Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.
- High School DxD –
[Draconic X Deus]
-1999-
-Un año después-
-Terrenos Gremory-
Venelana Gremory se levantó de su asiento. Tragando saliva, incapaz de procesar la información que sus ojos enviaban a su mente. Sus hijos frente a ella, en el campo de entrenamiento, sus dos hijos… destrozaban el campo. Rias, vestida con un traje rosado ajustado, un traje chino decorado con mallas, medias altas y guantes hasta el antebrazo. Su cabello, largo y rojo, se movía veloz, sacudido por el ritmo de la demonio.
Envolviendo sus puños en poder demoniaco, alzó su pierna, buscando golpear al joven frente a ella. Fallando, giró sobre sí misma, liberando todo el poder demoniaco en sus brazos.
La onda expansiva destrozó el césped, levantando piedra y tierra. Descendiendo su espada, Issei cortó el viento, el poder, las piedras, partiendo todo lo que había frente a ellos. Atravesando el polvo levantando, Rias lanzó un golpe directo, encontrándose con la espada de Issei…
CRACK
Mordiéndose el labio inferior, Issei arrojó la espada rota a un lado. Abriendo y cerrando los puños, dejó que su poder recorriese sus extremidades.
Unas líneas doradas formando algo similar a guantes y perneras. Cerrando el puño respondió al ataque de la pelirroja. Chocando puño con puño. Ambos niños se mantuvieron firmes. El hechizo del niño se deshizo, dejándolo descubierto.
Abriendo su mano, Rias liberó poder mágico. Ahogando un chillido, Issei retrocedió unos pasos, desviando los puñetazos y patadas de la veloz niña.
Desviando su mano envió un golpe directo al pecho del castaño, derribándolo. De un salto se sentó sobre su cintura, colocando ambas manos en sus hombros.
-Te gané!-
Issei se desplomó en el suelo.
-Has ganado…-
Emocionada, se movió de lado a lado, sonriente.
Rápida, veloz, poderosa y con un enorme poder mágico.
-Rias, Issei… ¿Qué explicaciones pensáis darle al jardinero?- preguntó Venelana con las manos entrelazadas sobre su vientre.
-Explicaciones por…- murmuró Rias mirando a su alrededor. El patio trasero estaba completamente destrozado –Ah…-
-Sois unos jovencitos cargados de energía y vitalidad…- agachándose, sanando el brazo de su hijo menor con facilidad –Pero lleváis demasiado tiempo peleando entre vosotros…- alzándose despacio –Mejor queréis tener un objetivo más… a la altura de vuestra energía-
Alzando una ceja, Issei vio como Grayfia daba un paso al frente.
-Y una mierda-
-¡Ese vocabulario jovencito!-
-P-pero… Grayfia-onee-sama es…-
-Manda cojones… Al menos danos un rival mortal…-
Alzando una mano, Grayfia golpeó el suelo frente a ella, generando una onda de poder demoniaco.
Issei se giró al instante, tomando a la pelirroja protectoramente entre sus brazos, rodando por el suelo.
Asustado miró hacia atrás.
Medio terreno y parte de un montículo habían desaparecido.
¿Esa mujer de donde había salido?
-Hijo mío…- canturreó Venelana lanzando algo al aire. Issei lo tomó al vuelo, observando una katana entre sus manos.
-¿Para qué me das esto?-
-Buena suerteeeeee!- chilló Venelana tomando la falda de su vestido, alejándose a paso rápido.
-Eh! Grayfia-okami! Me rindo, me rindo!-
El niño salió volando de un guantazo.
Grayfia esperó unos segundos, esperando el resultado esperado…
Una explosión de poder meció la falda de su uniforme de sirvienta, arrancando, asimismo, una sonrisa en su rostro.
Los hermanos eran tan previsibles… Solo estando cerca sacaban a la luz su verdadero potencial. Y si atacabas a uno, el otro se enfadaba…
Venelana se giró deseosa de ver más. Estaba absolutamente fascinada con los resultados.
En apenas unos años Issei había alcanzado cotas inimaginables. Desde hacía menos de un año había empezado a alzar el vuelo, veloz como el rayo, hasta dejarla absolutamente sorprendida.
El poder dragontino en su interior corría libre, poderoso, sin conocer el agotamiento reforzaba su cuerpo en lo que se intuía que era algo más profundo y poderoso. Los guantes que cubrían sus brazos y piernas debían de dar para más. Una idea ingeniosa que solo funcionaba una vez. Un golpe crítico.
Pero si su hijo había mejorado… Rias había sufrido un ascenso meteórico. Superaba a su hermano en todo. Velocidad, técnica, poder… Todo lo que podía hacer Issei, Rias lo hacía mejor. Y veía las intenciones de Grayfia…
Si dañaban a Issei, el poder del niño en su interior entraba en ebullición. Potenciando todas sus aptitudes.
O eso habían teorizado. Eso querían comprobar…
Grayfia tomó al vuelo el puño de la pelirroja, que, furiosa, se abalanzó sobre ella.
-Como te atreves…- siseó la demonio furiosa.
Apartándola sin problemas, la envió contra el suelo.
Rias aterrizó de gatas, moviéndose con velocidad hacia un costado.
Concentrando poder, Grayfia la apartó con poder demoniaco puro. Esperaba más de Rias.
Concentrando poder, Rias envió una esfera de Poder de la Destrucción. Una esfera que Grayfia tomó con sus manos desnudas. Alzando sus brazos detuvo una espada descendente, sonriendo al ver como con su mano libre golpeaba su vientre.
Sin apenas verse afectada por el golpe, estrelló a la niña contra el suelo.
Alzando la mirada su sonrisa solo aumentó. El delgado filo de Yamato apareció frente a sus ojos.
Agachándose se levantó al instante, esquivando la hoja de una espada que no podía ser detenida.
El joven, furioso, avanzó con velocidad esgrimiendo su espada.
El niño estaba muy lejos de golpe acertarle un golpe…
Juntando sus manos, Rias creó otra esfera de poder tras ella.
Luchando en dos frentes, Grayfia envolvió su mano con poder demoniaco, desviando la hoja con facilidad, anulando la esfera de la chica con otra.
Moviéndose con gracia, esquivando todos los ataques, alzó la mirada, buscando la complacencia de su señora.
En la distancia, los Gremory observaban con detenimiento.
-Pensaba que mentías… Perdóname por dudar de ti, esposa mía-
-Perdón le he tenido que pedir a Grayfia por dudar de ella también…- respondió Venelana.
-Dime… Que estoy viendo…-
La castaña suspiró pesadamente.
-Las teorías de nuestro hijo son ciertas… Mira cómo reaccionan… Se protegen…-
-Reaccionan entre ellos… ¿Cómo lo ha llamado?-
-La Furia del Dragón…-
-Muy interesante… Aunque lamentablemente… Tiene poco aguante- acariciándose la barbilla. Empezando a caminar hacia la sirvienta de su familia.
Grayfia caminaba hacia ellos, cargando con los niños sobre sus hombros. Inconscientes.
-Venelana, amor mío… ¿Era necesario darle la espada al niño?- preguntó Zeoticus tomando la espada de manos de Grayfia.
-Era parte del experimento…- respondió la mujer con una leve risita.
-¿Qué te han parecido, Grayfia?-
La mujer dejó a los niños en algunas tumbonas con ayuda de otras sirvientas, antes de encararlos, obedientemente con respeto.
-Juntos, es unos años, no tendrán rival. Mi señor-
El patriarca sonrió satisfecho, observando a la sirvienta, girándose hacia el mueblebar, sonriendo MUY orgulloso.
Una de las mangas de Grayfia tenía un corte, superficial, pero Issei le había dado…
-Residencia Gremory – Fukuoka-
Issei se llevó una mano a la boca, ocultando su sonrisa. La visión que tenía ante él era… cuanto menos curiosa.
Esto no era algo que Rias tuviese que saber a la fuerza, pero las compañías que solía frecuentar se le hacían algo pesadas… Sona, Latia, Seegvaira… Chicas refinadas, educadas, con elegancia y buen gusto… Demasiado preparadas, artificiales. No las encontraba interesantes. Eran niñas, niñas simulando ser adultas con una excelente eficacia, para sus propias desgracias. Usando construcciones gramaticales complejas, palabras extraídas de las páginas más olvidadas del diccionario. ¿Qué había mejor que una niña despeinada, con su camisón a medio caer, arrastrando su osito de peluche por el suelo?
Somnolienta, Irina alcanzó a su amigo de la infancia, bostezando con fuerza, apoyando su frente contra su pecho.
-I-kun… Peinameeeeee…-
-Irina… Ya eres una chica mayor…-
Inflando los mofletes, Irina se abrazó al niño.
-Ya eres una chica de escuela primaria… Hay ciertas cosas que…-
Abrazándolo con más fuerza empezó a negar con la cabeza. Issei suspiró resignado.
-Te has levantado muy justa de tiempo…-
-Hoy es sábado… No tenemos clases…-
-Yo no. Pero tú tienes prácticas de club… ¿Recuerdas?-
Parpadeando perpleja, Irina posó su mirada en el reloj de la pared… Antes de chillar con fuerza.
-LLEGO TARDEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!-
Corriendo, Irina abandonó la casa, bordeando el muro para entrar en la suya, irritándose aún más al ver el sonriente rostro de su madre…
-DxD-
-¿No te importa?- pregunto Karen Shidou secándose las manos, ofreciéndole una taza de té al niño antes de sentarse con él.
