Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.
- High School DxD –
[True Draconic X Deus]
-Solsticio de Invierno-
-Archipiélago del Sur de Japón-
Los viajes en barco siempre le calmaban. No sabía si era la brisa marina, el oleaje… O las vistas. Pero el trayecto entre la isla principal y su destino siempre se le hacía corto… El paseo por el puerto se había vuelto una rutina, una agradable rutina. El pueblo era pequeño, apenas unas cuantas casas alineadas en calles irregulares. El puerto contenía algunas casetas con tenderetes con objetos vistosos para atraer clientes y turistas. Ya hasta alcanzaban a saludarle con familiaridad.
En el fondo, quizás no le costaría mucho admitirlo… Le gustaría vivir allí.
-No estaría mal vivir aquí… ¿Verdad?- murmuró el niño mirando por encima de su hombro. Kuroka miraba a lado y lado animada.
Aquel lugar tenía que ser especial para ella.
Era la primera vez que venía con él al templo… Quería que viniese, no por conocer a Akeno, quería que viese el monte. El poder de la Línea Ley debería de ser agradable para ella… Y no tardó en saltar de su hombro, abandonando la mochila… Marchándose sin decir nada. Kuroka era un espíritu libre, iba donde quería cuando quería… Y no pensaba ponerle impedimento alguno. Era como era y la quería por ello. Aunque sospechaba que la presencia de Akeno podía despertar ciertos sentimientos en ella… ¿Envidia? ¿Celos?
Al acercarse al monte vio los torii que indicaban el inicio del camino, del sendero de subida. Una subida limpia, sin impedimentos. Aquí debía de empezar la barrera… Eso no estaba bien.
Si quería proteger a Akeno y Shuri tendría que envolver toda la montaña, la parcela era completamente accesible desde todos los puntos cardinales. Una barrera invisible para los demás mortales que actuaría como efecto disuasorio. Colocada en el mismo principio de la escalinata debería de cubrir toda la montaña… una barbaridad que necesitaría una inmensa cantidad de energía. Energía que podría surgir de la misma montaña… Los sacerdotes shinto habrían edificado sobre terreno rico en poder natural… Así que poder… Se podía hacer. Ajuka había dado su palabra de que poder, era posible.
Dejando esos pensamientos a un lado, el demonio prosiguió el ascenso, maravillándose con el paisaje. Verdoso, lleno de vida.
Relajante…
Girándose de repente. Mirando los arboles a su alrededor… Los templos Shinto eran una belleza. Una comunión de naturaleza y civilización… Se podían decir muchas cosas, pero era innegable que había algo espiritual en el lugar. Largas, inmensas escalinatas de blanca y cuidada piedra. Fuertes y altos árboles decoraban el paisaje. Amplios y hermosos terrenos.
-No me importaría nada vivir aquí… Con permiso del Cielo esto parece el paraíso…- siguiendo con la mirada el movimiento en las ramas de los árboles.
Un paraíso costoso. Sabía muy bien lo que costaba mantener ese paisaje, tanto en dinero como en trabajo… Solo alguien con pasión podría hacer semejante trabajo.
¿Quién sería el guapo que se desayunaba, comía, merendaba y cenaba semejante berenjenal? Pues él mismo con dos preciosas sacerdotisas. El capullo de Baraqiel no pegaba palo al agua. Una de esas personas hacia particularmente divino ese terreno… Su sacerdotisa.
Una de ellas.
Arrancando a correr, abandonó el camino de piedra para internarse entre la maleza. Escondiéndose tras un árbol, sonriendo perversamente.
Asomando levemente la cabeza, agrandando la sonrisa al ver a cierta joven flotando en el aire, buscando entre las ramas. Una joven de su edad, vestida con un kimono tradicional del templo, de largo cabello negro recogido en una coleta alta. Pero él veía a una hermosa mujer, a su largo cabello meciéndose por el viento, una tierna sonrisa, unos ojos cálidos… La mujer que un día sería su novia, su esposa… Haría lo imposible para que esa joven aceptase su joya, sería su amante. Y una de sus piezas. Quería pasar con ella toda la eternidad…
No había lugar para las dudas.
-¿Si tenshi es una hibrido de ángel caído… que longevidad posee?- cambiándose de posición. Llamando la atención de la joven.
La descendiente de Baraqiel se movió veloz.
Rebuscando entre los árboles, empezó a fruncir el cejo. Molesta, inquieta, nerviosa. Inflando los mofletes, asomándose algunas lágrimas por sus ojos.
RASH
-¡!-
-Frio, frio…- susurró Issei tras ella.
-¡!-
Girándose sorprendida, se encontró en brazos del dragón. Issei la tomó al estilo princesa antes de desplegar sus alas y alzarse poderoso en el cielo, con velocidad y decisión. Tras unos segundos a máxima velocidad el castaño se detuvo entre las nubes antes de centrarse en la morena en sus manos.
-Buenos días, tenshi…-
-¡Issei!- chilló la morena asustada -¡Estamos muy alto!-
-Tonterías… Como me alegro de verte!- besando sus mejillas con fuerza, haciendo reír a la sacerdotisa.
-Yo también!- envolviendo su cuello con sus brazos.
La joven Himejima con sus alas de plumas negras extendidas. Sus preciosas alas de las que tanto se había avergonzado en el pasado.
-Preciosas alas de plumas suaves y negras como la noche… A juego con tu hermoso pelo…-
La sacerdotisa escondió su rostro en su cuello, avergonzada.
-Tenshi… ¿Aun tienes vergüenza?-
-Y-yo…-
-La sacerdotisa más hermosa del mundo mundial tiene vergüenza!-
-N-no me llames eso!-
-¿El que, sacerdotisa?-
-¡Issei!-
Akeno lo silenció con un beso casto en los labios.
La chica se separó sonrojada.
-Q-que…-
-Me gustas mucho, Issei- susurró la niña cohibida, vulnerable.
-Yo no…-
-¡!-
Llorosa desvió la mirada.
-Tenshi… Yo te quiero mucho…-
-¡!-
El rostro de la morena se enrojeció hasta límites inimaginables.
-C-como que… Y-yo…-
-Mucho mucho mucho!- exclamó el chico girando sobre sí mismo en el cielo.
Akeno rió alegre, sintiéndose bailar entre las nubes con su amado…
-DxD-
Issei miró fijamente a la sonriente sacerdotisa frente a él. Sentada frente a él, lo miraba con toda la ternura del mundo.
-Akeno-chan- empezó el dragón inquieto.
El sufijo despertó un sonrojo en la niña, que le devolvió la mirada tímidamente.
-Yo… Tengo algo para ti-
-¿El qué?- pregunto con suavidad ladeando la cabeza.
-Yo… Puede que sea egoísta… Pero quiero pasar mucho más tiempo contigo…-
-Yo… también…- admitió bajando la mirada.
Decidido sacó su mano del bolsillo, jugando con sus dedos con la pieza de ajedrez guardada en la chaqueta hasta que la vio… Vio a la niña que había frente a ella. Una tierna niña de 12 años que poco o nada sabía de la vida.
¿Se puede saber que estaba haciendo?
Negando con la cabeza, confundiendo a la chica… Giró el reverso de la mano para convocar un círculo mágico, ofreciéndole a la niña una rosa roja.
-Un regalo para la sacerdotisa más guapa del mundo mundial!-
Parpadeando perpleja. Akeno se sonrojó en extremo, tomando la flor entre sus dedos, despidiendo humo de sus orejas.
-V-voy a ponerla en… en agua!- levantándose con torpeza.
-¿Ni un gracias ni nada?-
Tartamudeando nerviosa se inclinó varias veces.
-Gracias! Gracias! Gracias! L-la atesoraré toda mi vida!-
-Es una flor, no aguantará "toda la vida"- exclamó divertido viendo como la morena se marchaba a toda prisa a la cocina.
En cuanto la niña se alejó de su ángulo de visión su semblante se tornó sombrío. Escondiendo su rostro entre sus manos.
Baraqiel abandonó su escondite, dejando la sombra del silencio atrás. Ofreciendo una copa de cerámica al niño, sentándose junto a él. El dragón no lo aceptó, quedando en el suelo en el espacio entre ellos.
-Noooo…- gruñó el castaño -¿Me has visto?-
-Por supuesto que si- respondió Baraqiel llenando el pequeño recipiente con sake.
-Entonces sabrás que he estado a punto de hacer-
-Si hubieses sacado esa pieza de su bolsillo te habría atravesado el pecho con un relámpago- dijo Baraqiel con sinceridad, sin maldad.
