de ese maldito blanco… y la continuación a su círculo vicioso particular.
AUNQUE esta vez la cosa parecía haber cambiado. O eso pensaba el gigantesco dragón desde su posición privilegiada…
-DxD-
La brisa, suave. El cielo, despejado. El sol iluminaba el destino, el choque entre dos voluntades. El fiero desenlace de una afrenta legendaria…
-Si gano me darás tu natilla!- chilló una niña castaña, vestida con un vestido rosa, alzando su mano, señalando al niño frente a ella. Un niño de su edad, de cabello ligeramente más oscuro.
-Si gano yo… Llevarás mi mochila toda la semana!-
-¡Mi mochila sola ya pesa mucho!-
-Valoro mucho las natillas de mama!- respondió Issei separando sus brazos, protegiendo su espacio.
-Vas a perder… ¡Esa natilla ya es mía!- dejando una pelota en el suelo –Voy a patear tu culo, Issei-kun!-
-¡No hables así! Sabes que a mama no le gusta…-
-Vas a morder el polvoooooo!- chilló la joven Shidou, corriendo a toda velocidad hacia la pelota. Chutando con sus limitadas fuerzas.
El niño saltó a un lado, desviando la pelota con el puño.
-Nooooooo!- chilló la joven inflando sus mofletes -¡No es justo!-
-Es justo… Te toca!- dijo el niño corriendo hacia la pelota –Es el desempate!-
-Papa dice que los chicos han de ser amables con las chicas!- murmuró la niña llorosa, con fingida timidez.
-No voy a cargar con esa mochila en toda la semana…- dejando la pelota en el suelo, ignorando el infantil juego de Irina.
-¡Issei-kun!-
-¿Cómo has dicho… ¿Vas a morder el polvo?-
Acumulando lágrimas en los ojos… Se lanzó en sentido opuesto al tiro del castaño.
Aterrizando cara al suelo… Se levantó llorosa, mirando al castaño antes de…
-BUAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!-
Al niño le duró poco el sabor de la victoria. Negando con la cabeza se acercó lentamente a la niña, agachándose frente a ella.
-Irina-chan…-
-Buaaaaaaaaaaaaaaaaa!-
-No llores…-
-Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!-
Acariciando su rostro, le retiró algunas lágrimas de su joven rostro.
-Si dejas de llorar… Te dejaré compartir mi natilla-
Poco a poco la niña cesó su llanto, respirando agitadamente.
-¿Lo dices en serio?-
-Si mi preciosa Irina-chan deja de llorar, si-
-¿Me darás tu natilla?-
-PARTE de mi natilla-
-Pero…-
-Y solo porque mi Irina-chan es una chica guapa y obediente…-
-Valeeee…- cesando el llanto, pasando a sonreír -¿Coges la pelota?-
-De eso nada, vas tú-
-Peroooooo-
-Nada de peros o no hay natilla!-
La castaña se levantó de un salto, apretando los puños.
-¡Eres un abusón!- chilló la Shidou corriendo por el parque. Sacándole la lengua al llegar a ciertos metros de distancia –Baaaaaaka!-
-Mmm… No ha estado mal… Que buen chico…- ronroneó una mujer abrazando la espalda del niño. Un mar de cabello negro cayendo por sus hombros. Alzando su cabeza, sus ojos encontraron dos joyas violeta.
-¿Te ha gustado?-
-Manipulador… Me ha encantado!- susurró la mujer besando su frente.
-Muy mal!- protestó otra mujer, rubia, exuberante, flotando frente a ellos.
Para sorpresa de nadie, ninguno de los presentes parecía poder verlas… Aunque sospechaba que Irina veía algo… A veces.
-Tienes que ser educado! Irina-chan es una buena chica!-
-¿Y qué? I-kun es quien manda!-
-Issei es un buen chico!-
-¿Debería de haberse dejado ganar?-
-Podría haber sido más…-
-Haberme dejado ganar habría sido un insulto para Irina-chan…- dijo el niño sonriente. Intentando acabar con la discusión de las mujeres.
-Sí, pero…-
-¿Un angelito le pide a mi I-kun que mienta y haga trampas?-
-Sera-chan… Gabriel-chan está preocupada por Irina-chan…-
-Naaaa… No es necesario… O si, que vigile a esa niña… Yo cuidaré de ti…- acariciando su rostro.
-¡Los dos cuidamos de él!- protestó la rubia tomando uno de sus brazos.
-Noooo, vete con la niña… Déjame a I-kun a mí…-
-¡De eso nada! Serafall! No seas egoísta!-
-Soy una demonio! Soy egoísta… Y más!-
-¿Mas? ¿Cómo?- preguntó Issei inocente.
-¿Quieres saberlo? ¿Te pica la curiosidad?- ronroneó la morena acariciando sus mejillas lentamente.
-¡Serafall! No te atrevas! Es un niño!-
-No tengo nada que decirle a una virginal y estúpida angelucho!-
-Chicas… Sed buenas…- empezó Issei con media sonrisa.
Siempre estaban igual…
-¿Qué te crees que haces?-
Sorprendido se giró, viendo como Irina permanecía de pie a varios metros de él, con la pelota en mano.
¿Las había visto? ¿Las estaba viendo?
Su mirada, perdida, se mantenía fija en él.
-¿Quién eres tú para tocarla?-
-¿Irina-chan?-
Temblando ligeramente, la niña volvió a enfocar la mirada.
-¡Issei-kun!- exclamó su amiga corriendo hacia él con la pelota en la mano –Ya tengo la pelota!-
Issei la miró extrañado.
-¿Qué pasa?- preguntó la chica preocupada.
-Irina-chan…-
-¿Qué te pasa?-
-Pues… Creo que deberíamos de ir a casa…-
-¿Queeeeeeeeeee? No! Yo quiero jugar más!- protestó la castaña inflando sus mofletes.
El niño miró a su alrededor inquieto. Las mujeres asintieron con la cabeza. Enfadada tomó la pelota, chutando hacia otro lado, corriendo tras ella. El silencio rodeó al castaño.
-¿Eso es culpa mía?-
-¿Culpa tuya porque?- preguntó Gabriel, eternamente sonriente.
-Los Gremory dijeron que…-
-¿Te preocupa eso?- intervino Serafall seca.
-MacGregor dijo que…-
-Ese hombre es un pesimista… Sería capaz de hacer llorar a todos en un cumpleaños con sus discursos agoreros…-
-Pero…-
-Pero nada, chiquitín. ¿Qué te han dicho los Gremory?-
-¿Me tenían que decir algo?-
Las mujeres se miraron entre ellas.
-Issei… Ve a jugar con Irina-chan sin miedo…-
-¿Sin miedo?-
-Estamos aquí para cuidar de ti… Que todo sea bonito…- lo tranquilizó la morena.
El niño las miró no muy convencido antes de asentir levemente, empezando a alejarse en trote.
Las mujeres desaparecieron a los pocos segundos, pasando a vigilar al niño en la distancia. Ocultas.
-Entonces si hay algo de que protegerse conmigo…- susurró el joven Hyodo.
-DxD-
-¿Soy un bicho raro?- preguntó el niño relajado en su butaca.
La oscuridad de la sala se veía perturbada por la importante luz liberada por el gigantesco proyecto. Una pantalla de cine muchas veces superior en diámetro de lo que cualquier cine convencional tendría pero que era una pantalla de dimensión regular para el gigantesco dragón tumbado a su lado.
Rojo, panza arriba, su compañero de sueños observaba los eventos del día del niño con curiosidad.
[¿Qué es ser un bicho raro?]
-Ser diferente a los demás…-
[Esa es una ángel… La otra… Una demonio. ¿Quién es diferente a quién?]
-Diferente para mal-
[Es lo mismo. ¿Quién marca la línea de la normalidad? ¿De lo que está bien o mal?]
El niño mantuvo fija la mirada en la pantalla.
-Tenías razón…-
[¿Con que?]
-Sera y Gabi… Son buenas chicas!-
El dragón no respondió.
-Aunque no entiendo porque nadie las puede ver… ¿Sabes porque?-
Ddraig sintió los ojos del niño fijos en su morro.
Intensos y curiosos y vivos ojos rojos… Ojos de cachorro. Dulce e inocente.
-¿Tú las conocías?-
[¿Por qué me preguntas eso?]
-Me dijiste que eran buena gente… Deberías de conocerlas para decir eso… ¿De que las conocías?-
[…]
-Quizás en alguna otra vida… ¿Algún héroe o algo así?-
[…]
El niño hacia demasiadas preguntas. Tenía demasiada casualidad.