-Tengo la mañana libre, no es molestia alguna-
-Touji está en una misión y yo aún tengo que ir a comprar… Si dejo que Irina vuelva sola…- murmuró Karen llevándose la mano al rostro, fingiendo estar preocupada –Si solo hubiese un buen chico que quisiese cuidar de mí descuidada hija…-
-Estoy seguro de que tarde o temprano lo encontrará… Mientras tanto puedo cuidar de ella. Como medida temporal- enfatizó el niño divertido.
-Veamos si sigues opinando lo mismo cuando mi niña crezca y sea una joven preciosidad…-
-¿Y todos los chicos revoloteen cerca de ella?-
-Ahí! Ahí! Entonces y solo entonces lamentarás no haber aceptado mi propuesta!- rio la mujer divertida.
Issei tomó su mochila, acariciando el rostro de la gata antes de ponérsela a la espalda.
-Irina-chan es muy varonil… No sabría que decir-
-¡Uffff! Como puedes decir eso de mi hija! Eres imposible, Issei-kun!- protestó la mujer con una sonrisa en el rostro –Ten cuidado, Issei-kun-
-No te preocupes, iré a recogeré a Irina-chan, Karen-okaa-sama-
-Hasta ahora…- se despidió la mujer observando, relajada, una foto familiar…
-DxD-
Vestido con ropas cómodas, Issei miró el reloj en su muñeca. Tenía unas cuantas horas libres antes de ir a buscar a Irina… Un regalo del Cielo!
Sacando un humeante cuenco del microondas, asintió satisfecho al ver las palomitas debidamente cocinadas. Maniobrando para tomar también unas botellas, el joven demonio se las arregló para llegar al salón principal sin derramar nada.
-Muy bien chicas… ¡Ya lo tenemos todo!- exclamó dejándolo todo en la mesa auxiliar frente al sofá.
-Yay!- exclamó Serafall, tumbada en el sofá, vestida con solo un top y unos pantaloncitos negros, su largo cabello recogido en una coleta alta.
Gabriel se desplazó flotando hasta la ventana, bajando las persianas, eliminando todo rastro de luz. La mujer más hermosa del Cielo hacía gala de su nombre, mostrando su cuerpo orgullosa vistiendo apenas una túnica que cubría lo más básico.
-¿Cómo tenemos hoy el reparto, chicas?-
Serafall se levantó, caminando hasta un tablero en la pared.
-Angelucho la película, yo las bebidas, tú la ropa-
-Si! Estaba esperando por este momento!- exclamó Gabriel emocionada –La tengo preparada!-
-¿Qué vas a poner, otra de tus romances imposibles?- protestó la morena.
-Esta tiene muy buenas críticas…- susurró Gabriel bajando la mirada.
-Respeta Sera… Nosotros vimos tus películas de explosiones imposibles sin quejarnos…- dijo Issei tumbándose en el sofá.
-Bueno… tampoco es que vaya a recordar mucho con la mercancía de hoy…- susurró la chica dando saltitos alejándose a paso rápido.
-A saber que ha traído…- murmuró Issei, negando con la cabeza.
-Issei!-
-¡!-
La arcángel se había plantado junto a él, de rodillas en el sofá, mirándolo fijamente.
-¿Q-que pasa?-
-¡Es el momento!-
-¿El momento de que?-
-¿Recuerdas nuestra conversación de la madurez?-
-S-si-
-¿Y la interacción con la joven sacerdotisa en el templo?-
-Como para no olvidarlo…-
-Hoy has de dar el paso con Sera!-
-¿Q-que dicesssss?- chilló alarmado, mirando por encima del sofá, buscando a la morena. Deseando que no estuviese cerca en esos instantes.
-¡No puede seguir escondiéndote!-
-Ya hemos tenido esta conversación decenas de veces! Ángel de la perversión!-
-Tu solo déjate llevar!-
-¿P-pero que me voy a dejar…-
-Listo!- exclamó Serafall dejando múltiples botellas en la mesa.
La rubia y el castaño la miraron incrédulos.
-¿Qué?-
La morena no veía nada extraño en la cantidad de alcohol que había traído.
-La arcángel no puede alcanzar severos casos de embriaguez, su cuerpo contaminado por el poder del dragón más de lo mismo… ¿Cuál es el problema?- murmuró cruzándose de brazos.
-¿Desenfreno?- preguntó Issei mirando a Gabriel.
-Haré lo que tú quieras hacer-
Rascándose la barbilla… Issei empezó a sonreír perversamente.
Padre siempre decía que tenía que actuar como un demonio… Y no quería ser un mal hijo…
Juntando sus manos pensó detenidamente en lo que quería. Convocando dos círculos mágicos, separando las manos, dirigiéndolas a cada una de las mujeres.
De un destello ligero, sus ropas cambiaron por completo.
Serafall se sorprendió al verse sin su vestido largo y azulado… Para llevar un top que apenas cubría sus pechos, unas medas altas… y unas braguitas a juego!
Gabriel, si bien mantenía su túnica blanca, esta había pasado a ser una tela circular que rodeaba su cuello, apenas cubriendo sus pechos y una falda blanca de apenas un palmo de longitud.
Prácticamente estaban desnudas!
-Adelante, pon la película, Gabriel!-
Satisfecha, obediente, la rubia se elevó para inclinarse a poner la película en el dispositivo… Su trasero y sus piernas absolutamente expuestas.
Serafall la miró sorprendida, pasando a mirar al dragón que la miraba sin pudor alguno. Sin discreción.
Relajado en el sofá la demonio alzó las cejas al ver una erección formándose en sus pantalones.
Alarmada, dubitativa, permaneció unos segundos en su sitio. Bloqueada.
Aquello era extraño, muy extraño. Estaba en casa de un niño, con una arcángel, mucho alcohol y poca ropa. Pero el niño era un demonio… Aquello no era nada extraño para ellos… ¿Por qué dudaba?
-Esto lo he encontrado tras leer las críticas de los periódicos… No seáis malos conmigo. La crítica dice que es muy buena. Incluso los más prestigiosos críticos de cine dicen que es muy buena…-
-Somos buenos, no sé porque insistes en ello…-
-La última película que puse fue objeto de mofa por días!- protestó Gabriel inflando sus mofletes.
¿Ella también hacia eso?
-Nos reímos de tu ingenuidad para con los críticos… ¿Por qué no nos traes películas que te gustan a ti?-
-¿Qué pregunta es esa? Yo no veo más películas que las que veo aquí…- respondió la rubia sentándose junto al niño.
Serafall alzó una ceja.
La rubia, despampanante, se había tumbado junto al niño. Pegada a él. Apoyando su cabeza en su mano, dejando caer su cabellera rubia poco menos que sobre la cara del ojirrojo.
¿Cómo de íntimos se habían vuelto? ¿No veían que poco menos que parecían…
Apretando los puños, Serafall se subió al sofá, pegándose al otro costado del adoptado Gremory.
-Sabes que puedes venir a ver las películas que quieras cuando quieras…- susurró Issei acariciando su rostro.
-Prefiero verte a ti…-
-¿Y cómo se llama esto que has traído?-
-Es un estreno… Titanic- exclamó la arcángel con el mando a distancia en mano…
-DxD-
Tragando palomitas como una posesa, Serafall era incapaz de apartar la mirada de la pantalla. La trama de la película le parecía fascinante!
Aunque a su parecer haber reventado el iceberg de un tortazo habría estado mejor… Humanos y sus debilidades congénitas.
Levantándose un instante para ir a por más material que llevarse a la panza, al regresar el cuenco se le cayó al suelo.
Sus compañeros de sesión peliculera apenas eran conscientes de lo que transmitía la imagen.
El niño y la arcángel estaban enfrascados en un húmedo beso.
Incrédula se acercó para ver si estaba viendo bien o estaba alucinando.
Nop.
Podía ver claramente como el demonio y la ángel intercambiaban saliva, juntando sus lenguas lentamente.
Su boca se abrió por completo al ver como el niño apartaba sin apenas dificultad la tela de la rubia, empezando a acariciar uno de los senos de Gabriel.
Gabriel ronroneó satisfecha. Serafall no se lo creía.
¡Se estaba dejando tocar!
Temblorosa se acercó al sofá, sentándose sin dejar de mirar a la pareja.
Tragando saliva al ver como Gabriel pasaba de acariciar su pecho a bajar la mano hasta alcanzar el pantalón del niño.
No… No!
Apartando la prenda, Serafall se llevó las manos a la cara, tapando sus labios.
Ni corta ni perezosa, la arcángel estaba masturbando al niño, que lejos de ser un niño… ¿Todos los niños eran así?
Hipnotizada, Serafall no podía quitarle ojo a los movimientos de la morena.
-¿Te interesa?- preguntó Gabriel con una sonrisa en sus hermosos labios. Sus ojos azules parcialmente cubiertos por su cabello.
La pregunta la cogió por sorpresa.
-¿D-desde cuando… vosotros… Q-que estáis…?-
-Serafall… ¿No estabas viendo la película?- preguntó Issei.
-¿C-como quieres que…-
Gesticulando con la mano, el niño instó a la morena a volver a su lado.
Acalorada, nerviosa, la Maou obedeció. Aunque ya no era lo mismo. Ignorando la televisión fue más consciente que nunca de la mano del castaño en su espalda, bajando hasta sus glúteos.
Una caricia que le gustó… Peligrosamente.
Sin dejar de mirar el trabajo de la arcángel, sus ojos se abrieron aún más al ver a la rubia posicionarse, apartar su cabello… e introducir el miembro del niño en su hermosa boca.
