Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[Draconic X Deus]


-Los deseos inocentes de una niña-


-Esa misma noche-

Conforme había pasado la tarde, el sol se había dejado caer, llegando a anochecer sin darse cuenta. Shuri, pura amabilidad y sentimiento, le había ofrecido al niño a quedarse, no queriendo que este se trasladase sin luz hasta la isla principal. Issei no protestó en exceso y presente una inexistente resistencia a su ofrecimiento. Tras cenar y darse una ducha, el joven demonio se vió estirado en su futon, observando el cielo estrellado por la ventana de la habitación. Lejos de las luces de la ciudad, desde lo alto de la montaña, los astros luminosos se veían con claridad. Volviendo su mirada a la puerta, esperó pacientemente a que se abriese lentamente. Sonriendo quedamente al ver a Akeno al otro lado.

No necesitaban las palabras. Ella sabía que él sabía que ella estaba allí. Tampoco necesitaba pedirle permiso para entrar. Ella sentía como la quería a su lado. Vestida con su pijama corrió hasta el futon, arrodillándose y abrazando al ojirrojo con fuerza.

-¿Puedo dormir contigo?-

-¿Puedo pedírtelo yo?- respondió Issei.

Sonriendo contenta se coló bajo las sabanas, estirándose junto al niño, cerrando los ojos, colocando su cabeza sobre su pecho, ronroneando al sentir su mano acariciar su cabello.

Estaba incómodo.

Relajado sobre el futon con Akeno a un lado… Y se sentía incómodo. Incompleto. Le faltaba algo. Si se ladeaba y quedaba cara a cara con la morena se giraba instintivamente hacia atrás. No podía quedarse así mucho tiempo. Si se mantenía estirado, boca arriba miraba hacia su lado vacío.

Y sabía que pasaba… Le faltaba Suzaku.

A raíz de tener ese sueño lo tenía muy claro… Pensaba que lejos de ser personas separadas, quizás Akeno y Suzaku eran algo así como almas gemelas… Y que de faltarle alguna de las dos ese sentimiento incomodo lo invadía. Si Akeno había percibido algo lo ignoraba, ni lo había comentado ni lo había reflejado. Respecto a la joven… Había una Suzaku Himejima… Pero estaba bajo la estricta vigilancia y protección del Clan Himejima. Siendo un niño y con ese apellido, sería políticamente incorrecto acercarse a ella. Aunque pensaba que eventualmente se acercaría de algún modo.

Sin pensar más en ello se giró para abrazar a la niña, besando su cabello… Quedando plácidamente dormido… En cuanto se quedó dormida la dejó en su dormitorio.

No quería problemas con sus padres…

Sonriendo al ver a la niña abrazar a su peluche favorito, Issei alzó la mirada, enfocando un punto en la pared, en la distancia.

Issei sonrió travieso antes de cerrar la puerta del dormitorio. Marchándose en silencio.

El primer trueno resonó en la noche. La lluvia empezó a golpear los cristales de su ventana. La tormenta había llegado.

Odiaba la lluvia.

Recordaba que de pequeña era lo contrario… Recordaba largas tardes en el jardín de su casa bailando bajo la lluvia, descalza, metiendo sus piececitos en el barro. Riendo alegre al sentir el agua recorrer su piel. Recordaba jugar con su madre bajo la lluvia. El paso de los años, las experiencias vividas la habían llevado a odiar con una furia primal, pura e intensa, ese efecto climatológico.

La noche, la lluvia, los truenos…

La noche en la que los exorcistas de su familia habían atacado. La lluvia que habían usado como camuflaje para ocultar sus movimientos. Los truenos que sirvieron para ocultar sus ataques. El padre de su prima los esperaba en los terrenos de la familia, terrenos que servían para jugar a la pelota en familia, para recibir a todos los visitantes del templo. Terrenos neutrales, alegres y pacíficos.

La lucha entre Baraqiel y los exorcistas enviados por su abuelo habían marcado con fuerza la débil mente de la niña, marcando ese evento con fuego en sus recuerdos, derivando en un trauma. Llevándola a defenderse a nivel subconsciente… Desde que habían llegado los emisarios de la familia a la isla los espíritus habían estado inquietos. Sospechaba que se lo habían comunicado. Pero de ahí a moverse… Lo sabía… Sabia de su presencia en la distancia. Los espíritus se lo habían dicho. Múltiples espíritus, globos blancos envolviendo hojas secas, flotaban a su alrededor.

Y la niña se despertó, temblorosa, buscando el apoyo de su amado. Buscando desesperadas entre las sabanas, en la cama. Sabía que estaba ahí, se había acostado con él…

No lo encontró… Y las pesadillas se volvieron reales.

El poder oscuro dominó su cuerpo, envolviendo su cuerpo en sombras, sacándola del templo. Descalza, la morena alcanzó la carretera principal. Envuelta en poder mágico, una aura negra. Esta empezó a acumularse frente a la niña, creciendo y creciendo hasta tomar la forma de un musculoso y enorme oni. La niña había dejado el cobijo del templo para alcanzarlos, convocando a ese ogro que aparecía nada más y nada menos para aplastar esos mismos miedos. Llámese exorcistas… Gente que hablaba a sus espaldas, ciudadanos que discutían con su madre…

Todos serian ajusticiados por la infantil e inocente mente de una niña que se sacudía de miedo ante los truenos de una tormenta.

-DxD-

Mirando a través de la ventana de su habitación, una pequeña habitación en un rincón de la aldea portuaria… Cortesía de una amable familia que entendía y compartía sus inquietudes y preocupaciones.

Era bien conocido el poder fatal que la menor de los Himejima poseía, pero la bondad y el amor de la sacerdotisa del templo se había ganado el afecto y fidelidad de los residentes locales. Lejos de solicitar ayuda a la familia encargada de cuidar de los intereses de la isla, habían accedido a que un pequeño contingente se ocupase del asunto en silencio y con discreción.

Las noches de tormenta el alcalde avisaba a un contacto en concreto en la familia principal… Y la tsuguko acudía sin falta. La tsuguko de Suou Himejima, la aprendiz del actual líder, la llama destinada a suceder al gran patriarca. Un talento que solo nace cada cientos de años… Y la prima de causante de todos los males de la isla.

Abriendo su maleta, Suzaku acarició las telas del uniforme debidamente recogido y plegado. El uniforme de exorcista de la familia Himejima. Tejido usando la piel de animales sobrenaturales y plumas de aves de fuego… No existía mejor protección en esas tierras. Contenía, potenciaba sus artes mágicas, impedía que otros influenciasen las suyas. La protegía de daño físico y mágico… Con su uniforme puesto, pocos seres podían detenerla en sus dominios, pero había mucho que no habitaba allí, seres que procedían de otros lares, peligros extranjeros que si podían alcanzar su carne.

Sus artes mágicas protegidas por el manto de su familia… Deberían de ser suficientes para aplacar la furia de su prima. Aunque dichas artes estuviesen incompletas y fuesen inmaduras. Inferiores a las de Akeno. La afinidad de Akeno para con los oni… Un don… Una maldición. Un don que si bien era muy inferior a las artes que Suou le había inculcado, el resultado final se veía claramente descompensado por la afinidad de su poder con el de él.

Porque lo había visto.

Su prima no tenía el poder necesario para convocar a esos seres pero de alguna manera los estaba alimentando. Esos seres y los exorcistas fallecidos tenían un factor determinador común, un evento que se daba desde cierta fecha y que lo explicaba todo. Un ser con un poder sin fin que emanaba cual radiación y que la niña aceptaba sin saberlo. Un poder que la niña usaba para satisfacer sus inconscientes ansias de justicia. Su particular venganza.

Como Himejima era su responsabilidad lidiar con los potenciales problemas creados por su prima. No podía dejar que Shuri se viese expuesta a la furia del poblado… Y Suou no sabía nada, por supuesto. Aunque Suou había muchas cosas que no sabía… Como su relación con él.

Él, el condenado demonio con el que mantenía una extraña relación desde hacía un año. Desde aquel día en el templo… Incapaz de expulsarle de sus pensamientos. Se sentía como una polilla constantemente atraída por el fuego de una vela… Y no tenía la menor oposición en arder… Arder… Ardería entera por él.

Tragando saliva alzó la mirada. No estaba sola en la habitación. No había escuchado nada, no percibía nada sobrenatural a excepción de una sensación abrumadora. Una oleada de pensamientos, sentimientos y emociones que amenazaron con derribarla.

Su cuerpo estaba caliente, cerrando sus ojos se deleitó con la sensación de sentirse absolutamente deseada por él. Por la presencia que invadía con extrema y absoluta facilidad todo su ser.