-Ddraig! Ddraig!-
[Dime, cachorro…]
-¿Qué lección toca hoy?-
[¿Mmm?]
-¿Qué me vas a enseñar hoy?-
[Pues…]
Ddraig Goch recibía su visita diaria por la noche. Cuando su portador dormía, sus almas se encontraban en el interior de la reliquia. Un hecho atípico y singular que nunca antes se había dado. El pequeño cuerpo del infante estaba muy lejos de poder convocar físicamente su poder, pero ahí estaba, cada noche buceando por el subconsciente de la reliquia.
Cada noche, tras un accidentado encuentro, el extrovertido niño bajaba a verlo, pasando las largas noches de vigilia hablando… Con el paso de las semanas, las noches habían pasado a ser la explicación de vivencias.
De una manera u otra, Ddraig Goch había pasado a ser el profesor particular del niño. ¿Qué podía enseñarle?
Todo lo que había aprendido estos miles de años…
- Inframundo –
-En algún punto sin concretar-
Hacía tiempo que la conocía. Habían desarrollado una relación un tanto especial, curiosa. Eran camaradas, sí, pero quizás no tanto. Compañeros de negocio sería algo más preciso, incluso compañeros de afición. La hermosa mujer amante del color azul emitía un aura poderosa, pero solitaria y fría. Cualquier otro hombre, posiblemente, se vería intimidado por su poder. Sus ojos azul oscuro eran como un océano de secretos y peligros. Sus labios, decorados con un extraño pintalabios azulado, esbozaron la más extraña de las curvas en ella. Una sonrisa. Entre agradable y perversa, dulce y cruel. Sabía que no era una mala mujer, entendiendo mala como malvada, de infringir dolor y buscar el sufrimiento ajeno.
Era hablar de ese personaje y aparecer esa sonrisa… No se sentía celoso, ni mucho menos, pero si terriblemente interesado en un ser que provocaba semejante respuesta en un ser como Tiamat…
-¿El antiguo Rey de Babel dices?- preguntó Ajuka Beelzebub observando su tablero de ajedrez.
La mujer centró su atención en el por primera vez desde que había llegado. Dejando a un lado sus pensamientos.
-Si sigues interesado en tu pequeño juego, esa una pieza muy importante que debes de considerar- afirmó la mujer peliazul.
-¿Es un activo de combate?-
-Es mucho más completo que eso, limitarlo al campo de combate sería un desperdicio… De haber una palabra que le defina… Seria control-
-¿En qué me puede beneficiar? ¿Por qué debería de tenerlo en cuenta?-
-Por distintos motivos… Tiene el extraño talento de reunir a gente excepcional-
-¿Lo encontraría a él?-
-Con él cerca todo es posible…-
-Le tienes mucho respeto… No pensaba que fuese posible escucharte procesar ese respeto por nadie…-
-Tendrías que haber visto mi mundo… Este mundo jamás ha conocido tanta paz y prosperidad… Tendrías que haber visto la ciudad…
-…-
-No solo era hermosa. Era inmensa, cosmopolita… Todas las razas eran bien recibidas, todas las lenguas habladas… La Torre, el centro cultural del mundo antiguo se alzaba poderosa en el cielo… Se decía que estaba conectado al Árbol de los Mundos y que conectaba la Tierra Media a otro mundo…-
Eso llamó la atención del demonio.
-¿Se decía?-
-Esa tierra desapareció hace mucho…-
-Entonces existió, no era solo un rumor-
-Su brillo fue tan intenso y cegador que el mismo Dios Bíblico la arrasó, celoso, la mandó destruir para apagar su luz…-
-Nunca te había visto hablar con tanta pasión…-
-Era mi hogar, lo que una vez llamé hogar…- murmuró cabizbaja -Allí abandoné mi salvajismo… Pasé de ser una serpiente monstruosa a ser una orgullosa dragona…-
-El Dios Marduk…-
La dragona sonrió divertida, sorprendiendo al demonio.
Nunca la había visto reír… ¿La gélida dragona era capaz de reír?
-Eso es una gran mentira…-
-¿El qué? ¿El Dios Marduk?-
-Ella nunca fue una diosa… Y él nunca ejerció como tal. Era un completo calzonazos…- rió divertida -En realidad teníamos una Emperatriz… Ella tomó las riendas y gobernó como nunca nadie lo hizo jamás… Y he seguido sin ver hasta hoy…-
-¿La Emperatriz también ha regresado?-
-…-
-¿Y cómo ha sucedido esto?-
La mujer no iba a responder a sus preguntas.
-No eres una amenaza para él. No supones un peligro para sus intereses, sois más parecidos que antagonistas… Puede ser un aliado, puede ser tu enemigo… Todo depende de ti-
-¿Cómo daré con él?-
-Es una cuestión de tiempo… Le guste o no todo volverá a girar a su alrededor… Tal es su destino-
De nuevo se había negado a dar una respuesta clara.
¿Lo estaba protegiendo?
-Muy bien… Entonces tenemos un nuevo jugador…- sonrió Ajuka colocando una nueva pieza en el tablero –Esto lo hará más interesante-
Habiendo cumplido su cometido la dragona se marchó. Dejando al demonio más inteligente de la historia sumido en sus pensamientos.
-El Dios que no quería serlo… El Emperador que nunca gobernó…-
-Japón-
Descendiendo del cielo, los pies descalzos de Ophis tocaron el suelo.
Frunciendo el cejo, se molestó al sentir la tierra manchar sus piececitos. Mirando a lado y lado se enfadó aún más al saber que no había nadie que la atendiese. Empezaba a estar harta de estar sola. Ella no sabía cuidar de sí misma, no tenía interés en cuidar de sí misma, ella solo quería que le prestase atención cierta persona. Estaba muy cansada de estar sola, no de tenerlo a él cerca. El mundo no estaba preparado para ver a la diosa del infinito enfadada.
Su destino era peculiar. Un templo oriental, levantando en lo alto de una montaña, la naturaleza lo envolvía con una fuerte presencia de árboles altos y antiguos. Casi oculto en el frondoso bosque se escondían los muros exteriores, blancos, tras un camino de piedra caliza y numerosas puertas torii.
Sin respetar en exceso las tradiciones orientales, Ophis caminó con rapidez hasta plantarse frente a la puerta principal. Dudosa ladeó la cabeza. ¿Debía llamar? Los seres inferiores tenían esas costumbres… Lo más practico seria hacerse un camino, algo excesivamente sencillo para alguien de su poder… Pero su hermano se enfadaría… Ese templo a fin de cuentas estaba conectado a él…
Mirando sus pequeñas manos, Ophis alzó la mirada.
¿Cómo tenía que llamar? ¿Golpeaba la puerta? ¿Y si la rompía? Frunciendo el cejo aún más, Ophis empezó a enfadarse más y más.
ÑAAAACCCCCC
El enfado desapareció de golpe al abrirse las puertas de par en par. Sus ojos inexpresivos localizaron a dos niñas, vestidas de sacerdotisas orientales, colocadas una frente a la otra, haciendo un especie de recepción, incluso un modesto pasillo.
-Por aquí, divina divinidad- murmuraron dos chicas, jóvenes, sirvientas japonesas, mostrando el camino con sus manos.
La loli suprema caminó con rapidez por el suelo de madera, caminando por el centro. Sabía que buscaba. Sentía la presencia de aquella persona a la que estaba buscando.
Abriendo las puertas ligeras de madera y papel del exterior del templo, entró sin pedir permiso. En su interior encontró a quien buscaba. Una anciana que no recordaba tan… decrepita.
-Pajarito cantarín- saludó la niña, como siempre, sin rastro de emoción en sus palabras.
Lejos de molestarse, la anciana rio divertida.
-Jojojo… Ya no soy ni un pajarito ni soy cantarín… Ouroboros- sonrió la anciana –Hacia muchos siglos que no te veía-
-Mmmm-
-¿A qué debo esta visita?-
La chica no respondió solo se acercó a la anciana, sentándose frente a la anciana.
-Cada vez que te veo tienes una apariencia más joven…-
-…-
-¿Crees que a él le complacerá?-
-Estoy segura que si…-
-Nunca has sido de hacer visitas ni te tengo por una persona habladora… Tú visita…- abriendo los ojos -¿A qué se debe?
Ojos llenos de ilusión. Una ilusión que las arrugas de su rostro hacía tiempo que no veían.
-¿Él…?- La anciana jadeó levemente, llevándose una mano al pecho.
Al instante las dos sirvientas se acercaron a ella.