No se lo podía creer…
Gimiendo suavemente, bajó la mirada. Su top ya no estaba en su sitio, levantado, sus pechos estaban libres de toda cobertura, con los hábiles dedos del niño acariciándolos libremente.
-I-kun!- protestó ligeramente.
Dejando los senos de la Maou trasladó la mano hasta su nuca.
-¡!-
Sin apenas resistencia, Serafall sintió los labios del Gremory sobre los suyos.
Cerrando sus ojos lentamente, se rindió al beso.
La mano volvió a sus pechos, tomándolo uno con la mano. Serafall gimió, dejando que el niño entrase en su boca.
Estremeciéndose, se posicionó sobre el Gremory, besándolo con total abandono.
Lo que llevaba tiempo deseando… Desde poco menos que conocerlo…
-¿Ya no te interesa la película?- preguntó Issei con apenas un susurro.
-Mmm… Silencio…- volviendo a tomar sus labios.
Dejando su miembro, Gabriel se incorporó apartando su cabellera, satisfecha.
Recostada sobre él, Serafall no dejaba de besarlo abandonada al placer.
-Me alegro por ti, Serafall…-
Reaccionando a su nombre, la morena se incorporó, mirándola fijamente.
-Desde cuando…-
-Ahora no es momento para hablar…- colocándose junto al niño -¿Te importa hacerme el relevo?-
-¿?-
Acariciando el pecho del castaño, Gabriel empezó a besarlo.
Tragando saliva, mordiéndose el labio inferior, Serafall se acomodó en el sofá, boca abajo.
Acariciando el miembro con curiosidad, la ex Sitri empezó a besarlo, de arriba abajo, envolviéndolo con sus manos.
Ronroneando sintió la mano del travieso acariciar su trasero, levantar su falda.
Decidida separó sus piernas, metiéndolo en su boca. Gimiendo guturalmente al sentir como los dedos del niño se colaban en su interior.
¿Qué diablos estaba haciendo?-
-Horas más tarde-
-Nyaaaaa…-
-No me mires así, Kuro…-
-Nyaaaaaaaa-
-Si voy a ser un demonio tengo que comportarme como un demonio… Y aunque eso sea muy malvado me veo obligado a sacarte a pasear. Si no te mueves te pondrás gordaaaaaaaa-
ZAS
Haciendo un amago de propinar un zarpazo, la gata se mantuvo apoyada en su hombro, observando el paisaje desde su cómoda posición.
-Me pregunto a donde irás cada vez que te escapas… Aunque… ¿Seria escapar?- se preguntó el niño pensativo –Eres una gata salvaje… ¿No?-
-¡Nya!-
-Una brillante y preciosa gata salvaje!- dijo acariciando su cabeza con la otra mano –Entonces irás a algún lado… Quizás me haya equivocado de planteamiento y ahora mismo te estés escapando… ¿Te escapas de casa viniendo a verme? Eso no estaría bien…-
La gata no hizo nada que pudiese entenderse como dar una respuesta… Sin darle mucha importancia, el niño continuó con su más que conocida travesía, hasta detenerse en seco.
Alzando las cejas se quedó quieto, en silencio.
Kuro la miró extrañada antes de fijar su vista en el frente. Pasando a gruñir molesta.
Frente a ellos, detenida en un poste de señalización urbana había una chica. Una joven, unos pocos años mayor que él, vestida con lo que parecía ser un vestido negro que cubría prácticamente todas sus extremidades. Pero lo más destacable no era su vestimenta, ni el pesado bolso para alguien tan esbelto, lo más destacable era su larga cabellera rubia. Del color del sol mañanero, brillante y sedoso, le alcanzaba la espalda baja… Moviendo la cintura de lado a lado, con un dedo en el mentón, la joven parecía confundida.
Aunque para excentricidad la muñeca que estaba de pie junto a la visitante. Una muñeca de apenas unos treinta centímetros de alto, blanca absoluta, con seis brazos y media cara cubierta de espinas, con tres ojos en el lado opuesto… Que juraría que estaban fijos en él.
La joven no era normal. La muñeca aún menos.
La situación en la que se encontraba el niño apestaba a problemas. Quizás sería mejor opción girarse y dar un rodeo. ¿Eso sería de cobarde o de sensatos?
Kuro extendió una de sus patas para golpear su mejilla. La gata quería continuar.
-Espera, espera… Ese cabello no es natural de aquí…-
Escuchando sus palabras, la chica se giró sobre su talón, con elegancia y una radiante sonrisa, sus ojos azules se posaron sobre él.
Azules y rojos. Los dorados de la gata se entrecerraron molesta.
El rostro sereno y contenido de la joven se transformó con rapidez en una dulce sonrisa. Extrañamente contenta, la rubia avanzó hacia él a paso lento.
…
Una reacción que conmocionó a otra turista, vestida igual, en el otro extremo de la plaza. Una joven de largo cabello rosado.
La extranjera dio varios pasos al frente, abandonando la cómoda sombra para exponerse del sol sin darse cuenta… ¿Esa niña… estaba sonriendo abiertamente? ¿Estaba siendo… amigable?
Walburga tenía pocas cosas claras, tan claras como que Lavinia era una autista de tomo y lomo. Le había costado varios años que le tuviese un mínimo de confianza!
¿Qué… estaba pasando ahí?
…
-¿Es tu gato?- preguntó la joven caminando hacia él, colocando las manos tras su cintura, inclinándose coqueta.
-Gata, esta preciosidad es una dulce gatita…- corrigió el niño mirando al animal de reojo.
-Que monada…- murmuró la extranjera -¿Puedo acariciarla?-
-Es… ¿Le dejas Kuro-chan?-
Gruñendo molesta, la gata le enseñó los dientes a la joven.
-Es una gata con personalidad… ¿Cómo su dueño?- tanteó la chica pasando a mirarlo a él.
-No, no… No es mi gata. Es un espíritu libre como el viento…- acariciando su cabeza, sonriendo al ver como esta protestaba molesta –Solo cuido de ella cuando ella quiere… Egoísta, como todos los gatos-
La joven rio divertida antes de extender su índice hacia Issei, tocando su mejilla.
Riendo más fuerte, se llevó la mano a la boca, ocultando su risa al ver la reacción del niño.
-¿Qué haces?- exclamó sorprendido.
-Quería tocar algo, como no podía tocar a tu adorable gata he tocado lo más adorable que había cerca…-
Parpadeando repetidamente, el chico intentó mantener el sonrojo que se había formado en su rostro.
…
La joven en la plaza dejó caer su piruleta, incrédula por lo que estaba viendo. ¿Su compañera estaba siendo… coqueta? ¿Estaba ligando con un NIÑO?
…
-No eres de aquí… ¿Verdad?-
-¿Cómo lo has sabido?- preguntó divertida -¿Mi precioso pelo?- acariciándose la cabellera.
-Eso también, pero básicamente porque eres muy… extrovertida. Por aquí nadie tocaría a un desconocido… No, no, no. Eso no es nada japonés- negando con sus manos.
-¿Por adorable que sea?-
-Por adorable que sea… Y vaya autoestima…-
La joven frunció los labios aparentemente decepcionada.
-¿Puedo preguntarte que haces aquí? Te veo… ¿Perdida quizás?- ladeando su cuerpo, mirando el mapa. Bajando la mirada para mirar a la muñeca.
Que rara…
-Eres un chico adorable y además inteligente…- acariciando su cabello.
-¿Qué te he dicho de tocar?- exclamó Issei retrocediendo dos pasos.
-Jajajajaja. Perdóname, perdóname… Es que eres tan mono…-
-Si no te puedo ayudar en nada, mejor me marcho!- asegurándose la mochila, girándose lo suficiente como para continuar su camino.
-Espera, espera…- exclamó la rubia tomándolo de la mano -¿Vas a dejar a una chica tan kawaii como yo aquí sola? ¿Perdida? Podría pasarme algo malo…-
Kuro gruñó con fuerza.
…
La amiga cayó de rodillas. Pellizcándose la mejilla con fuerza. Creía estar en un sueño. Estaba alucinando. Mirando la piruleta… ¿Le habían puesto LCD a la piruleta? ¿Estaba bajo el efecto de algún encantamiento?
…
-¿Qué necesitas?- preguntó Issei cruzándose de brazos.
-Un guía adorable que…-
-A dónde quieres ir- la interrumpió con firmeza.
-Necesito que me lleven en brazos a…-
-Último intento. O me dices a dónde vas o me voy… Tengo prisa- para bien o para mal el niño estaba acostumbrado a tratar con chicas guapas… y caprichosas.
-¿Vas a ver a tu novia por casualidad?-
Alzando sus cejas… Se acabó su paciencia. El castaño empezó a caminar.
-¡Perdóname! Perdóname!- repitió la joven interponiéndose en su camino –Me portaré bien… Soy buena chica, pero es que no he podido aguantarme…-
-…-
-Mi amiga y yo estamos de visita…- señalando a otra joven de negro, cabello de color llamativo… Sentada en el suelo.
-¿Mmm…?- mirando el mapa local -¿Y ya sabes que buscas?-
-Información sobre unos… Unos… Unos compañeros!-
-¿Estudiantes?-
-Algo así… Sabes algo… ¿Algo de los kitsune-tsukai?-
El niño abrió los ojos sorprendido. Alzando una ceja, las miró a ella y a su compañera, inquiridoramente.