Issei, el demonio que acosaba a su prima estaba en su misma estancia. Tras ella en la habitación. Estaba con su prima, en lo alto de la montaña, en el templo. Lo sabía, como sabía que sentiría su presencia en el pueblo. A esa distancia se sentían mutuamente con absoluta claridad.

La lluvia golpeaba los cristales de la habitación. Apretando los puños, Suzaku se giró, mirando en la oscuridad de la estancia, sin apreciar nada…

Una fuerza tomó sus manos, colocándolas contra la pared.

Suspirando sorprendida, la morena se encontró posicionada contra la pared. Unos labios posados sobre los suyos.

No hubo oposición. La morena se rindió, gustosa. Extasiada respondió al beso. Pidiendo más y más, gimiendo al sentir la lengua del desconocido acariciar sus labios.

Suzaku atrapó la lengua del niño con sus labios, entregándole su lengua para que jugase con ella, forzando el beso, aumentando en intensidad.

Parpadeando repetidamente, la morena salió de su trance. Visiones compartidas frutos de sus deseos… y los de su amante. Lo que ella deseaba, alimentado por los mismos deseos del demonio. Algo que ambos sabían pero no habían tenido el valor de decir en voz alta.

La oscuridad de la noche les protegía. La ausencia de luz mantenía su secreto a salvo.

Nadie debía saber que Suzaku Himejima, la Tsuguko de la Casa Himejima de las Cinco Familias Principales, deseaba ser la amante de un demonio.

-Que placer volver a verte…- habló el niño por primera vez, apoyado en una de las paredes -¿Hay novedades de tu familia?-

Acercándose a ella, ocultos en el manto de la noche. Suzaku retrocedió hasta chocar con la cama, cayendo en el colchón, ahogando un suspiro al sentir al niño colocarse sobre ella.

Suzaku apartó la mirada, pero no lo apartó a él.

-No exactamente…- susurró la morena sin fuerzas.

-Una lástima… ¿Para qué has venido entonces?- ladeando su rostro, buscando su cuello, bajando por su pecho.

Mordiendo uno de sus senos a través de la ropa.

Suzaku suspiró inquieta.

-¡!-

Ambos individuos se giraron al instante, mirando el mismo punto en la distancia.

Akeno se estaba moviendo.

-Hoy hay tormenta- indicó Suzaku.

-¿Y qué pasa con eso?-

-No he venido por un capricho… Necesito que me ayudes con algo… Antes de que llame la atención de mi bisabuelo-

-A ver para que me has llamado… Ahora mismo podría estar en la cama, con Akeno en brazos… Si no vas a venirme a la cama conmigo entonces…-

Suzaku lo miró seria.

Celosa. Extremadamente celosa.

-¿Shuri-obaa-sama no te ha dicho nada de las tormentas?-

El demonio se incorporó para bajarse de la cama, alejándose unos pasos, sentándose en una de las pocas sillas que decoraban el pequeño piso.

-Muy bien. Te escucho- dijo Issei, serio, entrelazando sus dedos.

-Todas las veces que has venido a ver a Akeno han sido de día… Verás, mi prima tiene una afinidad natural para con los oni, demonios locales creados de las emociones humanas… Por norma general se podría decir que tiene un don para convocarlos o controlarlos hasta cierto punto, nada serio dada su edad. Una extraña mezcla de circunstancias por su herencia genética, un talento natural de parte materna potenciado por la genética paterna…-

-¿Algo que entiendo que se ve alterado, para mal, en los días de tormenta?-

-Hace unos años… Mi familia atacó el templo-

-¡!-

-Yo era muy joven, no pude intervenir de ninguna manera… Baraqiel no estaba… fue…- suspirando pesadamente –Pero logró regresar a tiempo antes de lamentar nada… Aunque Akeno parece que lo recuerda. Fue una noche, había tormenta-

-Entiendo… ¿Esos malos recuerdos despiertan sentimientos negativos en ella, convocando onis?-

-Con el poder que le das, los crea-

-¡!-

-Sé que no es algo intencionado. Pero tienes que entender que la relación entre Shuri y mi familia es… tensa. Delicada-

-Es la primera noticia que tengo… ¿Baraqiel lo sabe?-

Suzaku negó con la cabeza.

-Me he estado encargando yo…-

-Pues ya no tienes que hacerlo sola!- exclamó el niño levantándose de un salto.

-No, tú no puedes venir- respondió Suzaku volviéndose a la ropa de exorcista cuidadosamente colocada en la mesa.

-¿Cómo qué no?-

-Te he pedido venir para explicarte lo que ocurre, no para que te veas envuelto-

-No pretenderás que me mantenga alejado…-

-No lo pretendo, voy a mantenerte alejado-

-Me da que eso no va a pasar- siseó Issei, tomando una mano de Suzaku, obligándola a mirarlo.

-Eres un príncipe Gremory, tu sangre no se puede derramar en esta isla. ¿Sabes que podría pasar si te pasa algo aquí?-

-Nada peor que el que te paso algo a ti-

Mordiéndose el labio inferior, intentando ocultar un sonrojo, Suzaku se mantuvo firme.

-No entiendes…-

-Baraqiel ya vive en el Inframundo, si la cosa se pone fea Shuri se puede ir a vivir a Grigory…-

-¿Y Akeno? ¿No piensas en ella?-

-Por supuesto que pienso en ella. Ella y tú os vendríais conmigo-

-No puedes estar hablando en serio…-

-¿Te parece que bromeo?-

-¿Quién eres tú para decir que tengo o no tengo que ir a ningún lado?-

-¿Hace falta que te lo explique?-

-No eres más que un niño…-

Molesto, Issei la soltó, volviendo a su asiento.

No se necesitaban más palabras. Issei sentía su determinación. Ella su enfado.

-Voy a cambiarme- lo informó la morena.

Issei no se movió un centímetro.

-¿No vas a salir?-

El demonio no respondió. Solo la miró… Con una sonrisa traviesa.

-Adelante, cámbiate… Poco a poco, por favor-

Sin saber bien porque… Suzaku lo hizo. O quizás si…

-DxD-

Vestida con sus ropas tradicionales, protegida del frio y del agua… Suzaku esperó en las afueras del poblado. De pie, a las puertas del bosque. Porque allí estaba… El oni, esperando paciente entre los árboles, observando en silencio, sin importarle la lluvia. El ogro no reaccionaba, no atacaba. Como siempre, como todas las otras veces.

Ese oni despertaba muchas cosas en ella. Furia, confusión. Su cuerpo reaccionaba al poder que lo había convocado y alimentado. Al poder de Akeno y al de él.

Ese chico… Su corazón se alteraba con solo recordarlo… Haberse despertado sobre su pecho, su cuerpo caliente… Recordaba haberse quedado quieta, tumbada a su lado, acariciando su rostro, delineándolo con sus dedos.

Estar pegada entre la pared y él, sus labios sobre los suyos. Su frente contra la suya. Los dedos entrelazados, sin decir nada, sintiéndolo todo el uno del otro…

Como Tsuguko de Suou Himejima siempre había estado rodeada de pretendientes. Ambiciosos, ricos, atractivos, inteligentes pretendientes que buscaban su belleza, su cuerpo y su posición social…

Repugnante.

Vomitivo.

Odiaba el género masculino más allá de su familia. Respetaba a sus compañeros de profesión, a los demás varones del resto de familia… El resto podían arder en el infierno más profundo y duro de todos… Y pese a todo… allí había estado. Besando los labios de ese desconocido hacía apenas unos minutos… Y no se arrepentía lo mas mínimo. Era justo lo contrario. Lo extrañaba tanto que no sabía cómo liberar toda esa frustración de su cuerpo, frustración que se convertía en furia, ira… Y celos. La consumían los celos. Ese niño había estado visitando a Akeno de forma regular. No a ella, solo a Akeno. ¿Había intimado con Akeno? ¿La besaba a ella en su lugar?

Vale que el niño no tenía medios de encontrarla pero… Estaba celosa, muy celosa. No le bastaban los encuentros puntuales cuando el niño dejaba el templo. No le bastaban las conversaciones fugaces para compartir información de la niña… Todo eso ya no bastaba.

Abandonando su posición, la tsuguko lanzó un sello al aire, cogiéndolo al aire con sus dedos cruzados, empezando a recitar un salmo.

"La hija de Shuri es una mancha intolerable para la familia!"

-Si solo el anciano no hubiese dicho eso…- murmuro la chica liberando algunas lágrimas.

Llorando sin saber por qué. Sorprendiéndose por no saber ni porque lloraba. La emoción la invadía. Su visión se nublaba con el agua en sus ojos.

Dudosa… Lanzó su hechizo.