-Quizás tendrías que haberlo hecho… Soy un miserable-
-Eres un niño. Un niño con una desorbitada responsabilidad…- colocando su mano sobre su cabeza.
-He estado a punto de esclavizar a Akeno para siempre… Que he estado a punto de hacer-
-Es natural… No te mortifiques… Eres un niño asustado por la eternidad… Que para no sentirse solo busca la compañía de seres a quienes aprecia y con los que quiere estar- pasando a acariciar su cabello –Pero has reconocido tu error. Detenido tus acciones y actuado en consecuencia. Has actuado con honor contra la desesperación de la soledad-
-Eso no es cierto-
-Aun eres muy joven, no naciste siendo demonio, le tienes pánico a la perdida, es normal… ¿Has usado ya alguna pieza?-
Issei negó con la cabeza.
TAP
La pieza de ajedrez cayó al suelo, rodando por el tatami. El ángel caído la tomó con cuidado. Observándola. Dejándola en el suelo, tomando su taza de sake.
-Mi hija habría aceptado…- susurró el hombre barbudo bebiendo el sake.
-¡!-
-No entendería que significa… Pero lo haría por ti…-
-Jamás me lo habría perdonado-
-Lo será, no tienes que preocuparte… Para mi eterno pesar mi hija te quiere más que a mí… Cuando haya crecido te estaré esperando para hablar de su mano… Pero no antes-
-Eso no sucederá-
-¿Puedes ver el futuro?-
-Soy un príncipe Gremory, no sé si tendré la vida que quiero que tenga... O que ella quiera tener ese tipo de vida-
-¡!-
-Y aún falta mucho tiempo...-
-Puedes creerme o no… Pero no puedo imaginarme a nadie cuidando más de ella que tú. No creo que haya otro hombre mejor para ella…-
-Bebes demasiado…- rechazando la copa, levantándose de un salto, alejándose unos pasos –No condenaré a Akeno a pasar una eternidad conmigo-
-No he oído de un heredero de familia noble que haya logrado grandes hazañas solo-
-Obviamente, porque yo no estaba- girándose con una sonrisa.
-Niño… Que mal que lo tienes-
-Seré fuerte… He sido bien adiestrado en todo tipo de artes…-
-Si te piensas que mi hija te dejará pasar la eternidad solo es que no la conoces- tomando la pieza, lanzándosela –Escóndela lo más profundo que puedas, no le cuentes a nadie donde… Esfuérzate, porque ella la encontrará en cuanto sepa de su existencia-
El castaño se rascó la nuca, nervioso.
-Sensei…-
-¿Ahora si quieres la copa?-
-Cómo puedes…-
-¿?-
-Shuri-san… Es humana…-
-Un amigo mío en Grigory está buscando una solución…- respondió el caído serio –Si me preguntas como soporto el miedo a su perdida… Te diré que tengo tanto miedo como tú. Yo no puedo convertirla como hacéis vosotros… Por eso mismo te entiendo perfectamente. No sé qué haría si pudiese… convertirla-
Mirando con un ojo la pieza en la mano del dragón.
-Sensei… Le prometo que pase lo que pase siempre estaré del lado de tenshi… Puede contar con el apoyo de la familia Gremory-
-¿Desde la distancia?-
-Esperemos que ella me permita estar cerca…- alzando los brazos, estirándolos -Despídeme de tenshi por mi…- murmuró el dragón decaído.
-Toma este consejo de alguien que ha vivido incontables lunas…-
Issei posó su mirada en el ángel caído.
-La eternidad no es sinónimo de soledad. Tu joven e inexperto corazón encuentra soluciones desoladoras porque desconoce lo que la vida puede otorgarle…-
El castaño se quedó unos instantes en silencio.
-Ah... He hablado con Ajuka... En unos días podría tener una barrera a poder aplicar no solo al templo, sino a la montaña entera-
-¿Ajuka Beelzebub?-
-El mismo-
Extendiendo las alas, el Shidou desapareció alzándose en el cielo.
Akeno se asomó por la puerta preocupada. Corriendo tímidamente hasta alcanzar a su padre.
-Akeno… ¿estabas escuchando?-
-P-papa… ¿Issei-kun quería darme la pieza de Reina?-
Baraqiel dudó en si hablar o no… Arrepintiéndose claramente al ver el rostro de su hija radiante de alegría marcharse corriendo en búsqueda de su madre.
Rellenando su taza de sake, bebió en silencio, observando el cielo despejado.
-Demasiada responsabilidad para un niño tan joven…-
-Rumania-
Los libros de historia databan la aparición de los vampiros en el siglo 17, 18 como mucho en Alemania e Inglaterra.
Un insulto.
Los primeros registros de los licántropos se daban en la épica de Gilgamesh, monstruos, lobos enormes y salvajes... Su origen estaba estrechamente vinculado. Hombres lobo y vampiros tenían un origen común. Ambos eran hijos de Mephisto, las dos razas eran el Legado de Pheles. Dos especie que eran consideradas youkai, monstruos sobrenaturales occidentales cuando no eran eso por mucho, de lejos.
Hacía más de 4500 años el demonio liberó un patógeno propio, una mutación genética que afectó a comunidades primitivas enteras. Civilizaciones apartadas que desaparecieron de la noche a la mañana. No hay constancia de que ni el Cielo ni el Infierno hiciesen nada por condenar sus acciones. Los demonios encontraron una distracción y apreciaron los problemas que ocasionaron. El Cielo encontró una manera de que la Iglesia y sus emisarios en la tierra obtuviesen responsabilidad. Los humanos aprendieron del poder de miedo.
Los licántropos tardarían milenios en aprender a dominar sus instintos, esparciéndose y contagiando creando caos y destrucción, Era un milagro que no los hubiesen extinguido tras siglos siendo cazados. Los vampiros, por su cuenta, se encerraron en colosales fortificaciones. Ocultándose de todos, del mundo...
No se había registrado contacto alguno de ninguna de las partes con su creador. Los ancianos habían teorizado mucho sobre el porque les había creado... Solo se podía especular. Los siglos, sin embargo, habían clarificado los posibles objetivos. Los lobos carecían de capacidad racional, eran bestias, procreaban con una capacidad pasmosa, contagiaban con una velocidad vertiginosa. Los vampiros eran lo opuesto, sabían lo que hacían, pero no podían aprovecharse de sus capacidades superiores.
Ella era partidaria de otra teoría. Mephisto Pheles era un demonio. Su concepto del tiempo era otro... ¿Y si todo era un proyecto a largo plazo?
Milenios después de su creación, los licanos se habían borrado del mapa. Saber se sabía dónde estaban. Pero ya no eran los monstruos que fueron antaño. Se decía que habían dominado su bestialidad, que la razón había ganado el duelo en sus interiores. Los ancianos de su pueblo negaban categóricamente esta opción. Obcecados con el pasado, no importaba lo que pasase, viesen o les contasen; los licanos era, son y serán bestias. Las bestias se habían apoderado del país más grande del planeta, en el extremo norte, que conectaba con tres continentes y solo la mitad de su territorio tenia frontera directa. Ellos, sin embargo, estaban absolutamente rodeados de enemigos en un territorio que nunca fue especialmente rico o fértil.
Los recursos de Rumania estaban severamente agotados, la sociedad vampírica se había venido a menos, abandonados a las fiestas y el glamour, el ejército había sido eliminado, dejando un equipo más pequeño operativo. Los reyes se habían retirado a sus castillos de piedra helada dedicando su tiempo a la astronomía... Los ancianos tampoco admitirían que estaban en vías de extinción.
Contrario a lo que se podría pensar, los hombres lobo no eran su principal problema... No era sencillo hacerla reír, pero admitía sin tapujos que el que los creyentes cristianos los llamasen monstruos... ¿Ellos se atrevían a llamarlos cómo? La Santa Iglesia de Roma eran los auténticos monstruos. Acomplejados por su condición frágil y limitada, habían acometido incontables abominables acciones para poder alcanzar un estadio superior. Ahora eran monstruos tanto por dentro como por fuera.
La Iglesia había empezado una nueva cruzada contra ellos. Tras siglos de paz, algún descubrimiento, algún cambio en Roma les había llevado a romper la actitud pacífica de los religiosos para pasar a enviar a su brazo más cruel.
Ejecutores.