-Estoy bien… Estoy bien…- indicó la anciana alzando una mano hacia ellas. Las niñas se detuvieron al instante, retrocediendo haciendo una reverencia.
-Ha despertado, si-
Unas lágrimas cayeron por el demacrado rostro de la mujer.
-Por fin… Dicha… Bendita dicha!- recogiéndolas con sus manos –Esta anciana pensaba que no llegaría a volver a verle…-
Ophis le concedió unos instantes antes de volver a hablar.
-Mi hermano ha vuelto… Los quiero-
-¡!-
Media sonrisa adornó su rostro.
-No recuerdo que tuvieses un sentimiento agradable hacia ellas…-
-Y no lo tengo- negando con la cabeza –Pero mi hermano lo es todo para mí, y ellas son importantes… Las necesita-
-Nuestros motivos no son los mismos… Pero si los sentimientos- mirando a sus sirvientas.
Las chicas dejaron una pesada caja sobre el tatami.
-Los grandes anillos… Las grandes joyas del mundo…- murmuro Ophis tomando la caja entre sus manos.
-Las he estado custodiando todo este tiempo… Ellas me pidieron que las guardase y lo haré hasta el último aliento…-
Abriendo la caja… dieciséis cajas de madera roja repartidas sobre una tela de felpa negra.
-Si él ha despertado…- observando detenidamente el contenido de la caja.
-Los anillos han despertado… Su dueño, su creador ya está presente…- siguió la anciana –Su destino es inevitable… Ellas han viajado por cientos de vidas, recorriendo el tiempo sin descanso… Buscando lo que no podían reconocer… Una interminable búsqueda que debe de acabar ya…- acariciando la madera –Ellas le han encontrado en todas y cada una de sus vidas… Vidas solitarias, miserables… Sedientas de un líquido que no podían tomar…-
-¿Las has vigilado?-
-Algunas veces he encontrado a algunas de ellas… Vidas negras, oscuras, tristes… Ouroboros, yo estuve presente cuando ellas eligieron seguirlo por amor… Para sufrir entre la oscuridad durante incontables vidas… Ni una sola vida de paz y el mínimo atisbo de amabilidad…-
La diosa dragón la miró fijamente.
-Ahora más que nunca debes ayudar a tu adorado hermano…-
-Ophis hará todo lo necesario lo mejor posible- mirando el estuche antes de volver a mirar a la anciana –Pero no sé cómo…-
-Nuestro Rey ha despertado porque se han dado las condiciones… La maquinaria se ha puesto en marcha… Ya no puede ser detenida… Solo debes de asistirlo cuando el acuda a ti. El resto vendrá solo-
-Cuando despertó… Puede que el idiota de Ddraig interfiera-
-¿Quién?-
-Uno de los dos idiotas celestiales…-
La anciana no acabó de entender sus palabras.
-El destino no puede ser alterado por nimiedades, su divinidad- indicó la anciana.
-¿Han renacido todas?-
-Todas. La hija de Elohim no puede renacer puesto que no puede morir… Ha habido dos eventualidades… Tendré que tratarlo personalmente con él…- acariciándose el rostro, preocupada.
-¿Qué ha pasado?-
-Todas han renacido, en la misma era, con apenas un lustro de diferencia entre todos, excepto tres. Y necesita atención inmediata… Aunque pese a todo indudablemente es el momento-
-Jovencitas, mi hermano estará contento…-
La anciana sonrió divertida.
-Aunque hay alguna excepción, los márgenes son aceptables… Algunas jóvenes, algunas mayores… Justo como recuerdo-
-¿Cómo las encuentro?-
-No puedes-
-¿Cómo?-
-No puedo decirte como encontrarlas. Solo él puede encontrarlas, aunque no sabe cómo, no sabe reconocerlas pero lo habrá, las encontrará aunque no quiera. Es su destino, su obligación como el Rey y su deber como marido-
-El tercer dios dragón…-
-Él devolverá este mundo a los dragones… Draconic Deus volverá a ser lo que era… Mi hermano. Todo cambiará cuando el regrese-
-No te hagas tantas ilusiones… Él no regresa para lo que quieres…- negando con la cabeza –Él dios dragón no regresará, Ouroboros-
-Eso es absurdo. Mi hermano tiene algo que llevar a cabo…-
-Ahhh… Su gran misión. Un destino que pospuso el Dios Bíblico hasta este momento… Aunque eso es algo que ya no podrá repetir…-
-Qué significa eso-
-Él quiere paz… Siempre la ha querido. Este mundo moderno es más pacífico…-
-¡Este mundo es nuestro!- exclamó la loli, alzando la voz, liberando una omnipotente aura de poder y destrucción.
Las sirvientas dieron un paso al frente de nuevo, la anciana las volvió a detener.
La anciana no se sintió intimidada por su aura infinita.
–Pero no temas pequeña, tienes otras opciones-
-¿Qué opciones?-
-Quizás no puedas encontrarlas a todas tu misma, pero si puede encontrar a algunas-
-…-
-Podrías probar de encontrar a Marduk-
La niña gruñó levemente.
-Sé que no te gusta, pero la necesitas, Ouroboros-
-¿Tiene que ser ella?- preguntó mirando la caja.
-La Emperatriz Carmesí es, junto a las sacerdotisas, la más cercana a tu hermano… Quizás puedas encontrar a las dos sacerdotisas… Siendo gemelas… Esas dos estarán muy cerca de él, siempre lo han estado… Viven para servirle, existen para servirle-
-Las sacerdotisas me cuidan bien…- sonrió la chica.
La anciana rió divertida.
-¿Te gustaría ser consentida por ellas? Siendo siervas de un dios dragón… Serian atentas con otra diosa, alguna más adorable…-
La chica asintió con la cabeza enérgicamente.
-Ophisu es adorable!-
-Este anillo…- Asintiendo levemente. Tomando el estuche más grande –El anillo del Rey… Tómalo con el de la Reina… Juntos te llevarán hasta Marduk-
-¿Qué hago cuando la encuentre?-
-Ella sabrá que hacer… Este es su plan al fin y al cabo… Aunque si necesitas algo más concreto con lo que trabajar…-
-…-
-Solo hay dos personas que son capaces de romper las directrices de Marduk… Busca a las gemelas, asegúrate que tu hermano las encuentra cuanto antes y regresa a vuestro hogar. Debe de estar todo listo para cuando tu hermano la necesite-
-Gemelas… Dos chicas iguales…-
-El mismo aura, el mismo físico… Pero puede que no tengan la misma sangre o la misma edad-
La loli bajó la mirada.
-No pongas esa cara…- acariciando las cajas –Ellas ya tienen los anillos, el de él te llevará a ellas… Y puedo darte una pista-
Ophis la miró con curiosidad, parpadeando repetidamente, prestando toda su atención.
-A las sacerdotisas llevo siglos protegiéndolas, las encontrarás, a ambas, bajo el apellido de la familia de ese estandarte-
-¿Las conoces?-
-Si-
-Entonces dime quienes son-
-Eso no tendría gracia…-
-¡Pajarito cantarín! No te conviene…- susurró la dragona amenazante.
-Y otra cosa…-
-Que pasa…-
-Él… No puede saberlo, pequeña-
La diosa la miró incrédula.
-¿Cómo que no puede saberlo?-
-Es un capricho de las chicas…- cerrando la tapa de la caja –Mi colaboración depende de que respetes su deseo-
La niña diosa se cruzó de brazos, pensativa.
¿La respuesta? Evidente.
-DxD-
Los verdes prados decoraban el paisaje. La brisa mecía su cabello. Más no se dejó distraer por la belleza del terreno…
Ophis Ouroboros siguió caminando. En sus manos los dos estuches. Vibrando, marcando su camino.
Satisfecha encontró lo que buscaba.
Una solitaria figura sentada en el prado, observando la belleza natural con una sonrisa fresca, ojos vivos.
Percibiendo su presencia la chica se giró, sonriendo al verla.
-Hola!- exclamó la niña contenta.
-…Hola…-
La alegría no estaba en clara sintonía. Jugando con sus dedos nerviosa, la niña se levantó, levantando su falda levemente haciendo una reverencia.
(Algún saludo que su familia le habrá enseñado…)
La niña sonrió alegre al acabar el saludo, mirándola expectante. Resignada, Ophis la imitó, aumentando el sentimiento positivo de la niña. Esta se acercó a ella, sacudiéndose todo rastro de césped de su vestido, inspeccionándola detenidamente, caminando alrededor suyo.
-No te conozco… Vienes de…- alzando un dedo, señalando al firmamento.