-Los favores de los kitsune son… peligrosos. Se dice que si cuidas y alimentas regularmente a un zorro mágico puedes obtener sus servicios… Son hábiles en ilusiones, poseyendo a otros o cambiando de forma… ¿Por qué os interesa algo tan… raro?-
La rubia pasó a mirarse los pies nerviosa. Algo harto complicado por la presencia de dos generosos montículos para una chica tan joven… Issei abrió la boca, perplejo… Hasta el momento no se había dado cuenta… De la espectacular delantera de la niña… Acentuando por la correa del bolso colocado entre los dos montículos de exquisita belleza… Porque era una niña… ¿Qué tendría… 12 o 13 años?
-Igualmente eso son solo cuentos…- masajeándose la sien –No encontrarás nada de eso en la gran ciudad, debes moverte por el campo o…-
-¿O?-
-Visitar algún templo…-
-¿Podrías enseñarme alguno?-
El niño la miró fijamente.
-Negativo. Tienes que buscar en las montañas, a las afueras…- señalando a algún punto sin concretar.
Sus ojos estaban fijos en el pecho de la rubia.
-¿Hacia… allí?-
-Yo… Me tengo que ir!- exclamó el niño empezando a correr en dirección contraria.
-Eyyyyyyy!- chilló la joven dando saltitos, moviendo su mano sin éxito.
El adorable niño se había ido. Riendo satisfecha unos segundos… Antes de que su ánimo decayese por completo.
-Esos son los ojos fríos que yo conozco… Buena actuación, princesa de hielo…- dijo la otra joven lamiendo otra piruleta –Me tenías preocupada…-
-¿Por qué?-
-Ese monstruo… El aura que emite te había envuelto…-
-¿El aura?-
¿Había sido lo que había provocado ese…?
-Que pedazo de asco… ¿Estas bien?-
-Es un niño…-
-¿Niño? Las ancianas tenían razón, estas tierras están llenas de monstruos… ¿Hay más gente con ese aura? Argh… Buag!-
-Pero… Es muy joven…-
Curiosa, la rubia se miró el dedo índice.
-¿Qué pasa? ¿Te has manchado?-
-No… Es… Estaba caliente…-
-Llevas un guante, estamos en verano… ¿Cómo no vas a estar caliente? Me da calor solo verte!-
Su amiga mantuvo la mirada en la distancia, pensando detenidamente…
-Pero en serio, dime, Lavinia… ¿Te gustan tan jóvenes?-
-DxD-
"Academia Elemental Fukuoka"
Su destino, su obligación matinal del sábado, no era otro que el instituto local.
Jadeante, se dejó caer en el banco más cercano.
Kuro seguía golpeando su mejilla con sus patas, estaba claramente enfadada.
-Qué cosa más extraña… ¿Quién era esa chica… has visto que… que…- llevándose las manos al pecho, simulando coger algo.
Kuro arañó su cara enfadada, saltando de la mochila, aterrizando en el suelo.
-¡Kuro!-
-Nyaaaaa!-
Empezando a trotar, la gata se alejó a paso rápido hasta desaparecer en la distancia.
La inesperada soledad le dio tranquilidad al joven Hyodo que optó por analizar lo vivido, acariciándose el rostro.
Su dedo… Estaba frio y esa aura…
Sus ojos rojos habían visto un aura intensa a su alrededor… Con una figura más nítida tras ella.
Ahora que lo pensaba… Si… Había algo a sus pies, al otro lado de la maleta… Algo blanco… ¿Un muñeco?
…
No tuvo que esperar mucho para empezar a ver colegialas abandonar el recinto. Algo que lo liberó de su trance y alegró su vista… y su corazón. Irina estudiaba en un centro solo para chicas, un regalo para la vista. Los chicos estaban en un edificio aparte. Algo jóvenes para su gusto… Pero eso mejor que nada.
-¡Nooooo! Papa! ¿Se ha olvidado otra vezzzzzz?- protestó cierta castaña alzando los puños.
-Irina-chan. ¿Touji-san no ha venido?- preguntó una mujer, alguna de las madres de sus compañeras.
-Si quieres podemos acompañarte…-
-No es una buena idea… Irina se parará en todas las pastelerías poniendo su cara de cachorrito y…- dijo una voz burlona tras las mujeres.
Irina se giró molesta antes de dar un chillido de alegría.
-¡Issei-kun! Eso no es cierto! Solo me paré en una y… ¡Issei-kun!- exclamó sorprendida, saltando a los brazos del joven.
-Buenas tardes preciosa…- sonrió el chico acariciando el cabello húmedo de la Shidou.
-¿Le conoces, Irina-chan?-
-Me llamo Issei Hyodo. Vivo con los Shidou… Touji Shidou-san me ha enviado para buscar a Irina-chan-
La mujer lo miró sorprendida, observando como Irina mantenía agarrado de la mano al recién llegado.
-Bye, bye! Nos vemos mañana!- se despidió la castaña emocionada antes de mirar con devoción al chico -¿Cómo es que has venido tú?-
-¿No puedo venir?-
-¡No… si! Papa seguro que se ha olvidado!-
-Yo con ganas de verte y tu queriéndome bien lejos…- desviando la mirada.
-¡Issei-kun! No te burles!- protestó la Shidou.
-Touji tiene sus misiones… El trabajo de un eclesiástico no conoce el fin…-
- Tendrías que haber venido antes! Te has perdido un combate apasionante! Las senpai han entrenado entre ellas! Ha sido increíble!-
-¿Senpai? ¿Qué edad tienen?-
La Shidou se detuvo.
-¿Qué importa la edad?-
-La edad importa-
-No, no importa. Lo que importa es lo buenas que son!-
-Lo buenas que están!-
-Lo buenas que son con la espada!-
-Semántica!-
-Humph!-
Soltando al chico, empezó a caminar dirección a casa.
-Irinaaaaa-
-Humph!-
-¡Irinaaaaaaa!-
El castaño tomó la mano de la niña.
-¿Han luchado bien?-
-¿Ahora te interesa?-
-Tu si, ellas no… Habla, habla-
-…-
-Irinaaaaaaa-
-El duelo…-
-¿Si?-
-Issei-kun! ¡El duelo ha sido la ostia!-
-¿Lo crees? -
-¡Primero hizo bumm, y luego bumm y luego bam! ¡Y lo dejó K.O! -exclamó la chica gesticulando con una espada de madera imaginaria –¡Motoko-senpai es increíble! -
-… -
-¡Yo también quiero aprender a luchar así! -rugió alzando un puño con estrellas en sus ojos antes de girarse para mirar al Hyodo –Seguro que la podrías ganar en un duelo…-
-¿Por qué dices eso?-
-Tú te estas formando para eso y más!-
-Eso dicen…-
-¡Entrenaré duro! Y necesito que me ayudes!-
-Ya hemos hablado de eso…-
-¡Quiero hacer que mis padres estén orgullosos! -exclamó la chica con una sonrisa en su rostro.
-… -
-Y como no soy buena en clase… No soy buena en los estudios, pero si en los deportes, por lo que… ¡Lo haré con la espada! -alzando los puños al aire -¡Seré la mejor del muuuuundoooooo! -gritaba mientras daba saltos de alegría.
-¿Entonces quieres ser exorcista o deportista profesional?-
Irina le devolvió la mirada avergonzada.
-Para eso necesitas entrenar mucho… Y levantarte temprano -murmuró el chico con media sonrisa.
-Hay… ¡¿Hay que levantarse temprano?! -exclamó aterrorizada la castaña.
-MUY temprano -cruzándose de brazos, fingiendo seriedad.
-¡! -retrocediendo unos pasos -¡No es cierto! ¡No es ciertoooooo! ¡Odio levantarme tempranoooooooo! -exclamó corriendo.
Alejándose a toda velocidad, llorando a lágrima viva.
-Hacer… Que tus padres estén orgullosos… -susurró mirando al cielo.
-DxD-
Secándose las manos con un trapo, Karen Shidou vio cómo su hija irrumpía en casa, subiendo a toda velocidad por las escaleras.
-Ver a Irina tan alterada…- dejando el trapo en la cocina se desplazó al recibidor, esperando unos minutos.
Al poco una sonrisa adornó su rostro al ver la puerta abrirse. Una sonrisa provocada por unos traviesos ojos rojos acompañando una mordaz sonrisa.
-¡Issei-kun! ¿Ya has llegado? ¿Cómo ha ido el día cariño? -preguntó Shidou Karen observando al castaño entrar al hogar, riendo levemente al sentir los brazos de su ahijado envolver su cintura –Me alegra tanto tenerte en casa-
-Ya estoy en casa- abrazando a la mujer con afecto –Me han dejado libre de la cárcel antes de tiempo-
-¿Y has sido buen en esa cárcel?-
-No creo que se queje mucho…-
Karen sonrió cálidamente mirando el rostro del Hyodo, acariciando su cabello.
-Irina ha llegado llorando hace unos minutos… ¿Sabes algo?-
-No sé qué ha podido pasar… -desviando la mirada.
-Decía algo sobre levantarse temprano -murmuró curiosa con un dedo en sus labios.
-… -
-¿Seguro que no sabes nada? -mirando al chico divertida.
-Nup... -
-¿Y no tienes nada que decirme? -preguntó con una sonrisa cariñosa en su rostro.
-No, nada… -respondió el menor.
-Solo hay una persona por la que se alteraría tanto…-
-¿Su preciosa madre?-
-Bueno. Dejando eso de lado… Qué alegría tenerte en casa tan pronto…- susurró la mujer acariciando su rostro -¡Hoy haremos una cena especial!-
-En eso puedo ayudar!-
La mujer lo miró sorprendida.