PAM

-¡!-

Sin sorprenderse vió como el ogro destruyó el ataque con un golpe de porra, rugiendo violentamente antes de saltar con fuerza y agilidad. Llegando hasta su posición, inclinándose frente a ella. Se había vuelto más fuerte, más rápido, más resistente… De nuevo. Pero eso no importaba… Porque esa era su manera de liberar toda su tensión. Ese oni iba a morir… de forma violenta y cruel.

-DxD-

En silencio, sentado en la misma silla. Issei pensaba en silencio. Escuchando y percibiendo, vagamente lo que ocurría afuera.

-Curioso… Es la primera vez que veo uno de esos…-

Las palabras de la Maou, apoyada en la ventana, llamaron la atención del demonio.

-¿Qué es Sera?- preguntó Issei mirando a la demonio, apenas vestida con una camisa, mirando el escenario con sus siempre vivos ojos violeta.

-Un oni… Una especie de monstruo local fruto de las emociones negativas de los seres humanos…-

-Un ser especialmente dotado… Ese es…- susurró Gabriel apoyándose en la demonio.

-Lo ha creado esa niña… Usando tú poder-

-Pues para ser hijo mío… Es feo con ganas…-

Las mujeres lo miraron incrédulas. Una broma muy mala…

-Diría que es un rival muy duro para un humano. Pero este parece un exorcista competente… O eso creo… ¿Por qué es uno, no?- preguntó la rubia con curiosidad.

-Shinto… Familia…- murmuró Serafall acariciándose la barbilla –Una de las Grandes Casas…-

-Debería de ser un Himejima… Estamos en sus terrenos- gruñó Issei masajeándose la sien. No podía revelar su conexión con esa joven.

-¿Y que hacías hablando con ella? ¿No te lo prohibieron?- pregunto Serafall.

-Claro que lo hicieron. Zeoticus y Touji me hablaron de esto… Me lo dijeron claramente, nada de exorcistas shinto-

-¿Y la madre de la niña a la que tanto cariño le tienes que?-

-Ella no forma parte de la familia…-

-Ah… Ya estamos con tu doble moral- gruñó Serafall.

-¿Qué significa eso?-

-Serafall dice que cambias de parecer a conveniencia-

-¿Qué? Eso no es cierto-

-Lo es- afirmó Gabriel.

Los ojos rojos de Issei se posaron sobre una mujer, luego sobre la otra.

-¿Me estáis llamando cínico?-

-Más bien oportunista…-

-No es que seas un mercenario, más bien que vuelas hacia donde sobre el viento…-

-Tú tienes tu posición y vas aprovechándote de los demás…- inquirió el menor mirando a la Maou.

-¡Yo no hago eso!-

-Eso ahora no importa…- dijo Gabriel volviendo la vista al frente -¿Qué vamos a hacer con el oni?-

-El exorcista se encargará, que trabaje- respondió Serafall.

-¿Pero y si matando al oni… le pasa algo a la niña?-

El silencio se impuso entre ellos.

-¿Qué propones angelucho?-

-Podríamos…-

-Ise-kun! Deberías de ser un hombre y ayudarla!- exclamó Serafall interrumpiendo a la rubia.

Obviamente no lo hacía a propósito…

-Claro, tienes razón. Dentro de diez años como mínimo, cuando sea un hombre, lo intentaré. ¿Pero qué hacemos ahora?-

Las mujeres no respondieron.

-No esperareis que YO haga algo-

-¿Quién sino?-

-Eres el único hombre en los alrededores…-

-Eh! Eh! Soy un niño! Y vosotras una arcángel y una Maou! ¿Por qué soy yo el que se las vea con ese bicharraco?-

La rubia y la morena se miraron fijamente.

-Yo no estoy aquí. Si mis compañeros se enteran…- respondió Serafall.

-Si el Concilio Blanco sabe que estoy aquí abajo…- respondió Gabriel.

No pensaban intervenir.

-Que par de idiotas más irresponsables…-

-¿Q-que me has llamado?-

-Yo no soy irresponsableeeee… ¿Lo soy?- preguntó Gabriel llorosa.

-Te juro que muy a menudo pienso que realmente eres una idiota- respondió Serafall.

-Chicas… No empezamos…- levantándose lentamente, fastidiado.

-¿Por qué me llamas idiota? Idiota!-

-¡Tú eres más idiota!-

-¡Tú lo eres más!-

PAM PAM

Dándoles una palmada con la mano abierta en sus traseros, el castaño llamó su atención… a las malas.

-Basta de discutir! ¿Cuál de las dos la ayuda?-

Ninguna respondió.

-¿Entonces la dejamos así?-

-No puedes hacer eso, no sería muy caballeroso-

-¿Y qué cuernos quieres que haga yo?-

-Eres un Gremory… Échale huevos-

-Serafall, te recuerdo que ni tengo poder demoniaco ni aptitudes que me… Aunque el que se me vea aquí seria mejor que veros a cualquiera de vosotras… Vale, vale, voy yo…-

Gabriel miró fijamente al exorcista, sus ojos azules brillando pícaramente, volviendo su mirada a la morena… sonriendo divertida.

-Hay una opción… Una opción que puede satisfacer todas las necesidades!- exclamó la arcángel juntando sus manos contenta.

-Ohhhhh! Intelecto angelical! ¿Qué gran idea ha ingeniado la gran arcángel Gabriel?-

Sin perder la sonrisa, Gabriel insertó su mano en el pecho del niño. Retirando algo sin dudarlo mucho…

-DxD-

El monstruo era pura fuerza, la destrucción personificada. Una fuerza imparable que no sentía, no temía, no se detenía ante nada… No servían sus hechizos. Los shinigami ni siquiera llamaban su atención. El ogro aprendía con cada ataque, las trampas empezaban a no funcionar.

Cansada, agotada… Mermada físicamente… La exorcista se quedó de pie en medio de la nada. Habiendo dejado atrás en el bosque en algún momento, Suzaku se encontró sobre pavimento, una plaza o una calle ancha… En ningún momento había querido involucrar a los residentes locales… No sabía bien donde estaba, solo podía ver el enorme oni frente a ella.

Sus lágrimas caían por sus mejillas.

-¿Por qué, Akeno? ¿Por qué deseas mi muerte?-

Negando con la cabeza, la chica juntó sus manos, reuniendo todos los sellos de la zona, impactando en una poderosa explosión. Sin molestarse en protegerle de la onda expansiva, se vio rodando por el suelo. No hizo falta que mirase hacia atrás, sabía que el ogro seguía vivo.

Escuchaba sus pasos…

Sintió como la giraba, colocando su garrote sobre ella, sin llegar a aplastarla.

ZUMMMMMMMMMMMM

En la distancia se alzó una columna de energía, llamando poderosamente la atención del oni, que se giró, gruñendo con fuerza.

La exorcista apenas tenía fuerzas para comprender lo que estaba pasando, pero reconocía ese poder… Era él.

-Pensaba que querías matarlo…- susurró una voz junto a ellos.

Ladeando sus miradas, exorcista y oni vieron a un niño de cuclillas junto al exorcista, una mano en su mejilla, ojos rojos llenos de aburrimiento.

Sus ojos vieron a través del oni…

-Ah… Entiendo…- mirando al oni fijamente –No eres solo el producto de las pesadillas de tenshi… Si tienes mi energía…-

-¿?-

-¿Pero porque perseguir a este tipo?- volviendo su atención al exorcista -¿Es por la ropa? ¿No ves más allá de eso?-

Las ropas bloqueaban cualquier rastro, lo ocultaban todo, aura, olor…

Suzaku miró incrédula al niño.

-Hay que ser inconsciente para venir ataviada con ropas de exorcista sabiendo que ellos provocaron esas pesadillas que lo crean a él…- dijo Issei mirando al oni detenidamente, que había pasado a mirarlo, dejando a la chica en paz.

-Perdóname por no tener más ropas que me protejan y oculten mi identidad al mismo tiempo…- protestó la exorcista cansada, adolorida.

-Quedas perdonada-

-Deja de hablar y vete… Ella… Este ogro sigue sus…-

-¿Sus instintos? No creo… Creo que este bicho tiene mucho de mí…-

-¿?-

El ogro apartó el garrote del exorcista, inclinándose para mirar al niño.

-¿Sabes qué pasará si matas a alguien de su familia en esta isla? ¿Si vinculan su muerte a mi Akeno?-

-Grrrrrr-

-Ahora vas a ser buen chico y te vas a disculpar. Si no lo haces tendré que obligarte a hacerlo. Si no sabes tendré que educarte. En cualquier otra circunstancia lo haría de buena gana pero… Debido a ciertos eventos no estoy de especial buen humor…-

-¿Q-que vas a hacer?- preguntó la exorcista agotada.