-Vengo de muy lejos…-
Los ojos de la niña se abrieron de par en par.
-¿Historia? ¿Cuento?-
-Yo no soy buena contando historias o cuentos, niña-
La niña bajó la mirada decepcionada.
-He encontrado esto… Pensaba que podía ser tuyo…- alzando su mano, ofreciendo un anillo dorado.
-Bonito!- exclamó la chica emocionada, inclinándose levemente para ver la pieza más de cerca, pero no lo cogió.
La chica se lo volvió a ofrecer.
-No es mío-
-¿No?-
-No, No… tan bonito-
-¿Lo quieres?-
La niña negó con la cabeza.
-No puedo… aceptarlo, lo siento-
-No tiene dueño-
-Lo tiene, alguien estará… triste-
-No se lo diré a nadie-
-…-
La chica seguía sonriendo.
-Pruébatelo-
La niña parpadeó confundida.
-Sabré si es de una niña de tu edad-
-Eso tiene… Está bien. Si puedo… ayudar- murmuro la chica tomando la pieza de joyería.
Parpadeando repetidas veces… Había algo en la pieza…
Curiosa se lo llevó al dedo anular, colocándolo lentamente.
Observando anonadada la joya en su mano.
Ophis ladeó la cabeza, buscando ver mejor a la chica… No apreciaba cambio alguno.
¿Se había equivocado?
Decepcionada se quedó mirando el otro estuche, optando por guardarlo… una mano se lo impidió.
-Yo guardaré el suyo-
-¡!-
La morena alzó la mirada, observando con unos nuevos ojos a la chica frente a ella.
Una niña llena de orgullo, poder y confianza.
La pequeña inocente había desaparecido. Frente a la diosa dragón había una niña con mirada de mujer.
-Eso no es aceptable-
-Es el anillo regente, le pertenece a mi marido-
-A mi hermano-
La niña la miró fijamente.
La Emperatriz vs la Loli Suprema.
-Se lo que piensas…-
-Quiero a mi hermano de vuelta…-
-Necesitas el anillo para encontrar a esas dos degeneradas… A esas súcubo…- chasqueando su lengua, molesta.
Soltando su mano, sentándose en el suelo, observando su anillo afectuosamente.
Ophis la miró fijamente antes de sentarse a su lado. Reconocía el sentimiento que inundaba sus ojos.
Sabía que amaba a su hermano. No podía enfadarse con ella. Había aprendido mucho de su hermano…
-Ouroboros… No pensé en volver a verte tan pronto… Tras tanto tiempo- murmuró inspeccionando a la diosa dragón –Porque eres tú… Curiosa apariencia-
-Marduk…- reconoció la niña.
-¿Has abandonado la apariencia gigantesca y terrorífica por algún motivo?-
-Es una nueva moda en este mundo… Ophis piensa que si Ophis es adorable, su hermano la querrá aún más-
-Eso es cierto… Siempre le han perdido las faldas… Si finges ser una chica, y tan guapa…-
-¿Verdad? ¿Verdad?-
-Aunque para curiosa la mía propia…- mirándose sus manitas.
La chica revisó sus alrededores… Cerrando los ojos, acariciándose la sien.
-¿Dónde está mi marido? Ardo en deseos de verle… Hace tanto que no le siento… Quiero tocarlo, sentirlo contra mi cuerpo de nuevo…-
-…-
-¿Ouroboros, donde está mi amado?-
-… Lejos-
-¿No te ha enviado él?-
La morena negó con la cabeza sorprendiendo a la niña.
-Es cierto… Perdona mi confusión… Aún estoy… Seguro que es cosa de esas dos… Sacerdotisas degeneradas… Más preocupadas de rituales lascivos para ocultar su ninfomanismo que en sus deberes para conmigo…-
-Eres la primera a la que encuentro…-
La chica revisó el estuche, el anillo regente estaba en su interior.
-¿Cómo es que tienes el anillo del Rey de Babel?- volviendo su atención a la diosa –Pequeña… ¿Qué está haciendo mi amado?-
La diosa dragón desvió la mirada.
La chica contuvo la risa, no necesitaba más explicaciones.
-Has hecho bien, pequeña- acariciando el cabello de la morena.
Ophis se dejó acariciar, gruñendo levemente.
-Yo guardaré esto- dejando el estuche en su vestido pasando a sentarse en el suelo, observando el paisaje frente a ella –Ahora pequeña… Háblame-
-…-
-Nunca hemos sido las mejores amigas… A pesar de que nuestro amor y fidelidad está depositada en la misma persona…-
-No me gustas… Pero mi hermano te necesita- sentándose junto a ella -¿Qué quieres saber?-
-Absolutamente todo, todo lo que ha pasado y sobretodo… Mi amado, todo sobre él… ¿Dónde está? ¿Está bien?-
-Issei Hyodo… Es su nombre actual… Vive en un país muy al este de vuestra antigua casa…-
-Issei… Hyodo…- susurró la chica, saboreando el sonido en la boca –Issei… Extraño nombre-
-Logramos despertarlo hace muy poco. Confundido y aturdido…-
-I-Issei… ¿Piensa en…-
La morena bajó la mirada.
-Lo primero que hizo al despertar fue preguntar por ti- admitió a regañadientes –Está buscándoos… Es todo lo que le importa-
La niña sonrió hermosamente, sonrojándose levemente, acariciando el anillo.
-Tras miles de años sigue pensando en mí…-
Ophis gruñó levemente, celosa.
-Sigue… Cuéntamelo todo…-
-Pensaba que me ibas a pedir llevarte hasta él…-
-Nada me gustaría más… Pero no te confundas… Ese desagradecido infinito se marchó por la puerta de atrás, forzándonos a seguirle por los anales del tiempo… Si ese sinvergüenza se cree que se lo vamos a dejar pasar sin más… Está MUY equivocado-
La diosa dragón parpadeo sorprendida.
-Entonces… Ophis está confundida-
-Háblame de mi amado, luego buscaremos a mis hermanas-
-…-
-Si aún no puedo verle… Quiero llenar mi mente de nuevo con él… Háblame pequeña, háblame!-
-DxD-
Un hombre de mediana edad, largo cabello negro y ojos violeta miraba relajado, un colosal círculo mágico de forma esfera suspendido en el centro del enorme pabellón. Sentado en su butaca de cuero, sus ojos visualizaban y analizaban toda la información que surgía del círculo, desvaneciéndose a los pocos segundos de abandonar la esfera. Información. Información de todos sus contactos en todos los lugares imaginables. El líder de la Facción del Gran Rey no perdía detalle de lo que ocurría, no importaba ni donde ni cuando… Él lo sabía todo…
El sonido de unos tacones llamó su atención. No era común que se le interrumpiese en su sesión informativa. Su secretaria personal se inclinó ante él, ofreciéndole un dossier sin siquiera mirarlo, manteniendo su mirada en el suelo.
-¿Qué ha pasado?- preguntó el hombre sin tomar los documentos.
-La Diosa Dragona se ha movido…-
Una sonrisa apareció en su rostro.
-No estaba sola. La acompañaba la dragona del relámpago-
Un destello de sorpresa recorrió sus ojos.
-Nunca había escuchado que tuviesen una relación-
-Y no parecen tenerla… Más allá de un pequeño detalle… Ha habido un accidente de tráfico-
-Una disputa entre la Apócrifa y el nieto de Lucifer… Estos niños…- aumentando su sonrisa, entrecerrando los ojos -¿El Dragón Autentico ha despertado?-
-Hemos accedido a los informes médicos del Serafall Memorial… Todo parece indicar que si-
El hombre se acarició la barbilla.
-Imagino que será humano… El recipiente-
-Un niño humano-
-Joven… Previsible… ¿Huérfano? Seria harto conveniente que fuese huérfano…-
-Sus padres fallecieron en el accidente-
-¿Esos niños mataron a dos humanos en su riña?-
La sirvienta no respondió.
-Dudo que haya despertado de incognito… ¿Quién estaba cerca?-
-Los Gremory-
Zekram dejó de mirar la esfera para mirar a la mujer, sonriendo divertido.
-Humano, huérfano… Y lo encuentran los Gremory…-
-¿Nos ponemos en contacto con Venelana Gremory?-
-No será necesario… Todo está dispuesto…-
La demonio lo miró por primera vez, intrigada.
-Todos los hilos están firmemente dispuestos, asegurados y bien firmes…-
-Pero si no hemos hecho nada aun…-
- Ellas se aseguraron de ello…-
-¿Ellas, mi señor?-
Zekram no respondió.