-¿Quieres ayudar?-
-Quiero pensar que mis habilidades son algo mejores! Quiero probar algunos trucos nuevos!-
La mujer se levantó contenta.
-Será un placer tener a un ayudante tan dulce y colaborador!- sabiendo perfectamente que Irina los observaba ya con su pijama integral de coneja desde la puerta –Al contrario que alguien que yo me sé-
-¡Humph!-
Molesta, la joven Shidou se marchó corriendo.
Apenas tardaría unos minutos en volver, enganchándose al dragón Hyodo, curiosa por ver que cocinaban.
-DxD-
"Tráenos el alma del hijo del diablo"
Lavinia Reni nunca se había tenido por una chica trendy. No era cool ni podía decir que fuese amante de las revistas de moda. Sus gustos eran sencillos y más bien clásicos… Vivía con una mujer que si bien no aparentaba ser una anciana, sus años los tenía… Y tampoco estaba muy segura, pero juraría… Que Walburga cada vez tenía más lazos atados en su pelo. Su cabeza, con ese largo cabello violeta parecía un árbol de navidad. Cada vez tenía más adornos… ¿Le podía colocar una estrella en la coronilla?
-¿Me escuchas?-
Una estrella… Una estrella en su coronilla.
-Lavinia!-
-D-dime!-
-Las ancianas están enfadadas-
-Suelen estarlo…-
-Sí, pero no estamos discutiendo su perpetuo estado de estreñimiento!-
-Walburga…-
-Yo lo hice hace años, es fácil. Bajas, buscas al demonio, lo matas y capturas su alma con el hechizo. Lo llevamos al Aquelarre y listo, una bruja con todas las de la ley!-
-Pero quitar una vida inocente…-
-Que inocente ni que rana babosa! Demonio. Malvado. Hijo del diablo! Es malo! Le estás haciendo un favor al mundo! ¿No es eso lo que te interesa? ¿El bien común?-
-Pero…-
-Mira, haz lo que quieras… Ya sabes lo que tienes que hacer!- exclamó Walburga antes de sacar su varita de la túnica, convocando un círculo mágico sobre ella. Cruzándolo, desapareció de la vista de su compañera. Dejándola sola en territorio oriental.
La vida de un demonio… Ese era el precio que el aquelarre al que pertenecía Glenda, liderada por la anciana y poderosa Augusta, exigía por su entrada. Vaciar un cuerpo. Imponer un círculo mágico en un ser vivo para robarle su energía vital, el alma, con el que alimentar el poder del aquelarre… Un sacrificio para hacer más poderosa a la orden. Matar para integrarse… Un ritual que había pospuesto todo lo posible. Pero la fecha límite se acercaba… Y por mucho que le doliese tener que quitar una vida… ¿Primaba más el bien común que el individual?
Sobrevolando los cielos primaverales de Japón, cierta joven recorría el firmamento sentada cómodamente sobre su escoba.
Una triste sonrisa en su rostro, una mano en el rostro, atrapando algunos menos rebeldes de largo cabello rubio que cubrían su rostro.
-Uyuyuyyyyy… Que no me equivoque de nuevo…- murmuró la chica, no mayor de 13 años, vestida de negro, traje largo con zapatos de tacón, larga capa y sombrero picudo.
Una bruja.
La joven se llevó una de las manos cubiertas por gruesos guantes al rostro, tocándose el mentón con el índice. Su cejo de frunció, sus labios se contrajeron y su mirada se llenó de incertidumbre. Sus ojos azules revisaban cada una de las casas a su alcance, no encontraba diferencia alguna entre ellas. Tampoco percibía marca alguna en ninguna de ellas.
-La dirección debería de ser correcta… ¿Dónde vive el nuevo hijo del diablooooooo? ¿Dónde te escondesssssss?-
Haciendo un puchero adorable con los labios la joven bruja miró a lado y lado antes de ladear la cabeza, centrando su mirada en un punto en concreto.
Ordenándole a su escoba que descendiese, se inclinó levemente para mirar un animal. Un gato negro, de intenso pelaje oscuro y unos llamativos ojos dorados. Unos ojos dorados que estaban fijos en ella. Unos ojos que no deberían de poder verla. Una gata que exhalaba un aura especial… Una criatura sobrenatural. Unos ojos que juraría haber visto antes…
-Estoy buscando a un niño algo más joven que yo… De cabello color madera… Ojos rojosssss como la sangre y quizás alas de demonio… ¿Vive aquí?-
Nadie respondió.
-Adorable youkai… Soy una visitante de otras tierras que quiere conocer al…-
-Aléjate de aquí. Vete, vete y no vuelvas-
-Qué alegría! Puedes entenderme!- exclamó la rubia juntando sus manos alegremente -¿El hijo del diablo vive aquí?-
-Aquí no hay ningún diablo-
-¿Quizás el Dragón de los Gremory te sea más familiar?-
-No te acerques a mi cachorro. Si lo haces… Atente a las consecuencias…- gruñó el gato antes de alejarse caminando, perdiéndose entre los matorrales.
Acariciándose la barbilla… La niña dibujó un símbolo mágico en el aire. Tras marcar la casa se alzó en el aire. No le gustaban las conversaciones pesadas… Pero tenía que informar…
Dibujando unas runas con sus dedos, la figura holográfica de la líder de su aquelarre se formó frente a ella.
"Reni… ¿Has logrado el objetivo? Ha pasado poco tiempo…"
-Lady Augusta, no, me temo que no… No he encontrado al niño pero he marcado la casa… ¿Qué debo hacer ahora? ¿Debería de retirarme?-
"Negativo"
-Pero no creo que vaya a lograr mucho más así…-
"Tienes razón. Solo con controlar su residencia no será suficiente. La interacción ha de ser mayor"
-¿Cómo hago eso?-
"Esta es tu prueba de acceso, Lavinia. Los medios y las formas dependen de ti, se te evaluará en función de cómo lo hagas, en cuanto tiempo y el evidente resultado final"
-Oh… Cierto-
Sin decir nada más la bruja deshizo el encantamiento. Dejando a la niña triste y ligeramente deprimida. La bruja se elevó en lo más alto del cielo, observando la ciudad bajo sus pies.
-Entonces habrá que hacer vida… ¿Cómo puedo observar al chiquitín esteeeee?-
Moviendo la cabeza a lado y lado, divertida… Sonrió con picardía.
-Ya lo seeeeee-
Aterrizando frente a la casa marcada, la joven llamó al timbre.
En cuanto la propietaria abrió la puerta, la rubia tocó su frente con su bastón mágico.
-Esta casa es mía… Hasta que me marche os iréis con algún familiar…-
La mujer asintió sin apenas fuerza de voluntad.
¿Si mantenía las distancias la youkai no se enfadaría… verdad? Y tampoco creía que estuviese permanente junto a él…
¿Dónde podía encontrarse con cierta regularidad con niño sin levantar sospechas?
-Ciudad de Lilith – Inframundo-
Apoyándose contra el mostrador, sus mejillas contra el cristal… Cierta pelirroja miraba con detenimiento una docena de productos con el cejo fruncido.
-Chicas… ¿Cuál es mejor?-
Las herederas se miraron entre ellas, confundidas.
-Cuando nos has dicho que querías ir de compras… ¿Querías comprar un juguete?-
-Seegvaira, las piedras de poder son más que un juguete- corrigió la rubia volviéndose a la peliverde.
-¿Qué utilidad tienen? Cualquiera puede usar poder demoniaco, solo las necesitan gente que consume mucho o los niños… Son demasiado débiles para construcciones mágicas importantes… Y bueno, creo que se usan en ámbito militar…- mirando a cierta morena.
-¿Por qué me miras a mí?-
-Eres la más…-
-La más que-
-Las piedras de poder se usan a menudo en muchos campos de investigación. Simplemente se necesita una firma mágica neutral y ya tienes una utilidad-
-Perdona, señorita científica… En mi casa solo lo usan los niños… Rias, para que las quieres?-
-Las quiere para su hermano- dijo Sona seria.
Las otras dos jóvenes se giraron sorprendidas.
-¿Sigue sin poder generar NADA de poder demoniaco?- preguntó Latia interesada –Eso no es común…-
-Quizás el poder de los Bael se cobra sus víctimas… Un par de usuarios extremadamente talentosos… Compensados con dos usuarios absolutamente… ¿incapaces?- tanteó Seegvaira mirando a la pelirroja de reojo.
Decidida, la rubia dio un paso al frente.
-Lo importante no son las piedras, es el estuche. Si juntas un mayor número de piedras que tengan menos poder pero más durabilidad, Issei-dono podrá disponer de ellas por más tiempo sin tener que reponer su poder-
-Ah… Entiendo… ¿Entonces ese es mejor?- señalando uno en concreto.
-Te será más útil-
-Muchas gracias… Se estas cosas no entiendo mucho… Chicas, el té y el pastel corre de mi cuenta!- exclamó divertida extendiendo la tarjeta financiera al dependiente.
-¿Lo quiere para regalo, señorita?-
-Por favor- sonrió la pelirroja volviéndose a sus amigas.
-Tiene que ser duro para el niño… El pelo de la madre y sin su poder…- murmuró la descendiente Agares cruzándose de brazos.
-Está bien, padre está contento… Dice que así Issei recibirá una formación más tradicional-
-Si él lo dice…-
-Eso explicaría la obsesión de Sairaorg…-
-¿Qué pasa con él?-
-He oído que se comunica a menudo con tu hermano… Está motivado. Le envía material de culturista…-
-¿Tu hermano se está poniendo cachas, Rias?-
-¿Sairaorg le está enviando que?-
-Sí, sí. Me lo dijo el otro día desayunando… Dietas, pautas de entrenamiento…- rio la peliverde.