-Defender lo que es mío. Imponer autoridad. Exigir respeto- mirando a la morena –Repartir ostias- volviendo al oni -¿Lo entiendes?-

-GRRRRRRRRR-

-Me la trae al viento quien seas, no hay excepción posible…-

-No… No te pases de listo!- exclamó el sacerdote levantándose lentamente. El traje parcialmente roto, antojándose algo del material en su interior. La capucha parcialmente rota, dejando algo de cabello negro.

-Vale, te lo voy a explicar… ¿Ves a esa exorcista? ES UN PIBON! ¿Entiendes lo que es un pibon?-

-MUJER, soy una MUJER-

-No, eres un pibon y… Ah! Ahora lo entiendo… ¡Serás cabrón!- mirando al oni con una sonrisa en el rostro –Así que persiguiendo pibones… Estoy tan orgulloso de ti!- exclamó el niño palmeando la pierna del oni –Pero tienes que entender que esa mujer es mía! Ya te buscaremos alguna oni buenorra… Si hay de eso-

La exorcista estaba furiosa.

-Eres un miserable engreído… Y no tienes derecho alguno a acabar con este demonio, es mi responsabilidad… Tanto por ella… como por mí-

Furioso, el ogro se giró, volviendo hacia la chica con su garrote alzado.

-Eh! Por bien que me caigas ya te lo he dicho, nadie pone en peligro…-

PAM

De un golpe con su antebrazo envió al niño volando, perdiéndose entre los arbustos de la ladera. Alarmada, Suzaku sintió su sangre hervir de rabia. La sacerdotisa concentró fuego en sus manos, liberando un hechizo en el rostro del ogro.

El oni chilló furioso. Apagando el fuego en su rostro con sus manos, rugiendo con furia, extendiendo su mano hacia la sacerdotisa. Juntando sus manos, la morena cantó su mantra, entremezclando sus dedos haciendo una extraña forma con ellos. Un pilar de fuego se alzó del suelo, quemando la mano del oni.

-Vas a pagar… por eso!- realizando más sellos, el pilar se dobló en el aire, impactando en su pecho.

La chica no se detuvo, decenas de sellos sobrevolaron al youkai, pegándose al suelo. Del mismo surgieron múltiples cadenas, atando al monstruo. La belleza morena saltó con otro sello en la mano, colocándolo en su pecho.

El monstruo se revolvió pero no se disolvió.

Sorprendida la chica se vio en mano del youkai, liberando su brazo, arrojándola a un lado con fuerza. La chica rodó y rodó antes de recuperar el equilibrio. Su brazo roto, sangrando por la boca, furiosa.

-¡No te dejaré ir! Lo juro por las vidas de todos los inocentes de los que te has alimentado! Por todos los pecados que has cometido en su nombre!- convocando un aro de fuego bajo sus pies, levantando una barrera frente a ella, incapaz de detener el golpe de garrote –No dejaré que tus acciones entristezcan su rostro! Y pagarás! Pagarás por haberle puesto… LA MANO ENCIMA!-

-DxD-

Chasqueando la lengua, Issei miró al cielo. La oscuridad de la noche no le dejaba ver las gotas de agua de caían sobre su rostro.

Una pequeña esfera brillante apareció su rostro, permitiéndole ver dos figuras junto a él. La posición de la luz impedía ver el contenido desde abajo… pero ya habría otras ocasiones para ver lo que escondían esas faldas…

-¿Soy la única que siente una mirada llena de lascivia sobre mis piernas?-

-He dejado que parte de su esencia se materialice, así que su auténtica forma de ser ha aflorado… Temporalmente…-

-¿Entonces Ise-tan es un pervertido?-

-El mayor de los pervertidos- respondió Gabriel.

-Eso explica mucho…- murmuró Serafall inclinándose –¿Te ha dolido mucho?-

-Eh! Para nada! Ni me he enterado!- exclamó el niño levantándose de un salto.

Seguro que había alguna que otra costilla rota.

-¿Me equivoco?-

-No llevo varios años aguantando palizas en el dojo y en las bibliotecas para que ahora venga una loli tetuda a decirme que soy un blando!-

-Yo no he dicho… ¿Loli tetuda?-

-Bien! Bien! Ese es el espíritu, Ise!- lo animó Gabriel -¿Entonces porque no vas y le hinchas a ostias?-

-¿Eso es un reto?-

Serafall los miró confundida.

-Sujétame el cubata!-

-¿Qué cubata? ¿Qué es eso?-

Arremangándose las mangas de la chaqueta, Issei lanzó varios puñetazos al aire…

-Aunque no sé cómo voy a poder traspasar ese muro de músculos…-

ZUMMMMMMMMM

Alzando una ceja, ladeando la cabeza… Un objeto había aparecido justo frente a él.

¿Qué hacía eso… ahí?

-DxD-

Derrotada, hundida, agotada, adolorida. La sacerdotisa escupió la sangre acumulada. Maldiciendo al oni, negándose a mostrarle una sola lagrima, debilidad. Alzada en el suelo, sostenida por la enorme mano del demonio. Apretando los dientes al ver como el monstruo la levantaba, abriendo su asquerosa boca. ¿Iba a morir? ¿Iba a morir allí? ¿De esa manera?... Sola…

¿La iba a dejar?

-Yo… Lamento haberos… Haberos decepcionado…- alzando la mirada.

Aceptando su destino… Deseando haberlo visto libre, sin ataduras… Una última vez. Haber podido realizar… su sueño.

-No se… Me pregunto… ¿Te vas a rendir así? ¿Tan rápido?-

-¡!-

Mirando a un lado, vio de nuevo al niño.

Esos ojos rojos que tanto… amaba. Su estúpida sonrisa… Y una katana en mano. Envainada. De funda negra. Un arma demasiado grande para él.

El oni gruñó furioso.

-No me lo tengáis en cuenta… Tengo el don de la inoportunidad. Allá donde voy, molesto…-

ZAS

-¡ARGHHHHHHHH!-

Temblorosa la chica se vió aterrizando en el suelo. Soltándose con dificultad de la mano cercenada. Llena de dolor bajó la mirada, el niño se había colocado entre él y la sacerdotisa.

Suzaku vio la enorme mano deshacerse en energía oscura, polvo al viento.

¿Cómo había cortado algo tan grueso con tanta facilidad?

-Muévete medio milímetro y te reviento- advirtió el Hyodo acariciando el mango de la espada envainada. Sintiendo su tacto con sus dedos.

El monstruo, irracional rugió con fuerza, blandiendo su porra.

-¿Puedes moverte?- preguntó el ojirrojo mirando hacia atrás.

-N-no… Lo siento-

Issei asintió, separando un poco los pies.

-Muy bien… Preciosa… Estamos tú y yo. Solitos para darle de ostias a este irrespetuoso sinvergüenza… ¿Bailamos un poco?- siseó el niño retrocediendo una pierna, ladeando el cuerpo, tomando la espada desde atrás, horizontal, paralela a su hombro.

¿Hablaba con la espada?

Mirándose a los ojos, el oni perdió la batalla de la paciencia, avanzando furioso con su porra en alto. El chico no tenía mucho margen de maniobra, no con la chica detrás. Entregándole su poder a la espada, Issei empezó a correr lanzando varias estocadas a las piernas antes de saltar, dando dos cortes más… Antes de que la porra tocase el suelo. Asestando cuatro golpes antes que el oni, detuvo por completo su avance, quedando en el aire… Lanzó otro corte, alcanzando de lleno el rostro del demonio. Aullando, lo golpeó con su brazo. Frunciendo el cejo colocó la espada en una pose defensiva.

FLASH

-¡!-

Parpadeando sorprendido, el niño se vió desplazado, sustituido en el aire por un shikigami, recibiendo este el ataque, Issei no perdió el tiempo. Con tocar el suelo se movió veloz buscando los tobillos del oni.

Movilidad y cortes precisos.

La sacerdotisa, intentando recomponerse, vio como el niño bailaba con el oni. Moviéndose con rapidez usando su estatura y reducido peso, el oni era incapaz de golpearlo. La espada, desconocida para ella, brillaba con las luces de las farolas, humedecida con la sangre del oni, el agua de la lluvia… cortaba la carne de la criatura como un bisturí cortaría una hoja de papel.

Desconocía esa hoja. Esa hoja que parecía una espada sobrenatural, cercenando la gruesa y maldita carne con la menor de las dificultades. Pero las capacidades sobrenaturales regenerativas superaban las capacidades ofensivas del niño. En la batalla de desgaste, el niño tenía las de perder.

