Tenía pensado mostrar la mayor parte de la historia de Jon y Arya a través de los ojos de los otros personajes, y también no repetir personajes; pero mucho me temo que será imposible. Igual veremos hasta dónde puedo seguir con éste plan.
DISCLAIMER: ASOIAF pertenece a George R. R. Martin, sólo la historia es mía (en su mayoría).
"Faded."
RICKON
Habían pasado tres meses cuando Rickon no pudo soportarlo más, y había llorado en la habitación que le habían dejado. Tenía la esperanza de dormir con Bran, pero la torre del rey tenía demasiadas habitaciones, así que cada quien tenía la suya propia. No ayudaba tampoco el que la suya fuese la más alejada, casi en el último nivel en donde Rob residía junto con Theon y 'Jon Snow'. Los tres herederos, se rumoraba.
Pero a él nada de estas cosas le importaban. Apenas tenía cuatro años y extrañaba desesperadamente a su madre. En un principio, el pequeño había creído que sería fácil el cambio; incluso si no había convivido lo suficiente con sus hermanos, estaba Arya. Ella siempre le hacía sentir seguro y le inspiraba algo parecido a la valentía. Era igual de salvaje que él mismo, además.
Por otra parte nunca había sido un niño miedoso. Y el aspecto antiguo del castillo de Winterfell -sobre todo con sus criptas-, lo habían hecho aún más inmune a asustarse fácilmente por sitios desconocidos y hasta cierto punto lúgubres como la torre en la que se encontraba. Pero el otoño estaba terminando y la época de tormentas de invierno se había desatado justo entonces. Si las mismas eran terribles en el castillo de Winterfell, ahí en el Muro eran horribles y despiadadas.
Y Rickon tan sólo tenía cuatro años. Y estaba asustado. Oculto bajo las cobijas, con los ojos apretados y las manos sobre los oídos. Deseando que Bran compartiera habitación con él, desando compartirla incluso con Sansa. Deseando que Arya tuviera el sueño ligero y se acercara hasta su recámara.
Entonces escuchó murmullos fuera de su habitación, justo al otro lado de la puerta. Alguien estaba forcejando con la cerradura, debería de haberse preocupado, pues ya era muy noche como para que hubiesen sirvientes todavía deambulando en los pasillos de las habitaciones reales; pero la tormenta afuera era tan escandalosa, que agradeció cualquier compañía por muy mala que resultase ser.
-Lo más probable es que ya esté dormido.
Rickón se sentó en la cama, apretando las cobijas. Aquella voz masculina no la conocía.
-Eso es imposible. A Rickon no le gustan las tormentas -contestó una voz femenina, y el pelirrojo la reconoció al instante -siempre dormía con mamá cuando había una.
Si no estuviese tan asustado, si no hiciese tanto frío, sino estuviese con el corazón pendiendo de un hilo, Rickon se habría bajado de la cama a abrir la puerta él mismo. Pero tan sólo tenía cuatro años, y a esa edad, cuando estás solo en un lugar desconocido, con el miedo invadiendo tu cuerpecito; te quedas a la espera, con el llanto atorado en el pecho.
-Deja que sea yo quien hable con él, no quiero que se asuste.
-De acuerdo.
La puerta se abrió entonces con un chillido. Había dos figuras de pie ahí, pero Rickon sólo pudo ver a una.
-¡Arya! -sollozó, con lagrimitas en los ojos.
-¡Rickon! -dijo ella, corriendo hacia la cama en cuanto su hermanito le había extendido los brazos desesperado; deseoso de que le abrazara.
Por detrás de ella Jon entró y cerró la puerta, no sin antes corroborar que no hubiese nadie en el pasillo. Se mantuvo de pie en ese sitio a la espera de lo que Arya le dijera.
-Tranquilo Rickon, ya estoy aquí -le dijo niña, mientras le abrazaba por la cintura con una mano y le acariciaba los rizos de su melena rojiza con la otra.
-Parece que estabas en lo cierto -dijo Jon.
Arya rodó los ojos.
-Pues claro que sí, tonto. Se trata de mi hermano.
Su hermana se separó lo justo para mirarle el rostro y limpiarle las mejillas que sin querer había derramado. Pero Rickon ya no tenía miedo. Allí estaba Arya, infundiéndole valor como siempre solía hacerlo.
-Disculpa que me haya tardado -se disculpó, -no fue fácil escaparme de la Septa.
El niño iba a asentir cuando el intruso habló con la risa impregnada en las palabras.
-Si no te hubieses metido en problemas, no estarías bajo custodia de la Septa.
Arya gruñó por lo bajo, luchando por detener la sonrisa que se quería instalar en sus labios. Aquello descolocó a Rickon, que no estaba acostumbrado a ver a su hermana tan cómoda con un extraño (uno que no fuera parte de su familia). Arya tenía la cualidad de hacer amistades con facilidad, que casi todas eran con personas bastante extrañas; pero con ninguna, se había mostrado tan cómoda como se veía con el intruso Jon Snow.