Sacerdotes y exorcistas que habían recibido ingentes cantidades de poder sagrado, via cristal luminoso u otros medios... Y que ahora vivían y custodiaban las Iglesias Fortificadas de Transilvania. 150 edificaciones fuertemente equipadas con pequeñas aldeas a su alrededor. Todas esas fortificaciones le permitían controlar la región de Transilvania. Más de la mitad del territorio total del país... Pero ellos estaban a salvo, a salvo en sus castillos en las montañas... Apenas les quedaban una docena de ciudades estado…
Pero esa era otra historia, solo importaba el presente…
La lluvia caía incesante sobre ellos. Pensaba que nevaría...
El agua mojaba los campos verdosos que rodeaban la aldea. Decenas de soldados defendiendo la fortificación amurallada. Tres veces más de soldados regulares disparando salvas de balas de plata y estacas. Una munición que con cada minuto que pasaba se iba reduciendo en cantidad... Sus compañeros habían logrado entrar en la aldea...
Los Ángeles de la Muerte. El único cuerpo militar que quedaba activo en las Ciudadelas de los Vampiros... Los padres y madres chupasangre no querían exponer a sus hijos e hijas a los peligros de las murallas exteriores.
Jadeando pesadamente, Valerie observó sus manos cubiertas por cuero. Dos espadas, una larga y otra corta. De hoja estrecha y ligeramente curvada. Con guarda y cazoleta. Fuertemente decoradas las desenvainó, admirando su filo... Las juntó del pomo, haciendo de las dos hoja una sola de doble hoja.
Los vampiros podían usar armas de sangre, espadas y armas de fuego que podían imbuirse con su poder natural, bañarse en su sangre para aumentar exponencialmente su daño. Un arma única y exclusiva para todos los vampiros.
Su padre la mantenía alejada de la suya, de Reloj Astral. Una reliquia que pertenecía a la Casa Vladi, un presente de su único amigo. De alguien que podía considerar como un hermano pequeño.
Dos espadas mortales, infinitamente afiladas, forjadas de un material que no podía encontrarse en la tierra... La espada de doble hoja Valerie. Fuerza y Vitalidad, el recuerdo de su madre…
Alzando la mirada, Valerie observó a su presa. Alguien que no debería de estar allí. Un maestro entre los Ejecutores, la máxima autoridad de ese Castillo Fortificado. El Maestre.
Un anciano enorme, de más de dos metros de alto, extensa barba grisácea y corpulento. Vestido con una armadura negra sobre una túnica blanca, blandiendo una guadaña a juego, enorme, sin apenas esfuerzo. No poseía reliquia alguna, ningún don divino. Solo una incesable sed de muerte hacia todo lo sobrenatural y una voluntad de hierro.
Sus ojos brillaban de forma antinatural.
El maestro de los Ejecutores llevaba décadas consumiendo viales de luz sagrada, los rumores decían que había bebido sangre de ángel... Su poder era tan monstruoso como poderoso.
Ejecutores. El brazo sangriento de la Iglesia creado específicamente para asesinar y exterminar a los vampiros.
Ejecutores vs Angeles de la Muerte.
-Niña... ¿Porque no usas tu arma?-
Valerie no respondió, mirando a su alrededor. Todos sus compañeros cercanos habían muerto. Todos empalados por espadas mágicas, del color de la noche, que se creaban sobre el maestro. Volando a su voluntad, veloces y letales.
-Habéis sufrido muchas pérdidas...-
-Como vosotros- respondió la rubia, molesta.
-Este ataque sorpresa ha sido efectivo... Pero mis soldados vienen hacia aquí. Sé que habéis venido del este... Os dejaremos marchar, a algunos, os daremos caza. Nos guiareis. Os dañaremos. Buscareis refugio… Os mataremos a todos. No quedará un solo vampiro con vida. Te lo aseguro-
La vampiresa frunció su cejo.
-Tu no, niña. Infante imberbe, lamenta a tu dios haberte hecho nacer una monstruo. Culpa a tu maldito padre por enviarte ante mí. Laméntate por tus dones, si no fueses tan poderosa podrías ser una de las que se marchase-
-¿?-
-Valerie Tepes. Tu no saldrás de aquí con vida-
Valerie blandió sus espadas.
-¿Por qué no te callas?- preguntó la vampiresa, molesta.
Estaba francamente irritada… Pensaba desquitarse un poco… A costa de los religiosos, claro.
...
Hundiendo su espada corta en la rodilla del anciano, ascendió con su espada en mano, rasgando toda la coraza, girando sobre sí misma, buscando cortar su cuello.
Con frialdad vió como la barba cayó al suelo, sin rastro de sangre.
Sin detenerse, desvió la enorme guadaña, usando su espada corta para interrumpir el hechizo defensivo que estaba convocando con su mano libre. Aprovechando la inercia se giró, golpeando su vientre con su pierna.
Apenas pesaba cincuenta quilos, cincuenta kilos de vampiro hicieron toser sangre al anciano. Blandiendo sus espadas dió un paso al frente. Hundiendo sus espadas en el hombro y el vientre.
Retirándolas cruzó las hojas en su cuello, preparando el siguiente movimiento.
Ladeando su rostro, retiró sus espadas, dando un salto hacia atrás, una pirueta. Esquivando una lluvia de estacas.
Sin detenerse ladeó su cuerpo, rompiendo la espada del Ejecutor a su lado, cortando el hombro del hombre. Desplazándose con velocidad, repitió movimiento con la espada corta, hundiéndola en el cráneo de su compañero. Empuñando ambas espadas se movió hacia el tercer eclesiástico, cortando al mismo tiempo. El cuerpo cayó al suelo en tres trozos.
Moviéndose girando sobre sí misma, las espadas cortaron en círculos a los desprevenidos Ejecutores.
Maestre miró a la vampiresa con furia. Más de veinte Ejecutores muertos en apenas unos segundos. Fría, ágil y letal, la hija de Tepes se movió como la brisa entre sus personalmente entrenados asesinos, cercenando su carne, derramando su sangre sin apenas dificultad.
Vlad Tepes había creado una máquina de matar... Que aún no era perfecta. Por algún motivo no estaba usando el auténtico poder de su espada.
Maestre alzó su mano, creando una señal luminosa. Quería a todos sus soldados aquí. Aunque les costase a todos su vida se llevarían a este monstruo con ellos...
...
Sus ojos recorrieron el campo frente a la fortaleza. Un mar de sangre. Cientos de cuerpos tirados aquí y allá. Desmembrados, decapitados, abiertos en canal… El dulce olor de la sangre la tentaba, habiendo hecho perder la cabeza de todos sus compañeros, haciéndoles entrar en una especie de trance homicida.
Ella estaba por encima de todo aquello.
Mirándose las manos, el cuerpo de sus guantes, de sus botas, de su capa… Toda su figura estaba teñida de rojo. Sus espadas chorreaban líquido vital…
-Maldita seas… Maldita… E-esto no significa nada…- el anciano tosió con fuerza, escupiendo sangre, alzando la mirada –Quedan 149 Maestres más por matar…-
Valerie la miró sorprendida. 149 era un número preciso, exacto. ¿149 Maestres? No podía ser… Los Ejecutores no podían ser tantos, eran un brazo menor, apenas un puñado de sanguinarios asesinos…
¿Clonación?
-¿Qué habéis hecho?-
-Somos muchos… Cada día somos más… Más fuertes, más jóvenes… Aprendemos y aprendemos… Tarde o temprano os acabaremos matando… Limpiaremos el mundo de vuestra asquero…-
Blandiendo su espada, Valerie cercenó su cabeza, dejando que rodase por el suelo.
Mirando a lado y lado… No había supervivientes. Ni humanos ni vampiros.
Todo el equipo de Ángeles de la Muerte había caído. Vampiros que no iban a regresar… Más pérdidas para la sociedad. Si la Iglesia lograba encontrar sus castillos… No tenían suficientes efectivos como para defenderlos…
Negando con la cabeza miró la fortaleza. Olía el miedo. Había sacerdotes, monjes, personal civil… Que no significaba nada para ella. Girándose se marchó. Tomando el estuche en el que guardar sus espadas, colgándoselo a la espalda, la vampiresa empezó el largo regreso a casa.
El personal auxiliar se encargaría de recuperar lo posible antes de que la Iglesia mandase los refuerzos. Ropa, armas, cuerpos… No podían dejarles nada de provecho. El personal no era sobrenatural, no eran vampiros, solo familias que habían servido durante siglos a su raza. Esclavos que trabajan de día cuando los pura sangre no podían.
Tras recorrer varios kilómetros entró en un viejo cobertizo, observando los vehículos que no iban a regresar con el personal destinado. Tomando su pesada motocicleta, derrapando haciendo un círculo, la vampiresa se marchó a toda velocidad.