Lanzando varios golpes, el niño empezó a retroceder, dejando que el oni destrozase el pavimento. El demonio era tan lento que no podría alcanzarlo. El niño no se podía permitir ser el único que se cansase…

Tragando saliva se distanció, dándole algo de descanso al demonio, que lo miró con fiereza.

Concentrándose, el niño envainó la katana. Gesticulando con la mano… La sacerdotisa abrió los ojos incrédula. Un círculo mágico se había formado a sus pies, el emblema carmesí de los Gremory.

Asustado, el oni avanzó lentamente, arrastrando su pesado cuerpo, ganando velocidad con rapidez.

Si la espada no funcionaba… Habría que utilizar trucos nuevos. ¿Y qué mejor momento que uno peligroso para experimentar algo nuevo?

Imaginándolo, calculándolo, entregándole poder a esa idea. Issei extendió su mano libre.

-Arte Gremory… Gravedad!- susurró Issei lanzando el ataque.

Una pequeña esfera surgió del dedo índice, moviéndose con velocidad hacia el oni. Aparentemente inofensiva, la esfera se expandió violentamente hasta expandirse varios metros de diámetro, empujando al oni sin piedad.

Suzaku observó atónita como el monstruo era desplazado sin dificultad.

Sin dejar respirar al oni, Issei tomó su espada, avanzando con rapidez, lanzando una estocada contra el cuello del derribado oni. Colocando la porra entre el niño y su rostro, Issei chasqueó la lengua al ver como su espada se hundía levemente en la madera. Gruñendo, el oni apartó el garrote, moviendo los apenas veinte kilos del niño sin dificultad.

Levantándose, Issei se relamió los labios.

Otro cara a cara… Envainó la katana. Concentrando los últimos vestigios de poder en el hechizo…

El oni empezó a correr de nuevo, preparando el garrote… Lo usó defensivamente cuando vió la esfera volar hacia él, ignorando la perversa sonrisa del Hyodo.

-Artes Gremory… Gravedad… Burbuja!-

Una onda expansiva sacudió el agua de la lluvia… antes de empezar a atraerlo hacia la esfera. Un agujero de atracción que empezó a engullir toda la materia a su alrededor. Sorprendido, el oni se vió de rodillas, intentando liberarse de la atracción de la esfera.

TAP

Deteniéndose en seco, el oni sintió un peso en su espalda. El niño estaba sobre él.

-Fuerte y resistente… ¿Entiendes cuál ha sido tu error?-

-Grrrrrrr-

-Si algún día regresas a este mundo… Recuerda a quien sirves, para que has venido… No para hacer daño… Sino para proteger… Y sobre todo… Nadie toca a mis mujeres- susurró Issei desenvainando la espada una última vez.

La cabeza del oni aterrizó con fuerza en el suelo. Su cuerpo empezó a desvanecerse después. El niño tocó el suelo al instante. Con curiosidad vio como la espada se desvaneció tal y como había llegado. Fuese quien fuese que la había enviado, ahora la reclamaba.

Curiosa, igualmente, su presencia. ¿Había respondido a ese poder o la habían enviado? Si la habían enviado… ¿Quién había sido? ¿Habían enviado el arma pero no refuerzos? Llevándose una mano a la frente, Issei gruñó con fuerza.

Los efectos de la Pieza le estaban empezando a hacer efecto.

-Los oni liberan toda su maldad cuando pierden su forma corpórea… Estar cerca de esa aura puede producir efectos nocivos como jaqueca…- dijo la exorcista avanzando hacia él.

El niño interrumpió su marcha alzando una mano, pidiéndole distancia, el cese de movimiento.

-Es mi estado no es conveniente que nadie se acerque…-

La exorcista la miró con curiosidad. ¿Por qué no acercarse? Con ese aura tan adictiva a su alrededor…

-¿Estas herido?-

-Te he dicho que te detengas!- exclamó el niño hincando una rodilla al suelo.

La exorcista tragó saliva, incapaz de mantener la distancia con el niño.

-Tu… Tu eres una exorcista… ¿Verdad?-

-S-sí, como pertenezco a la casa…-

-Eso me da igual… Tengo un problema y creo que puedes ayudarme…-

-¿Qué necesitas? Así te agradeceré… La ayuda…-

-Yo… Necesito un… Una especie de exorcismo-

-¿Cómo? ¿El poder del oni ha entrado en tu cuerpo?-

-No… Es… Es algo que tengo dentro… Usar mi poder tiene consecuencias… Ahora necesito purgar este residuo fuera de mi cuerpo antes de que…-

-L-lo estoy viendo… Sintiendo…-

¿Qué tenía de malo? Todo lo que sentía en él era increíblemente más exquisito de lo normal…

-¿Tenéis algo así?-

-Hay técnicas… Primero tendría que analizar ese poder del que hablas y…-

-Te he dicho que te no te acerques!- exclamó el niño incorporándose, apartándose rápidamente.

-¿Por qué?-

-Porque eres una mujer… Y sin ánimo de ser malsonante pero… Esto les afecta a ellas… Sobretodo. Y no sé si tus ropas te protegerán…-

-¿Y eso que tiene que…?-

-En este estado soy peligroso para cualquier mujer… Créeme…-

-Eres un… Como vas a ser…-

-¿Si no te acercas no puedes ayudarme?-

-Pues…- desviando la mirada –Estas de suerte…-

-¿Por qué?-

-¿Sabías que a esta montaña se la conoce como la montaña del dragón?-

El joven Hyodo la miró extrañado. Ciertamente… Shuri había mencionado algo al respecto…

-DxD-

Rascándose la nuca, el niño miró a la exorcista con incredulidad.

-¿Esto?-

-Estas termas son únicas. Se nutren del poder natural de la montaña…-

-Termas al aire libre… ¿Por qué Shuri no me habló de ellas?-

-Son sagradas… Purificarán tu poder-

-¿Qué?-

Eso no le hacía gracia. ¿Y si afectaba a la espada? O peor… A la pieza demoniaca en su interior… Si rompían el delicado equilibrio de su interior.

-Estas termas las usan las sacerdotisas antes de iniciar sus prácticas… y después-

-¿Por qué?-

-…-

-¿Por eso Shuri no dijo nada? ¿Qué pasa con ellas?-

-En el Shinto… Las sacerdotisas toman esa energía y aura en su cuerpo…-

-¿Qué?-

-Purifican sus cuerpos antes y después de absorber ese poder…-

-Ah… Entiendo… ¿Y cómo lo hacen?-

-Eso es un secreto… ¿Cómo tienes la poca vergüenza de preguntar eso?-

¿Había dicho algo raro?

La exorcista había reaccionado con agresividad… Algo extraño dada la aparente buena actitud hasta el momento…

-¿Y qué… Que tengo que hacer?-

-Bañarte, el agua hará lo que tenga que hacer-

-Con ropa o…-

-Estas son aguas sagradas! Bastante ofensa es que alguien como tú las toque! Si te bañas con ropa pongo a…-

-Vale, vale… Me ha quedado claro… Te aviso, soy un niño. Si te pilla la policía con un niño desnudo en un baño público te va a caer una buena…-

Ruborizada, la exorcista se dio la vuelta, sentándose en el suelo.

-¿Tu puedes verme desnuda y yo no?-

El chico sonrió divertido. Sentía la confusión y el deseo en ella.

-¿No te vas?-

-E-estas aguas son sagradas! No puedo… No puedo dejarlas a su suerte, a saber qué harás en ellas!-

El niño alzó las manos levemente.

-¿Qué quieres que haga en ellas?- rascándose la barbilla -¿Orinarme?-

-H-haz eso y te juro que te mato!-

-Bueno bueno… No te pongas así… Así que te van los jovencitos… Algo sospechaba-

-¿Qué has dicho?- exclamó la exorcista girándose… Quedándose sin palabras.

El niño, desnudo, se mostró ante ella con las manos en la cintura y una sonrisa triunfal.

-No es por parecer chulo ni vacilón. Pero te reto a que encuentres a un hombre adulto con esta anaconda! Es mi mayor orgulloooooooo- moviendo la cintura en círculos.

Tomando uno de los cubos de madera… La exorcista realizó un brillante ejercicio olímpico de arrojado de objeto rígido en cara de gilipollas.

-DxD-

Aclarándose el jabón de la cabeza, el niño revisó sus alrededores.

-Ya me he lavado… ¿Ya debería de estar no? Digo… Creo que es lo básico en cualquier baño japonés… ¿Hay que hacer algo más en una terma sagrada?- alzando la mirada, mirando a un costado… La sacerdotisa, de espaldas, no reaccionaba –Es lo que recuerdo de esa visita a las termas con los Shidou…-

Encogiéndose de hombros el niño entró en las termas, caminando lentamente hasta alcanzar el centro.

