Antes de empezar a leer, tengan en cuenta que aquí el pueblo libre sería como los nativos americanos y su situación es básicamente la misma. Con la clara diferencia de que aquí no han habido guerras de territorio.

Éste capi es el ultimo antes del encuentro entre Arya y Jon.

DISCLAIMER: ASOIAF pertenece a George R. R. Martin, sólo la historia es mía (en su mayoría).


"Faded."

VAL

Castle Black era la fortaleza de los señores del Norte, una especie de "segundo castillo" del rey que gobernaba desde Winterfell. Pero Val sabía que representaba mucho más que eso. Eras atrás e incluso todavía ahora, aquél castillo funcionaba como la línea que delimitaba el Reino del Norte con las regiones frías del pueblo libre. Se decía que todos eran hermanos, descendientes de la misma familia que había llegado desde Essos. Pero que tras la conquista Targaryen se había creado una división entre los salvajes.

Los señores de Winterfell como les llamaba su gente -pues nunca reconocerían a un rey entre ellos- se habían inclinado más hacia una era de "evolución" le llamaban; conscientes de que no podrían quedarse a la raya del avance del mundo por siempre. El pueblo libre por su parte, no abandonaría sus viejas costumbres, su folcklore. Val sabía que aquello era una necesidad: preservar y avanzar. Y que al no saber cómo ajustar el cambio, la nación que antes había sido una, se quebró en dos bandos. Y sin embargo, seguían tartándose como hermanos.

Bueno, casi.

-Quita esa cara, a los lores no les gustan esas expresiones en el rostro de sus damas.

Val gruñó, haciendo aún más evidente su descontento. Aquella mañana Mance le había dicho a ella que a partir de ese día residiría en Castle Black hasta previo aviso, y la había dejado a cargo de Jarl para que la escoltara hasta su destino; junto con otro grupo de refugiados, entre ellos antiguos guerreros. Se había quejado al instante mismo en que el hombre había terminado de hablar, pero de nada le había servido. Ahora estaba ya dentro del castillo.

-Hablas como si me importara. Y sabes bien que no deseo estar aquí. -Le dijo, cruzándose de brazos, mientras avanzaban por los pasillos de una de las torres.

Jarl sacudió la cabeza, riendo en una mezcla de irritación y burla.

-Te comportas como una boba del sur.

Val le habría golpeado en ese momento, si no fuera porque sus actuales circunstancias la privaran de plantearse, desde un inicio, como un problema en aquél castillo. Así que se quedó callada el resto del trayecto. No quería darle a Jarl la satisfacción de que su comentario le había calado. Incluso ella, sabía reconocer cuando actuaba como una chiquilla mimada.

...

Dos semanas transcurrieron sin nada que fuese ordinario. Las actividades en el castillo eran rutinarias y puntuales. Val estaba segura de que el resto de los castillos a lo largo del muro eran en realidad las instalaciones del ejército del rey del Norte; y la verdad era que no estaba tan equivocada.

Noticias llegaron del sur ése día por la tarde, Jarl llegó también. Aparentemente aquél mensaje era de suma importancia, pues el consejo se reunió en el gran salón. Desde luego que Val no estuvo invitada y sin embargo, no fue difícil descubrir de qué iba tanto jaleo.

La torre del rey había estado desierta desde que Val tenía memoria, aunque siempre se mantenía limpia y lista, no había verdadero movimiento en ella. Hasta esa noche. Val vio ir y venir a una gran cantidad de servidumbre, cada uno cargado de distintos objetos e incluso víveres. Por la premura de aquello, la joven pudo darse cuenta de que efectivamente llegaría alguien -sino bien de la realeza- muy importante para ocupar aquella torre y exigir tanta perfección por parte de la servidumbre del castillo y los comandantes del mismo.

Sin embargo, el huésped tardó tres días más en arribar, debido a una tormenta en alta mar. Normalmente no le importaban esas cosas, pero no era tonta; de pronto sabía que Mance la había mandado allí por una razón. Debía estar atenta a las noticias del sur, a Winterfell, al movimiento en Castle Black. No era secreto que del otro lado del océano algunas naciones estaban en guerra, y dadas las alianzas de algunas casas era de esperarse que aquello escalara de magnitud.

Aquella madrugada, cuando se les pidió a todos salir a recibir al recién llegado, Val salió con ellos, Jarl a su lado. Por un momento pensó que quizá se tratase del mismo rey Brandon Stark; pero en cuando vio el estandarte del dragón de tres cabezas, la sangre le hirvió en las venas.