Sintiendo el viento helado en su casa, la velocidad no la intimidaba. Una fuerte caída tampoco la mataría… Pisando gas a fondo, pasadas unas horas alcanzó una carretera secundaria, subiendo y subiendo hasta dar con unas puertas de metal enormes instaladas bajo dos edificios bloqueando el paso.
Dos soldados, cargando armas de fuego, vestidos con ropa militar se apartaron, permitiendo su paso.
Retomando su camino, recorrió poco a poco la ciudad, observando con detenimiento el movimiento de la misma. La Ciudad Estado. Un gigantesco complejo rodeado por una interminable muralla, decorada con inmensos castillos en lo alto de las montañas.
Una impenetrable fortaleza en las montañas.
Las pesadas rejas de hierro se empezaron a levantar al llegar a las puertas del palacete en el distrito noble. Aparcando en su garaje particular, Valerie empezó a recorrer los pasillos, ignorando a los sirvientes, dirigiéndose directamente a su estancia. Retirando toda ropa de cuero negro, pasando a ponerse sus pantalones y botas marrones, su camisa blanca victoriana, soltándose el pelo, tomó su chaqueta y se marchó.
Por primera vez en días sonrió genuinamente.
En un rincón del salón principal había un niño, mucho menor que ella, sentado en el sofá con un libro en mano. El rostro hermoso y afeminado del niño se iluminó como un árbol de navidad al verla, dejando el libro, corrió hacia ella.
-¡Valerie!-
Sonriente, Valerie Tepes tomó a su dulce hermano menor entre sus brazos.
-Reino de Oz-
Untando de tinta negra su pluma, la disciplinada brujita acabó de dibujar los últimos grabados del círculo mágico. Dejando la pluma en su recipiente observó con cuidado el papiro en la mesa. Un pedazo de papiro con un elaborado y meticuloso círculo mágico. Uno que se parecía en mayor medida al homologo grabado en su libro.
Bufando suavemente esperó a que la tinta se secase. El articulo estaba listo!
Separando su silla de la mesa del escritorio de madera maciza, Lavinia se incorporó extendiendo sus brazos. Dejando el libro en su estantería, una pesada pieza de decoración repleta de volúmenes tan antiguos como el mismo bosque…
Habiendo acabado con los conjuros de protección podría poner a…
La muñeca estaba a su lado, sobre la mesa. Fría, silenciosa. La fuente de todo su dolor. Su acosadora incesante. Incansable siempre estaba a su lado, torturándola psicológicamente. La asesina de sus padres. De niña la odiaba, la odiaba con fuerza… Ahora…
Extendiendo su mano tomó un delgado anillo dorado en la mesa, mirando a la muñeca con una pícara sonrisa, sacándole la lengua antes de colocárselo… Haciéndola desaparecer.
Y el frio se marchó, el calor invadió su cuerpo, relajándola, haciéndola sentir… en paz. Un calor solo superado por el adictivo tacto de…
Levantándose, la rubia miró por la ventana. Observando el mágico mundo de Oz frente a ella, un mundo ideal, pacifico… Que poco despertaba en ella. Poco o nada… Aquel no era su hogar…
Sorprendida vio como un puñado de hadas irrumpieron por la ventana, revoloteando a su alrededor, contentas, jugando con los pliegues de su ropa y sus mechones dorados.
-¡Chicas!- protestó la bruja divertida -¿Qué pasa?-
Las hadas no respondieron, solo reían.
-Ya ha llegado! Ya ha llegado!- chilló un pequeño mono con alas negras y pico de ave. Volando torpemente hasta aterrizar en su ventana. Ataviado con un chaleco y un gorro, dejó unas revistas en la cornisa antes de marcharse volando.
Sonriendo feliz, aparcó todo deseo de estudiar para tomar con rapidez las revistas, lanzándose a su cama, abriendo los envoltorios con prisa.
"Corazón de Demonio", "Vanidad de demonio" y la más esperada "Momentos de devilidad".
El menor de los Gremory llevaba tiempo causando sensación en el Inframundo. Su presencia en el castillo, cercano en demasía a la heredera, había despertado todo tipo de rumores, pero a falta de confirmación oficial, se decía que el niño era o un bastardo de Venelana, o un paria. Un niño sin poder al que los Gremory habían alejado de todo acto público hasta saber cómo manejar la situación.
Pese al hermetismo con el que los demonios habían tratado el asunto la información sobre el niño era abundante. La prensa rosa se había cebado y cierta información se había filtrado. Ante tanta insistencia, los Gremory habían cedido y el niño había dado una entrevista en exclusiva. Una entrevista que se encontraba en dicha revista.
El niño no poseía poder demoniaco, eso lo sabía, lo había podido comprobar de primera mano, también, a diferencia de los corresponsables del Inframundo, sabía que había sido de él durante este tiempo. Pero las revistas ofrecían información jugosa. Llevaba años bajo la tutela de Heinrich Aurelius Agrippa, un conocido mago, alquimista y estudioso con varios siglos de experiencia académica a sus espaldas. En materia de campo, Beowulf y Surtr le habían enseñado las artes del campo de batalla.
Aquello no eran detalles menores, el niño había pasado por las filas del ejército de los Gremory. Un ritual por el que todo varón al amparo del emblema de los Gremory debía pasar, sobretodo en el círculo interno. A más de que se le había visto blandiendo a Yamato. La espada ceremonial de la familia. Los entendidos de política y asuntos internos del Inframundo aseguraban que el niño era un hijo legítimo, que los Gremory lo habían mantenido al margen para privarle de distracciones y que en realidad, era el heredero no anunciado de los Gremory.
Todo eso ya estaba desfasado…
Extendiendo sus dedos, apartó el poster a tamaño natural que venía con una de las revistas, extendiéndolo sobre ella, haciéndolo flotar en el aire, pegándolo en el techo de la cabaña, sobre su cama.
Una pose llamativa, sin mucho interés aparente a deducir por el rostro del niño, con las ropas ceremoniales de su familia… Estaba atractivo.
A su espalda, casi tan grande como él, una katana. La espada de la familia Gremory.
Riendo coqueta volvió a las revistas.
Modesto. Introvertido. Se alejaba de las cámaras y no había participado en ningún evento. Extremadamente cercano a su hermana mayor, Adorado por sus sirvientes y reticente a tomar esclavos. Así es como lo describían.
Los rotativos lo comparaban con otros demonios, Zephyrdoll Glasya-Labolas y Riser Phenex. Escándalos sexuales, peleas en locales de dudosa reputación, despilfarro de bienes, influencias políticas nocivas… Nada de eso era aplicable al menor de los Gremory.
Y ella lo sabía bien.
Aunque la información que manejaban era algo imprecisa. Si era un mujeriego, pero no uno cualquiera. Los instintos estaban, era un hombre, joven, pero un hombre, le llamada la carne de manera visceral. Pero la educación recibida y su sangre azul condicionaban su comportamiento. Había mujeres, pero no cualquieras y sobre todo, no eran relaciones temporales. También influía que no quería siervos, eso era cierto, quería compañeras. Y no le importaba de dónde venían o la raza a la que pertenecían.
La nekomata, habitante del Reino Youkai del Oeste. Akeno, la hija de la sacerdotisa del templo de la Isla Ikki, hija de un ángel caído. Y la sacerdotisa de los Himejima… ¿Se relacionaba con todas? Eso era nuevo para ella. En Nonestica, pese a ser un continente de fantasía, existía el clasismo. Sus habitantes eran tremendamente territoriales, no querían nada del exterior, despreciaban el exterior.
Matarían a cualquiera del exterior. La habrían matado a ella de no estar bajo el cuidado de la Bruja Buena… El paraíso no era realmente uno. Con cada día que pasaba en esas tierras más claro tenía que todo era una gran mentira. Una gigantesca fantasía… Desbocada, alocada y peligrosa. No por nada habían surgido las brujas malas, las rebeldes, las extremistas.
Tomando una de las revistas, acarició la portada… antes de esconderlas bajo su cama. Colocándose su sombrero y su capa, la bruja tomó la escoba y corrió a la terraza, sentándose en ella, se alzó en el cielo.
Sosteniendo su sombrero vio su modesta cabaña alejarse en la distancia. No tardaría en poder vislumbrar todo el firmamento… El castillo de la Bruja Buena. El mar de Nonestica, siempre caliente y apetecible, sin pesca que ofrecer… Y las montañas que delimitaban el país de Quaddling.
Todo en Nonestica estaba tan bien organizado… No tenía problemas con vivir en un espacio artificial. Pero en esta artificialidad había demasiado orden. Poca vida… Demasiada magia humana, que no natural.