La secretaria, acostumbrada, se giró, entendiendo que la conversación había acabado.
-Espera-
-¿Si, mi señor?-
-Solo… Si, hablad con mi descendiente… Que Venelana sepa que se del niño. Ella se lo dirá a su venerado esposo…-
-¿Nos beneficia?-
-Me interesa ver que hace Zeoticus… Recuerdo a ese niño… Será… Interesante… Además, tenemos que ser considerado. Asegurémonos que tengan una cálida bienvenida… Los habitantes de nuestro tiempo tenemos que ser considerados… Y mostrar respeto… A nuestros nuevos conciudadanos…-
-Castillo Gremory-
Zeoticus sonrió quedamente, su esposa estaba radiante, sonriendo hermosamente, apoyada en una de las butacas, inclinando acariciando el cabello de su hija. Issei Hyodo y Rias Gremory dormían plácidamente en el sillón, agarrados de las manos, una cabeza contra la otra.
Venelana se giró, mirando a su marido con lágrimas en los ojos. Zeoticus rodó los ojos. Ya conocía a su esposa.
-No, no, Venelana, no me mires así… Y este no es lugar para dormir-
-Me llevaré a Rias, le pediré a…-
-Yo subiré a Issei cuando acabe- se ofreció el pelirrojo.
Venelana sonrió cálidamente, inclinándose frente a la niña, intentando separarla del niño.
Rias se resistió adorablemente antes de acabar en brazos de Venelana. Issei se despertó a los pocos segundos, gruñendo levemente, mirando a su alrededor confundido. Tardó unos segundos antes de comprender donde estaba y con quien estaba.
-Donde…-
-¿Dónde está mi hija?- tanteó el demonio.
-Mmm…-
Zeoticus rellenó su copa de whisky. Observando el fuego de la chimenea en silencio.
-Llevaba tiempo queriendo hablar así… Entre hombres…-
-Soy un niño…-
El hombre esperó un poco antes de formular su pregunta.
-Cierto… Dime-
-¿S-si?-
-¿Te gustaría ir a vivir con los Shidou?-
Issei no sabía bien que responder.
-… No me disgustaría-
-¿Preferirías quedarte aquí?-
-Sería una molestia-
Zeoticus lo miró fijamente.
-Soy un niño… Sin padres… Touji se llevó las cosas de casa… Ya no tengo casa…-
-Eso no es cierto-
Issei lo miró fijamente, arrancando una sonrisa involuntaria en el demonio. Le gustaban esos ojos. Eran intimidantes, profundos, agresivos pero serenos al mismo tiempo.
-Yo podría ser tu padre-
El niño abrió los ojos sorprendido antes de volver a mirar el fuego.
-Quizás sea demasiado pronto para tener esta conversación…- murmuró Zeoticus tomando otro sorbo.
-A mi… Me gustaría…-
-¿Para así poder estar cerca de mi hija?-
-Si… Y Venelana… Y si eres mi padre… ¿podría ser como tú?-
-Jajaja… ¿Cómo yo?-
-Alto… guapo… fuerte… Y ese pelo!-
-¿Te gusta mi pelo? Jajaja-
-Es como el fuego!- exclamó emocionado, pasando a mirar su copa -¿Qué bebe?-
-¿Um?-
-No es agua… ¿Es un refresco? ¿Qué es?-
-Whisky-
El niño ladeó la cabeza, confundido.
-¿Esta bueno?-
-Es un reserva… A mí me encanta-
-¿Qué es un reserva?-
-Que ha llevado mucho tiempo prepararlo. Es muy antiguo-
-¿No se ha puesto malo?-
-Precisamente, al pasar tanto tiempo y no ponerse malo hace que esté muy bueno-
-¿Puedo… probarlo?-
El pelirrojo rio divertido.
-Eres demasiado joven para beber, pequeño-
-¿Por qué importa la edad?- ladeando la cabeza –Los demonios viven mucho…-
-Jajajaja. Pero tú no eres un demonio…-
-…-
-Es una bebida fuerte para tu joven cuerpo… Hay placeres que tienen su etapa… Tu ahora vives una vida libre de responsabilidades, inocente, crees que no hay nada mejor que una taza de chocolate caliente y jugar con tus amigos… Yo ahora juego con mi mujer y creo que no hay nada mejor que una buena copa de whisky-
El niño lo miró curioso.
-Entonces cuando sea adulto…-
-Cuando seas adulto te enseñaré los placeres del mundo adulto, de momento eres un niño y debes hacer cosas de niños-
-Mmm… ¿Es una promesa?-
-Es una promesa-
El castaño se quedó en silencio unos instantes antes de volver a mirarlo.
-¿A qué jugáis?-
-¿Jugar?-
-Con tu mujer, a que jugáis-
El demonio volvió a reír, con fuerza.
-¿Touji Shidou no juega con su esposa?-
-No lo sé… Nunca los he visto… ¿Juegan a lo mismo que vosotros?-
-LO DUDO MUCHO… Estos humanos santurrones…-
El fuego ardía sin prisa, contenido por los muros de ladrillo.
Sus ojos se alzaron levemente, bajo el emblema familiar descansa su fiel compañera de juventud.
Una espada oriental de mango trenzado blanco, funda de madera negra.
-Yamato… Quizás pronto tengas un nuevo compañero…-
Acabándose la copa de un trago.
-¿Dime, te gustan las espadas? A todos los chicos le gustan las…-
ZzzzzzZZZZzzzzz
Zeoticus Gremory sonrió cálidamente, observando al niño dormir relajado en el suelo, sobre la alfombra. Con cuidado lo tomó entre sus brazos, cargándolo hasta la habitación de invitados. Venelana lo esperaba con una mirada afectuosa, retirando las sabanas, viendo como el hombre desvestía al niño antes de meterlo en la cama.
La castaña lo arropó besando su frente.
-¿Recuerdas cuando Sirzechs era tan pequeño?-
-Hace ya demasiado…-
-Podríamos tener otro hijo…-
-Lo tienes… Pero de otro tipo- respondió el pelirrojo.
-No me creo lo que escucho… ¿El pequeño se ha ganado tu corazoncito?-
-Este niño ha llegado a nosotros por algo…- abrazando a su esposa.
-Había escuchado que los dragones son seres especiales… Hasta ahora nunca había creído que fuese cierto pero…-
-Este niño me gusta… Estaba pensando en darle a Yamato-
Venelana Gremory miró estupefacta a su marido.
Zeoticus se lamentaría años más tarde no haber tomado una foto… Nunca recordaría ver semejante expresión de incredulidad en el hermoso rostro de la demonio.
Los demonios miraron incrédulos como la pequeña Rias corrió a su lado hasta alcanzar la cama del niño, colándose bajo las sabanas, colocándose junto al castaño.
-A estos dos no hay quien los separe…- rió Venelana llevándose una mano al rostro.
-Supongo que así no tendré que escuchar los lloriqueos de Rias del porque Issei no había dormido con ella…-
Sonriendo hermosamente, Venelana se abrazó a su marido, mirando como Rias e Issei se abrazaban inconscientemente.
-DxD-
El niño abrió los ojos de golpe, parpadeando repetidas veces.
Mirando a lado y lado somnoliento.
Issei sonrió cálidamente. Frente a él, agarrándolo del pijama, había una niña de llamativo cabello rojo durmiendo adorablemente. Tras unos minutos observándola en silencio se liberó de su firme agarre para dejar la cama. Apartando las sabanas, bajando de la cama y caminando hasta el baño integrado en su dormitorio. Del armario sacó otro uniforme escolar completamente limpio, planchado. Había decenas de ejemplares colgados en perchas junto a otro montón de ropa que apenas usaba. Con media sonrisa se alejó de la pelirroja que, gruñendo ligeramente en su cama, acariciando las sabanas vacías, empezó a buscar lo que hasta hace nada estaba ahí.
Buscándole a él.
Cerrando la puerta en silencio, sonrió aún más al sentir a la pelirroja despertarse con una fuerte protesta… y su nombre incluido en esa protesta.
-Buenos días… Podías haber dormido más…- saludó el patriarca pelirrojo presidiendo la mesa.
-Ria-tan bajará enseguida- respondió el chico sentándose junto a él.
-Primero desayuna… Agrippa te llevará a casa cuando hayas comido-
Issei miró su reloj… Aún tenía tiempo. O eso creía.
-Ayer me fijé en el árbol genealógico…-
-¿Quieres conocer a Sirzechs? Creo que ya va siendo hora…-
-No, no es eso… Hay una inscripción… ¿Milicas?-
El hombre rió contento.