-¡Es un Targaryen?! -cuestionó mirando a Jarl, el enojo se notaba en sus facciones.

El muchacho se apresuró a callarla jalándola del brazo y, con una mirada represiva, la llevó a dentro del castillo.

-Quieres hacer el favor de comportarte? -exigió.

Val golpeó el suelo con los pies.

-¿Cómo puedes estar tranquilo? ¡¿Qué hace él aquí?!

Jarl suspiró. Conocía a Val desde que eran niños y sabía lo pasional e hiperactiva que ésta solía ser. Cómo, tendía a adjudicarse las antiguas batallas de su pueblo, con una ferocidad que no le correspondía. Y sabía que todo era culpa de Mance. El hombre era una fanático.

-Es un refugiado igual que el resto, un refugiado real.

-No seas cínico! -volvió a quejarse, golpeándole el pecho aunque no le hizo ni cosquillas. -Sé quién es y sé que sabes quién es.

Jarl se pasó una mano por el rostro y pensó muy bien lo que le diría.

-El problema de nuestra gente fue con sus antepasados, no con él. -Le dijo mirándola con fuerza a los ojos. -Es apenas un bebé.

-Que se crió en el mismo ambiente y heredó sus mismas costumbres. -Completó ella, todavía furiosa.

Jarl se mordió la lengua para evitar rodar los ojos y luego murmuró.

-Es también un Stark.

Val infló las fosas nasales, inspirando obviamente con molestia pero quedándose por un segundo sin palabras, hasta que vislumbró una respuesta.

-Uno que no había visto el norte hasta ahora.

Jarl no le dijo nada más, porque no tenía nada qué refutar contra eso. Pero deseó haber tenido algo qué decirle. Habían pasado sesenta años desde la Gran Guerra, pero todavía se contaban las historias de las batallas de invierno, en el pueblo libre. Un recordatorio de que no podían aceptar a los extranjeros, mucho menos confiar en ellos. Pero principalmente de que los salvajes -como les llamaban -eran los verdaderos protectores del reino Norteño.

Y Val era básicamente una princesa, criada bajo ese mismo ambiente que la obligaba a desconfiar de los extraños. Jarl llevaba más tiempo siendo un expedicionario, que le costaba trabajo a veces recordar, lo receloso que solía ser su pueblo.

Mirando al chico, todavía un crío con esa corona de rizos negros, quedaba claro que no tenían mucho que temer de éste. Era más Stark que Targaryen. Y si en algún momento debían temer de la nación de la que venía, siempre podían cambiar su condición de refugiado a prisionero.

Aunque sabía que Val preferiría matarlo primero.

...

No tardó mucho antes de que Val y el recién llegado -Jon Targaryen, según lo que escuchó- tuviesen que compartir techo, e incluso palabras. Val no desaprovechó la primera oportunidad que se le vino.

-No me agradas. -Le había soltado de golpe, en el comedor.

Se había sentado con él a la mesa tan sólo para dejarle eso claro. Pero lejos de obtener una reacción a aquella provocación, el muchacho se mantuvo con el semblante tranquilo, casi en blanco.

-Se nota. -Le dijo él. Y se dedicó a terminar su comida sin mediar palabra con ella otra vez.

Val lo odió aún más.

...

Y sin embargo, conforme los meses pasaron y el año entero transcurrió, Val no pudo evitar admitir que se había equivocado. Para su mala o buena suerte, el joven había resultado ser demasiado bueno en prácticamente casi todo. Era demasiado cortés y humilde. Sabía de artes marciales, sabía como usar un arco, una lanza, una espeda; demonios, incluso sabía usar las armas de calibre. Lo había visto entrenar sus tiros. Y sin embargo, nunca alardeaba de quién era y de los que podía hacer. Le gustaba ayudar a aquellos que le servían.

Y sin embargo, a pesar de estar rodeado de escoltas, casi siempre estaba solo.

Cuando noticias llegaron del sur, avisando de que Meereen estaba vendiendo esclavos y de la situación en Valyria, las cosas dieron un giro inesperado. De pronto ya no era Jon Targaryen, era Jon Snow; y todos en el castillo se obligaron a hablarle así. Eran cuestiones de seguridad, le había dicho Jarl. Había enemigos por todas partes, y aún más al confirmar la participación de naciones de Westeros en dichos tratos.