¿Cómo serían otros reinos? Los de los monstruos por ejemplo… ¿O grandes bosques dedicados a la veneración de la naturaleza? Los dioses de los bosque solían ser benevolentes…
Tenía dudas, muchas dudas… Pero no quería traicionar la fe y la confianza de Glenda… Ella, que le había dado todo…
Y mirando el cálido sol artificial que iluminaba los terrenos se preguntaba, cada tarde, porque las brujas querían a Issei Gremory muerto.
-DxD-
Desde que había llegado su residencia era la cabaña de madera en los dominios de Glenda. No le gustaban las frías estancias del castillo de Glenda. Allí se sentía en plena naturaleza… Aunque no era su casa.
Desde entonces se pasaba las tardes estudiando el mapa del continente. Un enorme trozo de papiro. De múltiples metros de largo por algunos de alto. Colgado en la pared, se necesitaba de una escalera con ruedas para poder apreciar de cerca todos los pulidos apuntes escritos con una curvada letra en tinta negra. Buscando, instintivamente, su lugar favorito. En la tierra de las infinitas maravillas… Nonestica. El continente imaginario. El continente que no existe…
-Glenda… ¿Dónde estamos?- preguntó Lavinia observando maravillada el papiro -¿Cómo se llama esta tierra?-
La Bruja Buena, Glenda, la miró con atención. Por algún motivo insistía en hacer siempre la misma pregunta. Bien porque quería asegurarse de donde estaba. Bien porque quería concienciarse… O por algún otro motivo.
-Hace muchos siglos atrás… En el mundo Medio estalló una gran guerra. La muerte, el fuego y la destrucción cubrieron la tierra. Cientos de especies se vieron amenazadas, sin refugio y sin nadie a quien acudir huyeron. Entre ellos estábamos nosotras, las brujas. Huimos donde nadie nos buscaría. Donde no se puede vivir. Una tierra que no le interesa a nadie. Una tierra sin disputa. Allí creímos que estaríamos en paz-
-¿A dónde?-
-Huimos a la Grieta Dimensional-
-No lo entiendo-
-La Grieta Dimensional es el espacio que hay entre todas las cosas. Un espacio vacío que lo une todo… Un espacio donde la vida no puede darse. El hada Lurline dio su vida para crear este espacio. Encantó este continente y lo envió a la Grieta Dimensional siguiendo el ejemplo de otras Hadas como Titania-
-¿Quién es Titania?-
-El Hada que creó y guarda Avalon…-
-¿Otro Reino mágico?-
-Así es querida… ¿Has visto las esferas de cristal con casitas con nieve en su interior? Suelen verse en tiendas de regalos…-
-S-si-
-Este reino es lo mismo… Vivimos en una burbuja. El continente de Nonestica está rodeado por el mar de Nonestica… Y fuera, la nada de la Grieta Dimensional. Un espacio sin vida donde nada vive. No podemos salir, pero tampoco pueden entrar. Aquí estamos seguras-
-Entonces…- alzando la mirada.
-Es lo mismo que en el mundo medio… Si ellos tienen el espacio afuera, nosotros tenemos la Grieta Dimensional-
-…-
-Lurline ideó un mundo fantástico. En este continente tenemos criaturas de todos los tipos… Gnomos, enanos, gigantes, hadas, duendes y algunas criaturas que han nacido aquí…- levantándose, caminando hacia el mapa –Hay decenas de reinos con decenas de personajes a los que podríamos estudiar. Pero es demasiado pronto… Podría hablarte del Maravilloso Valle de Mo donde todos sus habitantes son eternamente jóvenes o La Isla de Yew repleta de tunantes y ladrones… Nosotras estamos en mi Palacio, al sur del Reino de Oz, al límite con el Desierto Mortal, dentro del País de Quadling-
-¿Al sur de la Ciudad Esmeralda?- señalando el mapa.
-Así es, la Ciudad Esmeralda, donde vive Oz, es el centro del continente, el centro de todo- cruzándose de brazos –Algún día la visitaremos-
-Glenda… ¿Qué es el Desierto Mortal?-
-Un inmenso desierto encantado que rodea el Reino de Oz, diseñado y creado para matar a quien quiera entrar en el Reino sin permiso…-
-¡!-
-Pese a la buena voluntad de Lurline hemos sufrido muchos episodios de guerras… Demasiadas veces hemos manchado estas tierras de sangre como para llamar a este Reino el Más Maravilloso de Todos…-
-Hay… Hay cuatro brujas… Una en cada punto cardinal… ¿Por qué?-
-Somos las guardianas… Las guardianas encargadas de mediar con quienquiera que logre atravesar el Desierto Mortal sin autorización-
-Hablas de…-
-¿Matar?... Sí. Por media hablamos de matar. Aunque eso depende de las órdenes del Rey Oz. El Rey de Oz es el mago más poderoso de Nonestica. Él lo gobierna todo-
La joven miraba detenidamente el mapa, buscando algo con sus ojos azules claros.
-Lavinia… ¿Avanza bien tu prueba de ritual?-
-N-no-
La anciana la miró con cariño. Acercándose a ella, acariciando su cabello con cariño.
-Tu afinidad con la magia es impresionante… Lavinia, querida… A lo largo de todos mis años como bruja he tomado algunas discípulas… Pero ninguna como tú. No puedes dejar pasar esta oportunidad…-
-¿De ser una Bruja de Oz?-
-Es un tren que solo pasa una vez en la vida…-
-Lo entiendo…-
Lentamente se separó. Caminando hasta la mesa, acariciando un considerable paquete con sus dedos.
-Ven, esto es para ti, cariño-
Curiosa, Lavinia se acercó a la bruja. La joven adolescente abrió el estuche lentamente, casi mirando más a la anciana que a la caja en sí. En el interior de la caja de madera había una larga vara blanca con un cristal azul en el extremo superior.
-Que es… ¿Qué es esto, Glenda?-
-Las varitas no te hacen justicia… Esta madera absorberá mejor tu poder. Este cristal lo canalizará de forma óptima… Esta es tu nueva herramienta, Lavinia. Tu bastón de bruja-
-¡!-
-Es mi regalo para ti por ser tan buena chica y tan buena estudiante-
-Glenda… Yo, yo no puedo aceptar esto!-
-¿Porque no?-
-Tu… Me has dado una casa… y… y…-
-Puede que sea un poco grande para ti… Pero crecerás…- acariciando su mejilla con afecto –Y te ayudará en tu misión-
Lavinia tomó la vara, muy grande para ella. Sonriendo como una niña pequeña en su fiesta de cumpleaños.
-Yo… Yo quiero aprender-
-¿Quieres ser una buena bruja como yo?-
-…-
-Podrías ser mi sucesora-
-…-
-¿No? ¿No quieres ser la Bruja del Sur?-
-…-
-¿Qué te motiva entonces?-
Lavinia no supo que responder.
Pero no veía lo que quería en ese mapa… Quería aprender para poder viajar y alcanzar los rincones más recónditos de la existencia.
Quería encontrar lo que necesitaba encontrar. Y lo que veía en ese mapa… Era una cárcel.
Nonestica era una cárcel. Las Brujas de Oz, sus carceleras. Y no entendía el porqué.
Sin perder más tiempo convocó un portal y abandonó las tierras de Oz… Absolutamente ignorante de la tercera presencia en la estancia.
-Ha ido de poco…- dijo una voz tras ella, otra anciana abandonando el escondite, la oscuridad de uno de los pasillos del castillo.
Glenda no respondió.
-Si esa niña tuya no se acerca a él…-
-Lavinia no fracasará!-
-Creo que mi estudiante tiene más opciones de triunfar en esta misión…- dijo la anciana mirando hacia atrás por encima del hombro.
Una risueña bruja con la cabeza llena de lazos negros.
-Esa niña no podría ni acercarse a ese dragón… Es mucho más inteligente y poderoso que ella-
-Tu estúpida e ingenua aprendiz no puede romper una norma, como va a romper un hueso, matar a alguien!- exclamo la joven molesta.
-Lo subestimas a él, la subestimas a ella, te sobreestimas a ti-
-¡Yo soy fuerte, lista y una excelente bruja!- exclamó la joven dando un paso al frente –Una muñeca de hielo no significa nada para mí!-
-¿Qué le has enseñado a esta niña, Augusta?-
-¿No te gusta su entusiasmo?-
-… Acabará ensartada en alguna espada. Colgada del cuello en lo alto de un muro o peor, convertida en ceniza en vida-
La joven empezó a reír divertida.