Curioso vió como el agua empezó a burbujear al tocar su piel, liberando vapores blancos.

-Curioso…- susurró el niño metiendo una mano en el agua, produciendo igual efecto.

Sentía como sus emociones se iban reduciendo, muy ligeramente, pero funcionaba.

-¿Cuánto tiempo debo estar? Me preocupa dejar seca la terma…-

-No nos ofendas. El poder del agua procede de la montaña, no se acabará porque te des un baño-

-Mmm… Bueno saberlo-

Estudiando el agua, a simple vista no veía que fuese un peligro inmediato. No sentía dolores ni aviso alguno en su cuerpo… Decidido se dejó caer, expectante. Si notaba algo raro con la espada o con la Pieza saldría corriendo de ahí…

Lejos de cualquier dolor, una deliciosa sensación recorrió su cuerpo. El agua caliente masajeaba sus cansados músculos…

-Que gustazo…- ronroneó Issei sonriente, apoyando su espalda en la piedra, mirando hacia un costado -¿No vienes?-

La exorcista abrió los ojos, mirando a un lado tímidamente.

-Por supuesto que no!-

-No tengo muy claro ese por supuesto… Estás herida, el agua caliente podría hacer maravillas con esos músculos adoloridos…-

-N-no pienso bañarme con un… un…-

-No seas tonta, te he dejado el cubo allí, lávate para poder entrar en tus benditas termas y ven-

-Yo no voy… yo no puedo…-

-Suzaku, ven- ordenó Issei agravando su tono.

Levantándose, la morena se desvistió, sentándose en un asiento de bambú, empezando a retirar el sudor y la tierra de su cuerpo. Para cuando acabó caminó hacia las termas, intentando cubrir sus partes íntimas, agradeció que el demonio estaba de espaldas, respetando su intimidad.

Aunque tampoco hubiese dicho nada si miraba.

Entrando lentamente en la terma, la morena liberó un suspiro de satisfacción.

-Esta deliciosa…- susurró Suzaku pasando la mano por la superficie del agua.

-¿Verdad que si?- dijo Issei mirándola de frente, directamente.

Con media cintura cubierta, Suzaku tuvo el pensamiento de cubrirse los pechos… Ni lo intentó.

-Nunca había visto una espada así... ¿Quién te la ha dado?-

-No me la han dado. Es una especie de préstamo. Una reliquia familiar-

-¿Tu herencia quizás?-

-Es muy pronto para decirlo, yo no soy el primogénito...-

-¿Ah, no?-

-¿Me vas a contar porque estamos aquí?-

Issei cerró los ojos, relajándose en la terma.

-En mi interior hay dos fuentes de poder... Una de ellas no puedo usarla cuando quiero, para lo que quiero, en cambio sí me sirve como fuente de alimentación para la otra...-

-¿El poder demoniaco? No percibo nada de eso en ti, hace un rato lo rebosabas...-

Issei se golpeó el pecho.

-En mi interior hay una pieza demoniaca un tanto especial... ¿Sabes lo que son las Piezas Demoniacas?-

-Si-

-Bien. Hay una especial que me permite convertir ese poder en demoniaco. Pero el proceso deja una especie de poso en mi cuerpo que es lo que he venido a purgar...-

-Entonces... ¿No eres un demonio puro?-

El niño abrió los ojos, mojándose la cara con agua termal.

-Soy un humano, un humano que ni siquiera ha sido convertido... Hace unos años alguien impuso esta pieza en mí, y es algo que tampoco puedo controlar. Cierto angelito dejó una espada sagrada en mi interior...-

-!-

-¿Decepcionada?-

-No... No...-

-El primer poder... Hay esencia de dragón en mí-

-¿Esencia de dragón? Eso es mucho más extraño... ¿Alguna herencia o atavismo?-

Issei se encogió de hombros.

-Entonces no eres un príncipe demoniaco...-

-Soy un huérfano adoptado por los Gremory, preciosa. Ni príncipe ni nada... Solo un niño con mucho que agradecer...-

-... No lo sabía...-

-Te he contado de mí... Quiero saber de ti-

-¿De mí?-

-Nos hemos encontrado unas cuantas veces, siempre conversaciones cordiales. Fruto de la necesidad o la conveniencia. No quiero eso. Puede que suene extraño pero... Me gustaría saber más de ti. No de tu familia, de ti-

-...-

Dejando que la joven se lo pensase, el niño se volvió a relajar en el agua.

-Lo que has dicho antes... ¿El oni me buscaba a mí, por ti?-

-Eso creo, si-

-Así que eres un humano convertido... ¿Te sientes identificado con Akeno-chan?-

-No, no...- negando con la cabeza -Lo mío con Akeno es diferente... Y complicado de explicar. O de hacer que me entiendan...-

-Puedes intentarlo- susurró la joven dejando de mirar el agua para mirar al niño.

Issei miró fijamente a Suzaku. Rojo con rojo.

-Supongo que la explicación más sencilla seria decir... Que hay sentimientos que tengo por Akeno que no recuerdo haber desarrollado. Que tenía dentro sin conocerla. Y es más... Que creo que he heredado-

-¿Atavismo de nuevo?-

-¿Demasiado conveniente?-

-Demasiado- rio la joven volviendo a jugar con el agua. Sin llegar a sentarse, ocultar su cuerpo en el agua.

-Podría... Pero hay ciertos hechos que respaldan mi teoría...-

-¿Me lo explicas, por favor?-

-Vale...- dijo Issei mirando a la joven con seriedad -Podría ser que esos sentimientos fuesen algo... Ilusorio. Un... Una especie de... Como llamarlo... deseo infantil? Nadie me tomaría en serio. Se diría que soy un niño, que mi personalidad no está formada, que mi cerebro aún se está desarrollando, bla bla bla...-

-¿Y no es cierto?-

-Vale. Te lo compro. Admito que eso, biológicamente hablando tiene toooooodo el sentido del mundo- levantándose, caminando hacia la morena hasta quedar apenas un metro de ella -¿Pero cómo explicas nuestro vinculo?-

-Un extraño don-

-Yo lo tengo muy claro. Este don, este vínculo, me han sido dados, así como mis sentimientos. Y la mayor prueba que tengo es que ambos están relacionados-

-Como vinculas nuestro vínculo con lo que dices sentir por Akeno...- murmuró la joven desviando la mirada.

Triste, abatida.

-No, no. Esa es una conclusión tuya. Yo no he dicho eso. He dicho que los sentimientos heredados se demuestran con el vínculo-

-¿Tienes un vínculo así con Akeno-chan?- preguntó Suzaku.

-Así es. Menos intenso que contigo, pero sí. Así como también he recibido los mismos sentimientos por ti-

La morena lo miró fijamente, sorprendida.

-¿Q-que dices?-

-¿M-me vas a hacer decirlo?- preguntó Issei tímidamente, jugando con el agua, bajando la mirada sonrojado.

Suzaku sonrió divertida ante la actuación del demonio.

-No sé porque, ni como... Pero te amo, tanto como a Akeno... y es más, os considero de alguna manera, la misma persona. Llevo meditando bastante sobre esto y siento que aún me falta mucho más trabajo...- volviendo a su posición en las termas.

Ignorando completamente a la morena. Sin percatarse de su colosal sonrojo.

-Me gustaría tratar más el tema con Akeno, pero parece que el vínculo esta poco desarrollado. Creo que es por una cuestión de edad al ver que tú lo tienes más desarrollado...- colocándose una toalla mojada en la cabeza -Espero, que si mantenemos un poco más de contacto, podamos estudiar más detenidamente que puñetas pasa aquí... ¿No te parece raro?-

La chica no respondió.

Issei ladeó la cabeza, una oleada de pensamientos confusos llegaron a su mente. La chica era un caos de pensamientos...

Apartando la toalla de su rostro, la miró con un ojo. Apartando la toalla por completo.

Suzaku estaba sumergida, hasta la nariz, mirándolo fijamente, llorosa.

-¿Qué pasa?-

GLUGLUGLU

-Basta de tanta cháchara... ¿Cómo estás?-

Issei extendió su mano hacia ella. La chica la tomó al instante, acercándose a él.

-Ese animal te ha dado bien... Estas herida… Mira que moratones… Tendrías que haberme dejado ayudarte desde el principio…- susurró Issei inspeccionando el cuerpo de la joven con detenimiento, recorriendo su piel con sus dedos, evitando tocar directamente las zonas coloradas.

Mareada, excitada, la morena se dejó hacer, demasiado apegada a la sensación de sus manos recorrer su cuerpo como para prestar atención a sus palabras.