Val había creído que todo lo anterior en el muchacho había sido una fachada, y que ante tal destino se revelaría su verdadera personalidad; pero para su decepción no fue así. El joven heredero aceptó de buena gana el cambio. La princesa de los salvajes se dio cuenta, de que lo único que provocó aquello en el chico fue la intensa melancolía en su mirada.

Cuando Jarl hizo su visita de costumbre aquél día, Val le soltó de pronto:

-No resultó ser tan malo.

El joven rió por lo bajo, a sabiendas de a quién se refería ella.

-Te dije que exagerabas.

Val hizo un puchero.

-Aún así, parece un hermitaño.

-Lo habrá heredado de su padre.

Ella lo pensó un instante, haciendo memoria de lo que se decía de dicho príncipe. La melancolía de Rhaegar, si bien recordaba. Y se preguntó si el padre del chico le habría heredado más características que no fuesen tan deprimentes.

-¿Cómo están las cosas en Valyria?

Jarl, arrugó el gesto.

-Según escuché Rhaegar a conseguido hacerse del trono de su padre. Pero el país está dividido en dos bandos. Lejos de terminarse la guerra civil, y el resto de las naciones enemigas están sacando ventajas.

-Imagino que las Islas de Hierro les están apoyando.

Jarl asintió, pero su semblante era igual de sombrío.

-Ahora que Asha está al mando sí, pero los hijos del hierro están en medio de su propia lucha, apenas y se sostienen.

-¿Hay alguien más en Westeros apoyando a Valyria?

-Lo hay.

-¿Quiénes?

Esta vez Jarlo sonrió de oreja a oreja.

-Nosotros.

Val abrió los ojos como platos.

-¡Estás de broma?!

-No bromearía con eso. -Le dijo bufando. -Sabes bien que los ándalos provenimos de ESSOS; y que los Targaryen están unidos a los Stark por sangre. -Le recordó. -Por ese mismo chiquillo que tanto detestas. Por eso está aquí.

De pronto Val sintió el enojo hervirle la sangre otra vez, su mente recordando las historias que había escuchado de sus mayores sobre la Gran Guerra. Jarl supo verlo al instante, corroborándolo en el gesto fruncido y las manos cerradas en puños de Val. La tomó de los hombros y la obligó a mirarlo a los ojos.

-Ni te molestes en quejarte. No entiendes la realidad del conflicto y lo mucho que nos afectaría si Yunkai quedase en control de los amos de Meereen. -Le recriminó con voz dura. Y ella no pudo decir nada. -En ese aspecto, eres apenas una chiquilla tonta que nada sabe de la guerra. -Val iba a refutar, pero él la detuvo imprimiendo más fuerza en el agarre en sus hombros. -¿Crees que estar en Castle Black es horrible? Por lo menos tu sigues en el Norte. Imagina lo que sería que estuvieses en Valyria y no fueses más que una paria.

Eso último le caló en el alma. Jamás se había sentido en la necesidad de ponerse en los zapatos del otro, y jamás se había sentido, por tanto, tan avergonzada. Era evidente que Jarl había tomado su ingenuidad como insulto, un berrinche de una niña pequeña y aquello la avergonzó aún más.

Durante el resto de la estadía de Jarl, el muchacho no volvió a dirigirle la palabra. Y Val se preguntó dónde recaía la lealtad del chico.

...

La siguiente semana, Val se dio cuenta de que el resto del castillo se había tomado en serio su papel de pasar de largo del príncipe Targaryen; pero también notó que aquello se debía en gran parte a que casi toda la sevidumbre había sido cambiada. Probablemente con el temor de que alguien no pudiese guardar el secreto, supuso.

Y cada vez más el chico se retraía en sí mismo. Su escolta también desapareció, aunque Val era consciente de que seguían dentro de los muros de Castle Black, pero en cubiertos, adoptando otros papeles que no eran los suyos. Otro detalle que resaltó, fue la gran cantidad de niños refugiados que comenzaron a llegar, tanto del pueblo libre como de las casas más importantes de Winterfell.

De pronto el castillo se sentía lleno de vida.

Val se dio cuenta de hasta qué grado, el príncipe Targaryen había sido minimizado. Cuando tras semanas de irse quedando sin compañía, finalmente se quedó solo. La joven no había notado la gravedad de aquello sino hasta ese momento en el comedor.