-Augusta, si quieres mantener a tu aprendiz con vida átala en corto, que no se acerque a ese dragón-
La anciana bruja no respondió a las palabras de Glenda, simplemente permaneció en silencio mientras su compañera de marchaba.
-¿De verdad vamos a dejarlo todo en manos de esa pánfila?- preguntó la joven colocándose frente a su maestra –Déjame un mano a mano con…-
-¡No!-
-¡!-
La autoridad de la bruja la echó para atrás, sorprendiéndola.
-Lavinia Reni es prescindible. Si ella muere no importa, tu sin embargo eres la heredera de la llama purpura, de la llama de Walburga. Mantente alejada de él, es una orden. Desobedece y atente a las consecuencias- siseó Augusta antes de marcharse a paso rápido.
-DxD-
Mentía. Si lo entendía.
Apareciendo en el mundo humano, cambiando de vestimenta con un chasquido de dedos, la bruja se observó en el reflejo de una ventana, arreglándose el cabello… Largo cabello rubio, ojos azules, un jersey beis que abrazaba sus senos y una falda que resaltaba su trasero, medias blancas que favorecían sus piernas. Estaba perfecta!
Acercándose a la biblioteca, ignorando a todos los chicos que le dedicaban sus miradas, su atención y sus dulces palabras… Inspiró con fuerza antes de entrar en la biblioteca.
Sacando su varita de su bolso de mano, embrujó a la bibliotecaria, girando sobre si misma lanzó un encantamiento al aire, expandiéndose como polvo de hadas… Todos los estudiantes durmieron relajados en la mesa… o el suelo.
Satisfecha… corrió por los pasillos de la biblioteca hasta dar con su objetivo… Tomando su cabeza, colocándola contra sus pechos afectuosamente.
-Mi dulce kohai… Cuanto te he añorado… ¿Me extrañabas?-
-Tu…- gruñó Issei molesto, de pie, sosteniendo un libro entre sus manos -¿Cuándo empezaras a comprender que no quiero que me toques?-
-Cuando entiendas que quiero que me toques, obviamente!-
Negando con la cabeza se liberó del agarre de la rubia, volviendo a su mesa… volvió a gruñir al sentir como separaban la silla de la mesa, con él sentado.
Lavinia se sentó en su regazo, acariciando su rostro. El niño se rindió pronto, pasando a mirarla, colocando una mano en su espalda, para hacer la posición de la chica más cómoda.
-¿Cuándo vas a dejar de hechizar a todo el mundo?-
-No lo seeee…- mirando hacia arriba, colocando un índice en su barbilla, pensativa -¿Cuándo dejen de molestarme?-
-No te molestan. Eres la idol del instituto…-
-Me molestan. No me dejan sentarme en mi sitio favorito!-
-Es una biblioteca, no puedes hacer esas cosas… ¿Las brujas no tenéis conciencia cívica?-
-¿Qué malo puede pasar?- jugando con alguno de sus mechones.
-A la vieja la hechizas cada día… A los estudiantes los pones constantemente a dormir… Puedes provocar secuelas, Lavinia-
-Mmm mmm!- negando con el dedo.
-No pienso…-
-Mmm mmm!-
-Lavi…-
-Sep!- satisfecha –Porque insistes en venir aquí!-
-Tengo mucho trabajo…-
-¿Qué es todo este…?- alzando su varita, encantando los papeles, levantándolos de la mesa.
Suspirando levemente al sentir la mano del joven en su mano, impidiendo que realizase el conjuro.
-Basta de magia, Lavi-
-¿Por qué?-
-Es peligroso. Insensato-
-Solo quiero impresionarte con mis artes mágicas. ¿Mi kohai esta impresionado?-
-Me impresiona más lo guapa que es… Y lo lista que es- tocando su frente con su dedo índice –Primera en los exámenes trimestrales… Felicidades-
La rubia se sonrojó hermosamente.
-Cuando estudias cálculos e idiomas complejos para las magias arcanas… El conocimiento humano es sencillo y trivial…-
-Aun así…-
-Esta brujita ha sido muy buena. ¿No crees?-
-Esta brujita es caprichosa, una muy buena bruja. ¿Te aburrías en tu tierra y has venido a divertirte a costa de un pobre demonio?-
-¿Por quién me tomas?- preguntó la chica inflando sus mofletes.
-Por una bruja, claro está-
-Yo no…-
-¿Embrujas a la gente?-
-Pues…-
-¿Actúas caprichosamente, levantando esa varita a la mínima?-
-No…-
-¿Haces de tu día a día un paseo a base de magia?-
-Eso no…-
-Mira que brazos y piernas… Blandos y fofos!- exclamó Issei tocando a la joven.
-¡Issei!- protestó la rubia avergonzada… sin bajarse.
-Como te mueves en escoba las piernas son fofas… Al levantarlo todo con magia los brazos no tienen fuerza…-
-¡Estoy yendo al gimnasio!-
-Genial… Pesas moviéndose solas…-
-¡Eso no… Que brazos tienes tu si estás aquí todo el día entre libros?-
Sonriendo perversamente… Issei se levantó cargando con la joven en brazos.
-E-esto no dice nada!-
-Ahora me he cabreado…- dejando a la rubia en la mesa, separándose unos pasos… activando su magia –No eres la única que sabe hacer truquitos! Mira, mira, entreno cada día!- retirándose la chaqueta, la camisa…
Sonrojándose violentamente, Lavinia se llevó las manos a la cara.
-¿No querías tocar? Toca, toca!-
-¡V-vístete!-
Riendo, divertido, Issei regresó a su forma original.
-A pesar de que sea sencillo… Eres la chica más guapa e inteligente del instituto, así que creo que mereces un premio… ¿Quieres un helado?-
-Tú quieres que engorde!-
-Ah... Mala propuesta...-
La conversación fue interrumpida por música. Música que sonaba por los altavoces de la biblioteca. Estaban por cerrar.
Lavinia alzó la mirada, sonriente, empezando a tatarear la melodía...
Issei la miró con curiosidad, rascándose la barbilla...
...
-¿Dónde estamos, Issei?- preguntó la rubia mirando a su alrededor. Una especie de local con cuadros de discos en las paredes.
-Es un hotel para parejas- respondió Issei, guiñándole un ojo a la recepcionista.
-¿Y para que estamos en un hotel?-
-Para pasar tiempo juntitos. Tiempo de calidad-
-No lo entiendo... ¿Tienes sueño? ¿Porque no te das una siesta en casa? Vives aquí cerca...-
-¿Cuánto tiempo?- preguntó Issei mirando a la recepcionista.
-Una hora... Salón número 3- respondió la dependienta -Los pedidos los podéis hacer con la tablet que tenéis en las mesas. Los podéis pagar con tarjeta en los paneles junto a la puerta... En cuanto se acabe el tiempo se apagará la televisión. ¿Queréis hacer una prorroga?-
-Hoy no, solo queremos probar...- pagando la estancia, empezando a alejarse tras tomar las llaves -Otra pregunta...-
-¿En qué puedo ayudarte?-
-Las salas... ¿Tienen cámaras?- dejando un billete sobre el mostrador.
-Con esto podrás taparla...- dijo la recepcionista dejando una especie de funda a cambio. Guiñándole un ojo al dragón.
-Issseeeeiiii... ¿Dónde estamos?-
Siguiendo al castaño, entró en la estancia elegida, mirando con curiosidad la sala. Pequeña. Con dos sofás a los lados, una mesa en medio, una enorme pantalla en un extremo con... un micrófono sobre un atril.
-!-
-No es la primera vez que te veo cantando así que...- dijo Issei dejando la cartera en un sofá, quitándose la chaqueta, encendiendo la televisión, revisando las canciones disponibles. Tenía que ver cómo funcionaba eso...
-¿E-esto es?-
-¿Te gusta cantar, verdad?-
-!-
-Yo soy malo hasta decir basta, cada vez que canto, llueve. Así que si me permites... Voy a meterme algo de inspiración- tomando la tablet -Un par de licorcitos la mar de ricos para mí... ¿Te para ti? ¿Quizás un refresco?-
Lavinia no escuchaba, solo miraba la pantalla maravillada.
Issei sonrió satisfecho.
Tras unos tragos y algo de empuje, el castaño se relajó en el sofá, viendo como la rubia movía su melena de lado a lado, cantando con entusiasmo.
El demonio mantuvo el vaso contra sus labios, mirando fijamente a la rubia.
Esbelta, de estrecha cintura, rellenando en exceso su falda y amenazando con romper los botones de la camisa. Sus manos y piernas cubiertas por tela blanca.