Nunca lo había visto tan… contento.
-Es mi nieto. Milicas es mi primer nieto, apenas tiene unos añitos, por eso sus padres andan bastante ocupados… Y a mi mujer le ha salido la vena maternal…- volviendo al periódico que tenía en la mano.
-El hijo de un Maou… Huau…-
-El pequeño es objeto de mucha presión mediática, así que de momento lo mantenemos alejado de todo y de todos… ¿Te gustaría conocerlo?-
-Nunca he visto a un niño tan pequeño…-
-Seguro que os lleváis bien…- centrando su atención en el niño –Antes de irte… ¿Te gustan las espadas?-
-¿Qué? Si…- sorprendido –Me gustan los juegos de espadas… ¿Por qué?-
El pelirrojo no respondió, solo sonrió más.
-Hoy te levaré yo a casa- sentenció el demonio doblando el periódico, dejándolo junto al café.
-¿Usted, señor?-
-Me apetece hablar con el hermano Touji sobre algo-
-¿?-
-DxD-
Curioso, observó las figuras de Touji Shidou y Zeoticus Gremory hablar con cierta tensión cara a cara en el comedor de la residencia humana.
Esa imagen, un exorcista frente a un demonio con un par de tazas de café separándoles, podría ser una referencia que resumiría perfectamente su vida.
Desde el accidente de sus padres había viajado de forma continua de una residencia a otra.
Si bien había una considerable cordialidad entre las mencionadas familias, podía ver en rasgos generales que se "peleaban" por ganarse su… afecto.
Los Shidou veían en él al hijo de sus amigos… Los Gremory, habiendo estado mucho tiempo sin niños en casa, veían en él a un nuevo Sirzechs.
Venelana Gremory y Karen Shidou lo querían profundamente. Zeoticus veía en él al hijo que siempre quiso tener. Touji veía en él esperanza.
Él, por su parte, estaba confundido… Pero no se quejaba. No se quejaría mientras hubiese paz y tranquilidad. Era todo lo que deseaba por el momento…
-Puertas de San Pedro-
-Cielo-
Tatareando contenta, deleitándose con las vistas del paraíso…
Un inmenso mar de nubes blancas sobre una superficie azul claro. El perenne manto de estrellas puras sobre ellos… Tras ella unas puertas doradas, gigantescas, gruesos marcos y delgadas barras. Siempre abiertas, no eran una medida preventiva, ni defensiva. Eran un regalo a la vista, una carta de presentación para aquellos que lograban subir las inacabables escaleras que formaban las nubes.
Las escaleras que filtraban el bien y el mal… Las escaleras con las que los ángeles guiaban a los muertos al paraíso, a la otra vida.
Tras la muerte, accidental o natural, los fallecidos debían subir las escaleras divinas, si el alma pesaba demasiado por los pecados cometidos los escalones de nubes cedían y el alma caía al vacío, al Infierno… Si lograban subir el mismo San Pedro los recibía… Excepto esta ocasión.
Gabriel cesó su canto, sonriendo enormemente, se alegró al ver a dos personas alcanzar el último escalón.
Un matrimonio, japonés.
Confundidos, los asiáticos permanecían juntos, agarrándose las manos, asustados y confundidos.
-¿Dónde estamos?-
-Bienvenidos al Cielo…-
-¿A-al Cielo?-
-¿Hemos muerto?-
-Lamento decir que así es, pero no tenéis que preocuparos por nada más… Aquí estaréis como en casa…-
-P-pero eso no puede ser! Tenemos un niño! ¿Y mi hijo?-
-Miki Hyodo, Gorou Hyodo… No tenéis nada de lo que preocuparos. Os lo garantizo-
-¿C-como sabes quiénes somos?-
Gabriel Angelum sonrió radiante de alegría.
-Bienvenidos al Cielo-
-Italia-
-En algún punto-
Dos figuras recorrían la noche en silencio.
Caminando sin prisa, manteniendo una distancia entre ellos.
-¿Esa criatura existe?- preguntó una de las figuras, con una tonalidad claramente femenina. La mujer, vestida con llamativas ropas azuladas, imitando a las brujas. Larga capa y sombrero picudo.
Molesta sacó una varita de madera de su túnica antes de agitarla con la mano, convocando un círculo mágico en la punta.
Con un sonido agudo, todas las luces de la farola fueron a parar a la varita, dejando la calle bajo la tenue iluminación de la luz de las estrellas.
-Eyyy… Ahora no veo ni torta!-
-¿Los demonios no ven en la noche?-
-Uyuyuyuyuyyyyyy… ¿Qué sabrás tú de demonios me preguntó?- exclamó el acompañante moviéndose con agilidad a lado y lado –Agitadoras de ramas de árbol escondidas en medio de la nada… ¿Sabéis algo del mundo de verdad?-
La mujer desvió la mirada molesta.
-Mira, mira, mira. Tú y tu gente, una muy pintoresca y… llamativa- dijo el demonio moviendo sus dedos sinuosamente –Prisioneros indeseables de una malvada criatura que ahora mismo ha dejado de custodiar vuestra prisión para pasar a otra diferente-
-Nosotras no…-
-No, no, no! No lo entiendes! Eres una pobre palomita que acaba de salir de su nido y se piensa que la lagartija está lejos, lejos… Y no es así! Esa lagartija está en todas partes, lo controla todo! En cualquier momento podría aparecer en el cielo y cubrirlo todo con su fuego destructor!- exclamó el hombre alzando sus manos, moviéndolas por el cielo.
-Nuestro pueblo solo quiere libertad, no queremos una guerra… No podríamos ganar ni en mil años contra ellos…-
-No, no, no! Verás, mi padre libró muchas guerras… Lideró la Guerra de las Guerras! Poderoso! Orgulloso!- alzando los brazos -¿Sabes que logró?-
-N-no…-
-Logró la muerte-
-…-
-Una aburrida y triste muerte… Pero mi padre, a pesar de ser el más poderoso de nuestra raza… No era el más listo. Llevó a tantos de los nuestros a la muerte que miles de años más tarde aun somos una raza en peligro de extinción…-
-Eso no es asunto nuestro-
-Falso! Falso! Tremendamente falso criatura simplona! Tu guardián no está, pero no es el único, su amiguito, que ahora recorre el espacio de tu guardián libremente, destruirá no solo este mundo, sino todos! Incluida esa preciosa ciudad esmeralda que tanto quieres proteger-
-¡Pero nosotras no hemos hecho nada!-
-Criatura estúpida! ¿Quién te ha preguntado si habéis o no habéis hecho nada?-
-¡!-
-Si queréis vivir libres hay que hacer mucho más que abandonar la prisión… Hay que eliminar a los guardias, a los carceleros!-
-Nosotras no podemos hacer eso-
-¡Podéis! ¡Podéis! ¡Podéis ganaros vuestra completa y absoluta libertad!-
-¿Mi pueblo… puede vivir libre en el exterior?-
-Podréis abandonar esa tierra artificial para vivir en este mundo!-
-¿Tu… tu raza nos apoyará?-
-Qlippoth… Estará de vuestro lado- realizando una extravagante reverencia, llevando una mano al vientre, pasando la otra por la espalda –Te doy mi palabra…-
La bruja meditó unos instantes.
-¿C-como podemos ganarnos la libertad?-
-Verás, verás, verás! Todo puede parecer complejo pero no lo és!- exclamó el demonio dando saltitos alrededor de la bruja –Tres! Tres! Tres! Lo que nos importa es el tres!-
-¿Qué tres?-
-El tres lo es todo! No el 6, mi padre fue un idiota con eso del 666… Los conceptos trinos dominan el mundo! Idea, juicio, raciocinio! Universal, particular y singular! Nutrición, reproducción y supervivencia! Deducción, intuición y inducción! Fe, esperanza y caridad! Principio, medio y fin! Pasado, presente y futuro! Tres son los lagartos que nos condenan a una vida de miedo y sufrimiento! Tres reptiles que se jactan esperando el momento de nuestra muerte!-
-Tres…-
-Y tres son las armas creadas con el aunado esfuerzo de cientos de civilizaciones a lo largo de milenios!- colocando tres dedos frente a la mujer –Una está en poder de los dioses, otra sellada en algún lugar de la Grieta Dimensional y la otra se esconde en el tiempo…-
-¿Tenemos… tenemos que buscar esas armas?-
-Oh, eso ya lo he hecho yo-
-¿Robarlas entonces?-
-¿Podríais infiltraros en lo más profundo de la cárcel de máxima seguridad del panteón griego?-
-¡!-
-No, no, no. Y tampoco quiero que buceéis en la inmensidad de la Grieta… Educación. Solo quiero educación de vosotras-
-Explícate-
-Brujas, brujas, brujas. Haced de brujas, brujas- palmeando contento –Manipuladoras, traicioneras, embrujáis y mentís a vuestra conveniencia con la misma facilidad y constancia que respiráis… Haced eso por mí! Por este planeta!-
-No te entiendo…-
-El mundo decidió de forma unilateral imponer, establecer, proponer, colocar, afirmar… Su orden!- alzando el dedo índice –Ante eso nacimos nosotros, la oposición… De ese choque surgirá la síntesis! Problema - Reacción - Solución!-
(Este hombre está loco…)
Relamiéndose, el demonio tornó sus ojos perdiéndose en sus pensamientos.