-Bastante que has recibido tú...-

-Yo soy un demonio-dragón lo que sea... Soy resistente, guapo, inteligente...-

-Lo capto, todo menos modesto-

-Siéntate…-

Girándose, la Himejima le dio la espalda antes de sentarse en las termas, sintiendo su pecho calentarse por el agua. Como su dolor se desvanecía.

-De ahora en adelante estaremos en contacto directo… Cada vez que ocurra algo así, vendré a ayudarte-

-¡!-

-Akeno es una preocupación común. Así que encuentro normal que hagamos frente a esta circunstancia juntos…- incorporándose, colocando las manos en sus hombros, empezando a masajear -Y tener a príncipe demonio de tu parte puede facilitarte las cosas…-

Suzaku gimió con fuerza.

-A mi hermana le encantan las termas… Cuando nos bañamos le suelo dar masajes, se lo que me hago…-

-¿T-tienes una hermana?-

-Mayor… Y un hermano- presionando los músculos de los hombros, pasando a los brazos, volviendo a su espalda.

-Mmm…-

-¿Te gusta?-

-Muchísimo… ¿Siempre le das este masaje a tu hermana?-

-Estudia mucho, se esfuerza demasiado… Acumula mucha tensión…- bajando a sus muslos –Así que suelo darle masajes, si-

Akeno ronroneó contenta.

-Y ella…-

-¿Mmm?-

-¿Es mejor darme masajes a mi o a ella?- susurró la morena ladeando su rostro, tomando sus manos, abrazando su cintura con ellos, pegándolo a su espalda.

-Ella es mi hermana, no hay porque estar celosa…-

-Yo no estoy celosa…-

-Susu…- apoyando su mentón en el hombro de la joven -¿No te parece extraño?-

-¿El qué?-

-Nuestra… situación-

-No, no quiero hablar…-

-Quería abordar el asunto de…-

-¿Por qué hablar cuando puedes sentir?- preguntó Suzaku girándose, empujando al niño contra la pared, acurrucándose contra su pecho.

Issei la abrazó por la espalda, mirando el manto de cabello negro que flotaba en el agua.

-¿Cuántas has tenido que pelear sola?-

-…-

-Nunca más… Nunca más- murmuró Issei besando su cabeza.

La morena se acomodó contra su cuerpo, colocando el oído en su pecho.

-Issei…-

-Mmm-

-Noto algo contra mí…-

-Y luego me llaman niño… Ignóralo, por favor- acariciando su cabello -Si este sitio es peligroso para Shuri y Akeno... ¿Porque no se marchan todos a Grigory? ¿Los familiares de los miembros de alto rango no tienen permitida la residencia?-

Suzaku se separó lo justo como para poder mirarlo a la cara.

-Quizás no quieran dejar su hogar...-

-Mmm... Yo no lo acabo de ver, pero quizás para ellos tenga sentido...-

-¿Tu dejarías tu casa por seguridad?-

-Si en casa tú y Akeno estuvieseis en peligro me iría cagando ostias-

-¿Yo también? Yo no me iré a vivir al Inframundo. Soy una Himejima, viviré en el recinto ancestral de mi familia-

-¿No te lo he dicho? Pienso llevarte conmigo al Inframundo…- alzando sus manos, acariciando su rostro.

-Soy una Himejima… Tu un demonio… Nosotros no podemos…-

-Ahora mismo aquí no hay una exorcista o un demonio…- acariciando sus labios con el pulgar. El niño se incorporó, tomando los labios de la morena.

Ronroneando con fuerza, se dejó caer sobre él. Gimiendo en su boca cuando el castaño tomó uno de sus pechos.

Cansada de sentirlo sin tocarlo, metió sus manos en el agua, tomando el miembro entre sus manos.

-Mmm… Tienes razón… Quizás no seas un niño- susurró la morena mirando su pecho.

Issei jugaba con sus pechos con suavidad, pasando los pulgares por sus pezones.

Cerrando los ojos, se abrió a las sensaciones que el demonio le proporcionaba. No había sentido nada tan intenso en su vida. Quería más… Más…

-¿Es como soñabas?-

-¡!-

-En tu sueño… En el templo-

-¡¿Lo viste?!-

-Por supuesto…-

Boquiabierta, sonrojada, Suzaku mantuvo su mirada fija en sus ojos.

-Por eso mismo, querida. Te decía de hablar… ¿No te parece extraño este vínculo que tenemos?-

-…-

-Que sepa donde estas, que sientes… Es como con Akeno, aquí presente…-

-¡!-

Alarmados, la pareja se giró de repente.

Perplejos, los dos combatientes vieron como una figura se acercó a ellos entre las sombras de la noche, deteniéndose al alcanzar las piedras que formaban los límites de las termas.

A Issei se le cayeron los huevos al suelo. Frente a él estaba la hija de Shuri, completamente mojada, con los ojos vacíos, carentes de toda voluntad pero extrañamente fijos en él. Llevándose las manos a la cabeza, Issei lloró internamente.

Se había olvidado completamente de la niña! ¿Cómo había podido pasar eso? Por algún motivo se había centrado en la exorcista desconocida, centrándose en el oni olvidando que la niña era a quien buscaba!

-Tenshi! ¿Estás bien?- exclamó Issei caminando hacia la niña.

Ladeando la cabeza, Akeno empezó a desvestirse.

-Esto… Akeno?-

Completamente desnuda, la morena alzó sus brazos, el niño entendió que quería un abrazo. Acercándose con lentitud… La Himejima se lanzó a sus brazos, derribándolo por sorpresa. Cayendo dentro del agua, el niño intentó incorporarse con dificultad, retrocediendo hasta alcanzar la piedra central, jadeando pesadamente, tomando aire, mirando a la aprendiz de miko sorprendido.

En una especie de trance, Akeno lo tomó del rostro antes de besarlo con fuerza, posesivamente. El Hyodo abrió los ojos, la niña le estaba metiendo la lengua hasta la garganta!

-MmmMmmMMMM!-

Subiéndose sobre su cuerpo, Akeno mantenía su ataque posesivo sobre el niño.

-Akeno-chan!- exclamó una tercera voz.

Separándose levemente del niño, la morena giró la cabeza, mirando sin reaccionar a su prima. Ignorándola se abrazó al niño, suspirando fuertemente.

A los pocos segundos su respiración se relajó.

-¿Tenshi? ¡Tenshi!- dijo Issei acariciando el rostro de la niña -¿Dónde estabas?-

La morena parpadeó repetidamente. Confundida.

-Yo estaba…- mirando a su alrededor -¿Por qué estamos en… Suzaku-onee-sama?-

La mayor de las Himejima sonrió cálidamente, extendiendo sus brazos, arropando a la niña contra su pecho.

-Akeno-chan… Cuanto me alegro de verte…-

-¿Qué haces aquí, Suzaku-onee-sama?-

-Parece que no soy el único que quiere un baño nocturno…- dijo Issei colocándose contra la pared –Estaba en casa… He escuchado que dejaba de llover y me ha entrado un capricho… La colega ya estaba aquí…-

-¿Colega? ¿Qué son esas confianzas?- pregunto Suzaku sin dejar de acariciar el cabello de Akeno.

-Te he visto las gemelas, hay confianza-

-¡No digas cosas así delante de Akeno-chan!- exclamó Suzaku tapando los oídos de la niña.

-Aunque le tapes los oídos… Ella ve aquí- señalándose la sien.

-Pensaba estarme callada pero… ¡Quiero que dejes de ver a mi prima!-

-¿Qué? ¿Por qué?-

-¿Qué porque? ¿Por qué eres una pésima influencia?-

-Yo no soy eso… Me tengo por una persona ejemplar… Más o menos-

-Issei-kun es una buena persona!- exclamó Akeno separándose de Suzaku -¿Por qué dices esas cosas de él?-

-Bueno bueno… Quizás si tenga una razón o dos para decir eso… Hemos tenido… Nuestras diferencias- intervino Issei buscando tranquilizar a la menor de las Himejima. No quería un enfrentamiento entre primas –Aunque me interesa más… ¿Qué haces tú aquí, jovencita?-

Akeno se echó para atrás, sorprendida, cohibida ante la mirada del Hyodo y su prima.

-Yo, yo no…-

-Si tu madre se levanta y no te ve en tu cama…-

-¡No se dará cuenta! Y tú no le dirás nada, verdad, Suzaku-onee-sama?-

Suzaku se cruzó de brazos, pensativa.

-Dependiendo de si eres una buena chica de ahora en adelante…-

-¡Soy una buena chica!- exclamó la niña pegándose al castaño, abrazándolo del brazo.

-Eres un angelito…- susurró Issei acariciando su rostro -¿Estas bien?-

Akeno la miró confundida.