-Eso es ridículo…- murmuró Sona desviando la mirada.
-Un poco de respeto, hablamos del hermano culturista de Rias!-
-No es culturista, es un niño, como si tú fueses una modelo o algo- gruñó Sona abandonando el local.
-¿Y qué pasa? Soy preciosa, podría serlo-
-¿De ropa de adulto?-
-Podría!-
-Solo le alegrarías el día a los pederastas, idiota-
-¡No soy tan infantil… y tengo mejor cuerpo que tú, emperatriz maderera!-
-¿Cómo me has llamado?-
Cerrando a su paso, las chicas salieron fuera, dejando a Rias y Latia en el interior.
-Latia…-
-¿Si?-
-¿Issei-dono?-
-¿Qué?-
-¿Estas interesada en la musculación de mi hermano?-
-Rias… Era una broma…-
-¿Lo es?-
-Por supuesto que…- respondió la rubia mirando a su amiga, perdiendo toda sonrisa al ver la intensa mirada de la heredera Gremory.
Fría, desalmada. Cruel.
-Aléjate de mi hermano-
-¿Ni siquiera un poquito?-
-Acércate a mi hermano… y no respondo…-
Un sudor frio recorrió la espalda de la joven Astaroth. No tenía la menor duda, su amiga la estaba amenazando de muerte… completamente en serio.
-Ahora vayamos a por esos pasteles! Pago yo! Es lo menos que puedo hacer por vuestra ayuda!-
-Terrenos Gremory – Inframundo-
De pie, al final de una colina verdosa, una hilera de piedras negras con forma rectangular formaban un extraño pasillo.
Al final había una piedra más negra y pesada. Decorada con el relieve de los Gremory, se podían visualizar grabados de un animal.
-A tu bisabuelo le fascinaban los toros…- dijo una voz tras él.
Su mano cubierta por un guante, Issei acarició la tumba antes de alzar la mirada, la brisa húmeda del inmenso lago, tan artificial como hermoso.
-Visitó una vez el mundo humano… Se quedó prendado, fascinado por el poderío de esta criatura… La trajo al Inframundo y la mejoró… Toros…-
-Pensaba que el camello era el animal de la familia-
-Y lo es…- rió Sirzechs divertido, caminando hacia el joven –Hay quien dice que su capacidad defensiva se debía a que solía entrenar luchando con sus manos desnudas contra esas bestias…-
-¿Son ciertas?-
-Eso solo lo puede responder padre…- alcanzando el límite de la colina, mirando el lago en la distancia.
-La Casa Gremory es importante. Poderosa. Más de cien mil vidas dependen de ti. Posees ciudades, industrias, hospitales y escuelas. Diez mil almas conforman el ejército, que atacará sin cuestionar a quien tu órdenes. Deberás formar pactos políticos y defender los intereses de todos los lobos que conforman la aristocracia demoniaca…- alzando su mano, acariciando el horizonte –Los Gremory hemos dominado la energía del aire y de la tierra. La industria es rica. La tierra es fértil. Los siervos han sido educados y tratados con respeto, te serán fieles. Surtr y Beowulf han formado personalmente a las legiones de la familia. Matters y Heinrich les han instruido en las artes mágicas… Pocas familias poseen un ejército tan bien engrasado. Tenemos a las mejores tropas del Inframundo, muy pocas familias pueden decir lo mismo-
-El ejército del Gobierno se nutre de las tropas de las 72 casas pero… ¿Ventajas de que un Maou sea familiar?-
-Los siervos pueden obrar a su gusto en su tiempo libre- sonrió el demonio guiñándole el ojo.
-Nunca te lo he preguntado… ¿Huiste?-
-¿De las obligaciones de la familia?-
-Si-
-No… No… Quizás responder que los tiempos eran otros… Cuando yo era joven, cuando yo tenía tu edad no había esta paz… Esta calma… Era un mundo en guerra, un mundo envuelto en oscuridad, miedo, incertidumbre…-
-Ha pasado mucho tiempo desde entonces… Gracias a vosotros y vuestro esfuerzo los niños como yo ya no tenemos que tener que hacer esos sacrificios…- colocándose a su lado.
-Mucho me temo que en ese aspecto hemos fracasado… Issei-
El niño de cabello castaño claro y ojos rojos rio levemente, divertido por las ingeniosas palabras de su hermanastro.
¿No lo decía en broma?
-¿Qué te preocupa? ¿A qué viene este discurso?-
Sirzechs Lucifer se giró lo suficiente como para poder observar al niño.
Alto para su edad, su cabello castaño claro caía como una cascada por sus mejillas, recogido en una coleta baja en su espalda. El cabello largo era una característica de los Gremory. Si bien no tenía el cabello de la familia, el rojo estaba presente con intensidad en sus ojos. Dos rubíes ardientes que analizaban y aprendían de todo lo que estaba al alcance de su vista. Quizás no era un Gremory de sangre, pero esa capacidad para aprender y asimilar conocimiento le hacían actuar como uno.
Vestido de negro, prendas negras de tela recia con el bordado de los Gremory, en rojo intenso. Ropas cosidas a medida, le ensalzaban y le hacían destacar.
Había hablado de Surtr, Matters… El niño no había sido una excepción. Quizás más intensamente, lo mismo no… Pero la condición física del niño era un fiel reflejo de lo que había vivido.
Los Gremory lo habían criado en la soledad. Alejado de sus padres, alejado de la familia en su rutina diaria. No por crueldad, el niño sabía bien del afecto que le procesaban los demonios. Amado como un hijo, amado como un hermano… Inteligente, pronto había entendido que su entrada, el ingreso de un ser como él en una familia como esa tenía un precio.
El precio era su infancia.
El vivir solo, la excesiva formación, la dureza de su día a día solo tenía un propósito, una maduración precoz. Los Gremory habían creado la atmosfera más inhóspita posible para el niño dentro de unas limitaciones… Y parecía haber funcionado.
Sirzechs pensaba que la presión habría podido con él, que su mente inmadura no aguantaría… Su padre, Zeoticus apeló a la sangre del dragón que recorría su cuerpo, parecía ser cierto. Aunque recordando las palabras de Gabriel… Sospechaba que en el equilibrio interno del niño había algo menos caballeroso que el deber…
-Quería disculparme, Issei-
El castaño rio divertido.
-¿De qué hablas?-
-Si hubiese sido mejor líder los niños no estarían expuestos a este peligro…-
-¿De qué peligro hablas? Estamos en harmonía con todo cristo, Sirzechs…-
-Hablo del peligro político, Issei-
El menor de los Gremory rio despreocupado.
-El gobierno ha recibido la documentación reglamentaria para darte oficialmente a conocer como Gremory, Issei-
-¿?-
-En cuanto lo autentifiquemos serás legítimamente un Gremory…-
Issei suspiró pesadamente, pero no dijo nada.
-Y no solo eso…-
Esa información extra si llamó su atención.
-Padre ha pedido… Que se te conceda el derecho a la ceremonia del Rey, Issei-
El niño lo miró confundido.
Por Ceremonia del Rey entendía que pensaban darle las Piezas… Eso era ridículo, era demasiado joven. El Gobierno de los Dai-Maou lo denegaría de inmediato…
-Ah… Eso… Como si eso fuese a ocurrir pronto- sonrió el niño pasando a mirar al horizonte.
-¿Entonces me perdonas?- susurró el demonio.
-No hay nada que perdonar- respondió Issei.
-DxD-
Viendo como su hijo menor abandonaba los terrenos en un destello de luz, Venelana bajó la mano con la que lo había despedido. El frio del castillo la abrumó… Se sentía algo sola cuando su hijo se marchaba… Volviendo sobre sus pasos. Venelana regresó al Gran Salón, sentándose en su asiento. Una de las sirvientas sirvió una taza de té caliente. Eso siempre la reconfortaba.
Alzando la mirada… Sus ojos se posaron sobre la espada familia, sostenida por una base de madera negra. Sobre ella, el retrato familiar.
Quería cambiarlo…
RAMTAMTAM
PAM!
Las puertas se habían abierto de par en par.
Una niña de uniforme escolar, cabello rojo y respiración agitada la miraba entusiasmada.
-¿He llegado tarde?- exclamó revisando la estancia rozando la histeria.
-Así es… No hace ni cinco minutos-
-¡No puede ser!- protestó molesta -¡¿Por qué se ha ido sin esperarme?!-
-Porque si te espera se marcha tarde porque no le dejas irse, querida hija mía-
-Pero es que no tiene que irse!-
Venelana rodó los ojos, ya se conocía el discurso. Gesticulando con la mano, la sirvienta avanzó a paso ligero, dejando otra taza de té junto a la silla contigua.
-¿Acaso no soy adorable? Tiene a la mejor hermana del mundo, porque se marcha?-
La mujer no respondió, solo esperó a que su hija se sentase, se calmase.
-Sabes que tu hermano te quiere…-
Rias se levantó molesta.
-Madre, me gustaría retirarme a mis aposentos-
La castaña no dudó.
-Puedes irte, cariño…-
Rias no tardó, de unos pasos dejó atrás el salón para recorrer los fríos pasillos de mármol.
Los sirvientes hacían profundas reverencias al verla llegar, esperando a que pasase para incorporarse.