-Mi padre, un animal, poderoso y ambicioso se escondió como un perro apaleado en las profundidades de la tierra, era un pobre infeliz… ¿Quieres escuchar un cuento?-
-No-
-¿Segura? Sera cortito!- insistió el hombre acercándose a la mujer, quedando a apenas unos centímetros de su rostro.
-D-de acuerdo…-
-Imagínate una torre, tan alta, alta, alta como ninguna otra! Con un reptil alado dando vueltas y en la cima dos monstruos… Esa torre fue el centro del mundo! Hasta que bum! Bum! Fuego y nuevo orden! Libertad para todos!- chilló el hombre dando vueltas sobre sí mismo –Pero esa tiranía ha regresado… Pero yo descubrí algo que no quería que fuese descubierto… ¿Quién hizo sangrar al reptil?-
-No lo sé…-
-El reptil y su civilización tenían rivales, culturas que nada podían hacer ante ellos salvo documentar. Documentar y documentar… Que documentaron dirás… Dejaron un registro de sus tres dioses, de sus tres salvadores que no pudieron salvarles de la ruina… Porque no eran dioses!-
-…-
-En una isla en un mar del mundo humano surgió una espabilada civilización que adoró a tres, tres, tres dioses! Tres armas!- moviendo sus brazos con furia, motivado –Astarté! Baal! Melkart!- señalando una de las casas con ambas manos –Allí se encuentra Astarté! Dormida en su sueño atemporal! Esperando que la antítesis la encuentre! Deseosa de cumplir su rol de unirse a la tesis para crear la síntesis! El nuevo mundo!-
La mujer centró su atención en la casa. Un sencillo y modesto hogar humano. Tres integrantes. Dos adultos y un menor. Un menor con un notable potencial mágico y algo más…
-¿Educación?- susurró la bruja empezando a entender, abriendo los ojos incrédula.
-Astarté deberá de conocer a su némesis en su debido momento, hasta entonces la formareis y preparareis… Entregadme la cabeza del reptil y vuestro pueblo podrá poblar libremente este mundo, podrá buscar su lugar con el apoyo de nuestra organización! Podréis abandonar el yugo de Oz!-
-¿Solo tenemos que hacer eso?-
-Educar. Es una niña. Una fruta inmadura que no está lista para ser devorada…- dijo el demonio sacando una pequeña esfera de su túnica.
Una esfera blanca, destelleante, en su interior se vislumbraban decenas de círculos mágicos. Una esfera que contenía un poderoso hechizo.
Manipulación mental.
-Un presente para facilitar la faena…-
-Cuando la fruta madure, cuando la preparemos…-
-Mi organización os preparará un encuentro, lleva el arma, deja que obre su magia y ven a recoger vuestra recompensa ya sabes dónde-
-Pero Oz…-
-Mi organización os proporcionará cobijo… Si matáis al reptil-
La bruja tomó la esfera, caminando decidida hasta la casa.
Nada más entrar en la parcela se detuvo de golpe, mirando con pavor la silueta de una muñeca blanca de cuatro brazos y cuatro ojos.
-¿Fascinante verdad?- rió el demonio tras ella, mirando por un lado –Es una pieza única… Una humana joven, hermosa, con excepcionales dotes mágicas y con el poder para congelar sus feroces llamas… No podría ser mejor arma! No podría! No!-
-¿Estás loco? ¡No voy a pelear con una Longinus!-
La mirada del hombre se tornó seria, revelando una fuerte carga de locura.
-No me decepciones- siseó el demonio caminando sin miedo hacia la muñeca, tocándola con su mano, provocando un agudo sonido antes de deshacer la muñeca en miles de chispas de luz –Si me decepcionáis os mataré a todas-
-¡!-
La mujer tragó saliva. Asustada apuntó con su varita al hogar, envolviendo la casa en luz.
Sin prisa entró por la puerta principal, saliendo minutos más tarde con una niña rubia flotando frente a ella. Con los ojos abiertos, paralizada.
-¿Esta es la niña?-
El demonio inspeccionó sin mucho interés a la pequeña humana. Sus ojos se iluminaron como una bombilla en la noche al ver una cadena plateada, sencilla, colgando de su cuello, sosteniendo un gastado anillo dorado.
-Sí, sí, sí!- chilló el demonio emocionado.
Llevando su varita a la frente de la niña, cerrando sus ojos.
Tras unos minutos separó la madera y colocó la esfera contra su piel. Al tocarla, la esfera de rompió en mil pedazos, entrando en su cabeza sin dificultad.
El cuerpo de la niña convulsionó con fuerza unos instantes antes de relajarse, perdiendo la conciencia.
-El hechizo esta completado… El control mental es satisfactorio… Su mayor miedo es su reliquia…- indicó la bruja –Su poder se desestabilizó. La reliquia mató a sus padres. Yo la encontré en la calle…-
-Que divertido!- chilló el demonio emocionado, concentrando altas cantidades de poder demoniaco, alzando su mano contra la casa.
-No, espera-
-¿Me estás dando órdenes?- siseó peligrosamente el demonio.
La bruja alzó su varita, convocando un poderoso encantamiento sobre la casa, congelándola por completo.
-Un recordatorio para el futuro… La niña querrá volver a su hogar…-
-Jujuju! Maravilloso! Por fin tengo una de las armas frente a mi…- siseó el demonio acariciando el rostro de la niña –Astarté congelará las llamas del debilitado dios… La serpiente del Edén acudirá en su rescate… Pero no será una amenaza, ya tenemos las llaves de Melkart… Cuando esos dos caigan centraremos nuestros esfuerzos en dar con Baal y liberarlo…-
-Mi señor- murmuró otro demonio, apareciendo de un círculo mágico, inclinándose al instante, hincando la rodilla en el suelo con la cabeza baja en señal de profundo respeto.
-¿Qué haces aquí? Tenías algo que hacer…-
-Tenemos una contingencia- bajando aún más la cabeza.
-Habla-
-El niño, ha sido tomado bajo la protección del falso Lucifer-
Los ojos azules del demonio lo miraron fijamente, llenos de furia, de locura.
Su mano se posó lentamente hasta posarse sobre la cabeza del sirviente.
Suspirando con fuerza, la retiró tras unos segundos.
-No importa lo que ese impostor haga. Él no sabe nada. No puede hacer nada. Una vez activadas, las armas no pueden ser detenidas. Nunca lo verá venir-
-Mi señor… Esta niña…-
-Cumplid vuestra parte del trato…- susurró el demonio ladeando la cabeza –U os recordaré lo bien que arden las mujeres como tú-
De un destello de luz los dos demonios desaparecieron dejando a la bruja con la niña solas en la noche.
Instantes después ellas también desaparecieron, volviendo la luz a la calle.
-DxD-
La niña se despertó sin previo aviso, abriendo sus ojos lentamente. Incorporándose en la cama se llevó las manos a la cara.
Temblando furiosamente, cascadas de lágrimas caían por sus mejillas.
Recordaba…
Recordaba como la muñeca se había alzado, poderosa, en medio del salón de su casa, congelando al instante a sus padres, congelándolo todo, ignorando sus chillidos, sus suplicas.
Recordaba como decenas de adultos la habían abrazado, susurrándole cosas al oído, intentando animarla, darle esperanzas… En vano.
Recordaba cómo sus familiares la repudiaron, negándose a tomarla en custodia.
Recordaba como la amable bruja había acudido a ella cuando nadie más lo había hecho.
La bruja Glenda…
Al pensar en la anciana bruja las lágrimas cesaron, más su sonrisa no regresó. Sus ojos seguían vacíos, carentes de vida.
Lavinia Reni estaba rota.