-Fue culpa de Sansa.
Jon dejó salir una risilla.
-Por supuesto que lo fue.
-¡Sabes que lo fue! -refutó, esta vez sonriendo.
Rickon le jaló del camisón.
-Arya -se quejó.
Y entonces su hermana le miró como si se diera cuenta por primera vez de su presencia, aquello no le gustó.
-Oh lo siento Rickon -se disculpó con una sonrisa que consiguió el que el niño dejara de lado su molestia -deja que te presente al nuevo miembro de nuestra manada -le dijo, ignorando el gesto confuso del pelinegro -Jon ven, deja que te presente a mi hermano.
Rickon miró a Jon, notando cómo éste dudaba sobre si acercarse o no. Pero entonces Arya le dedicó una mirada ligeramente irritada, bajo la cual el muchacho suspiró y finalmente se acercó a la cama, quedándose de pie a un lado de su hermana.
El niño le miró, Jon le rehusaba la mirada, parecía avergonzado e incómodo. No era la primera vez que Rickon miraba a Jon, pero sí la primera que lo veía a detenimiento. Durante el día, sólo lo veía de reojo cuando estaba en compañía de Arya; le daba curiosidad aquella amistad tan extraña. Pero fuera de esas cortas horas, Rickon se la pasaba con Bran y con la Septa; ya fuese con ellos u ocultándose de éstos. Sólo durante la cena veía al resto de sus hermanos. Así que sólo hasta ese momento se dio cuenta de que Jon debía ser más joven que Robb y Theon, pero más grande que Sansa.
Sin embargo, lo que le llamó más la atención fueron los ojos grises tan parecidos a los de su padre y hermana. El muchacho tenía facciones muy parecidas a las de su padre, además, y aquello hizo que su corazón se entibiara.
-¿Cuántos años tienes? -preguntó con voz chillona pero simple.
-Catorce -respondió.
Arya saltó de pronto, haciéndolos brincar del susto.
-¡¿Qué?! -gritó la niña -¿Cuándo pasó eso? Dijiste que tenías trece.
Jon parpadeó, su expresión entre risueña y confundida.
-Eso fue hace tres meses, cuando nos conocimos.
Arya se hundió en la cama.
-Significa que cumpliste años.
Jon asintió.
-La semana pasada.
-¿Por qué no me dijiste?
-No creí que fuera importante.
-¿Cómo que no? Pude haberte hecho una fiesta.
-¿Una fiesta? ¿Quién hubiese ido de todas maneras?
-Pues claro que yo. A diferencia de ti que no fuiste a la mía.
-Sabes que no había forma de que fuera.
Mirándoles discutir tan acaloradamente, lo más lógico habría sido que Rickon se hubiese sentido excluido, casi hasta olvidado si se consideraba la edad que tenía. Y sin embargo, lo que sintió fue una especie de deja vú, había visto a sus padres discutir de aquella manera tan amena, que lejos de molestarle aquella escena le hacía sentir en casa, de regreso al castillo de Winterfell.
Poco a poco, la sensación le fue invadiendo hasta hacerle sonreír y sin saber cómo había terminado riendo.
-¡Rickon! -se sobresaltó Arya al escucharle, Jon se sintió avergonzado de haber actuado como lo había hecho. Y el niño lo quiso aún más al ver ese gesto tan sincero en su rostro. -Perdóname Rickon, otra vez me dejé llevar.
El niño dejó de reír y les miró sonriendo a ambos.
-¿Se quedan a dormir conmigo?
Los dos aludidos parpadearon justo al mismo tiempo, se dedicaron una mirada y luego volvieron la vista a él sonriendo.
-Claro que sí -respondió Arya.
Rickon dejó que Arya lo acostara de vuelta a la cama y lo arropara, mientras se acomodaba a su lado en la cama también. Se divirtió cuando su hermana prácticamente obligó a Jon a que se recostara también del otro lado, de modo que Rickon quedara en el medio de ambos. Y se maravilló con la facilidad con la que Jon obedecía a su hermana; la resistencia que mostraba ante ésta se desbarataba con la misma facilidad con la que la levantaba.
Arya le acariciaba los rizos, mientras le contaba una historia de batallas. En algún punto, Jon se sumó al relato de la misma. Los dos tenían tan buena sincronización que completaban las frases del otro, haciendo la historia aún más excitante. Pronto los párpados le pesaron y el resto del cuerpo se le adormiló. Pero no estaba enteramente dormido. Sus oídos aún escuchaban, su mente deambulaba entre la realidad y los sueños.