Sin saber cómo, la niña alcanzó las estancias superiores…
Extrañada… Un sonido llamó su atención.
Siguiendo la estela del ruido dio con una de las salas auxiliares. Estaba en el mismo piso que la habitación de sus padres, pero algo alejada.
Intrigada abrió lentamente la puerta, abriendo los ojos sorprendida.
Una mujer, desnuda, se movía rítmicamente, moviendo sus caderas sobre la cama.
Sus labios, separados, emanaban un dulce canto.
-Zeoticussssss-
-¡!-
Confundida. Incrédula. Rias Gremory era incapaz de apartar la mirada. Había varias mujeres más… Y su padre estaba con ellas. Su padre… Zeoticus… Había media docena de ellos.
Desnudo, besando y acariciando a las aparentemente alegres mujeres.
Las conocía, las había visto antes por el castillo.
Absorta en sus pensamientos no vió como una figura se acercaba a ella. Colocando su mano en su boca, silenciando el chillido que liberó la niña.
-Señorita… No deberías de estar aquí…- susurró la mujer.
Liberándola… Rias se alejó unos pasos. No conocía el nombre de la mujer, la tenía vista, pero no conocía el nombre.
Hermosa, de cabello rubio platino, apenas cubierta por un camisón rosado. De mirada cálida y sonrisa amable se inclinó para acariciar su mejilla y besar su frente.
-Se buena chica y vuelve con tu madre, cariño-
Sin esperar respuesta, la mujer entró en la habitación, asegurándose de cerrar bien al cruzar la puerta.
Rias, fascinada, aturdida y confusa, regresó a sus aposentos.
¿Qué había pasado?
- Templo Himejima -
-No voy a decírtelo…- rió Shuri divertida, preparando una taza de té, dejando que se enfriase lo suficiente para poder tomarse.
"Shuri… No seas cabezona…"
-Lamento profundamente que tu esposa sea una cabezona, Baraqiel-
"Shuri… No seas mala conmigo…" gruñó el hombre cabizbajo.
La mujer cesó su juego para dedicarle una sincera sonrisa.
-Es un buen chico, Baraqiel-
"¿C-como puedes decir eso?"
La morena la miró con escepticismo.
-El joven Issei lleva un año viniendo regularmente, yo estoy contenta, tu hija está contenta… Todos estamos contentos-
"Yo no estoy contento"
-Pero tú no estás aquí-
"No me digas eso… Sabes que me gustaría estar…"
-Issei-kun es un buen chico. Adora a tu hija, Akeno lo adora. Cuida y se preocupa por ella… Y gracias a él, tu hija ha cambiado-
"Maldito bastardo…"
-No digas palabrotas… Akeno está más viva que nunca, es más extrovertida y ha hecho amigos en el colegio…-
"¿Akeno ha hecho amigas? ¿En serio?"
-Han venido a tomar el té, esposo mío-
"¿Y-y yo no estaba?"
-Dijeron que querían volver…-
El hombre barbudo al otro lado del círculo mágico empezó a llorar.
"Mi niña al fin tiene amigos…"
-Y puede que algo más…- sonrió Shuri divertida.
"¿Qué significa algo más?"
-Hay cierto objeto que ha desaparecido de mi habitación…-
"¿Nos han robado?"
-Oh, no. Sé dónde está…- tomando un sorbo de té.
"¿Qué me estas ocultando? ¿Qué es ese objeto?"
La mujer lo miró con picardía.
-Hace unos días pensaba algo…- desviando la mirada –Este te que ha traído Issei-kun esta excelente… Es una hoja divina…-
"¿Ha traído te? ¿Eso pensabas?"
-Perdóname… Me he dejado llevar… Y como madre… Me reservaré mis pensamientos-
"Shuriiiii…"
La mujer Himejima sonrió contenta.
-¿De que hablábamos, cariño?-
(Sé que si Suou viene a buscarme, Akeno estará en buenas manos, Baraqiel)
-DxD-
Moviéndose sin hacer ruido. Reptando como un reptil por los troncos de los árboles. Su lengua se movía sinuosa. Sus ojos rojos fijos en su presa. Tatareando contenta, una joven de largo cabello negro se encontraba sentada en medio de un terreno lleno de flores.
Oculta entre los árboles, en algún rincón de la montaña, oculta de toda mirada indiscreta, la joven Miko preparaba un ramo de flores. Sus fosas nasales percibieron el dulce aroma floral de la niña, desde el perfume en su cuello a su champú en el cabello. Sus pupilas se dilataron antes de la exquisitez de su figura. Sus dedos quemaban, ansiaban tocar su carne.
El dragón hacia mucho que había descendido por el sendero de la locura y la impaciencia. Necesitaba devorar a su presa… A su exquisita presa.
Veloz como un rayo, silencioso como la noche, invisible como el viento… Saboreando el inminente bocado… Extendió sus manos para alcanzar los delicados hombros de la niña…
ZAS
Extendiendo sus alas negras, la niña dio un salto elegante en el aire. Sorprendido, Issei derrapó por el césped, rodando como una peonza. Chasqueando la lengua el niño levantó la mirada, con las manos y las rodillas en el suelo.
-Por favor… Procura no estropearme el pasterre…- murmuró la niña, mirándolo sostenida en el aire.
Sus dulces y picaros ojos violeta estaban fijos en él.
-Tenshiiiii…-
-¿Si, anata?-
-Ven aquiiiii-
-Déjame que lo piense… No!-
Grrrrrr.
Riendo divertida, se llevó una mano al rostro, recorriendo su mejilla, acariciando sus labios.
-Si quieres a tu miko… Tendrás que atraparla!- exclamó risueña, dejándose caer de espaldas, volando hacia los árboles.
Riendo y riendo, sentía la presencia del chico siguiéndola de cerca. Extendiendo y recogiendo sus alas emplumadas, la niña se movió veloz por entre las ramas, optando por esconderse tras un grueso tronco. Ocultando por completo sus alas, Akeno se apoyó contra la corteza. Sus ojos violeta se movieron agiles a lado y lado. Buscando sin cesar al chico. Sus labios rosados se tornaron en una sonrisa. Sus mejillas se sonrojaron… Su corazón latía con fuerza.
Lo sentía. Viva y claramente.
Sentía su presencia. Sus pensamientos. Sus deseos… Los sentía como si fuesen propios. Tal era el vínculo que tenía con él. Porque ella veía a través de él de una manera inexplicable, inimaginable. No había nada que pudiese ocultarle de ella. En todo momento sabía lo que sentía, si estaba triste, si estaba contento… A mayor cercanía, mayor la claridad. Y lo sentía, un absoluto y visceral deseo por ella.
Brutal, voraz…
Mordiéndose el labio levemente, arrancó a correr antes de que el niño la tomase por la espalda. Extendiendo las alas saltó con fuerza, escondiéndose de nuevo entre los árboles. Riendo levemente sintió su frustración. El deseo recorría su cuerpo. La extrañaba, la anhelaba.
La niña se estremeció con fuerza. Sentirse tan absolutamente deseada…
Elevándose sobre los altos arboles del monte sagrado, Akeno Himejima extendió sus brazos, sintiendo el calor del sol en su rostro antes de recoger sus alas por completo.
Cerrando los ojos dejó que la gravedad hiciese su trabajo… Empezando a caer con los brazos extendidos…
GRAB
El niño la cogió en brazos al vuelo, elevándose con fuerza hasta detenerse a decenas de metros por encima de la montaña. Girando suavemente sobre sí mismo, mirando fijamente a la joven miko.
Un rostro dulce e inocente cuyo mayor rasgo distintivo eran dos piscinas de color violeta. Manteniéndola agarrada de la cintura, Akeno lo abrazó del cuello.
-Akeno…- susurró Issei.
-Issei…- respondió la niña.
Juntando sus frentes, sonriendo feliz.
-Te he echado de menos…-
No necesitaban decirse nada… Uno sentía los pensamientos y los sentimientos del otro.
Desplazando su mano hasta su mejilla, acariciándola suavemente.
Akeno ronroneó, cerrando sus ojos.
-¿Por qué las escondes de nuevo?-
Los ojos violeta lo miraron recelosos.
-Vamos, vamos!-
Animada, contagiada por su buen humor extendió sus alas negras como la noche, contribuyendo a mantenerse en el aire, flotando sobre el niño, permitiendo que sus manos quedasen libres.
-Tus alas siguen siendo hermosas… -centrando su mirada en las alas de la chica, sonriendo, tocando la extraña textura suavemente con las yemas de sus dedos.
-¡No digas esas cosas! -sonrojándose con fuerza – Sn feas… Soy una niña pájaro… -agarrándose el kimono triste.
-Eres tu quien no tiene que decir esas cosas… Junto con tus ojos, son lo más bonito de ti-
-¿Lo dices en serio?-
-¿Cuándo te he mentido?-
-Nunca…-
-Además, ya sabes lo que pienso…- besando su mejilla.
La duda y la tristeza abandonaron su rostro.
-La verdad es que a menudo cuestiono tu buen gusto…-
-Mi buen gusto es mucho mejor que el tuyo!-
-No lo creo-
-¡Por supuesto que sí!-
-¿Entonces como explicas que tus preciosas alas negras sean más feas que las mías de lagarto?-
-…-
-Eres una hermosa chica Akeno, un bello ángel de elegantes alas negras… Un negro puro y hermoso… -la chica sonrojada le dio un suave e inocente beso, sonrojándose aún más - ¿Akeno? -
-Me gustas mucho Ise… -jugando con sus dedos, sonrojada, vulnerable.