-Japón – Cementerio de Ikki-
Sus ojos rojos se alzaron al cielo. La nubes, negras, intimidantes, amenazaban con descargar un diluvio sobre ellos. El frio viento invernal golpeaba su rostro.
-Quizás nieve…- susurró Issei Hyodo con un tono seco, no más alto que un murmullo, oculto por el viento.
Mantenía sus ojos elevados porque no quería ver nada, no quería enfocar nada. No entendía nada.
El niño no lo entendía, no alcanzaba a comprender como podía encontrarse en esa situación. De pie, sobre un camino de adoquines de piedra blanca y pulida, en medio de un sendero de delgados y altos arboles… El niño no entendía como había pasado de estar paseando por las calles con sus padres a estar vestido de negro de pie de dos grandes piedras… Dos piedras decoradas con flores y marcos con fotografías.
Dos piedras con los nombres de sus padres tallados en ellas. Miki Hyodo; Gorou Hyodo.
Parpadeando repetidamente, agarrando con fuerza la mano de Irina, la niña lloraba a lágrima viva, sollozando con fuerza. La niña lloraba y lloraba, con fuerza, cuando él era incapaz de derramar una sola lágrima. ¿Eso lo hacía un mal hijo?
-N-no estás solo!- balbuceó con las mejillas completamente mojadas. Llamando la atención del Hyodo que dejó el estudio de las tenebrosas nubes para mirar algo mucho más hermoso.
Irina Shidou, con su rostro parcialmente oculto por un gorro y una bufanda de lana lo miraba con los ojos encharcados de lágrimas.
El castaño sonrió quedamente. Sacándose un pañuelo del bolsillo de la chaqueta, lo pasó con cuidado por la naricita de la niña.
-Lo se…- guardando el pañuelo, tomando las manos de la niña entre las suyas, apretando con algo de fuerza, mostrándole su fe en sus palabras.
-Irina! Irina!-
La pequeña respondió a la voz de su madre. Los Shidou estaban unos pasos tras ellos. Llamándola con la mano, Karen se llevó a su hija lentamente, ofreciéndole al niño unos últimos instantes a solas con sus padres.
Al alejarse, dubitativa, la niña, Issei volvió a sus pensamientos. Frente a él estaban las tumbas de sus padres más sus pensamientos y sentimientos hacia ellos eran… Ambiguos. Cuanto menos podía decir que tristeza… Desde que había tenido ese accidente se encontraba… Confundido. No se sentía él… Normal.
Volviendo la mirada al cielo, Issei no entendía porque le estaba pasando esto… ¿Qué había hecho él para merecer este castigo?
-¿Por qué te has llevado a mis padres… Yo los necesito más que tu…-
La sacerdotisa Shinto que había oficiado el entierro contuvo las lágrimas, tapándose la boca con la manga de su atuendo religioso emprendió el camino de regreso a casa. Shuri Himejima era incapaz de poder presenciar esos eventos y no hundirse en la tristeza.
El mundo no era justo…
-Pobre niño…-
Agarrada de la mano de su hija, se alejó a paso rápido. Si bien quería que su heredera empezase a estar presente en los oficios que eventualmente llevaría ella a cabo, aquello era demasiado para ella… Era demasiado joven.
La joven, vestida como su madre, caminaba a trompicones, incapaz de mirar hacia adelante, incapaz de dejar de mirar al niño. En un acto de rebeldía, un acto impulsado por un sentimiento que no entendía, la joven arrancó a correr hacia el niño. Shuri se giró sorprendida, viendo como la morena se detenía un instante para recoger una flor, arrancándola del parterre con cuidado, antes de alcanzar al chico.
Issei se giró al sentir una mano tirar suavemente de su manga. Una hermosa niña de largo cabello negro y ojos lilas lo miraba fijamente, con timidez le ofreció la flor. El niño la tomó confundido, volviendo su mirada a la morena. Ambos se miraron sin decir nada.
Sin percatarse de cuando había empezado a llorar, Issei se sorprendió al sentir las manitas de la niña recoger sus lágrimas. Mirándolo a los ojos… La niña se separó, corriendo con torpeza hasta alcanzar la mano de su madre… Los ojos rojos del pequeño la siguieron hasta que se perdió en la distancia, pasando a mirar la flor entre sus manos…
La lluvia empezó a caer, primero suave… Para empezar a mojarlo todo con furia.
El cielo lloraba con tristeza.
Alzando sus manos, intentando alcanzar las nubes… el agua se apartó, cayendo a su alrededor, pero sin mojarle, solo a él. De un destello de luz apareció la mujer más hermosa que había visto nunca, hermosa y elegante, sus pies desnudos no llegaron a acariciar el suelo. El suelo era demasiado indigno de tocar su piel. De una mancha de oscuridad surgió otra mujer, más menuda, vestida de negro.
El niño abrió los ojos, sorprendido, pero no extrañado. Un sentimiento similar al que recorrió su cuerpo al ver a la niña regresó, con fuerza. Su pecho se hinchó un instante, obligándole a liberar un suspiro de alivio, sus labios esbozaron una leve sonrisa. Las mujeres reaccionaron a sus gestos… Envolviéndolo en un fuerte abrazo.
Su luz, su oscuridad… Su pecado, su virtud. La diosa de la luz, la diosa de la oscuridad.
No estaba solo… Podía haber perdido a sus padres… Pero no estaba solo. Nunca había estado solo. Ellas siempre habían estado ahí… Observándole… Esperando… Esperando…
-DxD-
Sentado en el sofá de su casa, Issei vio como los Shidou cubrían los muebles con sábanas, empaquetando sus cosas en cajas de cartón. Aquella ya había dejado de ser su casa. Había dejado de ser su vida. Contra todo pronóstico no le costaba imaginarse viviendo en otro lugar… De facto se sentía un extraño… Le dolía, le dolía como nada… Él no quería dejar esa vida, él no quería que sus padres se fuesen, él no quería… ¿O no?
Apretando los puños, Issei bajó la mirada, pensativo.
MUACH
-¡!-
Unos labios se habían posado en su mejilla. Curioso, sorprendido, vio como Irina se había sentado a su lado, besando su mejilla para llamar la atención.
-A-ahora estarás c-con nosotros…- susurró la niña con timidez.
-Irina-chan…-
-Y-yo no t-te dejaré nunca!-
-¡!-
-T-te lo prometo! Y-yo… Yo cuidaré de ti!-
-Irina-chan… Muchas gracias…-
-Y-ya no tienes que llorar…-
Sonriendo quedamente, el joven Hyodo abrazó con fuerza a Irina.
Juntos, de la mano, dejaron la casa.
Subiéndose al coche de los Shidou, vio como Karen cerraba con llave antes de subirse al vehículo. Mirando por el cristal trasero, Issei vio como la que hasta ahora había sido su casa se alejaba en la distancia. Pasando a sentarse correctamente, sonrió al ver la alegre sonrisa de Irina fija en él, sus dedos entrelazados.
Al ver la mirada de Irina entendió que quizás lo que le esperaba no estaría tan mal… Cuanto menos, que no estaría solo.
-DxD-
Karen Shidou suspiró aliviada, alegre incluso.
Todas sus preocupaciones se habían desvanecido como la nieve en primavera. Su hija, una inagotable fuente de alegría y positivismo había logrado colarse en lo más profundo del niño para sustituir el rostro apagado del huérfano y dejar en su lugar el rostro alegre de un adaptado adoptado.
Lo que el psicólogo del hospital pronosticó no se había cumplido, la salud mental del niño se sobrepuso en un espacio milagroso de tiempo dadas las circunstancias… Aunque esa alegría se veía parcialmente empañada… La relación de esos dos… Irina era pura energía, daba para alimentarse a ella y al que desde hacía unas semanas era su hermano pero… Le preocupaba la dependencia emocional que había desarrollado.
Irina e Issei siempre estaban juntos, en la casa, durmiendo, estudiando, jugando… No era que Issei la siguiese, era a la inversa. Y lejos de parecerle molesto, el joven Hyodo parecía conforme y a gusto con ello. El psicólogo creía que era una necesidad emocional que la niña había desarrollado para lidiar con la tristeza de su amigo, pero Karen parecía discrepar.
A sus ojos creía ver a una pareja… Con una mujer dependiente. Aunque solo serían imaginaciones suyas… Ambos apenas tenían cinco años… Negando con la cabeza, decidió darles tiempo, esa sería una relación que maduraría con el tiempo… Marchándose, dejó a los niños dormir plácidamente en su cama, abrazados, pegados rostro con rostro bajo las sabanas…
-Continuará en el próximo capítulo-
-Quizás en otra vida-