Lavinia era una delicia… Y le recordaba a Gabriel. A su manera. Eran diferentes… y parecidas.
Echaba a faltar a Gabriel, llevaba semanas sin verla. Semanas sin liberarse… Y lo maldecía, la condenada lo había acostumbrado a algo que ya no podía tener. Algo que lo estaba manteniendo activo en un peligroso juego con Kuroka…
Quería tomarla, no quería darle un contrato de mierda, quería su pieza de Alfil en su organismo y su polla en…
-¿No vas a cantar?- preguntó la maga frente a él, jadeante, sudorosa.
Hacía calor allí, más aun teniendo en cuenta que el chico se había negado a encender el aire acondicionado.
-Ya he cantado suficiente, se han anunciado fuertes lluvias para mañana…- respondió divertido.
-No creo que cantes tan mal…-
-Lo que no sabía es que cantabas TAN bien!- señalándola con su mano, con el vaso.
Lavinia le quitó el vaso, tomándolo de un trago.
-¡Lavi! Eso es…-
Tragando y tragando, la maga se acabó el vaso, dejándolo sobre la mesa, suspirando aliviada.
-Tenía mucha sed…-
-La madre que te trajo… Eso contenía alcohol, jovencita…-
-Que sepas que sigo esperando…-
-No voy a cantar, Lavi, ya he cantado…-
-¿No quieres firmar conmigo?-
-¡!-
El castaño la miró sorprendido, recostándose en su asiento, colocando las manos sobre los reposacabezas, cruzando sus piernas.
-Te estoy dando más tiempo para que te lo pienses…-
-Me prometiste muchas cosas… ¿No te harás responsable?-
-¿No cuentas ya con mi protección? Creo que dentro de lo razonable he…-
Lavinia alzó su falda, mostrando la prenda blanca.
Apenas habían pasado unos segundos, la bebida no…
-No me has tocado-
Issei tomó otro de los vasos, casi vacío, pero tenía que distraerse con algo…
-Te debo una disculpa. No voy a hacerlo-
-Pero te lo he pedido-
-Y te lo agradezco. Me halagas… Pero sigo diciendo que no voy a hacerlo-
-¿Por qué?- dejando su falda.
-Ha pasado un tiempo desde que nos conocemos… Ya podemos decir que somos amigos, verdad?- ladeando la cabeza, buscando su mirada –No vayamos a estropearlo… Cruzando una línea que no toca-
-No lo entiendo…-
-No puedo darte lo que quieres porque entendemos por tocar cosas diferentes, además, hace mucho tiempo que… Digamos que ahora es el peor momento para hacer estas cosas…-
-¿Somos amigos?-
-Quiero pensar que sí. Más que compañeros de clase, seguro, no?-
-¿No soy como esa chica del templo?-
-¿Suzu? Ella es mi novia… Es diferente-
Lavinia se agarró la falda, molesta.
-¿Y la gata?-
-Estoy en medio de unas duras negociaciones…- ajustándose el pantalón –Pero espero que pronto acceda a ser mi amante…-
Lavinia la miró con tristeza.
-¡¿Por qué no me miras como a ellas?!-
-Lavi…-
Desabrochando su camisa, la maga se sentó sobre el dragón, a la fuerza.
-Eo, eo, eo…-
-¿No me has traído aquí para esto?- susurró cabizbaja.
-Y admito que no ha sido buena idea…-
-Por favor…-
Colocando las manos en su cintura, el dragón se acomodó en el asiento, mirando el rostro tímido y sonrojado de la joven.
-Pensaba que me valorabas… Eres el único salvo Glenda que se ha fijado en mi… Me proteges de ella… Pero nunca me has mirado como a esas chicas y…-
Ladeando su rostro, Issei posó sus labios sobre los de Lavinia.
Sorprendida, confundida, asustada, la maga parpadeó repetidas veces antes de cerrar los ojos, correspondiendo al beso.
Acariciando su mentón con el pulgar, el Gremory empezó a masajear sus labios con los suyos. Degustando poco a poco a la asustada chiquilla semidesnuda entre sus brazos.
Tras unos segundos bajó el mentón, forzándola a separar sus labios.
La rubia soltó un tímido chillido al sentir una intrusión en su boca. Acomodándose, relajándose, abrazando al chico, apoyándose contra él.
Perdiendo la noción del tiempo, Lavinia se encontró luchando con todo lo que tenía por el dominio del beso.
Jadeando pesadamente, suspirando al sentir a Issei acariciar su vientre, su espalda, sus hombros…
-No te he dado un contrato porque no es lo que quiero darte, Lavi-
Los ojos azules se posaron sobre los rojos.
-Lo que quiero darte es una de mis piezas de Alfil-
-¡!-
-Y no es algo sencillo de ofrecer… Es muy repentino y caótico pero… Es el paquete completo. Novia, amante, esposa. No hay marcha atrás, no hay margen a arrepentimientos, es irreversible… Y quería darte tiempo-
Sentada sobre él, con sus manos en su cintura, Lavinia acarició su rostro. Su mar de cabellos rubios cayendo el rostro del demonio.
Sus dedos recorriendo las facciones de Issei Gremory.
-¿Dejarías este mundo para venirte al Inframundo? ¿Pasarías el resto de nuestras vidas juntos?-
-¿Ser… una más?-
El demonio apartó la mirada.
-Sí, lo siento. Una más, no la única y por eso te pido…-
-Ya te has disculpado…-
-Lo… siento-
Lavinia se mantuvo en silencio, sin dejar de mirarlo, afectuosamente, sonrojada.
-Entonces me encuentras atractiva…-
-Mucho…-
-Pero nunca me miras…-
-No quería incomodarte-
-No me tocas-
-Porque no podría tocarte… con inocencia-
-¿Y cómo me tocarías?-
-…-
-Los demonios… ¿Negocian… verdad?-
-Sí, si… ¿Por qué?-
-Dame una muestra… El beso ha estado muy bien… ¿Pero es todo?-
-¡!-
La rubia levantó lentamente su sostén, cogiéndolo con los labios.
Issei empezó a temblar, pasando de sus grandes pechos a sus ojos.
-¿Te gustan las chicas con pechos grandes?-
-DxD-
Cierta recepcionista miró con curiosidad su reloj, confirmándolo con el colgado en la pared.
Había pasado el tiempo, no tenía más clientes pero… Las pantallas se habían apagado hacía rato. No habían solicitado más consumiciones pero habían tapado la cámara.
Dudando unos instantes se levantó, caminando como quien no quiere hacia la sala número 3.
Conocía las intenciones del joven, no era el primero ni el ultimo pero… Si llegaba algún supervisor podía ser un problema para ella…
Mirando a lado y lado del pasillo, la mujer abrió la puerta con toda la delicadeza posible… Apartándose de golpe.
Gemidos, escuchaba fuertes gemidos.
Nerviosa, sonrojada y avergonzada volvió a comprobar que estaba sola.
Mordiéndose el labio inferior, se acercó de nuevo a la puerta, abriéndola lo suficiente como para saber que estaba pasando…
Sus ojos se abrieron por completo.
La belleza extranjera estaba sentada en uno de los sofás, con el pecho descubierto, los ojos cerrados y la boca abierta, aullando a grito vivo… Sus manos se mantenían firmes en el cabello de su acompañante, arrodillado en el suelo, colocando entre las piernas abiertas de la joven.
Separándose levemente, el castaño pasaba repetidamente su pulgar por los labios vaginales de la joven Reni antes de meter sus dedos, buscando su clítoris con la lengua, sorbiendo todos los líquidos que la chica dejaba libres, acariciando el interior de la rubia con velocidad.
Cerrando con fuerza, la mujer japonesa se apoyó en la puerta.
-Ojala mi novio me hiciese eso…-
Alejándose a paso lento… Decidió darles algo más de tiempo.
-DxD-
Ausente, absolutamente roja y despeinada, Lavinia se despidió antes de abandonar el local. Esgrimiendo la sonrisa más grande que había tenido nunca.
El dragón se acercó a la recepcionista, dejando una muy generosa cantidad de billetes en la mesa.
Contando los billetes, dedicándole una sonrisa de complicidad.
-¿Es tu novia? Espero que no estés jugando con ella…-
-Lo será, te lo aseguro-
-Los hoteles para parejas son costosos… Y entiendo que necesitáis vuestro espacio…-
-Había escuchado que este local era bueno, pero parece que es el mejor-
La mujer rio divertida viendo salían los jóvenes… Con suerte el destrozo no habría sido importante.
Al salir, Lavinia se abrazó al dragón contenta.