El ahora Jon Snow, cenaba solo a la mesa; y parecía haber un círculo pintado a su alrededor que impedía el que nadie se le acercara. Aunque en realidad, ninguno de aquellos ricachones parecían siquiera notar la presencia del moreno. Ni siquiera los pocos que habían llegado con ella y que sabían quién realmente era. No podía realmente culparlos, dada la situación reciente en Valyria: Viserys había traicionado a su hermano Rhaegar y éste había tenido que huir del palacio y volver a replegar sus fuerzas.

Val supuso que nadie querría tener nada que ver con el heredero de un presunto traidor, sin importar si aquello fuese cierto o no. Después de todo, la historia la escriben los vencedores, se recordó.

Ella pudo haberse sentado con él. Hasta cierto punto, llevaba queriendo hacerlo desde su discusión con Jarl. Pero el orgullo de princesa guerrara no se lo permitió y se obligó a alejarse de él.

...

Un par de meses más tarde se dio la noticia de la muerte del rey Brandon, y con ella las indicaciones para recibir a la familia real. Lord Eddard Stark ahora era el rey y sus hijos sus herederos al trono. Era oficial, la Segunda Gran Guerra había iniciado, el mundo se sumía en conflicto una vez más.

El mal trato hacia Jon, si bien no provenía de los miembros del Muro y su servidumbre, sí de los niños ricos de las casas de alta cuna de Winterfell, incluso de algunos del pueblo libre.

Val no sabía decir porqué aquello le molestaba. Su orgullo estaba cediendo y ése día, se dijo, planeaba sentarse con el príncipe bastardo como una señal de apoyo que transmitiría el mensaje de que todos los del norte debían estar juntos y que él hacía lealtad a su linaje Stark. Y sin embargo, sus piernas no se movían. No conseguía acercarse a él.

Los dioses, se dijo Val entonces, tenían su propio plan.

Habían salido a entrenar, la familia real había llegado anoche y Castle Black era un caos; así que los habían mandado afuera, hacia los campos de cosecha -un área bordeada, recientemente edificada para poder entretener a los niños refugiados-. Jon se había alejado hacia la zona boscosa y Val iba a ir tras él, pero entonces se escuchó el crujido de unas ramas y la voz de una niña gritar.

-¡Cuidado!

Val vio a Jon actuar por instinto, como si estuviese entrenado para ése tipo de sorpresas. Una serie de totems habían caído de entre las ramas de uno de los pinos, junto con el morral del que seguramente habían estado dentro. Mas que esquivarlos, Jon había sabido atraparlos todos y cada uno justo antes de que las figurillas de madera le golpearan la cabeza.

-¡AAh!

Pero el problema no había terminado ahí. Segundos después de aquello, una rama se rompió y la dueña de aquella voz chillona cayó con ésta. Jon apenas y tuvo tiempo de soltar la bolsa, patear la gruesa rama y atrapar a la pobre chiquilla, antes de caer de espaldas contra el suelo.

Val se quedó quieta ante el polvo blanco que dicha caída levanto, se fue acercando hasta quedar a un metro de distancia. Y entonces la vio.

Era una niña de no más de diez años, se dijo, con la piel trigueña y el cabello casi tan oscuro como el de Jon, pero tejido en trenzas. Sus ojos eran grises, o quizá azules, no sabía distinguirlos bien bajo aquella luz matutina y la postura de la niña que todavía estaba encima de Jon cuando habló.

-Wow... -suspiró por lo bajo y luego se puso de pie histérica -¡Eso fue fantástico! -gritó emocionada.

Jon se irguió como pudo, sacudiéndose el polvo y la nieve.

-No fue para tanto -contestó con voz hueca.

Pero ella ni siquiera se dio cuenta del gesto abúlico de su rostro. Por el contrario volvió sentarse en él para pegar su rostro al suyo.

-¿Bromeas? ¡Me salvaste la vida! -le dijo y le rodeó el cuello con ambos brazos, abrazándose a él.

Tanto Val como Jon parpadearon confusos al ver aquello. La niña sonreía y aquella dicha era contagiosa, notó Val al mirar cómo las comisuras de los labios de Jon luchaban contra el deseo de sonreír.

El muchacho había estado por devolver el abrazo cuando alguien más habló a espaldas suyas.

-¡Hermana!

Val clavó la mirada en el recién llegado, no hacía falta preguntar quién era, el símbolo bordado en su abrigo le revelaba al instante. Robb Stark sacudió la cabeza, con una sonrisa contrita en los labios.

-Haz vuelto a meterte en problemas -dijo levantando el morral olvidado.

La niña, que ahora Val sabía era también de la realeza, se irguió de prisa, y se lanzó a sus brazos.