-Si… ¿Por qué?-

-Mmm… Cosas mías…- relajándose en las termas. Alzando la mirada. La tormenta había cesado en algún momento. No se había dado cuenta de cuando…

Akeno a su lado, Suzaku a unos pocos metros, envolviendo su cabeza con una pequeña toalla. Ambas desnudas. En buen ambiente. Disfrutando de un baño caliente en medio de las montañas bajo la luz de las estrellas… y algunas luces de jardín.

-Y exactamente… ¿De qué os conocéis?- preguntó Akeno con timidez.

Issei sonrió perversamente mirando a Suzaku.

-Vamos, responde, preciosa-

-Por favor. Te ruego que no me llames así- respondió la belleza siguiendo a lo suyo, con los ojos cerrados.

Obviamente sonrojada, halagada por sus palabras.

-Somos conocidos que se preocupan por ti, cariño- dijo la morena relajándose en el agua, mirando a su prima pequeña con una dulce sonrisa.

-Somos novios- dijo Issei, con toda la seriedad disponible.

PLAF

La toalla de la morena acabó en la cara del castaño.

-Apenas somos unos conocidos que han coincidido algunas veces y hemos hablado de ti, Akeno-chan-

-¿De mí? ¿Por qué?-

-Nos preocupa que pueda hacer mi familia…- susurró la mayor acercándose a ella. Acercándose al castaño.

-Le preocupa a ella, a mí me preocupa que cada día seas más guapa, que cada vez venga más gente al templo y que llegue un día y haya un…-

-Por favor…- protestó Suzaku volviendo a recogerse el cabello, sentándose junto al dragón.

Un acto que se le antojaba de lo más natural… Y se percató. Akeno a un lado, Suzaku al otro.

Unas lágrimas recorrieron sus mejillas.

-¡Issei-kun! ¿Te duele algo?- preguntó Akeno alarmada.

Suzaku se giró al instante, acariciando su rostro.

-Estoy bien, estoy bien… No sé qué me ha dado…- observando a las chicas sonriente, tomando una de sus manos, besando sus dedos –Solo que… Me he sentido…-

-Feliz- respondió Suzaku acomodándose en su pecho.

-Lo siento… Lo siento claramente…- susurró Akeno imitando a su prima.

Akeno y Suzaku se miraron fijamente, en silencio.

-Es como…- empezó Akeno.

-…Estar en casa- finalizó Suzaku.

Las emociones rebosaban, amenazaban con desbordarlo. Sentía como todo su cuerpo estaba cargado de energía, de alegría. Necesitaba chillar, moverse, hacer algo!-

Las chicas lo miraron con dulzura, recibiendo de primera mano todo lo que no podía expresar con palabras.

-P-por primera vez en mi vida… Me siento…-

-Completo- susurró Suzaku.

-Exacto…-

Las chicas se acercaron aún más a él, pegando sus mejillas a la suya. Issei enredó sus dedos en sus cabellos.

-Erais vosotras lo que estaba buscando…-

-Ya te hemos encontrado…-

-Y no os dejaré ir… Voy a ser una constante en vuestras vidas, lo prometo…-

-Te tomamos la palabra…-

-DxD-

Bajando por el sendero de piedras que daba al templo, Suzaku caminaba por delante de Issei, que cargaba con Akeno, agotada.

-No te mortifiques…- empezó Issei –Soy tan culpable como tú-

La morena no respondido.

-Se me pasó por completo que Akeno no estaba… Entre el oni y…-

Suzaku se detuvo, apretando los puños.

-Pero eso es algo que no volverá a pasar- dijo el castaño sin detenerse.

-¿Estarás aquí más, por ella?-

-Por vosotras- respondió el castaño, deteniéndose, girándose –Hasta que nos vayamos todos a casa…-

Suzaku sonrió levemente.

-De nuevo con eso…-

-Shuri-san debería de estar durmiendo… Abre la puerta, la dejaremos en su dormitorio-

-Guarda silencio…- ordenó Suzaku acercándose al edificio anexo al templo. Abriendo las puertas correderas de madera y papel con cuidado.

Recorriendo los pasillos con el suelo de madera, subiendo por las escaleras, Issei dejó a la niña en su cama, cubriéndola con sus sabanas.

Cerrando al salir, Suzaku se acercó al castaño susurrándole su despedida al oído.

El dragón lejos de dejarle irse, la tomó del brazo, obligándola a entrar en su dormitorio.

Akeno no tardaría en salir de su habitación cargando con su almohada para entrar en la del invitado.


-Soy muy consciente de que crees que tus acciones son erróneas- empezó Ddraig mirando al niño, de pie mirando a la nada, dándole la espalda.

Hacia un buen rato que había llegado, que su cuerpo descansaba, pero no le había dirigido la palabra.

-No tienes por qué temer esos pensamientos. Son remordimientos, conflictos internos que muestran que hay personas que te importan, cosas que te importan. Y a pesar de que pienses que ser un demonio significa hacer lo que crees que es el mal, abandonar toda emoción y dedicarte a hacer el cabron, estas muy equivocado. Los Gremory deberían de haberte enseñado lo contrario… Pero no es eso lo que más te incomoda. Dime, eres consciente de que Gabriel sabe mucho más de lo que dice?-

Issei ladeó su cuerpo, mirándole por encima del hombro. El dragón tenía toda su atención.

-Desde que puedo acceder a tus pensamientos me ha sorprendido que pienses que Gabriel sigue fielmente todos tus designios, que no te desobedece y que ello, sumado a tus pensamientos lascivos, ha derivado en la depravación de la hermosa arcángel-

-Niégame lo contrario-

-Y nada de lo que ella pueda decirte te hace cambiar de opinión…-

-Porque no hay argumento que valga…-

-Si tú lo dices… ¿Sabes que creo?-

-Sorpréndeme-

-Que por mucho que desees no tienes el control de tu propia vida-

Issei se giró por completo, mirándolo enfadado, confundido.

-Desde el mismo instante en el que despertaste… Me atrevería incluso a decir que mi presencia aquí no es casual-

-¿Cómo dices?-

-Y siguiendo mi teoría, creo firmemente que Gabriel está aquí para guiarte, y que eres lo que está preparado que seas. Gabriel no es más que una guía, una instructora de la vida, de tu vida. Todos tus miedos y preocupaciones son infundados. Llegará el día en que recordemos esto y nos riamos-

-No puedes estar hablando en serio-

-Por supuesto que lo hago-

Issei se quedó mirando al dragón, pensativo.

-Tenemos dos opciones, basándonos en la certeza de que no recuerdas quien eres pero que eres alguien… No vamos a volver a hablar de ello…-

-¿Qué opciones?-

-Primera… Tú has preparado esto-

-¿Yo?-

-Sí, tu. Lo hiciste y bien a propósito o por algún error no lo recuerdas. Puede que deseases olvidar, puede que sucediese algún imprevisto… Quizás no lo sepamos nunca, quizás no lo sepa nadie-

-Nah… ¿La segunda?-

-La segunda es que alguien ha preparado esto. Alguien que te conocía y entiendo, que te amaba-

-¿Por qué dices eso?-

-Por los preparativos, no solo Gabriel. Hablo también de tu hermana o esas sacerdotisas-

-… Eso… Eso podría tener sentido. ¿Es todo lo que tienes?-

-No- alzándose lentamente hasta quedar erguido –Aunque intuyo que no hay maldad en sus acciones, que hay amor, respeto y buenas intenciones en toda esta farsa no hay que olvidar algo-

-¿El qué?-

-Que estás viviendo una vida que no es tuya. Que estás viviendo una farsa. Que estas caminando un sendero preparado. Que eres un esclavo-

Issei miró fijamente al dragón. Este no mentía. Estaba francamente preocupado por él.

-E intuyes quien es el responsable. ¿Gabriel?-

-No solo ella, todas-

-¿Quiénes son todas?-

-Las sacerdotisas, Gabriel, tu hermana, tu amiga de la infancia, cualquiera que despierte un sentimiento especial en ti que por defecto, te conoce del pasado-

El niño tragó saliva.

-Aunque toda esta cábala es viable solo si es la segunda opción- volviendo a recostarse –Si la opción es la primera diviértete, todo esto es un circo montado por ti mismo. Si es la segunda y te dejan hacer lo que tanto te preocupa ese es el menor de tus problemas, niño-

-…-

-Cualquiera que sea la opción quítate esas tonterías del pensamiento. Vive, niño, vive. Solo quienes manejan los hilos de tu vida sabe cuándo puede acabar, quizás acabes lamentando no haberte aprovechado-

Issei no dijo nada, solo se volvió, meditando las palabras del sabio dragón.


-Continuará en el próximo capítulo-

- Estudiante de Intercambio -