Estaba en medio de este limbo, ya rindiéndose al descanso, cuando la voz de Jon lo mantuvo preso en ese estado intermedio.
-Tu hermano te quiere mucho. -En la voz del muchacho había una nostalgia que el niño no había escuchado hasta ese momento. Era pronfunda y triste, como si el joven llevara años sin sentir ese tipo de cariño. El pecho se le contrajo en pena.
-A ti también te querrá -respondió Arya con seguridad.
Rickon quiso sonreír, pero no sabía si sus labios lo habían hecho, estaba muy cansado.
Jon ahogó una risa, casi con pena; como si se burlara de aquellas palabras. Si Rickon no estuviese tan cansado, ya le habría echado bronca.
-¿Por qué te empeñas en involucrarme contigo? -cuestionó y en su voz había desesperación.
Arya dejó de acariciar los rizos de su hermano entonces, y el niño podía apostar que su hermana había clavado su mirada en la de Jon, en un intento por mostrarle la importancia de lo que le diría.
-Te lo dije. Somos familia. Y ahora Rickon sabe que eres parte de nuestra manada.
Lo sabía. Lo entendía. Lo aceptaba. Y le hacía feliz también incluso si jamás se lo diría.
-¿A qué te refieres con eso?
Arya suspiró, volviendo a acariciar la melena de su hermano.
-El símbolo de la casa Stark es el huargo. Todos los Stark somos lobos.
-No soy un Stark -le interrumpió el moreno.
Rickon sintió la molestia irradiar del cuerpo del muchacho. Como un lobo herido al que hay que acercarse con mucho cuidado.
-Pero desciendes de alguien del norte, es lo mismo para mí.
Aquello sólo lo frustró aún más.
-¿Y si no lo hiciera?
Arya bufó, evidentemente enfadada.
-No importaría, te quiero en mi manada y eso es todo. -Sentenció, en su voz no había lugar para refutar nada. Poco a poco la molestia del chico comenzó a ceder. -Ya me conoces.
-Harías lo que sea por conseguir lo que quieres. -Completó él.
Y Rickon supo en ese momento que Jon había dejado de rendirse, supo que el pelinegro también lo entendió; no era que le cediera todo, era simplemente que Arya se lo había ganado, del mismo modo en que hacía amistades de las formas más raras.
...
Durante el siguiente mes que duraron las tormentas invernales, tanto Jon como Arya, se escabullían al cuarto de Rickon y le alejaban la mente de posibles pesadillas. Lo arrullaban con cuentos de héroes de leyendas y princesas guerreras. De huargos y dragones y zombies y niños del bosque y un montón de criaturas extrañas. Y siempre se quedaban hasta después de que él conseguía conciliar el sueño. Por la mañana, ambos se habían ido.
Luego las tormentas cesaron y Rickon ya no tenía miedo, sabía que Arya lo sabría; así que no se extrañó cuando las visitas a su habitación cesaron sin previo aviso. Ni siquiera lo comentaron durante la cena.
Pero si bien, seguía compartiendo tiempo con Arya, Jon era una historia diferente. Arya había dicho que Jon era parte de su manada, entonces, ¿por qué no estaba con ellos? ¿por qué sólo Arya podía disfrutar de su compañía? Aquello no le parecía justo. Así que durante las siguientes semanas, Rickon comenzó a escabullirse para jugar con Jon.
Jon era bastante gracioso, decidió. Era demasiado ingenuo y tímido, sin importar que fuera apenas dos años menor que Robb. Y estaba loco por su hermana, de eso no le cabía duda. Al principio Jon trataba de que él se alejara, pero al final había accedido a dejarle en su compañía. El niño tenía la sospecha de que lo hacía para cuidarlo cuando evidentemente nadie estaba al tanto de que se había escapado del ojo de la Septa. Y en otra parte porque disfrutaba de su compañía.
Claro que había escuchado los rumores sobre Jon. Pero él no entendía de cuestiones políticas. Lo que él entendía era que Jon era cálido. Que era amable y sobre protector, que le encantaba hacer de segunda en las travesuras de Arya y que haría cualquier cosa con tal de verla sonreír. Que jamás le molestaba que Rickon se les juntara, ni mucho menos cuando estaban sólo ellos dos. A diferencia de Robb o Sansa, incluso de Bran. Jon siempre tenía los brazos abiertos para él y para Arya.
Lo que Rickon entendía, era que Jon era parte de su manada.
Por eso, cuando Bran le había preguntado -tras un día de jugar en el árbol corazón con Jon, dado que Arya estaba castigada -se le había hecho lo más natural del mundo contestar:
-Estaba con mi hermano Jon.
A/N: En esta historia Lyanna no es hermana de Eddard, Benjen y Brandon; sino que son primos segundos. Por lo que es fácil imaginar el que Jon no conociera a la familia de Arya sino hasta que se juntan en Castle Black.