-¿Te ha gustado el local?-
-Mucho- respondió la joven colocándose de puntillas para besarlo.
-Respecto a la pieza… Te la daré en cuanto informemos a tu aquelarre, creo que sería una medida de cortesía…-
-¡!-
-Y si la prueba no te ha parecido suficiente argumento… Si vienes a mi casa te daré una muestra completa-
Lavinia se sonrojó, aún más.
-L-lo… consideraré-
-Este de Europa – Norte de Rumania-
Rossweisse miraba con curiosidad el arma frente a ella.
Una espada blanca, hoja y mango. Larga, de su misma estatura. Recta y gruesa, ancha. Pesada.
-Llevas un rato mirándola... ¿Le pasa algo?- pregunto la valquiria mirando a su compañera.
-No, no... Solo que me parece... Hermosa-
Eir sonrió contenta.
-¿Verdad que si? Siempre he pensado que debería de estar colgada en algún salón, algún museo quizás... Me sabe tan mal mancharla con sangre. Me paso horas limpiándola a conciencia...- murmuró la valquiria mirando su hoja clavada en el suelo junto a la hoguera.
Las valquirias partían al campo de batalla con sus equipos propios. Equipos costosos que muy a menudo pasaban de padres a hijos. Ella poseía el equipo regular, otorgado a huérfanos o… Pobres. Le avergonzaba su equipo, sus armas, su situación, su existencia.
-Era de mama…- sonrió la joven con un leve sonrojo –Ella era fuerte y valiente…-
-¿Era?-
-Murió en los conflictos con los gigantes de hielo…-
Rossweisse miró al frente, cohibida.
-Yo… Lo siento, no lo sabía…-
-No pasa nada!- exclamó Eir con una sonrisa amable –Sabes… Me gusta la madera…-
-¿?-
-No soy lista o fuerte… Pero se trabajar bien con las manos!- moviendo sus manos divertida –Trabajaba con mi padre en un taller… Si mama estuviese viva seria ella quien estaría aquí… Que sería lo mejor porque no soy buena luchando…-
-Yo creo que eres muy buena…-
Eir rió levemente.
-Soy lenta, torpe…- extendiendo su mano, tomando unos guantes largos, negros –Las armas de mi familia tienen runas escritas… Permiten que las armas puedan suspenderse en el suelo, volver a sus dueños… Mama hacia girar la espada en círculos mientras corría y luego la recuperaba… Era tan hermoso verla combatir…-
-…-
-Yo no puedo hacer eso…- dejando los guantes en un rincón.
Rossweisse se sentó junto a ella, tomando su mano, contenta.
-¿Qué hace una chica tan guapa como tú en un lugar como este?-
La albina rió aún más divertida.
-Me llamo Rossweisse, Eir Lohansenn-
-Eso ya lo sé…-
-Solo Rossweisse-
-¡!-
Entendiendo sus palabras, la asgardiana volvió su vista al frente.
-Pero… Tus padres…-
-Me han repudiado-
-¡!-
-No estoy a la altura de… De sus expectativas…-
-Entonces esta es tu oportunidad!- exclamó la joven levantándose de un salto -¡Formar parte del ejercito! El servicio otorga la ciudadanía! Si cumples con el servicio militar podrás desarrollar la función que desees en Asgard sin necesidad de tener un apellido! Yo quiero abrir mi propio taller! Seré carpintera! Quiero hacer las piezas que dan forma a esos inmensos barcos voladores!-
-¿Quieres hacer componentes de Skidblaonir?-
-No, haré Skidblaonir!- chilló Eir convencida, cruzándose de brazos -¿Quieres ser mi ayudante?-
-¿Yo? Noooooo!-
-¿Por qué no? Te enseñaré un oficio! Aunque no esperes que te pague mucho…-
Rossweisse rió con más fuerza.
-No pasa nada, te daré tiempo para que te lo pienses- sentenció Eir sentándose a su lado, tomando la mano de Rossweisse entre las suyas.
-No hay nada que pensar… No quiero ser carpintera-
-¿Qué tienen de malo los carpinteros?-
-No tienen nada de malo, solo que no quiero ser una-
-¿Por qué no?-
-Yo quiero hacer otras cosas…-
-¿Cómo qué? Dímelo!-
-Ahhhh… Es un secreto!- exclamó Rossweisse girando su rostro.
Las valquirias rieron animadas.
-DxD-
Formadas por batallones, las escuadras de valquirias marchaban por el denso bosque. Una extensa colección de coníferas y abedules, todos pintados de blanco hasta donde alcanzaba la vista. Un hermoso paraje marcado por el extremo fio invernal del norte de Europa.
Cientos de poderosas valquirias, cargando pesadas armaduras, blandiendo espadas y lanzas. Gráciles y hermosas, las doncellas de Odín inspeccionaban con detenimiento la arboleda. El peso de las armaduras sacudía el suelo, haciendo tambalear la nieve en las ramas de los árboles.
Rossweisse Andersen tragó saliva, moviéndose al compás de su equipo. Sosteniendo entre sus manos su bastón mágico.
-Que silencio...- murmuró su compañera, no recordaba su nombre. Apenas hacia unos días que la conocía. Era amable, más bien callada. Quizás eran los nervios.
-No se escuchan ni siquiera animales...- respondió la albina sonriendo quedamente.
-¿Cómo puede haber alguien aquí?- preguntó la asgardiana -Pensaba que buscábamos licántropos...-
-Las pestilencia de Lucien ha llegado a estas tierras, el Padre de Todos ha pedido limpiarlas...-
-¿Porque? Estas tierras no son nuestras...-
Rossweisse respondió tras unos segundos, mirando sus alrededores seria.
-Creo que es una cuestión de autoridad... Aunque no sean tierras asgardianas puede que quieran imponer autoridad... ¿No?-
-Quizás sea algún acuerdo... ¿Puede que estemos ayudando a alguien?-
-No tenéis ni idea…- exclamo otra valquiria, caminando por delante de ellas –Estamos en las fronteras con la frontera del Imperio Licano-
-No existe ese Imperio Licano- dijo otra valquiria.
-¿Y cómo llamas un país que conecta con tres continentes y que posee una estimación de 120 millones de licántropos?-
-Un montón de mierda. Y no hay tantos licántropos!-
-Eso no lo sabemos!-
-Aunque el país esté controlado por ellos no se pueden permitir ser todos infectados. Eso les dejaría demasiado expuestos a sus debilidades!-
-Ya, pero...-
-Lo mismo va por los vampiros en el este... Aunque si estoy de acuerdo en que hay millones y millones...-
-Muchos más que nosotros... Si hay una guerra...- dijo una valquiria asustada.
-Asgard no tendrá más de diez mil lanzas, pero ni los vampiros ni los licanos tienen dioses! Tienen ancestros, seres con milenios de poder a sus espaldas, pero siguen siendo inferiores a los dioses! En un conflicto directo ganaría cualquier panteón!-
-¿Que son los Ancestrales?- preguntó otra chica.
-Los licántropos y los vampiros tienen un origen común. Un mutageno que les permite ser más fuerte con el paso del tiempo-
-¿Y hay muchos de esos?-
-Unos cuantos...-
-¿Y son más fuertes que...?-
-¿Que nosotras? Seguro... Pero que opciones hay de que haya miembros de alto nivel en un rincón tan alejado de cualquier lado...-
-¡Vamos, se seria!- volviendo a Rossweisse –Imperio Licano!-
-Que noooooo…-
-Déjala, es una cabezona… Y venimos a marcar territorio, pero me gusta tu forma de pensar!-
-Siempre me ha gustado saber que estamos ayudando a alguien- dijo su compañera.
Rossweisse sonrió quedamente.
-Eres una buena chica...-
-Jejeje-
-Perdóname... Pero no he preguntado tu nombre... Yo me llamo Rossweisse...-
-Me llamo...-
Una enorme garra blanquecina se posó sobre su rostro, agarrándola con fuerza... antes de tirar de ella, elevando su cuerpo, arrastrándolo a la copa del árbol.
Rossweisse se quedó congelada. No llegó a escuchar nada, solo vio un mar de sangre caer desde el cielo, desde donde instantes antes estaba su compañera.
El sonido de un cuerno resonó por el bosque.
Cientos de licántropos se levantaron del suelo, ocultos en la nieve. Agarrados en los árboles.
Rossweisse levantó su bastón... Lista para combatir.
-Continuará en el próximo capítulo-
-Valerie; Fuerza y Vitalidad-
Espero que os guste. Nos leemos en el próximo capítulo.