-¡Robb! No estoy haciendo nada malo.

El muchacho enarcó las cejas, la niña hizo un puchero y luego él se dirigió a Val y a Jon.

-Lamento las molestias que mi hermana les haya podido causar.

Val iba decir algo, igual que estuvo apunto de hacerlo aquella niña, pero Robb se giró sin esperar respuesta, como todo un príncipe, y se llevó a su hermana hacia los interiores del castillo.

Jon se irguió detrás de ella y volvió a internarse en el bosque. Val le dedicó una mirada, antes de decidir volver al castillo también. Pensando que ya tendría otra oportunidad para hacer las paces.

...

Val había pensado que su oportunidad sería a la hora de la cena. Ahora tendría que caer de improviso, pues no había conseguido hablar con Jon el resto del día. Esperaba que no se lo fuese a tomar a mal dado su historial. Se dedicó a esperarlo, sentada todavía a la mesa de su gente.

Tras unos minutos más, lo vio entrar, tomar su charola y dirigirse a su lugar de siempre. Val tomó aliento, lista para sentarse.

-Hey!

Y otra vez aquella niña volvió a salir de la nada.

Arya, había aprendido, su nombre era Arya. Y era literalmente la de en medio de los Stark, con dos hermanos menores y dos mayores que ella. Acababa de entrar al salón cuando lo vio y se lanzó directamente hacia éste, pero entonces -justo cuando estuvo por alcanzarlo- una chica más grande que ella, la jaló del brazo en otra dirección, obligándola a sentarse a la mesa contigua en la que estaba Val; junto al resto de los nobles menores.

-Camina, no te sientes con él -le habían dicho.

Y Val escuchó todos los rumores que hasta entonces se habían hecho de Jon, marcándolo como un repudiado, mientras veía al mismo sacudir la cabeza con una sonrisa amarga en los labios, antes de decidirse a seguir comiendo.

La rubia se mordió el labio inferior, si quería hacer las paces, ése era el momento. Se puso de pie y dio unos cuantos pasos antes de detenerse todavía insegura.

-¡Arya!

Pero una vez más, aquella niña le había ganado el paso. Echándose a correr de regreso a la mesa de Jon, sentándose justo frente a éste.

-Disculpa a la tonta de mi hermana, jamás ha aprendido a leer un libro más allá de su portada. -Se disculpó con una media sonrisa.

Jon le miró incrédulo.

-No deberías estar aquí. -Le dijo.

Arya miró alrededor suyo, como si buscara como algo físico la razón que él tenía para decirle aquello.

-No veo porqué, le pertenezco al castillo, puedo y debo estar en cualquier parte de él. -Declaró, llevándose una hogaza de pan a la boca.

Jon le miró confundido.

-Eso no tiene sentido.

Arya elevó los hombros en un gesto despreocupado.

-Mi padre dice que si tú no construiste algo con tus manos, por muy heredero que seas, no es tuyo. Por el contrario le perteneces a éste. -Explicó y siguió comiendo.

Jon le miró por unos instantes más. Y entonces ocurrió algo que nadie se esperaba. Ni siquiera Val.

El príncipe Targaryen se echó a reír con ganas. Y el sonido reverberó en el comedor. En algún punto Arya compartió aquella risa. Y Val pudo ver en los ojos de Jon un brillo que no había estado allí antes, uno que le iluminaba el rostro y desvanecía ese aire melancólico que desde siempre había sido su firma personal.

-Tienes una risa muy bonita. -Habló la niña, estirándole la mano por encima de la mesa. -Me llamo Arya.

Él ni siquiera se lo pensó, tomó su mano al instante.

-Jon -se presentó, todavía con la sonrisa iluminándole el rostro.

-Jon. -Repitió Arya, saboreando el timbre de aquél nombre y volvió a sonreír -Me agrada.

El aludido volvió a reír con ganas.

Y en ese momento, mientras los miraba conversar tan vivamente, Val se arrepintió de no haberse sentado con él meses atrás, cuando recién había visto el cambio.

Ella fue testigo del lazo que nació de aquellas sonrisas. A partir de ese momento, Arya y Jon se volvieron inseparables. Y allá a ese mundo que ambos crearon, no había lugar para terceros.


A/N: Si bien la época es la de la Segunda Guerra Mundial de nuestra historia, el mundo de este fin sigue siendo el de ASOIAF, así que habrá partes del folklore mágico del mismo, pero no mucho y casi todos como meras leyendas.