Tomando sus manos entre las suyas, llevándolas a su pecho.
-Ya sabes lo que siento…-
Sonriendo hermosamente, la morena se lanzó a sus labios, besándolos dulcemente, como llevaban tiempo haciendo…
Descendiendo lentamente, el niño dejó a la niña en su parterre, mirando a lado y lado.
-Espero no haber… ¿Habías acabado el ramo?-
La niña negó con la cabeza.
-Entonces, hermosa sacerdotisa, me veo en la obligación de ayudarla!-
Akeno rió divertida sentándose en el césped, esperando a que el Hyodo la imitase para sentarse sobre su regazo.
Metiendo la mano en el bolsillo de la sacerdotisa, sacando un estuche negro.
-¿Y esto?-
-Lo he tomado de casa…-
-¿Y qué es?-
-E-espera!- chilló la niña soltando la corona de flores para tomar el estuche entre sus dedos.
-¿Qué pasa?-
Akeno miró la caja en silencio unos segundos antes de pasar a mirarlo fijamente.
Tímidamente le ofreció el estuche.
-Es algo que tiene valor para mama… Quería dármelo cuando fuese mayor…-
Issei abrió el estuche lentamente, con cuidado.
Abriendo los ojos sorprendido.
Un par de anillos… Anillos de compromiso. Sabía que eran.
-Un anciano del Templo… Me dijo que cuando un chico y una chica se gustan, se casan… ¿Ise, quieres casarte conmigo? –preguntó tímidamente.
El niño la miró sorprendido.
-Akeno… ¿Sabes qué significa esto?-
-Un juramento, creo… Estar siempre juntos, amarse siempre… Fidelidad y esas cosas – con voz cantarina.
-Si… Pero… ¿Lo entiendes? ¿Qué es fidelidad por ejemplo? -
-No engañar a tu esposa con otra mujer, según he escuchado-
-¿Engañar cómo?-
La niña lo miró con algo más de seriedad.
-Percibo tus pensamientos… Tus miedos…- acariciando su rostro –Y aun así si… Lo quiero-
Issei frunció levemente el cejo.
Akeno era una niña, dulce e inocente… Podría satisfacer este pequeño deseo infantil con un inocente juego, una tierno imitación. Una inofensiva actuación.
-¡Entonces acepto! ¡Me casaré contigo! ¿Hay que hacer algo? -viéndola triste, al acabar la frase la chica mostraba una radiante sonrisa.
-Otro beso en los labios… Y tenemos que tener unos anillos iguales, cada uno tendrá el del otro… Estos son los anillos de mis abuelos… ¡Tienes que ponérmelo en el dedo anular con una rodilla en el suelo y declarar tu compromiso a mí! –Sonriente, radiante –¡Luego levántate y te pondré el otro yo misma!-
-Pero si son de tus abuelos…- desviando la mirada, arrancando un par de flores, las trabajó unos segundos antes de incorporarse, hincando una rodilla frente a la sentada Himejima.
-Muy bien… Akeno Himejima, ¿aceptarías ser mi esposa? – tomando una de sus manos.
-Por supuesto -sonrojada y llorosa.
-Aquí tienes preciosa – colocando algo en el dedo de la morena.
Akeno alzó su mano, observándola con curiosidad. En su dedo había una flor enredada, formando un círculo con el capullo florecido en el exterior, simulando un anillo.
-Tiene el hechizo que me enseñaron para mantener la flor que me diste siempre florecida…-
-¡!-
-Creo que es mejor reservar los anillos del abuelo…- ofreciéndole otro –Si la señorita quiere…-
Recogiéndose algunas lágrimas del rostro, tomó la otra flor.
-Aquí tienes el tuyo, esposo mío… -mirando al suelo cohibida.
-Akeno… Mi hermosa esposa -levantando con suavidad su mentón, besándola dulcemente con inocencia…
La niña tomó impulso lanzándose a los brazos del desprevenido demonio, tirándolo al suelo.
(Me sabe muy mal por Shuri pero… Voy a llevarme a Akeno conmigo al Inframundo)
Akeno es mía y solo mía.
-DxD-
-No me gusta que vivas solo…-
-No vivo solo…-
-Vives solo-
-Tengo una gata-
-¡Eso no es compañía!-
-… ¿Mis vecinos me visitan con regularidad?-
Akeno infló los mofletes molesta, pasando a juntar sus dedos nerviosa.
-Papá y Mamá siempre… Cuando están a solas… Bueno… -balbuceando nerviosa.
-¿Qué quieres preciosa? -riendo levemente.
-¡Quiero que apoyes tu cabeza en mis piernas! –exclamó más roja que un tomate.
-¿Qué? –sorprendido.
-¡Así así! -cogiéndolo del rostro y colocándolo suavemente sobre sus muslos –A Papá le encanta… ¿A ti te gusta? –expectante de la reacción del castaño.
-Mmm… Se está muy cómodo, y la vista es inmejorable -mirándola a los ojos.
-Anata… -acariciando dulcemente su rostro.
-Un momento… ¿Tu padre?-
-¿Qué pasa con papa?-
-¿Tienes padre?-
-Por supuesto… ¿Qué pregunta es esa?-
-Pues… Bueno…-
-Lo que pasa es que papa no suele estar en casa…-
-Pues no sé qué motivo puede tener un padre para estar lejos de una hija tan guapa…-
El demonio decidió cambiar de tema tras ver la sonrisa apagada de la niña.
-¿Quieres descansar un poco? –le sugirió cariñosa.
-¿Puedo? -
-Duerme tranquilo… anata -en un susurro, elevando su sonrojo aún más.
-Akeno, ¿podrías cantarme la canción? -
-Por supuesto… Pero solo si me besas –sonriendo.
-¿Quieres un beso? –preguntó sonriente – Como podría negártelo… -acariciando su mejilla, viéndola sonrojarse.
-Ise… -la joven, con el rostro rojo, miraba con ojos llenos de afecto al castaño.
-¿Qué ocurre Akeno? -
-Nada… -sumamente alegre, juntando sus labios lentamente, separándose con una gran sonrisa en su rostro.
-DxD-
Descendiendo lentamente, el demonio aterrizó con suavidad, dejando a la niña en el suelo.
Contento arrancó a correr hacia la mujer, Shuri ya se había inclinado levemente, separando sus brazos para recibir al niño…
PAM
Issei recibió un brutal placaje, acabando rodando por el suelo. Al detenerse vio a Akeno sentada sobre él.
-Casi…- murmuró Issei.
-Ya deberías de saber que frente a mi hija no puedes tocar a ninguna otra señorita…-
-¿Señorita? ¿Quién es esa señorita?-
-¿Dices, Issei-kun?- murmuró Shuri con su voz angelical, destacando el aura violenta a sus espaldas.
Riendo asustado, el niño centró su atención en la niña sobre él.
Akeno lo miraba fijamente, en silencio.
Posesivamente.
-Es un placer volver a verla, Shuri-sama!- saludó el niño desde el suelo.
-Es un placer tenerte de vuelta Issei-kun. ¿Cómo estás?-
-No me quejo-
-¿Te apetece un poco de té?-
-Nunca le diría que no, Shuri-sama!-
-Ya sabes dónde está la cocina… ¿Puedes prepararlo tú? Me gustaría hablar con mi hija un momento…-
-… Sí, claro… ¿Tenshi ha hecho algo malo?-
-Solo tenemos que hablar un momento-
-… Entendido…-
-DxD-
Madre e hija se encontraban sentadas sobre el tatami del templo, cara a cara.
Shuri Himejima, seria, se mantenía firme, con los brazos cruzados.
Akeno Himejima miraba al suelo, asustada.
-¿Estás contenta Akeno? –
-Madre…- sorprendida.
-Akeno, si bien sois aún muy jóvenes, debes aprender que esto no está bien… ¿Fuiste tú quien cogió las alianzas de los abuelos? -
-Pero… -llorosa –Yo… -
-¿Por qué, Akeno? -
-No es justo… -
-¿El qué? -
-¡Le quiero Madre! ¿Acaso está mal? –con lágrimas en sus ojos.
-Akeno…-sorprendida -¿Te gusta Ise-kun? ¿De verdad? –
-Y el también…-
-¿Te lo ha dicho?-
-Lo se…-
-¿Cómo puedes saber eso? Akeno, sois…-
-Lo siento-
-¿?-
-Lo siento en su interior…-
-¿De qué hablas?-
-Puedo sentir… Puedo sentir lo que piensa… Y lo que siente…-
-¿?-
-Ahora…- desviando la mirada, mirando a la pared –Está contento, preparando alguna travesura… meditando si coge algunas galletas de las de chocolate-
-Es imposible, las he escondido-
-Sabe que están… En la repisa superior, en una caja blanca…-
Era cierto…
Esos dos compartían un vínculo sobrenatural que nunca dejaba de asombrarla. A menudo pensaba que era algún tipo de juego que se traían entre manos… Pero cuanto más los ponía a prueba más claro tenía que su hija y ese chico estaban unidos de maneras que no podían ser explicadas.
No sabía ni cómo ni por qué… Pero una cosa si la tenía clara.
Separar a ese niño de su hija la mataría emocionalmente.
-Hija mía…-abrazándola cariñosamente.
(¿Cómo podéis albergar semejantes sentimientos siendo tan... Niños?)
Soltando a su hija, la mujer se levantó, yendo hasta la cocina a paso rápido.
Sorprendiendo al niño con las manos en la masa.
-Continuará en el próximo capítulo-
-Los deseos inocentes de una niña-
